Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días. La coma que separa indebidamente el sujeto del predicado se conoce como la coma asesina o coma criminal, dado que “mata” la corrección de la frase.

La coma asesina es un error frecuente, al que por lo visto no es ajeno el CM que lleva la cuenta de X del Atlético de Madrid. El hecho de que un club como el Atleti propenda a la coma asesina nos hace pensar en la posibilidad de que hayan puesto a desempeñar esas labores cibernéticas a algún miembro de su grupo de animación neonazi llamado Frente Atlético, gente que sabe de asesinatos una barbaridad y a quienes el club continúa auspiciando, financiando y por lo que parece dando trabajo en sus redes sociales.

“El modus operandi, sí que es un clásico”. Nos preguntamos qué razón habrá para asesinar la oración con esa coma, pero chico, también os decimos que todo está más o menos bien mientras se limiten a matar frases. Quizá, a base de reinsertar tuiteramente a los componentes de su afición más cafre, el club rojiblanco esté llevando a cabo un loable ejemplo de obra social, quién sabe.

El fondo de este bello trino colchonero tiene que ver, por supuesto, con la agria polémica respecto al incidente Simeone-Vinícius hacia el final del derbi supercopero. Más que incidente habría que llamarlo episodio de abuso de un señor de 55 años sobre un joven de 25. Al señor de 55 no le importó aludir a asuntos personales sensibles del chaval para tratar de humillarle, pero no os lo perdáis, porque tanto el club del señor mayor como sus voceros mediáticos, que son abundantísimos, tratan de justificar la actitud del bully. Ved la repugnante posición de Marca en este turbio asunto.

Según Marca, amigos, fue Vinicius quien empezó “despreciando” al banquillo colchonero. El supuesto “desprecio” consistió en reírse porque estaban pidiendo un penalti de manera risible, con los aspavientos (Hola, Garabatos) propios del Cholo y sus epígonos. Ese fue el supuesto “desprecio”. De ahí pasamos a aludir a la situación contractual de Vini, que el brasileño está viviendo como un viacrucis, como si hubiera alguna proporcionalidad. Según Marca, la hay. Impresionante el grado de degradación moral que está adquiriendo la otrora publicación deportiva más leída y respetada del país, hoy convertida en abyecta herramienta en favor de quien conduce a la ruina al furbol español y de quienes se apropiaron indebidamente del Atlético de Madrid para revenderlo a precio de oro.

En el frontispicio de la portada de Marca podéis ver, precisamente, a su dueño intelectual, o sea, Javier Tebas Medrano, celebrando su poder omnímodo disfrazándolo de unidad con la RFEF. La verdad es que la Federación ha sido asimilada por la Liga como lo ha sido el Marca, y que Louzán no pasa de ser un apéndice extraño en la anatomía del propio Tebas.

El argumento central de la portada, sin embargo, es la llegada de Mbappé a Arabia para ¿jugar? el domingo el mal llamado clásico en su versión final supercopera. Nadie sabe si realmente Kylian va a jugar (de ahí los signos de interrogación) ni si es prudente que tal cosa suceda, dado el esguince de rodilla del cual se está recuperando. Por supuesto, es el tema por excelencia en el prepartido, si bien Xabi cuenta con dudas casi más acuciantes para su defensa. Rüdiger, Huijsen y Asencio se encuentran en diversos grados de postración parcial por culpa de diversas lesiones. A nosotros se nos antoja que la presencia del hispano-neerlandés sería especialmente importancia para sacar el balón desde atrás superando la presión alta que probablemente ejerzan los culés. Pero no sabemos si Dean está suficientemente en forma para ser de la partida. Ante el Atleti no jugó ni un minuto.

As recurre al mismo argumento central de cara al mal llamado clásico, o sea, Mbappé llegando a Arabia. ¿Se tratará de un arribo trascendental de cara al partido, o se asemejará a la llegada de Scatman Crothers al hotel de El Resplandor? De momento, todo el madridismo está pendiente del choque, unos deseando que gane el Madrid y otros deseando que pierda, a ser posible por goleada.

Sí, habéis leído bien. Madridistas que quieren que el Madrid palme, y que palme bien, para que se desencadene no sabemos qué apocalipsis que por lo visto es sumamente conveniente.

Fijaos que existen tipos de madridistas, pero este último hallazgo nos permite simplificar enormemente la clasificación. Están los madridistas que quieren que gane el Madrid y los madridistas que quieren que pierda.

Nos vais a perdonar, somos conscientes de que no molamos nada, no somos cool, no estamos (probablemente) a la vanguardia del madridismo. Mañana domingo pasará lo que tenga que pasar. Pero, por el momento, salvo cambio de última hora ciertamente improbable, La Galerna quiere que el Madrid gane.

La Galerna quiere que el Madrid gane siempre.

Os dejamos con la prensa cataculé.

Pasad un buen día.

Buenos días, galernautas. ¿Lo oléis? Es el aroma de la victoria por la mañana. Aunque sea pírrica. Aunque sea en Arabia. Aunque sea merced a los enjuagues del dúo cómico-delictivo formado por Geri y Rubi.

Nuestro equipo venció de manera poco brillante al mejor equipo de Coslada, espoleado por su entrenador, que para la ocasión eligió un atavío de azafato gótico. El personaje, antiguo jugador, mantiene en el banquillo el mismo estilo y las mismas maneras que exhibía en el césped. Es más: parece haber ampliado su, ya de suyo vasto, repertorio de groserías, zafiedades y salidas de pata de banco.

El caso es que lleva década y media en el cargo. Y eso, en este negocio, se consigue sobre todo sabiendo identificarse con los valores de su empleador. Da lo mismo ser el técnico mejor pagado del mundo que presentar una cosecha de títulos más bien magra, o directamente inexistente en Europa. No se nos ocurre otra explicación. O, mejor dicho, no lo queremos entender.

Aun a pesar de su comportamiento, no podemos dejar de preocuparnos por su salud, que parece resentida a juzgar por su declarada falta de memoria en rueda de prensa. Al parecer, manifiesta dificultades a la hora de recordar las constantes e inaceptables provocaciones con que ha acosado a nuestro jugador Vinícius Junior. Determinadas lagunas pueden ser síntoma de dolencias serias y deberían ser supervisadas por un facultativo. En caso de tratarse de episodios leves, nos permitimos recomendar un tratamiento tradicional a base de rabos de pasa.

Comencemos el análisis de la prensa presuntamente deportiva, pues a eso hemos venido.

As, diario prisaico, nos muestra a Rodrygo y Valverde, dos de los mejores madridistas sobre el césped, celebrando efusivamente uno de los goles marcados. “Sufrir es ganar”, nos dicen a modo de haiku, como lo haría un señor Miyagi de marca blanca. A fuer de sinceros, preferiríamos ganar sin sufrir tanto, más que nada por una cuestión de salud cardiovascular. Nos turba la mención de soslayo y con poca luz al comportamiento de Simeone: no por habitual deja de ser inaceptable.

Marca, diario gallardero, nos enseña a Valverde, el hombre con un cañón de 88 mm en la bota, en posición de celebración rabiosa mientras se insiste en la identidad entre victoria y sufrimiento. La virtud de la originalidad tampoco figura en el repertorio de fortalezas marquista. El episodio de Simeone provocando a Vinícius se define como “pique”, por supuesto, en un tamaño de letra lo bastante pequeño como para poder ocultarse bajo una caca de mosca.

Siguiendo la línea estoica a la que nos abocan los diarios de la denominada central lechera (risas enlatadas, ya en el borde de la carcajada incontinente), pasemos a las portadas cataculés.

Sport nos dice que habrá clásico mientras nos ofrece otra imagen igualmente clásica: un jugador del Atlético cometiendo falta sobre uno del Real Madrid. Nos negamos a emplear mayúsculas para definir el partido de nuestro club contra el más beneficiado por el sistema arbitral y federativo de las últimas décadas, ese mismo cuyas tropelías rara vez tienen consecuencias, siempre con la aquiescencia —cuando no abierta complicidad— de las instituciones deportivas y políticas.

