Las mejores firmas madridistas del planeta

Ayer se cumplió el aniversario de la despedida de Míchel del Bernabéu, acaecida en 1996 en un partido contra el Mérida. Su emocionada y emocionante salida del césped, besándolo y con Pirri puesto en pie, permanece en la memoria madridista como un acto de justicia ante uno de los jugadores con más talento e imaginación de la historia del club.

Por ello, queremos recordar la figura de Míchel con un extracto del libro Historias de las míticas remontadas del Real Madrid (Almuzara) que, como no podía ser de otra manera, glosa su importante legado.

"Míchel era de esos niños cuyo talento se le caía de la mochila. Con 12 años, Atlético de Madrid y Rayo Vallecano sumaron sus ofertas a las de la Casa Blanca para incorporarlo a infantiles. Pero rechazar al «rey» hubiera sido un sacrilegio.

Los dos primeros años como jugador del primer equipo los vivió junto a sus padres en un barrio obrero del sur de Madrid. Eso le hizo mantener los cimientos de la humildad: mientras Míchel cobraba, al cambio, 6.000 euros al mes con sólo 22 años, su madre era ama de casa y su padre, tipógrafo, ingresaba 600 euros mensuales. Compartir su vida con la mujer con la que empezó a salir desde los 16 años también le ayudó a conservar la perspectiva en unos momentos de explosión mediática en los que nadie posee la suficiente madurez como para aplacar todos los excesos.

Míchel Real Madrid

Míchel comenzó a despuntar desde el principio, pero fue a partir de 1987 cuando sería todo un referente también en Europa. Ese año quedó cuarto en la lista del Balón de Oro, detrás de Gullit, Futre y Butragueño. Además, fue el máximo anotador de la Copa de Europa, empatado con Hagi.

La emocionada y emocionante salida del césped del Míchel, besándolo y con Pirri puesto en pie, permanece en la memoria madridista como hecho justo ante uno de los jugadores con más talento e imaginación de la historia del Madrid

Como los grandes genios, no siempre contó con el apoyo cerrado de la parroquia blanca, que, exigente hasta el extremo, puede convertirse en un monstruo capaz de herir la autoestima de cualquiera. Míchel soportó de manera constante el murmullo de cierto sector de la grada, hasta que todo estalló en el famoso incidente del 11 de junio de 1989. Ese día, con la Liga ganada y 2-0 en el marcador, harto de los silbidos, Míchel decidió abandonar el campo por su cuenta dejando estupefactos hasta al último acomodador del Bernabéu. Él lo explicó así: «La gente no entiende que no soy un mercenario. Soy un profesional, pero cuando salgo al campo siento como un madridista y me duele que me persigan así (…). El público dice que hay que querer la camiseta y resulta que los que más la queremos, los que hemos salido de la cantera, nos sentimos peor tratados que otros».

Superada esa insólita decisión, a la que acompañó un deseo expreso de salir del Madrid que no se materializó, Míchel siguió afianzándose como el mejor amigo sobre el campo de delanteros tan variados en su juego como Butragueño, puro arte e improvisación, Hugo Sánchez, artillería pesada, o más tarde Iván Zamorano, opositor a Santillana.

Con la Selección, Míchel disputó 65 partidos, marcó 21 goles y estuvo presente en los Mundiales de México 86 e Italia 90, así como en la Eurocopa de Alemania Federal de 1988".

 

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El partido de Villarreal tuvo dos caras bien diferenciadas. Una primera parte excelsa, donde el Real Madrid se paseó por La Cerámica como si se paseara por El Retiro, y un comienzo de la segunda mitad como si fuera un equipo de infantiles contra otro de mayores. Hay gente que ya pide la cabeza de Ancelotti (lo normal en estos casos con el vinagrismo sociológico universal que tenemos) y hay gente que exige la cabeza de tal o cual jugador (más vinagre).

A mí, personalmente, me gustó mucho el encuentro. Me gustó porque el primer tiempo, repito, fue un cuento de hadas de juego, velocidad, precisión y remates a puerta, porque nuestro turco favorito es un chaval diferente al que se le caen los goles del bolsillo y tiene detalles técnicos de crack mundial (paciencia), porque vimos a Joselu con la escopeta engrasada, a Modric en modo Modric (por favor, no te vayas), a Lucas Vázquez en modo Cafucas y a Brahim con su calidad y sus ganas habituales.

Güler, Lucas Vázquez, Joselu y Modric

Pero lo que más gustó es la lección de humildad que el partido dio al equipo de cara a la final de Wembley, que es lo que importa. El encuentro enseñó al Real Madrid que tiene potencial para marcar goles y para ganar a cualquier equipo del mundo actualmente, pero que, si te duermes un ratito, cualquier escuadra (sin desmerecer al Villarreal, válgame) te puede hacer un roto. Que los equipos están llenos de buenos futbolistas y que si pierdes intensidad y concentración te pueden marcar tres goles en 15 minutos y adiós muy buenas. Fue una gran lección de la que aprender.

Para ganar la Copa de Europa el sábado 1 de junio en Londres, el Madrid debe tener máxima concentración durante los 90 minutos, vayan empatados o vayan ganando por tres goles, ya que un error puntual puede desencadenar un maremágnum, un tsunami contrario que puede llevarnos al desastre total, teniendo en cuenta que son alemanes, repito, A-LE-MA-NES.

Para ganar la Copa de Europa en Londres, el Madrid debe tener máxima concentración durante los 90 minutos, vayan empatados o vayan ganando por tres goles, ya que un error puntual puede desencadenar un maremágnum, un tsunami contrario que puede llevarnos al desastre total, teniendo en cuenta que son alemanes

El encuentro también nos enseñó que hay jugadores que cuando salen de lesiones muy, pero que muy graves, necesitan un tiempo para volver a su nivel habitual, al nivel top. Por lo que otro debate que se fue al garete. También nos enseñó que, aunque te marquen cuatro goles (por cierto, es la primera vez que un jugador nos casca cuatro chicharros, cosa que ha pasado en 11 ocasiones contando partidos oficiales y amistosos, y no perdemos el partido) el portero no tiene que ser culpable de ninguno de los cuatro, por lo que Ancelotti sigue con el bendito problema de la portería. En fin, que el partido de Villarreal, desde mi humilde y casi siempre equivocada opinión, más que un disgusto, resultó una lección que debemos aprender. Por tanto, bienvenido sea.

Vamos con un nuevo capítulo de la afamada serie “El delito nuestro de cada día del FC Negreilona”. Al lío.

Laporta

Empezamos con el culebrón Xavi-quédate/Laporta-no-te-vayas. Que s’anfadao. El prócer del negreilona, el que cuadruplicó el sueldo de Negreira en can Negreira, está de uñas con nuestro jardinero favorito porque resulta que este, en un arranque de sinceridad, dijo en rueda de prensa que de donde no hay no se puede sacar, que por más que busquen en las arcas del club no se encuentran más que telarañas y que, así, poco se puede hacer. Pues ha cogido el canasto de las chufas, que se dice en mis amadas tierras extremeñas, y dice estar dispuesto a despedir al de Tarrasa.

Nada, que no, tranquilos, que Xavi se queda. No es más que una cortina de humo para tapar el escándalo (y van…) de que el FC Negreilona está excedido en el fair play y el hoyo será más profundo si el 30 de junio no cobran 60 millones de euros, o que en las cuentas personales de algunos miembros de la junta parece ser que se han ingresado más de 350.000 euros de proveedores del club, especialmente de la empresa que gestiona la comercialización de su academia y de numerosos campus de chavales, cosa que está investigando la Agencia Tributaria y que huele como siempre, a podredumbre.

Nada, que no, tranquilos, que Xavi se queda. No es más que una cortina de humo para tapar otro escándalo

En concreto, según la información de un periódico catalán, los documentos investigados parecen demostrar que algunos directivos de Laporta abrieron una serie de cuentas solidarias a sus respectivos nombres en un banco que está sufriendo una OPA. Estas cuentas tenían que servir para ir pagando los intereses que generara el aval que habían tenido que presentar para tomar posesión como junta directiva. Los avales eran personales y los directivos tenían que cubrirlos con su patrimonio.

La primera irregularidad es que este dinero llegó en su mayor parte de empresas que no eran de los directivos. La segunda irregularidad es que una de las empresas que pagó se encargaba de desarrollar escuelas del Barça en los Estados Unidos, y que, tras su generosa aportación, tuvo el “premio” del encargo de organizar, también, las giras americanas del primer equipo y vieron incrementados sensiblemente sus ingresos.

Imagen de El Periódico

Una más. Un presunto delito más en la cuenta del mès que un club, un chanchullo más que, como se confirme, puede meter en un verdadero lío a la directiva del amigo del cartel. Entonces, como me han vuelto a pillar con el carrito del helao, me invento un cabreo descomunal del tipo ahora voy y no respiro y suelto que me voy a cargar al pobre entrenador. Lo de siempre, vaya, y si esto no sirve la culpa de será de Madrit, del Madrit y del madridismo sociológico.

Vamos al NegreiraGate, están de enhorabuena en Barcelona, porque el Juez instructor del caso no ve indicios de blanqueo de capitales, lo que ven, curiosamente, tanto el instructor, como la Fiscalía y la Guardia Civil, es que la única intención del Barça al pagar al exvicepresidente del Comité Técnico Arbitral fue la de conseguir beneficios deportivos. ¡Anda! Justo, justo, lo que dice el tipo penal del delito de corrupción entre particulares en el ámbito deportivo. Se demuestra la intención, la actividad, el intento, el propósito… exactamente lo que el Código Penal necesita para castigar. Pues hágase.

Y bueno, ya creo que es suficiente por hoy. Ahora, como siempre, les dejo los datos que generó el partido de Villarreal no sin antes recordarles que ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!

 

Pd: Faltan 4…

 

Dato destacado

 

Arda Güler anotó su primer doblete como madridista.

Doblete de Güler frente al Villarreal

Partidos redondos

 

JOSELU jugó su partido oficial nº 50.

MODRIC jugó su partido total (amistosos incluidos) nº 570.

CAMAVINGA jugó su partido total (amistosos incluidos) nº 150.

LUNIN jugó su partido de liga nº 30.

ARDA GÜLER jugó su partido de liga nº 10.

RODRYGO jugó su partido de competición española nº 160.

JOSELU jugó su partido de competición española nº 40.

 

Clasificaciones

 

LUCAS VÁZQUEZ se ha convertido en el 34º jugador con más partidos oficiales con 347.

 

Arda Güler

 

Marcó el gol nº 3240 en competición española jugando como visitante, el gol nº 6480 en liga y el gol nº 810 en liga contra equipos valencianos.

 

Joselu

Gol de Joselu frente al Villarreal

Marcó el gol nº 8670 goles en competición española y el gol oficial nº 70 en 2024.

 

Lucas Vázquez

 

Marcó el gol oficial nº 360 a equipos valencianos jugando como visitante.

 

El Real Madrid

 

Jugó el partido de competición española nº 3950.

Lleva 31 partidos consecutivos de liga sin perder.

Lleva 24 partidos oficiales consecutivos sin perder.

Ha marcado gol en los últimos 38 partidos oficiales.

Ha marcado gol en los últimos 25 partidos de liga.

 

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Arbitró Alejandro José Hernández Hernández, del comité canario. En el VAR estuvo Prieto Iglesias.

En la primera parte estuvo bien. En la segunda, bastante insoportable. Pitando cualquier cosita, faltitas tiquismiquis y desesperando hasta a Carlo Ancelotti.

En los primeros 45' se pidieron dos manos de Militão en el área blanca, pero ninguna era sancionable. Además, debió sacar amarilla a Guedes por un pisotón a Arda. Por último, el gol de Joselu fue dado por válido al estar ligeramente atrasado respecto a Bailly.

En lo disciplinario, justo antes del descanso Alberto Moreno fue amonestado por agarrar a Güler. En la segunda parte, se unieron al lateral andaluz, Camavinga por sujetar a Gerard, Traoré por entrada a Ceballos y el mismo sevillano por protestar. Por la misma razón también se fue con tarjeta Marcelino. En cambio, se olvidó de una a Albiol por dura falta a Rodrygo.

Para concluir, nos quedaremos con las ganas de ver la repetición de la falta de Lucas a Terrats que terminó con Rüdiger enviando el balón a la red. Poca cosa pareció en directo. Pitó peligro.

Hernández Hernández, REGULAR.

 

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Lunin: 6,5. Tras cuatro goles, tiene mérito decir que tuvo una buena actuación.

Lucas: 7. Está en un gran momento de forma.

Militão: 3. No está para la final. