Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, amigos. A pesar de que la ciencia se muestre perpleja ante el aumento en la velocidad de rotación del planeta (parece ser que ha habido últimamente un par de días que han durado menos de 24 horas, asunto este que habría fascinado a José Luis Cuerda), lo cierto es que a nosotros nos asola la sensación contraria. Los días transcurren más despacio de lo normal. Es esta pretemporada el tiempo no transcurre, sino que repta. Queremos que comience ya lo de verdad, y lo cierto es que no falta mucho para ello, aunque la espera se haga eterna.

Marca personaliza en el mejor jugador del mundo, esto es, Karim Benzema, el acontecimiento colectivo del próximo miércoles, a saber, la Supercopa de Europa que nos enfrentará al Eintracht en el que puede ser el primer título de la nueva temporada para los hombres de Carlo Ancelotti. Decimos que Karim es el mejor jugador del mundo y decimos bien, sin mancha de duda. Por eso estamos tan perplejos como la ciencia: no se nos ocurre por qué querría el mundo girar más rápido cuando lo que procede es tomarse el debido tiempo para deleitarse viendo jugar a este hombre.

Aunque lo que importa sea el equipo -topicazo tan cierto como los topicazos suelen serlo-, no nos parece del todo mal que Marca centre el protagonismo en Karim a falta de tres días para la Supercopa. Tres hitos pueden cumplirse el miércoles para el fabuloso delantero francés. Puede superar a Raúl en el ranking histórico de goleadores del Madrid (ya solo quedaría por delante el inalcanzable Cristiano), igualar en número de títulos al hombre que inspira esta publicación vuestra (D. Paco Gento, La Galerna del Cantábrico) y alzar su primer título como capitán. No sabemos cuál de los tres hitos es más impresionante y deparará, de ser conseguido, más satisfacción a Karim.

Nosotros nos quedamos con lo de Gento, cuya marca ya fue primero igualada y luego superada por Marcelo, pero sigue constituyendo un paradigma de grandeza sin igual. Gento estuvo en el club dieciocho años, más que Karim, por lo que tiene más mérito la concentración de títulos del francés, pero en la época de Gento se jugaban menos competiciones oficiales (no había Supercopas, por ejemplo), por lo que sigue teniendo más mérito lo del cántabro centelleante. Ambas cosas pueden argüirse. Sí el mundo gira cada vez más rápido, en todo caso, cada vez hay menos tiempo para alcanzar a Gento, lo que termina por dar a los registros de Karim un marchamo absolutamente mítico.

Que lo consiga, y que sea en Helsinki.

Y de veteranos a noveles. De una leyenda que pese a sus años de blanco no vislumbra su ocaso a los que ya han empezado a dar glorias y las seguirán dando. Es oficial: la estrategia de captación de talento joven llevaba a cabo por el club en el último lustro está rindiendo espléndidos resultados, como rubrican dos Ligas, una Champions gloriosa y algunos otros trofeos de menor rango. Vinicius ya ha roto en estrella, anotando incluso el gol ganador nada menos que en una Final de la Copa de Europa; Rodrygo ha aportado tantos decisivos en la rutilante trayectoria del equipo hasta dicha Final; Valverde es un pilar insustituible ya en la plantilla, como públicamente admitió Ancelotti; Camavinga ya ha ofrecido apuntes propios de un centrocampista superlativo, y lo ha hecho en partidos de altísimo voltaje; Militao es un valladar inexpugnable en su mezcla perfecta con Alaba (y ahora Rüdiger); Tchouaméni tiene trazas de centrocampista dominante para una época.

Eso se llama éxito, y éxito sostenible además.

Entretanto, obligado a moverse rápido ante dicho éxito, el eterno rival vende activos a la desesperada para hacerse con jugadores algunos eminentes, pero eminentemente crepusculares también en la mayoría de casos. El siguiente parece que puede ser Marcos Alonso. Por edad, Lewandowski y él no parecen las piezas idóneas para edificar un futuro a largo plazo (sí podría serlo en cambio Koundé).

Por último, nos queda Sport, que nos invita a todos sin excepción a acudir al Trofeo Gamper. Donde haya un buen Gamper que se quiten las Supercopas que juegan los campeones de Europa, amics.

“El Gamper de la ilusión”, titulan ufanos los hombres de Mascaró. No sabemos a vosotros, amics, pero a nosotros nos brotan mariposas en el estómago ante la sola mención del nombre. Repetidlo con nosotros: Joan Gamper. El alma se ensancha, especialmente si uno hace abstracción del hecho de que el verdadero nombre del amigo Joan (cualquier día pasará a llamarse Jan) era en realidad Hans-Max Gamper Haessig, nacido como su propio nombre indica en Santpedor, apenas a cuatro cuadras del lugar de alumbramiento de Pep Guardiola y máximo representante del hecho diferencial suizo, perdón, catalán. No hay reloj suizo capaz de soslayar el incremento de velocidad de la rotación de la tierra, como no hay quien frene a Laporta en su afán palanquista, es decir, vendedor. Guardad bien la colección de sellos del abuelo, no sea que venga Jan y la venda.

Tomadas estas debidas precauciones, encaminémonos todos al Camp Nou de la ilusión (y de las cagadas de paloma) para ver el Gamper, que es como la Superbowl pero con Jordi Alba en lugar de Beyoncé.

Pasad un buen día.

 

Buenos días. Ayer fue presentado Robert Lewandowski en el Camp Nou y mucho nos temíamos, ante de sentarnos frente a las portadas del día para su cotidiana disección, topar con una sobredosis del polaco.

Nada más lejos de la realidad, afortunadamente. Si hay algo que distingue a la prensa deportiva patria es su impredecibilidad, y hoy no es excepción. Como siempre, los cuatro jinetes vuelven a sorprendernos, en este caso rehuyendo el camino fácil de otorgar a Lewandowski el argumento principal de las primeras planas. Habría sido demasiado sencillo, y en exceso redundante sí (imaginaos) los cuatro hubieran optado por plantarnos el careto del bueno de Robert por cuadriplicado.

Nah.

