La gigantesca ola de indignación que desde Brasil ha recorrido el mundo por unas manifestaciones racistas hacia Vinicius comenzó en realidad a formarse hace cuatro años. El 3 de septiembre de 2018, “Tachi”, capitán del primer filial del Atlético de Madrid, le mordió la cabeza a Vini, que recién aterrizado del Flamengo se fogueaba en la Segunda División B con el Castilla. Los rivales ya le estaban cosiendo a patadas antes. Esa “bienvenida” era fruto de un caldo de cultivo que se había creado irresponsablemente alrededor de un debate periodístico donde se cuestionaba si el Real Madrid despreciaba al resto de clubes, humildes, de la categoría, poniendo allí a jugar a un futbolista que había costado 45 millones de euros. Un señuelo tras el que, como en tantas ocasiones, se ocultaba de fondo el antimadridismo de muchos prescriptores de opinión, que habían encontrado un nuevo hueso que morder.
En el Real Madrid saltaron las alarmas y se llegó a plantear que el chico no jugara lejos del Estadio Alfredo Di Stéfano debido a una sincera preocupación por su integridad física: ni los árbitros ni los medios de comunicación, supuestamente encargados también de velar por la integridad del fútbol español, hacían nada para protegerle. La solución al final fue quitarle de en medio y refugiarle en el primer equipo. Sólo disputó cinco partidos con el Castilla: dejó cuatro goles, una asistencia, un sinfín de regates y varios vuelos sin motor cada vez que un oponente, incitado y envalentonado por ese clima hostil que se había generado contra él, le atizaba.

Le costó entrar en el primer equipo (aquí fue decisiva la llegada de Solari) y tardaría varios años en encontrar su mejor fútbol. Desde el primer día, esa parte tóxica de los medios que come de fabricar un conflicto permanente alrededor del Real Madrid, lo que inevitablemente sumó a la causa a muchos aficionados, una buena parte de ellos madridistas, le convirtió en un meme. Se burlaron de sus fallos en el último tercio, se mofaron con las ocasiones que fallaba ante los porteros, se rieron a mandíbula batiente de sus goles de rebote, le pusieron motes irrespetuosos, le hicieron hasta canciones. A un chico de 18 años que acaba de dejar atrás a su familia, a su país, a todo lo que conoce. Que sólo quería jugar al fútbol, trasladar al césped la alegría que lleva dentro y triunfar en el club de sus sueños.
el capitán del Atleti, que bien pudo responder “intentaremos que no marque pero, si lo hace, nuestra afición es respetuosa y no ocurrirá nada”, que es lo que habría contestado un hombre de los pies a la cabeza, decidió juguetear con la idea de un hostigamiento a Vini: “Pues habrá lío”. Koke dejó ahí la invitación para que los más incívicos del Civitas, que no son pocos, dieran rienda suelta a su profundo rencor hacia el Real Madrid. Al menos Koke no dijo: “Habrá río”. La cosa pudo ser peor, sí
Un año después de que Tachi le mordiera la cabeza, Vinicius marcó en el Bernabéu un golazo ante Osasuna y rompió a llorar. Después de todo lo que estaba soportando ese crío, Vini finalmente se quebró. Hizo un golazo que ponía líder al Madrid pero, lejos de desatar su alegría, reveló al mundo un terrible sufrimiento. Por supuesto, a poca gente le importó. Aquellas lágrimas quedaron en una anécdota sin que ningún astuto olfato periodístico de este país se preocupara por indagar en lo que podía haber detrás de ellas ni de exigir mesura en el trato a un joven en edad formativa. Y volvieron los memes, porque Vini, en proceso de adaptación al fútbol europeo, al Real Madrid y a la que le estaba cayendo encima, siguió desacertado a la hora de finalizar las jugadas. Continuaron las risas, cada vez más altas. “¿Y Vinicius pa’ cuándo?”.
Había una duda razonable sobre si Vini podría revertir una situación así, el yugo era pesado. No debe de ser nada fácil dadas las circunstancias. Pero lo hizo, y de qué forma. Todo empezó en la Champions 20/21 con su destrozo al Liverpool en Madrid en la ida de cuartos de Champions. Su primera gran noche. Aquella temporada no terminó bien para los blancos, pero prendió la chispa que precedió a la explosión de Vinicius, que se convierte en uno de los mejores jugadores del mundo la siguiente temporada, donde pulveriza todos sus registros goleadores, también a decenas de defensas rivales, sus compañeros empiezan a buscarle cada vez más y termina marcando el gol decisivo en la final de la Champions que el Madrid le gana también al Liverpool. Un rendimiento que en esta campaña se mantiene y que no parece tener techo dada la juventud, la condición física, el talento y sobre todo la entereza mental que está exhibiendo el futbolista. Y que ha cambiado las burlas por inquina, envidia y frustración ante su deslumbrante desempeño en el terreno de juego.

