Las mejores firmas madridistas del planeta

El domingo 20 de julio de 1986, hace 37 años exactos, concluía en Madrid, Palacio de los Deportes, el décimo Campeonato Mundial de baloncesto de la FIBA ('Mundobasket-España'86'), con una jornada final clausurada con el éxito absoluto de los Estados Unidos de David Robinson (y de 'Muggsy' Bogues, Charles Smith, Steve Kerr -que no jugó la final, lesionado-, etc...), tras batir por 87-85 en la gran final a una estelar Unión Soviética que lideraba Arvydas Romas Sabonis.

Esa misma jornada de clausura incluía los partidos que cerraban todas las liguillas de grupos finales para otorgar los puestos definitivos. Para la medalla de bronce, la Yugoslavia de los hermanos Dražen y Aleksánder Petrović -frustrada por los soviéticos en una semifinal de memorable final- arrasó al Brasil de Oscar Schmidt Bezerra: 117-91. Y la España de Antonio Diaz-Miguel, que se había descolgado de la lucha por las medallas, al perder por 72-86 frente al mismo Brasil, el 10 de julio, en Zaragoza... acababa firmando un discreto quinto puesto al batir cómodamente a la 'nazionale' de Italia del 'coach' Valerio Bianchini: 87-69.

En este España-Italia volvió a brillar un tonante Fernando Martín (que ya había sido subcampeón olímpico en 1984, en Los Ángeles), con 18 puntos (7/13 en tiros de campo, 4/6 en libres) en 39 minutos de juego, más cinco rebotes, cinco faltas y una asistencia. Tras el juego, el derrotado Bianchini declaró: "Fernando Martín fue un gigante imparable al que nunca pudimos controlar".

Con 23 tantos, Jordi Villacampa resultó ser el máximo anotador en ese España-Italia, aunque 13 puntos del alero barcelonista Juan Antonio San Epifanio, 'Epi II', confirmaron a Epi como líder anotador de España en el Mundobasket'86: 174 puntos, a una media final de 19,3 que le hicieron sexto en la tabla de 'artilleros' del Campeonato, liderada por el griego Nick Gallis en promedio de 33,7, por 28,1 del segundo: Oscar Schmidt. Fernando Martín se despidió con un total de 138 puntos para España en nueve partidos disputados, a media de 15,3... pero máximo reboteador del equipo de Díaz-Miguel, una sola captura por delante de Andrés Jiménez: 65-64.

Y, aunque ahí nadie pudiera saberlo, esta victoria de España sobre Italia, ese 20.7.1986, fue el último partido (de 86 totales) con la Selección española de baloncesto de quien en los años 80 fue, sin duda, el jugador nacional de más impacto y el primer español que pudo enrolarse en la NBA: Fernando Martín Espina, el pívot del Real Madrid de 205 centímetros de altura que vivió entre 1962 y 1989.

Ese mismo verano, Martín puso rumbo a Portland, Oregon, EE UU, tras firmar un contrato de dos temporadas con los Portland Trail Blazers de la Pacific Division, contrato de una suma total de 300.000 dólares (130.000+170.000), igual a 42 millones de las antiguas pesetas, algo menos de 250.000 euros de hoy.

Habida cuenta de su regreso a España y al Real Madrid al final de 1986-87, Martín sólo cobraría los 130.000 dólares del primer año en Portland, esa campaña 86-87, equivalentes a unos 17 millones de pesetas, poco más de 100.000 euros. Para intentar evitar la marcha de Fernando a los Blazers, y según el diario 'El País', el entonces presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza, le había ofrecido un contrato de dos temporadas de duración, con ficha media superior a los 40 millones de pesetas... anuales, prácticamente las dos temporadas de contrato que recibia en Portland... pero por un solo año.

(En 1987, al regreso de Portland, Mendoza acogería de vuelta a Martín respetándole un año que le quedaba en vigor del anterior contrato, hasta que en mayo de 1988 le renovó por dos temporadas y un total bruto de 94 millones de pesetas, casi 600.000 euros de hoy, con lo que respetaba y actualizaba, hasta el final de 1989-90, la oferta inmediatamente previa a la marcha del jugador a la NBA; nos queda para el recuerdo cierta razonada frase de Alejandro, 'Aíto' García Reneses: "¿Quién es Fernando Martín y por qué es alguien tan importante en un equipo? Pues se trata de alguien que, si no te juega, pierdes por 20 o 30 puntos, es eso").

Tras haberse probado ya en la Liga de Verano de los New Jersey Nets (en 1985, tras ser elegido por N. J. Nets en el puesto 38, 2ª ronda de 'Draft'), ya en aquel verano de 1986, Fernando Martín Espina, el 'gigante imparable' para Valerio Bianchini, estaba decidido a 'asaltar' la NBA. "Sólo si lo intento se podrá decir después que valía para conseguirlo o no, y no me puedo quedar sin responderme a esa pregunta. Quiero jugar en la NBA, quiero estar entre esos 240 jugadores que son los más grandes, más fuertes y más rápidos del mundo; puede que me enfrente a la soledad, pero sé que habrá que luchar. Es una elección", estableció Fernando Martín incluso a los pocos minutos de concluir aquel España-Italia.

Hasta esos mismos momentos, Fernando Martín y Antonio Díaz-Miguel habían sido amigos cercanos. Se portaban entre ellos con confianza y generosidad. Inclusive, Martín conducía un 'Mercedes 450 SLC' propiedad del entonces seleccionador nacional, cuando sufrió un duro accidente, aunque sin serios daños físicos, el 21.8.1985, en la calle Josefa Valcárcel, cerca de la M-30. Pero, tanto o más que Mendoza y el Real Madrid, Díaz-Miguel deseaba con toda su alma que Fernando Martín no se fuera a la NBA, a sólo dos años de los Juegos Olímpicos de Seúl, y a menos de uno del Eurobasket de 1987, en Grecia.

Justo hasta ahí, hasta el ciclo olímpico que terminaba en 1988, en Seúl, a los profesionales de la NBA no les estaba permitido participar en las competiciones internacionales de la FIBA. No cabe duda de que la idea fija de Fernando Martín de marcharse a la NBA, a machamartillo, gustó a Díaz-Miguel entre poco y nada. Y...

EL PROCESO FIBA

Todavía en aquel 1986, los jugadores que se enrolaban en la Liga Profesional estadounidense, la NBA -entonces a cientos de años/luz, mucho más lejos de lo que hoy pueda estar- quedaban (sin excepciones) descalificados por el Comité Internacional Olímpico (CIO) y por la FIBA, la Federación Internacional, para disputar los Campeonatos internacionales de Selecciones, incluidos los Juegos Olímpicos. Incluso en el remoto 1986, aquella situación de extraño 'apartheid' (...) se contemplaba como una anomalía cuyo final ya estaba sobre el tapete de las autoridades deportivas de la época, nada menos que con Juan Antonio Samaranch en la presidencia del CIO.

Pero, tras una serie de reuniones y sucesos, 1988 acabaría siendo el año en el que se cerrarían las conversaciones para la recalificación 'olímpica' de los 'profesionales' de la NBA, con el inmediato, hipnótico desembarco del 'Original Dream Team' en los Juegos Olímpicos de 1992, en Barcelona.

Como hemos citado, en la primavera de 1987, Fernando Martín regresó de la NBA para reintegrarse en el Real Madrid y en las competiciones FIBA de clubes. Pero la muerte en trágico accidente de tráfico, el domingo 3.12.1989, en la carretera madrileña de circunvalación M-30, impidió que Martín pudiera haber debatido a fondo con Antonio Díaz-Miguel su reincorporación para la Selección a partir, por ejemplo del Mundial de 1990 o con vistas a los Juegos de 1992.

Así, el mayor de los hermanos Martín, jugadores de baloncesto, se quedó en aquellas parcas 86 internacionalidades absolutas que había sellado en el Mundobasket de 1986 (recordemos: Juan Carlos Navarro, 253 camisetas; Epi, 239; Felipe Reyes, 236; Pau Gasol, 216; Antonio Martín Espina, 207; Andrés Jiménez, 187...).

OPEN MCDONALD'S/MADRID

Entre el 21 y el 24 de octubre de 1988, en Madrid, la FIBA y la NBA convocaron lo que se llamó el II 'McDonald´s Basketball Open Championship FIBA-NBA'. En 1987, en Milwaukee, se había disputado una edición inicial del evento de expansión de la NBA -en formato triangular- que aquellos Bucks de Terry Cummings y Sidney Moncrief dominaron con facilidad (sin bajar de los 123 puntos por partido) ante la Selección de la Unión Soviética y los campeones europeos de 'la' Tracer Milán (Olimpia, Simmenthal, Billy...). Tras algunas ediciones especialmente brillantes, como 1991 (Joventut, Lakers, Magic Johnson...) y 1997 -esta, con Michael Jordan y los Chicago Bulls en París-Bercy-, el 'McDonald´s' se canceló después de la edición de 1999, cuando ya tenía bastante menos sentido y proyección comercial.

DAVIS STERN CON ALEJANDRO DELMAS
PUBLICADA 11/10/03 NA MA29 3COL

En Madrid, esa II edición del 'Open McDonald's' -apelativo comercial en el que delegados y emisarios de la NBA insistían machaconamente- venía con la fuerza y fulgor de un relámpago. Nada menos que los Boston Celtics de Larry Bird y Kevin McHale, campeones de la NBA en 1981, 84 y 86, finalistas en 1985 y 87 y finalistas del Este (ante Detroit) en 1988 se manifestaban en todo su esplendor en Madrid y en Europa ante ese Real Madrid -de Lolo Sainz y del presidente Ramón Mendoza- que vestía sus mejores galas con ese 'combo' que prometía maravillas: Dražen 'Mozart' Petrović, casi debutante en el equipo blanco... y Fernando Martín, ya en su segunda temporada de regreso de la NBA. Nada menos.

Completaban el cartel del 'Open McDonald's' madrileño, en aquel Palacio de los Deportes de antes del gran incendio de primeros de Siglo XXI... 'la' Scavolini de Pésaro y la Selección de Yugoslavia, subcampeona en los Juegos Olímpicos de Seúl, menos de un mes antes (30.9.88) ante los campeones de Seúl, la última Unión Soviética de 'Papa' Gomelski y de Arvydas Sabonis, 'Zar' redivivo y resucitado para el baloncesto por los médicos de los Blazers de Portland. Pero en la trastienda, la organización de la NBA y su Comisionado, David J. Stern -que aparece en fotografía junto al firmante, señalando hacia un punto donde podría estar... Larry Bird- mantenían una jugosa agenda en Madrid.

BORIS BECKER...

Para empezar, Stern debía terminar de debatir en Madrid con Borislav Stankovic, Secretario General de la FIBA, algo que ya se había puesto sobre la mesa olímpica de Seúl/1988, ya en las horas inmediatas a la humillante derrota (en semifinales) de la notable Selección universitaria de EE UU (David Robinson, Dan Majerle, Danny Manning... John Thompson al frente) ante la URSS de Gomelski y Sabonis. Y se trataba de la recalificación de los profesionales de la NBA para los Juegos Olímpicos. Ni los Estados Unidos de América ni la Federación Nacional, 'USA Basketball', ni la NBA ni el propio David J. Stern querían volver a pasar por una humillación semejante, de algún modo parecida a la de 1972 en los Juegos de Múnich, en la celebérrima 'Final de la Cuenta Larga'.