En la línea crítica con las políticas del FC Barcelona que le caracteriza, Sport abre a toda plana con el escandaloso mobbing al que el club blaugrana está sometiendo a De Jong. “Frenkie, acosado”, titula a cinco columnas el diario de Mascaró. “El mundo del deporte, escandalizado ante las prácticas laborales del Barça con los jugadores que le sobran al proyecto”, remata, citando cómo tanto el sindicato de futbolistas de FIFA como la propia AFE se han puesto al servicio del futbolista neerlandés por si considera la toma de acciones legales contra Laporta. Admirable el modo en que el rotativo catalán toma siempre partido a favor de la justicia, cualesquiera que sean las consecuencias en lo relativo a su relación con la cúpula culé. “Frenkie solo aspira a cobrar lo que se le debe antes de salir”, rubrica en la entradilla en amarillo que podéis leer a la derecha de De Jong, en alusión a las cantidades que generosamente el jugador decidió diferir para su cobro, consciente de la delicada situación financiera. Y, si no lo podéis leer, fijaos bien. Igual no estáis mirando con la atención debida.

Más valiente todavía se muestra Mundo Deportivo, abriendo con un collage de la repercusión internacional de las dudosísimas prácticas en las que incurre el Barça (The Athletic, New York Times, The Guardian y un largo etcétera). Nos ofrecen los muy ácidos titulares de dichas publicaciones bajo un titular que escocerá en la planta noble (?) del Spotify: “CHUNGO”. No podemos sino aplaudir a manos llenas el arrojo de este posicionamiento, que sin duda no gustará ni al bueno de Jan ni a Alemany. Sin temor alguno a no salir en la foto por haberse movido, Mundo Deportivo relega a un simple faldoncillo la presentación de Lewandowski, bajo el incisivo título “Golpe a Depay: le quitan el 9”.

Para Marca habría sido fácil, en una mañana como la de hoy, tratar de hacer ver  que es el diario de todos, incluidos los culés, a base de dar bola a la presentación del delantero polaco. Sin embargo, fiel a su condición de máximo representante de los apesebrados de Florentino, el diario deportivo más leído del país apuesta por dar su primera plana al Real Madrid y dejar lo de Lewandowski para un faldón inferior. “Para el Barça el verano, para el Madrid los títulos”, titula a cinco columnas, como podéis ver, el rotativo dirigido por Juancho Gallardo, bajo una enorme foto de Benzema y Vinicius. “Faltan 4 días para la Final de la Supercopa”, señala allá arriba de la primera plana, en todo lo alto, en su constante afán por dar al madridismo exactamente lo que quiere leer. Nunca falla Marca en lo que de él se espera, esto es, ser de forma desacomplejada lo que Pep Guardiola, de manera infructuosamente faltona, llamó la Central Lechera. Esta portada sí que es la Central Lechera, coño, como debe ser, y lo demás son fruslerías.

En otro agradecible alarde de madridismo flagrante, As pasa también de la presentación de Lewandowski, que no atañe a los madridistas a los que, como es sabido, va destinado este periódico. Una enorme foto de Florentino Pérez sustituye a la de la presentación del polaco que nos habíamos temido (perdón por desconfiar). El evento en el Camp Nou queda en un apartado inferior, casi invisible a la vista sin una buena lupa, mientras bajo el lema “Imparable”, se nos informa de que la Supercopa de la semana que viene puede ser el título número 53 del máximo mandatario madridista al frente del club blanco.

Pasad un buen día.

 

El fútbol de pretemporada tiene carácter de sucedáneo. La ausencia de importancia del resultado convierte los partidos en un ejercicio lúdico, impregnado de ligereza, como casi todo lo que rodea a la estación estival, desde los trabajos hasta los amores. Ponerse frente al televisor a las cuatro de la madrugada para ver a tu equipo trotar por el césped -¡sin que el marcador apremie!- constituye en buena medida una estampa cercana al surrealismo. Despojado de la gasolina de la competición, el deporte pierde gran parte de su sentido, transformándose en una práctica casi helenística, repleta de pureza. Una ficción ajena a cualquier atisbo de ambición y vileza, como una marcha a favor de las ballenas o, en palabras de Lionel Hutz, un mundo sin abogados.

A algunos, claro, tanta suavidad se nos hace cuesta arriba. Como el poeta, a punto estamos de morir de delicadeza. De manera que nos vemos obligados a suplir la falta de competitividad con otros valores, y para ello nos aprestamos a atribuir múltiples sentidos a los encuentros de pretemporada, del mismo modo que las abuelas rellenan constantemente el plato de comida a pesar de que uno no tiene hambre. Muchos, herederos de la pizarra del Día Después, recurren a intuir algún esbozo de la táctica que ofrecerá el equipo el lejano septiembre. Su expresión suele ser seria y analítica, de gafas de pasta y dedos sosteniendo la barbilla (“Fulanito tira bien las diagonales, buena cobertura del mediocentro, a Menganito le ganan la espalda con facilidad”), si bien sus vaticinios más se asemejan a leer las tripas de un ave o las líneas de la mano que a algo verdaderamente científico. Por el contrario, otros, más modestos, intentamos objetivos más humildes. Como, por ejemplo, escoger a nuestros favoritos de cara a la temporada. Aclaro, no obstante, que no somos mejores que los anteriores.

Ponerse frente al televisor a las cuatro de la madrugada para ver a tu equipo trotar por el césped -¡sin que el marcador apremie!- constituye en buena medida una estampa cercana al surrealismo. Despojado de la gasolina de la competición, el deporte pierde gran parte de su sentido

Si no eres psicoanalista o argentino –perdón por la redundancia-, desentrañar las motivaciones que convierten un jugador u otro en tu predilecto resulta una tarea bastante difícil. Un gesto técnico, una carrera poderosa, una actitud ordenando la defensa, ¡un peinado con personalidad! El fútbol de pretemporada, como los romances de verano, no necesita de argumentos más solemnes. Además, está probado que habitualmente elegimos con base en prejuicios y sesgos, y solo a posteriori racionalizamos construyendo una justificación coherente que valide nuestra decisión. ¡Imaginen en julio y en agosto! Conozco a alguno que se quedó esperando a Drenthe después de dos regates y un golazo al Sevilla en una Supercopa. Ahí sigue, como la mujer del muelle en la canción de Maná.

El fútbol de verano es a la competición lo que el cine de verano es a las salas del resto del año. Una simpática ocurrencia con una identidad propia, un encanto particular que lo hace incomparable a la liturgia de la moqueta. Pipas, desenfado, comentarios en voz en alta, contraataques de cinco para dos, relajación.

