Lejanísimo el recuerdo de Zanussi. Cada uno tiene la imagen de una camiseta que le devuelve a los días felices, donde la vida era el fútbol, visto y jugado, y poco más. La mía es la de Parmalat, larga la triple línea morada del cuello al puño sobre el blanco dominante; qué poco me gustaba cuando nos tocaba jugar fuera de casa con el morado, algo faltaba en esa identidad.
Eran días de ver, a menudo, el fútbol en el salón, padre a la izquierda, abuelo a la derecha, la voz de aquellos comentaristas era un martilleo monótono, por más que el Buitre quebrara las normas del espacio y tiempo en sus fogonazos de genialidad, que eran nuestros golpes de euforia. No eran la indolencia hecha locución, como se ha dicho, sino que era la sobriedad del viejo estilo, que en las grandes victorias también se volvía solemne. Día de partido era tarde de camiseta blanca, odiosa memoria —eso sí— de los picores de la costura del escudo, y la consulta constante al reloj, acechando la hora de ver rodar el balón.
Fue, como te cuento, la Parmalat, fabricada por Hummel, la camiseta destinada a marcar una época inolvidable, que todos relacionamos inevitablemente con la Quinta del Buitre. Pronto la triple línea morada se volvió hilera de chevrones y, entretanto, alzar títulos ligueros se nos había convertido ya una costumbre anual. Lo nuestro, vamos.
Fue la Parmalat, fabricada por Hummel, la camiseta destinada a marcar una época inolvidable, que todos relacionamos inevitablemente con la Quinta del Buitre
Con todo, resulta imposible evitar la mención a la camiseta de la liga de los 107 goles: 38 de Hugo Sánchez —los tiene de todos los colores en aquel año—, seguido de Martín Vázquez, con 14, y del Buitre, con 10. En el verano de 1989, la comidilla mediática era el cambio de Parmalat por Reny Picot, un nuevo patrocinador que, aunque duró un año… ¡qué año!
Por alguna extraña razón, soy incapaz de recordar la imagen de la camiseta de Otaysa que lucimos durante dos temporadas, quizá porque la memoria futbolística es sabia por selectiva, y se entremezcla con las lágrimas vertidas en la crueldad de la liga robada y perdida en Tenerife en la tarde del 7 de junio de 1992; todo madridista recuerda exactamente dónde estaba aquel día.
La siguiente que me viene a la cabeza, por ser la última de la niñez, es la que llegó en el 92 —ya ni mencionaré la noche oscura de Tenerife, segunda parte— para quedarse hasta el cambio de siglo: Teka, por supuesto. Sabor agridulce en el inconfundible logotipo de azulón sobre sobre fondo blanco, porque fueron también las camisetas que vieron partir a la Quinta del Buitre y alumbrar un cambio generacional que, al menos en lo sentimental, resultó el más duro de todos los que he sido testigo.
De las ligas no pudimos resarcirnos hasta 1995, grato recuerdo si no fuera porque anticipaba la temporada siguiente, que no solo fue la primera sin el Buitre, al Celaya, y Martín Vázquez, al Depor, sino fue una especie de homenaje a la melancolía deportiva. Y, andando en el tiempo, la siguiente camiseta de gloria, y última de este túnel del tiempo, ya fue la galáctica, con Siemens y Adidas y todo lo que ya recuerdas.
En todas hay parte de mi madridismo y, en todas, la imagen es nítida y está ligada a grandes euforias y pequeños sufrimientos; supongo que esto es la constatación de que la inversión publicitaria, cueste lo que cueste, es un éxito indiscutible para la marca. Y, en todo caso, si he de elegir una para el recuerdo, una para adornar el escritorio de la memoria, ahí queda la de Parmalat, que en el póster oficial del Real Madrid se completaba con el lema, un poco menos trabajado que el diseño, “Leche de campeones”.
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Dicen que los países tienen los gobiernos que merecen. Con las ligas de fútbol profesional pasa un poco lo mismo. España, que es el reino de la suciedad y de lo mezquino, tiene una liga de granjeros, que es como llaman en la furbosfera a las ligas supuestamente menores como la francesa o la portuguesa. Farmer League. La de aquí, la española, ahora de Tebas, era, antaño, La Liga de las estrellas. ¿Se acuerdan ustedes? Tanto se lo creyó el personal que hasta se convirtió en un eslogan, usado y repetido hasta la náusea.
De un país que consintió leyes absurdas en base a criterios científicos espurios dictados en nombre de comités inexistentes mientras el mundo estaba patas arriba con la pandemia y el gobierno aprovechaba para desviar ríos de millones hacia empresas opacas, ¿se puede esperar que su campeonato nacional de liga sea otra cosa que una bazofia corrompida hasta la médula? Al menos en las ligas de granjeros que dicen que tienen los franceses y los portugueses, el videoarbitraje se esfuerza por ser transparente, los árbitros no se conducen como gángsters en el campo, las organizaciones no toleran el racismo, la prensa deportiva, si es que existe, no jalea el acoso al hombre durante meses y sus federaciones no están siendo investigadas por fraude deportivo continuado. El sábado por la noche, en Mestalla, asistimos a la guinda de un vodevil que dura ya desde las ligas de Tenerife.
El sábado por la noche, en Mestalla, asistimos a la guinda de un vodevil que dura ya desde las ligas de Tenerife
Al Madrid, lo dije aquí, a poco que cediera un palmo de terreno, iban a despeñarlo con toda la fuerza de los rencorosos, que es uno de los motores de la Historia. Yo no soy partidario de la Superliga, de hecho no me gusta que esté concebida para transformar de raíz la Copa de Europa, que es uno de mis lugares felices, pero es obvio, manifiesto y claro como el agua que la liga española es un circo. Así no se puede seguir. ¿Cuál es la solución? Yo no lo sé pero como madridista y futbolero, la liga es una ofensa personal, un oprobio continuado, un insulto a la inteligencia de las personas.
El equipo de Ancelotti regaló la primera parte y el Valencia le metió dos goles. Luego jugó para remontar y en efecto lo hizo, pero el último gol, el que culminaba la remontada, fue anulado porque a Gil Manzano se le ocurrió pitar el final del partido cuando la pelota marchaba en pleno vuelo hacia la cabeza de Bellingham desde el pie de Brahim. Yo sólo había visto algo así una vez, precisamente al Valencia, en la Copa de Europa del año 2000: en un partido de liguilla frente al Bayern, en Múnich, un árbitro impidió que el Piojo López terminara un mano a mano con Oliver Khan pitando el final de manera escandalosa.
