Las mejores firmas madridistas del planeta

Finalizó el Mundial de Qatar. Ese que según la prensa del ramo ha estado muy bien. Como aquel poema de Luis Sánchez Polack “Tip”: “En la boda de Senén / hubo pastas, dulces, frutas, / maricones y hasta putas; / en fin, que estuvo muy bien.”

El Mundial de Qatar ha sido lo contrario a la boda de Senén: ni estuvo bien ni hubo maricones porque allí están prohibidos. Tampoco puedo asegurar que hubiera putas, aunque la prostitución ética y moral de todo lo que rodeaba al evento era más que evidente. Para algunos, no obstante, este mundial será recordado por consagrar a Leo Messi como mejor futbolista de la Historia.

A mí eso sí me parece bien, qué quieren que les diga. Messi es el mejor de la Historia. Es cierto que Pelé tiene más mundiales, que Cristiano Ronaldo ha marcado más goles y, ya puestos, que Gareth Bale tiene más Copas de Europa; pero líbrenme Dios y Maradona de negar que Messi es el mejor de todos. Me encuentro henchido de espíritu navideño y no quiero negarle a nadie la ilusión de aceptar a “Lio” como el más grande de todos los tiempos pasados y futuros.

Me siento como ese padre que en la noche del 5 de enero se toma el vino y las galletas que sus hijos han dejado amorosamente preparados para los Reyes Magos.

— ¡Mira, papá! ¡Han venido los reyes y se han bebido todo el vino!

— Claro que sí.

— ¡Y Messi es el mejor futbolista de la Historia!

— Por supuesto, hijo mío. Y que nadie te diga lo contrario.

Entonces padre e hijo se abrazan, suena una campanilla y un ángel se gana sus alas; pero esto último a nadie le importa porque el ángel se apellida Di María y el Mundial de Qatar lo ha ganado solo Messi y nadie más que Messi.

Xabi Alonso y Di María

La Navidad, en fin, es una época de deseos cumplidos donde se escriben cartas a seres poderosos que entregan obsequios al amparo de las sombras, como Papá Noel, los Reyes Magos o el emir de Qatar; que le ha traído a Messi un mundial y ha dejado un montón de dinero en los zapatitos de varios eurodiputados.

En cada país tienen su propio espíritu navideño de los regalos. Santa Klaus es el más popular. A Santa Klaus se lo inventó Washington Irving en 1809 para su novela “Una historia de Nueva York” mezclando la tradición inglesa del Father Christmas y la nórdica de san Nicolás. Irving secularizó al personaje para no ofender a los protestantes neoyorkinos. Santa Klaus es como el PSG de la Navidad: una aséptica imitación de tradiciones antiguas, un producto cocinado en salsa de marketing para gustar a unos señores muy creyentes de lo suyo y que tienen mucha pasta.

En Finlandia los regalos de Navidad los trae la cabra Yulipuki, que la noche del 25 de diciembre se transforma en un anciano que reparte presentes a los niños. En España no tenemos a la Cabra Yulupuki pero sí a Javier Tebas, que es su reverso en negativo: un señor mayor que eventualmente se transforma en cabroncete para quitarle cosas al Real Madrid.

Tebas sospechando

Luego están a los Jolasveinar de Islandia. Los Jolasveinar son 13 duendes traviesos que, durante la Navidad, van a tu casa y te roban cosas a cambio de obsequios. Uno de ellos es Stufur, roba cacharros de cocina, otro Skyrgaumr, que roba cubiertos, otro Pottasleikir, que roba velas… En el resto de Europa a los Jolasveinar los llamamos Fútbol Club Barcelona, solo que en vez de regalos te dejan un pagaré o, en islandés, “phälankjha.”

Los madridistas de bien a quien le pedimos los regalos cada Navidad es a los reyes magos, como no podría ser de otra forma. Los reyes de Europa no podemos rebajarnos a pedirle chucherías a extrañas cabras antropomorfas ni a duendecillos amigos de lo ajeno. Ni mucho menos al gordo barbudo del PSG.

Yo este año a los Reyes Magos solo les pido una cosa. Dado que en poco más de un año se le acaba el contrato a Ancelotti, yo lo que le pido a Melchor (que siempre ha sido mi rey favorito) es que cuando llegue ese momento aciago, me traiga a Xabi Alonso como entrenador. Las razones que justifican esta petición son varias.

Primera razón: Xabi Alonso es lo más parecido a Mourinho que hay hoy en día sin ser Mourinho. De hecho, nadie ha descrito de forma más certera al Madrid de Mourinho que Xabi Alonso. Rock and Roll, así fue cómo lo llamó. El Madrid del Rock and Roll. Yo quiero eso. Un Madrid que al atacar sea ritmo y locura; once tíos que, cuando corran la banda, hagan temblar el suelo del estadio como si fueran las paredes del Crawdaddy Club de Richmond cuando allí tocaban los Rolling Stones. Solo hay un hombre que pueda lograr algo así, y es el mismo que bautizó a esa manera de hacer fútbol. Con Xabi Alonso tendríamos en el banquillo a un Mourinho donostiarra. Fado y galerna. El Bernabéu sería el Pecquod y Xabi Alonso el capitán Ahab cabalgando un equipo en forma de ballena blanca. No sé ustedes, pero yo lo veo.

Xabi se formó como jugador tanto en la escuela guardiolesca como mourinhana, que eso es como ser escolástico y nominalista al mismo tiempo

Segunda razón: de la época gloriosa del Madrid de las 4 de 5 tengo dos carreras grabadas para siempre en la memoria: una de ellas es la cabalgada de Xabi Alonso cuando, durante la final de la Décima Copa de Europa, saltó de la grada y atravesó el campo en traje y corbata para celebrar un gol del Madrid. Por cierto, pocos recuerdan que el gol que hizo enloquecer a Xabi Alonso en aquella final no fue el de Ramos, sino el de Gareth Bale, que era el de la victoria.

El fútbol le debe una Champions a Xabi como entrenador del Madrid. Si aquella fue su reacción como mero espectador, imaginen cual sería en la banda, habiendo liderado al equipo hasta la victoria. Los madridistas nos merecemos contemplar tal espectáculo.

Tercera razón. Si Javier Teba aka. Cabra Yulupuki dedicara tanto tiempo a la promoción de la Liga como el que dedica a putear a Florentino Pérez, se daría cuenta del gran reclamo que supondría un Real Madrid entrenado por Xabi Alonso. Imaginemos que, para entonces, Xavi Hernández siguiera en el banquillo de Barça. Sería La Liga del Xabi vs. Xavi. El Xabi con B de “bueno” contra el Xavi con V de “villano”.  La Liga de los X-Men. Cada Clásico un espectáculo digno de Marvel Studios. Veo tazas, camisetas, gorras y frisbees y hasta una serie en HBO-MAX. Imposible no hacer que suceda.

Cuarta razón. Muchos me dirán que sí, que todo esto está muy bien, pero, ¿qué ha demostrado hasta ahora Xabi Alonso como entrenador? El Bayern Leverkussen está siendo su debut en las grandes ligas y, a tenor de las cifras, no parece un debut espectacular (aunque sacara al Atleti de la Champions League). Como tampoco lo fue el de Zidane en el Castilla, y eso que aquella liga no jugaba el Bayern de Múnich.

Por otra parte, no olvidemos que Xabi se formó como jugador tanto en la escuela guardiolesca como mourinhana, que eso es como ser escolástico y nominalista al mismo tiempo. Su primer título como entrenador lo ganó con el Real Madrid al hacer campeón al equipo infantil. Y, más tarde, al filial de la Real Sociedad lo ascendió al Segunda División por primera vez en seis décadas. No son malos precedentes.

Quinto motivo. He querido dejar el más importante para el final. Xabi Alonso se enfrentó y salió victorioso contra la organización más poderosa, voraz e implacable de nuestro tiempo: la Hacienda Pública Española. Yo, como autónomo que soy, no puedo por menos que admirar un logro semejante. Un tipo así es lo que quiero para el banquillo del Madrid. Si ganas en los tribunales hasta en tres ocasiones al fisco español, ganar Copas de Europa en comparación es un juego de niños. Xabi Alonso se ríe en la cara del peligro y en la calva de Ceferin, y por sus venas flotan casquetes polares. Con él en el banquillo habrá que habilitar un edificio anexo al Bernabéu solo para albergar trofeos. Estoy seguro de ello.

