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Crónica del PSG, 0; Real Madrid, 0

Crónica del PSG, 0; Real Madrid, 0

Escrito por: Mario De Las Heras22 octubre, 2015
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Comencé a ver el partido pasadas las dos de la madrugada (no es por nada, pero eso es amor galernario), en diferido y en silencio, como cuando veía Cine Club de niño. Siempre recuerdo cuando vi El Baile de los Malditos, así que esta crónica, si tuviera título, se llamaría así, con dos historias paralelas y antagónicas que acaban tocándose para cerrar el círculo de sendos ceros rotundos con diferente matiz.

No sé de dónde he podido sacar esto, pero Ibrahimovic se compone con su coletita engominada como el hijo y lugarteniente de un mafioso ruso, lo que unido a que Blanc, que era un francés medio, se crea hoy Guido Anselmi, el guionista de Ocho y medio, le da al PSG su aire de sofisticación y no los millones de su banquillo.

Este Madrid es sobre todo ordenado y pinturero en los remates, que curiosamente no son los que miran a portería sino los que están a punto de ser cortados por las defensas rivales. El Madrid no llega y, como de casi todo, uno se cansa, pero es la paciencia una virtud tan sutil y agradecida que pienso que vale la pena contenerse; mucho más si uno abre la puerta de los talleres y ve lo que allí está reparándose.

De lo que hablaba, por concretar un poco, en el párrafo anterior, era por ejemplo de los taconazos imprevisibles de Cristiano para lanzar los contraataques, pero no estaba la tarde para ellos con ese centro del campo como un frente de batalla, un cañón donde se daban emboscadas debajo de cada risco y donde al final del camino los indios habían desprendido grandes piedras para taponar el paso en cada lado.

Parecía mucho el PSG, aunque en realidad era bien poco (todo lo que necesita Ibra) con la posición tan bien tomada y defendida por los blancos. El partido a mí me parecía fantástico, tanto que llegué a pensar que el árbitro, ante la mínima chulería, iba a sacar en cualquier momento un sable láser de ese bote de spray que llevaba colgado a la cintura. No sucedió porque ambos equipos estaban concentrados en jugar a fútbol, y eso se agradece.

Si ordenadito estaba el Madrid, ordenadito estaba el París, que parecía copiarlo todo, jugar a imagen y semejanza salvo Ibra, quien, quizá mostrando una soberbia un tanto viejuna (total, ¿quien se lo va a impedir? ¿Guido?), quería hacerse el inventor del juego ahí en los tres cuartos con sus dos metros. No hay elasticidad en ese cuerpo como la de Matic, por ejemplo, así que había toda una envergadura de talento perdida para los locales.

Yo vi su verdadero peligro en un pase de quarterback de Di María, ¡Di María, mon ami!, que acabó perdiéndose por la línea de fondo, y luego no lo repitieron. Mejor para todos. En una de esas refriegas centrales, Casemiro le enseñó a Matuidi que para pararle hay que contar con la amarilla y el de Toulouse hizo un cálculo rápido con los dedos y contó con ella. Yo también contaba y en una ocasión me faltó un defensa de los míos, hasta que vi a Marcelo de palomero por su lado, mientras Kroos bajaba de falso lateral.

Era tan romana, del imperio quiero decir, la organización de esa zaga, que si llega a continuar Casillas bajo los palos hubiera tenido que renunciar sin remedio a la titularidad por no poder excusar sus errores con aquellos gritos que daba. ¿Se acuerdan? Yo me acuerdo. Esta defensa le va de maravilla a Keylor, que es un hombre discreto y sereno, y además ayer estaba la mar de guapo con su traje amarillo flúor en contraste a su pelo azul.

Casemiro haciendo faltas estratégicas era igual de hábil que Luther, el estafador cuya muerte origina El Golpe de Redford y Newman. Luego vi a Marcelo coger una ola, apenas un segundo, para después observar a Isco subido a la cresta. En esos momentos, aparte del surfing, el juego iba un poco de a ver cuántos fueras de juego se llevaba el PSG como collejas en un pasillo. El partido era bonito. Sorprendentemente estético. Trabado en el centro, duro, liviano en las afueras para volver a hacerse rocoso, pugilístico en las cercanías de la meta.

PSG-Real Madrid Di María

A todo esto yo me preguntaba si Maxwell es un nombre para un futbolista. Maxwell es más bien un nombre de agente, o de detective con corbata desastrado, de esos que no pagan el alquiler del despacho, donde duermen rodeados de botellas y colillas. También pensaba en Lucas Quinto y en lo buen chico que es. Todo lo contrario que Verratti, quien juega precisamente en el lado opuesto y parece un turista en bañador turbo de fiesta mañanera en Santorini. Lucas Quinto tiene pinta de pasar los veranos en Cebreros (pongamos) jugando al dominó con la familia en la sobremesa. Como debe ser.