Aquello, que en la Champions fue una extravagancia, aquí en España es la estación final de un tren de la vergüenza. Menos mal que está grabado porque con la desfachatez con la que suele orearse aquí el personal al mando y los medios de comunicación, algún día habrá que jurar que esto sucedió realmente. Gil Manzano saltó al campo como empeñado en desmentir la fama de madridista que la prensa le había adjudicado a lo largo de la semana. Se empleó a fondo en la tarea y a fe que lo hizo. Ese pitazo final es la agresión más sucia al fútbol que desde las autoridades competentes se le ha realizado a este antaño bello juego, por incomprensible, por irracional. Fue un hachazo, una amputación, precisamente cuando el partido, que como todo juego es un organismo vivo, alcanzaba uno de esos clímax que se dan cuando un equipo está volcado sobre el área del adversario en busca del gol. ¡Además, en el último suspiro!
Ese pitazo final es la agresión más sucia al fútbol que desde las autoridades competentes se le ha realizado a este antaño bello juego, por incomprensible, por irracional
En España hemos visto de todo, desde al Barcelona, con Guardiola de capitán, negarse a jugar un partido de Copa, ser sancionado por ello y luego indultado (ahí está ya el precedente de los indultos a los golpistas del 1O, (¡toda la historia política de la Cataluña contemporánea tiene en el Barcelona una precuela!); el Camp Nou ser cerrado por el lanzamiento de botellas y una cabeza de cerdo, sanción jamás cumplida; equipos descendidos administrativamente a Segunda B y después readmitidos en una Primera División de 22 equipos…pero lo de Gil Manzano al Madrid en Mestalla es algo que por lo instantáneo y abrupto, provoca un rechazo primitivo, instintivo.
Cuando, hace unos años, la Premier validó un polémico gol que le metieron al Liverpool tras dar el balón en una pelota de playa arrojada desde la grada a los pies de Pepe Reina, castigó también al árbitro mandándolo a pitar a Segunda. ¿Qué va a pasar aquí con Gil Manzano? Ya se lo adelanto yo, querido lector: nada. Gil Manzano, según un amigo periodista, “reconoce su error” en lo íntimo, como cuando Aznar hablaba catalán. Pero “está tranquilo”, y tanto: ya no le van a dar la murga en la prensa, pues aquí en España es mejor pasar por mal profesional que por supuesto madridista, que es de lo que se le acusaba.
Gil Manzano reconoce su error pero “está tranquilo”, y tanto: ya no le van a dar la murga en la prensa, pues aquí en España es mejor pasar por mal profesional que por supuesto madridista, que es de lo que se le acusaba
Habría que hablar, también, de la persecución ad hominem al que los medios valencianos han sometido a Vinicius desde mayo del año pasado. Sin escrúpulos, sin vergüenza y sin honor, Superdeporte, ese panfleto que no vale ni para envolver pescado, también otros periodistas de medios generalistas, en fin, aquí en defensa del orgullito mugroso local se suma hasta el apuntador, se han encarnizado con un veinteañero brasileño cuyo delito es tener un talento fabuloso para jugar al fútbol y la desenvoltura tan poco hispánica de presumir de ello. Vinicius ofendió al país valenciano, fue una injuria imperdonable que conlleva inevitablemente la muerte civil: no se dejó denigrar por negro.
Valencia, que es la tierra de Sagunto, donde empezó la Segunda Guerra Púnica, o sea, la invasión de Polonia del mundo antiguo, y la tierra de las glorias de Jaime I, del Cid ganando batallas muerto sobre el caballo, de Sorolla…y resulta que se proyecta hacia el mundo como una Gotham llena de histéricos empeñados en jibarizar a un chaval al que en el resto del mundo lo adora como lo que es, una superestrella, un icono, la máxima expresión de la alegría y del éxito. ¡Qué pena más grande! El juicio a unos tipos que le gritaron cosas racistas se convirtió, de repente y como por milagro, en el juicio a Vinicius, no se sabe si por ser en efecto negro o por que le hirviera la sangre al oír esos insultos. Así es este país, el de la liga de las estrellas, el país donde a Luis Suárez, el tipo más marrullero que ha pisado un campo en España, nunca se le enseñó una tarjeta roja. El país donde a Bellingham se le expulsa implacablemente por mostrar su enfado al ver anulado un gol legal.
El juicio a unos tipos que le gritaron cosas racistas se convirtió, de repente y como por milagro, en el juicio a Vinicius, no se sabe si por ser en efecto negro o por que le hirviera la sangre al oír esos insultos
Era digno de ver el porte inequívocamente altivo de Gil Manzano, en el centro del campo, rodeado de los madridistas, que no podían entender nada, que sólo querían una explicación. ¡A buen sitio has llegado tú, Carletto, para pedir cuentas! Ancelotti, con las manos en los bolsillos de su abrigo, elegante, siempre discreto, pero firme, pretendía que el trencilla le explicara lo inexplicable. Para que Gil Manzano se hubiese hecho entender de Ancelotti y de Bellingham en esos momentos finales del partido en Mestalla, habría hecho falta que empezara retrotrayéndose al desembarco de los fenicios en las costas de Cádiz.
De la Farmer League española el Madrid pasa, en tres días, a la Champions League europea. Es como pasar de un planeta a otro, de una realidad ontológica a otra. Dice Mateu Lahoz, que no es precisamente sospechoso de ser adicto a la causa, que los árbitros españoles cada vez pitan más pensando en las reuniones de los viernes del Comité Técnico Arbitral que en cualquier otra cosa. En Europa los árbitros también tienen sus mierdas, por supuesto, ¿cómo olvidar a Obrevo y De Bleckeere? Pero las cosas, aún, tienen su procedimiento, lo obsceno canta y debe ser explicado. ¿Quién explica en España alguna cosa? Aquí te atropellan y encima no te quejes. La culpa la van a tener, después de dos décadas de adulteración arbitral en instrucción judicial, los vídeos de RMTV.
Aquí te atropellan y encima no te quejes. La culpa la van a tener, después de dos décadas de adulteración arbitral en instrucción judicial, los vídeos de RMTV
Este país minúsculo e irrelevante que hace tiempo abdicó de su proyección universal y de entender y amar el mundo más allá de los ridículos límites de la parcelita local vuelca sobre el Real Madrid todo el rencor profundo y animal que instintivamente el hombre siente hacia la alteridad. Un rencor basado fundamentalmente en el miedo, que aquí se trufa con la envidia. Un país degradado como España no merece otra cosa que una liga de granjeros cuyo crédito internacional hace más aguas que la virtud pública de José Luis Ábalos. Tampoco merece que, en la Copa de Europa, el Madrid cabalgue representándolo, pues al fin y al cabo todas las autoridades deportivas españolas llevan desde principios de los 90 trabajando por exiliarlo. En estas circunstancias se puede decir que el Madrid competirá contra el Leipzig en una orgullosa condición de apátrida.
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A menudo me recuerdas a mí. Mi corazón en la glotis, en ese preciso instante supe que era el fin de un tiempo viejo, el de la guardia y la custodia. Introvertido pero seguro, la audiencia te observaba. Tu discurso me desarmó. Preciso y parco en palabras, nunca tendrás estanterías llenas de palabras vacías.