De modo que, querido rey Melchor, no me niegues este pequeño deseo. Cuando Ancelotti nos diga adiós, tráeme un Xabi Alonso por Navidad.

Y que todos ustedes pasen unas felices y madridistas fiestas.

Buenos días, amigos. ¿Qué es ser el mejor? Y, sobre todo, ¿a qué viene esta pregunta casi metafísica en un portanálisis ya casi navideño, cuando el cuerpo y con él la mente se preparan para poco más que una ingesta desorejada de peladillas bañadas en champagne?

Sin embargo, no nos negaréis que lo de “el mejor” es la comidilla futbolística de los últimos tiempos. El ejército messiánico, a resultas del mundial peligrosamente preparado y finalmente alcanzado por Argentina, lleva días tratando de compulsar como dogma de fe que Messi es el mejor futbolista de todos los tiempos. Ya lo hemos dicho otras veces: las verdades resplandecen; los dogmas no.

Hoy, a la portada de Mundo Deportivo, vienen varios de “los mejores”. Viene el propio Messi, sobre quien el culerío, debido a su proverbial complejo de inferioridad con el Madrid, siente la necesidad de que reciba el título oficial (por desgracia no existe) de mejor futbolista de la historia, el premio Nobel de la Paz, el Óscar de Hollywood y el trofeo al ganador del torneo Tigres vs. Leones del mítico Torrebruno. De otra manera no habrá paz para el culerío, tan perentoriamente necesitado de reafirmación. Dice Mundo Deportivo que Messi no solamente ya no es del Barça sino que se aleja la opción de que vuelva a serlo, lo cual resulta sumamente lacerante para un culerío sociológico abonado a la nostalgia. Es lo que les queda.

El otro protagonista de la portada del diario de Godó, grande de España, es Laporta, no porque también sea “el mejor”, sino porque le atribuye tal condición a Xavi, de quien dice eso, que es el mejor. Pero no el mejor de cualquier lado, oigan, sino el mejor del mundo. Hace falta tener un concepto descarnadamente subjetivo de eso de “el mejor” para decretar que Xavi Hernández lo es en lo suyo, porque suponemos que Laporta se refiere a lo suyo, a lo de Xavi, es decir, a entrenar, aunque bien podría estar diciendo que es el mejor en la jardinería o, por esquivar el chiste fácil, en el macramé, la taba o la sexación de pollos, dado que no especifica y, al fin y al cabo, Xavi reúne los mismos méritos (es decir, títulos homologables al fútbol de élite) en la disciplina del entrenamiento futbolístico que en las muy honrosas que acabamos de detallar.

Pero esto de los decretos que especifican quién es el mejor en lo que sea tiene algo de serie de muñecas rusas, porque el propio Xavi tiene opiniones fuertes sobre quién es, por ejemplo, el mejor extremo del mundo.

Ved, ved.

Otra opinión respetable sin duda, pero cargada asimismo de brutal subjetividad. Dembélé, que es como un peluche entrañable que lleva seis años (¿o son más?) a la sopa boba en Can Barça. Dembélé, que salvo ocasiones contadísimas en las que muestra su indudable calidad es una rémora financiera de pésimo rendimiento deportivo para la entidad que le paga. Dembélé, cuya indescriptible actuación en la final de Catar aún llevamos en la retina. Ese Dembélé (¿o hay otro?) es el que Xavi llama “el mejor extremo del mundo”.

No cabe duda de que el concepto “el mejor” es siempre discutible, amics. Siempre salvo cuando te refieras a Rafa Nadal. Ahí la subjetividad adquiere ciertos caracteres científicos. As y Marca nos traen a Rafa, lo que supone un modo idóneo de cerrar la sección por hoy, y de hacerlo con los mejores deseos navideños.

Pasad un buen día.

Buenos días, amigos. Como cada año, hoy se celebra el sorteo de la Lotería de Navidad que, por suerte, no lo organiza la UEFA. Lo que realmente es una lotería es el lugar en el que se nace, hecho sobre el cual no se tiene influencia alguna. En ocasiones se nace en un país civilizado, incluso algunos tienen la suerte de venir al mundo en el seno de alguna familia privilegiada y la vida les resulta más sencilla que al resto. Sin embargo, el reverso de la moneda es nacer en un país como Irán, si no se es de los que mandan, claro está. Este es el caso de Amir Nasr-Azadani, a quien Marca le dedica su portada.

Amir Nasr-Azadani es un iraní de 26 años que juega al fútbol y lleva más de una semana detenido por defender en su país los derechos de las mujeres y las libertades básicas al apoyar las protestas populares surgidas tras la muerte de Mahsa Amini, kurda de 22 años que fue detenida por llevar mal colocado el velo islámico y mostrar parte del cabello, y que poco después falleció por “causas naturales”, según las autoridades iraníes.

Al joven Amir Nasr-Azadani se le acusa de moharebeh, enemistad con Dios, y de pertenencia a un grupo armado al que se le atribuye la muerte de varios paramilitares de la Guardia Revolucionaria, el cuerpo destinado a salvaguardar a la República Islámica y a sus mandatarios del pueblo al que someten, pero diferentes fuentes sostienen que el detenido no se encontraba ni siquiera en la zona donde se produjeron estos disturbios. Según IranWire, Amir habría sido condenado a muerte, aunque Masadollah Jafari, presidente del Tribunal Supremo de Isfahán, afirma que todavía no hay veredicto sobre él. Es difícil conocer la realidad porque en Irán no hay transparencia, un velo de vergüenza opaca la información.

Amir no es el único, unos 39 deportistas iraníes se encuentran detenidos por manifestarse a favor de la libertad. El régimen se está ensañando especialmente con este colectivo que sirve de ejemplo a los jóvenes. El patrón se repite: detienen a un joven deportista, se le acusa de un delito y se le condena a muerte en base a una confesión extraída mediante tortura. Así ocurrió con Mohsen Shekari, ejecutado hace unos días. Y con Majid Reza Rahnavard, ahorcado en una grúa en la vía pública.

En su portada, Marca afirma que “no hay nada más importante que esto”, en referencia a la posible ejecución inminente de Amir, y estamos de acuerdo, felicitamos al diario por ello. Sin embargo, tal vez habría sido más oportuno publicar esta primera plana cuando se conoció la condena a muerte del futbolista iraní hace más de una semana. En La Galerna sí nos hicimos eco en este artículo de Francisco Javier Sánchez Palomares el 14 de diciembre, por lo que vosotros ya estáis al tanto desde entonces.

Esta reacción de Marca habría sido más efectiva y valiente cuando se conocieron los hechos, pero entonces nos encontrábamos inmersos en el mundial del oprobio, la muerte y la corrupción, y, por lo que sea, los medios deportivos, no solo Marca, no estaban por la labor de publicar noticias incómodas para el desarrollo del campeonato. Los propios compañeros de profesión que más peso mediático tienen tampoco alzaron la voz para defender al iraní. Es todo de una podredumbre y cobardía que enerva.

Como dice Marca (ahora), no hay nada más importante que esto, ni siquiera el posible fichaje de Bellingham por el Real Madrid, que es la noticia principal de As, que no hace mención a Amir.

Este diario sostiene que el inglés prefiere al Madrid, quien tendría como plan B a Enzo Fernández y como tercera opción a Locatelli.

Sport tampoco informa sobre el futbolista condenado a muerte y se centra en Messi. Recordemos para los despistados que el argentino hace tiempo que no milita en el Fútbol Club Barcelona. Dicen que Laporta insiste en su sueño de recuperar al crack argentino, pero que Al-Khelaïfi está a punto de cerrar su renovación. Para la economía del Barça es más saludable que Jan siga abrazando maniquíes.

En el faldón, Iniesta declara: “Veo movimientos y gestos míos en Pedri”. No sabíamos que el bueno de Andrés era también un friolero.

Mundo Deportivo también da protagonismo a Laporta con un titular jocoso: “Prioridad Liga”. Escrito así literalmente. Como explicarlo, presidente Laporta, no es que sea prioridad, es que no tenéis otra cosa medio decente que ganar. La Liga es el segundo premio, el resto es la pedrea.

