Buenos días. El Real Madrid cayó por 3-0 ante el Barça, cosa que puede pasar. Queremos decir que es posible. Lo que en cambio no puede suceder, porque es imposible, es que remates cinco veces al larguero (o cuatro al larguero y una al poste, o dos al poste y cuatro al larguero, ya ni sabemos) porque eso supone una revocación de las leyes de la probabilidad.
Y sin embargo sucedió. Y tampoco fue una cuestión de falta de puntería o de incapacidad atacante, porque (salvo el penalti lanzado por Vinicius) no fueron balones al palo que malograran claras oportunidades, sino acciones meritorias del rematador, chuts lejanos en su mayoría. A partir de aquí, leed la crónica de Andrés Torres y culpad a quien queráis, al rombo de Ancelotti, al apartamiento de Vinicius de la banda, a los fallos en defensa (ay, Mendy), al lucero del alba. Cualquier análisis nos parece legítimo, siempre y cuando vaya precedido de la asunción de que serán análisis no de un partido de fútbol propiamente dicho (aunque también), sino de un poltergeist veraniego.
Porque repetimos: disparar cinco veces al larguero en el transcurso de un partido es imposible, aunque sucediera. Pero hay una cosa más imposible todavía, tanto que esta sí que no sucedió: es imposible tirar cinco veces al larguero (o cuatro al larguero y una al poste, o lo que sea) habiendo hecho un partido “pésimo”, como sentenciaron muchos en redes sociales. Hay que hacer más al amor, amigos. No se puede ir por la vida con ese afán de devastación, por mucho que duela perder ante los hijos putativos de Negreira, por muchísimo que escueza ser goleados por ellos cuando el partido nada tuvo que ver con el marcador.
Sí, ya lo sabemos. No debemos caer en el argumentario prototípicamente culé, lo del “marcador impostor”’y demás excusas baratas. Totalmente de acuerdo, pero tampoco se puede hablar del encuentro de ayer como si hubiese existido una mínima correlación entre fútbol y resultado, como si no hubiera habido un poltergeist (o cinco poltergeist y dos subversiones de lo posible, lo que sea). Analizar lo de anoche como si hubiera sido lo más normal del mundo sería como hablar del Barça como si no hubiera comprado al estamento arbitral durante un mínimo de dos décadas, es decir, algo que La Galerna no está dispuesta a hacer.
Para otros, en cambio, ayer no sucedió nada llamativo relativo a los palos de las porterías (tampoco a las prodigiosas manos de Ter Stegen), y son capaces de contarte las cosas como si nada en ese sentido hubiera ocurrido. No es de extrañar, porque son exactamente los mismos que entierran la desvergüenza de la compra de la cúpula arbitral llevada a cabo por el Barça como si no hubiera sucedido tampoco.
Ahí lo tenéis, amigos. Se ve que para Mundo Deportivo no hay nada de particular en el hecho de que un equipo la mande cinco veces al palo o qué sabemos cuántas, puesto que no hay la menor mención a esta anécdota en la portada. Raro es, para los profesionales de Mundo Deportivo, el partido en que uno de los oponentes (no entre los dos, sino uno de ellos) NO estrella cinco balones en el palo en el transcurso de un encuentro. “Baño de verano”, titulan, con fotografía del sorprendente Fermín. Baño de millones el que las arcas culés hicieron llover sobre Negreira a lo largo de un mínimo de dos décadas para tener bajo control al colectivo arbitral.
A los amics de Sport les pasa lo mismo. ¿Alguien ha visto alguna vez algún partido en el cual uno de los contendientes no tire quince o dieciséis veces al larguero? Así, el que ayer los de Carletto lo hicieran cinco veces (o seis) no les llama la atención y, por consiguiente, como sus amigos de Sport, tampoco lo hacen figurar en portada. La máxima concesión que están dispuestos a hacer el Madrid es por la vía indirecta, o sea, afirmando que el choque fue “vibrante”, en el entendido de que sí lo fue lo sería porque ambos rivales jugaron muy bien.
Marca, el diario de todas las aficiones, sí refleja que el Madrid tiró a la madera en un millón y medio de ocasiones, pero se decanta por un titular aséptico, algo que no hiera más de lo debido al aficionado blanco pero que también halague someramente al hincha del negreirismo. Ya está: “el Barça golpea primero”, titular poco sonoro que no hace sangre y que contentará al patrocinador máximo del rotativo, a la sazón cocinero de huevos con chistorra con la complicidad de Laporta.
Hemos ordenado hoy las portadas, como enseguida calibraréis, de menos a más dignidad. As destaca la abundancia de remates a los palos por parte de los blancos como el componente más llamativo del choque, y acierta en ello, porque lo fue. Apunta además que “el Madrid puso el fútbol y el Barça los goles”, lo que tampoco es un análisis desatinado para nadie que presenciara el cada día peor llamado “clásico”.
Y esta es la historia, queridos galernautas. El que quiera quemarse metafóricamente a lo bonzo (o quemar a otros) para mostrar su disconformidad por un marcador terrible -y terriblemente injusto- en la pretemporada tiene nuestro permiso. Maldecid la falta de acierto, la defensa fallona en la salida del balón, la desubicación de Vini, el esquema diamantino. Exigid el cese de Ancelotti. Haced lo que queráis. Para nosotros fue un poltergeist, y como tal hay que encargar a los muchachos de Expediente X, y no a Manolo Lama, el examen de los desperfectos.
Pasad un buen día.
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Courtois (5). Sin milagro.
Mendy (4). Peligroso… para su equipo.
Militão (5). Serio, pero desconectado al final.
Alaba (5). Ídem.
Carvajal (5). Corajudo pero sufriente.
Tchouaméni (7). El mejor del Madrid. Valladar en defensa. Sacó a relucir su fenomenal disparo a larga distancia.
Camavinga (6). Dinámico, activo, voluntarioso.
Valverde (5). Apagado.
Bellingham (5). Intermitente.
Rodrygo (4). Fallón y despistado.
Vinicius Jr. (5). No puede ser el 9. Lo intenta siempre.