Ahora en serio. Esto no hay quien lo aguante. Por favor, que llegue ya la Supercopa y, sobre todo, que empiece ya la liga.

 

Buenos días, amigos galernautas. Nos sentamos delante de las portadas de la jornada con el mismo ánimo que Bill Murray en su enésimo día de la marmota, concretamente ese en el que acude al festejo de Punxsutawney absolutamente demacrado y graba su crónica del evento augurando un inverno que durará el resto de tu vida. En este caso es el verano el que va a prolongarse hasta más allá del día de tu muerte, un verano tórrido y con un bochorno que en condiciones normales no es capaz de deparar ni Pipí Estrada. Un verano de portadas insípidas en el mejor de los casos, con el palanquismo reinando en todo lo alto en su grosera espiral de ochenterismo y mobbing no denunciado por nadie (bueno, por La Galerna sí).

El protagonista de este verano que va a durar el resto de tu vida (la tuya, portanalista) es Jan Laporta. Enough said, Your Honor. Laporta en todo lo alto de tu existencia, ensayando unos pasos de baile con su secretaría en Las Vegas, poniendo a prueba la solidez de los cimientos de la misma (de tu existencia, no de la secretaria). Esa es la imagen obscena del verano, y va a permanecer contigo hasta que exhales tu último aliento, asfixiado a 53 grados en el interior de un Opel Corsa de tercera mano.

Bien es cierto que, en el aparentemente imparable avance del imperio de la caspa pseudogaláctica culé, se producen percances. Something happened on the way to Heaven, que cantaba Phil Collins.

Azpilicueta ha decidido renovar su contrato con el Chelsea en lugar de fichar por el palanquismo, como era la intención de Jan. Contaban con el internacional español como representante de una raza que en Can Barça solo parece haber representado Pujol en los últimos lustros: el defensa de una pieza, leal, noble, intachable dentro y fuera del campo. No parece la definición más canónica de un futbolista del Barça si nos atenemos al triunfo de paradigmas como Busquets, Jordi Alba, Piqué o Luis Suárez. En este sentido, tiene sentido que el lateral derecho del nuevo proyecto blaugrana (hoy se cumple un año del anuncio oficial de la partida de Messi) no sea un tipo tan ejemplar como Azpilicueta, que pintaba ahí menos que Johnny Depp en un congreso de Irene Montero.

Fijaos qué forma tan curiosa de contarlo tienen los de Mundo Deportivo. Por oposición a Aubameyang, que según ellos “no se va”, el que “sí se va” es Azpilicueta. En primer lugar, llama la atención cómo evitan la fórmula “se queda”, sin duda para evitar un eco de la legendaria foto de Piqué con Neymar, utilizando a cambio la más retorcida variante “no se va”.

En segundo lugar, llama la atención que sea Azpilicueta el que “sí se vaya” cuando es precisamente Azpilicueta el que se queda, o “el que no se va” por usar esta misma dialéctica. Azpilicueta se queda donde estaba, pero para Mundo Deportivo esto es “sí irse”. Tiene cierto involuntario sentido poético, sí se piensa. Quedarse uno donde está es “irse” de Narnia. Y también denota un sentido desnortado de las cosas. Hay que creerse algo muy grande para interpretar que quienes se quedan donde (más o menos) siempre han estado lo que están haciendo es "irse"de ti. El palanquismo trae consigo una jactancia que los médicos desaconsejan, especialmente para deudas superiores a 1.300 millones de euros.

En cuanto a la prensa madrileña, poco que reseñar. Ancelotti dice que podemos ganar los seis títulos en juego y As habla del comienzo de las grandes ligas europeas, con la excepción de la española que aún debe esperar. El propio Ancelotti las ha ganado todas, y su mirada “confiante” es el único reducto de belleza en esta mañana aciaga.

Pasad un buen día.

Un 4 de agosto como hoy, pero de 1999, el Arsenal y el Real Madrid firmaron el traspaso definitivo de Anelka al club blanco tras el acuerdo alcanzado un par de días antes. Así, el francés tomaba esa noche un vuelo hacia la capital y 24 horas después sería presentado en el Santiago Bernabéu. El equipo blanco desembolsó 5.500 millones de pesetas (otras fuentes hablan de 5.540 y 5.600 millones) y el delantero galo se convirtió en la compra más cara de la historia de la entidad capitalina. Solo Vieri, fichado por el Inter (6.800 millones) unas semanas antes, le impedía serlo también a nivel mundial.

El presidente merengue Lorenzo Sanz estaba dispuesto a hacer una locura en forma de fichaje de cara al mercado estival del 99. Se barajaron varios nombres importantes, entre ellos la estrella francesa de la Juventus Zinedine Zidane, pero al final todos los caminos llevaron a otra perla del país galo con un futuro prometedor por delante: Nicolas Anelka.

Las primeras noticias del interés por el delantero surgen en el mes de abril. Por entonces, en MARCA, José Félix Díaz indicaba que Anelka se unía a la lista de 9 que tenía en cartera el Real Madrid. Entre ellos, también figuraban Milosevic y Kovacevic, el brasileño Jardel, el neerlandés Van Nistelrooy o el francés Trezeguet. Unos días más tarde Sanz y Pirri, el secretario técnico, se reunieron para definir las altas y las bajas del equipo de cara a la siguiente temporada, donde quedó confirmado que el nombre de Anelka figuraba en rojo entre las prioridades. A Toshack, el entrenador del equipo, era un delantero centro que le gustaba.

En el mes de mayo salió el rumor de un condicionante claro por parte del club para la llegada de Anelka, y es que debía haber salidas antes de las entradas y uno de los que tendría que irse era Morientes. Un cambio de nueve por nueve. Sin embargo, Toshack no estaba nada convencido de dejar marchar al cacereño y pedía disponer de ambos delanteros.

Las primeras palabras del anhelo madridista las publicó MARCA de la mano de José Luis Hurtado el 2 de mayo. El delantero, según indicaba el diario, se saltó las normas del Arsenal para hablar con el diario dentro de las instalaciones. ‘Loco por venir’ era el titular y en la entrevista Anelka admitía que “sería hermoso jugar en el Bernabéu”. Por su parte, el cuadro gunner no estaba dispuesto a desprenderse tan fácilmente de su joven promesa y pedía una cantidad ingente de dinero. El Real Madrid estudiaba la posibilidad de meter a Seedorf en la operación.

