Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Análisis Gestión
Desmontando mantras oficialistas

Desmontando mantras oficialistas

Escrito por: Pepe Kollins4 noviembre, 2018
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

 

“Mantener una plantilla como la de la temporada 2016/2017 era inviable”

Es el argumento que se esgrime para defender que el club vendiera al núcleo duro de su banquillo -Pepe, James y Morata-, que constituyó una formidable segunda unidad gracias a la cual se pudo ganar la Liga. Literalmente es una afirmación válida, en tanto que esos jugadores -al menos el español y el colombiano- se resistían a su condición de suplentes al considerar que podían gozar de un estatus de estrella en otro equipo.  El problema surge cuando se utiliza ese argumento para concluir que mantener una plantilla “como esa” -en términos genéricos- es inviable, en vez de circunscribir la inviabilidad a “esa” plantilla y a “ese momento” determinados, dando a entender -mediante esta generalización- que no es factible disponer de futbolistas de cierto nivel, más allá de los once titulares.

A la perversión de esa lógica se agarran muchos para defender que el club nutra su segunda unidad exclusivamente con jóvenes promesas que sí aceptan un rol secundario. Las consecuencias las comprobamos la temporada pasada: eliminados de copa por el Leganés y terceros a 17 puntos del líder en Liga. Y es que la obligación de un club es disponer de los mejores recursos para competir e, incluso, que los que no jueguen habitualmente se enfaden, porque ese es el mejor síntoma de que no prende el conformismo. Del entrenador dependerá lidiar con dicho enfado, tratando de repartir lo mejor que sepa los minutos en función de la meritocracia. De la dirección deportiva depende procurar la renovación del núcleo duro del banquillo, bien con la llegada de otros buenos jugadores -que quizás en un futuro planteen el mismo escenario que los que se marcharon-, bien con algunos de los hasta ahora titulares que se vean relegados a la suplencia por los recién llegados, pero nunca, bajo ningún concepto, resignándose a bajar el nivel del plantilla, porque eso equivale a reducir la competencia y por tanto a complicar la conquista de los títulos en juego.

“Un jugador si quiere irse se va”

Es la sentencia utilizada para defender la venta de Cristiano Ronaldo como un hecho inevitable. Así hubiera sido exclusivamente si el jugador hubiera abonado el precio de su cláusula. Pero lo cierto es que el único motivo que propició que el portugués se fuera es que el club accedió a venderlo. Basta comprobar como el PSG ha hecho caso omiso a las numerosas peticiones de venta y hasta a las rebeldías de algunos de sus jugadores (Verratti, Rabiot, Motta o el propio Neymar…) o a los deseos, públicos, frustrados de Hazard y Lewandowski este mismo verano, para certificar que, en absoluto, la última palabra la tiene el jugador.

El argumento de que el coste de haber retenido al portugués a disgusto hubiera sido muy alto no admite comparación con el coste que supone abrirle la puerta a todos los jugadores que pidan irse, porque eso equivaldría a supeditar la supervivencia de la institución a la voluntad de sus futbolistas. Que nadie se alarme, porque obviamente esto no es así, como ya demostró el Real Madrid con Luka Modric en el último mercado.

De hecho, si asumiéramos como imperativa la voluntad de los futbolistas, el club tendría que dar explicaciones de por qué entonces no remplazó a su antigua estrella con otra u otras, si, a fin de cuentas, todo se reduce a un simple juego de voluntades de los protagonistas y no a las reglas que marcan los clubes.


“Se vendió a Cristiano por 100 millones porque nadie ofrecía más”

Se aduce que el precio del delantero portugués contemplaba que tiene 33 años, pero habrá que puntualizar que se trata de un jugador de 33 años que venía de marcar 44 goles en la última temporada, siendo el máximo goleador de la Champions League. Si nos atenemos a esa productividad resulta complicado -con independencia de su edad- aceptar que el valor de Cristiano -tal y como está el mercado- fuera de 100 millones. ¿Cómo determinar el precio exacto de un jugador? Simplemente por una cantidad que permitiese fichar lo suficiente como para reducir al mínimo su pérdida. En caso contrario, venderlo solo suponía debilitar al equipo y reforzar a un rival directo. Y así ha sido.


“La plantilla actual ha ganado las tres últimas Champions seguidas”

Es una premisa que no se sostiene partiendo de la base de que su mejor jugador y máximo goleador ya no está. Más correcto sería decir que la actual plantilla, con Cristiano y Kovacic el año pasado y con estos dos jugadores más Pepe, Danilo, James y Morata el anterior, ganó las tres últimas Champions. La diferencia es sustancial.

“Afirmar que las Champions han servido para tapar algo es absurdo”

Otra vez damos con una frase cuyo sentido literal es correcto, pero que luego es utilizada para distorsionar la realidad. Es evidente que una Champions no puede ser tomada como un parapeto cuando es el objetivo principal del club. Su mera conquista solo puede entenderse en términos de éxito. Pero sí es necesario no interpretar que la consecución de la Champions acredita a esta plantilla con un valor suficiente como para luchar por todo. Muchos así lo deducen y en absoluto es cierto. La plantilla que el año pasado ganó la Champions no tenía suficientes recursos para luchar por la Liga. Así lo certificó la propia clasificación en el campeonato regular y la eliminación de Copa, que puso al equipo en su sitio.

Para ganar una Liga no basta con tener un once titular de enorme calidad. Es necesario -como ya se demostró hace dos años- disponer de una plantilla muy amplia o bien de jugadores titulares que sean capaces de mantener un ritmo sostenido durante gran parte del campeonato. Y ni el Madrid tenía desde la temporada pasada un fondo de banquillo suficiente -tras deshacerse de su segunda unidad- ni tampoco gran parte de sus titulares garantizan la regularidad necesaria para hacer efectivo ese reto, ya sea por edad, por propensión a las lesiones, por una ambición erosionada por los títulos o por el acomodamiento por la ausencia de una competencia real.

Y dado que el equipo, la temporada pasada, estaba muy lejos de poder competir de manera regular,  concentró el esfuerzo de su espléndidos titulares en los trece partidos de competición europea, que ya forman parte de la leyenda del club. Pero las capacidades eran las que eran para cada circunstancia.


“Después de tres Champions era imposible cambiar la plantilla”

Es uno de los argumentos más utilizados para justificar la ausencia de fichajes este verano. Según algunos no se hubiera aceptado que se hiciesen grandes modificaciones tras haber conquistado tres Champions seguidas. Es curioso que se sostenga eso cuando Zinedine Zidane confesó, en la rueda de prensa de su despedida, que se iba porque el equipo necesitaba cambios para seguir funcionando. De hecho, basta un poco de conocimiento sobre deportes de equipos para saber que cuando un grupo ha ganado mucho la tendencia habitual es a relajarse por la pérdida de hambre. Es, por tanto, el momento idóneo para reactivar al equipo con savia nueva.

Pero la prueb