Samaranch, que por 'visualización', proyección y espíritu comercial siempre había sido partidario de la máxima apertura en competiciones olímpicas y de Selecciones nacionales, ya había dado el visto bueno a la irrupción de la NBA ya en la Sesión del mismo CIO (Sesión 94ª), en aquellos mismos Juegos de Seúl (los 'de' Ben Johnson y su caso de dopaje), donde la España de Díaz-Miguel -sin todos los jugadores los ya citados y sin Fernando Romay, lesionado en la rodilla- concluyó en un opaco octavo puesto pese a la aparatosa victoria en la fase de grupos (118-110) sobre el Brasil de Oscar Schmidt que ese mismo día anotó... el récord olímpico de 55 puntos. Pero Brasil firmaría el quinto puesto y España se detendría en la octava plaza tras sendas derrotas humillantes ante Puerto Rico y Canadá.

Entre bambalinas, Samaranch sólo había advertido a Stern -quien había hecho llegar a todos los 'popes' y 'vacas sagradas' del olimpismo el positivo impacto económico y de mercados que podría generar en los Juegos una gran Selección USA de la NBA-... que en todo caso había que conseguir el 'sí' de Stankovic, con quien Stern afinó teclas en Madrid, en reuniones en el Hotel Palace, cuartel general de la NBA en aquellos días y de los mismos Boston Celtics.

Para aquellas conversaciones del 'Palace' con Stankovic, Samaranch también supo dotar a Stern de un aliado amunicionado con argumentos de gran calibre: Willi Daume, presidente del Comité Olímpico de Alemania Federal, ya había conseguido que Steffi Graf jugará el torneo 'oficial' de tenis de los Juegos de 1988 en Seúl, al persuadir a Graf (hoy 'Mrs. Stephanie Agassi' y que en Seúl cerró su 'Golden Slam', caso único) con el argumento bicéfalo de que el palmarés de Steffi siempre sería más importante con la medalla de oro de un buen torneo olímpico... y de que, al mismo tiempo, los Juegos serían mejores con Steffi Graf.

Económica, comercial y deportivamente, los Juegos Olímpicos interesaban a Steffi Graf... y Steffi Graf interesaba a los Juegos. Más allá, Daume quería depositar en los siguientes Juegos, en Barcelona, a un chico llamado Boris Becker, un cañonero rubísimo y muy teutón, 'Boom-Boom', fenómeno de carisma ya entre los cinco mejores del tenis ATP, con dos títulos de Wimbledon. 'Boom-Boom' Becker se había negado a ir a Seúl, alegando el duro calendario... más la 'pequeñez' y escasa repercusión del torneo olímpico de tenis. Becker iba siempre de la mano y argumentos de su técnico, 'manager' y mentor, un tal Ion Tiriac, cualquier cosa menos tonto.

Antes de que 1988 terminara, Boris se proclamaría campeón del Masters/ATP Finals, tras durísima batalla a cinco sets, en la final ante Ivan Lendl, en el Madison Square Garden de Nueva York. El campeón de tenis en Seúl fue el entonces aún checo(eslovaco) Miloslav Mecir. Allí mismo, en la gran metrópoli surcoreana, Emilio Sánchez y Sergio Casal produjeron plata para España en dobles masculinos.

Los Juegos Olímpicos necesitaban a Becker y a las estrellas de la NBA. Pero... ¿necesitaban la NBA y Becker a los Juegos? Con los ingresos e impactos de mercadotecnia a la cabeza, Samaranch, Stern y Daume coincidían en los argumentos a favor. Y, coordinados, se los pusieron por delante a un Stankovic, quien terminó cediendo... bajo la seducción de la fascinación y ventas que los profesionales de la NBA también podrían llevar a los Mundiales FIBA.

Además, tras los Juegos de Seúl y los pasos adelante en los 'Drafts' y fichajes por parte de franquicias como Atlanta Hawks y Portland Trail Blazers... la NBA ya calibraba la indudable proyección de emergentes figuras europeas -mayoritariamente, del Este- como los propios Sabonis (número 24 en la primera ronda del 'Draft' de 1986), Dražen Petrović, Volkov, Saras Marciulionis, Dino Radja, Stojan Vrankovic...

En todo caso, lo que en los Estados Unidos de América interesaba -e interesa- por encima de todas las cosas eran los Juegos Olímpicos, 'The Olympics'. Aun así, la NBA no aterrizaría con todo su poderío en los Mundiales FIBA hasta 1994, en Toronto, con victoria en la final sobre Rusia por aplastamiento (137-91)... entre un sombrío desastre español.

Después de cerrar el acuerdo 'del Palace de Madrid', ya sólo quedaba la oficialización de la decisión de la Asamblea de la FIBA: que se produjo en Múnich, ya el 7 de abril de 1989, con 56-13 en tanteo de votos a favor más la abstención de Grecia. Fue como cierre de la III 'Final Four' de la Copa de Europa de la FIBA (tras 1967 y 1988), una 'Final Four' en la que explotó y dominó con 'su' Jugoplastika de Split el destello de un cometa llamado Toni Kukoc.

Primero, en semifinales, Kukoc, 'TK' (más Radja, Perasovic... Dusko Ivanovic) hizo hincarse de rodillas (87-77) al Barça de Aíto, Epi y Audie Norris, el mismo que al siguiente mes de mayo iba a conquistar la llamada 'Liga de Petrovic'. Y después, en la final, los genios de Split frotaron la lámpara ante el tieso Maccabi de Doron Jamchi, Kevin Magee, Boza Maljkovic... y de una imponente tropa del Mossad, que -17 años después de la 'olímpica' masacre de 1972- no quería ningún nuevo disgusto siniestro con deportistas judíos en la República Federal de Alemania.

En su 95ª sesión, en San Juan de Puerto Rico, en agosto de ese mismo 1989, el Comité Internacional Olímpico, CIO refrendó la votación de la Asamblea de la FIBA... y lo siguiente verdaderamente importante para 'USA Basketball' (que envió un equipo 'de trámite' al Mundial argentino de 1990) fue la puesta en marcha del 'Original Dream Team' de cara a los Juegos de Barcelona, ya bajo acuerdo y supervisión de la NBA.

En Madrid y entre 21/24 de octubre de 1988, el 'Open McDonald's' alcanzó la cumbre deportiva con la gran final del 24 de octubre entre Real Madrid y Boston Celtics. Es decir, Dražen Petrović y Fernando Martín, etc... contra Larry Bird, Kevin McHale y Robert Parish. En semifinales, Real y Celtics habían liquidado sin problemas y respectivamente a 'i Campioni d'Italia' de 'la' Scavolini (108-96, Madrid) y la Selección de Yugoslavia menos Dražen Petrović (113-85, Celtics), una Yugoslavia que luego sería cómoda tercera ante Scavolini: 100-91.

En la final, el 24 de octubre, los Celtics se impondrían por 96-111 al Real Madrid bajo los focos del repleto Palacio. 29 puntos de un impresionante Larry Bird, con triples literalmente desde el cielo y desde la mesa de anotadores, mataron un partido que había cobrado interés con parcial del tercer cuarto favorable (30-24) para el Real Madrid, logrado a través de de estampidas viscerales de Dražen Petrović, el base internacional José Luis Llorente... y de Pep Cargol, jugador que impresionó al 'staff' técnico de aquellos Celtics.

"No tenemos demasiado que hacer", había dicho  poco antes del partido el propio José Luis Llorente Gento, plata en Los Angeles-84, a las azafatas/traductoras de la NBA. "Pero si vosotros teneís a Dražen, que es buenísimo, un genio", replicó una azafata. "Ya... y Larry Bird, ¿con quién juega?", repuso Llorente. También ahí se abrían las primeras fracturas entre 'Mozart' Petrovic (22 puntos, 6/18 en tiros) y el núcleo duro del Real Madrid de Lolo Sainz: “A ver si pasa un balón”, escucharon decir varios cronistas (sobre Petrovic) a Antonio Martín: bajo la mirada ceñuda del 'gran hermano', Fernando Martín Espina. Empezaba a discutirse de quién era aquel equipo. El técnico Brad Greenberg ya había venido desde Portland para sondear a Petrovic.

Así fue aquel histórico Real Madrid-Boston Celtics del 24.10.1988.

Marcadores por cuartos, 22-29, 25-32 (47-61, descanso), 30-24 (77-85) y 19-26. El Real Madrid falló 12 tiros libres. Estos fueron los jugadores y anotadores.  Real Madrid (96): Dražen Petrović (22), Biriukov (18), Rogers (13), Fernando Martín (12), Romay (4) -cinco inicial-, Antonio Martín (7), Llorente (4), Cargol (15), Villalobos (1).

Boston Celtics, (111): Dennis Johnson (10), Danny Ainge (11), Larry Bird (29), Kevin McHale (13), Robert Parish (10) -cinco inicial-, Brian Shaw (6), Jimmy Paxson (8), Reggie Lewis (5), Brad Lohaus (7), Mark Acres (8), Ennis Whatley (2), Ron Grandison (2) y Ramón Rivas.

EL RETORNO QUE NUNCA FUE

¿Pudo Fernando Martín Espina volver a jugar con la Selección española de Antonio Díaz-Miguel,  para empezar... en el Mundial de 1990 en Argentina, donde España cerró con un deficiente décimo puesto -entre 16-... ya con el carisma y varios hombres de Díaz-Miguel en declive? La respuesta más obvia es que el fatídico suceso de la M-30, el domingo 3.12.1989, impidió la concreción de la respuesta. Pero...

Por ningún concepto se hubiera podido alinear Fernando Martín con la Selección española que firmó quinta en el Eurobasket de junio de 1989, en Zagreb, dado que, aunque la FIBA ya había dado dio luz verde en abril de ese mismo 1989 a los jugadores profesionales NBA o 'exNBA', el Comité Internacional Olímpico, CIO, no refrendó la medida hasta su 95ª sesión, en San Juan de Puerto Rico, en agosto también de ese 1989.

Fernando Martin: 60 años de una lucha por sobrevivir

Además, Fernando Martín acabó en muy malas condiciones físicas la llamada 'Liga de Petrović', la 1988-89, encasquillado con recurrentes problemas de lumbago (también, del tendón del sóleo) que incluso le limitaban presencia y minutos importantes en el Real Madrid; por ejemplo, Fernando ni siquiera intervino en el primer partido del 'play off final' de 1989 entre Barcelona y Real Madrid, en el Palau Blaugrana: 94-69 para el Barça. Aquella frase de Alejandro García Reneses...

Más adelante y 'a posteriori' del Mundobasket de 1986, existía un distanciamiento personal indudable entre Martín y Díaz-Miguel. Se produjeron 'situaciones'. Con los dos protagonistas fallecidos, hay cosas y confesiones personales -privadas- que toca callar por simple respeto a los que ya no están.

Pero Antonio Díaz-Miguel se mantenía muy receloso ante este 'retorno del hijo pródigo' o del 'Gran Hermano' y sí se puede contar que establecía a los cuatro vientos: "Aquí no va a haber privilegios ni concesiones personales, si hay un 'Siete Machos', ése soy yo".

Antonio también dijo a quien aquí suscribe (y se publicó en la desaparecida revista 'Basket 16')... "Andres Jiménez es mejor que James Worthy... en el hombre alto al que ahora tenemos que seguir es Santi Aldama" (se refería al pívot riojano Santiago Aldama Alesón, olímpico en 1992 en Barcelona y padre de Santi Aldama Toledo, hoy jugador de los Memphis Grizzlies de la NBA).