Los avances en la negociación con el futbolista prosiguieron las semanas posteriores y MARCA cazó a Toshack reunido con Didier Anelka, hermano y representante del jugador y con Lucidio Ribeiro, un agente FIFA. La cita fue en el Hotel Concorde Lafayette y fue fructífera. Mientras tanto, en Londres, el entrenador del Arsenal Arsene Wenger comenzaba a ser preso de los nervios y amenazaba con que “no vendemos a Anelka ni por 4.000 millones”. El siguiente paso fue otra reunión ya al más alto nivel en Madrid entre Lorenzo Sanz y los agentes del delantero Marc Roger y Carpegianni. El presidente madridista les habló de estar dispuesto a pagar 3.000 millones por el jugador. La operación se calentaba y había optimismo para conseguir su incorporación. ‘El Ronaldo de Toshack’ titulaba MARCA a mediados de mayo y el Arsenal ya ponía cantidad a su traspaso: 5.000 millones. El medio deportivo volvió a ponerse en contacto con Anelka tras la reunión que volvía a lanzar un guiño declarando que “el Madrid es muy grande. Tiene los mejores jugadores de la Liga española”. Fueron las últimas palabras del francés al que el Arsenal le prohibió hablar e intentaba atender a escondidas a varios enviados especiales desde España como Pablo Polo de MARCA.

El único contacto que restaba era el de Lorenzo Sanz con el propio Anelka y este llegó a finales de mayo. Lorenzo Sanz y Juan Onieva viajaron de Estambul a París para conocer al delantero y entrevistarse con él. Los dirigentes querían saber si había opciones de presionar al Arsenal para posibilitar el traspaso. Además, Sanz no deseaba ningún culebrón y se retiraría de la pugna por el fichaje si no era factible. El bagaje final que detallaba AS es que las “diferencias económicas son en principio muy grandes” pero se seguiría negociando. El as de la baraja con el que contaba Sanz es que el jugador quería ir al Real Madrid y el Arsenal lo sabía.

En el mes de junio el club blanco tomó la decisión de intentar juntar a Morientes y Anelka en el equipo desechando la opción de vender al exjugador del Real Zaragoza. Además, el nueve merengue en una entrevista en MARCA dijo que “no somos incompatibles, con los dos juntos en el campo tendría más gol”. Los progresos en las negociaciones con Anelka y el Arsenal eran lentos y otros equipos intentaron meterse en la pelea por el galo. Juventus y Olympique de Marsella mostraron interés, pero se toparon con la negativa del futbolista gunner que solo quería jugar en el Real Madrid. Algunas publicaciones como MARCA informaron de un nuevo objetivo para la delantera madridista, dado que lo de Anelka no se concretaba. El punta era otro internacional francés del OM: Florian Maurice.

La ofensiva final por la incorporación de Anelka tuvo lugar a finales del mes de julio y principios de agosto. Mientras AS indicaba el día 31 de julio que la diferencia entre Arsenal y Real Madrid era de 400 millones de pesetas, en MARCA el mismo día se informaba de la negociación de Sanz y Onieva con David Gain (vicepresidente del Arsenal) y su hija en un yate en Saint-Tropez. En Londres, Wenger ya lo daba por perdido admitiendo que “no jugará más en el Arsenal”. La fumata blanca llegó el 2 de julio cuando se alcanzó un acuerdo entre ambas entidades. El montante de la operación fue de 5.500 millones de pesetas (57 millones de euros actuales teniendo en cuenta la inflación) y un contrato de siete temporadas para Anelka a razón de entre 300 y 400 millones por campaña. La primera reacción del jugador publicada en AS era de felicidad al reconocer que “jugar en el Madrid es lo que siempre quise”.

 

 

 

Buenos días. El portanalismo es tarea ardua y nunca bien pagada que el verano convierte en tortura china, suponiendo que sea políticamente correcto, en estos tiempos, atribuir nacionalidades o etnicidad a las torturas. Nuestro querido Real Madrid no produce apenas noticias y es el vecino de enfrente el que no ceja de facturar fichajes, rumores de fichajes, palanqueo palanquea (porque mi vida yo la prefiero vivir así) y evidencias de bullying y mobbing a los jugadores que ya tiene en plantilla, evidencias que nuestra prensa patria ignora.

¿Ignora? Bueno, eso es en el mejor de los casos. En otras instancias, dicha prensa se pone manifiestamente de lado del acosador laboral, como acontece de manera transparente en el caso de Frenkie De Jong y el inefable diario Sport.

Digámoslo de modo elegante: Sport jamás fue un buen diario, pero se diría que desde que cuenta en sus filas con el escracheador de familias de árbitros Iván San Antonio el rotativo catalán ha acrecentado su perfil macarra sin por ello abandonar esa perseverancia suya tan característica en una línea de nula calidad y tomadura de pelo continua a sus lectores, si los hubiere.

El caso de su postura sobre el caso De Jong es, como señalamos, significativo.

No tiene nada de particular, no, que el diario que alberga en sus filas a un tipo que señala públicamente el establecimiento comercial del padre de un árbitro (porque supuestamente ese padre es madridista, que luego además resulta no serlo) participe de manera notoria en el acoso mediático a un futbolista cuyo único delito es querer cobrar lo que no solo se le firmó, sino lo que él mismo, en un gesto que le honró, decidió diferir en el cobro en atención a la delicada situación financiera de su club. Oiga, yo me voy si no hay más remedio, pero páguenme lo que me deben. Pues no, no te lo pagamos, y no solo no te lo pagamos, sino que orquestamos a tu alrededor una execrable campaña mediática que haga entender que el que no se atiene a razones eres tú, que deberías perdonar lo que se te debe porque eres un futbolista muy caro y que eso de querer cobrar lo adeudado es una excentricidad, cuando no una golfada.

"¡Enrocado!", titula esta gente, con bien de exclamaciones para que la postura de De Jong resulte chocante, y con la cuidadosa elección de un participio ("enrocado") que muy poderosamente da a entender que existe una terquedad incomprensible en la postura del neerlandés. El Barça ya no es que sea la casa de tócame Roque, que también. Es la casa de tócame enroque, y si no fijaos en la (nuevamente) cuidadísima elección de palabras para referirse al hecho de que el PSG, como el Barça, quiera también fichar a Bernardo Silva. "El PSG se entromete por Bernardo Silva". Se ENTROMETE. Según la RAE, entrometerse es "Inmiscuirse alguien en asuntos ajenos que no son de su incumbencia". Se conoce que Bernardo Silva es de la incumbencia del Barça pero no del PSG. Es de la incumbencia exclusiva del Barça. Debe de ser que el Barça y Bernardo Silva se casaron en Las Vegas o algo, y que lo del PSG no es más que una tentativa espuria de relación adúltera. Esta gente trata todas las cosas de su apetencia como si ya fueran suyas. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará, tenga o no tenga un solo euro que le legitime para sentirse como tal.

