He sido muy crítico con Mbappé. Incluso he pedido su venta. Los dos últimos meses de la pasada liga fueron un aquelarre. De las megaestrellas se espera que lo sean en todo. Su comportamiento en París ya dejó dudas en el madridismo de infantería. Sólo Florentino conoció toda la verdad y decidió esperarle. Eso nos convenció de que el jugador no pudo hacer más. No consiguió venir antes. Cuando le quisimos no pudo ser, y cuando ya no nos hacía falta se presentó en el Bernabéu.
Habla un español trabajado, con un deje ligeramente andaluz. Sus modales y sus declaraciones fueron siempre las del yerno ideal hasta hace un mes. Kylian es un tipo consciente de la repercusión de sus palabras y de sus acciones. Se sabe observado bajo el microscopio de las alimañas que comen gracias a nuestro club. Su rendimiento ha sido el esperable de cara al gol. Flojo en la contribución colectiva. A ver cómo le va con Mourinho. Florentino ha conseguido que deseemos con impaciencia que comience la nueva temporada. Una vez más. El fútbol es muy sencillo y los madridistas aún más: sólo queremos volver a ganar.
Para asombro de la mitad de los seguidores de la Liga (los que nos admiran secretamente desde el rencor y la envidia), el Real Madrid ha sacado la cartera. Florentino no va a salir a dar una rueda de prensa reconociendo una estrategia equivocada. Llenar el vestuario de jóvenes talentos sin un líder con autoridad lo fue. No va a decir públicamente que infravaloró la pérdida consecutiva de Kroos y de Modric. No hace falta. La prueba fehaciente es el regreso de Mourinho y los fichajes de Dumfries, Cucurella, Konaté, Bernardo Silva. No necesita decir nada más. Money talks. Y hablarán las salidas. Y hablará tal vez un último golpe de talonario que toda la chusma del fútbol se está temiendo, mientras nosotros lo empezamos a saborear.
Kylian tiene las condiciones para hacer historia este curso futbolístico. Será este año o no será
El bajo rendimiento de Mbappé en el último tramo de la liga pasada, unido a sus declaraciones inaceptables y a sus actos displicente,s nos confirmó que el vestuario estaba roto, y que la desconexión con el entrenador era irreparable. Pero lo que estamos viendo en el Mundial, con un seleccionador que sabe manejar la increíble acumulación de talento generacional que tiene Francia, es un Mbappé eléctrico, dominante, imparable, liderando la selección más candidata a levantar los 6.175 gramos de oro del trofeo en Nueva York. Tienen cinco delanteros que serían titulares en cualquier campeón de Europa. Un centro del campo potente y una defensa seria.
Si Mourinho logra pacificar el vestuario y construir un equipo donde los egos se pongan al servicio del colectivo, el Real Madrid puede ser imparable. Kylian tiene las condiciones para hacer historia este curso futbolístico. Será este año o no será.
La liga nos desvelará el misterio: ¿es Mou es un entrenador fosilizado por la irrelevancia de sus últimas misiones, o todavía puede empuñar la espada? Mbappé comenzará su tercera temporada en el Real Madrid. Seguro que será el máximo goleador de la liga y de la Champions. No se esperan rivales que le puedan disputar la bota de oro.
Pero el reto es ahora. La FIFA se ha empeñado en diseñar el ocaso de Messi para que pueda ser el Michael Jordan del fútbol, el Cid Campeador del siglo XXI, que gana más dinero y que infunde más miedo muerto que vivo. No voy a discutir las virtudes futbolísticas del argentino, pero tampoco voy a babear para coronarlo como el GOAT, porque no me lo parece. Un jugador desaparecido en las grandes citas desde 2015 hasta 2022 no creo que merezca semejante reconocimiento, a pesar de su virtuosismo sobre el campo y de su absoluto dominio del juego, caminando.
Ya se nos ha olvidado que Platini y todo su séquito tuvieron que enfrentarse a la justicia por adjudicar el mundial de 2022 a Catar, previo pago de un astronómico importe. Hubo sentencias y condenas. También se nos ha olvidado dónde jugaba Messi ese año y porqué la final tenía que ser Francia - Argentina (Mbappé - Messi), bajo la atenta mirada del presidente del PSG desde el palco. No nos chupamos el dedo. Sabemos de qué va el dispendio de los países del Golfo Pérsico en el fútbol y quién pone presidentes en Francia.
Estamos acostumbrados a que el relato domine sobre la realidad que vemos con nuestros propios ojos. Argentina no mereció llegar a la final. Ganarla ya fue una cuestión de coraje en un único partido. Dieciocho tarjetas en el Argentina - Países Bajos. Mateu perpetró un arbitraje CTA, protegiendo a Messi de una expulsión y posterior suspensión tras una mano voluntaria que vio todo el planeta. No fueron solo los cinco penaltis durante el campeonato, tres de ellos inexistentes. Fueron goles en contra anulados por el VAR, de esos que nos cabrean cuando vemos que una mano "coacheada" mueve el muñeco... El mundial de 2022 se me ha quedado grabado en el mismo espacio de la memoria donde guardo la corrupción del Barcelona. Fue un espectáculo aberrante, como la capa ceremonial que le colgaron a Messi para las fotos. Sólo le faltó degollar una cabra para complacer al organizador.
Y, sin embargo, aquí estamos otra vez. Con Infantino poniendo todas sus fichas en la casilla del 10 albiceleste, para construir una leyenda que le seguirá llenando los bolsillos indefinidamente. El merchandising de Messi se prolongará mucho más allá de su presencia en el fútbol activo. Mientras pueda sonreír frente a una cámara, tirar un penalti y se sostenga sobre las dos piernas, le veremos en los mundiales. No descarten el de España. Cubro cualquier apuesta.
Sólo Kylian puede parar esto. Tiene cuatro años más que en 2022. Está en su mejor momento. Fino. Maduro. Letal y con toda la energía de un equipo dominante detrás. Imparable, predestinado, llevando a Francia en volandas a base de golazos. Es Mbappé contra las fuerzas del mal. El Real Madrid contra la corrupción. Lo de siempre, vamos.
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Buenos días. Como decía ayer Fantantonio en estas mismas páginas, nosotros en este Mundial vamos con el Real Madrid. Somos así. No creemos en eso de los países batiéndose en duelo balompédico, o al menos admitimos que nos cuesta tomar partido por unas naciones frente a otras, no siendo como no somos grandes expertos en geopolítica capaces de dilucidar méritos y deméritos de las naciones en el contexto internacional.