Jesé jugaba de titular con la brillantez a trompicones (de dos del 4-4-2), cuando necesita que le salga fluida. Para el locutor inglés de mi transmisión era “Yesi”, y a mí unas veces me parecía Jesse (James) y otras (la) Yesi bailando reggaetón. En el París yo veía a Di María y pensaba qué jugador perdió el Madrid y qué equipo se perdió el argentino, donde el fideo se ha llevado, sin duda, la peor parte.

Destacaban Trapp, que cantaba Edelweiss a pleno pulmón en cada acercamiento, y Cristiano fajándose como un titán con los bestias de Silva o Aurier. Ponía el Madrid en esos instantes la mayor belleza del partido, con Marcelo ejecutando primorosamente unas pisadas-espuelas que provocaban oes en las gradas, y con Isco desapareciendo como un gato entre las oquedades. Yo me di cuenta de que estaba Cavani, “¡coño, Cavani!”, me salió espontáneamente, cuando le vi perseguir al malagueño como si quisiera echarle de la casa zapateando y moviendo su melena grasienta de bailaor.

Salían los balones planeando del fragor central de la contienda como anzuelos lanzados a través del sedal de un artista pescador con mosca en la figura de Kroos, que estaba conquistando el río de la vida, y terminaba la primera parte con Verratti, al que imaginaba diciéndole al árbitro, de quien estuvo muy pendiente  todo el tiempo: “Ehi, amico, questa cosa è una palla”.

La segunda parte no tuvo tanta enjundia, acaso un compendio, entre la mayor lentitud y el cansancio, de lo visto hasta entonces. Yo descubrí la elegancia de Motta, cuyo gesto destrozó Cavani de un pisotón peligrosísimo. Los parisistas se cerraban por el centro como cepos y algo de rugby había en ellos, mientras Isco, y Marcelo, maravillaban París a base de estilo, como el de Toni colocándose para lanzar los córners: igual que una modelo en un desfile antes de darse la vuelta.

Lucas Quinto se animaba y Francisco hasta remataba de cabeza, pero no iban a ser los arreones finales madridistas sino todo lo contrario, aunque con un peligro suave, nada alarmante, se diría que incluso cotidiano. Salió Pastore por Cavani y se fue Di María por Lucas, antes de que en el minuto sesenta y ocho apareciese sobre la hierba del Parque de los Príncipes el hereje, quien enseguida se puso a defender parándose con el hocico y la pata levantada como un perro de caza.

Fue en el setenta y uno cuando una contra no lanzada sino imaginada por Luka culminó en la ocasión más clara de la noche a cargo de Cristiano, que se pasó de cruce y de potencia. Iba a salir un espontáneo para abrazar al portugués con el susto que eso conlleva, y hasta después de que Florentino apareciera en cámara despidiéndose de Al Khelaifi y señora iban a intentarlo los locales con Keylor y Modric de barreras, y con Ibrahimovic ya más cerca, aunque se había ido muy lejos.

LAS NOTAS:

Keylor: Destaca (D). Apenas tentado. Siempre atento. Amarillo flúor.

Marcelo: Destaca (D). Cumbre. Mágico. Especial.

Ramos: Progresa Adecuadamente (PA). La pudo liar de no hallarse. Se encontró con un corte providencial.

Varane: Destaca (D). Sobrio. Parece británico en vez de francés.

Danilo: Progresa Adecuadamente (PA). “Danillo” le llamaba el locutor inglés, como si fuera andaluz. A veces está tan loca como Carvajal, sólo que con las piernas largas y morenas.

Kroos: Destaca (D). Un Káiser con motor y casco de pincho.

Casemiro: Destaca (D). En mi guerra de Troya sería mi paladín.

Lucas Quinto: Destaca (D). Yo creo que un día hará algo muy bueno que le subirá el caché.

Isco: Destaca (D). Cerca del PA. Me va ganando con su esfuerzo y la dosificación de su talento.

Jesé: Progresa Adecuadamente (PA). Cerca del D. Tiene que trabajar el desborde, que es curiosamente lo suyo.

Cristiano: Destaca (D). Líder y participativo. Luchador. El mejor del mundo.

Modric: Destaca (D). Veinte minutos de doctrinas heréticas.

Cheryshev: Progresa Adecuadamente (PA). No le dio tiempo a instalarse debido al jaleo.

Benítez: Destaca (D). Intachable en la táctica.