Como un prólogo, el otro día descubrí tu minúscula camiseta en un cajón. ¡Hace tantos años y a la vez tan poco! No hizo falta ningún "Método Ludovico". Con un siete y un "Ronaldo" en la espalda, testarudo y desafiante, te defendías frente a todos. Aquello, igualmente, me desarmó.
Tu primera vez en el Bernabéu fue, en cierto modo, también la mía. Aquel sábado, un humo ligero nos hacía sentir, literalmente, en una nube. Sincopados, nuestras voces se esparcían al viento como pavesas. Un "tú y yo", dos puntos en un mar de gente. La misma sintonía, el mismo vértigo. Llevo tatuada en algún sitio esa tarde.
Una vez fui como tú. Cat Stevens no se equivoca: estarás aquí mañana pero tus sueños posiblemente no. Creo que nadie ha cantado mejor que él lo que te quiero decir ahora. Pero, son los gajes del oficio, hoy afronto tu partida, tu primer adiós (¡tu destino queda tan lejos de todo!).Son dos meses, lo único que tengo que hacer es sobrevivir. Disfruta la fiesta sin mirar atrás, una fiesta de besos y sal. Grita desde balcones que, hasta ahora tímidos, se engalanen para ti.
Los meses que siguen son una pesada cortina negra. Miraré, como un furtivo, tu habitación vacía. Solo espero un "estoy bien" y un "¿cómo va el Madrid?". Contaré las horas hasta tu regreso ("I can see the red tail lights heading for Spain"). Y cumpliré mi promesa, no lo olvido. Desgañitados, encararemos otra vez el vomitorio abrazados.
Te espero a finales de mayo en el Bernabéu, como aquella primera vez. Ese día, pase lo que pase sobre el césped, tú y yo otra vez, juntos de nuevo donde siempre soñamos estar, habremos ganado.
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Pues que basta de vídeos. Después de lo de Valencia (y aquí “lo de” lo sustantiva todo lo que sucede cuando no hay palabra que recoja el nivel de rabia que nos ahoga), basta ya de vídeos. A la vista de los fríos números, los manidos vídeos no consiguen más que dañarnos y predisponer a todo árbitro de campo, de VAR, linier y secuaces mediáticos varios en nuestra contra en cada partido a cambio de nada de nada. Basta de vídeos, repito. Son una respuesta imperfecta y, lo peor de todo, ineficiente ante el mayor asalto jamás perpetrado contra la limpieza de una competición en el deporte profesional. Porque sísísí, ya lo sabemos: el Real Madrid es el único club personado en el mal llamado “caso Negreira”, que no es sino el “caso Barcelona”, en sus tres versiones parasitarias de club, ciudad y capital de la ex-Dinamarca del Sur. Y en respuesta a esa personación y a la campaña anti-CTA y —más a lo grande— anti anti-España, encarnada en su marco mediático por los vídeos de Real Madrid TV y alguna que otra diatriba de Ferreras en La Sexta (habrá que consolarse con aquello de la universalidad del madridismo sociológico...), los árbitros en particular y el fútbol ¿español? en general han reaccionado redoblando los ataques.
Apriétese el botón rojo de una vez. Fíltrese que, cuando la Superliga se apruebe, el Real Madrid no volverá a participar en ella hasta que esta haya sido completamente desratizada. Sigamos malcompitiendo dos o tres años, ok, aguantemos sus desfalcos un poco más, lo que sea, pero metámosles el miedo en el cuerpo
Basta de vídeos, una vez más. O al menos no basta con los vídeos. Estamos en cifras de Negreira. Más alto por si no se ha oído: ¡¡¡Estamos en cifras de Negreira!!! Siendo nosotros el segundo de los equipos que más faltas recibe de la liga, ninguna tarjeta roja les ha sido mostrada a nuestros rivales. El mayor de ellos, el que tuvo a sueldo al vicepresidente de los árbitros durante —al menos— diecisiete años, no ha recibido un solo penalti en contra en toda la competición. Y con todo y con eso, con ese Negreira sin Negreira, con el vuelo FCB7MIL destino el centro de la indecencia en piloto automático, con semejantes numerazos, insisto, al ver que se les escapaban Liga, Champions, Supercopa y las alegrías para el cuerpo y el bolsillo que con ellas vienen, el Barcelona no dudó en mandar a los generales al frente a reclamar lo suyo. Xavi y Laporta, Laporta y Xavi, que tampoco en este caso el orden de los factores altera el subproducto, bramaron contra el efecto blanqueador que en el alma de los árbitros tenían los vídeos de Real Madrid TV. Desde entonces, “lo de Valencia”. Lo de siempre, en realidad. ¿Y nosotros entretanto? Más vídeos. Gil Manzano desencadenado y de postre roja para Bellingham. Pues esta semana vais a ver: ración doble de vídeos. Laporta debe de estar temblando. Y el tercero de los Morancos también mientras se ajusta el Rolex. O Tebas.
Entonces qué. Ahora qué. En mi opinión, hay otro camino: el del medio. Apriétese el botón rojo de una vez. Fíltrese que, una vez la Superliga se apruebe y el criterio de selección para participar en la competición y, por ende, conseguir el dinero necesario para seguir existiendo temporada tras temporada ya no dependa del rendimiento en la competición doméstica, el Real Madrid no volverá a participar en la Liga hasta que esta haya sido completamente desratizada por una empresa independiente y que, hasta que el sistema no ofrezca las mínimas garantías constitucionales, se acabó la diversión. Sigamos malcompitiendo dos o tres años, ok, aguantemos sus desfalcos un poco más, lo que sea, pero metámosles el miedo en el cuerpo. A los tres de arriba y a todos los que, por callar, asienten y asisten a la tropelía. ¿Que perderíamos nosotros también en el envite? Seguro. Pero juguemos. Veamos quién nos ve el órdago. Y en fin, seamos sinceros: ¿quién sobreviviría en un futuro postapocalíptico, perdón, postSuperliga? ¿El Real Madrid o la Liga? ¿En serio es necesaria la pregunta? Y de hecho, ni siquiera es imprescindible que la Superliga exista, tan solo que pueda existir. Y, por supuesto, la conciencia y consciencia en todos ellos de que si eso ocurre —y nadie apostaría mucho a que no lo vaya a hacer—, nosotros nos piramos de la fiesta y de paso nos llevamos la música con nosotros. Que allí siempre les quedará Cantalejo para cantarse un fandanguito.
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Sí, sí. Ayer se vivieron horas de gritos, desazón y locura entre los árbitros jefe, esas gentes imaginarias. Pues imaginación tienen. Entre seis y media y once de la noche por concretar. Tuve acceso a montones de audios. He seleccionado los más tremendos.
—Medina Salmorejo, sobre las siete y cuarto: Estos del Girona...
—Plos Pómez: Es para matarlos. ¿A que no meten un gol?