Pero ese halo negativo a su alrededor del jugador en realidad siempre ha sido independiente del rendimiento. Ya se lo colgaron a Cristiano o a Bale antes. O por poner un ejemplo más acorde, a un adolescente Odegaard, de sólo 16 años. En el Camp Nou un elemento llamó macaco a Vinicius, con el agravante de hacerlo en presencia de un menor, y no pasó absolutamente nada. Ni fue expulsado del campo ni localizado por los Mossos d’Esquadra ni por supuesto los medios, que pasaron página instantáneamente, hicieron la menor autocrítica sobre su cuota de responsabilidad en estos desafortunados hechos, que han continuado en muchos partidos. En el último en el Bernabéu, incluso, se animó desde el banquillo del Mallorca a pegarle. Ahora que no le pueden parar en el campo, le dan patadas. Ahora que no pueden reírse de él en los medios, se censuran sus celebraciones, que llegan a pares porque no deja de marcar. Y cuando desde el entorno madridista se pide a los árbitros que apliquen el reglamento, se culpa a los bailes de Vinicius, que por lo visto provocan. Que son irrespetuosos. Si baila Griezmann no pasa nada. Pero Vini no puede, al parecer. Pedirle a un brasileño que no baile es como pedirle a un argentino que no hable o a un antimadridista que no rabie. El debate sobre si Vini puede o no bailar es impostor, sólo esconde la amargura del que no puede digerir el futbolista en que se ha convertido.

Y ese debate impostor fue el detonante del estallido de cólera, en defensa del chaval, surgido en Brasil y que ha degradado al fútbol, al periodismo y a la sociedad española a ojos de todo el mundo. Todo porque un colaborador del montón, sin ingenio ni nada valioso que aportar, dijo en “El Chiringuito” que con sus bailes “hacía el mono”, un comentario muy desafortunado que podría haber parecido fruto de la torpeza, y no del racismo, si no lo hubiera acompañado con un “que se vaya a bailar a su país”. Tufillo xenófobo y racista detectado. Por otro lado, una periodista le preguntaba a Koke, capitán del Atlético de Madrid, por lo que podría pasar si Vinicius marcaba y bailaba en el Civitas Metropolitano, uno de los pocos estadios del fútbol español donde los ultras campan a sus anchas –este último detalle lo he añadido yo, no la periodista, que no quiere meterse en problemas-. La mera pregunta, que ya incita a la violencia física o verbal desde las gradas, es el perfecto ejemplo de ese periodismo degenerado que contribuye a denigrar la profesión. Pero el capitán del Atleti, que bien pudo responder “intentaremos que no marque pero, si lo hace, nuestra afición es respetuosa y no ocurrirá nada”, que es lo que habría contestado un hombre de los pies a la cabeza, decidió juguetear con la idea de un hostigamiento a Vini: “Pues habrá lío”. Koke dejó ahí la invitación para que los más incívicos del Civitas, que no son pocos, dieran rienda suelta a su profundo rencor hacia el Real Madrid. Al menos Koke no dijo: “Habrá río”. La cosa pudo ser peor, sí.
Y lo que surgió a raíz de estos incidentes los puso a todos a bailar al son de Vinicius. Unos señalan al incontinente verbal de la tele, otros a Koke, pero en realidad son muchos los que han cooperado durante cuatro años a esta penosa cadena de acontecimientos y que deberían darse por aludidos aunque se hayan puesto de perfil. Algunos de esos responsables guardan un estruendoso silencio, sin atreverse a defender a Vini, no vayan a reprochárselo sus seguidores o el club para el que oficiosamente trabajan. Otros directamente se han puesto en la cola, abriéndose paso a codazos intentando ganar posiciones, para apoyar los primeros a Vinicius y criticar a “El Chiringuito” o a Koke, como si no fueran ellos tanto o más culpables del acoso a un niño desde que aterrizó en el aeropuerto de Barajas y de la patética imagen que ya no sólo el fútbol o el periodismo, sino España entera, ha proyectado al mundo.

En el fondo lo que ha pasado no va sobre el color negro de Vinicius, que en realidad le importa a muy pocos afortunadamente, sino sobre el color blanco de la camiseta que defiende. Ahí está la raíz de todo, pues España es mucho más envidiosa que racista. No molesta que baile ni el tono de su piel, sino que marque goles para el Real Madrid. Mucho me temo que no habrá consecuencias tras este triste episodio, muy pronto enterrado en el olvido. Que al chico le seguirán insultando y pegando en muchos campos de España con la complicidad de los de siempre y que nadie hará examen de conciencia, pues todos piensan que la culpa fue de otro. Pero el antimadridismo periodístico ha cruzado una línea roja y el mundo entero los ha puesto en su lugar. Han recogido lo que llevan años sembrando. Disfrutemos de ello, aunque sólo sea de forma fugaz. Y, por supuesto, gocemos con los muchos bailes que están aún por venir. ¡Baila, Vini Jr! Baila y no pares nunca.
Tenemos derbi este fin de semana y eso, para muchos entre los que me incluyo, son palabras mayores. El Real Madrid visita el Metropolitano más pronto de lo que suele ser normal: en la sexta jornada de la Liga, y con la sensación de que para el Atlético de Madrid se trata de la primera final del campeonato: cuando salten al césped del Civitas, antiguo Wanda, la tabla clasificatoria marcará una diferencia de cinco puntos con respecto al líder, el Real Madrid. Muchos puntos de diferencia para las alturas del campeonato en las que estamos. Es decir, agua al cuello para los ex del Manzanares.