Terminamos por hoy. Felicitamos a los ganadores de la lotería de Navidad ya que podrán pagar la luz y el gas sin recurrir a las palancas.

Pasad un buen día.

Karim Benzema cumplió 35 años el pasado 19 de diciembre y se autorregaló su despedida como jugador de la selección nacional francesa.

Una decisión, sin duda, más que meditada y cuyo anuncio no fue casual, ya que se produjo, a través de sus redes sociales, apenas veinte horas después de la derrota de su selección en el infame mundial de Qatar.

Acaso se olía (o tenía convicción) Benzema que Didier Deschamps iba a seguir como seleccionador galo, tapando una vez más la posible llegada al puesto de Zinedine Zidane; acaso puede que también su nivel de hartura o hartazgo sobre su figura en torno al equipo del gallo ya habría sobrepasado cualquier límite aceptable para él.

Extraño caso el de Karim con su selección, sobre todo comparándolo con su impecable trayectoria en el Real Madrid, donde ha disputado 617 partidos, anotando 329 goles y regalando 160 asistencias, con cero polémicas en trece temporadas y media (apenas seis tarjetas amarillas, una cada dos temporadas, y sin haber sido expulsado jamás, tampoco en el Olympique de Lyon ni en su selección nacional).

Precisamente, nada más producirse el parón de la Liga por el mundial de Qatar, Benzema se dio un baño de masas en el estadio Parc OIympique Lyonnais (o Groupama Stadium), de Lyon, totalmente abarrotado, ofreciendo al público del club de sus inicios (y de su población de origen) su reciente Ballon d’Or conquistado por goleada unas semanas antes.

Se da la enorme paradoja que hay entre la adoración que le profesan en Lyon y en muchos rincones de Francia, siendo el ídolo de cientos de miles de jóvenes de origen magrebí o del resto del continente africano, y su siempre polémica presencia en la selección de Francia, empezando por su no inclusión por parte de Raymond Domenech en la lista definitiva que fue en 2010 a Sudáfrica, supuestamente por su mediocre rendimiento en su primera temporada como jugador del Real Madrid (intervino en treinta y tres partidos, anotando nueve goles y seis asistencias), y eso a pesar de haber debutado en la absoluta en 2007, a sus diecinueve años, y tras haber preferido jugar con Francia antes que con la selección argelina, origen de sus padres.

La historia de Karim como “bleu” nunca fue demasiado exitosa. Sus pasos por las Eurocopas de 2008 y 2012 (en esta última, ya a las órdenes de Laurent Blanc) fueron sin pena ni gloria, y en 2014, recién proclamado campeón de Europa con el Madrid, Deschamps lo incorporó a la lista de los veintitrés elegidos para el Mundial de Brasil como una de las figuras estelares de su selección. Allí fue sin duda uno de los mejores, con tres goles marcados en cinco partidos, que llevaron a Francia hasta los cuartos de final, en donde la Alemania liderada por Toni Kroos dio buena cuenta de los galos.

Ya por entonces era el delantero centro indiscutible del cuadro merengue, tras haber superado, siempre sin rechistar y sin un solo reproche ni una sola mueca, la competencia con el Pipa Higuaín (con algún episodio célebre como el de la comparación que hizo Mourinho de Karim con un gato, apodo en su origen despectivo, pero que ya hoy en día está plenamente aceptado y adoptado por el propio Benzema), y con temporadas más que notables, con cincuenta partidos y unos veinticinco goles de promedio (con un máximo de treinta y dos tantos en la inolvidable temporada de los récords, la 2011-2012), además de haberse convertido en un impagable socio de Cristiano Ronaldo, que ya se hinchaba a marcar goles gracias en buena parte al trabajo y a la magia de Karim.

Cristiano Ronaldo Benzema Real Madrid Liverpool

Hasta el mes de diciembre de 2015, todo sonreía para Benzema en su selección, ya que con veintiocho años ya había jugado en ochenta y una ocasiones en ella, con veintisiete goles aportados más dieciocho asistencias, cifras algo inferiores a las que accedía vestido de blanco, pero bastante notables, jugando en punta muchas veces junto a Griezmann y a Giroud. El 11 de dicho mes, Benzema fue oficialmente apartado de la selección por el llamado “affaire Valbuena”, hasta que el juez decidiera su resolución.

A partir de ese momento, hubo una auténtica cacería mediática por parte no solo del seleccionador, sino también del presidente de la FFF, Noël le Graët, y llegó incluso a instancias gubernamentales, con declaraciones fuera de lugar de ministros e incluso filtraciones desde la Presidencia de la República, que demonizaron al delantero lyonnais bastantes meses antes de producirse el juicio, dando por supuesta la culpabilidad de Benzema y, en consecuencia, su destierro más absoluto del entorno de los “bleus”.

Debieron de ser aquellos unos momentos muy duros para el francés, que, no obstante, y de forma inmediata, recibió por parte del Real Madrid (a base de comunicados oficiales y en las redes sociales), un apoyo incondicional. Benzema, al menos de puertas afuera, jamás se quejó ni se lamentó por aquellos feroces ataques desde el mismo centro del establishment de la República Francesa.

Se centró más que nunca en su equipo y, con la ayuda inestimable de Zinedine Zidane entre otros, pudo jugar y entrenar única y exclusivamente para el club que le pagaba: fueron los años inolvidables de las tres Champions logradas consecutivamente. Lo cierto es que bajó algo su producción en forma de goles y asistencias (en particular, en su año valle 2017-2018, donde fue muy criticado al aportar tan solo doce goles y once asistencias, si bien, por ejemplo, fue decisivo en los dos partidos de semifinales ante el Bayern o abriendo el marcador en Kiev ante el Liverpool, en el partido que supuso traer la Decimotercera), con respecto a temporadas anteriores. Todavía, durante ese trienio glorioso, y en particular en la 2016-2017, Benzema tuvo que aguantar muchas tardes en el Bernabéu de silbidos, de murmullos y run-run, con cientos de piperos reclamando la titularidad de Álvaro Morata (uno de los líderes de aquella famosa “segunda unidad” de Zidane) en lugar del galo. Como siempre, Benzema contestó con su silencio, con su trabajo y jamás se le vio una sola mala cara ni un gesto de tristeza ni de desdén.

hubo una auténtica cacería  por parte no solo del seleccionador, sino también del presidente de la FFF, Noël le Graët, y llegó incluso a instancias gubernamentales, con declaraciones fuera de lugar de ministros e incluso filtraciones desde la Presidencia de la República, que demonizaron al delantero lyonnais bastantes meses antes de producirse el juicio, dando por supuesta la culpabilidad de Benzema y, en consecuencia, su destierro más absoluto del entorno de los “bleus”

El tren de la selección había partido de la estación, y Karim se perdió, mientras tanto, la Eurocopa de 2016, disputada en Francia (en la que los anfitriones perdieron la final ante la Portugal de Cristiano), y, sobre todo, el Mundial de Rusia 2018, en el que sin duda Didier Deschamps pudo sacar pecho al ganar la Copa del Mundo, con una selección de titanes físicos (Pogba, Kanté, Matuidi) y con Griezmann y Mbappé como matadores. Deschamps y muchos medios franceses presumieron de no haber tenido que volver a llamar a Benzema, por aquel entonces ya cuádruple campeón de Europa de clubes (más que ningún francés, tan solo empatado con Varane), y titular indiscutible en las 4 ocasiones. Es más, sacaron pecho por haber logrado su segunda estrella mundial con Olivier Giroud de titular, un ariete que no marcó ni un solo gol en tierras rusas.

Llegó el final terrible de la primavera de 2018 para el madridismo, con los adioses dolorosos de Cristiano, en primer lugar, y de Zidane, unos días más tarde. Todo el mundo pensaba que llegaba por fin el momento de que Gareth Bale tomase el liderato del grupo, habiendo estado a la sombra (con grandes cifras y, sobre todo, actuaciones memorables en partidos decisivos) de CR7 durante cinco años. Todos sabemos que no fue así. Y, aunque la temporada 2018-2019 fue quizás la peor que recuerdan los madridistas en décadas, fue Karim Benzema el que dio un paso al frente, y acabó con cifras de sus mejores momentos, logrando treinta goles en cincuenta y tres partidos, que contribuyeron enormemente a que el descarrilamiento del equipo no fuese de aúpa, y al menos se pudo garantizar la tercera plaza en la competición liguera, tras sendas debacles en Copa del Rey ante el Barcelona y, sobre todo, ante el Ajax en Copa de Europa.

