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Competencia desleal

Competencia desleal

Escrito por: Antonio Valderrama2 junio, 2020
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Por las cosas que se pueden leer en la prensa deportiva de los últimos días, al madridista se le está preparando para un verano sin fichajes. Esta es una circunstancia tan histórica como traumática, teniendo en cuenta que la especulación en torno al calciomercato es un género en sí mismo para el futbolero. Un género al que el madridista se da con fruición, sobre todo desde que Florentino lo acostumbrase a que sus veranos fuesen un deslumbrante ejercicio del poder institucional del Madrid y del alcance mundial de la erótica de su nombre. Pero las razones que se aducen parecen razonables: el coronavirus ha arrasado con la previsión de ingresos y gastos dejando por delante un panorama muy incierto. Está claro que el mundo entero se ha contraído económicamente hablando y desde el principio, en todas partes, todo el mundo asumió que iba a caer sobre nosotros un hachazo de proporciones desconocidas hasta ahora. Por ejemplo, la expectativa más optimista sitúa la vuelta del público a los estadios en enero de 2021. Se entiende que la cordura imponga contención aunque eso suponga un repliegue en los términos de la calidad competitiva con la que el equipo de Zidane afronte los retos de una campaña entre la aristocracia del fútbol. Más aún observando lo que ocurre en torno al principal adversario del Madrid en España y en Europa.

Se entiende que la cordura imponga contención aunque eso suponga un repliegue en los términos de la calidad competitiva con la que el equipo de Zidane afronte los retos de una campaña entre la aristocracia del fútbol.

Si el Barcelona es, en el siglo XXI, la medida del éxito y del fracaso del Madrid cada temporada, es preciso compararlos también en el modo en que ambas instituciones parecen afrontar una emergencia insólita como la del COVID. Si Florentino parece imbuido del espíritu de la Troika y va a congelar todas las operaciones en marcha hasta que el horizonte se aclare, la Junta Directiva que preside Bartomeu, en la otra orilla, va a adoptar en apariencia una estrategia contraria: keynesianismo a mano llena, en la línea de lo que viene ocurriendo desde hace ya unos años. Si el Madrid se va a centrar en reducir gastos con el objetivo, cito de una nota de José Félix Díaz en Marca del 31 de mayo, a colación de un presunto interés (abortado) en un alemán llamado Havertz, de “no poner en peligro la estabilidad y viabilidad económica de la entidad”, en Barcelona, según las portadas de los diarios deportivos allí editados, se preparan para fichar a mucha gente. Y no sólo en fútbol.

Me ha llamado la atención que, en un mercado aún más afectado como es el del baloncesto, la sección barcelonista, que soporta una carga tremenda desde la lujosa renovación de su plantel el verano pasado, pretenda fichar también a Calathes, la estrella del Panathinaikos, a razón de cerca de seis millones de euros por tres años, según la prensa griega.

O Bartomeu caga oro, como Twyn Lannister, o el Barcelona ha completado por fin su transformación en club-Estado y como uno más, va financieramente dopado. Y si va dopado, ¿hasta cuándo y por quién?

Asombra el silencio de nuestros periodistas deportivos sobre este asunto, y eso que cada vez hay más. Periodistas deportivos, digo. Ha tenido que ser Roures, el gran hacedor, el que ponga el dedo en la llaga hablando del “agujero muy importante” en las cuentas del Barcelona del que “nadie parece preocuparse”. Es curioso que estas cosas sólo se atreva a decirlas Roures, seguramente porque este hombre es el único que en España todavía contrata periodistas: la licencia del patrón en un contexto de guerras internas por el poder. Porque a Roures se le sospechan intenciones detrás de cada una de sus aproximaciones mediáticas a la actualidad de ese club, que no obstante él desmiente. En España hay muchos programas dedicados a viviseccionar lo que pasa dentro y fuera de los campos de fútbol, pero en muy pocos de esos espacios, que sigue mucha gente por cierto, bastante rentables por lo general, puede uno encontrar algún tipo de información, análisis o investigación seria acerca de la misteriosa liquidez que lleva sosteniendo a un Barcelona supuestamente arruinado desde hace años. A lo mejor es porque muchos de esos programas dependen del propio Roures, o porque para hacerte con una posición respetable en el gremio es más conveniente decir cualquier tontería sobre Florentino Pérez que husmear en las entrañas del “més que un club” catalán.