—Salmorejo: A cuatro del puto Madrid se pueden poner y nada.
—Plos Pómez: Y esos del Mallorca, ¿no tienen bastante con la Copa?
Acabó el partido y volvieron a conectarse.
—Salmorejo: Nada, no podemos fiarnos de estos.
—Plos Pómez: Tranquilo, Valverde ha puesto al Bilbao Athletic, están derrengaos. Ya nos ocupamos de Nico y Vivian. Nuestro Barça no fallará.
Dieron las nueve y empezó lo de San Mamés. Durante el primer tiempo, silencio. El descanso lo dedicaron a llamar a un tal Gil.
—Plos Pómez: ¿Qué tal estás, amigo?
—Gil de las Calzas Verdes: Bien, gracias por tu llamada. Estaba repasando el partido de Mestalla: me gusté.
—Plos Pómez: Debiste pitar el final antes de que Modric sacara el córner. Que ese la lía a menudo desde ahí y lo sabes.
—Gil de las Calzas Verdes: Ese fue mi error. Me confié. Te dejo, voy a cenar. Se me pasa la paella. Recuerda que me hace mucha ilusión la final de Copa.
—Plos Pómez: Lo sé, lo sé. No descartes tampoco la de la Champions, Europa League, Conference y Copa Libertadores de América.
—Gil de las Calzas Verdes: ¡Me abrumas!
Y empezó el segundo tiempo en el formidable partido en Bilbao. Conté quince guasaps de Salmonarejo: ¡No puede ser! Veinte de Plos Pómez: ¡Es que Hernández no puede intervenir, no llegan al área! Se coló uno de Burgos: Nada, que no marcan. También María José Montero: Estos tíos no son serios. En cuanto me los pongáis les pito diez penaltis en contra por bobos.
El final fue duro y rápido.
—Salmorejo: ¡Hala, a la mierda!
—Plos Pómez: Y el panocha alargó sólo tres minutos.
—Salmonarejo: Ni jugando hasta las cinco de la mañana marcaban. Es indignante: nosotros no podemos hacer más.
Es la frase resumen. El mando arbitral está indignado con Girona y Barça. Les fallan de manera la mar de lamentable. No pueden hacer más y no tienen respuesta. Ni un gol ayer Girona y Barça. Ni uno. Y una jornada menos. Esta era buenísima y se cerró con el segundo un punto más lejos del pérfido primero, el tercero a los mismos y el cuarto, ese sí, recortó dos. Ojo que son solo once abajo.
«Es indignante: nosotros no podemos hacer más». Es la frase resumen. El mando arbitral está indignado con Girona y Barça. Les fallan de manera la mar de lamentable. No pueden hacer más y no tienen respuesta
Y esa es las cosa. Tras el numerazo del sábado, las Fuerzas del Mal no se salieron finalmente con la suya. Hay veces que el puntito del sábado se acaba dando por bueno, buenísimo. Y es que fue tan gordo lo de Mestalla que alguien movilizó a varios ángeles. Amancio, Sanchis padre, Alfredo por supuesto, Puskas, Gento... ¡Ángeles, porfa! Hombre, que equipazos como Girona y Barça no ganen es raro, pero que apenas tiren a puerta... Es para sospechar. El Madrid sí tiene quien le protege, quien vela por él. También el fútbol, claro. Oigan que incluso prensa de Barcelona, no toda, faltaría más, pero sí alguna varia calificaron de mangazo lo que vivimos en Mestalla.
El Madrid vio cómo sus males quedaron en rasguños. No debería fiarse. Volverán a intentarlo e igual los ángeles tendrán otras tareas. Normalmente ganará la Liga. No le bastará con jugar bien, con presentar las cifras que presenta. Deberá superar al rival de turno y lo que le rodea. Es algo titánico. Sus títulos aquí le exigen un esfuerzo extra lo que se dice enorme. Quizá eso le descentró el sábado de salida. No fue el Madrid, apareció temeroso, reservón. Y no sabe jugar a eso. Cuando fue el Madrid, desde el último minuto del primer tiempo, el 2-1, al final, ganó 0-3. Que el tercero lo anularan confirmó que todo está preparado para que la gane. ¿Vinicius? Es un genio, Tengan ustedes un gran día. Ah. Y en nada, el Leipzig. A los muchachos: piensen que la cosa está 0-0. No se fíen. Es el partido del año. Ahora sí, buen día a todos.
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Buenos días, amigos. ¿Recordáis cuando Gil Manzano pitó el final de aquel Valencia-Real Madrid en el preciso momento en que el balón ya volaba en dirección a la cabeza de Bellingham? Han pasado muchos años, pero fue tan insólito que tal vez, rebuscando en la memoria, halléis algún rastro de aquel latrocinio.
Fue muy comentado, bien es verdad que brevemente. De hecho, al día siguiente de aquel turbio asunto, que dejó al madridismo en estado catatónico y a la vez furibundo, la portada del diario deportivo más leído de España ya había pasado página sobre el incidente.
Sí, fue hace muchos, muchos años, en los últimos estertores del crudo invierno de 2024, en plena guerra de Ucrania, cuando en el mundo aún prevalecía una inteligencia no artificial. Ya casi nadie se acuerda de ello. Hoy, por ejemplo, el diario deportivo más leído de España otorga su portada a Ana Peleteiro y Fátima Diame, dos excelentes atletas que merecerían todas las primeras planas del mundo si el planeta entero no estuviera hablando de otra cosa. Pocas veces se ocupa Marca del atletismo. Hoy sí puede, claro. ¿Acaso hay algo más perentorio de lo que hablar? Al fin y al cabo, aquello de Gil Manzano aconteció hace muchos, muchos años, en los primeros albores de la Tierra Media, en la era anterior a la Superliga, cuando aún Tebas pintaba algo en el big picture y regaba de dinero a Marca (y a otros muchos medios) para que no hablaran demasiado de cosas que no son agradables y que de sobra sabemos en realidad no interesan lo más mínimo a los lectores de Marca.
Pocas veces se ocupa Marca del atletismo. Hoy sí puede, claro. ¿Acaso hay algo más perentorio de lo que hablar? Al fin y al cabo, aquello de Gil Manzano aconteció hace muchos, muchos años, en los primeros albores de la Tierra Media
A los lectores de Marca lo que les interesa es lo bonito, lo edificante. Los lectores de Marca son conocidos por su total rechazo a gilmanzanos y su profundo interés en el atletismo, desde la noche de los tiempos, vaya.
—Déjate de polémicas felizmente olvidadas y dime: ¿cómo va lo de las medallas de Ana Peleteiro y Fátima Diame? —le reclama afanosamente su lector a Marca. La Galerna ha tenido acceso al DNI de dicho lector y resulta que se llama Javier Tebas, nombre por lo demás relativamente común y sin que deba por tanto llamar la atención lo más mínimo la coincidencia.