Desde entonces, el fútbol y el liderato en el campo han sido los dominios de Benzema, cuya contribución en “la liga de la pandemia” fue decisiva, hasta la increíble temporada 2021-2022, con la enormidad de haber anotado cuarenta goles en cuarenta y seis partidos, aderezados con sus quince valiosas asistencias. El Balón de Oro más merecido en años se lo entregaron en octubre, hace un par de meses.

Pero antes, en mayo de 2021, había obtenido el perdón de las autoridades futbolísticas francesas. Seguramente, Le Graët y Deschamps, pese a que Benzema fue reconocido culpable de complicidad en el caso Valbuena, pensaron que las cifras de Benzema en el Madrid, su talento inconmensurable y su capacidad de liderazgo iban a ser muy necesarios para afrontar la Eurocopa de 2021 (ya que en 2020 no se pudo disputar por el COVID). Convocatoria pues, cinco años y medio después, cuando la mayoría de los madridistas habíamos podido disfrutar en exclusiva (y con los descansos correspondientes en los malditos “parones de selecciones”) del fútbol de Karim, que vivía una segunda juventud a sus treinta y tres años largos, lejos de los deterioros físicos de futbolistas contemporáneos, que acumulaban temporadas de sesenta partidos por su participación también con sus selecciones.

Pareció entonces que Benzema volvía a conseguir el cariño de casi todos los franceses (una buena parte de ellos siempre le dio la espalda, por motivos políticos, sociológicos, raciales o, simplemente, por no tararear “La Marsellesa” al principio de los partidos) por su actuación en la Eurocopa 2021, en la que fue con diferencia el mejor de los suyos (con sendos dobletes ante Portugal y ante Suiza), pero cuya actuación no fue suficiente, ya que Francia cayó por penaltis ante los helvéticos, en octavos de final. Meses después, volvió a ser la figura indiscutible durante la Nations League, en la que por fin consiguió un título de selecciones, con goles decisivos ante Bélgica en semifinal y ante España en la final.

Benzema y Mbappé con Francia

Fueron meses en los que diarios como L’Equipe empezaron a sacar pecho por él, reconociendo su inmensa calidad y relamiéndose de cara al mundial de Qatar 2022. En varias encuestas de entonces, su presencia en l’Equipe de France se votaba con una enorme aceptación mayoritaria. Además, se percibía una enorme complicidad y cariño entre Benzema y Mbappé, posiblemente los dos2 mejores jugadores del mundo a finales de 2021.

No se sabe cómo empezó a romperse de nuevo el idilio entre Benzema y su selección nacional. Puede que hubiese un ataque de celos por parte de Mbappé cuando el Real Madrid pasó por encima del PSG en el estadio Santiago Bernabéu en el mes de marzo de 2022, lo que supuso el punto final de los parisinos en su camino hacia la Copa de Europa, que jamás han conseguido. Mbappé hizo de todo, y todo bien, en la eliminatoria ante el Madrid, tanto en el Parque de los Príncipes como en el Bernabéu y, sin embargo (como en la reciente final de la Copa del Mundo en Qatar, ante Argentina), quedó fuera de la competición.

También puede que se rompiese algo entre la pareja Karim-Kylian una semana antes de la final de la Champions, el 21 de mayo, cuando Mbappé anunció su renovación por el PSG, traicionando al Real Madrid, faltando a su palabra con Florentino Pérez. Puede que Benzema se sintiese dolido incluso en mayor medida que la mayoría del madridismo, por la particular relación de amistad que había entre ambos jugadores.

La vendetta, ya bien de Deschamps, o de Lloris, o de Griezmann, o de Mbappé, o del propio Giroud, que veía sin duda peligrar el papel protagonista que sí que lució en Rusia 2018, o bien de todos a la vez, en una versión a la francesa de la magna obra de Lope de Vega, Fuenteovejuna (Fontaine des Moutons, podría ser la traducción), estaba a punto de cocinarse

También se dice que, cuando se incorporó Karim a su selección, tras conquistar la Decimocuarta en Saint Denis, Deschamps pidió al resto de seleccionados un aplauso para el lionés y – según se ve claramente en un vídeo redifundido recientemente – el capitán Hugo Lloris y el colchonero Antoine Griezmann, ambos pesos pesados del vestuario bleu, pusieron “caritas”, mostrando poco respeto y aún menos ganas de felicitar al quíntuple ganador de la Champions.

Más cosas sucedieron después del verano. Pese a que Benzema iba a ser teóricamente indiscutible titular en Qatar, se dice – y conociendo al personajillo mediocre de Deschamps, es más que probable – que el seleccionador francés se molestó (o se rebotó, o se rebrincó) porque Benzema no se acordó de él a la hora de recibir el Balón de Oro en París, en el mes de octubre. Es creíble, dada la catadura moral del elemento en cuestión. Todos sabemos que el Balón de Oro fue conquistado en un 99% por los méritos adquiridos vistiendo la elástica merengue.

Karim padeció varias lesiones durante los meses de septiembre y de octubre, sufriendo incluso críticas de bastantes madridistas (que sin duda no recordaban el absoluto e innegable compromiso con su club en todas las ocasiones durante más de trece años, y su dedo meñique derecho semi destrozado da buena fe de ello) porque pensaban que se estaba reservando única y exclusivamente para lo de Qatar.

La vendetta, ya bien de Deschamps, o de Lloris, o de Griezmann, o de Mbappé, o del propio Giroud, que veía sin duda peligrar el papel protagonista que sí que lució en Rusia 2018, o bien de todos a la vez, en una versión a la francesa de la magna obra de Lope de Vega, Fuenteovejuna (Fontaine des Moutons, podría ser la traducción), estaba a punto de cocinarse.

Tan solo faltaba encontrar una pequeña excusa, un ligero motivo para “limpiar” a Benzema de la concentración. Y el día llegó: unas molestias de Karim, una microrrotura, un diagnóstico quién sabe si precipitado por parte del médico francés, Frank Le Gall. Muy grave desde luego no debía de ser ya que, como se ha visto posteriormente, nuestro ariete al cabo de pocos días entrenaba con cierta normalidad, e incluso jugó un amistoso contra el Leganés, mientras su selección aún no había jugado los cuartos de final ante Inglaterra.

Las respuestas agrias, ácidas y con su particular punto de “mala uva” francesa (recuerden que este autor es medio francés, y sabe de lo que habla) de Deschamps, antes y después de la semifinal ante Marruecos, y antes de la final contra Argentina, no dejaban lugar a ninguna duda: mostrando cero cariño, cero empatía, cero ganas de volver al asunto, y con ninguna intención de dar explicaciones. Frialdad absoluta, glacial, que recordaba, como una gota de agua se parece a otra, a sus discursos de finales de 2015, cuando Deschamps, apoyado por el capo de la FFF, Le Graët, decidieron enviar al destierro absoluto a Karim Benzema, tal y como hizo el faraón Seti I con Moisés en la película de Cecil B. de Mille.

La grandeur francesa quiso maquillar estos sucesivos desplantes y estas faltas absolutas de educación: Macron lo quiso llevar en su avión presidencial para presenciar la final, junto a glorias del pasado o jugadores descartados por estar lesionados, como Pogba y Kanté. La FFF hizo gestiones al respecto para convencer a nuestro Balón de Oro. La prensa española publicó que el Real Madrid, como no podía ser de otra forma, le daba permiso a su capitán para volar a Doha.

Florentino Benzema

Pero ya eran demasiadas heridas, demasiados desplantes, demasiado dolor, en definitiva. Y demasiado hastío. Karim dijo “hasta aquí hemos llegado”, ya había tenido que aguantar, durante el mundial, lo supuestamente felices y aliviados que estaban en la concentración francesa sin su presencia, según contaban L’Equipe, y Le Parisien y RMC y todos los medios afines al establishment. Benzema volvía a no ser uno de ellos, un apestado, un leproso, un meteco, una molestia, en definitiva. Deschamps quería demostrar que, por segunda vez, podía llevar a su selección a lo más alto, que podía ser el primer seleccionador de la historia en ganar dos títulos consecutivos de campeón del mundo, sin Benzema, con sus ideas, con su Giroud y con su Dembélé.

