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Diarios del Cherengueti (7)

Diarios del Cherengueti (7)

Escrito por: Mario De Las Heras6 junio, 2018
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Esta mañana se ha levantado viento en el Cherengueti. Me ha despertado el ruido de la lona de mi tienda como el de una vela desplegada en medio del mar. Era Nutria, en conexión especial desde la fraternidad Alfa Pi Beta, quien lo provocaba. Anunciaba Nutria que contaría novedades sobre el tema Cristiano, lo cual significaba que en realidad no contaría nada. Uno tiene ya cicatrices de sabiduría. Los anuncios en el Cherengueti son como el caballo de Pat Stamper: viejos pencos coloreados e inflados para engatusar al público, como a Flem Snopes.

El doctor Rydell suele armar buenos líos, como aquella vez en el retiro de los Hare Krishna. En ello basa su control sobre los habitantes del Cherengueti. Estaba yo ya ubicado en una posición estratégica y relativamente cómoda, cuando me sorprendió la aparición en holograma de Calcetines desde su guarida sevillana. Comparecía para explicar el asunto de Kiko Casilla del día anterior. “¿Tienes miedo?”, le inquiría Rydell, a lo que Calcetines respondió que su conciencia estaba tranquila y limpia, y que aquí estaba él a disposición del Cherengueti para dar la cara una vez más.

No recuerdo ninguna vez en la que Calcetines haya dado la cara. Tiene cara, sobre todo, y cuerpo y extremidades también. Pero lo que es darla, la cara, no se recuerda. Hay conflicto de personalidad en el Cherengueti. Los cherenguis se creen individuos que no son. Hay conflicto de personalidad y confusión de caracteres. Y algunas veces el lenguaje es incomprensible:

- ¿Tienes miedo?- volvió a preguntarle el doctor Rydell.

- Miedo no es la palabra- contestó Calcetines-. Yo tengo una verdad y ha habido una serie de malentendidos que hay que matizar.

Está claro que muchos habitantes del Cherengueti han leído Finnegans Wake, de Joyce. Solo habiendo leído Finnegans Wake, presuponiendo su influencia, uno puede comprender que se utilice el lenguaje de esa forma. Calcetines tiene aspecto de haber leído Finnegans Wake de cabo a rabo unas cuarenta o cincuenta veces.

Otro que tiene pinta de haber leído Finnegans Wake, y el Ulises todos los días, es Nikita, sobre todo cuando se pone el dedo en los labios como si se pidiera silencio a sí mismo para no empezar a contar las peripecias de Stephen Dedalus, que en realidad es empezar a criticar con saña al Real Madrid.

Nikita hacía una pareja especialmente compenetrada esta mañana con Kim de la India aunque éste no tenga trazas de haberse leído Finnegans Wake ni Ulises ni nada parecido sino más bien algo como los cuentos de Teo. Muchas veces Kim de la India no parece Kim de la India sino Blas, el amigo de Epi, de quien ha copiado el timbre de voz. Entre Nikita y Kim me han divertido cuando el primero le decía al segundo que no podía dormir. “¿Qué quieres, Epi?”, le decía Nikita con su cara de limón mientras Kim jadeaba con la lengua fuera.

Por un momento me he visto en mi infancia delante del televisor viendo Barrio Sésamo hasta que un cherengui al que no había visto hasta hoy me ha sacado del ensueño. Era el mismísimo Eddy Monster de mayor (a quien bien conocerá mi querido Fredo Gwynne), quién hablaba del “marrón” que le había dejado Zidane al Madrid con su marcha repentina.

Entonces Epi y Blas empezaron a contar ovejitas con cara de entrenadores del Madrid. Y las ovejitas realmente aparecieron ahí delante de ellos y de todos los espectadores. Las ovejitas provocaron en ese rincón del Cherengueti un notable revuelo. Mientras Epi y Blas las miraban pasar con una sonrisa de siesta babeante, Passepartout se empezaba a “rayar” y decía “Poquetino”, que es como se debe de pronunciar en su francés de nacimiento el apellido del entrenador del Tottenham.