El resto de portadas vienen sosainas. Que si Tchouaméni y Koundé son amigos y residentes en equipos rivales, que si Modric es una leyenda cuyo brillo continúa iluminando el mundo, cosa que ya sabemos. Id por la sombra que no hace exactamente frío y portaos bien.

Pasad un buen día.

 

Buenos días. Peculiar oficio éste el de portanalista que tantos desvelos nocturnos genera, sueños locos de estas tórridas noches de verano. Curiosamente, no fue así anoche. Al contrario. Uno yació dócil, mecido por los brazos de los brazos de Morfeo mientras el Dios expulsado del Olimpo -el auténtico Morfeo, no el de las pirulas de Matrix- entonaba dulce la nana de Riqui Puig.

 

Riqui Puchi ¿dónde estás?

Me pregunto quién serás

En el Barça o en LA

Riqui Puchi, ¿dónde estás?

 

Así la noche, vigoroso y sudoroso cual marine norteamericano dispuesto a ajustar cuentas con los charlies, se ha despertado uno, sabedor de que las cuatro portadas de los jinetes deportivos del apocalipsis diario sólo podían versar unánimemente sobre la caída del mito, el héroe, la leyenda, el niño querido por todos, todas y todes.

Aquí, allá, acá, pacá y en todos los multiversos de la locura y más allá.

Tremendo chasco. Mi gozo en un pozo. Como un jarro de agua fría, que se dice en los mentideros de la narración chusca deportiva: Riqui Puig apunta con 22 años a fichar por Los Ángeles Galaxy -a ser “medio actor de Hollywood”, como subrayara en su día Ramón Calderón sobre Beckham- y nadie, ni Marca, ni As, ni Sport, ni Mundo Deportivo, ni tampoco Le Monde, The Guardian, Financial o Los Angeles Times dicen nada.

¡Nada! ¿Pero como es posible?

¡Pero si Riqui estaba llamado a enarbolar la bandera del culerío rampante, el ADN Barça, el Cruyffismo, el Sextete, el destete y el Villarato, así como a coronar Iwo Jima!

¿Cómo es posible? ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué, que diría Don José Mario Dos Santos Mourinho Felix? ¿Pur quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?

Uno, que es de pueblo como los cochinillos, se refugia en los líderes de opinión del balompié para hacer de su criterio una opinión cualificada. Difícil cuando las trompetas, laudes y panderetas de los estetas y popes blaugranas camuflados de panenkitas ensordecen cualquier debate enriquecedor en torno a Puig, Riqui, no Azur de, la colonia.

El chaval que, dicho sea de paso, luce cojines con sus iniciales en el salón, manda cojines, no había dado una patada a un botellín en partido oficial y ya disponía de un coro de ángeles y querubines cantores a su alrededor. Para muestra, un botón del ínclito diario Sport que, como buen desodorante, nunca falla en los peores momentos de tu sobaco.

Una estrella. En un partido de pretemporada con palmatoria incluida. Así, a lo loco. La excelencia. Pura poesía según el delicatto Genaro Gattuso, otro que ha venido a mangar al Valencia. Visto lo visto, imagínense, queridos galernautas, los cantares de gestas que pudieron leerse el día que Riqui debutó en partido oficial en la temporada 2018-19 contra el todopoderoso Huesca primero y la temible Cultural Leonesa en un dramático cruce en la cumbre de dieciseisavos de final. El panenkismo militante e ilustres embajadores estelares de la galaxia blaugrana como Jar Jar Binks Bernabéu se deshacían en viscosa lírica culé. Hubo incluso, tal y como ha recopilado el tuitero @mwepu_ilunga, quien comparó al muchacho con don Luka Modric, y topa ahora con la terca realidad.

Sí, ha de ser duro topar ahora con la terca realidad.

El caso es que Riqui Puig siempre quiso ir a LA y dejar un día esta ciudad en su compañía, entendemos que la de Geri, con el que han quemado all together pubs, garitos y discotecas varias de la ciudad condal bailando el waka-waka.

Más allá de su pelazo o los cojines de casa con sus iniciales bordadas, ése es su verdadero legado y no el que proclaman -proclamaban- dándose golpes en pecho los talibanes del estilo, el ADN y demás zarandajas. Por otra parte, prueba científica inequívoca de habitar en una dimensión paralela donde Abde, Jutgla, Rey Manaj y el propio Riqui Puig construyen imperios a sangre y fuego como los Targaryen.

Pues eso. Fantasía épica.

No sé, Riqui, pareces falso.

Aquí las portadas que querréis verlas (o no). Solo Mundo Deportivo informa, de forma muy discreta, de la marcha al prestigioso fútbol estadounidense de la supuesta megaestrella Riqui Puig.

Feliz día amigos galernautas.

La muerte del jugador de baloncesto más influyente de la historia dio lugar a una conversación virtual de las leyendas madridistas que reveló una anécdota mayúscula. El Muhammad Alí del baloncesto, el hombre de los once anillos, suscitó la admiración sin reparo de generaciones posteriores por su valentía ética en defensa de la igualdad de derechos. Por supuesto, las leyendas madridistas no iban a ser una excepción. En especial los que fueron de su generación o generaciones cercanas, que se empaparon de su influencia y su carisma.

Uno de ellos nació en Estados Unidos, de padres europeos amantes del fútbol de estas tierras. Su influjo deportivo en nuestro país y en Europa fue similar al de Russell en Estados Unidos, pues Clifford Luyk cambió el baloncesto español tanto como el europeo. Con él en la pista el Real Madrid se igualó y batió a los inalcanzables soviéticos, checoslovacos e italianos.