Y entonces Benzema dijo que no. Que ya bastaba este juego. Y le dijo que no al propio Emmanuel Macron, sí, a aquel mismo que en el mes de mayo pasado estuvo llamando sin parar a Mbappé para que se quedara en el PSG, para que rompiera su palabra, para que destrozase su propio sueño de niño, y todo, supuestamente por “el bien de Francia”. Macron que, como tantos elementos ligados al gobierno francés, tiene encima de él la sombra de la sospecha por favores concedidos y aceptados del régimen qatarí. Al mismísimo presidente de su país. Le dijo que no, que “no estoy interesado”, como expresó en su Twitter de forma indirecta, pocas horas antes de la final. Que con su pan se lo comieran, en definitiva. Tan solo Tchouaméni y Camavinga, fieles a su capitán y a su club, y Marcus Thuram, tuvieron palabras agradables para Benzema.

ya eran demasiadas heridas, demasiados desplantes, demasiado dolor, en definitiva. Y demasiado hastío. Karim dijo “hasta aquí hemos llegado”, ya había tenido que aguantar, durante el mundial, lo supuestamente felices y aliviados que estaban en la concentración francesa sin su presencia, según contaban L’Equipe, y Le Parisien y RMC y todos los medios afines al establishment. Benzema volvía a no ser uno de ellos, un apestado, un leproso, un meteco, una molestia, en definitiva. Deschamps quería demostrar que, por segunda vez, podía llevar a su selección a lo más alto, que podía ser el primer seleccionador de la historia en ganar dos títulos consecutivos de campeón del mundo, sin Benzema, con sus ideas, con su Giroud y con su Dembélé

Y, apenas veinte horas después de la debacle francesa, personalizada en un técnico absurdo y ególatra que, incapaz de aceptar críticas, limpió también de su equipo a Benjamin Pavard, el mejor lateral derecho francés con diferencia (aún se está partiendo de la risa el Fideo Di María cuando recuerda el “marcaje” que le hizo Koundé en la final) y que no trajo a un sustituto para Lucas Hernández, lesionado a los diez minutos del primer partido ante Australia (pudiendo haber llamado a Ferland Mendy, por ejemplo, una muralla casi infranqueable en defensa). Se vio que a su hermano Theo los argentinos le hicieron traje tras traje, y no se atrevió a sustituir a Benzema por otro jugador, cuando tenía un absoluto déficit de centrocampistas, como se vio en la final. Apenas veinte horas después, decíamos, del Waterloo de su selección (ayudado, no lo olvidemos, por un sibilino arbitraje del polaco Marciniak, que se comió entre otras cosas un contraataque francés de 3 contra 1 en una decisión impregnada de prevaricación), Karim Benzema dejó de lado su pastel con treinta y cinco velas y envió, vía redes sociales, su particular respuesta a todo ese desbarajuste, a todo ese descalzaperros, quilombo o lupanar: au revoir, les bleus, mi camino con vosotros, bueno o malo, ya está hecho. Hasta aquí hemos llegado. Y allí os quedáis.

Ya se colmó el vaso y rebosó por todas partes. Sin duda, la leve esperanza que tenía de que fuese Zinedine Zidane el próximo seleccionador se diluyó. Y ya no estaba dispuesto a seguir aguantando los caprichos y los desplantes de Deschamps. Se centrará los últimos años de su carrera allá donde le quieren y donde se siento querido, valorado y apreciado. Gran noticia, en definitiva, para el Real Madrid, que dejará de temblar cada vez que aparezca en el horizonte un parón de selecciones. Enorme, Benzema, una vez más. Dignidad, capitanía y talento descomunal. Un Balón de Oro en todos los sentidos. Y lejos de la toxicidad de Deschamps. No se puede pedir más.

 

 

 

 

Empezaré fuerte. Para mí Messi es el mejor jugador de la historia, pero no ahora tras haber ganado un mundial, sino aproximadamente desde que tiene veintiún años. Sigo fuerte: para mí, solo hay otro jugador que haya dominado al resto de jugadores de esa manera, y son los tres primeros años, al primer nivel, de Ronaldo Nazario, es decir, el primero del Barca y los dos primeros en el Inter. Ahí sí vi a Messi, es decir, ahí sí vi a un tío coger la pelota y tener altas probabilidades de meter gol, que es de lo se trata.

Messi era un jugador tan bueno que incluso hacía que valiera el tiki-taka para ganar ligas. Podría ser un sencillo epitafio de su carrera: "Hizo bueno el tiki-taka".

¿Messi al Camp de nou?

El resto es segundo nivel, y esto solo encumbra más a Cristiano y al Real Madrid. Si ambos han sido capaces de encadenar Champions en la era Messi, eso no hace sino acrecentar su inmenso mérito.

Cristiano es un tío al que la biología no le había dado lo que le ha dado a Messi por mucho que se empeñen muchos en intentarnos engañar. Messi juega muy bien al fútbol pero sin ese físico PERFECTO para este deporte quizá hubiera sido Iniesta, Dybala o Griezzman. Messi es el jugador con más arrancada que hemos visto, con capacidad para cambiar de velocidad y de dirección sin que apenas su cuerpo se resienta. 120 minutos al máximo nivel, que puede dar ahora, fue la final del otro día. Nada más y nada menos.

El Madrid es eso, un club eterno que ha sido capaz de superar a sus cuatro adversarios más temibles en los últimos años: Cruyff, Guardiola, Messi y el relato

Que Cristiano haya aguntado la carrera a Messi en goles, por ejemplo, es una cosa que no se puede explicar cuando ves lo que ha tenido Messi alrededor para lograrlo. Pero Cristiano se empeñó en ser eterno y levantarse cada día con la idea preclara de robarle el fuego a los dioses. Lográndolo casi cada día.

A la comparación entre ambos, añadiré que Messi juega más bonito (puede que haya gente que esto le dé igual y es respetable), ha dado más pases, tiene un Mundial, más Ligas y Copas. De Ronaldo diré que se ha probado en las 3tresligas de referencia mundial y que tiene más Champions, que es el torneo más importante de clubes.

Y en cuanto al Real Madrid, pues qué decir del Real Madrid si hemos soportado a Messi y le hemos ganado. El Madrid es eso, un club eterno que ha sido capaz de superar a sus cuatro adversarios más temibles en los últimos años: Cruyff, Guardiola, Messi y el relato.

El Madrid gana con Karanka-Helguera-Iván Campo de centrales, con todo el respeto, el Madrid gana quedando quinto en Liga, el Madrid gana el año que no pudo venir Mbappé, el Madrid gana cuando Messi está en su prime, el Madrid gana aunque Mbappé le meta cinco goles (3 legales), etc, etc, etc.

Si no nos superó Messi, ¿quién nos va a superar?

¿Messi o Florentino? Este es el debate.

 

 

Terminó el Mundial y, mientras llega el esperado retorno del Real Madrid, continuaremos con el juego de la identificación entre los equipos y las películas. En esta ocasión hablaremos del que muchos consideran el género por excelencia. Nos referimos, obviamente, al wéstern, categoría cinematográfica que aúna toda una variedad de elementos: la exploración del territorio, la construcción de la comunidad, el individualismo, la épica, el mito de la frontera... Hay quien dice, de hecho, que cualquier cinta que trate de estos temas ya puede considerarse un wéstern, sin necesidad de que se halle ambientada en el Oeste estadounidense o siquiera cumplir con la iconografía característica. Sin embargo, en La Galerna hemos intentado remitirnos a ejemplos canónicos. Ahí van.

 

ATLÉTICO DE MADRID – BAILANDO CON LOBOS

“Qué extraña es la vida, intento suicidarme y me convierto en un héroe inmortal”

La historia de un teniente del ejército del Norte durante la Guerra de Secesión que empatiza tanto con los indios hasta llegar a pasarse a su bando permite una identificación prácticamente súbita con el Atleti. La tribu que aparece en el film es descrita como moralmente justa y buena, siguiendo el arquetipo roussoniano del buen salvaje; de tan puros y benévolos casi ni hubiera encajado Indi, la mascota colchonera. Dunbar descubre junto a ellos un nuevo sentido vital, alejado del egoísmo, del deseo de conquista y del patriotismo, valores encarnados en los soldados que pasarán de compañeros a enemigos y a los que solo les falta que algún entusiasta guionista rojiblanco les borde el escudo del Madrid en una versión remasterizada. Si uno pega el oído al altavoz, acaso descubra que Kevin Costner está a punto de murmurar el tópico conocido cuando es torturado: “No lo pueden entender”.

