Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, amigos. La obsesión ha alumbrado grandes obras. Hitchcock hizo de ella una forma de mirar en Vértigo. Stephen King la convirtió en una enfermera fanática en Misery. Kubrick la encerró en un hotel nevado con Jack Nicholson pegando hachazos a una puerta y Sting compuso Every Breath You Take.

El fútbol no es ajeno. Hoy tenemos un ejemplo.

De la Fuente declara en Sport que «Lamine tiene la obsesión del Mundial». Si se refiere a ganarlo con España. No siempre ha sido así, de la celebración marroquí a la obsesión mundialista española hay una evolución que el seleccionador actual no dudamos de que aplaudirá por pasión.

La obsesión de Gordon es parecerse a Marcos Llorente, según podemos ver en la portada de Mundo Deportivo. Además, el jugador tiene inquietudes muy diversas como el boxeo, el ajedrez o la equitación. También es un lector ávido, sobre todo de psicología deportiva. El diario catalán no aclara si, como se rumorea, está trabajando en unificar en una teoría coherente la relatividad general de Einstein con la teoría cuántica.

El muchacho, como no podía ser de otra manera, es obsesivo con los detalles y quiere ser el mejor en todo. Llega al club ideal, el FC Barcelona es el número uno en muchos aspectos: pago al vicepresidente arbitral de las competiciones nacionales donde participa, relación simbiótica con organismos e instituciones de todo el mundo, experto en compra de aerófonos, top en inscripciones imposibles y rey de las palancas, por mencionar solo unos ejemplos.

Pero la gran obsesión es otra: la de todos los que llevan años queriendo que el Real Madrid sea menos Real Madrid. Más obediente. Más integrado en el sistema (corrupto). Su deseo es meter al club en cintura, hacerlo más manejable, más de «esto lo arreglamos sin que se entere nadie y apañado».

Quieren un Madrid que no sea un obstáculo para las pretensiones de Tebas, que no mire a la RFEF con desconfianza, que no fiscalice al CTA heredero de Negreira, que no tenga la desvergonzada ocurrencia de comportarse como una potencia independiente.

Riquelme es la persona para lograrlo. A lo Every Breath You Take, cada movimiento de Florentino, cada propuesta, cada gesto, cada solución, todo lo interpreta como una amenaza de venta de club. La palabra es «privatización» porque asusta rápido.

Riquelme y sus compañeros de andanzas actúan como si les diera igual la precisión del argumento, pero también saben que necesitan movilizar al socio si quieren tener alguna opción de servirse del Madrid. Y la mejor manera de movilizar es con eslóganes potentes directos al hígado. ¿Falsos? Qué más les da.

Está jugando la baza de que con Florentino se va a «privatizar» el club y con él no. Es necesario dejar claro que quien puede decidir un cambio de estructura de club son los socios. El resto solo pueden proponer.

Florentino se limita a poner sobre la mesa los retos a los que se enfrenta el Madrid para seguir siendo el número uno. Retos que, de no resolverse, pueden dejar al Madrid fuera de la primera línea. Y a pedir a los socios que decidan. Riquelme, en cambio, no propone nada, decide él por todos los socios y dictamina cómo va a ser el club. ¿Por qué? ¿Oculta algo?

Mientras tanto, va anunciando medidas como la de que Raúl sería director deportivo si él fuera elegido presidente. Raúl puede gustar más o menos como director deportivo, lo que es innegable es que no tiene experiencia como tal. Casualmente, es lo que objetó Riquelme para no compartir la decisión de haber nombrado a Arbeloa entrenador. Coherencia, tampoco.

Debido a la tardanza en el alumbramiento de este portanálisis, nos da tiempo a incluir la respuesta a una de las últimas patrañas de Riquelme, la relativa al voto por correo. La Junta Electoral se ha visto obligada a emitir un comunicado para desmentir las patrañas del candidato Enrique.

Comunicado oficial de la Junta Electoral del Real Madrid.

— Real Madrid C.F. (@realmadrid) June 2, 2026

Pasad un buen día.

El Cantero III, el candidato Riquelme, no para de hablar desde que saltó a la palestra. Es natural: aunque milmillonario, en realidad no lo conocía nadie. Su primera gran entrevista en un medio tradicional fue, naturalmente, en el ABC y a Rubén Cañizares: Florentino se la había dejado botando. Luego se fue a alternar con destacados ultras, de los que ponen en riesgo la integridad de los madridistas en los desplazamientos internacionales, y también ha estado en la COPE.

No ha perdido la oportunidad, tampoco, de aprovechar la circunstancia de que Luis de la Fuente no haya convocado a ningún jugador madridista español para jugar el Mundial para hacer la que más o menos se puede entender como su primera gran promesa electoral: españolizará la primera plantilla, supongo que a golpe de decreto presidencial. Me lo figuro gritando ¡españolícese! a lo Hugo Chávez, proclamando ukases populistas mientras camina rodeado de gente por la calle Padre Damián.

Me figuro a Riquelme gritando ¡españolícese! a lo Hugo Chávez, proclamando ukases populistas mientras camina rodeado de gente por la calle Padre Damián

El candidato Riquelme podría aclarar qué relación tendrá con los ultras, si dejará que vuelvan a campar a sus anchas por el fondo sur del Bernabéu trapicheando con drogas o revendiendo entradas; o también por qué, en lugar de lamentar la ausencia de madridistas en la selección española de fútbol, no recuerda la injusta indiferencia con Brahim o la reiterada e hipócrita aquiescencia con el clan barcelonista que se tiene en la Federación desde la época de Guardiola por el «equilibrio nacional», como lo llama Ángel del Riego.

Aunque es evidente que la carencia de mundialistas madridistas se debe a lo sobrevalorada y mala que es la actual plantilla del Madrid y que ese es el gran debe de la dirección deportiva florentinista en los últimos dos años, Riquelme da donde duele cuando alude a temas como las dudas arquitectónicas que deja la reforma del Bernabéu o cuando recuerda las nefastas palabras del presidente Pérez en aquella asamblea en las que expresaba la necesidad de un Barcelona fuerte.

Este es Antonio Medina Cuadros, el vicepresidente de la junta de Enrique Riquelme, elogiando a Villar, el creador, el protector, el jefe de Negreira. "Tenemos delante al dirigente español más respetado".

El madridismo os va a humillar. pic.twitter.com/KYBzRwX26Y

— La morada RM (@lamoradaRM) May 27, 2026

No obstante, esa aparente firmeza que se promete contra el gran agente corrupto y corruptor del deporte profesional en España casa mal con el hecho de que Antonio Medina Cuadros, el que sería su vicepresidente, se deshiciera presentando a Ángel María Villar, al que describió como «el dirigente del deporte español más respetado y con mayor proyección internacional que hayamos tenido nunca», nada menos que en el año 2013.

Fue en la entrega del bufete Medina Cuadros del Olivo de Oro a Villar en la sede madrileña, sita en el barrio de Salamanca, de un despacho fundado en Jaén por el padre del vicepresidenciable. «Por ser humano sobre todas las cosas», se podía leer en la placa del premio. Villar era por entonces todavía presidente de la Real Federación Española de Fútbol y Medina Cuadros había sido unos años antes secretario de la junta directiva del Madrid, con Calderón: la etapa más siniestra, hace bien Florentino en recordarlo, que se recuerda en la administración del Madrid (poca gente se acordará pero como muestra, bien vale el botón de La Saeta, aquel avión oficial del Madrid presentado a bombo y platillo que terminó transportando armas y mercenarios por las guerras perdidas de África con el escudazo del Madrid en el fuselaje).

Calderón, Villar, Cerezo, Gonzalo Miró

Años después estalló el Caso Soule que a día de hoy sigue pendiente de juicio: en julio del año pasado, la Sala Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional confirmó «los datos objetivos» recopilados durante una instrucción de seis años, «como informes policiales y diligencias de la UCO que constituyen indicios suficientes de administración desleal, corrupción en los negocios, apropiación indebida y falsedad en documento mercantil» durante el período investigado (de 2007 a 2017) y por los que la Fiscalía Anticorrupción pide una condena de 15 años para Villar.

Así que, siendo cándidos, del vicepresidenciable de Riquelme se puede decir, por lo menos, que por más que sea un abogado experto en grandes asesorías (ha trabajado para Telefónica y en el proyecto de Fórmula 1 ECO del yerno de Aznar, a la sazón socio coyuntural en otras empresas con el bolichico Betancourt) está en Babia en lo referente a la tramoya del fútbol español. Que como todo el mundo sabe es el más limpio y pulcro del mundo, éticamente hablando.