El estadio rojiblanco es un campo que se le suele dar bien el Real Madrid a pesar del ambiente terrorífico y antimadridista sin pelos en la lengua que se genera en sus gradas.
El Real Madrid visita el Metropolitano más pronto de lo que suele ser normal: en la sexta jornada de la Liga, y con la sensación de que para el Atlético de Madrid se trata de la primera final del campeonato
Pero esa atmósfera ambiental no ha impedido que, desde que los rojiblancos se mudarán del Calderón a su estadio de la M-40, el Madrid haya salido con buen paso de los duelos a cara de perro que siempre se lidian en este tipo de partidos.
En seis visitas, solo ha perdido en el derbi del año pasado, con la Liga ya en las vitrinas blancas y con Ancelotti reservando jugadores para el tramo final de la Copa de Europa. Una victoria, cuatro empates y la citada derrota. No es mal balance para una de las salidas más complicadas de todo el campeonato.
Aun así, este derbi tiene matices que lo hacen diferente. El Madrid llega sin perder un partido oficial en lo que llevamos de temporada. No ha doblado la rodilla aún y, además, encara el partido con algunos de sus futbolistas clave entre algodones, como Karim Benzema y Eder Militao. Es más que posible que no terminen saltando al césped del Metropolitano. Ambas son bajas sensibles, sobre todo la del francés, mejor jugador del mundo en este momento y el futbolista para el que Ancelotti no tiene recambio de garantías cuando mira al banquillo.
La baja de Karim obliga al técnico italiano a reconsiderar la alineación y apostar por un tipo de jugador completamente diferente.
Hasta el momento, tanto ante el Mallorca, el RB Leipzig y la segunda parte ante el Celtic, la fórmula ha salido más bien que mal, pero suplir al nueve galo —no sólo en su faceta goleadora sino también por la cantidad de juego que genera partiendo desde el centro del campo y la facilidad con la que resuelve jugadas relámpago que dan muchos goles al equipo— es asunto complejo. Benzema marca y desatasca. Y eso aún no lo hemos visto en sus suplentes.
Pero lo que de verdad va a marcar el partido y hace de este un derbi diferente va a ser el minuto 63. En ese momento, está previsto que salte al terreno de juego Griezmann, el príncipe destronado por mor de un pacto entre clubes que dice muy poco en favor de FC Barcelona y Atlético de Madrid. El contrato, tal como está redactado, y la actitud del Atleti para intentar sortear las clausulas que firmó, perjudican gravemente al futbolista y, cuando menos, podrían calificarse de poco éticas.
El derbi tendrá en el minuto 63 uno de sus nudos gordianos, aunque quizá el Cholo Simeone decida dejar de ser el empleado del mes y ante lo que se le viene encima ponga a Griezmann de principio
Sorprende la laxitud con la que la prensa deportiva y los influencers tuiteros tratan un tema que, de producirse en el Bernabéu, generaría montañas de tweets y titulares tirando a escabrosos.
Es lo que hay. El Atleti puede tener a un jugador sentado en el banquillo hasta el minuto 63 de cada partido y a su entrenador defendiendo lo indefendible para no hacer frente a lo firmado. Los pájaros disparando a las escopetas.
Con estos mimbres, el derbi tendrá en el minuto 63 uno de sus nudos gordianos, aunque quizá el Cholo Simeone decida dejar de ser el empleado del mes y ante lo que se le viene encima ponga a Griezmann de principio. Es solo una hipótesis, pero es factible. El Madrid es pieza mayor y el Atleti, ya en septiembre, tiene urgencias.
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Cinco días después de la funesta noticia, quien les escribe sigue en estado de shock, impresionado. Me ha costado mucho, por lo tanto, abrir un documento en blanco de Word para poder, qué menos, rendir mi modesto homenaje al mejor escritor español desde Pío Baroja, mi querido Javier Marías.
Puedo presumir que, en muchas de las cartas y tarjetas postales que me escribió – siempre contestaba a las mías, no falló ni una sola vez, y siempre cortés, educado y muy amable -, Javier se dirigía a mí como “querido Emilio”, y siempre tendré hacia su figura no solo cariño, sino sobre todo respeto y rendida admiración.
Confieso que desde el primer momento que cayó en mis manos su novela Todas las almas, caí rendido a sus pies, así que durante más de treinta años he leído con pasión y con verdadera fruición todas sus novelas, y la inmensa mayoría de sus columnas en el semanal de El País.
Fue un verdadero orgullo que, en la primavera de 2008, Javier me invitase personalmente a asistir a su discurso de entrada en la Real Academia Española, para tomar posesión del sillón “R”, ocupado anteriormente por el filólogo Fernando Lázaro Carreter.
Cómo debía de ser mi pasión por Marías, que aquel día, un domingo 27 de abril, se estaba jugando ser prácticamente campeón de liga el Real Madrid dirigido por Bernd Schuster – aquella tarde goleó 3-0 al Athletic y siguió manteniendo las distancias con el Villarreal -, y preferí ir a la sede de la RAE antes que al mismísimo estadio Santiago Bernabéu.