Pero oh, qué sorpresa. Utilizando el microscopio que nos trajeron los Reyes Magos, ahí arriba, en el frontispicio de la portada, encontramos una desconcertante referencia a Gil Manzano. ¿A qué vendrá, cuando ya hace tantísimos años de aquello? ¿Será el aniversario o algo así?
Sí, sí, mirad. Lo acabamos de enfocar muy bien. Poned el ojo en el microscopio, uno a uno, no os apelotonéis, hay tiempo para todos. Arriba, arriba del todo. ¿Lo veis? Sí, esas dos líneas al lado de un montón de figuritas minúsculas, indistinguibles casi hasta para el propio microscopio. "Ni el CTA ni el Real Madrid salen de su asombro". Claro, es que el CTA y el Real Madrid fueron, por este orden, las dos grandes víctimas de aquel llamativo incidente. Casi más el CTA, si se nos apura, dado que su prestigio, absolutamente acrisolado hasta aquel día nefando de Gil Manzano en Mestalla, quedó un poquitito en entredicho a resultas de aquello.
"Ni el CTA ni el Real Madrid salen de su asombro". Claro, es que el CTA y el Real Madrid fueron, por este orden, las dos grandes víctimas de aquel llamativo incidente. Casi más el CTA, si se nos apura, dado que su prestigio, absolutamente acrisolado hasta aquel día nefando de Gil Manzano en Mestalla
Para el Madrid, en cambio, la cosa no fue tan grave. ¿Qué le suponen dos puntos al Madrid? Al fin y al cabo, ya le habían quitado otros dos en Nervión y otros dos en el Villamarín y otros dos contra el Atleti y así en varios casos más, y el mundo no se había ido a pique. Pero en el CTA, en cambio, aquello de Gil Manzano supo a cuerno quemado. Te pasas décadas y décadas cimentando una reputación intachable de la mano de directivos como Negreira, ejemplo de pulcritud, para que de pronto un verso libre como Gil Manzano arroje alguna sombra sobre una institución que por lo demás no tiene mácula. Pobre CTA, auténtica víctima (hace ya muchos años) de un desaprensivo como Gil Manzano, de igual modo que el Barça lo fue de aquel estafador al que pagó durante un mínimo de 17 años pensando en la ingenua y noble idea de que esos pagos le garantizarían arbitrajes "neutrales".
Pobre CTA. Pobre Barça. Pobre Tebas, que tuvo que lidiar con cosas tan desagradables como estas. Bueno, respecto a lo de Gil Manzano no se le conoció opinión, y mira que él gustaba de pronunciarse sobre absolutamente todo. Ay, el pobre Tebas, ¿recordáis cuando no le quedó más remedio que lidiar con aquellos infames videos de RMTV, que eran la auténtica lacra de un sistema por lo demás impoluto?
Te pasas décadas y décadas cimentando una reputación intachable de la mano de directivos como Negreira, ejemplo de pulcritud, para que de pronto un verso libre como Gil Manzano arroje alguna sombra sobre una institución que por lo demás no tiene mácula. Pobre CTA, auténtica víctima (hace ya muchos años) de un desaprensivo como Gil Manzano
De hecho, si recordáis, muchos periodistas de la época (vosotros aún no habíais nacido) atribuyeron aquel descalzaperros de Gil Manzano a aquellos vídeos de RMTV. "El Madrid se lo ha buscado", decían en antena. ¿Qué fue de aquellos periodistas?, nos preguntamos de cuando en cuando. ¿Vosotros no? La Superliga cayó sobre la cabeza de Tebas y, derrumbado aquel gigante, ellos perecieron (metafóricamente) bajo la mole. No Tebas, no party. Pero sois demasiado jóvenes, no hay forma de que recordéis los luminosos tiempos de D. Javier. De D. Ángel Mari. De D. Luis. De D. Jaume. De D. Victoriano. Qué tiempos aquellos.
Pero no salimos de nuestro asombro. ¿A qué vendrá esa referencia a lo de Gil Manzano en Mestalla, que ocurrió hace tantos años, en la portada de Marca? Es una referencia casi inaccesible para el ojo humano, pero ahí está. Insistimos: ¿se cumplirá hoy el aniversario?
Entre este párrafo y el anterior hemos hecho nuestras pesquisas y sí. Hoy es el aniversario de aquello. Se cumple un día.
Un puñetero día y ya lo están enterrando.
Pasad un feliz día de aniversario.
Jesús Gil Manzano (Don Benito, Badajoz; 4 de febrero de 1984) es un árbitro español de la Primera División de España y Árbitro FIFA. Pertenece al Comité Territorial Extremeño de Árbitros de Fútbol. Así comienza la entrada de la Wikipedia sobre el colegiado que dirigió arbitrariamente el choque en Mestalla entre Valencia y Real Madrid.
En la enciclopedia libre online se menciona que Jesús es licenciado en Ciencias Ambientales, posee un máster en Prevención de Riesgos Laboras y otro en Recursos Renovables e Ingeniería Energética. Además, actualmente estudia un Grado de Psicología por la UNED. Que Negreira ya no esté oficialmente en el CTA y no lleve a tomar el aperitivo a los colegiados a La Torrada ni los saque por la noche a desfogarse por los karaokes permite a los trencillas disfrutar de más tiempo libre, lo cual es aprovechado por algunos, como Gil Manzano, para ampliar su formación académica.
El sábado, hasta casi concluir el encuentro, el calabazón estaba realizando un arbitraje correcto habida cuenta de la dificultad que entrañaba debido a la sobreexcitación de los valencianistas tanto en el terreno de juego como en las gradas. Manejaba adecuadamente el ambiente, quizá ayudado por su formación en Ciencias Ambientales.
Pero llegó el minuto 90 y se comenzaron a torcer las cosas. Hugo Duro cayó en el área del Real Madrid y probablemente Jesús se lamentase de su mala suerte: «con el encuentro casi concluido y me toca una jugada polémica». Tal vez en ese momento empleó lo aprendido en su máster de Prevención de Riesgos Laborales y dedujo que, tras analizar todas las variables, lo menos arriesgado para su trabajo era señalar penalti.
Afortunadamente para el fútbol —y por ende para el Madrid— la ausencia de nada punible en la jugada era tan clara que Munuera Montero lo aviso desde la sala VOR para que pudiese rectificar su error flagrante.
Lo del sábado en Mestalla fue de traca. La mascletá final de Gil Manzano provocó un estruendo internacional. A pesar de las fallas en su arbitraje, no es descartable que en Valencia elijan a Gil Manzano fallera mayor
Esta acción necesitó para dirimirse más de 2 minutos, es un hecho mesurable por cualquiera que disponga de ojos, sistema nervioso central, la grabación del partido y un modesto reloj. Gil Manzano había añadido siete minutos a la segunda parte en una decisión ya de por sí cicatera, porque simplemente sumando los cambios, lesiones y revisiones del VAR la cuenta ascendía a más tiempo.