Mientras tanto, el diario del conde de Godó, grande de España, lleva a su frontispicio a cuatro jugadores del club cliente de Negreira en plena fase de exaltación de la amistad, segundo nivel de la pítima canónica tras la negación de la evidencia y previo a los cánticos regionales y las injurias al clero. “En racha”, nos dicen que están. Nos parece todo estupendo, siempre que no molesten ni pongan en riesgo la integridad física de nadie. Mañana, ya saben: agua, café e ibuprofeno y, si la encuentran en esas latitudes, una cerveza para equilibrar el pH. Los rabos de pasa también obran milagros en caso de lagunas de memoria güisquis causa.

Pasad un excelente día y haced cuanto esté en vuestra mano para no asemejaros en absolutamente nada al Cholo Simeone.

Courtois: notable. Como siempre, paró casi todo e intervino más con los pies que muchos compañeros. Incluso con la cabeza.

Valverde: sobresaliente. Solo el gol ya merece la nota. Además, asistió a Rodrygo en el segundo.

Asencio: aprobado. El Madrid pasó a la final.

Rüdiger: bien. No se le puede exigir más porque no está bien físicamente. Lo da todo.

Carreras: bien. Tanto de lateral como de central.

Tchouaméni: bien. Acertado también sin balón. Mostró orgullo. Acabó como central.

Camavinga: aprobado. Nubes y claros con posibilidad de lluvia.

Bellingham: notable. Gran comienzo. Después, se agotó, como todos.

Rodrygo: bien. En ausencia de Mbappé, sigue siendo el más fino arriba.

Vinícius: suspenso. Jugó mal.

Gonzalo: bien. Casi todo lo que hace tiene sentido. Aporta mucho al juego. Pero el encuentro plomizo del conjunto no le facilitó las cosas.

Güler: sin tiempo.

Fran García: sin tiempo.

Mendy: sin tiempo.

Mastantuono: sin tiempo.

Ceballos: sin tiempo.

Xabi Alonso: bien. Muy acertado en la rueda de prensa poniendo en su sitio a Simeone.

 

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Arbitró Mateo Busquets Ferrer, del colegio balear. En el VAR estuvo Iglesias Villanueva.

Un árbitro de bastante buen nivel, aunque en los últimos encuentros se le vieran algunos errores. Hoy llevó bien el partido, pese a que alguna amonestación se quedó en el limbo.

En el área hubo varias caídas pero ninguna punible. Ni una de Camavinga con Giuliano en la primera mitad ni otra pugna Hancko con Vinícius en la segunda.

Tampoco fue falta de Sorloth en el gol rojiblanco en su acción con Asencio, que estuvo blando.

En el apartado disciplinario, se dejó una clara amarilla de Gonzalo por una plancha peligrosa a Pubill. El canterano no le impactó de lleno, si no, hablaríamos de roja. Además, por el pique en el cambio entre Vinícius y Simeone, vieron cartulina amarilla ambos.

Busquets Ferrer, BIEN.

 

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El Madrid llegaba a Arabia con menos arena en los zapatos que hace unas semanas, pero aún sin caminar cómodo del todo. Por este motivo, la charlotada ideada por Rubi y Geri cobraba relevancia. No por la Supercopa en sí, sino por la influencia que pudiera tener en este proyecto. En la final esperaba el equipo de Laporta, el equipo del régimen. El partido se preveía como una suerte de combate a lo Mad Max: en un ambiente desértico y sin reglas. Los de Xabi vencieron por 1-2 de manera poco brillante en un choque que pareció disputado sobre arenas movedizas.

El técnico blanco puso en liza un once sin sorpresas con el hattrickador Gonzalo en punta y Rüdiger titular. El Cholo sacó de inicio a Sorloth, recordaba lo fácil que se lo puso la defensa blanca no hace mucho.

En la previa, los árabes prendían fuegos en el estadio Rey Abdullah, lo llenaban de humo, echaban chispas y Carlos Martínez anunciaba películas de moñecos y menús para promover la obesidad infantil.

Nada más empezar, falta en Kuwait a favor del Madrid. Zambombazo de Valverde y gol estratosférico. Fede le arreó al balón como si fuese la pierna de Morata. La corta barrera rojiblanca se rajó de miedo y el obús depiló el pubis de Sorloth al pasar. 0-1. El capitán del Madrid lo celebró santiguándose frente al público. Mi amigo Nanook apostilló: «van a colocar un Valverde en cada fragata Norteamericana».

Poco después del minuto 10, Llorente cedió muy flojito a Oblak y por poco no llegó Vini y se marcó un Benzema. A Simeone no le gustó.

La realización enfocó a los opulentos palcos y pudimos observar a Pirri y atisbar a un Henry Cherry con aspecto de vehículo a punto de volcar a cámara lenta.

En el 17', el 17 del Madrid se zampó un pase en profundidad, como el día del Betis, de Baena a Julián. Afortunadamente, sin consecuencias. Poco después, Sorloth le ganó la posición a Asencio, pero su disparo se marchó fuera. Raúl, tus ausencias en estas noches provocan lamento, como cantaría Azúcar Moreno.

Bellingham había comenzado muy bien y Gonzalo se movía con inteligencia tanto en defensa como en ataque. En el 21', el hijísimo reclamo —poquito— penalti en una jugada en la que se cayó él solo en liza con Camavinga.

Antes de la media hora, Baena hizo de Baena y no amputó las piernas a Carreras porque Álvaro saltó. El lateral sirvió a Rodrygo, quien recortó suavemente pero disparó igual. El Madrid se abalanzó sobre el Atleti durante los siguientes instantes, mas no pudieron aprovechar la inercia para abrir el marcador.

Ese momento álgido del Madrid fue cortado por la pausa de hidratación. A los de Xabi les sentó fatal y a partir de entonces el partido fue un suplicio. A la vuelta, Courtois despejó un balón con dificultad baja-media. Acto seguido, la defensa blanca permitió que un balón de Koke se pasease por el área pequeña. El córner siguiente no concluyó en gol atlético de cabeza porque Thibaut intervino con mucha eficacia y espectacularidad. Después, a punto estuvo de marcar Sorloth, pero Asencio desvió un pelo la trayectoria y evitó el remate franco. El Madrid había permitido que el Atleti se rehiciera.

Los de Xabi vencieron por 1-2 de manera poco brillante en un choque que pareció disputado sobre arenas movedizas

Los blancos sufrían mucho para sacar el balón, el centro del campo no es su punto fuerte. Cuando no progresaban mediante conducciones lo hacían con balones largos que caían siempre en poder de los colchoneros. El Atleti no se adelantó por mediación de Baena porque Courtois lo evitó again.

Al público le daba igual el mejor o peor juego, hacían la ola alegre e inoportunamente mientras Sorloth y Tchouaméni chocaban peligrosamente sus cabezas y tenían que ser atendidos. Son sus costumbres.

Descanso, 0-1. El Madrid, como un vino espumoso agitado. Descorchó el partido con un golazo y a medida que avanzaban los minutos se fue amodorrando, con muchos jugadores por debajo de su nivel, es decir, lo habitual.

Golazo aparte, la imagen de la primera mitad fue el acoso de Simeone a Vinícius desde la banda. También son las costumbres —y la educación— del Cholo. Pero ya sabemos que todo lo que le hagan al 7 lo tiene merecido, más aún si no juega bien.

El segundo tiempo comenzó con una galleta de Sorloth a Asencio. El central blanco no había estado muy fino, pero no merecía ese trato. El Madrid seguía igual, patapum parriba y a esperar a que tocase la lotería. Jugaba con la fluidez del diamante a temperatura ambiente, con una salida de balón propia de un barril de petróleo cojo con zapato de tacón.