Estuve varias veces, nunca demasiadas, con Javier, casi siempre en presentaciones de sus novelas, a las que me invitaba, y mantuvimos sobre todo una estrecha relación epistolar durante más de veinte años. Tengo en mis manos ahora mismo una nota suya manuscrita de hace apenas seis meses, tras darme las gracias por los comentarios que le hice sobre su Tomás Nevinson, en la que me expresaba también su fatiga y ciertos dolores que llevaba un tiempo padeciendo.
Siempre me escribía, desde que acabó la tercera parte de su magistral Tu rostro mañana – Veneno, Sombra y Adiós, que ya no iba a escribir más novelas. También me lo dijo tras publicar sus magníficas Los enamoramientos, Así empieza lo malo, Berta Isla y, cómo no, tras acabar Tomás Nevinson. Fatídicamente, en este último caso se cumplió su pronóstico.
Como es bien sabido, además de ser un feroz lector, amante de clásicos como su adorado Shakespeare, Cervantes, Browne, Sterne, Stendhal, Dumas (pasión heredada de su padre, el erudito Julián Marías), Dickens, Stevenson, Flaubert, Proust, Conrad, James, Baroja, Faulkner y tantos otros, y cinéfilo empedernido (fordiano, hitchcockiano y wilderiano a más no poder), Javier tenía pasión por el fútbol, como otros grandes escritores como Albert Camus o Nabokov, y más concretamente por el Real Madrid.
Todas y cada una de las dedicatorias de sus novelas (o de las recopilaciones de sus artículos) que me escribió tenían un guiño a su club predilecto: “Saludos merengues”, “…tras más batallas ganadas”, “En el año de la Novena” y mi favorita: “Para Emilio Dumas, y con él no hay más que agregar, corazón tan…”.
Cuando le pedí una entrevista para La Galerna, prefirió no conceder una entrevista convencional, sino que me pidió que le plantease un cuestionario sobre materias madridistas, y lo respondió rápidamente por escrito, por medio de su inseparable máquina de escribir, cómo no.
Allí expresaba su pasión infantil por los colosos del Real Madrid clásico, el de las cinco Copas de Europa consecutivas, el rechazo que sentía ante la figura de Mourinh, y la recuperación del amor por sus colores cuando lo dirigieron Ancelotti, en su primera etapa, y, sobre todo, Zinedine Zidane.
Sobre este último, y concretamente sobre el prodigioso gol que materializó en Glasgow, escribió Marías uno de sus más bellos textos futbolísticos, Caído del cielo, lo cual es mucho decir, puesto que otros, como el de la previa escrita en vísperas de ganar la Séptima, Hoy no sólo hoy , o como sus respectivos homenajes tras las muertes de Di Stéfano, El agradecimiento que jamás se salda , y de Paco Gento, Gento a distancia, son verdaderas obras maestras.
Con un talento descomunal, aderezado con su pasión futbolera, Marías publicó un libro de artículos sobre el balompié, Salvajes y sentimentales. Letras de fútbol, en 2000, que es una obra absolutamente esencial para todos los que amamos el deporte rey.
Su último texto publicado sobre fútbol lo podemos encontrar en El País Semanal del 26 de mayo de 2022, y expresa su vaticinio en la víspera de la final ante el Liverpool, que supuso la conquista de la Decimocuarta Copa de Europa. Si no lo leyeron, háganlo, expresa su absoluta tranquilidad ante la final, así como su rendida admiración ante el camino que tuvo que recorrer el Real Madrid para llegar al Stade de France. Se titula Historia para los nietos y confirmó plenamente que Marías, de no haber sido con diferencia el mejor novelista de su tiempo (no sólo de España, sino del mundo entero), podía haber sido también el mejor cronista futbolístico, y sin tener que esconder sus colores.
Javier Marías amaba el fútbol y al Real Madrid, como tantos de nosotros, sobre todo por la Copa de Europa, por aquella tarde tan especial que debió de pasar viendo por la televisión de sus vecinos la conquista de la Quinta en Glasgow, con aquella delantera formidable formada por Canário, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento
Además de ser un escritor único, Javier también fue durante sus últimos veinte años un rey, el monarca de un reino de ficción: el Rey de Redonda. Un rey admirador y seguidor del club que reina desde hace casi setenta años sobre el planeta fútbol. Redonda está de luto, como lo estamos todos aquellos que acudíamos a las librerías nada más nos enterábamos de la última publicación editorial de Javier Marías. Nos deja como herencia – una más – las joyas que publicó en la editorial de su propiedad, Reino de Redonda, obras en su mayoría poco conocidas en España con historias de fantasmas, hazañas bélicas o relatos fantásticos, traducidos algunos títulos por él mismo (como El espejo del mar, de Joseph Conrad) o por traductores de primerísimo nivel, como por ejemplo mi íntimo amigo y colaborador de Marías desde hace dos décadas, Antonio Iriarte.