Fran García (6). Bravo. Le plantó cara a Dembélé.
Kroos (4). Un error impropio de él.
Modric (5). Dejó alguna delicatessen.
Joselu (5). Poco tiempo. Rondó peligro.
Brahim (-). Sin tiempo.
Ancelotti (5). En busca de la fórmula del alquimista.
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Nos quitaron el Teresa Herrera. Nos arrebataron el Carranza. Hasta la Supercopa se la tuvieron que llevar al desierto. A cambio nos timan y nos brindan un Madrid-Barça de veraneo. Estival y en Dallas, ciudad de magnicidios, ese por el que suspiran cada día, el nuestro precisamente, els nostres amics blaugranas, sea Liga, Copa, Shempions, Uropali, o The Cookie Trophy. Sin Gavi en la convocatoria, al menos sabíamos de antemano que a priori no habría necesidad de paramedics en el AT&T de la ciudad de Texas.
Con su aura frankestiniana Oriol Romeu nos despertó del letargo propio de la somnolencia de las noches de verano con un trallazo al larguero. Respondieron pronto Vini y Goes, en su nueva función de Pareja de Oro, que hiciera de Oliver Atom y Tommy Backer en el New Team una dupla imparable. Lo que ocurre, de momento, es que alejar a Vini de su autopista acaba por atascar el centro y desemboca en Ferland Mendy tirando melones desde la izquierda. Tiempo al tiempo. Esperemos que este rombo que se ha sacado Carletto de la chistera no acabe en Cuadrado Mágico de Vanderlei Luxemburgo. Mientras tanto, pudo Bellingham estrenar incluso su cuenta en un Clásico, aunque fuera este descafeinado, pero se aturulló y malogró el excelente servicio profundo de Valverde. Fue el preludio de una brillante jugada de pizarra de la xavineta; es justo reconocerlo.
Un saque de esquina cedido al balcón del área fue aprovechado por Gündogan, que asistió para derechazo inapelable de Dembélé. Se las prometía felices el Barça mientras Maldini se relamía de gusto con cada boutade que pudiera protagonizar Frankie. Ya saben ustedes que esa terminación -Frankie, Gavi, Pedri, Busi, Messi, Fresi- gusta mucho en Can Barça. Poco después, protestón Araujo cometió un absurdo penalti por mano, que Vini, que sepamos prácticamente por primera vez desde los once metros, estrelló en el larguero.
El Clásico de Dallas habría de acelerarse frenéticamente a partir de la media hora. Justo cuando Eric García -¿pero éste no se había ido?- hizo acto de presencia. Un minuto tardó Vini en hacerle el lío tras un fenomenal robo de Tchouaméni, todo un Tchou en defensa. Ter Stegen y su nueva melena al viento evitaron el gol de falta de Goes. La tensión crecía por momentos, el Madrid también y el Barça comenzaba a acogotarse, máxime después de que Camavinga clavara sus rodillas en los atributos de Araújo en un balón dividido.
Vini estrellaría el balón en el larguero -presumiblemente botó dentro, pero no había VAR por esos lares y qué quieren qué les diga, ni así lo llegamos a echar de menos- y Dembélé fallaría un mano a mano con Courtois tras tremenda cantada de Mendy. Goes correspondería después al favor fallando ante Ter Stegen. Ferland pagaba la torrija con la entrada de Fran García, mucho más bravo durante todo el encuentro.
Y todo en 45 minutos. Difícil abstraerse de la atmósfera de un Clásico. Aunque sea en verano y en Dallas. Y, sobre todo, si hay que padecer entradas alevosas y criminales como la de Frankie por detrás a Bellingham. Los gringos madridistas nos exigían ganar este partido.
No obstante, el Madrid perdió el hilo en la reanudación ante el cloroformo que los culés aplicaron. Los merengues brindaron quince minutos tan insulsos, que los pretorianos Kroos y Modric ingresaron en el verde en detrimento de un apagado Halcón y un voluntarioso Camavinga. La grada, entusiasmada, y media hora para el final. Tchouaméni inauguraba el asedio final con un obús al larguero, otro más, del Madrid en Dallas. Toque de corneta y veinte minutos para Joselu, un 9 para el asedio. Bellingham, intermitente, al banco.
El tiempo se agotaba a pesar de la esperanza blanca que insufló Hernández con un quíntuplo cambio que incluyó incluso a un tal Fermín en Arlington Road. Y el tal Fermín sentenció el encuentro después de que Kroos perdiera el balón en la salida con un fenomenal latigazo desde la frontal. Aguantó el chaparrón el Barça tras el tercer larguerazo de Vini y consumó su magnicidio en Dallas de pretemporada.
A Canaletas.
Suena a tópico balompédico, pero al Madrid le toca seguir trabajando.
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Good morning, dear friends, good night from Dallas.
Esta noche española y tarde americana vuelve el Real Madrid a los terrenos de juego y lo hará en un duelo frente al Barça de Xavi Hernández en la ciudad de Dallas. No es un sitio cualquiera, es el escenario en el que Luka Doncic suele realizar sus mejores actuaciones semana tras semana. Igual que J.R., otro ilustre habitante de la zona.
As lo titula "El Clásico americano", y aunque es un titular que “mola” bastante, por otro lado pensamos que podría valer igual para La diligencia, El Padrino o una hamburguesa doble con chile y estilo BBQ. Será el primer Clásico de Jude Bellingham, a quien vemos fino, muy fino, en la imagen, por mucho que su apellido podría traducirse libremente como “hinchándose a jamón”. El inglés (que será próximamente también irlandés) resulta elegante hasta cuando saca los dientes y nos recuerda demasiado a Zidane como para no amarlo desde el primer día. La summeriana de 2023 será una gran temporada de fichajes aunque no llegara nadie más. O aunque solo hubiera llegado Jude.
Quien parece que ha estado belling ham es su compañero de foto, el alemán de origen turco Gündogan. Se le vio pesado en la goleada recibida frente al Arsenal, con una belly que no tenía cuando levantó la Champions hace un par de meses.