Parecía que la táctica del Madrid era ganar por aburrimiento y desesperación de todo aquel que viese el partido. Sumado al juego del Atleti vistoso como un sapo partero, estaba deparando un partido de muchos kilates falsos. Pero como la vida es imprevisible, Fede filtró un pase genial a Rodrygo y Goes definió —estas vez sí— con solvencia. 0-2.

No duró la semitranquilidad, pues Sorloth no tardó en marcar de cabeza en un acción defendida por el Madrid como acostumbra.

Por varios motivos, ni Asencio ni Rüdiger siguieron sobre el terreno de juego. Xabi introdujo a Fran García y Mendy. La defensa quedó conformada por Fede, Tchouaméni, Carreras, Mendy. Fran, por delante del lateral francés; Vini estaba desaparecido y su carril era una autopista de entrada.

Ambos equipos estaban cansados como si se hubieran pegado una paliza de viaje más un cambio a latitudes con clima diferente con el único objeto de que algunos se embolsen unos palos.

Agarrón en el área al 7 del Madrid y sigan, sigan. Alonso lo retiró después y sacó a Güler. El Cholo aprovechó para increparlo de nuevo. Amarilla. Vinícius se llevó tarjeta también.

Griezmann remató acrobáticamente y Thibaut despechó con la pechera. El francés había saltado al campo, pues si no no habría podido disparar a puerta. Poco después, Llorente chutó fuera desde cerca y, luego, ligerísimamente desviado, rozando la escuadra.

Rodrygo y Camavinga, agotados, dejaron su lugar a Mastantuono y Ceballos.

Si el Madrid no mejora muchísimo, no hará falta ni siquiera que intervenga Munuera Montero en la final

En el minuto 87, Aurélien evitó una clara ocasión en increíble escorzo.

Más allá del 90', Fede se coló hasta la línea y por poco Mendy no anotó el tercero.

Busquets Ferrer añadió 7 minutos, la mitad de una parte de prórroga. El partido estaba ya deslavazado, los futbolistas parecían zombis. Y esos minutos extra les vendrían genial para su salud.

Julián Álvarez erró una oportunidad nítida en el 95 y la window a la final se le cerraba al Atleti.

El domingo espera el Barça. Si el Madrid no mejora muchísimo, no hará falta ni siquiera que intervenga Munuera Montero.

El Cholo, al carrer. El retorno de Yeda será duro, pero no mucho. Jamás nadie ganó tanto dinero por perder.

 

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Implantó la WM

 

Michael Keeping fue el tercer técnico extranjero de la historia del club y el segundo inglés tras el periodo de Robert Firth en plena II República. Su llegada al club blanco se debió principalmente a la necesidad de un entrenador que manejase el concepto táctico de la WM. Por dos razones. La primera, que a partir de 1948 fue una imposición de la Federación Española, mediante circular, para que todos los equipos jugasen así en beneficio de la selección de cara al Mundial de Brasil 1950. Y la segunda, que tanto el Barça de Samitier, como el Sevilla de Encinas, o el Valencia de Pasarín lograron éxitos ligueros los años anteriores gracias a la utilización de dicha idea de juego. La apuesta por Keeping era arriesgada y no funcionó.

Alexander Edwin Michael Keeping nació en Milford on Sea (Inglaterra), el 22 de agosto de 1902, y en su etapa de jugador se desempeñaba como defensa izquierdo. Comenzó su carrera en el Milford on Sea de su localidad natal y de allí pasó al Southampton. Primero en el conjunto juvenil y luego en el primer equipo, ya con ficha profesional. Poco a poco, se fue haciendo un hueco en la zaga como defensa por el perfil izquierdo, haciendo gala de una gran velocidad, aplomo, dominio del balón y precisión en el pase al extremo de su banda.

En 1926 estuvo cerca de ser internacional, primero en el mes de febrero y luego en una gira por Canadá. Con los ‘Saints’ se mantuvo hasta 1933, cuando por un tema de falta de dinero en el club fue vendido al Fulham. En el cuadro capitalino pasó varias temporadas y jugó de forma ocasional hasta 1941, momento en el que se produjo su retirada de los terrenos de juego. Al colgar las botas se unió al negocio familiar con sede en Milford on Sea. Se trataba de un taller mecánico que había abierto su padre Fred Keeping, un antiguo ciclista que participó en los Juegos Olímpicos de Atenas de 1896, logrando una medalla de plata en la carrera de 12 horas.

Sin grandes experiencias previas en el banquillo, Mr. Keeping recibió a finales del mes de enero de 1948 la llamada del Real Madrid. El británico había realizado, eso sí, los cursos para entrenadores en la Escuela Inglesa Oficial de Preparadores. Su contrato era de un año con la posibilidad de ser prorrogado. Al aterrizar en Madrid, cayó bien a los aficionados merengues por su aspecto pintoresco, pero no hablaba español y le hacía de intérprete Barinaga, que pasó varios años en Inglaterra tras marcharse como refugiado durante la Guerra Civil junto a otros niños vascos.

Entre las primeras decisiones del inglés, se encontraba la programación de cuatro sesiones, semanales siempre que los desplazamientos lo permitiesen, y también adelantar el horario de los entrenamientos, que normalmente eran a las 11 de la mañana. El entrenador inglés era un hombre bondadoso y gracioso, que tenía una gran obsesión por la preparación física y hacía correr durante largo tiempo a los jugadores alrededor del campo. En alguna ocasión, incluso, los hacía ir al trote desde Chamartín a Cibeles. Luis Molowny declaró años después en una entrevista que si le preguntabas algo te respondía “Diguimi in inglis”. Luego, en el túnel animaba y levantaba la voz expresando un “vamos chicos. Trabajad duro todo el ‘tempo”’. Es bueno para prima, es bueno para banca”. El inglés en una de sus sugerencias llegó a pedir a Bernabéu traer un orador prepartido, un animador, a lo que máximo mandatario madridista se negó.

El motivo clave de la contratación de Mr. Keeping era que conocía a la perfección la idea de juego de la WM. Un sistema que no fue creado por Herbert Chapman, pero que el inglés perfeccionó en su etapa dorada en el Arsenal. Se trataba de una táctica con dos defensas bajando entre ellos al medio centro, mientras que los dos medios alas se centraban para rellenar su hueco y marcaban a los interiores contrarios. Arriba, los dos extremos y el delantero se mantenían adelantados. Mientras que los dos interiores componían una segunda fila para iniciar las jugadas de ataque y ayudar a contener a los atacantes rivales. La WM (los delanteros formaban la W y los defensas la M) surgió como consecuencia del cambio del fuera de juego a mediados de los años 20, que indicaba que solo era necesaria la presencia de dos jugadores entre el jugador que recibía la pelota y la línea de gol. Keeping lo implantó con celeridad en el equipo blanco, pero no terminó de dar los frutos deseados.

A principios de 1948, el Real Madrid atravesaba un mal momento, transitando por el undécimo puesto de la tabla a solo dos puntos de las posiciones de descenso. Jacinto Quincoces dejó el cargo y su segundo, Baltasar Albéniz, que se mantuvo después con Keeping, estuvo de interino durante un par de encuentros hasta una dura derrota contra el Barça. Bernabéu, la directiva y la secretaría técnica, encabezada por Hernández Coronado, buscaron una solución de urgencia porque el principal objetivo a esas alturas del campeonato era evitar estar la campaña siguiente en Segunda División.

