Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Crisis de identidad madridista

Crisis de identidad madridista

Escrito por: Jorge Garcia Vela22 marzo, 2016
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

En la extraordinaria película española de culto Magical Girl (Carlos Vermut, 2014), un personaje hace una interesante reflexión acerca del eterno conflicto español provocado por no tener claro si somos un país racional o emocional. Mientras que los países nórdicos son cerebrales, los árabes y los latinos son emocionales, y todos asumen esa naturaleza sin complejo ni culpa, los españoles estaríamos en medio de una balanza representada en las corridas de toros, que simbolizarían la lucha entre instinto y técnica.

Ese mismo conflicto se observa en el madridismo, sumiéndole en una peligrosa crisis de identidad.

magical girl

Como en tantas cosas, habría que retrotraerse a la etapa de la Quinta del Buitre para observar el origen de este conflicto, de esta dualidad que el madridismo no logra resolver; una dualidad que se interpreta de forma binaria, donde si se es una cosa no se puede ser la otra.

El madridismo no sabe lo que quiere, o mejor dicho, no sabe cómo lo quiere. ¿Queremos tiqui-taca o un equipo luchador y aguerrido? ¿Queremos jugones o fajadores? ¿Queremos intensidad o calidad? La propaganda ha vendido que el sudor es malo, siempre que sea madridista -aunque otros equipos como el Barcelona se maten a correr y tengan sostenes como Busquets o Mascherano que se le niegan al Madrid-, pero cuando se recurre a los “jugones” se echan de menos los fajadores porque el equipo “se descompensa y corre poco”… Si sacamos partido al contraataque, porque tenemos jugadores eficientes en esa suerte, es que “jugamos como un equipo pequeño”, pero cuando jugamos como “un equipo grande” resulta que se corre menos y nos acordamos de Juanito, Camacho y Santillana… Una rueda que no cesa, el madridismo regido por Sísifo.

Desde la temporada 79/80 hasta la 85/86 no se logró ningún título de Liga y una crisis económica en el club nos impedía competir al nivel de los grandes europeos, por lo que hubo que recurrir a la cantera. En esos años estaban jugadores tan valorados como Santillana, Juanito, Camacho o Stielike. Esa crisis liguera fue compensada con alguna Copa del Rey y una final de Copa de Europa, pero los antecedentes ganadores, el recuerdo de gloriosas remontadas y la resurrección posterior con la venida de la Quinta dejó un recuerdo imperecedero en los madridistas, que evocan la época como un ejemplo de lucha y sacrificio, de auge de los valores madridistas.

Aquella época de las remontadas era puro madridismo, pero no debe olvidarse que esas remontadas se propiciaban porque anteriormente se había realizado un partido deplorable donde no se dio la talla como se debía. Se sabían un equipo limitado técnicamente, pero daban la cara cuando era necesario, sacaban genio y carácter para intentarlo todo hasta imponerse a equipos supuestamente mejores. Representaban el instinto.

A esa generación de luchadores, que llegó a una final de Copa de Europa con un equipo limitado, le siguió la etapa en la que unos canteranos repletos de calidad sirvieron de complemento perfecto, dándose con la tecla del equilibrio perfecto entre el instinto de los veteranos y la técnica de los novatos.

Cuando las esencias madridistas quedaron en manos de la Quinta del Buitre en exclusiva, con el adiós de los Camacho, Santillana, Juanito, de los Hugo Sánchez y Gordillo… se vieron las costuras de aquellos talentosos jugadores que dominaron como quisieron en España e hicieron el mejor fútbol de Europa durante varios años. Sin embargo, sin el sustento de aquellos veteranos, el equipo que entusiasmara no dio la talla, con lo que se les acusó de falta de carácter, se les pitó hasta la saciedad y se les echó en cara su falta de compromiso. Estos talentosos jugadores eran la técnica.

Con esa Quinta del Buitre tardía, desprovista del apoyo de aquellos veteranos, se empezó a gestar la crisis de identidad madridista. Con la Quinta no sólo cambiaron las relaciones de los jugadores con las directivas, como ya analicé en otro artículo (relaciones que ninguna directiva posterior ha logrado revertir), sino que se empezó a gestar otra filosofía que ha terminado contradiciendo la clásica del club, a lo que se sumó la llegada de programas deportivos televisivos nocturnos aún en pañales, como aquel “El Friqui” de Telemadrid que presentaba Iturriaga, el “Goles son amores" de las Cacao Maravillao y Manolo Escobar, “El Día Después” en Canal Plus como principal altavoz del Barcelona de Cruyff, o las clases de tiqui-taca de Valdano en sus “futbolecciones”. Así, las conversaciones de barra de bar se extrapolaron a los medios y se empezó a cocer un caldo enfermizo, como la pescadilla que se muerde la cola, porque de los medios pasaban a los bares. Ese modus operandi donde se busca cualquier motivo de polémica, trabajado durante años, ha logrado que los propios madridistas generen esos debates por sí mismos sin necesidad de oír casi nada, un virus inoculado que la gente ha digerido para seguir la rueda con jolgorio.

¿Y por qué se entra a ese juego? ¿Por qué los madridistas lo acogen con fruición? Porque se divierten, es ocio y evasión, se ha vendido como algo lúdico que cada vez tiene más minutos televisivos, radiofónicos o en internet… Si a eso sumamos la proliferación de podcasts, webs, artículos que puede publicar cualquiera, la posibilidad de hablar con jugadores, medios y periodistas vía Twitter… el problema se expande.