El de esta noche será un partido amistoso más de la gira por Estados Unidos, ya saben, esos partidos en los que los clubes pactan una serie de condiciones con los organizadores:
- Emolumentos por partido.
- Número de cambios permitidos.
- Calendario.
- Horarios de juego.
- Modo de arbitraje: sin negreiras, secuaces de Cantadelejos, ni VARes rouriles.
Hemos sabido en esta gira que Xavi Hernández introdujo otra serie de condiciones adicionales en los contratos:
- No vale jugar con intensidad.
- El césped debe tener un máximo de 1,6 cm. y regarse cada 22 minutos.
- Prohibido tirar a trallón, por alto, dentro del área pequeña o con mala intención.
- No vale meter la pierna, salvo si te llamas Gavi o Araújo.
- Si el calor supera los 35 grados, el partido podrá suspenderse porque el equipo culé viene de una gastroenteritis.
- Prohibido jugar como si fuera un partido de Champions, que ahí nos golean en cada actuación y nos trae malos recuerdos. ¡Arteta, cabrón!
Sport escoge a los mismos jugadores para su portada, de cuerpo completo, con lo que se aprecia con mayor nitidez lo comentado acerca de la figura con la que ambos llegan a la pretemporada. Según vemos, el Barça jugará como local esta noche y, puesto que los culés se encuentran de promoción de su camiseta blanca, la más bonita que han tenido en años, por cierto, nos surge la duda acerca de si se dará la paradoja de que el Real Madrid tenga que jugar de azul marino para evitar confundirse con “el blanco del Barça”. Ojalá nuestros ojos no lleguen a ver nunca una camiseta del Real Madrid con la mezcla de colores azul y grana.
Hay cosas que no cambian desde hace varios veranos: los amistosos en Estados Unidos, los problemas del Barça para inscribir a sus nuevos fichajes, las palancas salvadoras que Tebas admite aunque no se cobren, la marcha de los jugadores con más talento a otras ligas (muy raro, ya que con la firma de CVC nos habían contado que a todos los equipos les sobraría la pasta), las maniobras de Ceferin para sancionar a unos clubes (Juventus y Osasuna, por ejemplo) por prácticas que a otros se les consienten, el ascenso de los dirigentes más peligrosos del mundo del fútbol (Medina Cantalejo ha sido el último)… y el fichaje de Mbappé, que es lo que trae el Marca a su portada por bicentésimo cuadragésimo sexta vez (ordinal de 246, que hemos tenido que buscarlo).
“Sólo falta fijar el precio”. ¿Perdón? ¿Sólo? ¿Pero cuántos veranos llevamos con lo mismo? La desinformación en la que mantiene el Madrid a los medios es perfecta, y por eso sorprende leer los detalles de la noticia:
“Los blancos ya conocen que el PSG pide 250 millones”.
“Pero quieren rebajarlo a 225 o están dispuestos a esperar un año”.
Han estado tan despistados tantas veces que nos sorprende que tengan fuentes fiables para ofrecer esta información. Y no digamos la siguiente:
“La madre del jugador y un intermediario han acordado el reparto del traspaso”. A ver si lo entendemos. Puede que venga este año, o puede que no venga hasta 2024, o que no venga nunca, y nos dicen que no hay nada acordado, pero a la vez que ya se han repartido las comisiones… la Mari y “un intermediario”, que esperamos que no sea uno de tantos insiders supuestamente bien informados que pueblan las redes. El Día de la Marmota de este fichaje desplaza a la parte superior de la portada el Real Madrid-Barça de esta noche, y aunque se trate de un amistoso, nuestra prioridad siempre se centrará en los que están, no en los que podrían estar. Y mucho menos en los que podrían no estar.
Kylian al Madrid, Dembélé al PSG, y como decía con acierto algún ilustre tuitero.
Que paséis un gran día y una mejor noche.
El proceso de imitación es el motor que ha movido a los seres vivos a pervivir y que, unido a la innovación, ha permitido la evolución de las especies, principalmente de la humana. Los principios son bastante simples; existe un modelo cuyos usos, hábitos y comportamiento son copiados por otro individuo o grupo. El procedimiento se produce naturalmente entre padres e hijos o cuando se crece idolatrando a una figura concreta. Por pura lógica, cuando el referente a imitar se elige y no se hereda, suele tratarse de alguien notable, de una persona excepcional en algún aspecto. Si yo quisiera ser tenista profesional, probablemente me fijaría en cada gesto de Rafa Nadal, de Novak Djokovic o de Björn Borg, por poner tres ejemplos. Para ser actor, buscaría referentes quizás en De Niro, en Brando o en Newman. Y así sucesivamente, encontrando el espejo en que mirarse en cada actividad.
Si tuviéramos que determinar un molde ideal en la gestión financiera y deportiva de un club deportivo en España, la elección más racional sería el Real Madrid, ejemplar en la manera de regir su economía, instalado en un nivel de éxito altísimo y de forma sostenida en el tiempo. De hecho, cuando sales de la burbuja nacional y hablas con aficionados al fútbol de cualquier otra parte del planeta, el Madrid desprende para ellos un halo de superioridad inquebrantable. Se le considera casi de forma unánime el arquetipo de club deportivo de éxito, el inquilino perpetuo del puesto al que los demás aspiran.
En el fútbol español el Real Madrid está lejos de ser el arquetipo a emular. De hecho, ocurre todo lo contrario. Cada propuesta que proceda del 14 veces campeón de Europa en cualquier institución deportiva nacional se deshecha acompañada de una catarata de críticas, mofas y protestas. La entidad que preside Florentino Pérez recorre una ruta perfectamente trazada en sus despachos, que le permite seguir siendo competitiva a nivel financiero, incluso sin recursos artificiales inyectados por estados, sin accionistas dispuestos a endeudarse o a ampliar capital y sin la necesidad de acumular deudas durante décadas para competir en el más corto plazo. Al mismo tiempo, la mayor parte de los clubes españoles bracean para mantenerse a flote a duras penas, con pérdidas operativas en cada ejercicio. El fútbol se arruina. Alguien lo advirtió hace unos años y propuso fórmulas para atajar el problema, pero se le lapidó de forma inmisericorde.