Mientras, Fernando Martín se mantenía a la expectativa, ya bien renovado su contrato con el Real Madrid de Ramón Mendoza... y con Dražen Petrović largándose a Portland en agosto de 1989. Y en estas, el domingo 3 de diciembre de 1989, la M-30 apareció de súbito entre Antonio Díaz-Miguel Sanz, 'su' Selección española y entre Fernando Martín Espina (27 años) y todo su futuro. Fue la M-30. Fue la vida, no la FIBA.

 

 

 

 

 

Hace pocos días publiqué en La Galerna un texto titulado “Que le vote Negreira” en alusión a unas declaraciones de Pedro Sanchez a Marca. En ellas, Sánchez dejaba el BarçaGate (con la compra del estamento arbitral durante un mínimo de 17 años mediante el pago de más de 7 millones a su vicepresidente) en manos de la justicia, desestimando opinar sobre ello salvo para decir que era “un borrón” en el fútbol español, de los que el mejor escribano echa. Agregaba además su confianza en el estamento arbitral, pese a haber estado este manejado por dicho vicepresidente (Negreira) y estar ahora al mando del mismo sus discípulos directos.

El texto era duro y, como era esperable, no gustó a todo el mundo. Lo más criticado por los galernautas de izquierda fue el título, que casi me vino dado por la popularidad cosechada por otro parecido y acuñado por las derechas. Ya aclaré en redes sociales que parafrasear un slogan no supone bendecir el original, que me parece de muy mal gusto y ha sido denostado por quien debería bastar para erradicar su uso, y confío en que el aplicarle ahora el mismo título, la misma medicina, a Feijóo sirva para descartar mi aplauso al lema original.

Alberto Núñez Feijóo ha sido ahora el encargado de responder a la prensa preguntas (o, mejor dicho, pregunta, en singular, dado que el hábito saludable de la repregunta parece estar en desuso incluso en entrevistadores avezados) sobre lo de Negreira. Feijóo ha estado peor aún que Sánchez. ¿Peor? ¿Es eso posible?

Lo es. Veamos.

 

Sabe que hace unos meses la cadena SER destapó que durante años el Barça pagó al exvicepresidente de los árbitros, Enríquez Negreira, por unos supuestos informes que han puesto en jaque al club. ¿Qué opinión le merece?

-Desde luego, desde el punto de vista reputacional ha sido muy negativo para el Barça y la Liga española. Es difícil de explicar ese tipo de prácticas, es un mal antecedente porque se han sembrado muchas dudas y el Barça ha sufrido una erosión muy dura, al igual que el colectivo arbitral, pero aún así me alegro de que el club no haya sido excluido de las competiciones europeas.

 

Lo es porque no hay nada peor que la decepción. El arranque es bueno, si bien tibio, y luego se ve todo al garete estrepitosamente. Tibio, sí. ¿Qué clase de eufemismo es hablar de prácticas "difíciles de explicar" para hablar de sobornos, que se justifican muy mal ética y legalmente pero explicarse, lo que se dice explicarse, se explican divinamente? Con todo, leyendo entre líneas, el lector bienintencionado puede atisbar un ligero disgusto ante esas "prácticas" y la "erosión" que han supuesto "en términos reputacionales". Lo malo es que pronto quedará meridiano que lo que a Feijóo le preocupa es exclusivamente eso, es decir, la reputación del Barça y de los árbitros, sin que el lucro deportivo cesante de los rivales del Barça en ese proceso de amaño institucional parezca preocuparle demasiado. Es, si se me permite, como esos curas mucho más consternados ante el daño de imagen que los casos de pederastia han dado a la Iglesia que ante la herida emocional que acompañará a esos niños para siempre. Los temas no tienen nada que ver, pero el proceso mental es el mismo.

La sensación es que al aspirante a Presidente de la nación no le parece bien que el Barça comprara la competición durante al menos dos décadas, pero tampoco le parece tan mal como para que tenga que pagar por ello, no nos vamos a poner así

¿Pruebas? La siguiente frase: "Aún así me alegro de que el club no haya sido excluido de las competiciones europeas". ¿Cómo puede alguien condenar unos hechos y al mismo tiempo celebrar que el culpable de los mismos se salga con la suya sin sufrir la menor sanción? La única respuesta es la ya ensayada, es decir, que Feijóo pertenece (al menos en este asunto que, ay, podría ser signo de su actitud en otros) a la especie de personas preocupadas por el ruido en mucha mayor medida que por los atentados contra la honradez, de suerte que la impunidad debe ser saludada con un "menos mal" en lugar de lamentada, como correspondería hacer a un hombre que ama la decencia al precio que sea, como haría en definitiva alguien que honra el concepto de justicia por encima de componendas y cobardes "pelillos a la mar". La sensación es que al aspirante a Presidente de la nación no le parece bien que el Barça comprara la competición durante al menos dos décadas, pero tampoco le parece tan mal como para que tenga que pagar por ello, no nos vamos a poner así.

¿Y por qué no puede Feijóo desear (al menos, públicamente) que la entidad catalana pague por sus culpas? Obviamente, por la potencial pérdida del voto transversal del culé de centro-derecha. En sus motivaciones, Feijóo tampoco es por tanto muy superior a Sánchez, sobre quien en el otro artículo sugerí que no quería soliviantar a sus socios de gobierno catalanes. No es mucho más presentable abstenerse de hacer lo que es correcto por miedo a lo que piensen votantes potenciales que por miedo a lo que les parezca a tus socios parlamentarios. Si acaso, es más calculador desde lo remoto de la hipótesis.

Fred Gwynne lo sintetizó todo perfectamente en el chat de La Galerna, como hice también constar en Twitter: "En España no hay ningún político que crea que la recuperación del prestigio del fútbol español pase por que se haga justicia". Feijóo ha dejado claro que pertenece, en ese sentido, a la misma raza que Sánchez.

Que le vote, pues, Negreira también.

Negreira: un florero de 7 millones de euros

Buenos días. El diario As ha entrevistado al candidato a la presidencia del PP, Alberto Núñez Feijóo, y sus respuestas han resultado bastante desoladoras. La Galerna no es, por descontado, un medio político, pero cuando los políticos opinan sobre aquello acerca de lo cual nosotros opinamos todos los días, entonces inevitablemente tenemos que opinar sobre los políticos, o sobre sus opiniones, y cerramos aquí la frase que está resultando tan rajoyesca. El caso es que se dijo que La Galerna había entrado en campaña cuando nuestro editor Jesús Bengoechea escribió este texto a raíz de la entrevista de Pedro Sánchez en Marca, cuando el que había entrado en el fútbol (por mor de la campaña, eso sí) había sido el propio Sánchez, arrastrando inexorablemente a nuestro fundador. Lo mismo cabe decir de esta portanálisis, y de la muy posible réplica posterior del propio Bengoechea al potencial próximo presidente del gobierno.

El caso es que Feijóo ha dicho muchas cosas en As. Algunas buenas o muy buenas -como la intención de dar un homenaje de estado a Nadal que revela el titular principal-, la mayoría francamente acomodaticias y/o chocantes, no precisamente en sentido positivo, si lo hubiera.

"Escuchemos" a Feijóo, y reflexionemos sobre sus reflexiones.

 

-En (los) siete puntos del programa del PP dedicado al deporte hay referencias que nos gustaría que precisara: por ejemplo, la lucha contra el dopaje o contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia. ¿Tienen prevista alguna medida o reforma legal para erradicar esas lacras?

-Partamos de la base de que España no es país racista, pero hay brotes de algunas minorías que no son respetuosas con sus comentarios y actitudes, y lo hemos vuelto a ver esta temporada con episodios en algunos estadios. Nosotros vamos a ver, dentro de la normativa actual, qué se puede hacer, qué responsabilidad tienen los clubes y cómo podemos eliminar esos brotes, que, por otra parte, son menores que en otros países, y eso que, en mi opinión, España tiene la mejor Liga del mundo y la tensión es muy grande. En cualquier caso, si nosotros ganamos las elecciones, el ministro que lleve la cartera del deporte tiene las puertas abiertas para presentar propuestas que eliminen esas lacras que tanto daño hacen a la imagen del deporte.

La Galerna: Tibias manifestaciones estas. Gallegas, podríamos decir, si se nos permite recurrir al tópico antropológico. Feijóo pasa del sintagma eufemístico "minorías que no son respetuosas con sus comentarios y actitudes" (que le pregunten a Vinicius si le parece una descripción ajustada a la realidad) a la pasmosa pregunta "qué responsabilidad tienen los clubes" (que pregunten al Valencia y muchos valencianistas, todavía empeñados en matar al mensajero que se atrevió a denunciar el racismo en esas gradas en vez de denunciar el racismo mismo), para concluir con el estereotipo "España tiene la mejor liga del mundo" (que le pregunten a Canales, que se acaba de ir del Betis a México -no a Arabia Saudí ni al Inter de Miami: no, a México- por razones que obviamente ponen en duda el aserto del presidenciable). La sensación, en definitiva, es que a Feijóo le preocupan bien poco cuestiones sobre las que La Galerna avisa con alarma un día sí y otro también.

La conclusión es devastadora: como la RFEF, como la Liga, como Roures y como Sánchez, a Feijóo tampoco le interesa limpiar el fútbol español

 

Desde luego, quien vaya a ser secretario de Estado para el Deporte, presidente del CSD, va a tener que lidiar con el conflicto, ya enquistado, entre Javier Tebas y Luis Rubiales, de LaLiga con la RFEF. ¿Usted qué piensa hacer para destensar esa relación entre ambos?

Mi objetivo es unir y llegar a acuerdos, no sólo en este capítulo, sino en general. Yo no tengo ningún prejuicio con Javier Tebas ni con Luis Rubiales, lo que sí es verdad es que no se está dando un buen ejemplo con un enfrentamiento que a veces va más allá de los temas profesionales y parece que hay un asunto personal entre ambos. Desde luego, a mí me parece que las relaciones entre ambas instituciones son manifiestamente mejorables.

La Galerna: Nos llama la atención -y esto casi involucra más a la pregunta que a la respuesta- que se hable tanto de la mala relación de Rubiales y Tebas y tan poco de la escasísima idoneidad de ambas personas para ocupar los cargos que ocupan. A la pregunta "¿Usted qué piensa hacer para destensar esa relación entre ambos?", la única respuesta posible que se nos ocurre sería: "Procurar que ninguno de los dos siga en su puesto ni un minuto más". Muertos los perros, se acabaron las rabias, pero no es Feijóo hombre de cortar por lo sano a pocos días de unas elecciones generales. El Presidente del Gobierno, no puede, en puridad, despedir ni al de la Federación ni menos aún al de la liga, pero podrá, al menos, manifestarse sobre el manifiesto desastre que son ambos, juntos y por separado, en lucha recíproca o en sus casas en zapatillas.

 

¿Se siente usted cómodo con que la Supercopa de España se dispute en Arabia Saudí, un país que cercena tantos derechos y libertades?

-Yo creo que no es la mejor ubicación para celebrarla, como piensa la mayoría de los españoles, pero hemos de respetar a quien toma la decisión de disputarla allí, porque no sólo es que el fútbol está globalizado, sino que hay que tener en cuenta que los ingresos son determinantes para su celebración.

La Galerna: Respuesta nuevamente tibia y que obvia (aunque, a decir verdad, también lo hace la pregunta) otro punto no menos escandaloso, como es el evidente conflicto de intereses que supone el que los organizadores de dicho torneo sean el presidente de la RFEF y el capitán de uno de los equipos en liza.