Nosotros lo que queremos es que gane el Madrid, y en ausencia del Madrid queremos que ganen sus jugadores, diseminados en diferentes selecciones… o que pierdan, como sin poder reprimir la risa manifestaba abiertamente preferir Mourinho en una reciente entrevista. Al fin y al cabo, cuanto antes pierdan antes volverán a casa, más larga y eficiente será su pretemporada y con mayores garantías afrontarán una campaña que se antoja crucial en el futuro del club.
Que ganen o que pierdan. No sabemos cuál de los dos es nuestro deseo. Por ellos, a los que tenemos cariño, que ganen. Por nosotros, a quienes con franqueza tenemos más cariño todavía, que pierdan (está bien saber que el con frecuencia maltrecho Rüdiger ya anda camino a Valdebebas, por ejemplo, previas reparadoras vacaciones). En todo caso, sabemos que nuestro modesto interés de cara a esta Copa del Mundo se cifra en función de los intereses blancos en la misma. ¿Que os gusta? Bien. ¿Que no os gusta? Respetadnos.
Valverde, Güler, Dumfries y Rüdiger ya están fuera del Mundial. Bravo, siendo egoístas. Cucurella, Konaté, Bernardo Silva, Mbappé, Tchouaméni, Vini, Endrick, Bellingham y Brahim siguen en liza, lo que nos hace alegrarnos por ellos… con el alivio de que no todos seguirán en la competición mucho tiempo más.
Hemos mencionado a tres de los mejores jugadores del torneo: Mbappé, Vini y Bellingham. Están haciendo un campeonato formidable. Sí no fuera porque ya son nuestros, todos estaríamos como locos suplicando a Florentino que pusiera sobre la mesa todo el dinero necesario para hacerse con los servicios del 7 de Brasil, el 10 de Francia, el 10 de Inglaterra…
… y el 24 de España. Dice Cucurella en la portada de As que “podemos ser imparables”. Nos tenemos que se refiere a la Roja, pero nos deslizaremos con picardía por la grieta de esa ambigüedad y decidiremos unilateralmente que se refiere al Madrid 26/27. En clave (ahora ya sí) inequívocamente blanca, el fenomenal nuevo lateral izquierdo vikingo profetiza que sonará “imponente” escuchar decir a Florentino eso de que “ha nacido para jugar en el Madrid”. Hasta que llegue el momento de escuchar decir esas palabras al gran mandatario blanco, y a manera de sucedáneo para pasar el rato, lo escribirá La Galerna.
Cucurella ha nacido para jugar en el Real Madrid (a despecho de su padre, que ya ha anunciado públicamente que no piensa cambiar sus tendencias negreiriles —las de su padre, no las de Marc—).
En un nuevo homenaje in absentia a la coma del vocativo, Sport se despide de Ansu Fati, futbolista que con arreglo a los patrones propagandísticos de la prensa del régimen iba a dejar a George Weah en un trasunto de Julio Salinas. Deseamos toda la suerte del mundo tanto al futbolista, que ficha por el Mónaco, como al equipo de entronización sincronizada y precipitada de mocosillos de La Masía que seguirá, presumiblemente, a sueldo de Laporta en el futuro.
¡Hablando del Rey de Roma! Aquí tenemos a Laporta en plan efigie griega. Perfil apolíneo. Mirada de estadista en el horizonte. Hoy inicia su tercer mandato presidencial y tiene retos que Mundo Deportivo enumera, con risueños resultados cuando llega a la parte de “ganar la Champions”. El club que pagó a Negreira no huele ni de lejos, desde hace once años, el máximo entorchado continental, y en ese tiempo ha visto a su eterno rival levantar la Orejona con una frecuencia casi surrealista. Pensamos que precisamente al Madrid se refiere Lamine Yamal cuando, en letra pequeña, nos confiesa que “si fuese Julián, vendría al mejor club del mundo”.
El Madrid puede ser un club que guste o no, estamos en un país libre, pero que es el mejor del mundo no ofrece duda, lo dice el palmarés, que es objetivo. Gracias por tu interés en que Julián recale en el Madrid, estimado Lamine, pero nuestra oferta ya fue rechazada por el Atleti. Ahora corresponde a tu club mejorar dicha oferta, todo ello después de ser denunciado ante FIFA por el club que posee los derechos del futbolista.
Seguiremos informando. Os dejamos con la portada de Marca, que organizó unos premios y tal.
Pasad un buen día.
Hola a todos y bienvenidos a este portanálisis de urgencia y en horario vespertino. El motivo de la tardanza es que anoche nos quedamos en vela viendo los partidos golfos del Mundial, incluido el pase de Marruecos ante EPACCH (El País Anteriormente Conocido como Holanda) y la inesperada eliminación de la favorita Alemania ante Paraguay, país que ha aprovechado el que esta heroica victoria les haya puesto en el mapa para recalcar que la fruta llamada paraguaya no solo no proviene de dicho país, sino que es totalmente desconocida en esas latitudes, por lo que podemos estar hablando del nombre común menos justificado de toda la historia. Esta hazaña permitirá a ese país sudamericano superar de una vez ese sinsentido, así como ser recordada por algo más que las barbaridades proferidas por su legendario portero lanzafaltas y chutapenaltis, el impresentable racista José Luis Chilavert.
Sucede que, en lo relativo a esta sección, llegamos hoy muy tarde pero por lo menos llegamos, cosa que no hacen la mayoría de las portadas del día. Los diarios deportivos no trasnocharon como nosotros, a resultas de lo cual nada cuentan ni sobre el Marruecos-Noruega ni sobre el Alemania-Paraguay. No al menos en sus portadas, con la excepción de Mundo Deportivo. Se limitan a contarnos, básicamente, que Brasil las pasó canutas para deshacerse de Japón, a la que solo pudo noquear gracias al espíritu de remontada del cual les imbuyó un profeta (cómo no) del madridismo como es Carlo Ancelotti.
La remontada de Brasil se fraguó merced al empate firmado por el exmadridista Casemiro con un testarazo, y al tanto postrero de Martinelli. Vini estuvo a punto de marcar el gol del Mundial en una jugada estratosférica, lo que redondeó el sabor inequívocamente blanco del triunfo de la canarinha.