El maná de CVC, que no fue otra cosa que empeñar un tractor para poder pagar las facturas pendientes, a costa de que en los años venideros se coseche mucho menos, no arregló absolutamente nada. Como alternativa a esta ruinosa operación, el propio presidente del Madrid presentó al resto de equipos otra oferta con mejores condiciones en cuanto a años e intereses, que fue desestimada sin considerarla siquiera. La razón quizás fuera el beneficio personal de algún dirigente, seguidismo o consecuencia del odio cerril a todo lo que tenga que ver con el Madrid.
Apenas un par de campañas después del trato que iba a dar un gran impulso a la competición nacional, la deuda del fútbol profesional recupera cotas milmillonarias y la inmensa mayoría de los equipos tienen que desprenderse de talento (entre otras muchas cosas) para malvivir. El potencial de la Liga no deja de mermar, exportando jugadores ya no solo a gigantes como la Premiership inglesa, sino también a campeonatos que, hasta hace poco, no podían competir económicamente con el fútbol español. Italia, Francia y hasta México está comprando futbolistas en España. Mientras algunos intentan centrar el foco en las reglas que ellos mismos firmaron para permitir inscripciones y exigen flexibilizar el marco legal para que se puedan generar números rojos sin control, se obvia la nefasta gestión que ha llevado a este punto cercano a la quiebra a la mayor parte de los clubes que componen la Liga. Los de arriba se endeudaron sin medida para intentar ganar títulos (y perseguir al que se coronaba una y otra vez campeón continental), los del medio pretendiendo llegar a Europa y los de abajo buscando mantenerse.
Al final, todo se reduce a elegir entre antimadridismo y progreso. Y casi todos escogen siempre la primera opción
Se trata un efecto dominó pernicioso y que se mantuvo como única forma de manejarse hasta que no hubo más ventanillas a las que llamar para pedir prestado. Mientras, a aquel que actuó invirtiendo o guardando acorde a sus posibilidades, se le criticó por hacer una cosa, y también por la contraria. El Madrid puede permitirse el lujo de gastar en fichajes más que el resto de sus competidores nacionales juntos, carece de la necesidad de desprenderse de activos, tiene el estadio casi renovado por completo y posee una de las plantillas más talentosas de Europa, pero aún así sigue aislado en el fútbol español. Solo en la cima, con el resto cada vez más y más lejos, pero aún escuchando el murmullo de todo lo que hace mal y de lo fantásticamente bien que actúan los demás.
A muchos de los dirigentes deportivos españoles les ciega tanto el antimadridismo, que no comprenden que alinearse con la entidad deportiva más grande del mundo en lugar de recorrer el camino opuesto supondría para clubes y competiciones un más que probable avance. Al final, todo se reduce a elegir entre antimadridismo y progreso. Y casi todos escogen siempre la primera opción.
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Existe un cierto sector del madridismo a quien le parece importantísimo que los jugadores extranjeros del primer equipo aprendan español lo antes posible.
Pienso que, para un jugador del Madrid, no hablar español puede ser incluso una ventaja. En 1823 la reina Desireé, esposa de Carlos XIV de Suecia, desembarcó en su reino por primera vez. Los suecos la recibieron como a Courtois en el Metropolitano porque no querían saber nada de aquella extranjera que ni siquiera hablaba su idioma. Se daba además el caso de que la nación estaba pasando por una dura sequía, así que cuando la reina desfiló frente al pueblo, este gritó sin parar “vi vill ha regn!”, que en sueco significa “¡queremos lluvia!”. Para el oído francés de Desireé aquello sonaba casi idéntico a “Vive la Reine! (¡Viva la Reina!). Por lo tanto, la buena mujer se puso muy contenta pensando que había conquistado los corazones de sus súbditos gracias a su carisma arrebatador.
Tengo la sospecha de que los madridistas más emperrados en que los fichajes nuevos aprendan el idioma son, precisamente, los que más les insultan a la primera de cambio. Quizá por eso tienen tantas ganas de que aprendan español, para que les entiendan bien cuando les gritan sobre sus madres desde la grada. Recuerdo a Roncero, Lama, Castaño y otros devotos guardianes de la pureza de la lengua española ponerse bastante pelmas con lo de que Bale no hablaba español. Igual les fastidiaba que cuando le llamaban “parásito” no se diera por aludido. O tal vez a Gareth Bale le pasaba como a la reina Desireé y la expresión “pesetero sinvergüenza” es fonéticamente parecida a algo que en galés significa “pero qué tío más majo”. No lo sé.
Ignoro en qué medida el conocimiento de uno u otro idioma mejora las cualidades de un jugador de fútbol. Es más, sospecho que no lo hace en absoluto, como en otros campos de la vida. Michael Curtiz era un director de cine bastante bueno responsable de clásicos del cine americano del calibre de Casablanca, pero, al ser de origen húngaro, hablaba un inglés casi ininteligible. El actor David Niven, que trabajó a menudo a sus órdenes, recuerda cuando durante el rodaje de La carga de la brigada ligera, Curtiz se hizo un lío al ordenar que pusieran ante la cámara a los caballos sin jinete y dijo: “¡Traigan los caballos vacíos!”. (A Niven le hizo tanta gracia la frase que la utilizó como título para sus memorias: Bring on the empty horses). Curtiz tenía muy mal genio y a menudo perdía la paciencia cuando se reían de su espantoso inglés:
— ¡Hijos de perra! —gritaba. — ¡Estoy harto de vosotros y vuestro asqueroso idioma! ¡Creéis que no sé un jodido nada! ¡Pues bien: sé un jodido todo!
Si bien las pifias idiomáticas de Curtiz no alcanzaban ni de lejos las épicas patadas al idioma que solía propinar otro gigante de Hollywood, como era Samuel Goldwing, a quien en cierta ocasión le advirtieron de que un guion resultaba demasiado cáustico. “No me importa lo caro que cueste —respondió—, haré con él una gran película”; o cuando volvía loco a su productor favorito, Irving Thalberg, con indicaciones como esta: “Vamos a modernizar esta película con un dinámico diálogo del siglo XIX.”