Mi escena predilecta, sin embargo, se produce en los primeros momentos de la película. Se trata de la catártica cabalgada a pecho descubierto de Dunbar frente a los confederados, brazos abiertos en espera del consolador abrazo de la muerte. Que una tentativa de suicidio acabe culminando en una motivación guerrera para sus compañeros y en una victoria insospechada es una genialidad que subraya el impredecible componente azaroso de la realidad. Alguien dirá que el episodio se podría haber equiparado más bien a uno de esos arrebatos conmovedores que finalizan en remontada, tan propios del Bernabéu, y tendrá razón. Aunque estaremos de acuerdo en que el hecho de que el premio a una heroicidad consista en un retiro a un fuerte desierto y perdido en la frontera constituye un rasgo perfecto de puro atleticismo.

 

BARCELONA – DJANGO DESENCADENADO

“-¿Te gusta ser cazarrecompensas?

-¿Matar blancos y que te paguen? ¿Y a quién no?”

Un director talentoso, un reparto plagado de estrellas -Leonardo DiCaprio, Jamie Foxx, Christoph Waltz, Samuel L. Jackson...-, una fotografía cuidada, una sucesión de escenas de acción que impiden que el ritmo de la narración baje demasiado en ningún momento... Sobre el papel tenía todos los ingredientes para convertirse en una de mis favoritas, pero el maniqueísmo impostado de casi todos los personajes destruye cualquier posibilidad de encanto auténtico. Un poco lo que sucede con el relato que trata de exportar el Barça: los buenos son buenísimos y los malos malísimos, así que celebremos con fuegos artificiales cada paliza. Es cierto que el cine de Tarantino siempre ha tenido un regusto comiquero, si bien en esta ocasión no ha sido utilizado para jugar con la escala de grises, sino para establecer compartimentos decepcionantemente estancos.

El culé al que no le convenza este argumento quizá tenga la tentación de hacer chistes alegóricos con esos esclavistas, torpes embriones humorísticos del siniestro KKK, que al fin y al cabo van de blanco. Le aconsejo que lo deje correr, porque podríamos hablar largo y tendido de las teorías frenológicas sobre los cráneos de los negros con que nos obsequia Monsieur Calvin Candie, que guardan ciertas similitudes con determinados discursos deterministas acerca del ADN, la Masía, el estilo como destino y otras zarandajas que tanta buena acogida obtienen en algunas tribunas de prensa. Tengamos la fiesta en paz, disfruten los fans azulgranas con la película y en el Camp Nou, bien está, pero no me obliguen a volver a verla o a celebrar los goles.

 

REAL MADRID – EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE

“Esto es el Oeste, señor. Cuando la leyenda se convierte en un hecho, se imprime la leyenda”

 

Creo que fue Peter Bogdanovich quien dijo esta cinta marcaba el fin del wéstern. Su carácter crepuscular no solo no le impide, a mi juicio, erigirse como la mejor de todo el género, sino que dicha condición incluso facilita el alcance de ese estatus. El paralelismo de algunos de sus personajes con varias de las distintas tribus que componen la afición blanca permite multitud de interpretaciones. Véanse algunos ejemplos. James Stewart es el abogado Ransom Stoddard, símbolo del hombre moderno, sensato, templado, culto y demócrata que llega desde la ciudad del Este al pueblo para traer la civilización. Creyente firme en la ley y el orden, representa a esa parte idealista del madridismo convencida de que la victoria y la corrección son valores tan complementarios como inseparables. Resulta conmovedor su denodado esfuerzo alfabetizador con los habitantes de Shinbone. Por otro lado, John Wayne aparece como Tom Doniphon, alguien escasamente refinado que, desde su buen corazón y su nobleza, está acostumbrado a enfrentarse a los problemas de otra manera, menos preocupada por las formas: criarse en un ambiente brutal forja temperamentos diferentes, más propios de Sergio Ramos que de Butragueño.

Y es que la vida en la comunidad se halla muy lejos de ser idílica. Lee Marvin interpreta a Liberty Valance, un forajido sin escrúpulos que hostiga con su banda a parte de la población. Valance disfruta humillando a Stoddard, al que considera una presa sencilla, como aquel Barça que no tenía remilgos en golpear indiscriminadamente en cada Clásico a un Madrid más débil, encontrando un placer indisimulado en hacerlo. Doniphon quiere intervenir en alguna ocasión, pero el propio Stoddard lo rechaza, convencido de poder resolver las cosas de forma pacífica. Hasta que llega el duelo con revólver, cuyo final no desvelaré para que los que no lo conozcan puedan acudir prestos a ver la obra de arte de John Ford. Solo diré que habrá algún antiguo mourinhista que sonreirá complacido, sabedor de que el señorío está muy bien, aunque al final, para hacer una tortilla, inevitablemente hay que romper algún huevo.

Buenos días, amigos. Argentina ha ganado el mundial, no sabemos si os habréis enterado. La cobertura mediática de la victoria y de las celebraciones ha sido tan profusa, tan en tiempo real, que nos preguntamos cómo habría sido de haber ganado España, porque es difícil una mayor implicación de la prensa en un triunfo de una selección.

Sí, puede haber sido excesiva la atención de los medios españoles, pero al menos todas las imágenes que nos han llegado han sido del más exquisito gusto. El Dibu, que es el portero argentino del guante de oro y el pene de guante, hizo gestos obscenos al recoger su premio individual, revelando una clase que ni el Medusa el día de su salida del penal de San Quintín. El Kun Agüero se ha metido con Camavinga, que pasaba por allí, haciéndole “una joda” tan sofisticada y madura como la del perro Mistetas. Por último, el Dibu ha vuelto a aparecer, en el autobús del equipo, en medio de la vorágine bonaerense, portando un muñeco con la cara de Mbappé. Cualquier bebé de la edad que a Mbappé se le supone en esa chanza he recibido en su vida más lecciones de saber estar que el Dibu, y se le ha desarrollado más el cerebro. Messi, compañero de equipo de Mbappé, le reía la gracia a su lado.

Esta es la letra pequeña, amigos, pero el plano largo no resulta mucho más favorecedor.

Los chicos de Marca parecen encantados con el recibimiento de los porteños a los campeones, y casi se lanzan con el lunfardo titulando. “¡Qué locura, muchachos!”, sueltan, haciendo caso omiso de que la locura fue literal, y que el desatino colectivo provocó incidentes de extrema gravedad de los que las redes sociales han dejado testimonios claros y en muchos casos estremecedores: vandalismo con el mobiliario urbano, asaltos de escaparates, palizas generalizadas y tiroteos (sí, tiroteos). Dos fanáticos de los hombres de Scaloni se lanzaron desde un puente hacia el autobús abierto, con la intención de aterrizar entre los jugadores y ante las risas de estos. Uno de ellos lo logró; no sabemos si ha sobrevivido el otro.

Desde La Galerna repudiamos no sólo la demencia absoluta de estas celebraciones, sino la dulcificación de las mismas por parte de los medios. Rechazamos no ya el blanqueamiento de estos espantos (ver Marca, que los ignora), sino sobre todo la continua idealización de todo lo que los precede y causa, el entendimiento del fútbol como pasión literalmente sin límites en virtud de su procedencia geográfica, que suponemos se considera más “auténtica” o “pintoresca” y por tanto homologable.

Nos van a perdonar, pero nos quedamos con el fútbol sociológicamente aburrido que se estila en Europa.

Mundo Deportivo, al menos, tiene el detalle de hacer constar el asunto como una dualidad: delirio y caos. Hace hincapié en la gravedad de los incidentes, que es lo que haría cualquiera que estuviera interesado en que no se repitan.

Lo demás, amigos, son vueltas de tuerca a la vuelta del Barça y repasos a la (excelente) gala de As.

Pasad un buen día.

 

 

 

A continuación van una serie de pensamientos deslavazados sobre el modo en que el recién concluido mundial puede influir en todo lo que va a acontecer en el postmundial.