El candidato Riquelme podría aclarar qué relación tendrá con los ultras, si dejará que vuelvan a campar a sus anchas por el fondo sur del Bernabéu trapicheando con drogas o revendiendo entradas

Otro de los hombres del (candidato a) presidente es Ángel Martín, dueño del Grupo Menorca y cirujano plástico de la nueva jet set. Amigo íntimo y vecino, se dice, tanto de Casillas como de Miguel Ángel Gil Marín. Implicado, ahora mismo, en un proceso judicial por supuestos delitos de administración desleal, falsedad documental y coacciones a su socio en la taberna taurina La Tienta, ubicada cerca de la plaza de toros de Las Ventas.

Riquelme también se quiere llevar bien con Tebas, el patrón de la liga con más partidos bajo sospecha de biscotto que se recuerda, por lo menos desde la época del calcio con Moggi. Ha dicho que «lo correcto es mantener una relación cordial, formal y constructiva con todas las instituciones y empezar a crear valor para todos los implicados. Ya no se trata de quién tiene razón, sino de conseguir lo que se quiere».

Quizá ese empeño de transacción explique la presencia de Rosauro Varo en la junta directiva del candidato Riquelme. Su mera presencia junto al Cantero III sirve como perfecta prueba del algodón de esta candidatura. Varo es el perejil de todas las salsas, como lo llamaron Quique Alcedo y César Urrutia en un perfil que hicieron de él para El Mundo el año pasado: un príncipe del dinero en la España del siglo XXI. Hace realidad el deseo expresado por Roberto Carlos en aquella canción tan famosa: Rosauro Varo sí que tiene un millón de amigos.

Se podría decir de él que es un auténtico factótum, un fixer de los negocios. Nacido en Sevilla en 1979, encarna el modelo genuino de la élite que sofroniza la democracia española desde su misma concepción: su madre, Juana Amalia Rodríguez Hernández, funcionaria de la Junta de Andalucía, hizo carrera desde el PSOE de Triana como íntima de Susana Díaz hasta el punto de haber sido, en el gobierno autonómico, directora de la Agencia de Defensa de la Competencia, diputada del parlamento andaluz y secretaria general de Turismo. Hace diez años llegó al Congreso de los Diputados como número 2 de la lista del PSOE en Sevilla, nada menos.

El padre de Varo es Rosauro Varo Baena, destacado miembro de un linaje de médicos sevillanos, y su padrastro es Emilio de Llera Suárez-Bárcenas, fiscal en excedencia de la Audiencia de Sevilla durante los gobiernos de Díaz en Andalucía (con quien fungió de consejero de Justicia e Interior). A Llera lo describieron Beatriz Miranda y Chema Rodríguez en una nota de LOC de junio de 2016 como alguien con «estrechas relaciones con jueces y fiscales; conoce a todos en la Justicia sevillana y él mismo se ha jactado de ello en más de una ocasión, pese a las críticas que le han llovido sobre supuestos intentos de presionar o influir en el devenir judicial de los casos de corrupción como los ERE o los cursos de formación. Llera ha actuado casi como escudero de Susana Díaz, parando los golpes de los juzgados y atacando él mismo a jueces y fiscales, especialmente a la magistrada Mercedes Alaya, el gran azote de la presidenta y del PSOE andaluz hasta que abandonó el Juzgado de Instrucción 6 por un despacho en la Audiencia. Alaya fue sustituida por una amiga de Llera, María Núñez Bolaños, con cuyo marido, Julio Guija, también a sueldo de la Junta, queda en un conocido bar sevillano para tomar algo».

si el candidato Riquelme quiere lubricar las relaciones de su Madrid con Federación, Liga y Gobierno (sea el que sea y tenga el color que tenga) no hay un hombre más adecuado que rosauro varo

Su hijastro, Rosauro Varo júnior se sacó Derecho en la Universidad de Sevilla en 1998 y desde entonces su carrera como nepobaby ha sido meteórica. Las malas lenguas dicen que en sus inicios como entrepreneur le vinieron de maravilla los amplios y anchos contactos de su amplia familia aunque él, en la web de su empresa GAT (Grupo Atento Inversiones) se defina como «empresario y emprendedor». Es amigo íntimo de Alonso Aznar, hijo del ex presidente del Gobierno; de Rafael Medina, duque de Feria; de Carlos Torretta, yerno de Amancio Ortega; ex pareja de Cayetana Martínez de Irujo o compadre de Javier Hidalgo, celebérrimo heredero del conglomerado Globalia y nodo de conexión entre los casos Air Europa y de las mascarillas en la trama Koldo.

De la sociedad con Hidalgo le vino a Varo el primer gran pelotazo: Pepephone. La operadora low cost de telefonía formaba parte del imperio de los Hidalgo, Globalia, que la había creado en 2007. En 2012 decidieron gestionarla de forma independiente y así los compadres, Rosauro y Javier, se la quedaron: mitad y mitad. Cinco años después, ambos se la vendieron a MásMóvil por 158 millones, que Varo usó, en parte, para convertirse en accionista de Telefónica. Allí fue, hasta finales del año pasado, vicepresidente de Movistar + y del Consejo Asesor de Telefónica España.

Las similitudes en la trayectoria profesional de Varo con la de Riquelme son interesantes. Iván Redondo, al que alguien le dijo que era el nuevo Maquiavelo y desde entonces se conduce como tal, quiso crear, a semejanza de la élite empresarial que afloró a la sombra del felipismo, su propia beautiful people para Pedro Sánchez. Varo es la quintaesencia de este nuevo dinero. Empezó, con 19 años y en la Sevilla en la que su familia mandaba, disponía y se llevaba la mejor parte, con Vendedores de Ilusiones. Un año después llegó Licores y Copas de Sevilla, Telebotellón, sociedad que estaba tras la discoteca Boss, ubicada en la hermosa calle Betis de Triana, donde yo admito haberme emborrachado en mi época universitaria. Poco después entró en la distribución de móviles con Bosynet, una empresa de franquicias de telefonía.

Con el gran salto adelante empresarial que supuso la venta de Pepephone, Varo se pasó al sector transportes. Toca todos los palos. Como cuenta Cristina Martín en el digital Hispanidad, Varo «entró en Cabify y junto a esta creó la sociedad Vector (de la que poseía el 70%) que gestionaba grandes flotas de vehículos explotando hasta 2.000 licencias VTC, donde estuvo hasta 2019, cuando vendió su porcentaje a Cabify a cambio de elevar su participación». Contaron en El Mundo Javier Negre y Víctor Martínez que en 2018, con el gobierno de Sánchez recién estrenado, se convalidó en el Congreso el decreto de regulación de las licencias VTC, «Rosauro Varo vivió esos meses con cierta desesperación. Consciente de que el decretazo podía devaluar el precio de sus licencias VTC, el empresario sevillano ha tratado de remover Roma con Santiago para paralizarlo. Contratando a un exasesor del Gobierno del PP para aprender a moverse en la trastienda de la política. Tirando de una agenda repleta de contactos de primer nivel. Haciendo lobby. Quemando su teléfono para llegar hasta sentarse con el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, tras ver cómo su secretario de Estado, Pedro Saura, se mostraba a favor del gremio de taxistas. El titular de Fomento accedió a recibirle y fue tal la desesperación de Varo que, según fuentes presenciales, el empresario hispalense llegó a decirle: "Ministro, ¿qué hace falta que me tire al suelo y se lo pida por favor? Porque si usted me lo pide lo hago. Está en juego mi empresa y muchos puestos de trabajo". El titular de Fomento le trasladó que él es partidario del decreto porque las licencias VTC habían recaído en muy pocas manos y eso podía provocar una situación de monopolio. Además, llegó a reconocerle que era una de las imposiciones de Podemos, socios del PSOE en el Gobierno».

Si Florentino representa el mérito empresarial del old money español; Riquelme encarna el new money: nepocracia, contactos en la farándula y la política, cuna de oro y saltos de un consejo de administración a otro.