Sport prefiere escoger como asunto central la eliminatoria que en pocos días enfrentará a España con Austria, cosa que nuestro (?) central Eric García se conoce que considera pan más o menos comido. De otro modo, no se descolgaría con un titular como el que trae Sport. “Somos los mejores del Mundial", suelta Eric de manera sorprendente. No es precisamente lo que el juego desarrollado hasta el momento por la llamada Roja permite concluir.
Qué cosas.
Pasad un buen resto de jornada.
En 1938 Murray Burnett, un profesor de secundaria norteamericano, y su mujer, aprovecharon el cobro de una herencia para celebrar su reciente matrimonio con un Grand Tour por Europa. La luna de miel se enturbió pronto cuando descubrieron, en Bélgica, que los judíos alemanes corrían un serio peligro. Acababa de producirse el Anschluss, la anexión nazi de Austria. Unos parientes de la señora Burnett les rogaron que acudieran a Viena y ayudaran a unos familiares, de origen judío, a sacar de allí sus caudales. En la vieja ciudad de los Habsburgo, Freud, Klimt y Loos, que fuera la capital cultural del mundo a principios del siglo, los Burnett se horrorizaron al darse cuenta de que todo el mundo estaba enfervorizado por la unión pangermánica. La persecución de los hijos de Israel no le causaba ningún problema a nadie, más bien al contrario. De vuelta a casa hicieron escala en la Costa Azul francesa. Burnett ya estaba convencido de que en América debía escribir algo que moviera la conciencia de sus compatriotas, que les convenciera de actuar contra la amenaza del nazifascismo antes de que fuera tarde. Se quedó fascinado al hallarse una noche en Le Kat Ferrat, un local de ambiente cosmopolita cerca de Antibes, donde una abigarrada clientela de todas las nacionalidades disfrutaba en apacible mescolanza de la música que al piano tocaba un hombre de raza negra.
Burnett, en Estados Unidos, buscó la ayuda de Joan Alisson, una mujer de mundo con mano en Broadway. Juntos escribieron una obra de teatro basada en lo que los Burnett vieron en Europa: Everybody comes to Rick´s. El personaje central, Rick Blaine, sería un completo desconocido todavía hoy si los japoneses no hubieran bombardeado Pearl Harbor en diciembre de 1941. El ataque destruyó no sólo la importante base americana en Hawai sino también la estricta política de censura que dominaba Broadway y Hollywood en aquel momento, donde cualquier obra cuyo argumento incitara abiertamente a la entrada del país en la guerra contra los nazis se consideraba intolerable propaganda contra la neutralidad. La directora de guiones de la Warner encontró el manuscrito entre una montaña de inéditos, y Rick Blaine acabó por encarnarse para la posteridad en Humprey Bogart.
El protagonista de Casablanca tiene infinidad de frases y giros legendarios. Una de ellas es, por ejemplo, cuando el jefe de la Gestapo le interpela acerca de su nacionalidad. Borracho, responde Rick.
¿Qué puede responder un madridista español cuando se le pregunta por su nacionalidad en esta Copa del Mundo?
Lo que quiera, naturalmente. Pero en este caso el madridista interpelado (por mí mismo) soy yo, que es el que está escribiendo este artículo que algunos, probablemente, hayan confundido, por sus párrafos iniciales, con una disertación cinematográfica.
Como Rick Blaine, el madridista español es un expatriado. Se le desterró de la selección española de fútbol hace ya quince años, después de la victoria en el Mundial de Sudáfrica
Sirva toda esa cháchara como prólogo-homenaje al gran país de Hollywood, que es uno de los anfitriones de este Mundial que se viene celebrando desde hace un par de semanas en Norteamérica. Siempre he sentido envidia de los corresponsales de la prensa en los mundiales. Me parecen ocasiones perfectas para hacer disfrutar a la audiencia de radios, periódicos y televisiones con todas las historias que el país, o los países, que las organizan tienen por contar. Anda que no hay cosas que contar de los Estados Unidos y de México. De Canadá un poco menos…
El libro Football Days, la recopilación de las crónicas y vivencias de José Luis Garci de los partidos del Mundial de Estados Unidos de 1994, es el perfecto ejemplo de esto que digo.
Sin embargo, los periodistas desplazados suelen aburrirnos con informaciones banales, cuando no directamente majaderías: lo que comen los futbolistas, a lo que dedican el tiempo libre (jugar a la play, dormir la siesta y hacer scroll infinito en Instagram: pocas cosas con menos literatura, en nuestro tiempo, que un futbolista de élite) y, en fin, esta clase de tonterías que no interesan a nadie mayor, mentalmente hablando, de cinco años.
Como Rick Blaine, el madridista español es un expatriado. Se le desterró de la selección española de fútbol hace ya quince años, después de la victoria en el Mundial de Sudáfrica. Como al personaje de Bogart en Casablanca, ocurrió por motivaciones ideológicas. Durante el mourinhismo, al madridista se le consideró un quintacolumnista: un enajenado cuyo amor por su club interfería perjudicialmente en la paz del equipo nacional.
La selección española se convirtió en el refugio de todos los que odian España de manera inveterada. Como un Rick´s, Café Americain, pero al revés. Nacionalistas periféricos, antiespañoles de toda laya y en general individuos que hacen profesión de despreciar a la mitad del país al que pertenecen, a buena parte de su historia y a su tradición cultural, aprovecharon para proyectar en el madridista todo ese rechazo, de manera que su España, la Roja, era ahora un espejo del país diverso y «limpio» con el que pueden presumir, por fin, ante el mundo.
en esta Copa del Mundo, mi selección es el Madrid: Ancelotti y su aventura brasileña, con Vinicius; Cristiano Ronaldo y Modric, con su último pulso al reloj del tiempo…
En esas circunstancias, para un futbolero, cuyo vínculo con este espectáculo es básicamente sentimental, resulta complicado, si uno tiene las ideas claras al respecto de su propia identidad, compartir barco con quien sabe que lo detesta. El amor es la base de todo, el lazo sagrado con las cosas (y sobre todo, las personas) por las que estaríamos dispuestos a morir. Desde luego que la selección de la federación corrupta, Lamine Yamal y su bandera de Marruecos en las botas, Gavi, Mónica Marchante y Juanma Castaño, no es para mí una de ellas.
Se puede compartir un mismo trámite administrativo pero no una misma emoción.