7 minutos de prolongación más 2 de la revisión del no penalti son —todavía— nueve, por lo que el partido debía concluir en el 99. Aun así, cuando el Modric se disponía a botar el último córner en el 98, el árbitro avisó que pitaría al concluir la jugada. No se sabe muy bien por qué, quizá porque entre las carreras del trencilla no se encuentra la de Matemáticas.
El córner fue despejado por la defensa y no pitó porque el peligro no había cesado. Jesús amagó con levantar su pito hacia la boca pero lo bajó. Entonces le cayó el balón a Brahim, quien centró. Gil Manzano se apresuró a llevarse el silbato a los labios y pitó una primera vez cuando observó con nitidez que el delantero madridista centraba con peligro al área. Con el balón por el aire, silbó de nuevo, y cuando Bellingham remató de cabeza y el balón se alojaba en la red, pitó una tercera vez. No se había llegado al minuto 99. Final del partido y el gol al limbo para la eternidad.
Es posible que esta acción también jugase un papel fundamental la formación académica de Gil Manzano, porque lo que sucedió realmente es que se acongojó ante la posibilidad de que el Madrid marcara y por tanto remontase en el último suspiro y, para más inri, en Mestalla. En una fracción de segundo pasó por su cabeza lo que habría de soportar si aplicaba lo que todo árbitro sabe: no hacer sonar el silbato en medio de una acción de peligro, y no lo supo gestionar, acaso por no haber terminado el grado de Psicología (según la Wikipedia).
El dombenitense sabía que cualquiera de las dos opciones que eligiese tendría consecuencias: si decidía arbitrar la jugada correctamente, no pitar con el balón en el aire y arriesgarse a que el Madrid marcase, Gil Manzano se jugaría el físico para salir de Mestalla, se enfrentaría al escarnio mediático y a la reprimenda que recibiría de sus superiores en el CTA con los consiguientes efectos laborales que sufriría, lo que sin duda afectaría a sus emolumentos; si elegía pitar el final del partido aun a sabiendas de que no se debe interrumpir una acción de peligro, el riesgo que corría simplemente era perjudicar y socavar los intereses del Real Madrid, enemigo declarado de sus jefes. La decisión no le resultó difícil.
Lo del sábado en Valencia fue de traca. La mascletá final de Gil Manzano provocó un estruendo internacional. Lo curioso es que el encargado de prender la pólvora fue uno de los mejores —o menos malos— colegiados españoles, uno de los menos negreiros. Aunque no era la primera vez que se erigía en protagonista funesto para el Real Madrid en tierras levantinas, quién no recuerda el nefando encuentro en noviembre de 2020 cuando el calabazón concedió un gol en propia puerta de Varane precedido de una clara falta sobre Asensio y señaló tres penaltis a favor del Valencia, uno de los cuales lo mandó repetir porque Courtois lo detuvo, el segundo, supuestamente de Marcelo, no lo fue, y el tercero, señalado a Ramos, vino precedido de mano del atacante che.
Por todo ello y a pesar de las fallas en su arbitraje, no es descartable que en Valencia elijan a Gil Manzano fallera mayor.
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Hola de nuevo:
Como bien sabes, me produce una inmensa fatiga el hablar continuamente sobre los arbitrajes. Mi espíritu delicado desprecia por defecto el espectáculo de los linchamientos mediáticos, por lo que no puedo evitar que me invada la compasión cuando veo a un trencilla superado por los acontecimientos derivados de una negligencia. Incluso en el contexto del escándalo que ha envuelto al CTA, incluso cuando mi equipo es despojado de dos puntos de manera absurda, la observación del rostro compungido del árbitro mientras traga saliva, sabedor de la aberración que acaba de perpetrar, impide que la frustración me domine.
Friedrich Nietzsche escribió un libro llamado Humano, demasiado humano, y el título quizá serviría para describir lo que me provoca la contemplación de la vulnerabilidad. Uno, que no se considera especialmente nietzscheano, de repente entiende el arrebato del filósofo alemán cuando abrazó llorando al caballo azotado por su cochero en la plaza Carlo Alberto de Turín: más que síntoma de locura, comprensión profunda de la desdicha compartida de la existencia. Aunque te confesaré que tan elevados sentimientos se me disiparon bastante cuando Gil Manzano sacó la roja a Bellingham. No en vano se puede sentir lástima por un recluta atribulado, pero no por un sargento chusquero.
En cualquier caso, cuando apagué el televisor y enfilé el camino del dormitorio, el destinatario de mis pensamientos no era el árbitro, sino la prensa. O, más concretamente, el enfoque que los medios de comunicación iban a darle a lo ocurrido en Mestalla para cincelarlo en las maleables mentes del hincha medio. Me parece que fue José María García el que adjudicó a los periodistas el papel de notarios de la actualidad. Aceptando esa premisa, asegúrate de estar agarrado a algún mueble sólido y, a continuación, imagínate por un momento qué hubiera ocurrido si la situación se hubiese producido al revés, con el Valencia viendo cómo le guindan un gol por haber pitado el final del encuentro cuando la pelota centrada ya estaba en el aire.
La compasión por el trencilla se me disipó bastante cuando Gil Manzano sacó la roja a Bellingham. No en vano se puede sentir lástima por un recluta atribulado, pero no por un sargento chusquero
Creo que no me llamarás exagerado si especulo con que el entorno ché hubiera resucitado al Cid montado en Babieca, a Jaime I el Conquistador con sus mesnadas y hasta a Milans del Bosch con sus tanques. Conviene rememorar que, hace apenas un par de años, llegaron a inventarse una polémica artificial —con tuit de la cuenta oficial del club del Turia incluido— a cuenta de un penalti justo señalado a Casemiro, al mismo tiempo que obviaban otro aún más claro no pitado por una mano de Piccini: es decir, convirtiendo una actuación perjudicial contra el Madrid en “robo” (sic) a favor de los blancos. Sin embargo, esos mismos que tanto bramaban sobre una ficción, tratarán la actuación de Gil Manzano desde la ligereza, un poco como examinaban las infidelidades algunos cantantes italianos de tu época. Encogimiento de hombros, media sonrisa y quitarle hierro al asunto.“Lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo”. Como si quisieran cultivar en Mestalla aquel jardín prohibido de Sandro Giacobbe.