Ahora que ya vamos sabiendo algo de cómo se movía el ministro Ábalos desde el mismo principio de su mandato, la anécdota nos sirve por lo menos para hacernos una composición de lugar. De las VTC se pasó a la comunicación y a la energía, pues en España, país donde toda riqueza mana del BOE, todo está relacionado. Aterrizó en El Español y en PRISA (cito de nuevo a Cristina Martín) «de la mano de Amber Capital —el principal accionista del grupo mediático— y con el apoyo de Telefónica, y dos meses después, fue nombrado vicepresidente. En junio de 2021, se sumó al consejo de Acciona Energía. Y a todo esto hay que sumar que es profesor del Máster en Finanzas y Banca de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, ponente en el Programa de gestión sénior de la Escuela de Negocios San Telmo, miembro de la junta directiva de la asociación de Empresarios del Sur de España (CESUR), patrono de la Fundación del Teatro Real y patrono de la Fundación Alalá (que desarrolla proyectos de integración social para grupos con riesgo de exclusión en el sur de España). Además, en su trayectoria también destaca: haber sido fundador de la eléctrica PepeEnergy y de la compañía de telecomunicaciones PepeLatam, y consejero del editor de El Español e Invertia (El León de El Español Publicaciones)».

También está, naturalmente, en el ladrillo. En España no se hacen casas para que vivan los españoles, pero eso no significa que no se construya: en la Navidad del 2022 «el Consejo de Ministros aprobó darle a Pachá 18 millones a cargo del Fondo de Recapitalización (Fonrec) gestionado por Cofides, empresa que depende del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, para apoyar la solvencia de empresas medianas que han sufrido a causa de la pandemia». Pachá era propiedad de Trilantic Capital Partners, un fondo americano private equity que tras conseguir el rescate gubernamental se asoció con Varo para promover «el mayor complejo de lujo de nuestro país: 13.000 metros cuadrados y otros 1.200 metros de playa, situados entre Estepona y Marbella», Laguna Village. A cuya inauguración, en verano de 2024, acudieron José María Aznar, Juan Manuel Moreno Bonilla o Carmen Calvo.

Varo fue el general maldito que perdió las legiones del emperador Augusto en los bosques de Teotoburgo. Sin embargo el Varo español no pierde ni el tiempo ni el dinero, sino que más bien los multiplica. No deja títere con cabeza en la promiscua red político-empresarial del régimen del 78 y desde luego que si el candidato Riquelme quiere lubricar las relaciones de su Madrid con Federación, Liga y Gobierno (sea el que sea y tenga el color que tenga) no hay un hombre más adecuado que Ros, como dicen que le gusta que le llamen. A Varo, por lo que parece, todos le cogen el teléfono.

Si Florentino Pérez representa mejor que nadie el old money español (hijo de la clase media que adquiere una altísima cualificación académica y profesional y levanta una gran empresa a la que dedica toda su vida) está claro que Enrique Riquelme Cantero III encarna como ninguno el new money: nepocracia, contactos en la farándula y en la política por igual, cuna de oro y una trayectoria compuesta de saltos de un consejo de administración a otro, cada salto por supuesto hecho de oro y brillantes. Aunque a sí mismo se definan como «humildes, audaces, generosos y determinados». O quizá, precisamente, por ello. La desfachatez es siempre un gran valor en estos círculos.

 

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Florentino mira Valdebebas y ve el futuro del Real Madrid. Riquelme mira Valdebebas y ve un club social. Es como si Miguel Ángel hubiera preguntado si con ese bloque de mármol de Carrara podía hacerse unas encimeras.

Este es el aroma que desprende la campaña electoral. Florentino —enfocado en el futuro— habla para adultos y su discurso gira en torno al bien global del Real Madrid. Riquelme —enfocado en recuperar el pasado— utiliza un lenguaje más simple y muchas de sus propuestas tienen un objetivo: satisfacer intereses particulares de un segmento del club, los socios, que son precisamente quienes eligen al presidente.

Hay un sector de los socios que lleva tiempo reivindicando una serie de cuestiones. Algunas son necesarias; otras, según para quién. En la vida, cuando uno tiene satisfechas las necesidades principales, empieza a preocuparse por las banales. El problema llega cuando se les concede la misma importancia.

Riquelme ha sabido capitalizar el descontento de un sector de los socios cuyas reivindicaciones tienen un cariz más privado que general. Es necesario demandar claridad en la lista de espera de abonos, es lícito reclamar mejoras en el acceso a entradas para socios no abonados, es imprescindible redoblar esfuerzos contra la reventa, pulir el sistema oficial de cesión de abonos o agilizar la atención al socio.

El populismo empieza cuando esas demandas legítimas se mezclan con promesas de beneficio privado: cuotas rebajadas, abonos sorteados, piscinas, cupos familiares, etc., y se presenta todo como si fuese el interés general de la entidad.

El Real Madrid no debe gobernar contra los socios, pero tampoco puede dedicarse a halagarlos en lugar de dedicar sus esfuerzos a buscar lo mejor para el porvenir del club.

Riquelme recaba pretensiones legítimas del socio, pero se columpia al pretender gestionar el Real Madrid como una asociación de amigos del pádel de Somosaguas.

Riquelme se columpia al pretender gestionar el Real Madrid como una asociación de amigos del pádel de Somosaguas

Usted pagará menos, usted tendrá más opciones de abono, usted disfrutará de las instalaciones, usted tendrá piscina, restaurante y hasta aparcamiento para niños para que nadie le perturbe el tardeo. El del candidato Enrique es un discurso cómodo, blandito, como el de los políticos que prometen subir prestaciones, aumentar servicios, construir hospitales, plantar árboles y solucionar los problemas más complejos de la manera más sencilla, gratis y sin explicar cómo, por supuesto.

Florentino está situado en otra escala. Mira el horizonte del club en términos de propiedad económica, patrimonio, valoración, protección jurídica, explotación de activos y capacidad competitiva. Son palabras menos sexys que piscina. También bastante más importantes.

Ningún niño pide para Reyes una fuente estable de ingresos para su familia, pide un cochecito. El cochecito hace ilusión, pero lo que de verdad le garantiza el futuro es lo primero. Riquelme quiere alcanzar la presidencia ofreciendo cochecitos de juguete a socios que hace años que conducen un BMW. Pero sabe que el ser humano decide con las tripas, no con la cabeza.

La propuesta de Florentino es más incómoda porque obliga a pensar y necesita de la capacidad del receptor del mensaje para ser entendida. La de Riquelme es dulzona y dirigida al socio anclado en la nostalgia de otro tiempo, el que piensa que la mayor entidad del mundo puede seguir gestionándose como una peña de las fiestas patronales a la vez que le exige máxima profesionalidad para ganar siempre.

Es complicado pasar de no poder pagar las nóminas a ganar Champions y ser reconocido como el club más rico del mundo, manteniendo a la vez una estructura pequeña y de trato cercano. Del mismo modo que para un núcleo poblacional no es sencillo pasar de diminuta localidad a gran ciudad manteniendo el trato familiar entre todos sus habitantes. No se puede soplar y sorber.

Riquelme sabe que tiene muy difícil hallar defectos relevantes en los cimientos y la estructura del edificio del Real Madrid, por eso basa sus críticas en el color de los toldos.

Hay un tipo de vecinos que con la adecuación del edificio a los tiempos actuales se queja de que ya no puede asar panceta al fuego en las zonas comunes. Otro grupo, de que no le permiten colocar piscinas portátiles en las terrazas porque no sé qué de media tonelada sobre una superficie de metro y medio cuadrado. Riquelme les pasa la mano por el lomo y les dice: «A usted le han quitado lo suyo, no le dejan hacer lo que quiere. Y yo he venido para devolvérselo y recuperar sus costumbres». El problema viene cuando se le pregunta cómo pretende compatibilizar todas esas reivindicaciones con la realidad. Ahí empieza a chirriar el columpio.

Florentino Mira el horizonte del club en términos de propiedad económica, patrimonio, valoración, protección jurídica, explotación de activos y capacidad competitiva. Son palabras menos sexys que piscina. También bastante más importantes

El socio del Real Madrid es depositario de una responsabilidad histórica: va a decidir quién gobernará el club más importante del mundo en la etapa más crucial de su historia para permanecer en lo más alto del fútbol y el baloncesto mundiales. En un entorno, además, totalmente diferente al de la época en la que el Bernabéu contaba con piscina. No se trata de despreciar al socio, todo lo contrario. Hablarle con sinceridad sobre los desafíos a los que se enfrenta el Madrid y apelar a su importancia para afrontarlos es tratarlo con el respeto que merece. En cambio, reducir su papel a un mero emisor de votos a cambio de satisfacer sus comodidades inmediatas es menospreciarlo.