Keeping pisó Madrid por primera vez el 28 de enero de 1948. Llegó en un vuelo procedente de Londres y nada más descender conoció a Bernabéu y a otros directivos. Sus primeras palabras fueron: “¿Dónde está el sol de España?”. Y a continuación: “¿Aquí no existe racionamiento?”. En la entrevista que le hizo Ramón Melcón para Marca, en el hotel en el que se iba a hospedar con Barinaga de traductor, también preguntó sobre el sistema de juego en el fútbol español y la labor del mediocentro. En ambas respuestas se le incidió que todavía no había uniformidad a la espera de que se estableciese por ley la WM. Respecto al mediocentro, él declaró que “debe ocuparse preferentemente de marcar. Lo interesante es encontrar el hombre que sepa adaptarse al puesto”. Avisó que tampoco pensaba hacer una “revolución que pudiera ser peligrosa para el equipo” y se extrañó de que Barinaga jugase en diversos puestos del equipo porque “los cambios no suelen dar muy buenos resultados en el rendimiento del jugador”.

El partido de la jornada 18 contra el Celta en Chamartín lo vio en el palco. No le fueron nada bien las cosas a los blancos, que cayeron de manera rotunda por 1-4. El inglés, tras ver por primera vez a los suyos, declaró que “Hay mucho tiempo por delante y soy optimista. El Madrid ha estado lento, pero me gusta su clase”. La semana siguiente inició la preparación por primera vez con un entrenamiento a las 10 de la mañana de cara al viaje a San Sebastián. La sesión consistió de cuatro vueltas a buen tren al campo, salto a la comba, un partido de baloncesto y sprints abundantes. En Atocha, contra la Real, los madridistas empataron a uno, pero según algunas crónicas, como la de Pueblo, mereció ganar. Los jugadores estaban contentos y veían mejoras.

Sin embargo, los resultados deseados no llegaban. Salvo un triunfo ante el Sevilla a domicilio, se perdió en casa contra el Gijón y fuera frente a Español y Atlético de Bilbao. En campo propio, también firmaron después tablas con Atleti y Valencia. Keeping opinaba que “no puedo emplear una varita mágica para salvar al Real Madrid” y pedía refuerzos en verano porque “habrá que reemplazar en el equipo el material viejo por uno nuevo y capacitado”. Quedaba una sola jornada y el Real Madrid tenía opciones de caer a la promoción. Visitaba el Real Oviedo el coliseo blanco y Pruden fue el héroe con dos goles para dar la salvación definitiva. El técnico inglés lograba así el objetivo, aunque avisaba que el equipo madridista solo tenía “cuatro jugadores verdaderamente profesionales: Azcárate, Pont, Ipiña y Barinaga”. De los demás, declaró que les “falta bastante para ser considerado como tales”.

La Copa, que comenzaba tras la Liga, fue más de lo mismo. Aunque la realidad es que lo importante había sido salvar la categoría, porque hubo miedo en la institución, afición y jugadores. Llegaron refuerzos como Montalvo y Pachicho, y se pasaron dos eliminatorias ante el Córdoba y el Málaga. Pero en octavos de final contra el Español de José Espada se perdieron los dos partidos. El buen sabor antes de las vacaciones fue la conquista de la Copa Eva Duarte, un precedente de la Supercopa. El 13 de junio en Chamartín derrotaron al Valencia por 3-1 con dianas de Montalvo, Macala y Chus Alonso. El entrenador británico se marchó pronto a su tierra para ponerse manos a la obra en la misión de conseguir varios refuerzos.

El Real Madrid regresó el 10 de agosto a los entrenamientos de cara al curso 1948-49. En el club existía preocupación por un rendimiento como de la campaña anterior y se lanzaron a por fichajes. Keeping recomendó y negoció con varios atacantes de la Liga inglesa, como el anglochileno Jorge Robledo del Barnsley y George Dick del Blackpool. Sin embargo, el único que llegó y que demostró no tener la categoría esperada fue el escocés John Watson, que jugaba en el Fulham. Los fichajes estrella procedían desde el Celta: Pahiño y Miguel Muñoz. También se firmó, entre otros, a Olmedo, Narro, Marcet, el guardameta Adauto y a Mariscal en noviembre, una vez iniciado el curso.

Keeping continuó moldeando la WM en el equipo, siempre traducido por Barinaga, porque seguía sin hablar español salvo algunas palabras. El inglés comenzó la temporada con cambios. En defensa la pareja formada por Clemente y Azcárate y cuatro jugadores vitales en su sistema: Muñoz, Narro, Olmedo y Barinaga. En punta, el dueño del nueve iba a ser Pahiño. Al equipo le costó arrancar, con un solo triunfo en cuatro jornadas, aunque el calendario no era sencillo, con la visita a Valencia, donde perdieron, y al recibir a Barça y Atlético de Madrid, que se llevaron ambos la victoria de Chamartín por 1-2. Sin embargo, desde la jornada 5 el equipo subió muchos enteros. Ipiña y Molowny entraron en el once y se notó. Fue uno de los mejores momentos de la etapa Keeping, con 10 partidos invicto, logrando ocho triunfos y dos empates.

El cuadro blanco iba líder, se llenaba el coliseo merengue y la gente disfrutaba con el juego y algunas goleadas. Keeping llegó a un acuerdo para renovar su contrato, que expiraba en noviembre, hasta final de temporada y se había resuelto una pequeña crisis interna entre el inglés y el secretario técnico Hernández Coronado. Las tiranteces venían sobre quién debía hacer las alineaciones, llegando a un punto en común ambos con la mediación de Bernabéu. El inglés se marchó feliz a su tierra para pasar las fechas navideñas tras el gran homenaje al capitán Ipiña, donde se ganó 5-0 al Benfica. En unas declaraciones previas, más en su lengua que en español, había afirmado que el equipo hacía “buen fútbol, aunque a veces a ráfagas” y que siempre era “cosa buena los goles”. Antes de volver a la capital de España, en los primeros días del nuevo año, hizo una escala en Copenhague para negociar el fichaje de la figura danesa Carl Aage Praest, que no se llegó a consumar por cuestiones económicas.

La vuelta del parón navideño no fue la deseada, al caer en la visita a Les Corts de la jornada 14 por 3-1, pero las victorias posteriores ante el Valencia, el Atleti en el Metropolitano y el Atlético de Bilbao en Chamartín enderezaron la situación, y colocaron a los madridistas líderes con dos puntos por encima del Barça. Los entrenamientos del inglés eran feroces, como reconoció en una ocasión Macala: “El que más palizas nos ha pegado ha sido Keeping. En los años que llevo yo con él he corrido más que en toda mi vida”. Las sesiones tenían mucha carga física e intensidad, y estaban dando resultado.  Después, una derrota en Valladolid y un triunfo con el Sevilla, hasta que hubo una desconexión fatal. La plantilla pareció quemada, aburrida y saturada. Algunos lo achacaron al alto ritmo que pedía Mr. Keeping en los partidos y las sesiones de entrenamiento.

El Real Madrid se vino abajo y se dejó prácticamente todas sus opciones ligueras con una racha negativa de tres partidos. Primero, se perdió en Sarriá, luego ante el Real Oviedo y por último en Balaídos. En el choque ante el Celta el técnico inglés, desesperado por cambiar el rumbo, hizo debutar oficialmente a Watson. El escocés no dio la talla y decepcionó. También fue un partido con mala fortuna por la lesión del arquero Bañón, que obligó a ponerse bajo palos primero a Macala unos minutos, y luego la segunda mitad completa a Barinaga. El equipo bajó al tercer puesto de la tabla y, pese a ganar al Depor y el Gimnástico de Tarragona y empatar con el Alcoyano, ya no logró alcanzar al Barça ni superar al Valencia, que concluyó como subcampeón. Míster Keeping, al que le gustaba hablar del juego con los periodistas en compañía de Hernández Coronado, achacó algunos malos resultados a que se hacía “mucho juego personal, con pases imprecisos, retención de la pelota y así se malogran oportunidades”.