Rubi&Geri y el conflicto de intereses dorado (para ambos)

 

-Sabe que hace unos meses la cadena SER destapó que durante años el Barça pagó al exvicepresidente de los árbitros, Enríquez Negreira, por unos supuestos informes que han puesto en jaque al club. ¿Qué opinión le merece?

-Desde luego, desde el punto de vista reputacional ha sido muy negativo para el Barça y la Liga española. Es difícil de explicar ese tipo de prácticas, es un mal antecedente porque se han sembrado muchas dudas y el Barça ha sufrido una erosión muy dura, al igual que el colectivo arbitral, pero aún así me alegro de que el club no haya sido excluido de las competiciones europeas.

La Galerna: La primera parte de la respuesta mejora ostensiblemente la otorgada por Sánchez a Marca hace unos días, pero la segunda empeora aún más, cuando no pensábamos que tal cosa cupiera, la sensación de que tanto el último Presidente como el gran candidato al relevo apuestan por el mismo "pelillos a la mar" con que las instituciones deportivas a la prensa están tratando, ignominiosamente, el BarçaGate. Al principio parece que a Feijóo le preocupa el asunto ("es difícil explicar este tipo de prácticas"), pero al final resulta que, por muy difícil que sea explicarlas, debe de ser que no están tan mal, dado que al fin y a la postre al candidato le alegró que el Barça no haya sido sancionado por la UEFA. ¿Cómo se come esto de admitir que determinadas "prácticas" han sido "difíciles de explicar" y al propio tiempo alegrarse (¡alegrarse!) de que no suceda absolutamente nada para que los culpables purguen sus pecados? La conclusión es devastadora: como la RFEF, como la Liga, como Roures, como casi todos los medios y como Sánchez, a Feijóo tampoco le interesa limpiar el fútbol español.

¿Conoce a los presidentes Florentino Pérez y Joan Laporta y si es así qué relación mantiene con ellos y qué equipo le despierta más simpatías, el Madrid o el Barça?

-A Florentino Pérez le conozco bastante, a Laporta no tengo el gusto. Siendo presidente de Correos hicimos al Madrid el sello del Centenario, después con el Deportivo le ganamos en el Centenariazo, que en el palco cuando se pitó el final sólo nos levantamos dos, uno que era del Atleti y yo, y ahora vivo cerca del Bernabéu, que por cierto va a ser el mejor estadio del mundo. Pero reconociendo que el Madrid y el Barça son de los mejores clubes del mundo, no oculto que soy del Deportivo y del Celta.

La Galerna: Hace poco declaró que era del Madrid, picando incluso a Almeida en algún mitin conjunto. Ahora dice esto. Que sea de quien quiera, pero un mínimo de coherencia de una vez para otra le vendría muy bien.

Mbappé con Francia

Conociendo a Florentino Pérez, ¿cree que traerá a Mbappé este verano al Madrid?

-Florentino es muy, muy inteligente y no creo que le entre una depresión si no lo ficha, porque el Real Madrid es más que un jugador, por muy bueno que sea. En cualquier caso, Mbappé no debería acabar su carrera sin venir al Real Madrid. Yo, si fuera su representante, le recomendaría que aceptara la oferta.

¿Usted intercedería para que una estrella de nuestro fútbol no se fuera a otra liga como hizo Macron el año pasado con Mbappé?

-Yo no voy a criticar a Macron, pero por qué no; si conociera bien al deportista y pudiera influir en su decisión, no lo descartaría.

La Galerna: No somos sospechosos de no ser madridistas. Pero, siendo consecuentes como Feijóo no parece serlo en muchas cosas, debemos censurar cualquier potencial presión gubernamental sobre la vida profesional privada de un deportistas como censuramos las presiones de Macron sobre Mbappé. Muy chocante esto que dice el candidato y, como señalábamos antes, no para bien.

Florentino y JAS

 

¿Cuál es su parecer sobre la Superliga que quieren llevar a cabo Real Madrid, Barça y Juventus?

-Yo creo que el deporte es más que una actividad económica, y cuando se convierte sólo en una chequera, empezamos a destruir muchos valores del deporte. Evidentemente no podemos idealizarlo todo ingenuamente, pero tampoco mercantilizarlo. No podemos cruzar fronteras peligrosas.

La Galerna: Que no falte una buena dosis de demagogia electoralista. Permítanos D. Alberto señalar cuál es la frontera que sí que resulta sumamente peligroso rebasar: la de la ruina.

 

Os dejamos con el resto de portadas de la jornada. Pasad un buen día.

El verano está para exprimirlo. Cada cual lo trata de disfrutar en función de sus circunstancias y nivel adquisitivo. El jugador de fútbol promedio se puede permitir un verano estupendo y el madridista, el triple de bueno. Lógicamente, los merengues están bastante bien pagados pues militan en el club más prestigioso del planeta fútbol.

Nuestros jugadores han disfrutado de unas merecidas vacaciones. No obstante, son profesionales del deporte y se cuidan más que yo o que mi vecino del quinto. Hoy día, el futbolista ha de vigilar su alimentación y entrenamiento hasta bajo la hamaca porque el camarón que se duerme se lo lleva la corriente. En este nivel de profesionalismo el esmero es lo primero.

Reflexionaba sobre todo esto viendo una foto publicada la semana pasada. En esta instantánea se veía a tres jóvenes rozagantes: Vinicius, Rodrygo y Camavinga lucían sus virtudes en una foto para la posteridad. En ella contemplamos a tres amigos que se dedican al balompié.  En pleno esplendor en la hierba, los tres mosqueteros son conscientes de que su momento es ahora. Porque el planeta fútbol les admira y respeta. Porque ellos vinieron, como dijo el poeta, a llevarse la vida por delante.

En los últimos años, Florentino Pérez destaca la buena sintonía existente entre los jugadores que conforman la primera plantilla. La sinergia es evidente. Los 25 conforman una gran familia. Y además, desde la llegada de Carlo Ancelotti parece que ese estado de felicidad se extiende también con el cuerpo técnico. ¿Acaso no es éste el panorama ideal para trabajar? En toda actividad profesional, un buen ambiente ayuda a lograr metas inalcanzables sin aparente esfuerzo. Véase la temporada 2021/2022 como epítome de la proeza. Podemos decir sin temor a equivocarnos que el Real Madrid de la temporada 2021/2022 materializó el sueño inalcanzable del que hablaba Francisco Umbral: ser genial sin interrupción. Porque, como dijo el poeta, el verdadero arte es largo y no importa.

¿A la Premier, Bengoechea? Sería bueno para todos

En mitad de este campo de estrellas donde veteranos y noveles intercambian roles y protagonismo, hay un hombre que se alza y agiganta. Su nombre es Vinicius Júnior pero la chavalería lo conoce como Vini Jr. A sus 23 años, el hijo pródigo de São Gonçalo es ya el 7 del Real Madrid. Y ya está todo dicho. Ser el 7 del club de Chamartín equivale a ser el jugador franquicia, pues hay una lista de jugadores icónicos cuyos nombres están grabados a sangre y fuego en la memoria sentimental de los aficionados merengues.  En el imaginario colectivo del planeta fútbol, el jugador que porta el 7 del Madrid es el jugador a tener en cuenta. El último gran héroe en portar el 7 con dignidad y justicia fue el inigualable Cristiano Ronaldo.

Entre Cristiano y Vinicius existe cierta consanguinidad de espíritu. Con sus luces y sus sombras, con sus virtudes y fallos, tanto el uno como el otro parecían predestinados a portar el 7 a sus espaldas. Ambos son jugadores de carácter, de los que siempre la piden y jamás se esconden. Ambos saltaron a la fama por jugar pisando la cal de la banda izquierda y por ser obstinados y ambiciosos en su juego. A los dos los machacó la prensa y todos las aficiones antimadridistas los acribillan, calumnian e insultan. ¿Las grandes diferencias? Por ejemplo, Vini llegó con 18 años procedente del Flamengo mientras Cristiano Ronaldo aterrizó en el Santiago Bernabéu con 24 años y con el Balón de Oro del 2008 como mejor jugador del mundo. Vini era un crío y Cristiano se había pasado seis temporadas en Manchester  haciéndose a sí mismo. En esos años en el United Ronaldo ya lo había conseguido todo, incluyendo la Liga de Campeones del 2008.

¡Mi jugador favorito llevando mi número favorito! La vida puede ser maravillosa

¿Qué pretendo conseguir trazando esta comparativa? Pues sencillamente que lo de Vinicius tiene mucho mérito. Llega a Madrid con 18 años y no es fácil hacer eso. ¡El chico cambió de país y de continente! Y en pleno proceso de adaptación, todos los focos hacia él y la maledicencia de la prensa abyecta sobre el precio de su fichaje y que si chuta bien o manda la pelota a Alcorcón. Para colmo, mientras se foguea con el Castilla, sufre acoso e insultos de las aficiones. Cierto capitán de cierto equipo de la capital llega a morderle la cabeza ante la mirada de un árbitro que miró para otro lado. Y sin embargo, cuando le toca saltar al Bernabéu, rinde como el primero. Por eso, si alguien me pregunta qué destacaría de Vinicius es precisamente su osadía. Y en su juego, cómo no, se refleja su personalidad: siempre vertical, siempre cambiando con los ritmos de aceleración y regate, siempre pegado a la cal o tirando líneas para que sus compañeros se la pasen y él haga alguna diablura. El golazo contra el City en la ida de las pasadas semifinales así lo demuestran.  Ya su actuación contra el Liverpool en los octavos es poesía futbolística

Me alegro de todo lo bueno que le suceda a Vinicius pues es mi jugador favorito de la actual plantilla. Que lleve el 7 nos ilusiona a muchos por la importancia simbólica que dicho número representa para el madridismo. Así que sí, uno de mis mayores alicientes para esta temporada es ver cada partido de Vini luciendo el 7. ¡Mi jugador favorito llevando mi número favorito! La vida puede ser maravillosa.

Víctima de complicaciones por un tumor medular, ha fallecido inopinadamente en Sevilla Domingo Pérez Mora. Nacido en 1956, Domingo Pérez fue masajista de la primera plantilla del Sevilla FC durante cuatro décadas y en 2021, a su jubilación definitiva, recibió la insignia de oro del club de Nervión. Pérez también fue quinesiólogo de la Selección española entre las décadas de los 80 y los 90, con el mítico entrenador del Madrid y seleccionador Miguel Muñoz, el recientemente fallecido Luis Suárez y Vicente Miera como seleccionadores.

Domingo Pérez era hijo de Manuel Pérez Fernández, 'Manolito Pérez', también masajista -y utillero- de la primera plantilla del club de Nervión y nieto de otro Pérez, Manuel Pérez Centeno, 'El Terrible'; quien, además de todo, también fue jugador sevillista. Domingo Pérez había nacido y vivido en la vivienda que su padre Manolito tuvo como guarda -que también lo era, además de masajista-, junto a la Puerta 5 del Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán', en Gol Sur. la más cercana a la Avenida de Eduardo Dato. El Terrible Pérez', de Carmona, ya vivió en las casetas del campo sevillista de Reina Victoria, en la Avenida de la Palmera; y allí nació 'Manolito Pérez Fernández Después, la familia se mudó al viejo recinto de Nervión y allí, en Nervión, ya nació Manuel Pérez Fernández, 'Manolito Pérez'.

Domingo heredó de su padre, Manolito, el puesto de masajista de la primera plantilla de la entidad, a comienzos de los años 80. Fue masajista ya en la presidencia del abogado pizjuanista Eugenio Montes Cabeza, quien insufló a la familia Pérez ayuda material para la graduación de Domingo Pérez Mora como ATS.