Clifford fue tan adelantado a su tiempo que hoy seguiría siendo un jugador moderno. Era capaz de capturar el rebote, cruzar la cancha botando por la calle central - la de los bases - y terminar la acción con una asistencia. Pocos hombres altos son hoy capaces de hacerlo. Gran defensor, con un sentido del juego y el pase extraordinarios; con tiro exterior peculiar pero certero, Clifford fue un cuatro de estos tiempos hace sesenta años. Porque, ya por entonces, nuestro protagonista ponía en juego su famoso gancho, el tiro que le dio una popularidad enorme en España, que ejecutaba con precisión con ambas manos y, poco a poco, más lejos del aro. Un lujo, un arma letal para completar un jugador de época, un madridista legendario.

Luyk

Sin embargo, su llegada a España estuvo precedido de un partido descomunal con un momento fuera de lo común, de los que los deportistas nos acordamos toda la vida, y que ha cobrado vigencia estos días por mor de los recuerdos y el fallecimiento del mito de los Celtics.

Un prometedor jugador de la Universidad de Florida que había promediado en su año senior 21,3 puntos y 15, 3 rebotes por partido en la Southeastern Conference llamó la atención de los ojeadores de los Knicks, con los que jugó la pretemporada. Cómo no, siendo casi vecinos, se cruzaron con los dominadores Celtics de Bob Cousy y Bill Russell.

El destino estaba cantado por su posición en la cancha, así que Luyk y Russell midieron sus fuerzas en un lance que se resolvió a favor del hoy español. Ya entonces dominaba el que le hizo famoso, y, ni corto ni perezoso, sorprendió a su defensor con un gancho al tablero. “Nice shot for a rookie”, replicó Russell, “but don´t try again”.

Clifford no le hubiera negado un duelo a Aquiles, y admitió el reto con su característico espíritu irreductible. Aunque ya atrevido, todavía era joven, de forma que plantear de nuevo la lucha con las mismas armas ante el rival más temible trajo las consecuencias previstas. Russell cumplió su palabra y Luyk se llevó un tapón y una historia que contar.

Porque, además, el partido se resolvió a favor de los Knicks con siete puntos seguidos de nuestro héroe madridista y con la presencia de Pedro Ferrándiz en la grada husmeando jóvenes talentos. Por fortuna para el Real Madrid y el baloncesto nacional, el instinto no le falló a Ferrándiz -¡hasta ahí podríamos llegar! – y el resto ya es Historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace ya unos días, las casas de apuestas dieron a conocer una lista de favoritos para ganar la próxima edición de la Champions League, cuya final tendrá lugar el 10 de junio de 2023 en el Estadio Olímpico Atatürk de Estambul (por si quieren ir reservando la fecha). Debo confesar que no me sorprendió demasiado no encontrar al Real Madrid en la primera plaza, pese a ser el actual defensor del título. El favorito, como cada año a pesar de no haber llegado más que a una final en los últimos 6, es el Manchester City comandado por Josep Guardiola. Suponemos que se considera el fichaje de Haaland como la pieza maestra que le faltaba al proyecto del catalán en el equipo británico y que, ahora sí que sí, la Champions caerá por su propio peso.

Haaland motosierra

Algo más me sorprendió ver al equipo blanco (reitero, actual campeón) tan abajo en la lista: quinto y empatado en porcentaje al Chelsea con un 6,4%, y por detrás de prácticamente todos los equipos a los que batió en las rondas finales de la pasada edición: City (22,3%), Liverpool (15,2%), PSG (12,8%) y Bayern (10,4%). De la misma forma, la UEFA publicó esta pasada semana el ranking de equipos y el Madrid, pese a haber conquistado la última Orejona y haber llegado a semis en la anterior edición, apenas supera al Chelsea en la cuarta posición y permanece por detrás de Bayern, Liverpool y Manchester City respectivamente. Sí, sé que el ranking se refiere a los últimos cinco años, pero es que tampoco veo a ningún otro equipo con un bagaje como el del Madrid, único equipo que de las últimas cinco Champions ha ganado dos (y unas semis). Igual deberían replantearse ese seguramente ultra complejo sistema de puntos con el que cuentan en la actualidad cuando el único equipo que ha ganado dos veces en los últimos cinco años no está ni en el podio siquiera.

Voy a resistir la tentación y no soltar esa frase tan manida y arrogante como cierta de “no han aprendido nada” con respecto a la constante infravaloración del equipo vikingo, principalmente porque nunca me han importado excesivamente estos rankings. Y, sobre todo, porque nada tienen que ver con una competición tan indómita, salvaje e impredecible como la Champions League. Es una competición tan caótica que en ocasiones nadie la entiende, y precisamente por este motivo un equipo tan acostumbrado a navegar entre los mares de la incertidumbre y surcar los oleajes de las dudas y las críticas como el Real Madrid es el que en más ocasiones se la ha llevado a casa.

Escuchaba a Pepe Herrero hace poco (lamento no recordar con seguridad en qué colaboración para poder citarla) que cuando participó en el programa GH que acabó ganando con la mayor autoridad jamás vista, planteó con su equipo una estrategia basada en el objetivo no de ganar Gran Hermano, sino de no perderlo. Y creo que no hay mejor comparación posible para definir lo que verdaderamente significa la Champions League: una copa que pocas veces gana el “mejor equipo de Europa” sino el que mejor sobrevive a ella. Se recuerdan en los últimos años como grandes favoritos han tenido una noche extraña o mala ante rivales supuestamente inferiores que les ha costado abandonar cabizbajos el sueño de la Champions, como la noche del Barça ante la Roma o las del City ante el Mónaco o el Lyon. Reconozco que estos ejemplos han sido estratégica y cuidadosamente elegidos, sí.