La rebaja del 50% de la cuota hasta ganar la Champions es el ejemplo más evidente de este enfoque. Suena de maravilla. ¿Quién no quiere pagar menos? Si volvemos de los mundos de Yupi, hay dudas sin resolver: ¿cuánto dejaría de ingresar el club? ¿Con qué se compensaría la disminución de ingresos? ¿Por qué se vincula a ganar la Copa de Europa? ¿Qué clase de lógica institucional relaciona el precio de la cuota con la eficacia continental? Si el Madrid pierde la final en el descuento con tres postes, dos penaltis no pitados y cuatro lesionados, ¿al año siguiente habría más o menos descuento? Y si gana con gol ilegal ¿el socio podría reclamar su 50% al año siguiente?

La propuesta tiene gancho, sí, como los anzuelos. Y su propósito es el mismo: pescar.

Nuevo Bernabéu

El Real Madrid ha crecido cuando ha entendido antes que los demás hacia dónde iba el fútbol. Sucedió con la construcción del estadio, con la Copa de Europa, con Di Stéfano, con la ciudad deportiva, con la creación de una marca universal, con la transformación del Bernabéu. Siempre hubo quien criticó cada una de esas apuestas por ser demasiado arriesgadas, por no respetar los valores de siempre del Madrid.

El planteamiento de Florentino parte de una pregunta pertinente: cómo se blinda la institución para que siga compitiendo contra clubes-estado, fondos, instituciones con intereses económicos propios, etc. Riquelme parte de otra pregunta: cómo seducir al elector con promesas de rápido retorno emocional.

Por eso la metáfora de los columpios es tan eficaz. No porque una piscina sea indigna ni porque el socio merezca menos atención, sino porque revela la escala mental de cada proyecto. Donde uno ve patrimonio estratégico, otro ve servicios.

El Real Madrid está obligado a pensar diez años por delante, incluso cuando quienes eligen presidente quieren soluciones para dentro de cinco minutos.

Riquelme se columpia con su idea de Madrid. Pero Florentino ha de seguir explicando —de manera más pedagógica, si cabe— a parte del electorado que se está columpiando. Porque la gente tiende a pensar en sí misma y el presente antes que en el interés general y el futuro. Porque el socio, como cualquiera, puede confundir lo inmediato con lo importante. Porque el votante, a veces, se columpia.

 

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Buenos días, amigos. Hoy es el comenzose del acabose, que diría Mafalda. Nos referimos, claro está, a la campaña electoral, que a partir de hoy afronta su última semana. Bien es verdad que cada madridista podrá interpretar la frase como Dios le dé entender en atención a sus preferencias florentinistas o riquelmianas, racionales o viscerales, universales o piperas, sensatas o demagógicas. No, no hemos añadido “respectivamente”. Podríamos haberlo hecho, pero no ha sido así; nadie nos podrá acusar de no mantener una exquisita imparcialidad entre el mejor presidente de la historia del Real Madrid y un advenedizo del que poco se sabe más allá de su tendencia al populismo y sus sospechosas compañías.

Tampoco vamos a hacer de la edad de los candidatos una cuestión de esta campaña electoral. Nosotros, como Reagan en aquel debate televisivo con Walter Mondale, también pensamos que la juventud e inexperiencia del candidato de Cox no debe ser explotada con fines electorales. La evidencia de que le falta un buen hervor —o un par de ellos, basta con oír cualquiera de sus intervenciones—, no ha de alejarnos de esa convicción.

No estaría mal que Riquelme argumentara cómo pretende que el Real Madrid compita contra los clubes-estado (sí, esos que últimamente ganan todas las Champions que deja libres el Real Madrid) con un modelo de propiedad anclado en el siglo XX

Hoy, lunes, es el día en que Riquelme ha prometido prometer los fichajes que hará en caso de ser elegido. Entrenador, director deportivo y dos o tres estrellas del firmamento (futbolístico, se entiende). Veremos si promete lo que promete prometer, cuán excitantes son esas promesas y si los prometidos confirman que no se trata de una promesa sino de un compromiso.

Las únicas referencias a las elecciones en portada las traen Marca y Sport, el primero en el faldoncillo superior, el segundo en el inferior. «Riquelme acusa a Florentino de querer vender el club», apunta el diario catalán; «Riquelme: ‘la venta es una línea roja’», entrecomilla el madrileño.

Lo cierto es que ayer el candidato Riquelme se rasgó muy campanudo las vestiduras, afirmando que Florentino ha cruzado una línea roja por plantear el futuro modelo de propiedad del club. Añadió, pomposo y solemne, que esta misma semana acudirá a un notario a dejar por escrito y en documento público su compromiso de campaña de no vender nunca parte alguna del club a un tercero. Y como el torero ventajista que torea fuera de cacho e intenta arrancar el aplauso del público con un desplante de baja ley y a toro pasado, invitó a Florentino a acompañarle y hacer lo propio.

Vamos a ver, estimado candidato: plantee los debates sobre la propiedad del club que le parezcan oportunos, y defienda, faltaría más, el modelo que a usted se le antoje conveniente. Pero si no es demasiado pedir, ahórrenos la demagogia grandilocuente de visitas al notario que nada aportan: elevar a público una promesa electoral, además de ser una ridiculez, no confiere a dicha promesa ninguna garantía de cumplimiento en derecho, no proporciona ninguna hipotética acción de responsabilidad adicional al socio en caso de incumplimiento, y no supone un compromiso público mayor o más firme que el realizado ante los medios de comunicación.

No estaría mal, en cualquier caso, que argumentara cómo pretende que el Real Madrid compita contra los clubes-estado (sí, esos que últimamente ganan todas las Champions que deja libres el Real Madrid) con un modelo de propiedad anclado en el siglo XX. Los socios seguramente agradecerían conocer su visión de futuro para el club, y cuál es su propuesta para competir en pie de igualdad con otros clubes que, nos guste o no, cuentan con recursos financieros ilimitados a efectos prácticos.

envolverse en una visión romanticona del Real Madrid como club recreativo en el que los socios tienen piscinas, residencias sociales y pistas de tenis está muy bien, pero lo que determinará el futuro del Real Madrid, si pretende seguir siendo el mejor y más valioso club del mundo, es su capacidad de competir en el siglo XXI

Envolverse en una visión romanticona del Real Madrid como club recreativo en el que los socios tienen piscinas, residencias sociales y pistas de tenis está muy bien, pero lo que determinará el futuro del Real Madrid, si pretende seguir siendo el mejor y más valioso club del mundo, es su capacidad de competir en el siglo XXI. Y de su plan para que eso siga siendo así, estimado y populista candidato, no hemos oído ni media palabra.

Así que le sugerimos que, en lugar de hablar de fútiles y pintureras visitas al notario, le hable al socio de su modelo futuro de club, de forma seria y constructiva. Abandone términos mentirosos, demagógicos y perversos como “privatización”, que sólo buscan excitar los instintos más primarios del socio. No acuse de querer vender el club a quien ha declarado por activa, por pasiva, e incluso por perifrástica, que “no me moriré hasta que no consiga que el patrimonio económico del club sea de sus socios”. E, insistimos, explíquele al socio cuál es su visión de futuro para el club. Porque enterrar la cabeza en el suelo como un avestruz y prometer al socio que nada cambiará, ignora una certeza incómoda pero inamovible: refugiarse en el pasado jamás ha sido la fórmula para afrontar con éxito el futuro.

Por lo demás, Marca y As giran el periscopio hacia la Roja, concentrada ya en Las Rozas. «Locura» titula As a toda portada. «Locura por España», amplía la información Marca, no sin antes subir el envite a «fiebre mundialista desatada en Las Rozas». Y nosotros con estos pelos.

Mundo Deportivo y Sport, por su parte, dedican el grueso de sus portadas a sendas entrevistas a Luis de la Fuente y a un tal Jefe Íñigo (eso sí, sin especificar si lo es de los cherokee, de los cheyenne, o —quién sabe— acaso de los pies negros, mejorando lo presente). Aquí tenéis las portadas por si queréis enmarcarlas tras embaularos tan apasionantes entrevistas.

Pasad un buen día.

Es lunes, el domingo saca el Madrid las urnas. Seis días, a Dios gracias. Lo mejor de estos inesperados comicios es la brevedad de la campaña. Deberían ser mañana.

Inesperados, sí. Un presidente con tres años de mandato por delante convoca elecciones. ¡En España! Desde Copito, inolvidable gorila blanco, no se ha visto cosa igual.

Y es curioso. Se trata de un club de fútbol y de eso apenas se habla. Coinciden todos, incluso los madridistas de Ulan Bator, que ‘esto’ tiene que cambiar. Lo que tiene que ver con el primer equipo, aclaro. Lo otro, o sea, el resto, no cambiará. En agosto volverán la pelota y Ellos y estaremos igual. ¿OK? OK.

Segura puede darse la vuelta de Mourinho si gana Florentino. Lo demás son suposiciones. Lo que Riquelme entiende por estrellas mundiales y lo que se le adjudica al presidente.

Ambos coinciden en la necesidad de incorporar un medio centro clásico. A Riquelme se le relaciona con Rodri y a Florentino con el internacional danés Hjulmand, capitán del Sporting de Portugal, vía Mou.hjulmand

Piensan también en defensas con las rodillas en su sitio, probablemente en un delantero y puede que también en otro volante. Vamos, lo que cualquier madridista en su sano juicio. Hierro podría ser el DT riquélmico, por cierto.

La falta de nombres obedece a que el número de figuras ha descendido notablemente. El tráfico madridista lo pararían dos, tres futbolistas. O ni eso. Fichables, me refiero.

Brasil siempre fue referencia, nos viene al pelo. Su último título mundial lo vivimos en 2002. Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho, Cafú, Roberto Carlos. Kaká empezó la final en el banquillo. El resto no eran bobos.

Ahora van y repasan la lista de Ancelotti, a mí me da pereza. Alemania, parecido. Italia no está. Inglaterra tiene trampa: el Barça ha traído a Gordon, pues el Newcastle considera más interesante la oferta —70 millones fijos y 10 en variables— que mantener al jugador. De pensar lo contrario no se movería de su casa. El Barça no tiene problema de dinero, eso también. Después de Gordon puede venir el flaco...

como no se habla de futbolistas, lo que tradicionalmente movía las campañas electorales, el asunto en el Madrid se centra en el llamado cambio societario y la carraca de la propiedad del club

Y como no se habla de futbolistas, lo que tradicionalmente movía las campañas electorales, el asunto en el Madrid se centra en el llamado cambio societario y la carraca de la propiedad del club.

Sentimentalmente me parece muy respetable. Que las cuotas de los señores socios no alcancen el diez por ciento de los ingresos del club, pues no sé, una propiedad miaja rara sí es. Pero esto es fútbol, claro.

Si un club paga durante 17 años al número dos de los árbitros, si el gobierno de un país interviene en la inscripción de futbolistas de un club, el mismo, casualmente, y tal, como para pleitear con la señora Paquita del gol norte si un día arranca el asiento y se lo lleva a su casa al grito de ¡es mío y no quiero que se moje! Se lo traerá el próximo partido, segurísimo.

Lo societario prima. Riquelme no quiere oír hablar. Florentino emplaza al mundo a hacerlo en cuanto gane la consulta. Entiendo el interés, incluso el recelo de algunos o muchos. Y la ignorancia de la mayoría, ya que Florentino ha dado solo pistas de la cosa y eso que habla del cambio hace años.

El Real Madrid bate récord de ingresos

Ahora ha apretado el acelerador. Tenemos una idea de lo que cavila, pero este asunto no se liquida en una entrevista periodística ni con una filtración. ¿Debió explicarse antes de convocar elecciones? Prefirió lo contrario.

Hay personas que escriben sobre el asunto y aseguran que la propiedad del club/socios estaría más segura con el cambio. A Florentino le falta arremangarse. Lo hará si gana.

Porque lo mollar no admite discusión: plantear un cambio me parece obligado por el momento que vivimos, propiedad al margen. El Madrid pelea contra clubes estado y fandangos similares. Y no habrá marcha atrás.

Excuso extenderme en lo que es ese modelo. El que te permite fichar a la estrella del campeón de Italia en un mercado de invierno (PSG y Kvaratskhelia) o dejarse 100 millones en el mismo mercado, el City.

Eso no lo puede hacer el Madrid. Y es tan importante como la propiedad. O más, si me apuran. Sobre eso lleva años Florentino advirtiendo. Piensen, pregunten, maticen, planteen lo que les parezca. Pero el Real Madrid no puede seguir siendo el club de las mocitas madrileñas en el fútbol de hoy.

lo mollar no admite discusión: plantear un cambio me parece obligado por el momento que vivimos, propiedad al margen. El Madrid pelea contra clubes estado y fandangos similares. Y no habrá marcha atrás

La alarma está, se conoce. El Madrid está en inferioridad ante jeques, fondos y similares. No reaccionar le llevará a ser el Sevilla dentro de diez años o quizá menos. Un club cada temporada más y más lejos de la élite.

Sí, Forbes ha vuelto a considerarle el club de fútbol más valioso del mundo y van cinco años consecutivos. Eso lo propicia la buena gestión, su indiscutible grandeza mundial, su fuerza única. Pero no es aconsejable pelear contra los elementos. Acabas sucumbiendo.

Este de hoy es otro fútbol y hay que poner las luces largas. En estos últimos cinco años sólo el Madrid ha ganado la Champions representando al fútbol normal. Los demás campeones han sido los clubes estado. Una vez el City y dos el PSG. No es casualidad.

También en baloncesto hay trisca, pues el cambio afecta a todo el deporte. Y lo que viene. El Dubai le ha quitado al Barcelona dos jugadores que tenía atados. Y su entrenador. Formará una plantilla contra la que competir será casi imposible.

Sí, el Madrid se juega el presente y el futuro. No son unas elecciones más. Nunca antes se habló de la propiedad. Nunca antes el fútbol había estado como está. Los rivales no descansan, se saben fuertes, redoblarán sus apuestas. Y juegan con comodín. Uno, tres, los que necesiten. Ustedes verán.

 

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Me resulta difícil hacer un análisis objetivo sobre el candidato Riquelme. Ya publiqué aquí una semblanza de su perfil profesional, cuando aún no sabíamos nada de él. Y continúa pareciéndome todo falso, Rick. Un chico con 21 años sin formación universitaria fue capaz de poner 8.000 kilómetros entre él y su familia, montar varias fábricas de cemento en un país latinoamericano del que no sabía nada, compró más de mil camiones y dirigió sin ayuda semejante negocio, suministrando al por mayor materiales de construcción a Sacyr para la ampliación del canal de Panamá...

Resulta una historia conmovedora, pero profundamente inverosímil por las tremendas magnitudes, por la escasa formación del joven Riquelme y por el hecho de que Sacyr no encontrara competidores más cualificados en Panamá que un precoz businessman alicantino recién salido del huevo.

Lo mismo me sucede con su discurso. Dice Riquelme que desde 2021 lleva planeando ser presidente del Real Madrid. Tenía 32 años y ya se atrevía a semejante ensoñación. Así es como parece que se ha conducido en sus negocios. Precocidad y soñando a lo grande. Suele pasar cuando el dinero no es problema o no es tuyo y no sabes cuánto ha costado ganarlo. El estilo es el de Laporta, Gaspart, Núñez. Suena demasiado familiar: Yo envido y ya llegará alguien a echarme un cable. ¿La deuda? Ya veremos qué pasa con la deuda. Si tú le debes 500K al banco tienes un problema, pero si le debes 500M el problema es del banco. ¿Alguno de ustedes visualizó con claridad que quería ser presidente del Gobierno, del Real Madrid, de la OTAN, con 32 años? ¿Quién puede permitirse tener semejantes sueños? Quien está dispuesto a comprarlos a cualquier precio y vive en una atalaya desde la que todo parece posible.

Antes de que me pregunten, yo les digo: Florentino no es así. Soy más capaz de imaginarme a Riquelme intentando aliarse en un negociete con Tebas, Fran Soto, Louzán que de darles la batalla que se merecen. ¿A que no se imaginan a Florentino en ese contexto? Son estilos.

Soy más capaz de imaginarme a Riquelme intentando aliarse en un negociete con Tebas, Fran Soto, Louzán que de darles la batalla que se merecen. ¿A que no se imaginan a Florentino en ese contexto?

De la ambición de Riquelme no nos podemos quejar. ¿Recuerdan aquel anuncio de Pirelli de hace más de veinte años? "La potencia sin control no sirve de nada". Pues bien, la ambición sin prudencia lo que nos revela son señales de alerta. El megalómano narcisista no ve nunca obstáculos insalvables. Mucho menos cuando la vida le sonríe y el patrimonio familiar le dice cada día en el espejo que es el más guapo.

Un club de fútbol no es un negocio cualquiera. Manejar la parte empresarial casi es lo más fácil. Profesionales de finanzas, de marketing, de mercados globales, una estrategia de corto y medio plazo, sacar todo el rendimiento a los activos del club. Generar nuevas fuentes de ingresos (nuevo estadio, Valdebebas, alianzas con tecnológicas globales, explotar el mercado del entretenimiento, marketing, ocio, gaming...) y cuidar por encima de todo la marca, el principal activo.