Esto, a a la par que Domingo hacía el aprendizaje material del oficio de su padre y abuelo. Por las manos de Domingo Pérez y durante 40 años de fútbol pasaron nada menos que Diego Armando Maradona, Diego Pablo Simeone, Toni Polster, Francisco López Alfaro, Pablo Blanco, Antonio Álvarez, Enrique Montero, o jugadores sevillistas que después engrosarían las filas del Madrid, como Buyo, Zamorano o Suker.

Pero, por todo su buen hacer, cercanía, profesionalidad y sevillismo, la escena imborrable por la que se recordará por los siglos de los siglos a Domingo Pérez Mora sobrevino en el estadio coruñés de Riazor, en la noche del sábado 6.2.1993. En la primera parte del duelo Deportivo-Sevilla de la jornada 21ª de la Liga 1992-93, la bota hecha tijereta de (nada menos) Diego Armando Maradona, con camiseta roja del Sevilla... impactó en el tabique nasal del guipuzcoano Alberto Albístegui, defensa central deportivista, a quien se le produjo abundante hemorragia nasal. Arbitraba el juez balear Bartolomé Riera Morro.

Con Maradona también enroscado sobre el pasto de Riazor, tras extraña pirueta y caída, Domingo Pérez abandonó el banquillo 'visitante', el del Sevilla, el más cercano a la jugada... y se fue a atender al sangrante Albistegui. Entonces se desató una escena histórica, que grabaron las cámaras cercanas al banquillo sevillista. Carlos Salvador Bilardo, el técnico argentino campeón del mundo, y entonces primer entrenador del Sevilla, entró en erupción -incluso dando cabezazos al filo superior del cajetín del banquillo-, con expresiones como ... "Agarró al otro y no a Diego, yo me quiero morir... ¡¡ Domingo, Domingo... !!, los de colorado son los nuestros, los de colorado".

Con Pérez -contrito por la bronca- ya de vuelta al banquillo, la reprimenda de Bilardo aún continuó con una expresión que se ha hecho célebre: "Al contrario hay que pisarlo, pisarlo...". Toda esa erupción 'bilardista' constituye una de las escenas más célebres -y tragicómicas: un sainete- del fútbol internacional de todos los tiempos. Esto, mientras Domingo Pérez intentaba explicarse como buenamente podía.

El Deportivo, el 'SuperDepor' de la época, batió al Sevilla de Maradona por 2-0 (Fran y Adolfo Aldana; Bebeto falló un penalti), aquella noche de Walpurgis en Riazor. En ambiente hipertenso, Albístegui y Maradona fueron tarjeteados por Riera, así como Del Campo, Martagón, Rafa Paz y Monchu. Situados en la tribuna superior de Riazor, los enviados especiales escasamente pudieron -pudimos- captar las palabras de Bilardo hacia Domingo Pérez; sólo pudieron percibir la gestualidad casi hilarante del doctor Bilardo... y regresar al hotel del Sevilla para enterarse y asombrarse del escándalo. Hotel en el que también se alojaba Concha Velasco, quien actuaba en Coruña y que era toda una musa para el técnico argentino.

Domingo Pérez y su padre, Manolito, también fueron grandes amigos de los Montiel, Vicente y José María, la familia histórica de masajistas del Real Betis Balompié. Todo esto junto, todo con puro sevillismo, cercanía, amistad y profesionalidad, fue Domingo Pérez Mora, el hombre que ahora nos ha dejado y por el que Carlos Salvador Bilardo... 'se quería morir' en la salvaje, delirante noche de Riazor.

Descanse en paz.

 

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Buenos días. Marca ha entrevistado a Isco, logro que era el argumento principal de su portada de ayer y sigue siendo importante en la de hoy. Nos parece bien que lo vendan como un éxito porque lo es. No todos los días entrevista uno a un futbolista que ha conseguido en su carrera tantas Copas de Europa como el FC Barcelona en toda su historia.

La entrevista la firma Juan Ignacio García-Ochoa y el rotativo la dividió en dos. Hoy llega la entrega más interesante para el lector madridista por cuanto es aquella en la cual repasa su carrera en el Madrid. Isco, pese a sus detractores, nos parece un jugador muy importante en la gloriosa historia reciente de la institución. Ganó 5 Champions Leagues, con eso debería estar todo dicho, pero habrá que precisar además que fue decisivo en la Décima (saliendo desde el banquillo), en la Duodécima (aquel Madrid de la soberbia final de Cardiff fue el más deslumbrante del ciclo, y giraba en torno a él) y en menor medida en la Decimotercera. El hecho de que podría haber dado mucho más aún, y que se diluyera en los meandros de una decadencia precoz, no debe hacernos olvidar su fulgor primero.

 

PREGUNTA. Vamos a retroceder un poco más. El top de Isco llega entre 2012 y 2018... Temporadón en el Málaga, fichaje por el Madrid, cuatro Champions, estrella de la selección... Pero sufre una operación de apendicitis, despiden a Lopetegui, llega Solari y a partir de ahí, no vemos al mejor Isco. ¿Es el punto de inflexión en la carrera de Isco?

RESPUESTA. ¿Sabes qué pasa? Estás en el Madrid y estás en lo máximo que puede aspirar un jugador. Estás en el club más grande de la historia, en el que también has pasado momentos malos pero que al final, siempre conseguía superar... Siempre acababa jugando cuarenta ó cincuenta partidos.

P. Usted acabó con la BBC.

R. Exacto, pues por eso lo digo. Que al final siempre superaba las adversidades y jugaba. Fui titular en dos finales de Champions, en las finales de Copa, de Supercopas... Hasta 2018 lograba estar en todos los momentos importantes y como te digo, el Madrid es el equipo más grande de la historia. Y aquí, entre comillas, viene el problema. Porque abandonar el Madrid en el justo momento en el que tienes que hacerlo es lo más complicado del mundo y le ha pasado a muchísimos jugadores. Y vuelvo ahora a 2018. Me operaron de urgencias de apendicitis. Los médicos me dijeron que el asunto era complejo, con más de un mes de baja. Pero yo a los veinte días ya estaba jugando. Ahí los médicos me habían advertido que me iban a presionar para que volver antes de tiempo, que yo me iba a sentir bien, pero que no lo iba a estar, que iba a sufrir... Pero el equipo estaba pasando por un mal momento, con varias derrotas como contra el Alavés , el CSKA y yo sentía que tenía que hacer un esfuerzo para ayudar a mi equipo.

P. Y echaron a Lopetegui y llegó Solari.

R. Eso es. Y a partir de ahí, Isco ya no existía para nadie. Ni para el entrenador, ni para los ayudantes, ni para nadie. Nadie me daba explicaciones de por qué de repente dejé de tener minutos y yo cuando le preguntaba directamente a Solari me decía que no pasaba nada, pero que el entrenador decidía. Jugué, me acuerdo, contra el Melilla y sin mediar palabra, me dejó varios partidos en la grada como contra la Roma. Ni siquiera en el banquillo. Me hacía viajar para dejarme sentado viendo el partido en la grada. Y yo no sentí respaldo por parte del club ni de nadie. Y ahora, viéndolo con perspectiva, es cuando veo que me tenía que haber marchado. Pero dejar el Madrid es muy difícil. Porque, como te decía, yo siempre había logrado revertir la situación. Otras temporadas, el club me llamaba para decirme todas las ofertas que tenía por mí, o que iban a fichar a jugadores en mi posición y que iba a tener difícil jugar, pero yo siempre respondí que me había costado mucho llegar donde estaba y que me daba igual, que competía con el que hiciera falta. Pero esta vez fue diferente... Me tenía que haber marchado.

P. ¿Pero qué pasó con Solari?

R. Sinceramente sigo sin saberlo. Tras uno de esos partidos en los que me había dejado en la grada sin darme ninguna explicación, recibí una llamada suya en la que me dijo que estaba entrenándome bien y que iba a empezar a confiar en mí. Me lo dijo, además, un día que estaba lesionado y no entraba en la lista, pero pensé que igual cambiaban las cosas. Al partido siguiente me dejó de nuevo en la grada, así que realmente no sé si se estaba riendo de mí... Está claro que me equivoqué y debí haberme marchado. Pero había llegado Zidane y con él había rendido bien.

 

Tras ponderar como es debido a Isco, solo podemos a continuación asombrarnos ante estas manifestaciones. ¿De verdad están tan endiosados los futbolistas que no son capaces de ver más allá de los halagos debilitantes de su entorno? Resulta sumamente llamativo que nuestro protagonista, aun tanto tiempo después, permanezca incapaz de reconocer su declive, patente a ojos de todo el planeta y plasmado en una silueta impropia de un futbolista. La pregunta, estimado García-Ochoa, no era en realidad "¿Qué pasó con Solari?" sino "¿Qué pasó con la báscula a la que no quisiste subirte por indicación de Solari?" Qué difícil, qué imposible es entender el victimismo retrospectivo de Isco, que al menos, cuando le preguntan por Zidane, sí es capaz de extraer algo de autocrítica. Zidane volvió y, en un gesto de magnanimidad excesiva, perdonó la sanción interna que pesaba sobre un Isco abandonado y rebelde para empezar de cero, a lo que el jugador respondió poniéndose todavía más fondón y enfurruñado.

 

P. ¿Esperaba más de Zidane?

R. No. Yo creo que Zidane esperaba más de mí, la verdad.

P. ¿Bajó los brazos?

R. Zizou llegó en el tramo final de la temporada y no estuve bien, la verdad. Fue un año muy duro por esto que te cuento, yo estaba totalmente desmoralizado. También tras el Mundial, mi cabeza y mi cuerpo no podían. La temporada siguiente empecé sin jugar, pero hubo un clic en mi cabeza y pasó lo de otros años, que empecé a jugar partidos importantes: PSG en Champions, Barça en el Camp Nou, Supercopa en Arabia, contra el City en Champions marqué gol... Estaba volviendo otra vez. Pero después llegó la pandemia. Y tras la pandemia dejé de jugar. Honestamente, fue más demérito mío. Y al año siguiente no estuve bien y se acabaron mis buenos momentos en el Madrid. Con Carletto jugué dos o tres partidos y ya está, pero él fue sincero conmigo y lo acepté. Intenté entrenarme bien y aprovechar los minutos que me daba.

P. Hubo un tiempo en el que estaba entre los mejores jugadores del mundo y era considerado como una estrella mundial, un potencial Balón de Oro...

R. He tenido momentos buenos, la verdad. El año del Mundial de Rusia y la temporada anterior fueron buenísimos. Pero a partir del Mundial se torció todo.

P. ¿Dejó de divertirse en el campo?

R. Se nota mucho en mí cuando me divierto y cuando no. Cuando se fue Julen, llegó Solari y no tuve oportunidades, estaba apático. "Joder", pensaba yo, "llevo unos años buenísimos y ahora estoy así. ¿Qué más tengo que hacer para que se me considere importante en el club?". Sí, me renovaron en el año del Mundial porque me faltaba un año y me lo había ganado. Y porque tenía muchas ofertas. Había miedo a que me fuera a algún equipo rival.

 

No, querido Isco, no. No había miedo a que te fueras a un equipo rival. Había miedo a que te perdieras para el fútbol, como desgraciadamente sucedió, sin que, por mucho que desvíes el tiro, puedas culpar de ello más que a tu propio abandono.

Deseamos a Isco todo lo mejor en su intento de volver a recuperar un buen nivel (ambición con la que concluye la entrevista), pero nos permitimos hacerle estas indicaciones.

