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De Gea-Navas: Crónica de un desatino

De Gea-Navas: Crónica de un desatino

Escrito por: Ramón Álvarez de Mon1 septiembre, 2015
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Tal vez fuera muy razonable que allá por los meses de abril y mayo –cuando probablemente se forjó el pacto entre el Real Madrid y De Gea- el club madridista viese como una gran operación la contratación del toledano. Hagamos un esfuerzo para remontarnos a los hechos que acaecían en aquel momento: el nivel deportivo de Casillas marcaba un declive definitivo que para muchos ya tenía una duración de, al menos, tres años. Por ello, su sucesión se presentaba como un reto en todos los frentes: el deportivo, el institucional y el mediático. A nivel deportivo, Casillas había sido una referencia mundial en su puesto durante más de una década. Con sus defectos técnicos evidentes, hasta el inicio de su declive, había sido una figura indiscutible en los equipos titulares de todos los técnicos madridistas (con la pequeña excepción de Del Bosque durante unos meses). Con el declive ya asumido por el club, hacía falta fichar a un portero que no empeorase demasiado el nivel del mejor Casillas, ya que con el tiempo y la nostalgia ese sería el baremo de comparación: tan injusto como real.

A nivel institucional, el Madrid tenía que dar salida al capitán del club, que además era también el capitán de la Selección. Pese a que muchos madridistas no nos sentimos condicionados por la Selección Española, entiendo que el club no sea ajeno a esa sensibilidad que sí invade a muchos otros. Iba a salir una referencia del club y podía ser lógico que su sustituto ya tuviese cierto estatus.

A nivel mediático, la salida de Casillas ya se preveía que fuese cómo finalmente ha sido. Cometiendo, en mi opinión, un error razonable, el club calculó qué sustituto de nivel probado podría asumir la sustitución de Casillas sin ser maltratado mediáticamente. Por tanto, parecían pocos los candidatos disponibles para cubrir con satisfacción estos tres ámbitos, y el escogido fue De Gea: mejor portero de la Premier, jugador ya de relevancia y sucesor dulce en la Selección, así como, por ende, previsible acreedor de un buen trato mediático.

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En el toledano, además, se daba una coyuntura especialmente favorable: estaba en el último año de contrato y, por tanto, el poder de negociación del Madrid con el Manchester United se antojaba enorme. Probablemente ninguno podíamos adivinar por esos meses la obstinación del equipo inglés que ha impedido que la operación llegue a buen término.

Lo que ocurrió los siguientes meses no hizo más que complicar las premisas con las que contaba el Madrid. Al indigesto proceso de salida de Casillas del club, se unieron los problemas para la renovación de Ramos. Durante varias semanas corrieron ríos de tinta sobre presuntas ofertas del Manchester United al Madrid que no eran atendidas, por insuficientes, por parte del club de Concha Espina. En su orgullo de club histórico, en el equipo que juega en Old Traford se empezó a crear un caldo de cultivo de animal herido. El problema de un animal en tales condiciones es que responde más a sus instintos que a lo razonable. Puedo imaginar conversaciones del tipo: “Estos del Madrid primero nos quitan a Ronaldo, después nos exprimen con Di María y por último nos toman el pelo junto a Ramos. A De Gea no lo vendemos ni por cincuenta”.

De esta forma, el Madrid tenía un pacto de honor con un jugador que se había puesto en una situación muy delicada con su club, pero ese club ni siquiera cifraba en importe alguno su traspaso. En paralelo, y para mí cometiendo un grave error, se estaba empezando a recordar el gran portero que el Madrid había fichado el año pasado: Keylor Navas. Tras pasar casi una temporada en blanco, Keylor empezó la pretemporada al nivel que le había hecho acreedor, hace un año, de fichar por el mejor club del mundo. Siento ser duro, pero creo que el mayor error del club es que esta circunstancia le sorprendiera. El ninguneo constante de la prensa hacia Navas en favor de Casillas parecía haber calado durante la temporada pasada en el Madrid. De repente, el Madrid tenía una opción más que válida en el costarricense. Cómo no iba a tenerla, si había fichado al mejor portero del pasado Mundial.