Tanto PSG como Chelsea o City han vivenciado con ojos desencajados no solo cómo el Madrid se levantaba una y otra vez tras cada uno de los gol(p)es que recibía, sino que cuando los devolvía lo hacía con una contundencia demoledora que les fue dejando uno a uno sin respuesta posible

La Copa de Europa es una competición que exige a los equipos algo más de un 100% de concentración y un plus extra de capacidad de respuesta ante las adversidades, que siempre aparecen. No en vano, estoy convencido de que cada madridista es capaz de recitar de carrerilla cada momento de dificultad que el equipo atravesó a la hora de conseguir aquellas cuatro de cinco Champions. Los minutos de Casemiro en Dortmund y el sufrimiento previo al gol de Ramos en Lisboa en 2014; la eliminatoria con remontada ante el Wolfsburgo en 2016; la eliminatoria contra el Bayern en 2017 y el amago de remontada del Atleti antes de la obra de arte de Benzema sobre la línea del Calderón; y las vueltas ante la Juve y Bayern en 2018. En todos esos momentos, el Real Madrid tuvo que llevar al límite cuanta cualidad le pilló a mano para sobrevivir a semejantes agonías: oficio, solidaridad, calidad individual, esfuerzo físico…y fútbol, por supuesto. Ese Real Madrid, y ahora lo vemos con perspectiva, era un equipo repleto de auténticas leyendas en su plantilla. El mejor equipo de Europa. Y aun así sufrió de lo lindo para colocar cada una de esas hermosuras en su respectivo lugar de nuestras vitrinas. Por todo esto se me antoja tan complicado e injusto relacionar la palabra “favorito” con este torneo. Sólo hay una cosa que me produzca una mayor contrariedad, y es pensar, aunque sea mínimamente, que a ese mismo equipo al que vimos hace apenas unos meses ganar la competición más difícil del mundo (aunque algunos insistan en que son solo siete partidos de nada) de la manera más místicamente imposible que pueda alcanzar la imaginación, se le conceda apenas un mínimo beneficio de la duda.

Benzema gol Chelsea

Decía Ramón Álvarez de Mon en la presentación de su libro que lo que para el Madrid ha sido el más maravilloso e increíble de los sueños para otros ha sido una auténtica pesadilla. No voy a acordarme en estos momentos de los antimadridistas porque bastante tienen ya con lo suyo. Pero sí me gustaría hacer hincapié en esos otros pobres desgraciados que han tenido la mala fortuna de ver cómo sus caminos se intercomunicaban con el nuestro… y solo había un carril. Tanto PSG como Chelsea o City han vivenciado con ojos desencajados no solo como el Madrid se levantaba una y otra vez tras cada uno de los gol(p)es que recibía, sino que cuando los devolvía lo hacía con una contundencia demoledora que les fue dejando uno a uno sin respuesta posible.

El célebre escritor británico Joe Abercrombie utiliza en su trilogía La Primera Ley el término “La Gran Niveladora” para referirse a la muerte. Ya saben, esa que iguala a ricos y pobres, a reyes y campesinos, a bondadosos y malvados. Un sino inevitable e ineludible que a todos nos llega y que en la pasada Copa de Europa vimos reflejada en el Real Madrid. El equipo de La Castellana fue más vikingo que nunca y fue aplastando y masacrando como si de un martillo pilón se tratara a cada rival que se le ponía por delante, por mucho que estos hicieran por evitarlo. Ya podía haber metido Grealish cualquiera de las que tuvo en los minutos finales que lo único que habría logrado es que la humillación fuera mayor cuando los citizens, con Guardiola en el banquillo a la cabeza, observaran incrédulos e impotentes el hat-trick de Rodrygo en el 93’. Daba igual lo que intentara o hiciera cada equipo que se enfrentaba a los nuestros, pues la metamorfosis ya estaba completa. Más allá del fútbol y de la vida misma, el Madrid ya se había vuelto algo inevitable, se había transformado en un concepto tan imparable como el propio destino. Se había convertido en la Gran Niveladora Blanca.

Courtois Chelsea

Y no sólo a este equipo, sino también a este concepto, se vuelve a pretender hacer de menos en los rankings y casas de apuestas. El Real Madrid tiene prácticamente la misma plantilla con la que hizo historia la temporada pasada, a la que ha sumado los rocosos fichajes de Rüdiger y Tchouaméni, que vienen a darle una mayor consistencia si cabe a nuestra defensa y mediocampo que, en la línea de la estrategia de Pepe Herrero, no nos hará más fácil el camino al gol acercándonos a la victoria, pero sí que dificultarán el camino al gol de nuestros rivales, haciéndonos uno de esos equipos para los que hay que sudar sangre si se nos quiere vencer. Evidentemente, el no haber adquirido a Mbappé en este mercado estival puede quizás no penalizarnos, arriba pero sí hacer que no podamos evitar preguntarnos en determinados momentos de nuestra temporada cómo sería nuestra fortuna de cara al gol si Kylian hubiera acabado llegando. De cualquier manera, con el Balón de oro y el mejor jugador joven de la pasada Champions quizá no nos vaya tan mal.

El Real Madrid tiene prácticamente la misma plantilla con la que hizo historia la temporada pasada, a la que ha sumado los rocosos fichajes de Rüdiger y Tchouaméni, que vienen a darle una mayor consistencia si cabe a nuestra defensa y mediocampo y que dificultarán el camino al gol de nuestros rivales, haciéndonos uno de esos equipos para los que hay que sudar sangre si se nos quiere vencer

Por último, y en relación a la expresión que usó Ramón en su presentación, recuerdo haber escrito en 2018 (y como verán el mundo ha cambiado mucho desde entonces pero el Madrid no) tras la enésima infravaloración al equipo blanco, que acabó ganando aquella Champions, lo siguiente: “El Real Madrid es la mayor pesadilla jamás diseñada. Es ese malo de la película al que le disparas, le clavas un cuchillo en el corazón, lo decapitas y arrojas su cabeza al fuego, lo despedazas y coges sus pedazos, los metes en un saco atados a un bloque de hormigón y los arrojas al mar. Y cuando te detienes exhausto, jadeando y sudando por el esfuerzo, pero a la vez aliviado, y por fin comienzas a saborear la victoria, sientes que un escalofrío te recorre la espalda entera. Te das la vuelta y compruebas anonadado y aterrorizado que ahí está de nuevo el Real Madrid, de pie como si nada. Porque el Madrid no es otra cosa que lo más parecido a la inmortalidad que veremos en esta vida. La debilidad como mayor fortaleza. La muerte como una mera excusa para renacer.”