La directiva, pese al chasco en el final del campeonato, quedó satisfecha con Keeping y su labor en su primera temporada completa en la casa blanca. Para continuar con su proyecto, le ofreció la renovación por dos años más y el británico firmó. Se quería así dar también un estímulo para la Copa, que comenzaba en unos días. El inglés fue entrevistado por el Semanario Gráfico de los Deportes de Marca, manifestando que “me quedaré dos años más en este Club, al que creo (y le hablo con una experiencia dilatada en el fútbol europeo) un Club modelo, sencillamente”. No descartó gestiones para fichar ingleses en verano: “Si pudiera ser, no lo dude usted, volvería con dos, tres jugadores ingleses. Ingleses, o de donde los haya, y todo lo buenos que el Madrid requiere…”. Por último, se mostró contento con sus muchachos: “Sí, señor. Creo que es sensible en ellos una gran diferencia y nada tengo que reprocharles de su disciplina. Ya sabe usted los dos lemas en que apoyo mi enseñanza: el fútbol es noventa minutos de ardua concentración y un profesional no es un hombre como los demás. Querría que estas dos máximas se les metieran tan dentro, tan dentro, que jamás la olvidaran”.

En el torneo del KO, el plantel no pudo recuperar el ánimo bajo tras lo acaecido en el final de Liga y el Atlético de Bilbao apeó a los blancos a las primeras de cambio. Dos empates en Chamartín y San Mamés obligaron a un encuentro de desempate en Les Corts que tuvo color vasco. Dos tantos de Zarra y uno de Venancio despidieron a Bañón en su último encuentro oficial como merengue unas semanas antes de caer enfermo por una dolencia en la pleura. El último encuentro del curso fue la celebración de la IV edición del Trofeo Teresa Herrera, que conquistó el cuadro madridista al vencer por 2-1 al Racing de París en Riazor. Keeping, que a finales de mayo tras caer en la Copa regresó a Inglaterra, no viajó con el resto de la expedición, encabezada por Santiago Bernabéu, y el encuentro desde el banquillo lo dirigió su segundo Albéniz.

La pretemporada del curso 1949-50 dio el pistoletazo de salida para la plantilla blanca el 11 de agosto. No se trajo ningún refuerzo de Inglaterra y las principales novedades fueron las del portero vasco Juanito Alonso y ‘Fifo’ Navarro. También se incorporaron Toni del Sabadell (al igual que Navarro), el defensa García y Cabrera, que volvió del Málaga. Entre las bajas, varios nombres reseñables como Ipiña, que había colgado las botas, Chus Alonso y el escocés Watson que no había dado la talla. Se esperaba a Bañón para octubre, pero con el paso de las semanas se certificó lo grave de su enfermedad para seguir en activo.

Fue una campaña con cambios en lo que a las decisiones de la parcela técnica se refiere, porque se le limitaron algunas atribuciones al técnico inglés en beneficio de Hernández Coronado. Una de ellas fue la sorprendente idea de hacer dos equipos, uno para actuar en Chamartín y otro a domicilio. El A lo forman Adauto; Clement, Pont; Mariscal, Muñoz, Narro; Macala, Olmedo, Pahiño, Toni y Arsuaga y el B Adauto; Azcárate, García, Barinaga, Muñoz, Juanco; Soto, Toni, Marcet, Montalvo y Cabrera.

Se forjaron importantes ilusiones de cara al nuevo año futbolístico después de que hubiera grandes opciones de ganar la Liga previa. El campeonato pintaba blanco hasta otro desvanecimiento en la segunda vuelta. El equipo ganó con el equipo A ante el Sevilla, pero cayó con rotundidad por 3-0 en Riazor y la idea de Coronado se dio por terminada. En uno de los mejores partidos de la era Keeping, se goleó al Barça por 6-1, con tres goles de Pahiño. Fue el primer partido que tuvo a Albéniz ocupando el cargo oficial de primer técnico. La razón fue que al inglés se le había quitado la licencia tras no acudir a unos cursillos de entrenador que organizó la Federación en Burgos.

El equipo marchaba por la Liga con puño de hierro, apabullando también al Real Oviedo y al Atlético de Madrid en Chamartín. Fuera costaba más ganar, pero con la media inglesa de victoria en casa y empate en la carretera se iban sumando puntos importantes. El club blanco había visitado Gibraltar para un amistoso en octubre y Mr. Keeping fue entrevistado por el Gibraltar Chronicle. El técnico inglés afirmaba que “el Real Madrid es el mejor Club del mundo”. También se mostró sorprendido cuando llegó a España al ver la “afición tan enorme que existía por el fútbol”. En su opinión “está organizado muy bien en todos sus aspectos” y cuando sus amigos del Fulham visitaron el año anterior Chamartín le dijeron que “era el más bonito y mejor estadio de cuantos conocían”. Por último, respecto al presente curso, se manifestaba confiado en “ganar la Liga y la Copa”.

Antes del inicio de la segunda parte del campeonato, a principios de 1950, el inglés acudió acompañado de un intérprete al nuevo cursillo de entrenadores organizado en Madrid para poner de nuevo en orden su licencia. Mientras tanto, su equipo comenzó dubitativo, con solo una victoria en Les Corts en cinco jornadas. Pese a ello, mantuvo el primer lugar tras perder en Oviedo y el Metropolitano, empatar contra el Valencia y sacar una victoria por la mínima en Málaga. En la jornada 22, el equipo merengue visitó Balaídos en un partido clave por el liderato. Los dos equipos sumaban 26 puntos y el triunfo vigués por 5-2 hundió a los madridistas. El técnico inglés, sin embargo, continuaba teniendo fe: “Pensamos ganar los cuatro partidos que faltan”. Sin embargo, tras un empate con el Español y una rotunda derrota por 6-2 en Bilbao, la Liga se escapó definitivamente. En apenas tres semanas se pasó de ser primeros igualados con el Celta a la sexta posición. Las últimas dos jornadas, ganando al Gimnástico de Tarragona y al Real Valladolid solo sirvieron para terminar cuartos en la tabla en una Liga con color colchonero. De nuevo el cuadro dirigido por Keeping pinchó al final.

La Copa se encajó como se pudo porque la selección debía viajar a Brasil para disputar el Mundial. En primera ronda, el Nástic no fue rival, principalmente en Tarragona, y en cuartos se hizo lo más difícil, que era ganar al vigente campeón de Liga. Un pletórico 6-3 en Chamartín demostró el poderío blanco en casa pese a la baja de Pahiño. Molowny y Macala. Con un doblete cada uno hicieron olvidar al gallego. Keeping se mostró “muy satisfecho. Buen partido. Gran fútbol y bonitos goles. Todo el equipo muy bien. El primer tiempo, excelente. La segunda parte, mala suerte para hacer goles. Hemos debido sacar cinco goles de diferencia”. En la vuelta, en el Metropolitano, se aguantó el empuje inicial de los rojiblancos en la derrota por 1-0. En semifinales, se infravaloró al Real Valladolid, al que se había goleado en la última jornada de Liga por 1-4. En el feudo blanco, Montalvo tiró un penalti fuera y los de Pucela se marcharon felices con un empate a dos. En el campo de Zorrilla, los merengues no lograron conseguir el mismo resultado liguero y tras perder por 3-1 el Real Madrid terminaba otra campaña sin títulos.

En cuanto a los partidos amistosos internacionales, hubo buena cosecha e incluso notable nivel de juego en los triunfos ante la selección mexicana por 7-1, Racing de Avellaneda por 5-1 y San Lorenzo de Almagro por la mínima. El último choque fue ante el Hungaria en junio. Un equipo formado por jugadores huidos de la dictadura comunista en Hungría y que estaban exiliados en Italia. En ese equipo figuraba Ladislao Kubala, que dejó muestras de su calidad y marcó dos tantos. El Real Madrid venció por 4-2 y Bernabéu pensó en incorporar a la estrella magiar. Sin embargo, las negociaciones no cuajaron por varios aspectos, uno de ellos, que el jugador pidió a su cuñado Daucik como entrenador. El club blanco rechazó la opción porque tenía a Mr. Keeping con contrato y Kubala acabaría días después en Barcelona.