La parte deportiva es sencillamente inmanejable desde una mentalidad empresarial. Los expertos de X siempre tienen claro lo que hay que hacer, pero ignoran algunos detalles: lo esencial es que la pelota es redonda y caprichosa. Y tiene que entrar. Eso lo arregla todo. Después hay que cuidar de que un colectivo de veinticinco jóvenes procedentes de todos los rincones del mundo, cada uno de su padre, de su madre y de su agente, con egos insufribles, se lleven bien o al menos no se maten entre ellos. Ya hacerles jugar bien al fútbol es otro cantar, del que hay millones de expertos en las redes. Sin embargo, en los últimos años ni Ancelotti ni Alonso ni Arbeloa lo han conseguido. Digo yo que estos tipos sabrán algo de fútbol, de gestionar colectivos, de vestuarios... y ninguna receta parece haber funcionado.

Pues Riquelme va a arreglarlo todo, con cero experiencia en estas lides. O tal vez lo arregle Casillas con ayuda de sus amigos periodistas desde alguna tertulia o podcast en la que propongan experimentos, alineaciones o disposiciones sobre el césped que no se le ocurrieron a ninguno de los tres últimos entrenadores del equipo.

Riquelme ha tirado de manual en lo que está siendo una estrategia de campaña muy previsible. Los plazos no le han ayudado, pero lo que menos le está ayudando es el lenguaje no verbal

La campaña ha sido interesante hasta ahora. En una primera fase encontramos a un Riquelme conciliador, respetuoso, llamando al diálogo, a la responsabilidad, dirigiéndose de usted al “señor Florentino Pérez” y apelando a la madurez del socio para elegir.

Desde que se confirmó la validez de su aval la cosa cambió, empezó a ser consciente de que se estaba jugando los cuartos. Esta campaña le va a costar entre 5 y 6 M de euros, que se puede permitir y que le da el derecho a expresarse más contundentemente en defensa de su inversión. Ahí empezó a hacer notar su solvencia financiera y vio que podía competir contra "el oficialismo". Empezó a hablar de los socios y del madridismo, que no puede acudir al estadio cuando quiere. Algunos de los temas de la campaña son realmente dignos de una discusión entre los candidatos, aunque sea asíncrona y a través de los medios.En las intervenciones de Riquelme del día 27 de mayo ya encontramos populismo social y promesas galácticas: tras las primeras críticas feroces de Florentino, Riquelme cambió radicalmente a una vertiente agresiva y de captación de ilusión. Presentó su plan social (un hotel, un pabellón y espacios exclusivos en Valdebebas) y deslizó en entrevistas con medios como ABC que tenía firmadas a "dos estrellas mundiales" (con filtraciones en su entorno que apuntaban a Erling Haaland y Vitinha) junto a un director deportivo. Desde ahí empezó a contraprogramar a Florentino, que no accedió a mantener un debate.

Autopsia de la campaña de Riquelme

La penúltima fase de la campaña ya es guerra total y fiscalización económica: Riquelme emitió un durísimo comunicado en respuesta a Florentino. Acusó al presidente de verter "bulos" e informaciones falsas sobre sus empresas. Grupo Cox compró Iberdrola México sin dinero, una empresa cuatro veces más grande, acudiendo a financiaciones de usura. Riquelme, unchained, disparó hacia la gestión interna del club. Criticó abiertamente el peso de asesores estratégicos, señalando con nombre propio a Anas Laghrari. Reveló que hay demasiada gente en la entidad que cobra más de un millón de euros al año, exigió transparencia en las comisiones y siguió pidiendo un debate televisado cara a cara.

Aún nos queda lo mejor. La última semana de campaña será interesante. Riquelme no está consiguiendo ser relevante en intención de voto. La IA le da a Florentino más de un 80% de los apoyos. El candidato tiene que empezar a sacar conejos de la chistera. Los que ha sacado hasta ahora, más que ayudar, repelen a un amplio colectivo de madridistas: Casillas, Ramos, Del Bosque...

Riquelme tiene que empezar a sacar conejos de la chistera. Los que ha sacado hasta ahora, más que ayudar, repelen a un amplio colectivo de madridistas: Casillas, Ramos, Del Bosque...

Previsiblemente, la campaña se volverá sumamente bronca la semana que viene. Florentino mantendrá su perfil de gestión, atacando la solvencia de Grupo Cox y recordando que Riquelme "necesita servirse del Madrid para sus negocios". A menos que el anuncio de fichajes del candidato incluya un acuerdo vinculante legal e histórico imposible de rechazar con Pedri o Yamal, la campaña terminará consolidando la reelección de Florentino por un margen muy amplio.

Riquelme ha tirado de manual en lo que está siendo una estrategia de campaña muy previsible. Los plazos no le han ayudado, pero lo que menos le está ayudando es el lenguaje no verbal. Florentino está en modo trituradora, respondiendo rápido, interrumpiendo al periodista. Ofreciendo una naturalidad desde la ya célebre rueda de prensa (excesiva o no) que es incomparable con las fracciones de segundo que se toma Riquelme para responder cada pregunta. Esa fracción de segundo es lo que le va a matar. Lo que genera desconfianza. La distancia entre la espontaneidad y el cálculo de la conveniencia de cada frase.

El socio ya ha descontado a Rodri. Ni siquiera Haaland serviría para cambiar el sentido del voto. Un anuncio como Arteta, tal vez hasta le haga perder adeptos. Después del efecto Rodri, Riquelme se ha quedado sin balas. Es todo lo que tiene. Decir que anunciará a una estrella mundial después de ganar las elecciones es una broma. Debió fijarse más en el Florentino que trajo a Figo para entender cómo tumbar al rival.

 

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Buenos días, amigos. Había pocas dudas de cómo serían las portadas del día. Si ganaba el Arsenal, habrían sido para Arteta porque es español. Si vencía el PSG, dedicadas a Luis Enrique por el mismo motivo.

Si algún ser vivo ha aterrizado en esta web de manera accidental mientras buscaba webs con información para un tardeo en Jorge Juan, es menester explicar que el PSG ganó la Champions entero. Con entero no nos referimos a que llegase virgen, pues ya ha catado las mieles de la Orejona —la Orejona es el nombre coloquial de la Copa de Europa, para los nuevos—, sino a que el máximo trofeo continental lo consiguió toda la plantilla, técnicos, ayudantes, etc., del club parisino, no solo Luis Enrique.

Es un dato que puede parecer obvio para los aficionados al fútbol, sin embargo, es lo que se deduce si uno lee ciertos titulares.

Este apunte no resta mérito al entrenador asturiano, sin duda uno de los grandes.

En el otro banquillo, el también español Arteta no dio la sorpresa. Pocos confiaban en que el Arsenal, una suerte de Atleti inglés, se alzase con la victoria, pues tradicionalmente el Arsenal tiene la pólvora mojada.

El vencedor se decidió en los penaltis. Los lanzadores gunners que erraron sus lanzamientos llevaban el miedo grabado en el rostro cuando se acercaban al punto fatídico.

Los cuatro jinetes del apocalipsis dejaron su frontispicio prácticamente hecho ayer después de comer. Solo les restaba añadir la fotografía y especificar el resultado.

Tampoco sorprendió a nadie que la civilizada afición del PSG arrasase París y la policía tuviera que detener a más de cien angelitos por liarla parda.

Mientras tanto, sigue la campaña electoral de las elecciones a la presidencia del Real Madrid.

De Riquelme sabemos que prefiere ir a los toros antes que a ver al Castilla jugarse el ascenso. Quizá Enrique sea fan de aquel chiste viejo y malo a la par:

—Donde esté una buena corrida que se quite el fútbol.

—Y los toros.

Al candidato también le gustan los autobuses, como al Cholo, el entrenador de Gil Marín. Mandó rotular cuatro y los paseó por Budapest, alrededor del Puskás Arena, durante la final de Champions entre PSG y Arsenal.

Hablando de Puskás, quizá, si en lugar de Santiago Bernabéu —presidente con una visión universal— hubiese presidido el club una persona de mirada doméstica, el húngaro no habría recalado en el Madrid, porque ahora se lleva mucho lo español. Hay que españolizar el Madrid, porque lo realmente importante es el origen de los jugadores, no su calidad ni su personalidad ni su madridismo. Tampoco es nuevo, hay clubes que centran su identidad en lo provinciano y regional.

Esta postura «nacionalista» siempre tiene adeptos. Donde esté De las Cuevas, que se quite Modric.