El fútbol de selecciones es, para el madridista melancólico, un desierto, como el de Casablanca al que Rick Blaine fue a tomar las aguas. Me informaron mal, dice Bogart, y puede que también podamos decir nosotros, los que compartimos el mismo mal de la alienación: el día que debutó España contra Cabo Verde volví a ver chavales con la camiseta de la selección y banderas rojigualdas en las calles, sentados en las terrazas, y me vi a mí mismo, a mi yo del pasado, pero no me reconocí. ¿Quién tiene la culpa de este desarraigo? Supongo que nadie, claro. As Times Goes By. El propio Bogart, tras triunfar con Casablanca, se fue de gira por África occidental e Italia tras los pasos de las tropas norteamericanas, actuando gratis para elevar la moral de los soldados. En una ocasión declaró que su país era «el ejército». Del mismo modo podría decir que, en esta Copa del Mundo, mi selección es el Madrid: Ancelotti y su aventura brasileña, con Vinicius; Cristiano Ronaldo y Modric, con su último pulso al reloj del tiempo…
Si con cada Mundial nos alejamos más de nuestra niñez y, por lo tanto, nos acercamos a la muerte, permanecer neutral, al modo de Rick Blaine, equivaldría a preservarnos en un planeta remoto donde el Tiempo, como en Interstellar, va de otra manera. Aunque la neutralidad del madridista español como yo es un poco triste, algo forzada: como la de Rick, que todavía se emociona no al escuchar La Marsellesa, sino la Marcha Real. Esa que, empero, tan poco significa para los patriotas de temporada, quienes seguirán apostatando de lo español en cuanto la selección palme y para quienes el Madrid, en septiembre, volverá a ser la quintaesencia de lo españolísimamente proscrito.
Si la final del Mundial fuera España contra Portugal o Croacia o Brasil y alguien me preguntara con quién voy, sólo podría contestarle, como Rick, que no hago planes a largo plazo.
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Mi desafección con la Selección Española, que no con España, se ha extendido a todo el Mundial. Lo estoy viendo con el rabillo del ojo, como si fuera una competición de petanca, y por más esfuerzos que hago no termino de engancharme al ritmo de partidos y selecciones. La incansable y siempre desproporcionada retahíla de admiraciones, exclamaciones, y declaraciones de amor de los comentaristas hacia el señor bajito hormonado no contribuyen demasiado a que conecte con el circo de la Copa del Mundo. Ese mundial ya lo vimos y fue patético. Con todo, en ese desdén pelotero, me pregunto qué parte de culpa tiene el antimadridismo que rezuma la Selección, qué parte de culpa tiene la anodina primera fase del Mundial, y qué parte de culpa tiene la ansiedad blanca de esperar como agua de mayo la reentrada de José Mourinho y su nuevo Real Madrid en el Santiago Bernabéu.
Quienes se ríen del componente psicológico que rodea a la vuelta de Mou olvidan que el componente más importante de su antigua etapa en el Real Madrid fue precisamente ese, el psicológico; o incluso diría más: el filosófico. Dicho sea esto sin pretensión de desmerecer el factor deportivo y estratégico. Pero Mou no ha venido solamente a ser un buen entrenador, sino a sumergirse en el alma del equipo, zarandearlo, y conseguir que vuelva a ser, eso, un equipo. Exactamente lo que no fue durante la pasada campaña. Un equipo, matizo, en el que los once mueran por cada uno y viceversa.Del Madrid de Mou se espera el nervio, la lucha, y el compromiso. A nadie se le pasa por la cabeza que vuelvan a repetirse las escenas de las últimas dos temporadas, cuando los defensas casi tenían que suplicar a los delanteros que bajaran a defender, o que lanzaran más arriba la presión de un modo mínimamente coordinado. Dudo que esta temporada veamos a los nuestros intercambiando tantas conversaciones confusas durante los partidos.
Dicen que el portugués ha cambiado, que ya no es el que era, e incluso que se le ha pasado el arroz. Está bien. No lo creo. Pero, de todos modos, ¿alguien tiene alguna duda de que no jugará aquel futbolista que no se deje la piel en cada partido?
Mou no ha venido solamente a ser un buen entrenador, sino a sumergirse en el alma del equipo, zarandearlo, y conseguir que vuelva a ser, eso, un equipo
Con media plantilla desplegada por los rincones del Mundial, a nadie pudo sorprender que Mou bromease el otro día con sus expectativas sobre los jugadores mundialistas merengues: su mayor deseo es que pierdan rápido y se incorporen pronto a la pretemporada. El rock and roll comenzará el 13 de julio, y me parece un gran regalo que el nuevo Madrid de Mourinho vaya a empezar a latir el día de mi cumpleaños. Los futbolistas irán llegando escalonadamente, que es lo que más cabrea a cualquier entrenador en su primer año al frente del equipo. Quedan muchas decisiones por tomar y, en consecuencia, es probable que falten nuevas incorporaciones por aterrizar en Madrid. Un caos perfecto que sería inmanejable para cualquier entrenador exigente y ordenado, excepto para uno, que es el que tenemos.
Mis deseos futbolísticos -que pase el tiempo rápido- chocan frontalmente con mis deseos meteorológicos y vacacionales -que pase muy despacio-. No suele haber conflicto entre ambos, y esa tensión de este año, esa ansia viva porque comience todo de una vez, es culpa de la ilusión que nos ha nacido tras las elecciones y la llegada de Mourinho. Así que bienvenida sea.
Desde el inicio de la campaña presidencial, estamos hartos de especulaciones sin fundamento en la prensa. La llegada de Mou ha disparado este tipo de filtraciones, o simples bulos, que los periodistas de otro tiempo no habrían publicado jamás, pero esa es otra historia. Y quizá esa es otra razón por la que queremos que comience todo, para que nuestro entrenador recupere el foco mediático y de su viva voz podamos escuchar su verdadera opinión, sus valoraciones sobre la plantilla, y sus planes para la temporada, sin intermediarios, bocazas con pluma, ni teléfonos averiados.
Tengo para mí que la larga espera será antesala de algo muy grande. No quiero ser más específico, porque ustedes ya conocen mi capacidad para gafar cualquier pronóstico deportivo, pero contemplo a los nuestros, unos en el Mundial, otros de vacaciones, y Mou sonriendo de esa peligrosa manera que todos conocemos, y una incontenible ilusión me invade, me entra por los pies, me va subiendo por las piernas, bulle en cada miembro, y finalmente invade todo mi corazón blanco. Estoy deseando que sea septiembre y arrojen al campo a todos esos lunáticos del balón que, además, ahora, estarán dirigidos por la cabra. Sea.
