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De Ángeles y demonios

De Ángeles y demonios

Escrito por: Jesús Bengoechea14 febrero, 2020
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En el gran clásico de Frank Capra Qué bello es vivir, el ángel principiante Clarence se gana el derecho a sus alas abortando el intento de suicidio de James Stewart. Si el responsable de otorgar alas en el cielo no fuese el Supremo Hacedor sino Josep María Bartomeu, ya sabemos de un Ángel que no necesitaría opositar para obtener las suyas: Ángel Torres, presidente del Getafe y muy inopinado, a tenor de lo que veremos, socio del Real Madrid C. de F.

Si quieres fichar por el Barça, o al menos que se diga que vas a hacerlo, juega contra el Barça el domingo próximo. Entre las muchas peculiaridades del club presidido por el inefable Barto, se cuenta últimamente la de amenazar con fichar al delantero centro del siguiente equipo contra el que juegan. Como al respecto decía en Twitter hace poco nuestro colaborador Emil Sorel, hay que entenderles, son así. La ventana Dembélé, que es la tercera tras la de verano e invierno, les faculta para ello, así como para utilizar esta prerrogativa a fin de desestabilizar al inminente rival. Hasta aquí, todo bien. Es un decir. Todo mal, pero nada que no supiéramos de antemano que está mal. Así ha amenazado el Barça con fichar a Rodrigo en vísperas de enfrentarse al Valencia y a Loren en vísperas de jugar contra el Betis, junto a otros que seguramente me dejo.

Ahora ha amenazado el Barça con fichar a Ángel Rodríguez, delantero del Getafe, a que no adivinan cuándo. Exacto: cinco minutos antes, como quien dice, de salir a calentar al Coliseo Alfonso Pérez.

La primera reacción del club madrileño vino de boca de otro Ángel, Ángel Martín, director deportivo de la entidad, que como cabía esperar puso el grito en el cielo. Su tocayo, Ángel Rodríguez, es con trece tantos el máximo goleador del equipo en la que a esta altura es una temporada extraordinaria de los de Bordalás, y no hace falta ser un lince para intuir el inconveniente que supondría perder a Ángel a manos del Barça, o de quien sea, en el objetivo de firmar una campaña verdaderamente histórica para la institución. Todo esto por no hablar del desquicie psicológico que para un jugador supone jugar contra los de Setién a sabiendas de que podría muy pronto vestir de azulgrana.

Hay ángeles y ángeles. Hay ángeles custodios, que se plantan ante cualquier amenaza para lo que defienden. Y hay (sin afán de pasarnos de bíblicos o tremendistas) ángeles caídos, no sabemos caídos donde, pero caídos en todo caso, quizá sólo caídos en las ganas de dejarnos perplejos. There must be an angel playing with my heart, que cantaba Eurythmics, y en este caso el ángel juguetón y jocundo que nos ocupa es el Ángel al que aludíamos al principio (el tercer Ángel del Getafe aunque el primero en importancia), su presidente Ángel Torres, que ha discrepado públicamente con su director técnico respecto al daño que dicho traspaso haría al equipo. Donde hay arcángel no manda ángel, que es lo mismo que decir que donde hay patrón no manda marinero, pero con celestial acento de extrarradio capitalino.

"Al Barcelona no se le pude decir que no”, ha declarado el Arcángel Ángel, sin entrar en las ignotas razones por las cuales al Barcelona no se le puede decir que no de igual modo que se dice que no a cualquier otro hijo de vecino. “El dinero nos viene bien, aunque ahora mismo nos estamos jugando mucho, aunque haría trastorno, pero estamos mentalizados para ello, yo por lo menos. Igual otros se quejan o montan el drama. Si le toca a Angelito irse al Barça, felicitarle y que le ayude a meter goles.”

Lo único que personalmente saco en claro de estas declaraciones es un modo de distinguir nominalmente a los tres Ángeles del Getafe: Arcángel (el presi), Ángel (el director deportivo) y Angelito (el jugador). El resto del contenido de este mensaje me resulta impenetrable. Quiero decir que se entiende perfectamente lo que quiere decir, pero no hay manera de imaginar qué demonios puede moverle a decir algo así.

Cuesta entender que el máximo mandatario de una entidad deportiva pueda estar tan ufano al ver cómo le desestabilizan en medio de una campaña antológica de su club. Están mentalizados para perder a Angelito, al menos él lo está, matiza significativamente, y envuelve sus palabras en un paño de untuosidad proculé que se queda a un paso de lo servil.

Diga usted que sí, D. Árcangel, presidente del Getafe e inopinado socio del Real Madrid C. de F. Que vaya Angelito para allá a “ayudarles a meter goles” porque “al Barça no se le puede decir que no”. El no es sano, D. Arcángel, es pedagógico y ayuda a crecer, lo dicen todos los psicólogos especializados en la educación, incluso (caramba) Ángel Peralbo, del Consultorio Álava Reyes, autor de excelentes libros en materia educativa que le recomiendo encarecidamente. Ya sabemos que el dinero les viene “bien”, D. Arcángel, pero incluso dejando de lado lo estrictamente deportivo no sé si ha calibrado usted todos los aspectos financieros del tema, a saber: si ustedes entran en la Champions el año próximo (están terceros superado el ecuador de la competición, por lo que no parece quimérico) podrían ingresar del orden de 50 millones de euros. Lo tendrán mucho más difícil si se desprenden de su goleador, por quien, a día de hoy, cobrarían un máximo de 10 millones. Digo “un máximo” y digo bien, puesto que ni al alma más ingenua del mundo puede escapársele la opción de que el Barça quiera a su futbolista cedido a cambio de nada, o bien traspasado a cuenta de facturas de proveedores emitidas en tiquicoins.

Cuesta creer que cuando D. Árcangel brinda porque Angelito vaya al Camp Nou “a ayudarles a meter goles” sea ajeno a estos particulares. Es inevitable preguntarse entonces a qué viene esta actitud tan extremadamente servicial y meliflua para con el organismo de los valors por excelencia y principal exponente propagandístico de la causa independentista, pero quién soy yo para aspirar a entender el lenguaje de los ángeles.

O el de las personas, se me ocurre a veces. Otros directivos, entrenadores y jugadores plenamente adscritos al mundo terrenal manifiestan parecida tendencia a rendir pleitesía al FC Barcelona en todo lo que haga, o al menos a no quejarse nunca ante los incontables desmanes administrativos, gerenciales y arbitrales que jalonan la trayectoria del club catalán. Lo de (Arc)Ángel Torres no es en absoluto excepcional. Nadie en el fútbol español critica nunca al Barça, ya apoye manifiestamente la ilegalidad indepe, ya se presente a jugar a la hora que estime conveniente, ya deje de presentarse a la Copa porque tiene muchos lesionados, ya azuce a su entorno para poner nervioso a su próximo adversario tentando a su delantero más goleador. Yo no sé a qué se debe esta multitudinaria omisión de críticas al Barça cuando bien las merece, esta masiva inclinación de cerviz, este síndrome de Estocolmo generalizado, esta omertà que se extiende silenciosa y ominosamente por cada resquicio de la estructura del fútbol español, con todos sus agentes implicados. La única explicación que cabe aventurar a este pavor a la irreverencia con lo azulgrana es la imbricación misma de lo azulgrana en el sistema, y las represalias (administrativas, gerenciales, arbitrales) que el poner lo azulgrana en entredicho podría acarrear. Se diría que hay una conciencia de eso, pero qué sabré yo. Es un misterio (lo han adivinado) tan insondable como el sexo de los ángeles.