Mbappé vuelve a estar a tiro

De los dos juguetes del emir (Messi y Mbappé) ha sido Messi quien se ha llevado el título, y no sin razones (declaraciones del propio emir, arbitrajes tendenciosos en cada eliminatoria) para pensar que había un favoritismo entre los dos, y que se han usado todos los resortes para hacer valer dicho favoritisme. Los aparatosos gestos con que Kylian se sacudía los arrumacos de consuelo de Macron al término de los penaltis indican que eso es justo lo que Mbappé piensa. Se siente traicionado y se arrepiente de haber hecho caso de las vacuas promesas del emir y del propio Macron. Le prometieron que sería la estrella del PSG y del Mundial, que los que mandan cancelarían la preponderancia del argentino en ambas instancias, y ahora se encuentra con el escenario opuesto. Si el Madrid quiere a Mbappé (repito: SI LO QUIERE), el escenario vuelve a ser favorable. De hecho, ya se rumorea que habrá una próxima renovación de Lionel por el PSG, lo que incrementará sin duda la ira y la frustración del francés.

Ay, Kylian… Eso el Madrid lo gana

 

Village Green Preservation Society

Benzema deja la selección francesa tras ser humillado por Deschamps. Lo mandaron para casa por una lesión que no le habría impedido jugar los últimos partidos del campeonato. Es respetable que el técnico se sintiera más cómodo con un bloque sin Karim, pero entonces ¿por qué se le llama de vuelta cuando lo más fácil era ya proseguir con el boicot institucional que lo dejó marcado tanto tiempo? No hay individuo más inepto e impresentable que Deschamps en el fútbol de élite internacional, y quien no tenga suficiente con lo que ha hecho con Benzema para sacar tal conclusión que vea cómo revivió Francia en la final con la entrada de Camavinga y en qué ostracismo lo tuvo sumido su seleccionador. Ambos se sentirán aliviados al perder de vista a semejante papanatas, reconfortados con la vuelta a casa, y eso beneficiará su rendimiento, en particular el del delantero. Tras ser vilipendiados y expulsados de Estados Unidos en su primera gira americana, los Kinks se concentraron en la devoción por su Inglaterra natal como tema para el siguiente y extraordinario disco. Karim es francés, pero el Madrid es su Village Green Preservation Society.

 

La hora de Tchouaméni

Otro maltratado en el mundial, aunque en este caso por las redes sociales, ha sido Tchouaméni, que se ha visto obligado a bloquear los comentarios de sus cuentas de Twitter e Instagram por el torrente de insultos racistas recibidos a cuenta del fallo de su penalti en la tanda de la final. Mucho hijo de perra xenófobo sigue por ahí campando por sus respetos. Habrá que ver el peso que está situación pudiera tener en su confianza a la hora de su vuelta al Madrid, y lo mismo cabría decirse de Rodrygo, otro joven que también falló una pena máxima decisiva con su equipo nacional. Lo de Aurelien resultó especialmente lesivo, por cuanto supuso coronar con una pifia un mundial por lo demás extraordinario que le sitúa por derecho propio como el mejor centrocampista defensivo del planeta en la actualidad. Lo normal es que ni el fallo ni los insultos mermen su autoestima, pero solo el tiempo lo dirá.

Tchouaméni Francia Inglaterra

 

Pedri y Gavi no son Xavi e Iniesta

La vuelta a los terrenos de juego del Barça estará marcada por la alegría por el éxito de Messi tanto como por el chasco de recordar que en realidad Messi ya no juega en el Barça. Quienes sí que juegan de blaugrana son una serie de futbolistas jóvenes de indudable calidad que sin embargo se vuelven de Catar con la tarea de asumir que esa calidad no es en realidad ilimitada, como la prensa les había hecho creer de forma artificial. Salvo que tengan una madurez impropia de su edad -y hay muchos detalles que hacen pensar que no la tienen-, se enfrentan a un proceso de readaptación a la realidad que les será difícil, y que puede repercutir en el rendimiento de su equipo. No sabemos si es peor para el Barça que Pedri y Gavi no sean en realidad Xavi e Iniesta o que ahora les toque asumir que no lo son. Son jugadores de Europa League y de octavos de final (y gracias) de un mundial.

Pedri Cola Cao

 

Saldo benigno

El mundial ha sido más benévolo para el Madrid lo que inicialmente cabía temer. No ha habido lesionados, ni siquiera leves. La cortedad de miras de tipos como Teté o el mencionado Deschamps ha devuelto a Benzema sin la menor carga de minutos y a Rodrygo y Camavinga muy poco desgastados. La pronta eliminación de Uruguay debería devolver un Valverde relativamente fresco. Lo de Courtois y Hazard no importa demasiado porque uno es portero (escaso desgaste físico por tanto) y el otro apenas cuenta. Carvajal no se ha lesionado. El único que puede mover a un amago de preocupación es Modric, pero su avanzada edad y los muchos minutos acumulados en las piernas no deberían inquietarnos demasiado. El croata, al fin y al cabo y como Sinatra, es young at heart.

En 1470, el pintor belga Hugo van der Goes, pintó el cuadro ‘La adoración de los Reyes’, también llamado ‘Retablo de Monforte’. Se cree que hacia 1558 fue adquirido en un viaje a Flandes por el cardenal Rodrigo de Castro, fundador del Colegio de Nuestra Señora de la Antigua en Monforte de Lemos. De Castro falleció en 1600 y dejó en herencia al colegio creado por él esta obra con la condición de que no se vendiera nunca. Por entonces, los jesuitas regentaban el colegio y mantuvieron mucho tiempo guardado el cuadro sin que se supiese el valor que entrañaba.

No fue hasta finales del siglo XIX cuando la obra llamó la atención de los expertos que desconocían la autoría. En un principio se pensó que era una obra perdida de Rubens, pero en 1909 se atribuyó al pintor flamenco tras la opinión de varios expertos nacionales e internacionales. Un año después salió a subasta por 1.262.800 pesetas (una fortuna en la época) con el objetivo por parte de la orden escolapia y la Casa de Alba (heredera del Condado de Lemos) de destinar ese dinero a finalizar las obras del colegio. La noticia supuso un ultraje para los vecinos de Monforte y llegó con fuerza al resto del país, llegando a ser debatido en las Cortes por el primer ministro Canalejas o los ministros Burell y Figueroa (conde de Romanones).

Colegio Nuestra Señora de la Antigua, Monforte de Lemos, 1913

Colegio Nuestra Señora de la Antigua de Monforte de Lemos, 1913

La indignación y el alboroto por la venta duraron casi tres años y en 1913 la Asociación de Pintores y Escultores puso en marcha una suscripción pública para recaudar fondos, comprar el cuadro e impedir que se marchara al Museo Nacional de Berlín que había firmado un compromiso de compra. Algunos donantes fueron los pintores Ignacio Zuloaga y Joaquín Sorolla, el escultor Mariano Benlliure, el filólogo Ramón Menéndez Pidal o la escritora Emilia Pardo Bazán. El fútbol también se sumó a la causa y en Madrid se organizó un partido benéfico.

La indignación y el alboroto por la venta del cuadro duraron casi tres años y en 1913 la Asociación de Pintores y Escultores puso en marcha una suscripción pública para recaudar fondos, comprar el cuadro e impedir que se marchara al Museo Nacional de Berlín

En el periódico ‘La Correspondencia de España’ del día 10 de abril de 1913 se pudo leer una breve nota en la que se decía que “en el domicilio de la Sociedad Gimnástica Española se reunieron los señores Ruete, López, Bourbón y Kindelán, en representación de los clubs Athletic madrileño, Español de Madrid, Madrid FC y Gimnástica”. El motivo de la reunión era para tratar de jugar un partido “cuyos ingresos se dediquen a engrosar la suscripción iniciada para adquirir el cuadro ‘La adoración de los Reyes, de Van der Goes”. El partido será “el día 20, en el campo del Athletic, y en el lucharán el Madrid y el Español, contra el Athletic y la Gimnástica”.