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Unos días atrás Athos Dumas, ánima de esta santa casa llamada La Galerna, me llamaba la atención sobre el paralelismo existente entre Florentino Pérez y la reina de Francia Catalina de Médici.
Catalina fue la consorte de Enrique II. Tras enviudar en 1559 fue regente de Francia en diversas ocasiones durante los convulsos reinados de sus tres hijos. En ese período tuvo lugar, en la noche del 24 de agosto 1572, la Matanza de San Bartolomé, en la que se produjo una masacre de hugonotes en París; que ya son ganas de fastidiar con el calor que haría en pleno agosto. Muchos pensaron que la intrigante Catalina fue la impulsora. El pintor Édouard Debat-Ponsan se basó en este suceso para pintar “Una mañana las puertas de Louvre”, lienzo en el que una impasible Catalina camina entre los cadáveres de los hugonotes como un conquistador sobre los restos del enemigo.
Florentino Pérez también puede presumir de haber neutralizado a sus enemigos en tan solo una noche (concretamente, la de las últimas elecciones a la presidencia del club). Fue la suya una matanza metafórica de enemigos políticos y riquelmes de diverso pelaje. El hecho de que el nombre de pila de Florentino Pérez coincida con el gentilicio de la familia de Catalina de Médici no puede ser casual. Empiezo a pensar que Florentino es un vástago perdido de la estirpe de Lorenzo el Magnífico, un Médici madridista, que tan pronto es capaz de yugular su propia conspiración de los Pazzi como de colocar un papa en el Vaticano. Pura astucia medicea (o florentina, como ustedes gusten). Curiosamente, el primer papa Médici fue León X, y el primer pontífice madridista atiende al mismo nombre, pero con cuatro leones de por medio. Fascinantes paralelismos.
Tras deshacerse de sus rivales, Florentino está ahora centrado en revolucionar la plantilla. Dios nos coja confesados. En los últimos tiempos, la junta directiva del Real Madrid no se ha distinguido precisamente por su audacia. Florentino renovando la plantilla es como Oscar Wilde revisando un manuscrito: “He invertido toda la mañana en corregir un texto del que, finalmente, he suprimido una coma. Por la tarde he vuelto a poner la coma”.
Empiezo a pensar que Florentino es un vástago perdido de la estirpe de Lorenzo el Magnífico, un Médici madridista, que tan pronto es capaz de yugular su propia conspiración de los Pazzi como de colocar un papa en el Vaticano
No obstante, parece que esta vez Florentino ha decidido desmelenarse: en unos pocos días nos ha fichado a Mourinho, a Cucurella, a Bernardo Silva, a Dumfries, a Konaté y, según los “insiders” del club, se plantea incluso cambiar la marca del café de la máquina de Valdebebas. Agárrense que vienen curvas.
A mí me parece estupendo. Un verano sin fichajes y sin rumores de fichajes ni es verano ni es nada. Temo, eso sí, que Mourinho se nos entusiasme demasiado y pretenda llenarnos la plantilla de insólitos mediocentros italianos y portugueses, porque Mou es muy de traerse jugadores inopinados. A veces funcionan como un tiro (v. g. Modric), otras no hay por dónde cogerlos. En cualquier caso, yo siempre he defendido que todo entrenador tiene derecho a, por lo menos, un fichaje absurdo; derecho que, por cierto, todos los que han ocupado el banquillo del Madrid han ejercido a rajatabla.
Incluso Zidane se encaprichó de Achraf Hakimi, al que afortunadamente endilgamos al PSG antes de que salieran a la luz sus extravagancias. Recientemente Achraf ha asegurado que “nos enfocamos tanto en Brasil, Francia y España…; pero como árabes y africanos, a menudo olvidamos que crecimos jugando fútbol en las calles”. Desconcertantes palabras en la medida que en Achraf pasó su infancia en Getafe, localidad que, al parecer, en la memoria de Hakimi debe estar en algún punto intermedio entre Senegal y Mauritania.
A los siete años, Achraf entró en la cantera del Real Madrid. Debió ser curiosa esa promoción de alevines, con Achraf asándose de calor hasta el punto de creerse en las calles de Jalalabad mientras Pedri se pelaba de frío en una esquina. Alguien debería mirar lo de la climatización en el campo de benjamines del Madrid, porque a algunos les deja tarados.
Lo de Achraf me lleva a su vez al Mundial de fútbol. Porque no sé si ustedes se han enterado, pero estos días se está jugando un mundial en Estados Unidos, México y Canadá. Un Mundial es siempre un buen escaparate para jugadores con talento, y dado que el Madrid está en plena revolución, haría bien en observar atentamente y chequera en mano a los futbolistas que destaquen. Hasta el momento hemos visto brillantes actuaciones de Vini, Mbappé, Messi y Halaand. A los dos primeros, mira tú que suerte, ya los traemos fichados de casa. En cuanto a Messi, desaconsejo su fichaje rotundamente: el argentino es como los níscalos, que solo destaca con un buen aderezo. Un Messi en el Real Madrid sin la ayuda de Infantino y de Negreira me temo que sería un hongo insípido y triste, que devendría en atónita seta cuando le pitaran el primero de muchos penales en contra. Halaand sería un fichaje atractivo siempre y cuando traiga su propia motosierra, pero me temo que el noruego ya no descuelga llamadas con el prefijo de la comunidad de Madrid por miedo a que sea Riquelme el que esté al otro lado del teléfono, llamando otra vez a la hora de la siesta para ofrecerle una oferta de tarifa plana Movistar con Disney Plus durante tres meses y un contrato de delantero sin permanencia.
Más allá de estos cuatro nombres, el Madrid debería buscar posibles fichajes en equipos menos favoritos. Recientemente ha destacado un tal Eustaquio, jugador de Canadá cuyo gol ha clasificado a su selección para la siguiente ronda. Nuestro editor, Jesús Bengoechea, se manifiesta muy a favor de los canadienses que se llaman Eustaquio. Pero, cuidado, que ya lo dijo el poeta:
Eustaquio no nos la cuela
pues a poco que se piense
no puede ser canadiense
con un nombre de zarzuela.
Esto me recuerda a aquella vez en que el presidente de la II República Niceto Alcalá Zamora se cruzó con el socialista Indalecio Prieto en los pasillos del Congreso, dando lugar al siguiente diálogo:
— Adiós, don Niceto.