Me he permitido – creo que Javier me lo perdonaría, no en vano el lema del ficticio reino de Redonda es Ride si sapis, o sea, Ríe si sabes – poner como título a estas líneas una alusión al gran William Shakespeare a quien Javier citó – literalmente – en varias de sus novelas: Macbeth en Corazón tan blanco, Ricardo III en Mañana en la batalla piensa en mí, La tempestad en Negra espalda del tiempo, la segunda parte de Enrique IV en Tu rostro mañana o Hamlet en Así empieza lo malo. Repito con Ricardo III, mi obra predilecta del bardo de Stratford-upon-Avon, la célebre frase “¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!” que grita desesperadamente el último rey de la casa de los York tras ver que su ejército ha sido derrotado en la batalla de Bosworth, allá por 1485.
Y es que Javier Marías amaba el fútbol y al Real Madrid, como tantos de nosotros, sobre todo por la Copa de Europa, por aquella tarde tan especial que debió de pasar viendo por la televisión de sus vecinos la conquista de la Quinta en Glasgow, con aquella delantera formidable formada por Canário, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento.
A sus admiradores nos deja su obra novelesca (dieciséis, de las cuales más de una decena son obras maestras indiscutibles), veintiuna recopilaciones de artículos (publicó 939 en la revista semanal de El País), siete ensayos, cuentos y diversas traducciones, algunas de ellas de autores tan complejos como Sterne, Conrad, Yeats, Ashbery o Nabokov.
A sus amigos nos deja también los recuerdos de nuestros encuentros, su timidez, su magnífica forma de expresarse y de contar historias y su especial sentido del humor. Y un vacío muy difícil de cubrir.
…y decidió qué era bueno y qué era malo, qué podía causar problemas y qué no, avisando de que un jugador celebre un gol con un baile puede traer “problemas”. Un jugador del Real Madrid, perdón, no cualquier jugador, el resto les pueden mear en la banda como les hizo Leandro el del Valencia.
Hay tres perfiles de futbolistas si analizamos tanto su comportamiento en el campo como fuera el del campo, lo que haré a continuación. Debo aclarar antes que no me refiero al jugador como persona, que no sé si son muy solidarios con el prójimo, si son buenos hijos o buenos padres o si son bomberos voluntarios en verano. Hablo del futbolista cuando lleva las botas puestas puestas y del futbolista en el pre y post partido. Ojalá baste esta explicación para evitar alguna demagogia.
Perfil número 1. Dentro de la élite, insisto, dentro la élite, hay jugadores que son grandes personas y no tan excepcionales futbolistas, por ejemplo Granero que tiene pinta de ser un tío estupendo pero quizá no para titular del Real Madrid. Odriozola podría ser otro ejemplo de ser humano excepcional, ni una queja ni una mala cara, solo educación y agradecimiento.
Perfil número 2. En el otro lado de la ecuación, podría estar Jordi Alba, un gran jugador de fútbol pero un mezquino como persona, sin tener que explicarme mucho más porque, si me estás leyendo, ya tienes Youtube para documentarte. Insisto que no sé Jordi Alba es una buena persona detrás de su personaje público pero este artículo no trata de esto.
Perfil número 3. El caso que nos ocupa en este perfil es Koke. Estamos hablando de un jugador mezquino en el cuerpo de un personaje público mezquino también. Además Koke sabe hacer “populismo” y para poder seguir chupando del bote rojiblanco necesita cada seis meses, más o menos, dedicar una lindeza al Real Madrid. Que cada año juegue peor, meta menos goles, robe menos balones y dé menos asistencias no ayuda, solo hace todo peor porque la espiral de populismos irá en aumento.
Cuando Koke iba a sustituir a Xavi en el Barca era el hijo que toda madre quiere tener, eran otro tiempos, el Atlético ganaba ligas y llegaba a finales de Champions. En ese momento Koke no hablaba o, mejor aún, hablaba en el campo, por ejemplo en aquel recital en el Camp Nou para ganar una liga en 2014. Ahora Koke lleva cinco años sin encontrarse con su afición salvo cuando habla de Real Madrid. Dejémosle, es el precio que pagamos por ser el equipo que más Ligas tiene y, sobre todo, más Champions. Bernabéu dixit.
Cervantes nunca escribió “ladran, luego cabalgamos”, quizá sí lo escribiera alguien del Madrid hace cincuenta años, en la otra ocasión que empezamos la temporada ganado ocho de ocho partidos.
Porque ningún jugador ultra “resucitado”, ningún estamento, ningún gobierno y ningún medio de comunicación te lo puede prohibir.
Baila, Vini, baila.
Porque vives en un país donde la envidia es deporte nacional y perteneces a un club odiado por sus éxitos, los mismos que prevén que tú tendrás.
Baila, Vini, baila.
Por aquel jugador del filial del Atlético de Madrid que te mordió la cabeza.
Baila, Vini, baila.
Por aquel energúmeno de Mallorca que te gritó "vete a recoger plátanos" y que se ha ido de rositas, mientras que los insultos a otros jugadores sí son sancionados.
Baila, Vini, baila.
Por los Maffeos y la decenas de jugadores que has destruido.
Baila, Vini, baila.