Epi y Blas (Kim y Nikita) ahora le daban vueltas al organillo madrileño mientras otro cherengui nuevo, ¿se acuerdan del bosquimano que corría todo el tiempo detrás de su hijo en Los dioses deben estar locos?, trataba de defender la postura del exentrenador madridista. Tras una discusión más o menos intelectual sobre el proceder de Zidane, apareció Juanma asombrosamente posicionado del lado de los Calcetines (a quien incluso agradeció que le hubiera abierto los ojos), Kimis y Nikitas, quienes se sentían tan a gusto que parecían adorables teresianas escuchando arrobadas al Papa.

Todo esto coincidió con lo que parecía ser la cúspide del efecto del peyote, cuando Calcetines, desde su guarida sevillana, afirmó que escribía la Biblia junto a su hermano Kim y el maestro Freud o Jung, según el día, que no obstante (respecto al efecto del peyote), aún tuvo un momento de subida cuando Rocky Marciano (otro cherengui desconocido hasta hoy, menudo día de hallazgos) dijo que la mejor opción para sustituir al francés era Wenger. Aquello fue como cruzar el Masai Mara. Los ñus y las cebras como locos, estorbándose, atropellándose, los cocodrilos al acecho en la orilla, Nikita y Kim haciéndose pis de gusto...

Hasta el Dr. Rydell se marchó. Aquello era una migración de verdad y el polvo me irritó los ojos. Apenas podía ver nada desde mi posición y temí por mi seguridad cuando al fin comenzó a disiparse la polvareda. Vi a Eddy Monster tratarle a Rocky como a un enajenado mientras Passepartout, por el contrario, trataba de comprenderle. Blas le decía a Epi:

- Blas, que dice Rocky que Wenger al Madrid.

- No digas tonterías, Epi. Y vuélvete a dormir.

Luego volvió a aparecer Nutria (los episodios y las aventuras se solapan en el Cherengueti, qué lugar tan trepidante) diciendo que allí donde estaba había mucho trajín, mucho movimiento, cuando en realidad no se veía ni se oía a nadie. Nutria dijo que Cristiano estaba triste y que esa era toda la noticia. Ya ven lo que yo decía sobre el caballo de Pat Stamper. En realidad, Nutria lo que quería era volver a su fraternidad y hacer una fiesta toga, salir de aquel muermo de falso trajín y movimiento; pero Rydell le retenía con preguntas sinónimas una detrás de otra mientras sonaba la música inquietante.

Debía de hacer fresco porque Nutria empezó a tener mocos. Se podían escuchar sus sorbidos sobre la música tenebrosa. Otra vez apareció el lenguaje de Finnegans Wake:

- Entonces, Cristiano está decepcionado -dijo Rydell.

- Está dolido -dijo Nutria-, exactamente.

- Entonces a Cristiano le han llegado noticias y está decepcionado -insistió Rydell.

- Pues supongo que sí... -respondió Nutria-. No está feliz.

Yo empecé a sentir tal desazón que quise taparme los ojos y los oídos, pero no pude hacerlo todo al mismo tiempo y miré a mi alrededor como Busquets tras hacerse el pisoteado por Pepe. Vi en el horizonte una especie de reverberación y me di cuenta de que se acercaba la hora fatídica en la que si uno no se retira a tiempo puede quedar inconsciente a merced de los depredadores del Cherengueti.

Lo advertí en el breve recogimiento cherenguético repentino y adormecedor. Ya me alejaba hacia el campamento cuando apareció de nuevo el holograma de Calcetines, quien parecía haber sido atado por orden de Rydell a la silla como Alex, el de La naranja mecánica en su proceso de reeducación, para decir, (y para abreviar, traducido del cherengui al español), que le da exactamente igual haber dicho lo que sea sobre Kiko Casilla, pero que si había algún problema ahí estaba Calcetines, sin especificar para qué. Cuando Rydell dijo: “Qué importante la matización”, yo ya corría  a través de la oscuridad del Cherengueti del mismo modo que los protagonistas de la bruja de Blair. Menos mal que ya casi había llegado al campamento.