La sorna con la que analizamos la idea de Real Madrid de Riquelme no significa que no nos lo tomemos en serio, todo lo contrario. Enrique no se ha tirado a la piscina sin agua. Existe un no desdeñable porcentaje de socios con derecho a voto que prefieren un Madrid con una base de españoles que domine las competiciones nacionales, aunque después se la pegue en Champions contra el equipo dominante en cada momento.

No es nuevo. El club ha pasado por épocas así en más de una ocasión. Las preferencias de cada cual son respetables.

Del mismo modo, no son pocos los socios que prefieren el himno de las mocitas porque es el auténtico. El resto son inventos modernos. Los campeonatos regionales también eran auténticos, y la Copa de Europa, un invento moderno que no convencía a Franco, por lo aperturista del proyecto.

El dictador también era muy de españolear, como el sector de la afición que tiene vetado el acceso al estadio por mostrar comportamientos similares a los del Frente Atlético. Riquelme muestra interés por este nicho de votos.

El candidato Enrique también cuenta con el empuje mediático, ya que para los medios subvencionados Florentino es el mal (¡que me quedo sin comer!). Ayer dedicaron un publirreportaje a Riquelme en la COPE.

Como hemos dicho, nos tomamos muy en serio a Riquelme —de tonto no tiene nada—. Ha sabido detectar las peticiones de un buen porcentaje de socios y las está capitalizando. Hay muchos que prefieren Champions a club social con piscina, a Benzema antes que a Morata; pero también son legión los que se encuentran más cómodos en un ambiente más rojigualda, más cercano, menos universal.

El problema no es tener españoles y muchísimo menos lo español, no se nos caen los anillos por clamar un viva España. El problema es convertir el pasaporte en un criterio definitivo a la hora de gestionar un club cuya grandeza nació precisamente de no mirar el DNI, sino el talento, el carácter y la capacidad para soportar la camiseta del Real Madrid.

No dudamos que Florentino se habrá dado cuenta —tampoco es tonto— de todo esto. Dar por hecha la victoria solo puede abrir la puerta a que suceda lo contrario.

Una parte de los socios preferirá la gestión de Florentino, pero en tiempos convulsos las promesas venden mucho, y otra parte del censo electoral comulga con las propuestas de Riquelme.

En fútbol, y en todo, confiarse no es una buena idea.

Pasad un buen día.

Buenos días, galernautas. Días yermos de fútbol de clubes. Menos mal que en esta época pre-Mundial siempre hay un Gambia-Irán, un Sudáfrica-Nicaragua o un Irak-Andorra que puedan saciar al hambriento. Si no, el vicio solitario del pajiplantilleo puede ser un pasatiempo que llene las horas del futboladicto. En el caso de nuestro club, el onanismo presidencial también ocupa páginas y horas en los medios de comunicación presuntamente deportivos. Henryquelme y Flóper protagonizan la campaña electoral y los pocos periodistas que no llevan eones posicionados se mojan de manera descarada. Los peores, como siempre, son los que van de íntegros e independientes. Son gentuza esférica, es decir, gentuza se los mire por donde se los mire, desde cualquier ángulo.

Esta noche se juega la final de la Champions League. Los contendientes son el más que temible PSG de Luis Enrique y el Arsenal del también español Mikel Arteta. Los londinenses, trasunto británico del mejor equipo de San Blas, si bien con una afición sin neonazis ni homicidas, parecen tener pocas opciones frente a la perfecta máquina parisina, pero cosas más imposibles se han visto. Especialmente en Chamartín.

Marca, el diario de Gallardo, lleva la referida final a su portada y sostiene que hoy gana España, precisamente por la nacionalidad de los dos técnicos finalistas. Pues bueno. Pues muy bien. En muy pequeñito, abajo a la derecha, dan la noticia de que Forbes dispara el valor del Real Madrid. Aclárense: ¿no era el actual un Madrid decadente y sin un duro por culpa de las obras del estadio y la falta de conciertos? ¿Acaso el Madrid no estaba acusando una gestión negligente y disfuncional? ¿Cómo se conjugan las palmarias carencias del club con este aumento de valor hasta los más de 9.500 millones?

As habla de una final Made in Spain, como el abuelo que encarnó Paco Martínez Soria. Teniendo esto en cuenta y que la final es a las 18 horas, que nadie se sorprenda si Juan Carlos Rivero es reemplazado por José Manuel Parada, desconocemos si con o sin Pablo Sebastian, su inseparable pianista. La escena sería impagable.

En los diarios cataculés se solazan en Gordon, su nuevo fichaje, con su cabello rubio como la cerveza y su precio de setenta milloncejos de nada. ¿De dónde sacan los culés el dinero? Y lo que es más importante, ¿por qué nadie formula esta pregunta de manera clara y rotunda?  ¿Por qué nadie cuestiona las vaguedades que se esgrimen como origen de esta aparente bonanza económica barcelonista? Ese silencio solamente parece responderse con un término italiano: omertà.

Sport nos muestra al inglés diciendo que quiere la Champions. Menos mal. ¿Se imagina el lector lo desubicado que habría quedado si dijera que quiere la copa Korac y un premio Feroz?

El Mundo Deportivo, diario del Conde de Godó, grande de España, también nos plasma a Gordon. Dice que el Barça es lo más… ¿Corrupto? ¿Criminal? ¿Tramposo? Pues no. Dice que es lo más grande. Pues finalmente sí que está desubicado el británico. Ya se le pasará. Mientras tanto, la parte superior de la portada nos indica que la final de Champions constituirá otro motivo para ir a Canaletas. Lo que le gusta a esta gente una jarana ajena. Son sus costumbres y hay que respetarlas.

Al cierre de este portanálisis no ha salido el candidato Riquelme a prometer naumaquias en un Bernabéu en el que cualquier socio, socia o socie que acuda con su familia podrá degustar un osobuco junto a ella en el descanso. Florentino Pérez, menos amigo de coqueterías pintorescas, mantiene un perfil más gris si se quiere, muy alineado con la política de comunicación del club en estos años.

Nos despedimos recordando que el Castilla venció ayer 2-0 al Sabadell en el primer partido del playoff por el ascenso.

Pasad un excelente día.

Ya inmersos en pleno proceso electoral y con ambos candidatos habiendo mostrado el grueso de sus programas electorales, no resta sino que ambos centren el tiro en lo mollar del meollo, lo que verdaderamente importa al aficionado madridista más que al socio, por mucho que este último vayan a ser quien decida el devenir del club blanco durante al menos los próximos cuatro años: el proyecto deportivo.

Sinceramente, me cuesta otear un horizonte diferente a aquel en el que el actual presidente, Florentino Pérez, consolida su posición y vence holgadamente en este proceso electoral. Realizó su presentación en el salón del Hotel Meliá, con una propuesta evidentemente continuista de la magnífica gestión que con su junta llevan realizando desde hace un cuarto de siglo.

Sin embargo, tras dos años en barbecho a nivel deportivo, el aficionado blanco, que no pone en duda la gran posición económica e institucional que vive el club gracias a la gestión de Florentino Pérez, dirige su mirada, con razón, a la situación deportiva. El presidente, en sus últimas apariciones públicas, apenas si habló del tema deportivo para decir que están en la búsqueda de errores cometidos para subsanarlos.

El presidente quiso enfatizar lo ganado en esta brillante etapa que acabamos de finalizar con la marcha del último jerarca (Carvajal) para restar importancia a las furibundas críticas y constantes ataques por parte de la prensa hacia el club blanco.

Me parece importante detener estas líneas en este punto para contextualizar un poco, porque efectivamente hay críticas desmesuradas por parte de una prensa siempre predispuesta a atacar a todo aquello que porte el escudo redondito con muchas copas de Europa, pero tampoco podemos permitir que el club caiga en la autocomplacencia y omita la necesaria autocrítica en este momento crucial de nuestro proyecto.

tras dos años en barbecho, el aficionado blanco dirige su mirada, con razón, a la situación deportiva

El problema no es llevar dos años sin títulos “importantes”, que en mi opinión es algo plausible en según qué circunstancias. El problema es no estar relativamente cerca de los títulos nacionales cuando se tiene el mayor límite salarial, el mayor presupuesto y la plantilla que más cobra de la liga nacional. La tendencia del presidente ha sido de sobreprotección hacia nuestros jugadores, que al final no dejan de ser sus activos, pero no estaría de más acoplar a esta defensa de los suyos la exigencia que requiere vestir esta camiseta y defender nuestros colores.