Por los árbitros que están más pendientes de que no te diviertas que de los defensas destructores de tobillos.
Baila, Vini, baila.
Por el “este es muy malo” de Joaquín y el “Tú el año que viene Balón de Oro, sí, Balón de Oro” del mejor central de la Historia: Don Eric García Parera.
Baila Vini, baila.
Por aquel hombre de la grada al que abrazaste el día de tu explosión contra el Levante. Regalo que le brindaste el primer día con aficionados en el Bernabéu tras la pandemia.
Baila, Vini, baila.
Porque ya eres español, casualidades de la vida, tras cerrar el mercado de fichajes.
Baila, Vini, baila.
También por esos madridistas que se reían de ti y no confiaron en tu éxito. Perdónalos porque no sabían lo que hacían.
Baila, Vini, baila.
Por Bebeto, Mazinho y Romario. Por el Carnaval de tu país. Por Ronaldo, Roberto Carlos, Ronaldinho, Baptista, Robinho y muchos más que también bailaron.
Baila Vini, baila.
Por Neymar, Raphina, Paquetá, Thiago Silva y otros compatriotas que te han apoyado.
Baila, Vini, baila.
Porque Simeone lleva diez días y diez noches en vela pensando en cómo pararte.
Baila, Vini, baila.
Por el Hatricki en el Benabel. Por tu carisma.
Baila Vini, baila.
Porque sin Benzema tienes que bailar más y mejor. Porque te gusta bailar con Rodrygo.
Baila, Vini, baila.
Porque te has convertido en el mejor regateador y uno de los mejores jugadores del mundo.
Baila, Vini, baila.
Porque los madridistas te adoran, por tu humildad y tu sonrisa.
Baila, Vini, baila.
Porque ya tienes una Copa de Europa y, además, con gol incluido en la final.
Baila, Vini, baila.
Porque muy pocos triunfan tanto y tan pronto en el mejor equipo de la Historia.
Baila, Vini, baila.
Y, por supuesto, porque bailas rematadamente bien.
Baila mucho, Vini, baila.
Buenos días. Las portadas del día van para la selección española de baloncesto, que esta tarde se juega contra Alemania el pase a la Final del Eurobasket. Buena suerte para ellos. El segundo argumento es la retirada de Federer, a quien agradecemos tantísimas tardes de excelencia tenística. Nosotros aquí hemos venido a hablar de otra cosa, de algo a lo que las portadas no atienden porque para qué perder el tiempo defendiendo a un hombre que no ha hecho nada malo y contra quien se está organizando una especie de amenaza preventiva de linchamiento moral y no sabemos si hasta físico.
El delito que ha cometido Vinicius no consiste ni siquiera en bailar. El delito que ha cometido Vinicius consiste en que a lo mejor le da por bailar en el Metropolitano si marca. En torno a esta difusa afrenta (?) hipotética, se ha montado, en parte por culpa de los medios, una especie de preaquelarre antiVini que nos repugna de tal manera que no sabemos por dónde empezar.
Obviando bailes postgol de jugadores atléticos (desde las cabriolas de Griezmann a los muy cercanos meneítos al alimón de Joao Félix y Cunha), reporteros no exactamente dicharacheros han arrimado la alcachofa a unos y otros en busca de una polémica tanto más irresponsable por cuanto involucra una posible reacción adversa de las masas en un partido que ya ha sido declarado de alto riesgo. No está de más recordar que, si el partido es de alto riesgo, es porque el Atlético de Madrid sigue auspiciando, como si siguiera en los ochenta, un grupo de animación de neonazis con crímenes de sangre en su haber, cuestión esta que a todo el mundo le parece estupenda al parecer.
Decíamos que los periodistas agitan el espantajo y los protagonistas la lían, empezando por Koke, capitán o algo así del Atletico de Madrid, quien preguntado por la posibilidad de que Vinicius baile en el Civitas se descolgó con un incalificable “Si baila habrá lío, lo más normal”. Ahí tenéis a un protagonista del espectáculo, con responsabilidad directa en la buena marcha del evento, ignorando dicha responsabilidad y normalizando lo innormalizable, es decir, que puede haber “lío” por que alguien exprese su alegría de un modo que no ofendería a nadie. Se ignora exactamente lo que Koke llama “lío”, pero se agradece que el estadio del Atleti ya no linde con las orillas del Manzanares.
Y esto es lo que pasa, amigos, cuando el tercer club de fútbol más importante de España es prisionero de un grupo de criminales a quienes todos temen y/o reverencian.
Para terminar de redondear la faena, Pedro Bravo, presidente de la Asociación de Agentes Españoles, llamó en El Chiringuito “hacer el mono” a los bailes de Vinicius, lo que se parece tanto a lo que Busquets hizo en su momento con Marcelo que nos preguntamos cómo es posible que nadie echara a ese señor del plató y cómo es posible que a día de hoy continúe presidiendo dicha asociación.
Y poco más que añadir, amigos. Que La Galerna está preventivamente con Vinicius en esta cacería preventiva y miserable, y que os dejamos con las portadas del día.