Recordarás que, cuando salió a la luz el affaire de los pagos al vicepresidente del CTA, hablamos largo y tendido sobre el asunto del relato. Grosso modo, concluimos que para un importante sector del mundillo del fútbol español, los roles de buenos y malos, o de ladrones y atracados, ya están esculpidos en piedra y no habrá jamás hechos suficientes para desmontar el cálido refugio que suponen esas convicciones. El carácter impermeable del antimadridismo podría resumirse en aquella boutade de Trump en su mitin de Iowa de 2016: “Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes”. A partir de ahí, solo queda decidir cómo afrontar este paisaje inamovible.
imagínate por un momento qué hubiera ocurrido si la situación se hubiera producido al revés, con el Valencia viendo cómo le guindan un gol por haber pitado el final del encuentro cuando la pelota centrada ya estaba en el aire
Durante mucho tiempo, parte de los aficionados nos desgañitamos pidiendo al club que bajase al barro para defenderse del cuento insidioso y grotesco que le atribuyen sus enemigos. Hoy se critican los vídeos de Real Madrid TV, a los que se acusa de una voluntad de coacción e influencia sobre el árbitro. En cierta medida es lógico que se les achaque eso: al fin y al cabo, cree el ladrón que todos son de su condición. Es sabido que, cuando un barcelonista habla de Guruceta, no solo lo hace como puro ejercicio histórico, sino que simultánea y subrepticiamente está pidiendo algún tipo de compensación.
Volviendo por un instante a la filosofía, pocas sentencias más certeras que aquella de Tzvetan Todorov: “Nadie quiere ser una víctima pero todos quieren haberlo sido”. De modo que, humildemente y si se me permite la apreciación, aconsejaría al Madrid que matizase un poco más su pertinente denuncia particular de los hechos, en defensa propia. A mi juicio, en la batalla del relato debería centrarse menos en los colegiados concretos, meros peones cuyo cascarón de nuez se mece en la tormenta mediática de presiones, y más en todos aquellos que escupen veneno para recolectar réditos en el futuro. Futuro en el que no tendrán reparo en disfrazarse de Sandros Giacobbes que silban distraídamente, llegado el caso. En definitiva, priorizar, antes que la renuncia a la compasión, la exhibición de la hipocresía. Porque si hay un jardín que debería estar prohibido, ese es el de la mentira.
Cuídate, volveré a escribirte pronto.
Pablo.
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Jugué de lateral derecho durante unos años en categoría infantil y juvenil, y es duro, muy duro. Puede que por mi experiencia traumática valore la posición con cierto dramatismo, ya que la considero la posición más complicada de las once que bailan sobre el césped. La línea de la banda puede ser tu gran amiga o tu peor enemiga, te traiciona, depende de cómo se levante esa mañana; los aficionados siempre te pedirán que defiendas bien y que ataques mejor, esos que tan cerca tienes, distancia que te permite identificar la marca de pipas de oferta ese domingo; te toca bailar con la más fea, el extremo contrincante, la rápida y habilidosa estrellita del oponente, y en más de una ocasión bailarás con dos o tres sin la ayuda del extremo o el interior; te tocará sacar el balón jugado a tres centímetros de la banda y con menos espacio que el límite salarial del Barcelona; saldrás en muchas fotos por no haber defendido el segundo palo y contarán todos y cada uno de los centros que no metas en el área o los que se pasen de largo, pero no se acordarán de aquel que fue perfectamente a la cabeza del delantero. Pregúntenle al pobre Yan Couto en su última visita al Bernabéu.
Considero la posición de lateral la más complicada
Tanto es así que se hace difícil encontrar laterales claramente diferenciales durante gran parte de sus carreras en las últimas dos décadas, mientras que, centrales, mediocentros, delanteros o extremos te salen con bastante facilidad. Maldini y Cafú, dominaron sobre todo la década de los 90; el encarcelado Dani Alves, Lahm… Y los nuestros: Carvajal, Roberto Carlos y Marcelo, que tuvieron y tienen muchos detractores. Por otro lado, podemos recordar muchas extrañezas como Odriozola, Theo Hernández, Danilo, Coentrao, Heinze, Cicinho, y un largo etcétera. Y los que apuntaban a estrellas se están lesionando constantemente porque ser lateral requiere grandes aceleraciones, carreras sostenidas, saltos con impacto y movimientos rápidos en defensa. Sí, estoy traumatizado.
Pero hoy hemos venido a hablar de un chico llamado a dominar la banda izquierda europea nacido en un campo de refugiados de Ghana, con orígenes Liberianos y que con 5 años llegó a Canadá. Un chico que parece que ha tomado la decisión de hacerlo en el mejor equipo, el equipo con la mayor picadora de carne de laterales de Europa. Ese canadiense con nombre de delantero nacido en Getafe y apellido de alero de los Nets: Alphonso Davies.
Con 15 años se convirtió en el segundo debutante más joven de la MLS tras Freddy Adu y, posteriormente, en uno de los fichajes más brillantes del scouting del Bayern de Munich. Fue a raíz de aquel Bayern de Flick del 2020, el del 2-8, cuando todo el mundo puso sus ojos en este portento de la naturaleza de 20 años. La maquinaria de Juni se puso en marcha.
El Real Madrid tiene una estrategia clara: quiere bestias físicas y animales competitivos, obsesos de la preparación física. Los chicos de Juni. Y Alphonso tendrá un buen número de casillas seleccionadas con boli BIC en los formularios del “equipo Calafat”. Solo hay que echar un vistazo a los cuádriceps y deltoides del jugador del Bayern para imaginar las competiciones que hará en el gimnasio con Camavinga o las carreras que se echará con Endrick. Abalado por Alaba y Kroos, buenos padrinos.
El Real Madrid tiene una estrategia clara: quiere bestias físicas y animales competitivos, obsesos de la preparación física. Los chicos de Juni. Y Alphonso tendrá un buen número de casillas seleccionadas con boli BIC en los formularios del “equipo Calafat”
Alphonso cumple con todos los requisitos, desde el mental hasta el contractual. Jugador diferencial que cumple contrato al año siguiente y que se lo robas al Bayern por un precio asequible. Escuela Kroos y Alaba. ¿Qué sentirán los dirigentes bávaros?
Su potente progresión con el balón y sus carreras en profundidad le convierten en el jugador más parecido a Roberto Carlos que recuerdo, con el cual comparte físico exuberante. Es capaz de llegar hasta la línea de fondo sin notar el esfuerzo y tiene pausa y precisión en el “pase de la muerte”. Es uno de los laterales más regateadores del mundo, lo que le acerca a Marcelo, completando esta temporada más regates que Miguel Gutiérrez, Mendy y Fran García juntos. Además de ser uno de los que más pases clave genera.
Su característica que más me atrae es la recuperación en campo rival. Se anticipa y genera terror en la presión alta, intercepta mucho. Ancelotti podrá contar con importantes elementos en la presión en campo contrario como Camavinga, Bellingham y Davies, entre otros. El italiano cada vez tiene menos excusas para no plantar un bloque de presión alta.
En defensa no es un especialista pero no es un mal defensor. Es peor defensor en campo propio que Mendy. Buen uno contra uno, imponente recuperación de la posición y se defiende bien con los balones aéreos. Ese balance entre gran atacante y defensa correcto es lo que le convierte en el lateral izquierdo más completo de Europa.