Ancelotti es un poco como Michael Curtiz pero en bonachón. Cuando habla español es como si lo triturase, pero en su mente bullen las ideas del genio. Rafa Benítez hablaba un español perfecto y lo utilizaba para explicarle a Modric cómo tenía que dar los pases, lo cual es todo un desperdicio lingüístico.
El español es un idioma bellísimo cuando se usa bien. La inmensa mayoría de la gente que habla o escribe sobre fútbol en los medios no sabe utilizarlo. Manejan un vocabulario muy pobre y, a menudo, desconocen el significado de las pocas palabras que emplean, y cuando articulan frases son como gatos vomitando bolas de pelo. Esa gente es la que se escandaliza cuando un recién llegado como Güler, Bellingham o cualquier otro no muestra por nuestro idioma el respeto que ellos consideran adecuado.
En mi modesta opinión, un jugador o entrenador del Madrid no necesita hablar bien español, lo que necesita es hablar mal muchos idiomas para de ese modo entenderse en un vestuario que es como una torre de Babel. El Real Madrid es un equipo universal y multilingüe, no tiene ningún sentido exigir a quienes forman parte de él que se manejen en un solo idioma. A los madridistas no debería preocuparnos si Bellingham habla español, porque se empieza así y se acaba durmiendo mal porque en un partido no hay suficientes jugadores andaluces en el once titular, porque la plantilla tiene muchos negros o por alguna otra memez xenófoba por el estilo. El día que a la mayoría del madridismo le inquiete que su equipo parezca poco español, el Real Madrid dejará de ser el Real Madrid y se habrá convertido en el Atleti pero con copas de Europa. Que igual eso es con lo que sueñan algunos seguidores aficionados a las pipas Facundo.
Tengo un amigo que dice que no quiere morir sin ver al Madrid ganar una Champions con once tíos nacidos en el barrio de Salamanca. Lo veo poco probable y, si ocurriera, me imagino a Errejón quemando su carné de madridista, y a ver entonces cómo hacemos luego para presumir de club transversal ahora que se nos ha ido Isco Alarcón. En lo que a mí respecta, no necesito a once jugadores madrileños o de otra región española para identificarme con ellos o para comprenderlos.
Tampoco exijo que Bellingham o cualquier otro hable español. Ya lo hará si quiere, y se lo agradeceremos como corresponde, porque estudiar el idioma del país donde resides debe hacerse por cortesía, nunca por imposición. Y cuando alguien se toma la molestia de aprenderlo, ha de valorarse como un acto de generosidad y no exigirse como un impuesto.
Se puede amar y respetar el país en el que vives sin necesidad de dominar su idioma. Una vez conocí a un prestigioso artista de Bangladesh que residía en Madrid desde hacía lustros, en un piso de la Castellana con unas vistas privilegiadas sobre el Paseo. Como era un hombre muy entrañable, cada 5 de enero solía invitar a las familias de sus amigos a su casa para que los niños vieran la cabalgata de reyes desde su balcón. Era una costumbre española que disfrutaba aunque no comprendía. “Esto no parece cabalgata, parece desfile putas”, solía decir. Tras más de 15 años residiendo en España era incapaz de articular una frase más compleja que esa. Eso no impedía que sintiera verdadera pasión por este país, sobre todo por la ciudad de Toledo, que le encantaba. Y, por supuesto, era —y sigue siendo— profundamente madridista. Seguramente porque el Real Madrid habla un idioma universal que incluso un pintor bangladesí puede entender como propio.
Así pues, querido Jude Bellingham, querido Arda Güler o querido quien corresponda: en lo que a mí respecta, podéis aprender español si os hace felices; o podéis aprender francés, alemán, mozárabe, klingon, dialecto pitufo o lo que os dé la gana.
Me parecerá perfecto. Pero yo lo que quiero es que juguéis muy bien y marquéis muchos goles, que ya veréis como los goles en el Madrid suenan bonito y se entienden perfectamente en cualquier idioma.
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Muy buenos días. Viene coplero el día, con el desgarro que suele transmitir el género popular, no del todo bien ponderado por vaya usted a saber qué tipo de prejuicios. Pocos estilos como la copla para dejar constancia de un dolor, de un amor desgraciado, de una pérdida o de una pasión desbocada, entroncando con el tango, con el fado y con toda aquella manera de cantar que se aproxime a lo más hondo sin florituras ni ambages, con una sinceridad directa y pelín demagógica que eriza la piel y exalta el corazón, ebrio y siempre a punto de detenerse por exceso.
Así creemos leer las portadas culés, sentidas ellas por el aciago debut de pretemporada del ahora equipo de camiseta blanca, de Gündogan y Oriol Romeu (?). Cinco goles recibió el més que un club por parte del Arsenal, y llora Sportivo por los rincones como lloraba la Zarzamora, ella que siempre reía y presumía de que partía los corazones.
Está sin rodaje la Barçamora. Estuvo tierna incluso. El Arsenal fue duro y eso molestó a Xavi, que quiere hacer algún fichaje. El club se apalancará por enésima vez para obtener 60 millones con los que pagar acaso las nóminas, algo de gasolina para el regreso de Estados Unidos, dos o tres paquetes de clínex, o una nueva máquina para cortar el césped. Lo que sea por volver al café de Levante entre palmas y alegrías. Lo que sea por llenarse de brillantes de la cabeza a los pies, es decir, lo que quiera Roures.
La UEFA, esa noble institución que vela por los intereses de los niños del mundo, ya ha hecho su parte para que las penas sean menos, permitiendo que la Barçamora pueda jugar la Champions porque aquí, ya se sabe, no ha pasado nada, porque la copla, tan sentida, nos alcanza como disfrute por ser simulacro y representación, pues, de ser un hecho crudo lo que canta, no habría quien la cantara y sólo cabría el cierre por derribo, el silencio y la culpa. Pero nada de eso hay en la parroquia culé, y menos en sus voceros, que ganan cuando ganan y no tienen pudor alguno en querer seguir ganando cuando pierden la decencia y el decoro.