Así pues, las arcas casi quebradas, en teoría, del Barcelona, pagan las nóminas más jugosas del fútbol español, así como de todo el baloncesto europeo. Eso sin contar con todas las demás secciones polideportivas de ese club. Desde una perspectiva madridista, lo interesante reside en la deslealtad competitiva que esto supone. Si el Madrid no puede acudir a las mismas pujas que PSG o Manchester City porque detrás de estos equipos están jeques cuyos palacios son de petróleo y la UEFA lo permite, ha de reciclarse fichando talento joven. Pero si también esto es imposible porque no se va a ingresar un duro a corto plazo, que el gran contendiente por los títulos permanezca ajeno a los avatares del mundo gracias a una capacidad delirante de endeudarse sin fin, devalúa claramente esos mismos títulos en liza.

que el gran contendiente por los títulos permanezca ajeno a los avatares del mundo gracias a una capacidad delirante de endeudarse sin fin, devalúa claramente esos mismos títulos en liza

Desde siempre en España el fútbol ha estado fuera de la realidad cotidiana, en particular en lo que tiene que ver con la fiscalidad y los dineros. En el mundo de ahí fuera, en teoría, hay instituciones públicas encargadas de aplicar un marco legal regulatorio que impida situaciones como esta. ¿Hay algo de esto en el fútbol? Se supone que lo del fair play financiero iba en ese sentido, pero es imposible desprenderse de la sensación de pantomima que lo rodea.

Además, si algo demuestra la experiencia histórica es que esperar confiados a que el Barcelona “quiebre” y todo ese agujero financiero finalmente lo destruya, o a que la autoridad competente ejerza sus funciones de arbitraje con neutralidad y asepsia, es algo bastante naíf. Llevan quebrando décadas; a cada trompeta del apocalipsis le sucede un superfichaje con su debido supersalario; la “creatividad financiera” con la que honran la tradición fenicia catalana salva casi siempre los obstáculos en apariencia insalvables, y el resto del fútbol español asiste sin decir ni pío a la enésima prueba de que, como en política, ellos también son diferentes.

la “creatividad financiera” con la que honran la tradición fenicia catalana salva casi siempre los obstáculos en apariencia insalvables, y el resto del fútbol español asiste sin decir ni pío

Si la razón de este agravio comparativo es la archisabida condición estratégica del Barcelona dentro del entramado sentimental, cultural y político del movimiento catalanista y su función nuclear dentro de las corrientes que desencadenaron el Procés, conviene insistir sobre ello. Igual que en el ruedo político los partidos que articulan todo ese magma que la camiseta azulgrana, como símbolo, concentra, siempre consiguen de “Madrit” un beneficio adicional, un trato de favor, una situación de excepcionalidad (por graves que sean las travesuras cometidas), el Barcelona impone su privilegio en la arena futbolística. La lista de agravios es vieja, está a disposición del que la quiera buscar. Si nadie más lo dice, al menos que se diga aquí: El País, la SER, la COPE, Movistar y Bein ya están llenos de voceros que validan todo aquello que, en la conversación pública de este bendito país, sí se puede decir. Quizá sólo el Madrid, como institución, pueda oponer un altavoz tan potente como todos esos juntos. Vana ilusión. Tras tanto tiempo escuchando aquella infamia de “el Madrid, el equipo del Gobierno”, parece que volveremos a asistir a la enésima representación del blanqueamiento de un desequilibrio manifiesto mientras que algunas almas bien intencionadas todavía esperan que la lógica material desbarate el tinglado del “ejército desarmado de Cataluña”. Y que en esas condiciones tocará enfrentarse a las exigencias de otra batalla entre quienes se exigen a sí mismos y quienes reclaman privilegios.