Fue quizá el peor partido de la temporada, 8/8 sin Benzema, pero con un Valverde que vale por dos.
Como el partido no se merece darle muchas vueltas, os contaré una historia. Es el siglo XIII y un fraile franciscano, Guillermo de Ockham, sugiere una solución metodológica para solucionar problemas cotidianos. La propuesta viene a decir que, en igualdad de condiciones, elige siempre la opción más sencilla y tendrás más posibilidades de acertar. A este modo de operar se le conoce como “la navaja de Ockham”. ¿Es esto lo que ha hecho Ancelotti con Fede? Diría que sí. Fede, ahora, sí elige lo que más posibilidades tiene de salir bien; si chutas como Fede, tienes que intentarlo mucho; si llegas como Fede, tienes que intentar llegar varias veces; si corres como Fede, tienes que correr. Es sencillo y para el preclaro Carletto, más. A Valverde le ha enseñado a jugar Ancelotti. Antes hacía buenas jugadas, ahora juega muy bien. Hoy sí coincido con UEFA: MVP.
Valverde justifica toda la política de jugadores jóvenes de los últimos diez años, no me cansaré de repetirlo. A irte al Wanda a jugar con Valverde por la derecha, y en plan goleador, hay que sumar que no tengo dudas que sustituiría a Tchouameni o a Carvajal con la misma jerarquía. Valverde son varios jugadores: es un extremo, un carrilero, un interior y un mediocentro, todo en uno. Aún recuerdo cuando el AS lo definió como un mediocentro de gran técnica pero poco recorrido; un genio el que escribió esto, prefiero ni rescatar la noticia.
La temporada pasada fue la temporada de Courtois y de Benzema, nadie tiene dudas pero ¿y si Valverde fuera un Benzema, en su puesto de mediocentro? ¿Y Vinicius? ¿Y Militao? Ves al Madrid y piensas que tenemos seis titulares que para esta temporada no cambiaríamos por, prácticamente, nadie en el mundo: Courtois, Militao, Tchouameni, Valverde, Vinicius y Benzema.
Que pase el siguiente…
Buenos días. En una noche escasamente inspirada, el Real Madrid se bastó y sobró con un zarpazo de Valverde y una traca final de Asensio para derrotar a un muy buen Leipzig, lo que afianza a los de Ancelotti como líderes de su grupo en la Champions. Son dos victorias de dos en la competición, ocho de ocho en el conjunto de la campaña hasta la fecha. Registros literalmente inmejorables para un Madrid que cuando no enamora (a veces lo hace) se las apaña para ser al menos enormemente solvente, y que combina excelencia técnica y compromiso como pocas otras plantillas del Madrid han logrado conjuntar.
El zarpazo de Valverde, decíamos. Qué nuevo golazo, amigos, el tanto decisivo que inclinó la balanza en un partido muy sufrido.
Es evidente que más que zarpazo debimos decir un picotazo, si nos atenemos a los constantes intentos de catalogar a Fede en distintas variantes de especies dentro del reino de las aves. Primero era el Pajarito y luego, a decir de su seleccionador nacional, se convirtió en el Halcón, y nos parece bien porque dicho pájaro, cuando caza en picado, alcanza velocidades que superan los 300 km/h, lo que le convierte en el animal más rápido del mundo. Exactamente igual que nuestro Halcón cuando enfila la banda derecha en dirección al área rival y suelta su centro envenenado como el Peregrino en acción de rapiña.
Si no fuera porque estaría usurpando el sobrenombre de D. Emilio Butragueño, podrían no obstante haberle apodado El Buitre, porque dicho ave está presente en los cinco continentes exactamente igual que Fede lo está en las cinco dimensiones del campo para hacer extremadamente dificultosa la existencia del rival.
Tampoco habría desentonado como El Águila, dada la enorme fuerza de esta ave, capaz de levantar en vuelo a otra rapaz ayudada por su poderoso pico. Así igualmente Valverde sostiene y eleva al colectivo, levanta el ánimo de sus compañeros y trabaja para ellos infatigablemente. A veces, en acciones celebratorias de cualquier lance (un balón ganado, un despeje providencial) levanta físicamente a sus compañeros unos cuantos palmos del suelo, entre gritos de testosterona incontrolada. Incluso a Rüdiger, si la cosa lo demanda.
El Cóndor andino es conocido como el ave más grande del planeta, y teniendo en cuenta la envergadura de nuestro pájaro tampoco habría desentonado con ese mote. La cabeza del cóndor es generalmente rojiza, aunque puede cambiar con el estado de ánimo del animal de igual forma que Fede se da mechas en función del punto de ebullición de su proceso de aprendizaje deportivo. El momento de madurez que ya alcanzó no nos parece bien reflejado en las mechas rubio platino que luce ahora, todo sea dicho, lo tenemos muy hablado en el pueblo.