Modric exterior Chelsea

El Madrid de aquella temporada fue dado por muerto en octubre y noviembre tras un mal comienzo en liga, y cuando llegó a los octavos de Champions precisamente también ante el PSG, dio un golpe en la mesa y comenzó su renacimiento. Ese equipo apenas necesitó de unos meses muerto para resurgir de sus cenizas y volver convertido en el que levantaría la decimotercera ese año. Sinceramente no sé quién ganará la Champions en 2023. Tampoco me atrevería a pronosticar una lista de favoritos. Únicamente puedo afirmar con certeza que si ya me parecía más una locura que una falta de respeto descartar o poner fuera del podio de favoritos a un equipo capaz de resucitarse a sí mismo en apenas un par de meses, imaginen lo que pienso de descartar a uno que ha aprendido a hacerlo en menos tiempo de lo que dura un partido y lo ha convertido en su rutina favorita. Tenemos una plantilla repleta de jugadores, tanto veteranos como jóvenes, que lo saben. Saben que, sin importar lo mal que se esté jugando, lo duro que sea el rival o el poco tiempo que quede… Saben que el partido no se acaba hasta que el Madrid no lo diga. Y no se me ocurre una mayor forma de demostrar ignorancia que descartar o hacer de menos a un equipo así.

 

Pese a que, oficialmente, el FC Barcelona no ha ganado ningún título (ni lo va a ganar, ya que de aquí al 31 de diciembre tan solo se disputa un torneo de clubs, la Supercopa de Europa, entre el Eintracht y el Real Madrid), mucha gente que escucha ciertas emisoras y lee ciertos diarios debe de pensar que han arrasado con todo y se han consolidado como fuerza superior e imbatible en el metaverso del balompié.

Lo que aquí se cuenta son las - casi - Champions que ha logrado el Barça desde el pasado mes de enero. Son las siguientes:

  1. El fichaje de Ferrán Torres: el “yernísimo” de Luis Enrique, suplentísimo en el City de Pep Guardiola, llegó en enero por el modesto precio de 55M€. Titular sin merecerlo en “la Roja”, este verano su presidente Laporta ha fichado no uno, sino dos jugadores para su puesto: la renovación de Dembélé y el fichaje de Raphinha. 55 millones para ser el quinto o sexto delantero del Barça.
  2. Adama Traoré, cedido hasta el 30 de junio. Algunos culés estaban convencidos de que el musculoso atleta (al que también convocó Luis Enrique, caso extraño, nótese la ironía) era la viva reencarnación de Garrincha. Tras un par de regates semibuenos y dos o tres asisitencias, Adama Traoré se volvió al Wolverhampton con más pena que gloria.
  3. El 0-4 en el Bernabéu. En estas páginas más de un madridista se quejó por la mala imagen de los blancos aquel infausto domingo de marzo. Pero lo cierto es que, tras ese resultado, Ancelotti volvió a poner las pilas en su sitio a los suyos, y los dos últimos meses de la temporada el Madrid funcionó como un reloj de precisión suizo. El 0-4 más estéril y menos útil de todos los 0-4 de la humanidad.
  4. Mbappé renueva  por el PSG.  Cientos, miles de aficionados celebraron por Plaza de España de Barcelona, a los pies de Montjuic, la no venida del crack galo al Madrid. Aquel sábado 21 de mayo, los culés celebraron su particular Champions una semana antes de que el Madrid ganase en el mundo real su Decimocuarta Copa de Europa.
  5. La Palanca número 1. El trilero Laporta convenció a su exigua y entregada asamblea de socios de que había que vender el joyero de los ancestros, es decir, el 10% derechos de TV hasta el año 2047, nada menos. Esta insensatez se celebró casi más que el gol de Koeman en Wembley.
  6. Los fichajes de Christensen y de Kessié. Teóricamente, a coste cero ambos. Cuando el Madrid hace fichajes parecidos (véanse Alaba o Rüdiger), siempre se menciona lo de la cuantiosa prima de fichaje. En esta caso, loas desmedidas sobre la habilidad y la sabiduría de Mateo Alemany. Pero, en definitiva, se trata de dos jugadores fichados y abocados para ser carne de banquillo, el danés como cuarto o quinto central, el africano para dar algún respiro al veterano Busquets.
  7. La renovación de Dembélé. Tras querer echarlo a patadas el pasado mes de enero tanto Laporta como Alemany, la renovación ha supuesto una nueva parábola del hijo pródigo. Nadie se acuerda o no se quiere acordar de los 120 millones malgastados en su momento por el francés. Las portadas de Ousmane en Sport y el Mundo Deportivo se suceden incluso cuando marca un gol a los New York City. Fichajazo de época (segunda edición).Que lo disfruten tanto como sus primeros cinco años en el club.
  8.  El 1-0 del Barça al Madrid en Las Vegas. Tras dar 300 patadas, entre ellas algunas de una violencia desmesurada por parte de Busquets, Gavi y Alba sobre Vinicius, toda la prensa cataculé (y no solo) se puso de acuerdo en que lo de Las Vegas era más importante que la 14, que la Liga 35 y que el hallazgo del Vellocino de Oro. El triste Madrid había sido aplastado por la quintaesencia del fútbol, el Barça de Xavi, con Raphinha de profeta y Lewandowski en modo Van Basten con 25 años.
  9.  La Palanca número 2. Para activar nuevos delirios de grandeza del abogado dicharachero Laporta. Otro 15% de derechos de TV vendidos hasta 2047, mientras ovacionan los Jota Jordis, los Davides Bernabéu y los Ivanes San Antonio. Además de las joyas, también el colchón de la habitación principal de la masía del abuelo, repleto de billetes, cae en manos de alguien de fuera de la familia y que no tiene cariño por la familia ni por las tradiciones. Pero se ovaciona la segunda palanca y ya se exige activar la tercera.
  10. El fichaje de Koundé (merced al punto 9): según Monchi y según la prima de Monchi, vendido a la mejor oferta recibida (las risas se escuchan hasta en el Covent Garden), el Barça ya tiene la mejor pareja de centrales (Koundé-Araújo, entre ambos llevan las mismas Champions que los centrales del Puerta Bonita) de toda la historia de la humanidad, dejando a Militao-Alaba o a Rüdiger-Alaba a la altura de una dupla de colegiales con acné.
  11. La Tercera Palanca: se acaba de anunciar la venta definitiva (no por unos años, no, sino para siempre) del 24,5% de Barça Studios por 100M€ a la empresa Socios. Ni un comentario más. Esta broma final casi que ya no podrá ser superada. Aunque aún quedan casos por resolver como los de Frenkie, Geri, Pjanic, Umtiti y muchos más.

Kroos y de Jong

De aquí a diciembre sin duda que el Barça celebrará 6 o 7 Champions más, quizás un empate del Madrid ante el Almería  o que Mariano Díaz se quede en la plantilla del Madrid. Y es que el borreguismo entreguista de la afición de ese club y de sus decenas de palmeros no tiene límites.

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