El entrenador inglés no contaba con demasiada aprobación en el vestuario, a tenor de una publicación en el diario Imperio. El periódico había entrevistado a varios jugadores madridistas antes de empezar la Copa, aunque sin dar sus nombres. Uno de ellos, con el status de internacional, manifestó que “nos mata con sus entrenamientos. Cuando nos entrena Albéniz rendimos mucho más”. Añadía que “si el Madrid tiene la suerte de que al míster lo entretengan en Gibraltar, puede ser campeón de Copa”. Por último, un ruego: “¡Por lo que más quiera! No se le ocurra decir que tengo agujetas de tanto dar vueltas al campo. Lo leería el míster, y mañana me doblaría la ración de carreras en castigo”. Otro de ellos le dio la razón: “Mr. Keeping es un inglés que todo lo arregla con vueltas al campo. Que un jugador tiene que coger fondo: diez vueltas al campo. Que acaba de pasar unas anginas: cinco vueltas al campo. Que hay que dar mayor rapidez al equipo: siete vueltas al campo. ¡Nos marea!”. Un tercero lo criticó por el idioma: “No hay quien le entienda. Ha dicho que el que quiera entenderle que aprenda inglés, porque él no piensa aprender español”. Sobre el rumor de que le estaban preparando la cuenta en la entidad blanca, el cuarto y último de ellos respondió: ¡Ya era hora!”.

En el club, durante el verano, aguantaron a Keeping, al que le quedaba un año de contrato, y el inglés se presentó a los entrenamientos de cara a la temporada 1950-51. Sin embargo, cada vez había menos confianza en su trabajo y apenas duró un par de meses en el cargo. El comienzo liguero fue una auténtica montaña rusa con goleadas a favor y también en contra. Prácticamente no hubo algo intermedio. En el debut, los blancos vencieron por 6-2 al Español y una semana después recibieron en contra el mismo resultado en Atocha. En la jornada 3, contra el Barça, fue peor. Un 7-2 demoledor. Keeping habló en un correcto español para Mundo Deportivo: “Muy bien la delantera del Barcelona. Sus jugadores pasan corto y raso y con balón sin efecto, para ser bien controlado. Y tiran bien a gol. No le marcarán otros equipos siete goles al Madrid”.

El equipo recuperó el aliento con las victorias ante el Valencia por 3-2, el Lleida por 1-6 y el Alcoyano por 7-0. Hasta que llegó la visita a Riazor. Los gallegos apabullaron a los blancos por 5-0 el 22 de octubre. La derrota y unas declaraciones del británico afirmando que él no preparaba al equipo, y que molestaron a Hernández Coronado, le dejaron en la cuerda floja. Se le apartó momentáneamente de la dirección y se le mandó a Vigo hasta que el club tomase una determinación sobre su futuro inmediato. En la ciudad gallega su función fue realizar unas gestiones sobre unos jugadores que pensaba el Madrid incorporar la campaña siguiente. Su despido, finalmente, se hizo oficial nueve días más tarde del partido en La Coruña. Su bagaje final resultó decepcionante, al no cumplir con lo que se esperaba de él.

Su carrera posterior discurrió principalmente por los Países Bajos, teniendo un cargo directivo en el H.B.S y entrenando al Heracles Almelo. También tuvo un breve paso a comienzos de los años 60 por el Poole Town inglés, renunciando más tarde por motivos familiares.

Falleció a los 81 años el 28 de marzo de 1984.

 

Fotografías: archivo de Alberto Cosín

 

Capítulos anteriores:

 

1.- Entrenadores del Real Madrid: Mr. Firth

2.- Entrenadores del Real Madrid (II): Kinké

3.- Entrenadores del Real Madrid (III): Berraondo

4.- Entrenadores del Real Madrid (IV): Quincoces

5.- Entrenadores del Real Madrid (V): Quirante

6.- Entrenadores del Real Madrid (VI): Albéniz

7.- Entrenadores del Real Madrid (VII): Fernández

8.- Entrenadores del Real Madrid (VIII): Cárcer

9.- Entrenadores del Real Madrid (IX): Fleitas Solich

10.- Entrenadores del Real Madrid (X): Ipiña

11.- Entrenadores del Real Madrid (XI): Encinas

12.- Entrenadores del Real Madrid (XII): Scarone

13.- Entrenadores del Real Madrid (XIII): Villalonga

Buenos días. Hay trabajos para los cuales es aconsejable utilizar un equipamiento adecuado que facilite y proteja al mismo tiempo. En el mundo de la prevención laboral, se denomina EPI (Equipo de Protección Individual) y no guarda relación con títeres televisivos. O sí.

Los ejemplos ayudan a la comprensión: un EPI necesario a la hora de arrodillarse son las rodilleras. Obvio. Evita daños en las articulaciones.

A la vista de los artículos de prensa deportiva, la venta de rodilleras ha debido de dispararse desde que los medios son regados por quienes parten el bacalao en el fútbol español. Anoche, el galernauta William Pogue nos mostró cuatro capturas que sustentan esta teoría del impulso comercial que han experimentado estos EPI.

Marca eligió titular el 5-0 con «El Barça se divierte con el Athletic». Podría definirse como crónica de una cobertura bien engrasada. Imaginad si en en lugar de Barça hubiesen escrito Madrid: divierte es un verbo que implica falta de respeto al rival y otras desconsideraciones similares. Sin embargo, cuando se trata del club cliente de Negreira, convertir al rival en una suerte de animador infantil es totalmente adecuado. Transforman a los bilbaínos en un mero sparring necesario para la celebración de la fiesta azulgrana y transmiten la idea de que esa es su función, la de colaborar y ser bueno.

El diario de Gallardo de nuevo se calza las rodilleras para inclinarse ante el Barça y hacerlo feliz. La cantada de Unai Simón les ha venido pintiparada para empujar un poquito más a Joan García a la selección española, que no es sino otra marca del FC Barcelona.

El lenguaje empleado, la exaltación de las virtudes y actos complicadísimos como «el sincero abrazo de Joan García» recuerdan a otros hitos de la genuflexión como el NO-DO.

La inclinación de cerviz de As es menos nodiana porque emplea un lenguaje más actual y enfocado a la difusión en redes, pero el mensaje es el mismo. «La cantada de Unai que pinta a sentencia definitiva para el Mundial: el gol que lo puede cambiar todo…». Atufa a titular cocinado con ChatGPT.

En este festival de la variedad informativa Mundo Deportivo también asoma con otro titular igual.

Esta consanguinidad mediática induce a sospechar la loca idea de que escriben al dictado de alguien. Es más, alguien podría atreverse a formular una hipótesis tan excéntrica como que ese alguien es quien paga.

Comprar rodilleras para toda la redacción es caro y siempre es más fácil prosternarse cuando media lubricación.

Esta ausencia de imparcialidad también se refleja en las portadas. Como suele ser habitual, Marca es el más servil y lisonjero, y muestra el camino a Sport y Mundo Deportivo.

La portada de As es la más comedida de todas.

Hoy a las 20:00 el Real Madrid disputa contra el Atleti la otra semifinal de la Supercopa de España en Arabia. Esta competición es la que mejor representa el fútbol español. Nacida del bizcocheo entre Rubi y Geri, hiede a balompié patrio por los cuatro costados. Pero el fúrbol es asín y este año tiene más importancia por la situación de los de Xabi.

La podredumbre de nuestro deporte inunda todos los ámbitos. Alguien ajeno a los tejemajes de este mundillo daría por hecho que clubes como el Barça o el Villarreal pagan en tiempo y forma a sus empleados según los contratos suscritos. Pues va a ser que no.