Sosas, muy sosas el resto de portadas del día. Que sea bueno.

Hubo un tiempo en que el Madrid no empezaba julio con la plantilla cerrada, en el que el mes de agosto era una víspera ininterrumpida del día de los Reyes Magos. No sabíamos lo que era el balance fiscal ni muchas de esas cuestiones que hoy te podría desmenuzar cualquier adolescente con un teléfono móvil. La epifanía estival alumbraba una nueva estrella en el firmamento de nuestros sueños: Florentino nos volvía a convencer un verano más de que era el hombre más poderoso que había sobre la faz de la Tierra, y todos, desde los periodistas hasta la policía nacional (que terminaba siempre escoltando desde el aeropuerto al galáctico de turno cuando llegaba a Madrid por primera vez, rumbo a su presentación) terminaban contentos, pues la extraordinaria representación había valido la pena en cada uno de sus largos minutos de puesta en escena. En aquellos veranos, España era un país rico y feliz en el que había trabajo y más estrellas que en el cielo, como en la 20th Century Fox de la edad de oro. O al menos así yo lo recuerdo.

El verano de 2002 fue, seguramente, el del final de mi inocencia. Fue el último verano en el que tuve a todos mis abuelos vivos, aunque, por supuesto, yo entonces no sabía que estaba viviendo algo único que jamás volvería. Esas cosas, sobre todo a esas edades, no se suelen saber y es una putada. Uno está a mil tonterías y se pierde lo mejor, pero como dice siempre mi madre habría que tener cuarenta años antes que veinte. En el fondo, yo estoy en que esa despreocupación, o inconsciencia, de los niños y de los jóvenes, ese desentendimiento de las cuitas que envuelven siempre el mundo de los adultos que les rodea, es un mecanismo de autodefensa. De lo contrario, la vida sería ya insoportable desde el inicio.

El caso es que entonces era feliz, lo tenía todo y no lo sabía. Por la mañana iba a la playa de Las Canteras, en Chipiona, con mi madre y mi hermano. Un amigo me enseñaba a distinguir un cangrejo moro de uno zapatero mientras hacía funambulismo sobre las piedras de los corrales con mis chanclas de tiras de velcro. Luego simulábamos los partidos de las eurocopas y de los mundiales, silbábamos las canciones que salían en los anuncios entonces: Zidane, Del Piero, Beckham y Kluivert pegando pelotazos por las calles de Amsterdam con Broadway Jungle de Toots & The Maytals de fondo, los brasileños en el aeropuerto con Mas que nada de Tamba Trio, A copa Eurocopa é nossa de Carlsberg. Nos subíamos el cuello imaginario de las camisetas que no llevábamos puestas antes de chutar contra el azul del mar igual que hacía Cantona con los demonios en el coliseo de Nike. Las porterías eran las rocas y, algunas veces, la pelota salía volando demasiado lejos. El viento de Levante se la llevaba mar adentro y nosotros nos conformábamos con imaginarnos que algún niño, en la otra orilla de Marruecos, se la encontraría y podría jugar con ella. Al mediodía nos recogía mi padre, se tomaba una cerveza en el bar, que también se llamaba Las Canteras y que todavía existe, a Dios gracias. Sirven una pavía de bacalao excelente, pero entonces, por supuesto, a mí no me gustaba. Los jugadores de la Selección española de fútbol anunciaban los helados de Camy y yo me hinchaba de Kanibales y de Calippos verdes. Después regresábamos a casa con los pies descalzos llenos de tierra y nos endulzábamos en el patio con una manguera  mientras mi madre preparaba la comida. De postre nos tomábamos las natillas que anunciaban Figo y Crivillé. Por las tardes mi padre dormía y yo me ponía el Tour antes de quemar la Game Boy, que era el hacer scroll infinito en TikTok y el jugar al Fortnite de nuestro tiempo (en mi opinión, era mucho más sano, al fin y al cabo sólo estábamos expuestos a un latigazo de Bulbasaur): reunía todo lo que me daban en un sobre el día de mi santo y el de mi cumpleaños para comprarme juegos de Pokémon y así nos íbamos adentrando en los zarzales de la vida, sin tener ni idea aún de cuánto pinchaban.

Y, por supuesto, mis días, aquel verano, después del Mundial, empezaron a ser un seguimiento obsesivo del fichaje de Ronaldo Nazario por el Real Madrid.

Recuerdo que, años antes, cuando Ronaldo dejó el Barcelona para fichar por el Inter de Milán, Lorenzo Sanz amagó con ficharlo. Seguramente lo dijera para fastidiar al nuñismo porque el Madrid no tenía un duro, era la época salvaje del choteo institucional, los insultos y los puyazos, los desplantes en el palco y aquella divertida y preconstitucional manera de entender el fútbol que había en Occidente antes de que la Agenda 2030 lo ocupara todo. Yo tuve conocimiento de aquello como teníamos conocimiento entonces de todas aquellas cosas: por el Marca. Estaba un día por la tarde, después del colegio, en el gimnasio, uno de aquellos primeros gimnasios que empezaban a hacerse populares a finales de los 90, acompañando a mi padre y haciendo el tonto entre las máquinas, y agarré el periódico, que estaba por allí. Se me aceleró el corazón al ver al Fenómeno en portada, porque a pesar de que en aquella primera infancia yo detestaba a cualquiera que hubiera vestido de azulgrana, el magnetismo de aquel tipo que sólo había estado un año en la Liga permanecía vivísimo en mi imaginación: un dios color café con leche que atravesaba paredes con su zancada, una criatura imparable, de velocidad supersónica, capaz de frenar en seco un cohete y hacerlo cambiar de rumbo con un golpe de tobillo. Una bestia, una bomba atómica, un jugador de otro mundo, del que esperar lo imposible, del que temerlo todo.

Por eso recuerdo exactamente qué estaba haciendo cuando saltó la liebre de que Florentino quería redondear con él el equipo que acababa de ganar la Copa de Europa en Glasgow con un golazo de Zidane, un par de meses antes: sentado en el sofá, me preparaba para ver un Real Madrid-Liverpool amistoso en el Bernabéu. Florentino había engrandecido, por ser el año del Centenario, el Trofeo Bernabéu con un cuadrangular extraordinario entre los cuatro equipos más grandes del fútbol mundial. Estaban el Bayern, el Milan y el Liverpool, junto con el Madrid, y entonces Antonio Luque, en Antena Tres, dijo que el Madrid entraba muy fuerte en la puja por Ronaldo Nazario y yo salí corriendo por el pasillo gritando enloquecido.

aquel tipo que sólo había estado un año en la Liga permanecía vivísimo en mi imaginación: un dios color café con leche que atravesaba paredes con su zancada, una criatura imparable, de velocidad supersónica, capaz de frenar en seco un cohete y hacerlo cambiar de rumbo con un golpe de tobillo. Una bestia, una bomba atómica, un jugador de otro mundo, del que esperar lo imposible, del que temerlo todo

Aquel verano, Ronaldo era lo más grande que había en el mundo. Volvía a ser Il Fenomeno, el delantero centro más fabuloso jamás visto en un campo de fútbol, una fuerza de la naturaleza que, después de pasar por todos los círculos del infierno, había resucitado de entre los muertos ganando la quinta Copa del Mundo para Brasil en el recién terminado Mundial de Corea y Japón. Durante todo el Mundial había corrido la especie de que el Madrid estaba tras él. Su impacto global en aquel torneo lo liberó de los fantasmas que habían estragado su carrera los cuatro años anteriores: la epilepsia antes de la final del 98, las rodillas rotas. Su regreso a la vida fue tan espectacular que ni siquiera puede compararse con la atracción general que causan, en la era de los smartphones, la hiperinformación, la conexión permanente, los shorts y Twitch, causan Haaland y Mbappé. Ronaldo, aquel verano de 2002, era más que esos dos juntos. Todos los niños queríamos llevar su absurdo peinado con el que le metió dos goles a Alemania en Yokohama. Era un ídolo caído que se volvió a levantar. El ave fénix. Era el Nirvana futbolístico.

Y Florentino lo fichó. Lo fichó tras desearlo todo el verano. Lo fichó tras conseguir que lo deseásemos todos, todo el verano. Estoy convencido de que, a finales de agosto, toda España quería que el Madrid fichara a Ronaldo, incluso los antimadridistas. Menos Gaspart, claro, que como buen villano de película no olvidaba la de Figo e intentó devolvérsela al presidente Pérez en el último momento del último día. Fue el mejor 31 de agosto de la historia. Incluso aquella ruindad final e inesperada, que desbarataba una complejísima operación a tres bandas ideada por Florentino para convencer a Moratti que incluía el traspaso de Morientes, o su cesión, al Barcelona, sirvió para transformar a Pérez en un personaje de novela, en un genio de la negociación y los despachos. Son ya legendarias las imágenes de televisión, captadas en la distancia, en la que se ve, ya de noche, a Florentino y a Valdano con las mangas de las camisas subidas hasta los codos, yendo y viniendo desde el fax y del teléfono, en una ventana de las oficinas del Bernabéu, cerrando el acuerdo de todos los tiempos. Pero también el camino a esa noche memorable fue un trayecto literario que convirtió el Mediterráneo en un despacho abierto por el que desfilábamos todos desde las páginas del Marca y las portadas del Teletexto.

Ese verano, el Pitina II fue el barco más famoso de España, más de lo que ha sido nunca el Bribón o fue antes el Azor. Con aquellos fichajes de Florentino, los chavales aprendíamos durante los veranos cómo se desarrollaban los mejores arcos narrativos, como si leyéramos novelas del siglo XIX. En el planteamiento, quedaba claro que el Madrid deseaba -sin pronunciarse- y que el objeto deseado, quería. Pero también, que el club dueño de su situación legal se oponía en firme a que esa historia de amor culminase. La oposición era firme y absoluta hasta que, un día, dejaba de serlo. Solía ser a primeros de agosto y luego entonces todo iba escurriéndose lentamente por la pendiente hasta caer en el lado correcto de la Historia. El Madrid de Florentino tenía dinero pero el Inter de Moratti, la Juve de los Agnelli, el Barcelona postNúñez y el Manchester United de los Glazer, también lo tenían. Tanto como el Madrid, o más. No era una cuestión de dinero, de dinero en bruto como es ahora, sino de muchas otras cosas. Y en esas otras cosas, siempre ganaba Florentino, porque jugaba con la fuerza de la imaginación y con el horizonte ilimitado de los deseos de los futbolistas. Al final, todo llegaba a donde tenía que llegar.