Si abandonamos la cetrería, hallamos que El Pelícano podría perfectamente ser el sobrenombre de nuestro jugador también, por cuanto se trata del ave gregaria por excelencia, y nadie es más consciente que Fede de la importancia del equipo como ente supremo. Además, la disección de dos pelícanos pardos en 1939 mostró que poseen una red de sacos de aire debajo de la piel, situados a través de la superficie ventral, que están conectados a las vías aéreas del sistema respiratorio. El pelícano puede mantenerlos inflados cerrando la glotis, y no es descartable que Federico Valverde se sirva de un mecanismo anatómico similar para mantenerse conectado a dosis insultantes de oxígeno cuando a todos los demás ya les falta el resuello.
Si alguien quiere llamar a Federico Valverde El Papagayo (o cualquiera de sus variantes El Guacamayo, La Cotorra, etc), tampoco vamos a protestar, dado que se trata del ave más inteligente del cosmos, y nuestro hombre anda sobrado de esa virtud, que explota continuamente generándose ventajas en términos de colocación y perspicacia emocional. La investigadora Irene Pepperberg puso a prueba la capacidad de aprendizaje de un loro gris de esa familia, llamado Álex, que fue entrenado para utilizar palabras con el objetivo de identificar objetos, describiéndolos, contándolos, e incluso contestando preguntas complejas, como por ejemplo “¿Cuántos cuadrados rojos hay aquí?”, obteniendo una exactitud del 80% en las estimaciones del animal. Para ser sinceros, el experimento no ha sido aún replicado en Fede Valverde pero sí en Jordi Alba, cuyo porcentaje de acierto en la prueba fue inmediatamente catalogado como información clasificada en los archivos de Jaume Roures.
En fin. Que habría muchas especies de aves que podrían dar nombre a Fede Valverde, además de El Pajarito o El Halcón, y todas ellas podrían ser válidas. Es una especie de Ave Mayúscula Plenipotenciaria y Apelotante que está en todas partes, allá donde mires. A Fede lo agarra Hitchcock en sus buenos tiempos y organiza un remake de Los Pájaros teniéndolo a él por único actor.
Marca factura hoy una portada bastante simpática en la que alude no solo a las alas del gran protagonista del partido de ayer, sino a las que brinda a su equipo como lo haría Red Bull de acuerdo al famoso anuncio. Es un juego conceptual altamente cachondo teniendo en cuenta la empresa propietaria de nuestro joven pero meritorio rival de ayer. No sabemos si todo el mundo lo captará, pero a nosotros nos ha hecho gracia.
En su primera plana, Marca alude también al golazo de Asensio, que además trabajó muy bien defensivamente en los minutos que estuvo en el campo. Así sí, Marco. Gran alegría.
En fin, amigos. Viva el Pájaro por Antonomasia, sea cual sea la especie concreta que queramos asignarle, y viva también el hecho (reflejado por la prensa cataculé con una encantadora seriedad/laconismo) de que el Barça vaya a vestir de blanco la temporada que viene.
Que aflore lo freudiano, y que se haga incluso carne de marketing.
Pasad un buen día.
Arbitró el italiano Maurizio Mariani. En el VAR estuvieron sus compatriotas Massimiliano Irrati y Marco Guida.
Un rookie para el Bernabéu que demostró su ternura en la primera mitad con dos penaltis al limbo, uno para cada equipo. En el 10' en una pugna entre Nacho y Nkunku, el madrileño traba por detrás en el talón al francés. El trencilla no señaló nada y Nacho, además, se libró de la amarilla. El otro fue en el 42' en el área germana, cuando Schlager arrolló por detrás a Modric sin ninguna opción de tocar el balón. Además, tampoco vio un córner claro para el Leipzig en el 28', en una jugada con un balón dividido entre Nkunku, Tchouaméni y Courtois cuyo último roce del esférico fue del belga.
La segunda parte no tuvo polémica en las áreas y todo se limitó al aspecto disciplinario con tres amarillas justas todas. En el 72' Haidara intentando proteger el balón golpeó en la cara a Vinicius con el brazo. Nueve minutos después, Nkunku agarró a Rodrygo cuando el brasileño se iba y en el 83' en una acción similar el sujetado fue el delantero francés por Carvajal.
Mariani, MAL.
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Courtois: 6,5. Estuvo muy acertado cuando lo necesitó el equipo.
Carvajal: 5. Sufrió por su banda debido a que Werner y Nkunku cargaron por allí.
Rüdiger: 6. Después de un despiste se entonó y estuvo firme.
Nacho: 6,5. Partido sin errores.
Alaba: 5. Está más cómodo de central que de lateral, pero tapó bien su banda.
Tchouaméni: 5,5. No lució tanto como otros días, pero no fue una debilidad para el equipo.
Modric: 5,5. Se le hizo duro el partido, pero siempre deja algo. En este caso la dejada a Fede en el gol.
Camavinga: 6. De los que estuvo más presente en la primera parte.
Valverde: 8. Está on fire. Entrega, calidad y golazo.
Vinicius: 5,5. No fue su mejor día, pero asistió para el gol y siempre lo intentó.
Rodrygo: 5,5. Fue de más a menos. Se le notó cansado en algunos toques.
Asensio: 6,5. Gol que le reconcilió con el Bernabéu.
Kroos, Mariano, Ceballos y Mendy: sin tiempo relevante.
Ancelotti: 5,5. Le costó encontrarle el punto al partido.
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