Su potente progresión con el balón y sus carreras en profundidad le convierten en el jugador más parecido a Roberto Carlos que recuerdo, con el cual comparte físico exuberante
Uno de los factores que más le han acercado al Madrid es su perfil de lateral exterior. Ante la llegada de Mbappé, las líneas diagonales que traza Vinicius y el sector que más pisa Bellingham, un lateral de perfil más interior tipo Miguel Gutiérrez, de posesión de balón, genera overbooking por dentro. Por eso se ha buscado un especialista de la banda y de la línea de fondo.
Es un lateral con pocas debilidades. La mayor duda que me ha generado es al revisar sus estadísticas de goles y asistencias. Por ejemplo, este año solo ha conseguido 1 gol y 3 asistencias en todas las competiciones, por debajo de las 6 asistencias de Miguel Gutiérrez (más minutos) o las 5 de Fran García en menos minutos. El año pasado 3 goles y 8 asistencias y el anterior sólo 6 asistencias. Llama la atención que un lateral tan voluptuoso y arrollador no genere unos números más consistentes, sobre todo jugando en una liga de menor nivel como la alemana. 9 goles y 28 asistencias en 180 partidos, aunque parece Garrincha si los comparamos con los inanes 6 goles y 7 asistencias de Mendy.
Lo que más le aleja de Roberto Carlos es el disparo y la producción de goles. Genera un gran número de tiros pero no de goles, le falta calidad final de definición. Y también podríamos destacar que no tiene un buen centro largo al área y un buen pase en largo. En defensa puede sufrir en el área debido a su juventud.
Estas estadísticas pueden tener como causa principal la dinámica deportiva incierta que vive el Bayern en los últimos tres años. El final de Flick, Nagelsmann y ahora Tuchel no está ayudando a brillar a ninguno de los jugadores de la plantilla del gigante alemán.
Es un lateral con pocas debilidades. Lo que más dudas me genera son sus estadísticas de goles y asistencias
El otro punto que genera cierto temblor son sus lesiones. Al ser un jugador tan explosivo no ha conseguido completar una temporada sin lesiones, aunque ninguna ha sido grave y tampoco está por encima de la media de los laterales. No consigue superar los 2.500 minutos por temporada. Sin contar con sus problemas cardiacos superados, el canadiense ha causado baja en 8 ocasiones por lesiones musculares o articulares en los últimos tres años y medio. A dos lesiones por año, el mismo número que Ferland Mendy. Pero no nos llevemos las manos a la cabeza, el francés se perdió 18 partidos más que el canadiense, y la mayor baja fue de 10 partidos en la temporada 2020/21, por lo que Alphonso ha conseguido estabilizar en incluso mejorar su rendimiento físico.
La banda izquierda del equipo de Concha Espina solo ha podido ser domada por dos brasileños en los últimos 30 años. El único que ha podido apaciguarla un poco fuera de estos dos ha sido Ferland Mendy, pero sus lesiones y su baja capacidad ofensiva no ha convencido a gran parte del aficionado blanco. El otro que apareció por allí como One-hit wonder de los 80’s es el personaje de Coentrao, tan estelar como cómico.
Cada quilate que se pague por el afro-canadiense los vale y parece una inversión segura, pero tendrá que lidiar con la presión del Bernabéu, siempre tan exigente con los laterales. Deberá mantener una larga conversación con Marcelo, al cual le costó años convencer a la grada pese a ser una figura legendaria. Como hizo él con Roberto Carlos.
Cada quilate que se pague por el afro-canadiense los vale y parece una inversión segura, pero tendrá que lidiar con la presión del Bernabéu, siempre tan exigente con los laterales
La posible llegada de Alphonso lubricaría un verano de ensueño y certificaría un nuevo éxito en el nuevo estilo de contratación de Florentino. Una plantilla con visos de ser infranqueable y que le queda ya pocos detalles que pulir para acercarse a la perfección. El aficionado más crítico debe saber valorar el gran trabajo que se está realizando y empezar a disfrutar de una nueva etapa construida para los paladares más exigentes del Nuevo Bernabéu.
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«Es algo inédito» fueron las palabras de Carlo Ancelotti ante los medios cuando le preguntaron por el gol que escatimó Gil Manzano al Real Madrid tras señalar el final del encuentro cuando Jude Bellingham estaba marcando el 3-2. Efectivamente, es inédito, el Madrid y otros equipos ya habían sufrido alguna vez que les decretaran el final en medio de una contra, pero que el árbitro realizase los tres pitidos durante el intervalo de tiempo que transcurre desde que el balón sale de la bota del asistente, Brahim, y se aloja en la red del rival tras el golpeo del rematador, Bellingham, es toda una novedad.
La primera reacción fue de incredulidad, no podía ser posible, era una decisión de Gil Manzano, árbitro experto, que atentaba contra los fundamentos del juego. Que el juez de la contienda pervirtiese las reglas de manera tan desmedida hacía preguntarse a uno si estaba despierto o bien se encontraba en mitad de un sueño grotesco. La siguiente reacción fue calificar el suceso de escándalo. Y dada la magnitud del mismo, es menester realizar un recorrido por medios variopintos de diferentes países para conocer cuál ha sido la reacción internacional al esperpento de ayer.
The Sun destaca que Jude Bellingham se quedó atónito cuando el árbitro señaló el final antes de que entrase el tanto ganador del Real Madrid.
«A Bellingham se le negaron los tres puntos después de que Vinícius Jr. iniciara la remontada». Contundente el Daily Mail.
Daily Star resalta que el árbitro anuló el gol de Bellingham cuando el balón se encontraba en el aire
L'Equipe: «El árbitro Jesús Manzano pita el final del partido e impide la victoria del Real». Nítido.
Al CM de la cuenta francesa de beIN SPORTS en X le estalla la cabeza porque Gil Manzano pitó el final del partido en el momento del centro y el gol no contó.
RMC Sport: «La prensa madrileña (e incluso la catalana) grita "escándalo" tras el gol anulado a Bellingham».
Ouest France habla de gol extrañamente anulado por el árbitro durante el centro que precedió al cabezazo del 5 del Madrid.
20 Minutes: «Real Madrid: Gol anulado, Bellingham expulsado... El final del partido en Valencia se convierte en un escándalo».
A Bola: «Una decisión inédita del árbitro impide la victoria en Mestalla».
Record tampoco duda en tildar de escándalo lo sucedido en Mestalla.
Bild: «El árbitro Gil Manzano hizo sonar su silbato mientras se marcaba el gol».
Kicker: «Escándalo en Mestalla».
Sport.de no se anda por las ramas: «Un verdadero robo».
Sport Bild: «¡El árbitro hace sonar el silbato durante el gol de la victoria! Roja para Bellingham».
Corriere dello Sport: «¡El árbitro pita mientras Bellingham marca!».
Gazzetta dello Sport: «Ancelotti: "Nunca había visto algo así"».
ESPN.
El Gráfico.
TyC Sports.
O Globo: «El gol anulado al Real Madrid al final del partido recuerda al de Zico en el Mundial de 1978».