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Cristiano y la brecha del amor

Cristiano y la brecha del amor

Escrito por: Mario De Las Heras23 enero, 2018
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Por la brecha de Cristiano se han despeñado unos cuantos. Casi todos los que quedaban por despeñarse. Incluso algunos que ya se habían cumplidamente despeñado con anterioridad. La brecha de Cristiano es como la raja de la falda aquella de los Estopa. No sé qué de un piñazo con un Seat Panda que es el que se ha dado, por ejemplo, un conocido mío de Baracaldo.

La brecha de Cristiano es también como Sarlac, aquel abismo devorador sobre el que Jabba el Hut pasaba por la quilla a Luke Skywalker. Cuando era niño jugábamos mis amigos y yo a imaginarnos a todo el mundo como personajes de La guerra de las galaxias. Era un pasatiempo divertido. Yo me he acordado ahora de esto y he visto a muchos de esos periodistas absorbidos sin remisión por la brecha de Cristiano. Los mismos que antes iban subidos a la barcaza de Jabba, ese antro decadente y oscuro y sórdido que se hace llamar a sí mismo “el mejor periodismo deportivo del mundo” como escribió uno de sus miembros destacados al que bien podríamos llamar, por ejemplo, Bobba Fett.

La cuestión es que esa brecha, como si fueran unos labios sensuales, no parece haberse tragado (después de haberlo atraído como con mordisquitos) solamente a buena parte del “mejor periodismo deportivo del mundo” sino también a buena parte de lo que sin duda también debe de ser simplemente el “mejor periodismo del mundo”.

Ya crecidos y superada la fiebre de las comparaciones lucasianas, mis amigos y yo llegamos a la conclusión a propósito de esa fijación malsana por Cristiano, y ya hace tiempo de esto, de que no es que les cayera mal sino que lo amaban, lo aman con desprecio de sí mismos hasta el límite de la locura como se puede comprobar a la vista del torrente de declaraciones culminadas ayer, en plan tarta de boda hortera, con variados muñequitos de chocolate (mi conocido de Baracaldo y Cristiano, Bobba Fett y Cristiano, un tal Arsenio y Cristiano...) y delicadas virutas de mugre.

Lo de mi conocido de Baracaldo o lo de Bobba Fett, al fin lo de todos esos programas “deportivos” o incluso lo de la Estrella de la muerte es amor. Es simplemente amor. Es la brecha inevitable del amor. A ella han ido a parar todos como si les cantara Carla Bruni. Han acudido a morir de amor. Un amor que duele. Un amor que quiere y no puede romper unas burdas barreras. El amor que quieren tapar con la misma comicidad con la que el gato Tom intentaba tapar los agujeros de la cama de agua hechos con sus propias garras mientras el ratón Jerry se descojonaba desde su madriguera.

Uno de nosotros, de mis amigos me refiero, llegó incluso a ensayar otro diagnóstico jocoso al que denominó llanamente: “Síndrome del pene pequeño”. Y lo cierto es que desde entonces, cada vez que uno de esos estupendos periodistas (los mejores del mundo) se sueltan, cada vez que expulsan de manera indirecta todo ese amor oculto en inquina que sienten hacia Cristiano, yo no puedo parar de reír como si fuera Jerry.

Aunque también me siento algo triste por ellos, por imaginarlos tan dolorosamente perturbados como si todo lo que poseyeran en su existencia tuviera que ser tan grande como lo tiene todo Cristiano en la suya (aquí se entiende toda esa contraria exaltación de Messi en su poquedad), incluida una brecha de coraje y de sangre y de talento de apenas unos centímetros por donde han cabido todos y donde aún (debido además a la escasa entidad demostrada por los inquilinos) queda sitio para muchos más.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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