El campo del Tiro del Pichón de El Retiro, fue el elegido por ser el de mayor capacidad por entonces en la capital. Además, quedaron suprimidas las entradas de favor a los jugadores que igualmente tuvieron que pagar por comprarlas. Los precios fluctuaron entre los 0,75 céntimos por una entrada general, 1 peseta por delantera de general y 1,50 pesetas por la localidad en preferencia. Según la crónica de Mundo Deportivo “el público no acudió como otras veces a presenciar el partido, siendo la entrada regular”.

Campo de tiro El Pichón de El Retiro

Campo de tiro del Pichón

El Madrid FC y el Español de Madrid combinaron a sus jugadores y salieron con un uniforme gris. La alineación fue la siguiente: Somoza; Marcelo Bernabéu, Álvarez; Eulogio Aranguren, Machimbarrena, Fortunate; Armando Giralt, Saura, Neira, Vicente Álvarez-Buylla; Rodríguez. Por el otro lado, Athletic y Gimnástica formaron coalición y su uniforme era totalmente azul. Su once lo integraron Clavet; Roca, Pérez; Quintana, Kindelán, Mandiola; Aspe, Belaunde, Caruncho, Espinosa; Arango. El árbitro de la contienda fue el Sr. Aranguren (Sotero).

El partido estuvo muy igualado pero a partir del minuto 20 el dominio del Athletic-Gimnástica desembocó en un gol de Aspe. El Madrid-Español reaccionó y tuvo varias oportunidades, pero se topó con un gran Clavet en el marco del equipo azul. En la segunda mitad, Armando Giralt disparó al poste y ahí se terminaron las opciones del conjunto gris de igualar el choque que finalizó 1-0. Por la mañana, jugaron también los segundos equipos del Madrid FC y la Gimnástica, venciendo los blancos por 5-3.

Madrid FC, 1913

En la crónica de ABC se nombró como los mejores del conjunto azul a “Clavet, que paró con vista y serenidad, y Pérez, sobre todo en la segunda parte, que defendió muy bien; los medios Kindelán y Quintana, muy trabajadores y la línea de delanteros, que fue lo mejor, y en la que se distinguió Caruncho, siguiéndole Aspe y Belaunde”. Mientras que en el cuadro gris destacaron “Somoza, que paró bien pero algo nervioso, Álvarez en la primera parte, y Bernabéu en la segunda, defendieron lo indecible; los medios Eulogio Aranguren, que fue lo mejor del equipo, y que en la segunda parte estuvo colosal. En el ataque, Saura pasó y avanzó muy bien. Giralt tuvo muy poco juego; pero el poco que tuvo lo hizo muy bueno”.

Athletic Madrileño y Gimnástica, 1913

Athletic Madrileño y Gimnástica, 1913

La recaudación total del partido fue de 586,62 pesetas. El dinero fue a parar a la Comisión encargada de recaudar todos los fondos que tiempo después informó que solo reunieron 76.000 pesetas en todo el país. La escasa repercusión de la campaña motivó la crítica de Azorín: “Toda España puesta en conmoción, atronada a gritos, ¿no puede dar más que estas pesetas, en un asunto de honor nacional, como se ha dicho?”.

El 18 de diciembre de 1913 y de noche, un carro de bueyes llevó el cuadro embalado en una gran caja de madera a la estación de ferrocarril de Monforte. El día 20 embarcó en el tren Cap Vilano que tenía como destino Hamburgo. Finalmente el cuadro fue vendido a Alemania por 1.200.000 pesetas que se gastaron en buena parte en las obras ulteriores del colegio que culminaron en 1919. En la actualidad, en un mercado tan difícil de calcular como el del arte, la cifra aproximada de su valor se estima en más de 50 millones de euros. La obra de arte sobrevivió al bombardeo de Berlín durante la II Guerra Mundial y se encuentra en la Gemäldegalerie de la capital germana.

Buenos días. Benzema vuelve a casa, de manera definitiva, por Navidad, como El Almendro. Porque la casa deportiva real de Karim es el Real Madrid, donde se le quiere y se le valora como merece, a diferencia de la selección francesa, que siempre fue esa visita que se realiza con buen ánimo pero incomoda al anfitrión. Bien sea por inquina propia o por órdenes superiores, Deschamps se ha empeñado durante los últimos años en zarandear a Karim cada vez que trepaba ilusionado como un niño al árbol del combinado nacional. Hasta que el aguante y la edad han empujado a que el Balón de Oro anunciara ayer que deja Les Bleus, como informan Marca y As en sendos recuadritos informativos. Podríamos decir que es otra consecuencia de ser Deschamps, valiéndonos del título del artículo de Fantantonio que hemos publicado hoy.

Portada Marca Portada As

Ambos diarios se ven obligados a portadas de aliño ante el páramo de ilusión real de la actualidad deportiva, especialmente futbolística. Marca aprovecha el hueco para dar visibilidad a su gala del deporte femenino. Enhorabuena a las premiadas. Y As, junto a la publicidad, anuncia que hoy es su gala, por lo que mañana tendremos una portada maravillosa rebosante de interés para los madridistas (?). Y, con cuatro datos, o menos, de Messi y Mbappé y una foto, As arma un frontispicio que dura en la memoria apenas unos segundos.

El mismo tiempo de capacidad de vigencia memorística que debe de poseer quien haya escrito la frase: “Messi y Mbappé hacen historia en la mejor final del Mundial que se recuerda”. Por decir una a bote pronto, se nos ocurre la final de México 70, aquella de la exhibición coral de Brasil e individual de Pelé, entre otros compañeros. Argentina y Francia nos regalaron 80 minutos de sopor antes de que Mbappé despertase de la siesta y prolongase la final, que a partir de ese momento sí tuvo interés, sobre todo para quien le interesase una final de un mundial de estas características.

Más allá de los méritos deportivos de Argentina, el mundial desprendió un tufo (otro más) desde su inicio que indicaba que el torneo se cocinaba a favor de la albiceleste a mayor gloria de Messi. Del mismo modo que se celebraron las Copas Américas que hicieron falta, tocase o no, hasta que Leo la ganó. Así se las ponían a Fernando VII. El Madrid mientras tanto se dedicó a ganar Champions superando a los equipos de los jeques y estados absolutistas que adoran a Messi y dominan la economía energética y futbolística.

Pero la hipérbole onanística no termina con la afirmación de As de que fue la mejor final que se recuerda, sino que apenas comienza. Mundo Deportivo va otro paso más allá.

Portada Mundo Deportivo

“Su antológica exhibición en Qatar le consagra como nº 1 del planeta fútbol sin discusión”. Se refieren por supuesto a Cuccittini, de nombre Lionel Andrés y de primer apellido Messi. “Antológica exhibición”, dicen. Que Messi ha hecho un buen mundial es innegable, pero no todo lo bueno alcanza la excelencia, y durante el torneo el argentino no ha realizado ninguna “antológica exhibición”.

Señores de Mundo Deportivo, ya que afirman que Messi se consagra como nº 1 del planeta fútbol, si ustedes gestionasen un gran club europeo y su objetivo fuese ganar la Champions, ¿sería Messi el fichaje sobre el que erigirían el equipo?

La pregunta es retórica, porque nadie, a excepción de los fanáticos, elegiría a Messi para liderar hoy un proyecto deportivo serio de máxima exigencia.

Vivimos una infantilización del fútbol como nunca había sucedido, y no solo porque Infantino rija los designios del deporte rey. La ampulosidad, la exageración, la grandilocuencia ante cualquier suceso futbolístico es bochornosa. Los panenkitas levantan iglesias en honor a entrenadores pizarra tras vencer 2-0 a un recién ascendido gracias a una variante táctica única en la historia. Los partidos y torneos son asolados por la proliferación de galardones individuales que desnaturalizan la esencia colectiva del fútbol. Las opiniones se generan con high lights sacados de contexto con independencia de su utilidad real. Se crean deidades con la facilidad con que se cuaja una tortilla francesa.

Portada Sport

Sport sigue esta senda e incluye entre los grandes títulos futbolísticos los Juegos Olímpicos. Todos sabemos el peso específico que tienen los Juegos Olímpicos en el fútbol. Mientras tanto y asomándose por una rendija en la parte superior del diario, Lluís Mascaró dice que Messi tiene que volver al Barça como sea. Es enternecedor cómo las víctimas de la ruina económica piden a su verdugo que vuelva, aunque sea por Navidad, para darles la puntilla.

Pasad un buen día.

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