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Fiel a su compromiso moral, el Madrid siguió incidiendo en el fichaje de De Gea pero ya sabiendo que, tras el fichaje de Casilla, en ningún caso la portería quedaría desguarnecida de no tramitarse finalmente el traspaso. Probablemente la sensación sería que en cualquiera de los dos escenarios posibles el club podía estar tranquilo: si venía De Gea, el Madrid ficharía un buen portero para una década; si se quedaba Navas, el Madrid tendría muy bien cubierta la portería con un portero que empezaba a contar con el beneplácito masivo, y De Gea podría llegar un año después gratis. Esta sensación sin duda se acrecentó tras la formidable actuación de Keylor ante el Betis y la ovación con la que le tributó un Bernabéu que no acostumbra a este tipo de regalos a los guardametas.

Entonces llegó el último día de plazo y todo se complicó. Como no quiero caer en especulaciones, me remitiré y, por tanto, daré por bueno el comunicado del club, constante de diez puntos.

Creo que sería tan exagerado eximir de responsabilidad al club como considerar una chapuza de novato por su parte todo este enredo. Creo que entre las muchas virtudes ya de sobra demostradas por Florentino Pérez y José Angel Sánchez está la de ser verdaderos expertos cerrando operaciones de este calado apurando los plazos. Modric, Ramos, Bale o Ronaldo son o han sido jugadores del Madrid gracias a este know how que, como digo, está más que demostrado. Ahora bien, también me parece evidente que el club se ha expuesto a un ridículo bastante palpable. El compromiso moral con un jugador –De Gea- no te puede llevar a no trazar una línea roja en tu negociación con el United. Probablemente, el establecimiento de un dead line anterior al último día de plazo habría evitado este sonrojo que ha dejado tan tocados a los dos porteros en cuestión. La actuación del United no es objeto de valoración en este artículo. Yo soy madridista y escribo en un medio madridista: analizo lo que incumbe al Madrid. Ello no obsta para que, a título de reseña, considere un atenuante bastante decisivo para el Madrid la desleal actuación del equipo inglés. Probablemente ha habido mala fe de los ingleses, y esa mala fe ha sido decisiva para todo este despropósito.

La situación actual deja a un De Gea posiblemente deprimido en Manchester y con la probable perspectiva de un año en blanco en una temporada de Eurocopa. Sólo su determinación de fichar por el Madrid mantendría vivo el pacto de honor para el año que viene. Por el camino, y de seguir en blanco, se puede complicar mucho una muy prometedora carrera. Sólo hay que revisar antecedentes para saber lo perjudicial que puede ser esta circunstancia. ¿Y Keylor?

Poca gente ha pensado en él hasta la noche del treinta y uno. Mi consideración hacia su figura es la misma que la de Jesús Bengoechea. Keylor tiene toda mi admiración. Desde su llegada, se ha mostrado plenamente preparado para jugar en el Madrid y, en este caso, no estoy hablando sólo a nivel deportivo. No es fácil llegar tras ser el mejor portero del Mundial y asumir la suplencia en el Madrid en beneficio de un portero ya en declive. Su actitud, desde el silencio o el apoyo expreso al entrenador, ha revelado su sólido equipamiento a nivel ético. Keylor ha creído de forma ciega que podía cumplir su sueño y durante instantes lo ha palpado en forma de ovación. Seguramente ese instante le ha compensado el continuo ninguneo de la prensa, que sólo ha cesado tras la salida de Casillas, momento en el que el interés social de la misma (derrocar a Florentino) dio un giro para defender la continuidad de Navas. Para empatizar con la situación actual del costarricense, me parece decisivo conocer cuál ha sido su comunicación con el club. Si el club ha sido claro sobre su probable salida del mismo, creo que debe haber paz interior para Keylor, aunque albergue una sensación de injusticia en esa decisión estratégica del club. Si, por el contrario, el club le ha hecho saber a Navas su segura permanencia, entendería que su situación anímica sólo fuese reversible haciendo un enorme acopio de inteligencia emocional que otras veces ha demostrado.