— Adiós, don Indalecio.
— La verdad, don Niceto, es que los dos tenemos nombres de sainete.
Hoy en día la réplica sería más bien: “la verdad, don Niceto, es que los dos tenemos nombres de delantero centro de la selección canadiense”.
Pienso que el Madrid debería olvidarse de Eustaquios, Messis y Halaands y buscar su próximo fichaje estrella en la que, en justicia, tendría que ser la ganadora del Mundial de este año: Japón.
El Madrid necesita fichar a un japonés. Piensen en la cantidad de futuros madridistas que nacerían en las calles de Shibuya, Ginza, Yokohama y arrabales con un mediapunta llamado Naruto Uzumaki o algo similar. Eso son millones en camisetas. Japón debería ser el granero del madridismo del siglo XXII.
Si es usted un buen madridista, debe desear que Japón gane este mundial; porque Japón, con su absurda mezcla entre tradición e ideas de bombero, es el Real Madrid de las selecciones
Es más, si una selección debe ganar este mundial, esta es la nipona sin lugar a dudas. Japón es la selección más madridista de todas las que participan, y nadie me convencerá de lo contrario. Al igual que el Real Madrid, Japón es un universo anclado en sus tradiciones. En el año 1999, el gobierno japonés anunció solemnemente un cambio en el diseño de su bandera. La nueva enseña resultó por completo idéntica a la anterior, pero con el color rojo degradado un tono imperceptible al ojo humano. Eso es lo mismo que cuando Florentino promete revolucionar la plantilla y te aparece en septiembre con una igual a la de junio, pero con Huijsen en la defensa.
Otro detalle muy madridista de la selección japonesa es que llevan tiempo buscando un delantero matador que se hinche a marcar goles. Recientemente han anunciado un proyecto conocido como 2092 o Visión de los Cien Años, que consiste en una revolución total de la política de fichajes para encontrar a un delantero “egoísta y competitivo”. Haría bien el Madrid en imitar esa política, porque de lo primero tenemos varios, pero de lo segundo andamos escasos. El proyecto Visión de los Cien Años se inspira vagamente en el anime japonés “Blue Lock”. Una selección que proyecta su futuro en base a los consejos de un anime merece todos nuestros respetos. En estos tiempos en que Hollywood se ha convertido en un páramo de vulgar mediocridad y falta de ideas, el anime japonés es el verdadero cofre del tesoro de la ficción. Hay más arte y verdad en la serie “Chainsaw Man” que en la última ganadora del Oscar a la mejor película, que ni siquiera recuerdo cuál es.
En definitiva: Japón confía su futuro al “fan service” del mundo anime, al igual que el Real Madrid lo confía en don José Mourinho.
Esta tarde Japón juega contra Brasil. Tal vez cuando lean estas líneas, Vinícius y Carletto han mandado a los nipones de regreso a Tokyo. Si tal cosa sucediese, sería una injusticia. Si es usted un buen madridista, debe desear que Japón gane este mundial; porque Japón, con su absurda mezcla entre tradición e ideas de bombero, es el Real Madrid de las selecciones.
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Tras dos semanas y media de Mundial, 11-29 de junio, he encontrado algo interesante: la pecaminosa mano humana no interviene en el famoso ‘frame’. A este paso cada vez va a ser más difícil mangar. No imposible, claro.
La cosa es que, cuando un tío chuta, el sensor que lleva dentro el balón lo detecta y lo envía a la Sala de Tortura sin que intervenga persona, animal o cosa. Pim-pam-pum. Por cierto, que el CTA y la RFEF entera están estudiando llamar a la suya Sala González Fuertes y Olé, en recuerdo y homenaje al ejemplar colega que ha abrazado la reserva. Acertado y merecido.
Dos preguntas: si este invento hubiese existido en la Liga española, ¿cuántos goles de Mbappé habrían subido al marcador? Y la otra: ¿incorporaremos ese ingenio también a nuestra MLDM, Mejor Liga del Mundo, o será muy caro como todo aquella novedad que elimina eso, la pecaminosa mano humana? ¡Ay, Kylian, a los 100 goles llegabas! En un año, digo.
No sabría decirles, pero tampoco es algo súper trascendental. Siempre puede pasar lo que aquella noche en Vallecas, Rayo-Barça, que se fue la luz, se jorobó el VAR y cuando volvió la cosa estaba 0-1 pues habían pitado penalti a favor del Barça: Lamine había estornudado.
Más madera. The Objective publicó que el Gobierno creó una comisión de anticorrupción deportiva nada menos que en el 2019, y una de sus acciones más extraordinarias fue que ocultó el asunto Negreira.
Otra pregunta: ¿puede pensarse, pues, que la comisión fue creada precisamente para ocultar la cosa? No deberían insistirme mucho para que me lo creyera. En fin, deben ser los calores que me lanzan a estas suposiciones. Si no informó, sus razones tendría.
Por lo visto, la tal comisión sigue viva y la integran el CSD, miau, la RFEF, marramiau, la Policía y la Guardia Civil. ¿Miau, marramiau también? Pues, visto lo visto, dependerá de quién te toque.
el Gobierno creó una comisión de anticorrupción deportiva nada menos que en el 2019, y una de sus acciones más extraordinarias fue que ocultó el asunto Negreira
Es gracioso que la idea partiera de Hacienda, al mando entonces de la muy añorada señora doña María Jesús Montero. ¡¡¡Y se constituyó solo cuatro días después de que ella, Hacienda, iniciase las investigaciones del asunto negreírico!!!
Cuatro días. Podría pensarse, seguro que también equivocadamente, que este asunto podría haber supuesto un estupendo debut de los comisionados. Pues no. Pero bueno, la cosa sí fue moviéndose entre bambalinas, como demuestra el que en una de las libretas nada menos que de la gran Leire apareciera escrito ‘Negreira’.
En fin, que la información de The Objective es curiosa y confirma lo súper curiosa que es también España. Una comisión para la limpieza del Deporte y tal y tal y tal ocultó el asunto más grave en la historia del fútbol.
Lo hemos dicho Ceferin, presidente de la UEFA, y yo, vicepresidente de mi casa. Bueno, y algunos otros. Ceferin dijo y, como del finado Fernández, nunca más se supo. Servidor seguirá hablando.