Así llegamos a la idea de que si Cristiano Ronaldo marca muchos goles está mal por no distribuirlos mejor, de que si mete 4 en un partido se mira el rival para despreciarlo, si marca al Barcelona se recuerda el que no marcó contra el Atlético, si anota el último gol se critica que no marcara el que abriera el camino, si marca el primero porque no marcó el definitivo… Si goleamos a un rival es porque es débil, pero si lo hace el Barcelona con el mismo equipo lo que se elogia es el gran desempeño culé… Si Navas para mucho es que somos una banda defensiva, pero si para poco se le desprecia porque cualquiera vale para hacer eso (aplicable a todo portero menos a Casillas)… Un absurdo que parece pedir que el Madrid no marque más de 2 ó 3 goles a equipos modestos y que Ronaldo marque el primero y el último, pero no más, y a ser posible a equipos de relumbrón, porque los otros no cuentan… Donde se debe tener la posesión pero sin excederse y a la vez aprovechar las contras sin jugar al contraataque…

El madridismo empezó a convencerse de la idea de que “lo que debe correr es el balón”, con lo que entró en conflicto. La garra implicaba un déficit de calidad, un recurso cuando no se tenía “el fútbol suficiente”, manifestando ideas excluyentes. Y se recuerda la Quinta y su fútbol preciosista -que fue criticado en su tiempo también porque como todos ustedes saben “el Real Madrid jamás ha jugado bien”, repitiendo el eslogan “ganan pero no juegan bien” hasta la saciedad, para que Núñez reivindicara a su club como los campeones morales-, pero se olvida mencionar el sostén del grupo de veteranos que los introdujo y esos complementos esenciales que se rompían los cuernos junto a ellos, la mencionada Quinta de los Machos, Valdano, Chendo, Schuster... Igualmente se obvia que para que el balón corra hay que tenerlo, y para ello son importantes dos cosas: que el ansiado esférico se recupere pronto y que los jugadores corran también. Todo el mundo hablaba de las posesiones del Barcelona de Guardiola, pero poco se hacía de la verdadera clave de ese equipo: la rapidez y la agresividad aplicada a la recuperación del balón.

No hay que olvidar que en el Madrid siempre se han mezclado jugadores de talento y cuestionados por su poca garra como Del Bosque, Velázquez, Gallego, Guti, Butragueño… con otros que se dejaban el alma en el campo como Grosso, Pirri, Goyo Benito, Camacho…

Estamos ante un problema que ha calado mortalmente en el Madrid, que no ha logrado blindarse del ruido exterior y de las contradictorias quejas de los aficionados. Es de ahí de donde proceden los complejos cuando el equipo juega regular un partido o descubre en el contraataque una de sus virtudes. El Real Madrid siempre ha sido y será un equipo dominador, pero aplicará la idea de su juego en función de sus futbolistas, que unas veces tendrán unas características y otras veces tendrán otras, porque hay muchos tipos de talento, pero la falsa idea de modelo y la demanda de someter y encerrar esas características en cualquier esquema preestablecido no han logrado otra cosa que esposar al club, que vaga a la deriva sin saber muy bien a qué lado de la balanza caer para contentar a todos.

No. El madridismo no sabe lo que quiere y se debate entre el instinto y la técnica.

De alguna manera,ha sido la propaganda quien ha logrado que el madridista no sepa lo que quiere, ni siquiera cuál es el juego que le apetece ver, creando una eterna y contradictoria insatisfacción que es uno de los aspectos más perjudiciales de los que asolan al club. Todos diremos que sabemos lo que nos gusta, pero entraremos en conflicto con una infinidad de madridistas a la vez para caer en recurrentes contradicciones, y todo por encasillarnos e intentar definir modelos, en vez de dejarnos llevar por las múltiples lecturas y formas de juego, todas ellas disfrutables.

El madridismo lo fue todo a la vez siempre, dando predominancia a una u otra tendencia según convenía, sin que darlo todo en el campo se ponga en cuestión jamás. Sin embargo, buena parte de la afición parece autoexigirse, por influjo de la prensa, de las manipulaciones y de los éxitos rivales, elegir entre una de las dos, o para ser más exactos, entre respetar sus esencias o imitar las de otros. Di Stéfano, Puskas, Gento… realizaban el mejor fútbol del mundo, con mucha diferencia, pero además se partían el lomo, donde la máxima estrella aparecía por todas las partes del campo sin descanso. Se tiende a echar de menos lo que falta cuando no se logra el éxito deseado: si hay garra pero no se juega bien se pedirá fútbol de calidad, y si hay calidad pero no acompañan los resultados se pedirán huevos.

En los años de dirección y herencia mourinhista este equipo demostró que era mejor que sus rivales, que podía serlo, que potencialmente era un equipo con posibilidades de marcar una época, pero faltaba el carácter, o sea, la constancia que sí han tenido otros, aunque de esto hablaré en otro momento. Así que la gran diferencia está en que el rival directo en España está metiendo más la pelotita, está demostrando ser mejor que nosotros, aparte de remar a favor de corriente apoyado por todos los estamentos y la prensa.

La reflexión que aquí me permito es que debemos relativizar, no zambullirnos en la crítica enfermiza y radical ni dejarnos engañar con las propagandas externas que nos han llevado a esta crisis de identidad y confusión. El Real Madrid siempre tuvo claro lo que quería y cómo conseguirlo, dándolo todo en el campo con los mejores jugadores, y si esos jugadores no estaban a la altura es que este equipo no era el suyo.

Tanto aficionados, como dirigentes o jugadores deben tener esto claro, asumiendo que vendrán épocas malas de reestructuración y cambio, pero que si cada uno cumple con su deber, sin buenismos, complejos, miedos y egoísmos absurdos, sin dar prioridad a lo superfluo, llegará el éxito, porque para eso somos el club más grande de la Historia.