Son ya legendarias las imágenes de televisión, captadas en la distancia, en la que se ve, ya de noche, a Florentino y a Valdano con las mangas de las camisas subidas hasta los codos, yendo y viniendo desde el fax y del teléfono, en una ventana de las oficinas del Bernabéu, cerrando el acuerdo de todos los tiempos

Aquel agosto de 2002, Moratti acabó sentándose en una mesa de la cubierta del Pitina II. Un fotógrafo del Marca sacó la foto del verano desde un bote alquilado a un paisano de Ibiza. El monopolio de la prensa escrita sobre aquellos culebrones galácticos era tal que sólo podía competir con ella la radio, que yo escuchaba ávidamente por las noches soñando con advertir algo nuevo, un indicio, algún presagio de que el fichaje iba a llevarse a cabo verdaderamente. La posibilidad de ver juntos en el mismo equipo a Roberto Carlos, Zidane, Raúl, Figo y Ronaldo era una perspectiva tan extravagante que sus proyecciones eran infinitas. Empecé a leer comparaciones de Florentino con los faraones de Egipto y verdaderamente estaban bien tiradas, pues en aquellos cuatro primeros veranos del siglo XXI Florentino transformó el paisaje emocional e intelectual del fútbol mundial. Hoy, en los prometedores chavales que Pérez ficha al precio de las estrellas consagradas de entonces, todavía está aquella fascinación, ejercida, a través de la memoria colectiva, sobre generaciones que aún no habían nacido. La asociación del Madrid con algo más grande todavía que las Copas de Europa: con el territorio de la fantasía, con la leyenda y los cuentos de hadas, con los poemas de gestas y los reinos donde lo imposible y lo posible se mezclan irremediablemente. Es decir, con el principal motor de la historia, que es el deseo. Cuando el mes de septiembre amaneció sobre la España de 2002 y se confirmó la noticia de que Ronaldo jugaría en el Real Madrid, una ola de euforia lo invadió todo. El mejor delantero del mundo aterrizó en España en una base del ejército. Llegó al centro de Madrid escoltado por la policía, como un Jefe de Estado. Ni siquiera había nada preparado para presentarlo como se presentó a Zidane y luego se presentaría a Beckham, pero aquel aire de improvisación grandiosa le daba a aquello un aire de majestuosidad singular, auténtico. Lo que pudiera hacer Ronaldo vestido de blanco, su combinación con el resto de jugadores, los esquemas cambiantes a que estaría obligado Del Bosque, cuando lo alinease, daban exactamente lo mismo. Florentino parecía querer decir: aquí tienen ustedes a la octava maravilla del mundo. ¿No es esto suficiente? La cosa había estado a punto de no hacerse, pero se había hecho. Ese es el resumen de la historia del Madrid: con la muerte siempre respirando en el cogote, los hombres de blanco son capaces de acometer hazañas formidables, por el mejor capricho de hacerlas, por la gozosa libertad de demostrar que podían hacerlo.

¿Cuánto sabes de los derbis?

Buenos días. Empezamos hoy con algo extremadamente grave y relevante que, por tanto, no aparece en las portadas deportivas del día.

Libertad Digital ha publicado en exclusiva unos audios que el árbitro rebelde contra el negreirato, Estrada Fernández, presentó como prueba contra el Presidente del Comité Técnico de Árbitros, Medina Cantalejo, ante el Juzgado Número 32 de lo social. El contenido del audio, un diálogo entre el colegiado y su jefe, solo podría en un país normal concluir con la inmediata dimisión o cese del presidente del CTA. El matonismo con el que el sujeto se dirige a su subordinado, con el fin de amedrentarle para que no se salga de las lindes marcadas por los sucesores de Negreira y Arminio, es de tan repugnante bajeza moral, y entra de modo tan claro en el terreno de la amenaza laboral y el mobbing, que debería suponer la desaparición de Medina Cantalejo del puesto de responsabilidad que ejerce. Además, hay otra inevitable conclusión: el pavor a que se investigue el negreirato que evidentemente atenaza al protagonista de las palabras que transcribimos a continuación.

No olvidemos que es la diatriba de quien se siente acorralado por la denuncia de un árbitro concreto al corrupto entramado arbitral que sufrimos.

Os deseamos que podáis contener la náusea.

 

Llamarte rata, yo creo que es aumentar un poco la calidad de lo que eres, ¿eh?, porque yo creo que no llegas ni a hámster, ni a ratoncillo pequeño. Eres un personajillo que posiblemente no ha alcanzado sus metas deportivas, y con esto estás dando muestras de por qué, ¿eh? No nos va sacar de nuestras casillas, estoy muy tranquilo. No conseguiste tu objetivo, que era cargarte la reunión, ¿verdad?

Porque para quien no lo sepa, porque creo que hay alguno que todavía vive en la inopia, ¿eh?, vive en el mundo rosa y no se entera de las cosas, creo que hubo hasta un periodista dentro de la sala, es decir, alguno del grupo, o algunos del grupo, le ha pasado a la prensa el enlace de una reunión privada donde ibais a tratar de vuestros derechos, de vuestra situación y de lo que os preocupa, ¿eh?

Ese "hámster", esa pequeña cosa que está aquí entre nosotros, sin importancia, sin valores y sin nada, pues, pues eso, no tenía otra cosa que hacer, o sí tenía que hacer, que era pasarle a un periodista o a varios, pero en concreto tenemos localizado a uno, que estaba completamente informado de todo, tanto es así que rápidamente, mira y a mí se me llamó cuando ya estaba todo suspendido, porque yo iba con el presidente para Ceuta, precisamente para ver a un chico que le habían dado una paliza en un partido de juveniles, y en el aeropuerto pues se nos informó, pues por parte de vuestros representantes, de que la reunión se había cortado porque había filtraciones y lo sabía la prensa, incluso que podía haber alguien dentro, ¿no?

Bueno, pues ya está, no… Yo les dije: que no os coarte vuestra libertad de reuniros, ¿verdad?, un nada, ¿no?, un aire, porque tú eres tú, el que lo ha hecho eres, pues nada, la cosa más insignificante, que posiblemente habrá pasado por el arbitraje español, ¿eh? Simplemente quieres destacar, ¿eh?, y ganarte a lo mejor el beneplácito de cierta prensa, de cierta prensa que en el momento, ¿eh? que se te acabe el chollo, ya verás lo que te lo van a agradecer, y nosotros claro que hemos hecho.

Mira esto es muy complicado, es complicado de detectar quién eres… En algún momento vas a meter la pata, en algún momento vas a meter la pata. Y aunque sea lo último que haga en el C.T.A., te voy a echar, y te voy a echar con todo el deshonor y toda la mala leche que tengo, que sabéis que algunas veces es mucha. No ahora, ahora no. No pienso gastar un "átimo" de adrenalina en ti, eh… Hemos entrado en la página de este periodista, hemos visto que alguno de vosotros es seguidor de este periodista. Yo, por supuesto, no digo que haya sido nadie en concreto, pero ándate con ojo. Ándate con ojo. Y sabéis que yo no digo nada de manera gratuita: Si metes la pata o te cogemos, vas a la puñetera calle deshonrado, ya te lo digo, vas a ir deshonrado, porque eres la deshonra del arbitraje español, de la historia del arbitraje español.

Siempre ha habido algún pobrecito que filtraba cosas que luego ha terminado en estos programillas de la noche. (...) Pídele a Dios que no te coja. ¿Vale? 

 

¿Qué os parece la "oferta que no podría rechazar" de Medina Cantalejo a Estrada? Felicitamos a Libertad Digital por esta exclusiva. Íbamos a comentar también las portadas del día, como solemos hacer en esta sección, pero el contacto con la mafia nos ha dejado sin ganas.

Esto es lo que hay, amigos. Este es el sistema arbitral corrupto y mafioso que tenemos, el mismo en el cual, aun después de las brutales revelaciones del negreirato, parece ser que confían Rubiales, Tebas, Roures, Iceta y Pedro Sánchez (según su última entrevista en Marca, sobre la cual escribe hoy en La Galerna Jesús Bengoechea).

Pasad un buen día.

 

Llegó una de las mejores noticias del verano, que no por esperada deja de ser maravillosa. José Martínez Sánchez, el gran “Pirri”, ha sido nombrado por la Junta Directiva del Real Madrid como Presidente de Honor del club – a falta de un trámite, que será la ratificación de su nombramiento por la Asamblea de Socios Compromisarios en el próximo otoño -.


No podía ser un nombramiento más justo y más merecido. Pirri recoge el testigo de su recién llorado capitán y amigo del alma, Amancio Amaro, como “el Brujo” lo recogió el año pasado a su vez de su adorado Paco Gento.

Amancio y Pirri

El Real Madrid es ejemplar también en este tipo de acciones. Se respeta la antigüedad de los galones y se nombra a una figura indiscutible del madridismo para un cargo honorífico, bien es cierto, pero de un calado que equilibra tradición, méritos y liderazgo, y que aporta un prestigio adicional a la representatividad institucional: nadie puede olvidar el hermoso gesto del Liverpool FC en Anfield Road a la hora de homenajear solemnemente a Amancio Amaro Varela en el pasado mes de febrero.Y es que la camiseta y el escudo son indudablemente los símbolos distintivos de un club, pero son jugadores como Di Stéfano, Gento o Amancio quienes mantienen vivo su prestigio a lo largo de los años.

Pirri

Pirri debía de ser el siguiente. Y es que, como bien escribió hace unos años en esta misma revista de La Galerna mi estimado amigo Alberto Cosín, “Pirri es el Real Madrid” . Numerosas son las encuestas en redes sociales sobre la – imposible – tarea de nombrar un 11 histórico del Real Madrid en sus 121 años de historia. Prácticamente ningún madridista vivo vio jugar a Zamora, a Quincoces, a Luis Regueiro. Por no mencionar a René Petit o a Monjardín.
Particularmente, quien les escribe, aunque no pudo ver a Di Stéfano nada más que con imágenes del No-Do, en su 11 ideal solo tiene 3 jugadores fijos, tras haber asistido a partidos en el Santiago Bernabéu desde el ya lejano 1970. Y estos 3 serían el propio Alfredo, Paco Gento por supuesto, y el tercero fijo e indiscutible sería Pirri. Y es que Pirri jugaba de todo, casi como el mismísimo Di Stéfano. Y le podemos poner de delantero centro, de interior, de mediocampista, de líbero, o de central tanto en la derecha como por la izquierda. Hasta de lateral derecho recuerdo haberle visto jugar si el partido de turno lo requería por circunstancias o lesión mediante.

Y Pirri lo hacía todo bien. Remataba excepcionalmente bien de cabeza y con su pierna derecha, repartía juego, corría sin parar, iba al choque y no lo rehuía, cortaba contraataques, defendía los córners con bravura y, sobre todo, ejercía un liderazgo único no solo ante sus compañeros, sino también de cara a sus adversarios y también ante los árbitros, siempre con corrección, deportividad y criterio.

Por cierto, que también lanzaba magistralmente los penaltis: inolvidable fue su sangre fría el 5 de noviembre de 1975, cuando, en el minuto 83, y con el marcador favorable al Madrid por 3 goles a 1, se encargó de batir desde los 11 metros al meta del Derby County, y ponía el 4-1 para llevar a su equipo a la prórroga, en una remontada fabulosa, que culminó Santillana en el minuto 99 para dar el pase del equipo a la siguiente ronda.

Pirri jugó en posiciones adelantadas desde que llegó al club en 1964, procedente del Granada. Prácticamente en todas sus primeras temporadas alcanzó la cifra mínima de 10 goles marcados, llegando a 16 en la de 1970-71, y también a 16 en la 1975-76, en esta última ya haciendo casi siempre pareja en la defensa junto a su añorado Goyo Benito. Cifras de delantero en un líbero, algo difícil de igualar hoy en día. No puede sorprender por tanto que, cuando se retiró en 1980, Pirri era en ese momento el cuarto goleador histórico del Real Madrid, tan solo detrás de Di Stéfano, de Puskas y de Gento, con 172 dianas en 561 partidos disputados. En la actualidad, ocupa todavía un notable noveno puesto, por delante de los 171 goles de Emilio Butragueño.