Que publiquen mi pecao y el pesar que me devora, cantaba la Zarzamora. Y qué to's me den de lao, continúa ella, haciendo gala de una dignidad que no alcanzamos a ver en la prensa culé, no vaya a ser que se les caiga el chiringuito. Aquí está todo publicado, pero no parece haber más pesar que el que provoca el victimismo revanchista, ni asomo alguno de exhortación al ninguneo público por reconocimiento de una falta. ¿Qué falta ni qué ocho cuartos? Faltas las que hicieron los del Arsenal la otra noche y que no dejaron que nuestro juego fluyera como fluyen limpias las aguas de la más refrescante cascada que en el mundo ha sido.
Se podría decir que, para frescor, el que ha traído Jude Bellingham al Real Madrid, según lo demostrado en los dos primeros partidos de pretemporada, especialmente en el segundo, contra el Manchester United de Casemiro (uno di noi). Así lo hace notar la prensa madrileña, especialmente el diario As, que llena su portada con la imagen de la celebración del estupendo gol del todocampista inglés, vaselina mediante, y que aparece en la crónica del partido que Jesús Bengoechea ha dejado escrita.
Nótese que, dicho sea de paso, los goles de vaselina se llaman de muchas maneras, según leemos tras una somera búsqueda en internet: emboquillada, sombrero, picadita, clareada, globito, y así hasta palanca, término tan querido por la Barçamora, quien, ya decimos, no sabemos qué tiene, ella que siempre reía y presumía de que partía los corazones. Tendrá lo mismo de siempre, tal vez. Tendrá eso de sentirse en antediluviano agravio, motivo perfectamente acondicionado como relato exculpatorio de todo lo que sea necesario para seguir cayendo de pie y bailar y cantar coplas como quien de verdad ha sufrido lo que canta.
Andrés Calamaro, a quien La Galerna ya entrevistó en su momento gracias a Sebastián Auyanet, está en pleno Tour 2023. El músico argentino lleva su arte a lo largo y ancho de la piel de toro. A estas alturas, la gira está siendo un éxito total de crítica y público. En términos taurinos podríamos calificar este hecho incontestable de Calamaro como el fenómeno de un torero caro y revienta-taquillas. Como todo el mundo sabe, Calamaro es un gran madridista. Es bastante habitual leerlo en Twitter comentando los partidos con bastante sabiduría futbolística. Es gran aficionado y buen conocedor del balompié, pero nunca resulta grosero ni hincha exacerbado. No podíamos esperar menos del autor de himnos como La libertad o Estadio azteca. Todo un caballero don Andrés. A lo largo de esta columna detallaremos algunas semejanzas entre su trayectoria y la de nuestro Real Madrid. Quédense leyendo, no les pienso defraudar.
El próximo 28 de septiembre se cumplirán 33 años de la llegada a España de Andrés Calamaro. Dicha efeméride bien vale una valoración pausada. Lógicamente, el tiempo pasa pero Calamaro es eterno. Como nuestro club, pasarán las décadas y caerán los gobiernos pero Calamaro seguirá cantando. Vendrán otros siglos, se alzarán nuevos régimenes, pero el Santiago Bernabéu seguirá erguido espectacularmente en mitad de la Castellana. Los chavales del mañana pasarán la Nochebuena del 2030 viendo en sus teléfonos de ultimísima generación los mejores goles de Cristiano Ronaldo mientras los jóvenes de hoy les pondremos de fondo las canciones de Calamaro. Y así hasta el infinito. O hasta que una IA tome conciencia tipo Skynet y pasemos todos a ser algo etéreo o fluido en el más allá.
Decía que la relación de Calamaro y nuestro país cumple ya 33 años. Ha llovido lo suficiente como para considerar a Calamaro uno más de entre nosotros. Año a año, canción a canción, Calamaro ha cimentado una carrera musical de alto voltaje. En un viaje de tantos años, alguna uña se habrá facturado en el camino, pero su sempiterna figura parece resistir intacta a las modas más arbitrarias o, inclusive, al derrumbe de la industria discográfica. En la era digital del consumo rápido por el usar y tirar, Calamaro sigue siendo aquél. Porque Calamaro, como Karim Benzema, hace música para los que saben de música. Porque, como monsieur Benzema, Calamaro puede ser exquisito pero también popular. No en vano, a pesar de aparentes excentricidades y decisiones disonantes, el gran cantante argentino ha sabido componer una cantidad inestimables de exitazos sin llegar a resultar nunca previsible ni redundante. ¿Acaso no es así como un auténtico gaucho saca adelante su vida errante?
Cuando Calamaro aterrizó en Madrid reinaba la Quinta del Buitre. No era un mala época para llegar a vivir. Aquel Madrid de la posmovida bullía en el ciclón de colorines que fueron aquellos años dorados. José Luis Garci, nuestro primer director de cine capaz de ganar un Oscar para nuestra lengua, siempre cuenta que la España de entonces tenía ganas de vivir y todo el mundo parecía estar estrenando una nueva experiencia. Así pues, el joven Calamaro aterrizó en un país diferente al de hoy. Parece mentira que existiera una España alegre de verdad, ¿no? Parece mentira que España encadenara el Mundial del ‘82 con la Expo de Sevilla del ‘92 y los Juegos Olímpicos de Barcelona en ese mismo verano.
Por lo tanto, los años noventa serían de Calamaro como lo fueron del Real Madrid. La década comenzaría algo incierta para el artista pues comenzar de cero en otro país y en otro continente siempre tiene lo suyo. Más aún cuando en España gobernaban las viejas glorias de la canción con las figuras de la Movida. Y, para más inri, las radios y las salas habían apostado por la incipiente escena indie o por grupos de pijos universitarios cantando en inglés. Cuando Calamaro forma Los Rodríguez junto a Ariel Rot, Julián Infante y Germán Vilella, parecían cuatro ex combatientes del Vietnam fuera de lugar. Del otro lado, el Madrid de Ramón Mendoza transitaba hacia el de Lorenzo Sanz. Bajo su mandato el club de Chamartín volvería a tocar el Cielo con las manos.
Lorenzo Sanz tenía claro que el hombre en el banquillo debía de ser Fabio Capello y que los fichajes disruptivos eran los mejores. De una tacada: Panucci, Bodo Illgner, Seedorf, Roberto Carlos, Šuker y Mijatović. ¡Albricias! Pedja fue el elegido por el destino para anotar uno de los goles más importantes en nuestra historia: el gol de la Séptima. Tras 32 años, el Madrid volvía a ganar la Champions. Tras 32 años, el Madrid volvía para renovar sus votos con su novia eterna, la Copa de Europa. Esta gesta se produjo un 20 de mayo de 1998. En ese año Calamaro estaba inmerso en pleno proceso de grabación de Honestidad brutal, una obra excelsa y su álbum más icónico. Por cierto, un año antes, en 1997 había publicado Alta suciedad, álbum que habría de consagrarlo como la estrella del rock del momento y que musicalmente rozaría la matrícula de honor. Ese álbum fue grabado íntegramente en New York con el legendaria productor Joe Blaney y músicos de primerísimo nivel mundial como el batería actual de los Stones, Steve Jordan, o el guitarrista Marc Ribot. Como anécdota comentar que la pista número 13 es una canción existencialista con ritmo reggae en la que aparece el filósofo madridista Antonio Escohotado, tan importante para La Galerna, con una voz lejana cual rapsoda beatnik. Este tipo de cosas suceden en un disco de Calamaro y entre grandes madridistas.
El resto es historia del rock en español, e historia por hacer del balompié, que diría Jabois en el himno de La Décima. Si los noventa acabarían coronando a Calamaro en el Olimpo de la Canción, el nuevo siglo contemplaría cómo volvía a la corona de laurel a adornar la cabeza del Real Madrid. El 11 de diciembre del 2000, la FIFA eligió al Real Madrid como el Mejor Club del Siglo XX y a día de hoy vamos camino de serlo otra vez cuando el presente siglo agonice.
Este jueves 27 de julio volveré a ver a Calamaro. El recital será en el Festival Tío Pepe (Jerez de La Frontera), y a buen seguro que Dios volverá a ser testigo de la existencia de su canto. Las ganas y la emoción por ver a El Salmón actuar son parecidas a las que experimenté cuando Sergio Ramos metió ese cabezazo en Lisboa en el minuto 93. ¡Hala Madrid y larga vida a Andrés Calamaro!
Buenos días, amigos. El Real Madrid jugó ayer (anoche para el lector con horario europeo) el segundo de sus partidos de la gira estadounidense, derrotando por 2-0 al Manchester United en una actuación tan convincente, considerando que estamos en pretemporada, como lo fue el 3-2 ante el Milan. Las sensaciones del equipo son buenas, muy en particular las que transmite el fichaje estrella, que no es otro que un Jude Bellingham que nos tiene encandilados a todos. El resto de nuevas incorporaciones (Fran García, Joselu y Brahim, aún no Güler) también están rindiendo bien. Joselu en concreto fue en encargado de cerrar el marcador con un remate de chilena que recordó las mejores exhibiciones de Cristiano Ronaldo o Hugo Sánchez. Espléndido Camavinga. Colosal Rüdiger.
De todo esto, nada de nada en las portadas del día. Es lo que tiene la prensa escrita. Todavía existe, pero la inmediatez del acceso digital a los contenidos convierte el periódico en papel de hoy en una cosa que no es ya que en realidad sea de ayer, sino que es del cuaternario. Son portadas que nacen ya descatalogadas. Afortunadamente, La Galerna trasnochó para ver al Madrid, y aquí tenéis la crónica en la cual Jesús Bengoechea os detalla qué le pareció el partido al tiempo que homenajea a Sinead O´Connor, a quien Dios tenga ya en un rincón del Cielo distinto al de Juan Pablo II.
Por cierto, después del Madrid jugó el Barça, que no tuvo más remedio que encajar 5 goles 5 por parte del Arsenal. Pero es que no os lo vais a creer: los londinenses jugaron a ganar. Es una desconsideración absoluta para con los inventores del fútbol por el cual suspiran los niños. Xavi está justificadamente indignado por las ambiciones de victoria mostradas por su rival, que no tuvo la menor consideración con el Barça por haber sufrido un virus. Hosti, tú, no saben ganar. Ni perder. Son mourinhistas.
Desconsiderados. Mourinhistas. ¿Qué hacen intentando ganar? ¿Cómo se atreven a ponerle intensidad? ¿No ven que la semana pasada estábamos malitos? Xavi Hernández se supera día a día. Como señalaba nuestro amigo Quillo Barrios, ya puede hacer tick en las siguientes casillas (no confundir con Iker) de excusas: césped alto, calor excesivo y también excesivo deseo de ganar por parte del oponente.
En el fondo, Xavi Hernández no es más que un dignísimo continuador de la estirpe de quejicas con ínfulas políticas que marca el rumbo histórico de la institución. En 1943, el Barça perdió 11-1 contra el Madrid. Para la historia la cosa quedó como que en el descanso un alto cargo franquista les amenazó con que no saldrían vivos si no se dejaban derrotar. La leyenda tiene dos máculas: una, es mentira; dos, en el descanso ya perdían 8-0.
Qué mal los del Arsenal, de verdad. Qué falta de valors. Testigos que vieron el partido a altas horas de la madrugada nos aseguran que Gabriel Jesús tiraba a trallón, cosa que no se valía, se dijo antes del partido.
Aparte de la goleada infligida por los de Arteta, la actualidad culé pasa por su nueva equipación blanca. Han hecho incluso un vídeo promocional de la misma, en el cual se ve a Laporta birlando una camiseta de una caja de cartón y huyendo a esconderse de la policía. El que, estando imputados por corrupción deportiva entre otras muchas cosas, el mandatario culé tenga el cuajo de hacer un paripé donde se presenta a sí mismo como ladrón dice mucho del grado de impunidad de la cual esta gente se sabe beneficiaria. Como subraya nuestro colaborador Alberto Cubero, miccionan en la piscina de todos, pero no discretamente relajando esfínteres bajo el agua, sino desde lo alto del trampolín y entre carcajadas etílicas.