Hasta el momento, lo único que ha trascendido parece ser la decisión de contratar de nuevo a José Mourinho como técnico blanco para la próxima temporada. Una medida que, si bien puede funcionar por lo que representa el entrenador portugués para este club y su legado en el mismo, no debe ser la única para devolver la competitividad a un equipo perdido en la anarquía generada por la desestructuración de la plantilla y la pérdida de liderazgo sufrida tras la marcha de los últimos jerarcas.

Temporada lamentable y tristes alegrías

Hay quien duda de que José Mourinho sea el hombre adecuado para este momento, pero si algo le sobra a Mou es personalidad y liderazgo, y la prueba es que en un equipo con jugadores como Cristiano, Ramos, Alonso, Pepe o Casillas ejerció de líder activo y cara visible para volver a consolidarlo en la élite europea. Justo lo que necesita de nuevo en este momento.

Para ello, es preciso contar con que los jugadores se comprometan con su proyecto y aparquen sus egos y objetivos personales en pos del equipo. Tras dos temporadas sin títulos (salvo la Supercopa europea y la intercontinental, a las que se accedió por los méritos de la 23/24), todo lo que no sea morir en el campo por Mourinho o el entrenador que esté será completamente inadmisible. La afición blanca espera que el club esté a la altura y no permita que se repitan imágenes o situaciones como las que hemos tenido la desgracia de vivir esta temporada. El mejor club de la historia merece que los jugadores sean conscientes de lo que supone llevar este escudo en el pecho. Perder es admisible, no darlo todo por este equipo, no.

Tampoco hay que cerrar los ojos a la verdad, aunque el rendimiento del equipo ha sido muy mejorable y existen problemas estructurales que resolver (ausencia de un centrocampista organizador, necesidad de fichar centrales y laterales ante las bajas y lesiones…), existe el gran elefante en la habitación que el club debe encarar: el arbitraje español. Tan cierto es que el Barcelona ha rendido mejor que nosotros como que el CTA, frontalmente enfrentado al Real Madrid sin molestarse en disimularlo, nos está restando los suficientes puntos como para impedirnos (repito, aun sin rendir nosotros a nuestro mejor nivel) disputar la liga de tú a tú contra nuestro principal rival, al que le han puesto alfombra roja desde la jornada 1, en la que le permitieron marcar un gol con un jugador rival en el suelo por un golpe en la cabeza saltándose todo el protocolo.

El Real Madrid debe aprovechar al máximo su actual posición de igualdad con UEFA y su cordialidad con FIFA para demandar las actuaciones de rigor que nos permitan disfrutar de imparcialidad arbitral

Hay que ser consciente de que no resulta justo exigir al club que se adentre en esta guerra, porque debería ser algo que cayera por su propio peso y deberían ser la Liga y la Federación las que defendieran que sus competiciones estuvieran regidas por jueces imparciales e impolutos. Pero, dado que estos estamentos son los primeros que, bien por enemistad hacia nuestro presidente, bien por intereses opacos, defienden a capa y espada al CTA heredero de Negreira, al Real Madrid no le queda otra que actuar.

Estas vergonzosas circunstancias que sólo se dan en España obligan al club a ir a la guerra (que no debería ser sólo suya, sino también de los otros equipos afectados) contra estos estamentos simplemente para que nos permitan competir en igualdad de condiciones. El Real Madrid debe aprovechar al máximo su actual posición de igualdad con UEFA y su cordialidad con FIFA para demandar las actuaciones de rigor que nos permitan disfrutar de una imparcialidad arbitral que no vivenciamos desde, al menos, hace más de 33 años.

Seguramente, este sea el último mandato de Florentino y, más allá de todo lo que ya tiene encarrilado a nivel económico e institucional, estos deben ser los puntos en los que centrarse para dejar al club en la mejor posición posible.

Caso Negreira, CTA, Mourinho y su poder en el vestuario, in that order.

 

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Robándole un verso al gran Enrique Urquijo, desde La calle del olvido, contemplo el final de temporada con alivio, y es la primera vez que me pasa en muchos años. El fútbol es un disfrute y, si algo tenemos los del Real Madrid, es que lo vivimos con alegría, precisamente porque atesoramos numerosas felicidades a lo largo de cada temporada, incluso sin centrarme exclusivamente en el conteo total de títulos. Sin embargo, este año ha terminado a trompicones, con un cansancio más moral que físico, y con la extraña sensación de que, para reparar lo que esté roto, era necesario un buen parón antes de volver a la gloria, que es lo nuestro.

En el inicio de campaña, Florentino no se ha olvidado de decir lo más importante, lo que más nos preocupa a todos los madridistas, al menos por la urgencia que tenemos por volver a sentir grandes emociones en el campo. En efecto, ha dicho que los responsables del club ya saben qué es lo que no ha funcionado, o lo que ha faltado, y que están trabajando en su reparación, lo que sin duda pasará por el esperado aterrizaje de —esperemos— Mourinho y algunas entradas y salidas que estarán a la altura de ese Real Madrid de lujo por el que siempre se ha distinguido esta presidencia, donde nunca ha habido espacio para la especulación, la mediocridad ni mucho menos el tedio. Solo fuertes emociones.

El Benfica en siete puntos

Por eso, porque es el mismo sentimiento que yo tenía, no me ha sorprendido en absoluto que muchos jugadores aprovecharan el final de la temporada para confesarse en las redes sociales, prometiendo volver el curso que viene al máximo nivel y admitiendo un secreto a voces: que el final de la presente campaña futbolera ha sido devastador, que muchas cosas no han salido bien, y que por momentos —me lo habréis leído este año— ni siquiera sabíamos qué demonios estaba fallando. Por eso es importante que la actual dirección haya dicho públicamente que ya han localizado aquellas cosas que no han funcionado, que han mantenido al equipo en un estado fluctuante entre la depresión y la euforia, entre la impotencia y los coletazos de rabia y esperanza; que tampoco vamos a olvidar que rozamos con la punta de los dedos la eliminatoria de Champions y quién sabe, que con el Real Madrid nunca se puede poner la mano en el fuego cuando se trata de certificar una muerte prematura.

Otra cosa buena de esta inesperada campaña presidencial es que sirve, después de dos años rarísimos de deportiva melancolía, para poner sobre la mesa y recordar el verdadero plan de la dirección de este Real Madrid, que es el mismo que fue, el mismo que nos hizo pasar años de increíbles e imposibles alegrías, y que es el mismo que —si no ocurre un suicidio colectivo en la militancia— seguirá siendo, el único que, desde mi nada humilde atalaya, considero que puede devolvernos la gloria que anhelamos.

con moderado optimismo, pero con fe ciega en el Real Madrid de los últimos años, ahora que todo acabó, ya estoy deseando que todo comience de nuevo

He sido muy crítico en lo deportivo durante toda la temporada, en ocasiones llevado por las emociones instantáneas y la mala leche natural del aficionado, pero también es justo admitir, ahora más sosegadamente, que hemos tenido crisis peores. Recuerdo crisis en las que casi nada podía salvarse en el vestuario, sucesiones caóticas de entrenadores, y una sensación de desnorte y abatimiento desatada al mismo tiempo que la excelencia de nuestros rivales más importantes. Hoy las cosas son de otro modo.

Por un lado, porque no tenemos que empezar de cero. Tenemos extraordinarios jugadores, muchos de ellos han sido pieza fundamental en las gestas de estos años atrás, y aunque se necesitan incorporaciones cruciales, hay una parte de la estructura deportiva que puede mantenerse perfectamente, y sostener el edificio madridista que se levantará en la próxima temporada. Y, por otra, también hay que tenerlo en cuenta, la mutación total en el mundo del fútbol que está provocando que los grandes ya no sean tan grandes e invencibles: nuestros mayores rivales han atravesado serias dificultades y han tenido tropezones bochornosos también esta temporada, mientras que equipos de menor entidad, cada vez más, te pueden meter en serios problemas. Quizá por estar demasiado cerca de las competiciones día a día no estamos siendo del todo conscientes de este inmenso cambio que se está produciendo en el fútbol. Un cambio para el que, además, no tengo explicación. Y que en lo que atañe al Madrid sugiere una doble conclusión: que no vamos a tener un solo domingo en paz —nuestros rivales tampoco— y que nuestros máximos competidores no están, ni de lejos, al nivel que estuvieron en otras épocas de crisis merengue, sino que son mucho más asequibles.

De modo que, con moderado optimismo, pero con fe ciega en el Real Madrid de los últimos años, ahora que todo acabó, siempre nos pasa, ya estoy deseando que todo comience de nuevo.

 

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