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Buenos días. ¿Os está gustando el Mundial? A nosotros se nos está haciendo ya un poco largo, la verdad, y eso que solo vamos por los dieciseisavos.
¡Dieciseisavos! El 16 es un número especial en el imaginario madridista. Es un número con pinta de próximo destino. La 16 es la ambición a las puertas, la que esperamos pueda conquistar Mou con la ayuda de fichajes como Bernardo Silva, Cucurella, Konaté o Dumfries y la de quienes ya estaban aquí (ningún club acumula tantos goles de jugadores propios como el Madrid, que lleva 11 entre los de Mbappé, Vini, Bellingham y Güler).
Pero no hablamos de la 16 sino de los dieciseisavos. La mente viaja allá donde le interesa, casi nunca dócil a la voluntad de su dueño. De sobra sabéis que el trofeo Teresa Herrera (que este año vuelve a disputar el Madrid, imbuido de ecos nostálgicos) nos interesa más que todos los partidos de la Copa del Mundo juntos. Somos de esta manera, rebeldes porque el mundo nos ha hecho así, o sea, madridistas, gente que suspira para que esto acabe cuanto antes y vuelva el multicampeón de Europa. El propio Mourinho ha confesado, en entrevista reciente, sus sentimientos en lo relativo al Mundial: solo quiere que las selecciones donde juegan los que pronto estarán a sus órdenes sean eliminadas lo antes posible, a fin de que tengan más descanso y una pretemporada como Dios manda.
Si el propio Mourinho lo confiesa, ¿cómo no vamos a unirnos a sus plegarias, de manera desacomplejada?
As nos invita a celebrar el talento de las grandes estrellas del Mundial. No han puesto entre ellas a Lamine Yamal, por lo que es muy posible que estén a punto de recibir una notificación de Hacienda. En línea con lo comentado sobre la plegaria de Mourinho, nosotros desearíamos que Vini (junto a Endrick) fuera noqueado por Japón, Kylian por Suecia, Jude por los animosos congoleses y Cucurella en un golpe franco de David Alaba. Y que Dios nos perdone.
Sobre lo de Cucurella y Alaba (o sea, sobre el España-Austria) de dieciseisavos, versa precisamente la primera plana marquista. Parece que, en 1978, alguien tomó nota, con un bolígrafo que pinta muy gordo e indeleble, de no sé qué derrota ante Austria, que alguien ha encontrado esa libreta y que corresponde vengarse. Madre mía, eso sí que es rencor y no el que pensábamos que nos guardaba nuestra mujer por haber llegado a tarde a recoger a la niña de clase de natación el 14 de mayo de 2009.
Mundo Deportivo nos habla de “la ruta roja”, que no es el título de ninguna película de Ken Loach sobre las Brigadas Internacionales, sino el camino que en teoría le espera a España (“la Roja”) hasta la final del Mundial. Los amics de Mundo Deportivo, en cambio, sí que sacan a Lamine Yamal en portada, lo que les evita sustos en forma de inspecciones recaudatorias.
Sin aparente pudor, y por el mismo euro y pico que cuesta su adquisición, Mundo Deportivo nos cuenta también la ruta que le espera a Argentina si, asimismo, aspira a llegar a la final, que es la siguiente:
-Dieciseisavos: Guayana Francesa
-Octavos: Islas Pitcairn o Malawi.
-Cuartos: Marianistas de Teruel, Cotolengo de Nuestra Señora de la Aurora, Macabbi de Levantar o Taiwán.
-Semifinales: Probablemente la Uruguay de Muslera, repescada.
Sport, por su parte, nos habla del “pulso total” que al parecer se plantea en torno al futbolista Julián Álvarez. Según ha podido saber La Galerna, se trata de un pulso con doble toque, o sea, el Atleti amaga con empujar hacia la izquierda antes de empujar de verdad. El Barça, entretanto, ofrece a cambio de Julián cien mil pesetas a pagar en cómodos plazos y un incunable: la caja de cartón naranja que contenía (?) los informes de Negreira en aquella maravillosa aparición pública de Laporta para explicar el escándalo de manera tan concluyente. Por lo que sea, el Arsenal, entretanto, se frota las manos.
Pasad un buen día.
Desde que soy muy pequeño solo hay dos acontecimientos deportivos que despiertan en mí una ilusión completamente adictiva: los Juegos Olímpicos y el Mundial de fútbol. Soy capaz de ver una final de 200 metros sin un solo atleta importante con la misma emoción que un Túnez-Nueva Zelanda, aguantando los noventa minutos que dure. Siempre he seguido con especial interés las participaciones de los españoles en ambos eventos, queriendo que ganen, emocionándome igual con un bronce en judo que con un oro en ciclismo. Nunca me ha importado qué jugadores llevaría yo y cuáles lleva el seleccionador: entiendo que todos tenemos una selección en mente y que no es posible ponerse de acuerdo. Cuando juega España, todos son de mi equipo, jueguen donde jueguen. He sufrido con dolor sus decepciones mundialistas, y viví la victoria de 2010 con una alegría desmedida.
Por eso me cuesta reconocer lo que me pasa este verano: por primera vez en cincuenta años de vida siento una desafección total por la selección. No me emocionan sus goles, no tengo ganas de ver sus partidos, ni esa ilusión por que ganen. Y no se trata solo de la corrupción de la RFEF ni de su protección constante al equipo que pagaba a Negreira. Se trata de algo que vengo observando desde hace tiempo: que esta selección no es el equipo de todos, y que la afición más numerosa de España, la madridista, es la que peor encaja en ese reparto.
El ejemplo más reciente es el de Asencio y Hüijsen. Cuando se lesionó Cubarsí, llamaron a última hora a Hüijsen, que fue titular desde el primer minuto, mientras que Asencio, que llegaba jugando de titular en el Real Madrid, no tuvo ni un minuto. Esto hizo que Hüijsen empezara a tener visibilidad y acabara fichado por el Madrid. Permitidme dudar que hubiera debutado igual jugando ya de blanco.