El caso es que están muy contentos y orgullosos de su nueva equipación blanca, que según Sport ha causado un gran “impacto”.
Fijaos bien en el texto que acompaña a la foto porque no tiene desperdicio. “El Barça presenta su segunda equipación blanca y causa furor y morbo en el mundo futbolístico”. La admisión de que ver al Barça de blanco trae consigo “morbo” es la confesión en toda regla de que la búsqueda del morbo es deliberado, lo cual nos lleva a una conclusión que por lo demás no es ninguna sorpresa: están obsesionados con el Madrid, y su complejo de inferioridad no puede ser más sangrante. Ya que no pueden ser como el Madrid, buscan al menos vestir como él. En la línea de creación de relatos psicotrópicos que caracteriza a estos amics, lo que se pretende hacer colar, subliminalmente, es que por el hecho de vestir de blanco ya son tan grandes como el Madrid, es más, que son mejores en realidad, y que este pretendido sorpasso conceptual jode sobremanera a los madridistas, que en realidad nos despelotamos de risa, como no podía ser de otro modo, al asistir a este amor truculento por el blanco freudiano de los reyes del complejo.
Marca revela la negativa de Mbappé a enrolarse en las filas de ningún equipo arábigo. Eso despeja un rival más del camino para que recale en el Madrid, y además parece dar a entender una escala de prioridades por parte del jugador que, esta vez, podría realmente hacerle entender que el dinero no lo es todo. Esperemos acontecimientos.
El resto de portadas tienen poco interés desde un punto de vista blanco (blanco madridista, no blanco secundón culé). ¿Qué esperabais? Son portadas de verano. Deseamos, eso sí, toda la suerte a la selección española de fútbol femenino, y en particular a nuestra querida Athenea, que ayer sufrió una lesión. Que no sea grave, querida nuestra.
Pasad un buen día.
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El Madrid se impuso por 2-0 al Manchester United, en la segunda victoria de la pretemporada, merced a dos acciones muy brillantes por parte de Jude Bellingham y Joselu, respectivamente, al comienzo y al final de este choque amistoso.
Los comienzos fueron intensos, registrándose a los cinco minutos un gran pase en profundidad de Rüdiger para que Bellingham controlase y marcara de vaselina. Pareció estar en fuera de juego, pero la ausencia de VAR en este torneo validó su exquisitez técnica inaugurando el marcador. Se diría que espoleados por el error, los ingleses reaccionaron de inmediato con una gran ocasión de Garnacho, que la mandó por encima del larguero.
Dominaba el Madrid con un juego vivaz en el medio campo y blandiendo el rombo, con Jude como estilete de dicha línea y enlace con los dos delanteros. Vinicius se viene más al centro de lo acostumbrado al jugar en una línea de dos, y está por verse si esto le beneficia o lo contrario. Menos fijado a la banda, el brasileño pierde protagonismo, pero considerando que casi todo el fútbol ofensivo del Madrid lleva años mostrando cierta dependencia de Vini quizá no sea mala noticia que aprenda a aparecer menos y ser, a cambio, más decisivo aún cuando lo haga. Es una de las incógnitas que sólo el tiempo podrá despejar en este apasionante nuevo Madrid del porvenir, sin que podamos precisar si una eventual llegada de Mbappé arrinconaría estas novedades tácticas. Probablemente sí, desterrando el rombo.
Mason Mount la tuvo en un balón mordido, pero fue el propio Vini quien desperdició un gran contragolpe escurriéndose cuando se aprestaba a rematar un centro de Carvajal. Se estiraba el Manchester, que chocaba con la contundencia de Rüdiger. El alemán se bastaba para frenar las acometidas de los de Ten Haag al tiempo que Modric y Camavinga destapaban el tarro. Le faltaba no obstante pausa al Madrid, animado por la verticalidad de un Bellingham que está condicionando la forma de jugar de sus compañeros. Lo dijo Ancelotti: “Tenemos que acostumbrarnos a su calidad”.
Vinícius la tuvo tras una gran jugada individual, pero Onana respondió muy atento, sin que Rashford, a los pocos minutos, pudiera hacer valer una gran acción de Eriksen. Bellingham tejía jugadas electrizantes, y Lisandro se ganó la amarilla en una acción impropia de un amistoso para frenarlo.
Con el 1-0 se llegó al descanso de un primer tiempo caracterizado por la exuberancia de Camavinga, la robustez de Rüdiger y el buen tono general del resto de sus compañeros.
Tras el descanso se procedió al carrusel de cambios de rigor en este tipo de enfrentamientos, aunque fue Camavinga, uno de los pocos que se mantuvieron sobre el campo, el protagonista de la primera gran acción, con un balón de lujo a Lucas Vázquez del que no supo sacar partido el gallego. Sin embargo, fue el Manchester quien tuvo las mejores ocasiones, en las botas de Bruno Fernandes y Lisandro. Los mancunianos dominaban ahora ante la exhibición de Garnacho, que volvía a exigir a Lunin antes de que llegara el aluvión de cambios de Ten Haag.
Quedaba media hora, y 22 tíos básicamente distintos a los que habían comenzado jugaban para llevarse la gloria de un encuentro clásico en Europa, aunque sea un amistoso. El juego, a ráfagas, no cesaba de resultar atractivo, y de una manopla de Lunin se pasó a un contragolpe armado por Joselu que el propio canterano remataría con intervención de Onana. Sin solución de continuidad, el mismo Joselu remató de cabeza un gran centro de Lucas Vázquez. Camavinga seguía imperial, bien secundado por Kroos, y precisamente tras una buena apertura de Toni llegaría otro centro de Lucas Vázquez, ya al borde del final, que resultaría en una espectacular chilena de Joselu, autor de un golazo que nunca olvidará.
PS: Sweet dreams, Sinead, you beautiful and tortured soul.