😞 @QSetien, sobre los impagos en @LaLiga

👉 "El Barça ha cumplido con todos los pagos y no me deben dinero"

😠🗯️ "Del Villarreal no he cobrado NADA y ya va a hacer dos años y medio. Está en un juzgado. Llevamos año y medio esperando una sentencia para cobrar lo que me deben" pic.twitter.com/aqkNdJzrV2

— El Larguero (@ellarguero) January 7, 2026

Lo del Barça ya lo sabíamos, las vacas de Setién tardaron años en cobrar mientras Laporta dilapidaba dinero futuro en multitud de fichajes —acostumbran a llevar comisiones— inscritos por imperativo ilegal.

Lo que desconocíamos es que el Villarreal de ese gran gestor y empresario llamado Roig tampoco paga a quien contrata. Quique Setién lleva más de dos años esperando a cobrar y, en el juzgado, uno y medio sin dictar sentencia. Los malpensados, de nuevo, podrían sospechar —sin fundamento alguno, por supuesto— que el señor Roig es bastante influyente.

Ser un adulador nunca es digno, pero si día sí y día también es necesario ponerse rodilleras para adoptar la posición idónea que procure un final feliz al club más corrupto de la historia, directamente es miserable.

Pasad un buen día.

Hablar de objetividad no es un capricho ni una reflexión teórica lanzada al aire. Hablar de la objetividad se vuelve casi obligatorio cuando uno termina un partido con la sensación de haber visto algo razonablemente claro y, al abrir redes sociales o leer determinados análisis, descubre que el foco se ha puesto justo en lo contrario. No en lo que explica el resultado, ni en lo que ayuda a entender el juego, sino en aquello que encaja mejor con un relato previo.

Tras el 5-1 logrado por el Real Madrid en el Bernabéu frente al Real Betis, el partido dejaba varias conclusiones evidentes. La principal, una mejoría colectiva apoyada en algo muy concreto: la velocidad, el dinamismo y la capacidad de ida y vuelta que aporta Camavinga en el centro del campo. Con él, el equipo es más intenso, más vertical y más difícil de presionar.

A partir de ahí, hubo rendimientos individuales positivos. Vinícius hizo un buen partido, sin estridencias, pero eficaz. Gonzalo, además, firmó una noticia que debería ocupar titulares por sí sola: tres goles, presencia constante en el área y una actuación que habla de futuro. Sin embargo, lo que uno acaba leyendo y escuchando va en otra dirección diferente. Que si Vinícius volvió a ser pitado, que si el Madrid estuvo muy cerca de encajar el 3-2 durante diez minutos malos en un encuentro que dominó de principio a fin. Que si los goles de Gonzalo sirven para reabrir el debate sobre si Vinícius debe ir fuera y Mbappé ocupar la izquierda. Como si la irrupción de un delantero joven no pudiera ser celebrada sin convertirla en un arma arrojadiza contra otro jugador.

Da la sensación de que lo positivo incomoda, de que reconocer una mejoría molesta, y de que siempre hay que buscar el ángulo que permita seguir sosteniendo una opinión ya formada. Es ahí donde surge la pregunta inevitable: ¿Estamos analizando partidos o estamos defendiendo prejuicios? Porque cuando lo bueno se minimiza sistemáticamente y lo negativo se amplifica hasta ocuparlo todo, deja de hablarse de fútbol. Es por eso por lo que conviene hablar de la objetividad, aunque solo sea para asumir que, en realidad, no existe. Porque no, la objetividad no existe. Ni en el fútbol, ni en los medios de comunicación, ni probablemente en ningún ámbito donde entren en juego las emociones. Se invoca constantemente como si fuera un principio sagrado, pero en la práctica funciona más como una coartada que como una realidad.

Hace no mucho hice el experimento de preguntar a un culé y a un madridista sobre qué pensaban de los narradores y comentaristas habituales de los partidos en televisión y radio, por curiosidad. Menudo pollo se montó. Resulta que uno tenía clarísimo que son todos madridistas y el otro tenía clarísimo que son todos culés. Qué pereza, de verdad. En el fútbol, este concepto se evapora todavía más rápido, porque el balón no solo rueda sobre el césped: rueda sobre simpatías, antipatías, expectativas y cuentas pendientes. El fútbol es, ante todo, emoción. El aficionado no analiza: siente. No contextualiza: juzga. No espera procesos: exige confirmaciones inmediatas de lo que ya cree. Y ahí empieza el verdadero problema. El aficionado no quiere objetividad; quiere que le den la razón.

Da la sensación de que lo positivo incomoda, de que reconocer una mejoría molesta, y de que siempre hay que buscar el ángulo que permita seguir sosteniendo una opinión ya formada

Quiere leer exactamente lo que piensa, escuchar lo que siente y compartir la indignación o el entusiasmo que ya traía de casa. Cuando el discurso coincide con su visión, lo que lee y escucha “dice la verdad”. Cuando no, pasa a estar vendido, manipulado o cegado por intereses. No hay término medio. Y los medios, lejos de corregir esa dinámica, muchas veces la refuerzan, porque también participan del mismo ecosistema emocional y del mismo negocio del ruido.

Nadie llega limpio a ver un partido porque todos lo hacemos cargados de ideas previas. Nos gusta más un jugador que otro, confiamos más en un entrenador del pasado o el que pensamos que deberíamos tener en el futuro que en el que ha elegido el club para ocupar el puesto, sospechamos de ciertos perfiles y protegemos a otros. Todo se interpreta para confirmar ese punto de partida. Si el futbolista que no te convence falla, es una prueba irrefutable de su falta de nivel. Si el que te gusta falla, es un accidente. Si el entrenador que no soportas gana, es por inercia. Si pierde, es porque no sabe lo que hace. Ese mecanismo, profundamente humano, se vuelve peligroso cuando se disfraza de análisis.

Porque no hablamos solo de debates de bar o de redes sociales, sino de medios de comunicación que presumen de rigor, portales y tertulias en donde se decide muy pronto quién es válido y quién no, y a partir de ahí se construye un relato inamovible.

El fútbol deja de ser lo que sucede en el campo para convertirse en una sucesión de pruebas que confirman una sentencia ya dictada. Por eso, un mismo hecho se lee de manera radicalmente distinta según quién lo protagonice. Diez minutos malos pueden convertirse en una “advertencia grave” o en un simple bache, dependiendo del equipo o del entrenador. Un buen partido puede ser señalado como “lo mínimo exigible” o como una actuación sobresaliente, según a quién convenga proteger o desgastar.

En este contexto, la crítica deja de ser una herramienta útil para convertirse en una forma de demolición constante. Criticar es necesario, incluso saludable, pero criticar no es repetir siempre lo mismo pase lo que pase. No es ignorar cualquier signo de mejora porque estorba al relato, ni es analizar con lupa lo negativo mientras se pasa de puntillas por lo positivo. El ejemplo de Gonzalo es clarísimo. Marca tres goles, cumple con lo que se le pide a un delantero y deja una de las mejores noticias del partido. Lo lógico sería hablar bien de él y punto, sin ir más allá. Valorar su actuación, su olfato, su impacto. Sin embargo, su nombre se utiliza como excusa para abrir otro debate: si Vinícius debe salir para que Mbappé se vaya a la izquierda y Gonzalo se quede de 9. En resumen, hablar de si uno de los dos sobra. No se celebra lo que aparece; se utiliza para atacar a lo que ya estaba señalado.

Con el partido de Vinícius ocurre algo similar. Hizo un buen partido, sin necesidad de elevarlo a los altares, pero desde luego no para reducirlo a la nada. En la sustitución, su reacción es de tristeza, no de enfado ni la de un niñato consentido, como he leído poco antes de ponerme a escribir. Pero ni eso parece suficiente. Se habla más de los pitos que de su rendimiento, y más del contexto externo que de lo que aportó al juego. Porque cuando un jugador no gusta, cualquier elemento sirve para relativizar lo que hace bien.

Mientras tanto, se pasa casi de puntillas por lo verdaderamente estructural: que el equipo jugó mejor gracias a Camavinga, porque con él, el centro del campo fue más dinámico, hubo más ritmo, más presión y más continuidad. Eso exige reconocer que algo ha cambiado, aunque sea ligeramente

Mientras tanto, se pasa casi de puntillas por lo verdaderamente estructural: que el equipo jugó mejor gracias a Camavinga, porque con él, el centro del campo fue más dinámico, hubo más ritmo, más presión y más continuidad en el juego. Eso exige reconocer que algo ha cambiado, aunque sea ligeramente. Y reconocer eso implica aceptar que quizá el proyecto no esté tan muerto como algunos llevan semanas anunciando. Me incluyo, por cierto. Sí, al Real Madrid todavía le quedan muchas cosas por mejorar, negarlo sería absurdo. Hay ajustes tácticos pendientes, automatismos por consolidar y jugadores que deben crecer. Pero si después de un 5-1 el discurso sigue siendo exactamente el mismo, sin el menor matiz, sin la más mínima concesión a la mejora, entonces el problema ya no es futbolístico.

Cuando incluso las victorias contundentes se analizan desde la sospecha permanente, cuando los brotes verdes se ignoran y los errores se magnifican, lo que queda claro es que algunos ya han decidido el final de la historia antes de que termine el primer capítulo. Y cuando eso ocurre, la objetividad deja de ser una aspiración imposible para convertirse, simplemente, en un término vacío. El primer capítulo finaliza con la disputa del primer título del año en Arabia Saudí, la Supercopa de España. Personalmente, esperaría a leer el final, no vaya a ser que el escritor esté jugando con nosotros y no sea el que todo el mundo ha adelantado que va a ser, sin todavía habérselo leído.

 

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Santi Siguero, al que no se le conocen dotes adivinatorias hasta la fecha, publicó el siguiente tuit en la previa del partido contra el Betis: “La fábrica no es la cantera del Madrid. Así es como Di Stéfano se refería al Bernabéu. Es lo que tiene hacer caso a los que no saben”. Que son muchos, a tenor de la costumbre y en momentos clave como la autoría goleadora frente a los verdiblancos.

Así que es de justicia reconocer la veracidad de la advertencia. Parece ser que la metáfora industrial se remonta a finales de los cincuenta. Con el Madrid volando en España y en Europa, el hispano-argentino la deslizó para referirse a Chamartín como el lugar donde el esfuerzo y la mentalidad de trabajo producen fútbol, goles y títulos. Un aviso a navegantes previo a la emblemática cita que antepone la relevancia del colectivo a la individualidad.

Fue a partir de los 80, aunque el término se haya recuperado con fuerza los últimos lustros, cuando La Fábrica comenzó a sonar para hablar de la cantera. Sospechamos que las cinco Ligas no sólo consecutivas, sino a lomos de gente de la casa, tuvieron algo que ver. Y es que pocas cosas al albur del capricho como la memoria colectiva: a los puristas el término siempre les llevará Concha Espina; el resto, impulsados por los medios (también el del propio club, RMTV) harán parada en Valdebebas.

“La fábrica no es la cantera del Madrid. Así es como Di Stéfano se refería al Bernabéu”

Si existe algo inmutable en la grada de Chamartín, más allá de su orgullosa exigencia, es su predisposición a escribir una carta de amor a un canterano. Aplaude los goles, disfruta de las filigranas y celebra los títulos… pero goza de verdad cuando un chico dinamita el blindaje de la puerta del primer equipo.

El último es Gonzalo, reminiscencia rauliana, un chico que aúna olfato, inteligencia, oportunidad y, lo que más seduce al respetable blanco, negación de la dosificación del esfuerzo. Un verdadero asesino con cara de duende y pies sobre la tierra: “Soy el suplente natural de Mbappé”, se le escuchó después de golear por tres veces al Betis.

El Madrid no espera. Ni regala una ovación. Y Gonzalo lo sabe. Por eso lleva puesto el mono de trabajo de La Fábrica.

 

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Mañana tenemos un partido importantísimo frente al Atlético de Madrid. Supongo que todos los que diariamente leen La Galerna ya saben que el jueves a las 20h arranca nuestra participación en la Supercopa de España. A estas alturas, la competición de la Real Federación Española de Fútbol se ha instaurado como un rito de paso a principios de todos los años.

Desde la temporada 2019-20, esta competición ha tomado la envergadura de macroevento. El sarao disputado en Arabia Saudí adopta el formato de final four y parece que ha cuajado entre inversores y aficionados. Para muchos, la Supercopa te da una pista fundamental de los derroteros que te depara la fortuna. Para otros como yo, la inmensa minoría de los aficionados, no deja de ser el mismo trofeo de la galleta de toda la vida pero con petrodólar e histeria colectiva.

Nosotros llegamos a la cita tras imponernos con contundencia al Real Betis Balompié. El madridismo merecía una victoria holgada en casa y fue lo que se consiguió el pasado domingo. El equipo de Manuel Pellegrini es siempre un rival difícil y para el aficionado merengue supone una satisfacción haber goleado con solvencia a un equipo de esta categoría europea.

Para muchos, la Supercopa te da una pista fundamental de los derroteros que te depara la fortuna. Para otros como yo, la inmensa minoría de los aficionados, no deja de ser el mismo trofeo de la galleta de toda la vida pero con petrodólar e histeria colectiva

La felicidad fue redonda por los goleadores, todos canteranos. Asencio y Fran García se unieron a la fiesta de un Gonzalo que fue titular y acabó cuajando una actuación para el recuerdo. Los Reyes Magos se adelantaron y el delantero español hizo sonreír a todos los hinchas, especialmente a los más jóvenes y pequeños. Así se hace afición, así se forja un mito. No en vano, rápidamente salieron estadísticas encumbrando la hazaña de Gonzalo y emparejando su figura con la de Raúl González Blanco. El espíritu navideño logra que afloren las emociones más exacerbadas.

Y por si fuera poco, Xabi Alonso salió con una sonrisa enorme a la rueda de prensa. El entrenador vasco era consciente de la felicidad que provoca en la inmensa mayoría del madridismo. Personalmente, estas fechas tan entrañables he podido palpar cómo en un porcentaje no despreciable el aficionado merengue ama con locura a Alonso. Para ellos, la culpa de todo la tienen los jugadores y la directiva. Especialmente señalados: Vinícius y Valverde. Y por supuesto, Florentino Pérez —para ellos también— sería la Yoko Ono del asunto. No exagero un ápice. Así están las cosas y así las cuento como mero notario de la actualidad.

Entiendo la defensa incondicional a la figura de Xabi Alonso. Es entendible que alguien ame con locura a su entrenador. Es hasta natural llegar al paroxismo en esta cruzada. Pero lo que verdaderamente escapa de mi comprensión es la defensa de tu técnico y el desprecio a tus jugadores. Hay muchos aficionados que llegan al insulto personal. Y parece ser que no son pocos.

Yo ya me he pronunciado al respecto y no me retracto de mis palabras. Mi postura es clara por razonable, personal e intransferible. No obstante, es de justicia recoger el sentir mayoritario de una afición soberana. ¿Quién soy yo para molestarme con el madridismo? Al fin y al cabo, tanto en el fútbol como en la política las discusiones no conducen a nada bueno.

Por último, creo que es oportuno expresar mis mejores deseos para todos los lectores de La Galerna. Espero sinceramente que este 2026 sea futbolísticamente mejor que el año que dejamos atrás. Y por descontado, desde el fondo de mi ser, espero que la vida se muestre suave y amable con todos. Que la salud y la fortuna nos acompañen en esta aventura. ¡Hala Madrid y nada más!

 

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