Y es que Pirri era para muchos niños de la época algo más que un héroe de la Ilíada. Era tan inmenso como John Wayne en “El Álamo”, poderoso, épico. Era como Charlton Heston en “55 días en Pekín”. Era como Steve McQueen en “Los Siete Magníficos”. Un héroe admirado al que todos querían imitar y al que adoraban por encima de todo

De niños, en el colegio, aunque todos queríamos ser Amancios, por la forma alegre de jugar y de regatear a nuestros compañeros de clase, lo cierto es que viendo los partidos en el estadio o por la televisión, todos quedábamos boquiabiertos ante las exhibiciones físicas y de carácter competitivo del jugador español con más personalidad en el campo en los años 70. Recuerdo ver por la tele un España-Francia amistoso jugado en Mestalla en 1971, en el que la Francia de Carnus, Michel, Bereta y Hervé Revelli estaba dando una verdadera lección a la España entrenada por Kubala. Iba el partido 0-2 (con doblete de Revelli) allá por el minuto 60 cuando Pirri se puso manos a la obra para liderar la remontada y poner las cosas en su sitio. Y, pese a la superioridad técnica de los galos, él solo se empeñó en no perder el partido y, finalmente, España logró acabar el partido 2-2 con 2 goles del propio Pirri en 2 minutos, por medio de dos testarazos de clase y de un pundonor infinito.

Pirri Arconada homenaje

Y es que Pirri era para muchos niños de la época algo más que un héroe de la Ilíada. Era tan inmenso como John Wayne en “El Álamo”, poderoso, épico. Era como Charlton Heston en “55 días en Pekín”. Era como Steve McQueen en “Los Siete Magníficos”. Un héroe admirado al que todos querían imitar y al que adoraban por encima de todo.

Pirri cartel homenaje

Tras su impecable trayectoria en el Madrid (con nada menos que 10 ligas conquistadas, además de 3 copas de España y la 6ª copa de Europa con los Yé-yés) y en la selección nacional de España (41 partidos y 16 goles), tuve la suerte de presenciar, el día de San Isidro de 1981, un año después de dejar el club para su aventura mexicana en el Puebla, el partido en el que fue homenajeado, que se disputó en una tarde maravillosa entre su Real Madrid y la selección española, y en el que disputó 30 minutos con la casa merengue, cuando fue sustituido por García Navajas. Miguel Ángel, San José, Pirri, Benito, García Cortés, Camacho, Del Bosque, Ángel, Isidro, Juanito y Santillana fue el 11 blanco, que se enfrentó a la selección dirigida por el gran Pepe Santamaría (compañero de Pirri en el club durante 2 temporadas hasta 1966), que formó con Arconada, Celayeta, Alesanco, Tendillo, Gordillo, Alonso, Joaquín, Víctor, Marcos, Montero y Morán, ante un Bernabéu repleto hasta la bandera con 90.000 espectadores coreando cada intervención del fantástico jugador ceutí. El partido acabó 1-1, con goles de Cunningham, que salió en la segunda mitad, y del sportinguista Joaquín por España.

Como en el caso de sus 3 predecesores en el cargo de Presidente de Honor (Di Stéfano, Gento y Amancio),este humilde cronista también ha disfrutado del increíble privilegio de compartir mesa y mantel con Pirri (quien nada más conocernos me comentó que le llamase “Pepe” o “Pepe Pirri”) y puedo afirmar que, si como jugador era un auténtico fuera de serie, personalmente también lo es: además de mantener una forma física realmente envidiable a sus 78 años (la práctica habitual del golf le mantiene como si fuera un hombre de 20 años menos), su conversación es más que interesante, amena, divertida, trufada de anécdotas sobre el fútbol y sobre los compañeros y adversarios de su época, pero también con una atinada visión sobre el fútbol actual, en el que le maravilla que el Madrid contemporáneo haya conseguido en los diez últimos años hazañas similares a las de los años 50. Es de destacar cuánto le brillaba la cara y la sonrisa al rememorar la gesta inaudita e irrepetible de 1966, con 11 españoles ganando la Copa de Europa en Bruselas ante decenas de miles de emigrantes rebosantes de alegría.

Querido Pirri, querido Pepe Pirri, te enviamos desde La Galerna – nos consta que nos lees – nuestra más cordial enhorabuena por tu nombramiento como Presidente de Honor de la institución deportiva más importante y más laureada del universo.

No me ha gustado ningún presidente del gobierno español desde que tengo uso de razón. Suspendería a todos, por distintas razones y con la excepción de Adolfo Suárez, de quien solo lecturas posteriores me han convertido en admirador, siendo yo demasiado niño en el tiempo de su mandato como para apreciar su talla de estadista en un tiempo sumamente turbulento.

Pedro Sánchez no me gusta nada por razones que no tienen que ver con lo que trata este artículo, pero si el mismísimo Adolfo Suárez hubiera hecho (o, mejor dicho, dejado de hacer) aquello de lo que este artículo trata, habría dicho de él lo mismo que me dispongo a decir de Sánchez.

El todavía jefe del ejecutivo español, dentro del contexto del desfile mediático previo a las elecciones del próximo domingo, fue entrevistado por Marca hace pocos días, y lo de menos es que se confesara del Estudiantes y, “por simetría”, del Atleti. Cada uno es de lo que quiere, si bien lo de la simetría no deja de llamar la atención. Si uno mira el ranking presupuestario y de palmarés de los clubes de fútbol y baloncesto del país, hay que buscar muy denodadamente para encontrar la simetría entre el Atlético y el Estudiantes. Ya querría el Estudiantes beneficiarse de la pertenencia a un club con los recursos financieros del Atlético. Los del Magariños son al baloncesto lo que el Getafe es al fútbol, en el mejor de los casos, y en nada se parecen al club con el tercer mayor presupuesto de la liga. Por otra parte, la conexión sentimental Estudiantes-Atlético fue una moda que se originó en los 80 entre los más jóvenes, cuando hasta directivos de la entidad colegial seguían siendo fieles futboleros de la casa blanca y muchos aficionados del Estudiantes lo seguían siendo del Real Madrid de fútbol.

Aparte de este paralelismo forzado y trasnochado, Sánchez ha dejado para la posteridad una opinión que seguramente considera (él o sus asesores) sumamente electoralista, pero que a buen seguro habrá sentado a cuerno quemado entre sus votantes merengues, y que probablemente tampoco habrá sido muy bien recibida por los de otras adscripciones deportivas. Otras adscripciones distintas de la culé, se entiende. Le seguirán votando, claro, porque considerarán que este es un asunto menor al tratarse de fútbol, si bien en el fondo de sus entendimientos sentirán la punzada que sugiere que en realidad el tema trasciende con mucho el burdo balompié.

Preguntado por el asunto Negreira, respondió Sánchez que la causa está en manos de los tribunales, obviedad tras la que es demasiado fácil parapetarse pero que sólo puede darse por buena guste o no. Lo grave viene cuando el máximo mandatario del poder ejecutivo añade que tiene fe en el sistema arbitral español (“aunque no soy un experto”, agrega) y que el BarçaGate no es más que un “borrón” de los que de cuando en cuando echa “el mejor escribano”.

Llama Sánchez “borrón” a la compra del estamento arbitral por parte del Barça a lo largo de nada menos que dos décadas y a través de pagos millonarios a su vicepresidente, con competencias directas en las carreras de los colegiados y por consiguiente con capacidad suficiente para influir en los arbitrajes en busca de “neutralidad” para los azulgrana, como el propio Negreira confesó en su declaración a Hacienda. A eso llama “borrón” el último presidente de España y candidato a volver a serlo

Lo de que “no es un experto” recuerda a lo de su inefable ministro Iceta, que al parecer lo es de Cultura y DEPORTE, cuando declaró que no seguía “de cerca” el asunto Negreira. Poco se dijo de eso. Hay que verbalizarlo varias veces para terminar de asumir que lo dijo y no pasó nada. El ministro de DEPORTES no ha seguido “de cerca” el mayor escándalo en la historia del fútbol nacional, siendo el fútbol el indiscutible DEPORTE rey de este país. Al parecer, según revela ahora Sánchez, el alto funcionario y su jefe comparten idéntico desapego por los asuntos relativos a dicho deporte rey, y ni siquiera el que de pronto salga a la luz el fraude competitivo más ominoso de la historia de la liga ha encendido en sus espíritus la espita de la curiosidad. Eso, o que el protagonista del escándalo puntúa alto en los afectos de uno de sus apoyos políticos para gobernar, una de dos. En cualquiera de ambos casos, cabría exigirle que se afanara en dejar de aparecer como un principiante desaplicado.

Miquel Iceta

Llama Sánchez “borrón” (y se queda tan tranquilo) a la compra del estamento arbitral por parte del Barça a lo largo de nada menos que dos décadas y a través de pagos millonarios a su vicepresidente, con competencias directas en las carreras de los colegiados y por consiguiente con capacidad suficiente para influir en los arbitrajes en busca de “neutralidad” para los azulgrana, como el propio Negreira confesó en su declaración a Hacienda. A eso llama “borrón” el último presidente de España y candidato a volver a serlo. No sabemos cómo llamará al hecho de que su último Director General de Deportes, Albert Soler, a la sazón exmiembro de la junta directiva culé, confeccionara la Ley del Deporte para que, convenientemente, el posible delito de corrupción deportiva de la entidad catalana prescribiera en el ámbito de la justicia deportiva. Repetimos el posesivo: SU Director General de Deportes, es decir, casi el máximo cargo en la política deportiva de la nación, tan solo por debajo del presidente del CSD. Sí: el cuasiministro de deportes de Sánchez, hombre vinculado al Barça, dejó deliberadamente prescribir el delito de soborno al colectivo arbitral por parte del club de sus amores, dado que para entonces Soler contaba ya sin duda con la suficiente información sobre el asunto Negreira como para saber que iba a ser destapado. ¿Es posible que una decisión de ese calado (amoldar una ley en beneficio de un infractor, destacadísimo en el negocio del fútbol español, cuya basura estaba a punto de airearse) se llevara a cabo sin el visto bueno de la máxima autoridad? Posible es. Probable no.

Desde ese punto de vista, el “pelillos a la mar” de Sánchez tiene poco de sorprendente. Tengo para mí que no ha sido una ocurrencia para salir del paso, sino que se ha cocido a fuego lento en las entrañas de la maquinaria del indulto al club fraudulento, culpable de “corrupción continuada” según la fiscalía. A nadie (sólo a la decencia) conviene que el Barça pague por su delito ignominioso, y no solo Sánchez se adhiere a este gigantesco “laissez faire” -donde también están los medios, la LFP, la RFEF y ahora la UEFA-, sino que ahora, merced a estas declaraciones, lo capitanea. El “laissez faire” ya tiene el sello presidencial, pero no vayamos tan rápido, porque Sanchez ya no es el presidente. El sello de aprobación que Sánchez ha puesto sobre el CTA del negreirato y la impunidad del Barça es el de Sánchez, pero podría ya no ser el del próximo presidente del gobierno.

Puede volver a serlo a partir del domingo, o puede ser relevado por otro, tal vez otro igual de cobarde, igual de acomodaticio, igual de oportunista. No lo sabemos. Que cada madridista vote según su conciencia. Todo voto es respetable, incluyendo el del madridista que esté en desacuerdo con lo que acabo de exponer, y el del madridista que esté de acuerdo pero priorice otros aspectos con arreglo a los cuales, a su juicio, Sánchez sea el mejor candidato, o el menos malo de los mismos. Opino desde mi intransferible libertad. La misma que me obliga a tachar de intolerables los manejos de Negreira, Arminio, Villar, Laporta, Gaspart, Bartomeu, Iceta, Soler, Roures y tantos otros me obliga ahora a apuntar a lo más alto.

Que le vote Negreira.

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