El patrón se repite con Brahim. Ni el seleccionador a título personal ni la RFEF como institución fueron capaces de convocarlo nunca para evitar que acabara jugando con Marruecos, como sí se hizo en su día con Munir, aunque este terminara jugando con ellos tras un litigio. Cuando preguntaron al seleccionador si había hablado con Brahim, dijo que no hacía llamadas personales a nadie; después reconoció que sí había llamado a varios jugadores, todos ellos, casualmente, de la Masía. Es lo mismo por lo que cualquier jugador de la Masía es indiscutible tras un mínimo de partidos, mientras a los de la Fábrica nunca les basta con lo que demuestran, y por lo que el seleccionador tiene un discurso para Cubarsí y otro distinto para Gonzalo, cuando no hay delantero en España capaz de jugar como él cuando hay que colgar balones al área.
por primera vez en cincuenta años de vida siento una desafección total por la selección
Con Carvajal el desaire fue aún mayor. Viendo el homenaje que México le rindió a Memo Ochoa en el Azteca, pienso que una leyenda como él podría haber estado entre los 26 para despedirse en condiciones y cerrar su carrera con un Mundial en el palmarés. Se dice que es normal que no vaya nadie del Madrid porque apenas aporta jugadores a la selección, pero no llevarlo solo tiene un motivo: el equipo en el que juega.
Y mientras a unos se les exige rendimiento, a otros les basta con ser de la casa: Baena, Gavi, Unai Simón, Zubimendi o Merino han sido convocados pese a no tener nivel, estar lesionados o llegar de hacer mala temporada, algo que jamás se perdona del mismo modo a un jugador del Madrid. Son, simplemente, jugadores importantes en los planteamientos de De la Fuente.
Esa lealtad de club, además, solo se exige en una dirección. Se nos dice que Cucurella debería haber avisado a sus compañeros culés de selección de su fichaje por el Madrid, y se pretendió que el club blanco desestabilizaba a la selección por esta contratación. A principio de temporada, tras unas declaraciones de Lamine contra el Madrid, el barcelonismo organizó una campaña para que los internacionales del Barça hicieran saber al seleccionador que, si convocaba a Carvajal, ellos no acudirían. No es la primera vez que pasa: Arbeloa ya fue ninguneado en su día por los culés que jugaban con él, con la pasividad de Vicente del Bosque y la complicidad de nuestro propio capitán, Casillas.
A todo esto se suma que quienes más me chirrían dándome lecciones de españolidad deportiva son, precisamente, quienes más atacan los símbolos nacionales: la gente que silba al Rey y silba el himno en una final de Copa, o un internacional como Joan García, que en la celebración del título liguero del Barça portaba una estelada, símbolo independentista de Cataluña. Y eso no quiere decir que yo sea monárquico, pero sí respetuoso con los símbolos nacionales.
Con todo esto, se supone que debo animar a la selección, y si no lo hago, soy un mal español. Pues, salvando el cruce con Argentina, el único partido en el que estaría con España de verdad, descubro que tengo más interés en que ganen los ingleses que los nuestros, algo que jamás pensé que llegaría a sentir. No lo puedo evitar, y creo que está completamente merecido. Respeto que muchos madridistas quieran que gane España; solo pido el mismo respeto para mi opinión, y que nadie venga a darme lecciones de por qué debo apoyarla.
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Buenos días. El Real Madrid está haciendo un Mundial deplorable. Sí, sabemos que no está como tal, pero sí algunos de sus futbolistas, de modo que continuaremos con la metonimia. Conviene dejar claro cuanto antes este mal desempeño blanco en el torneo, porque luego llegan los goles, los premios y esa clase de menudencias que arruinan cualquier análisis serio. Lo importante era el diagnóstico previo de los expertos: el Mundial suponía un baño de realidad para el Madrid porque solo tenía convocados diez jugadores de la plantilla con la que cerró la campaña 2025-26.
Inciso: el número de jugadores convocados global ha disminuido desde que Luis Suárez no disputa competiciones de verdad. Seguimos.
La realidad, sin embargo, ha tenido la grosería de presentarse en esta primera fase. Resulta que cinco de esos diez madridistas han sumado ocho MVP. Si esto no fuera un mal gesto, además, el Real Madrid es el club con más goles en esta Copa del Mundo: once.
Es una situación muy incómoda, porque deja al club blanco arriba del todo en la clasificación goleadora del Mundial, que es exactamente el sitio donde no debe estar cuando el asunto consiste en explicar que el club atraviesa una crisis estructural, moral, técnica, financiera y quizá dermatológica.
El Mundial, por tanto, está siendo muy malo para el Madrid. Malísimo. Tan horrendo, que sus futbolistas marcan, deciden, ganan premios individuales y demás actos impúdicos.
El Real Madrid ha vuelto a equivocarse, en lugar de enviar a treinta jugadores para hacer bulto, ha enviado a diez que juegan como si fueran importantes. Una falta de respeto en toda regla.
De las cuatro cabeceras analizadas, las dos que son más del Barça no llevan ni una mención a ningún futbolista de estos diez. Una prueba más de que los goles y el juego carecen de importancia en el fútbol.
As probablemente será reprendido por osar dedicarle un microespacio a Bellingham tras su partidazo contra Panamá. Afirman que fue el líder. Probablemente sea una mentira como un piano, pues llevamos años oyendo que Jude no sirve para nada.
La noticia principal del diario de PRISA es el Uruguay 0 – España, 1. Sabemos que ayer fue imposible publicar el resultado por el horario en el que se disputó el encuentro, pero queda raro una primera plana así es anticlimática. Parece un gol de VAR de esos que celebras cinco minutos después de que se produzcan y has de fingir la primera alegría cuando, por definición, la primera alegría solo puede ser la primera, no la segunda. (En caso de que produzca alegría, claro está).
Respecto al horario hay un punto en el que nadie se ha detenido y a nosotros nos parece crucial. El Uruguay-España se disputó a las dos de la madrugada del sábado, noche cerrada. Sin embargo, todos pudimos comprobar por televisión que cuando empezó el partido era de día. Sospechamos que algo raro hay ahí. Pero no vamos a seguir investigando, que luego nos acusarán de paranoicos.
En ninguno de los frontispicios podemos leer nada del hecho de que el Madrid encabece la lista de goleadores y de que entre sus diez convocados haya ocho MVP. Sin embargo, Marca dedica su tapa a que España ha concluido la fase de grupos con la portería a cero por primera vez Chispas.
Esto sí es una estadística buena.
Nos llama la atención el recuadrín que dedica el diario de Gallardo a Aitana Bonmatí. La culé afirma que «la ciencia no podrá explicar a Messi». Aitana, querida, no es que la ciencia no pueda explicar a Messi, es que gracias a la ciencia existe Messi. Este Messi.
Pasad un buen día.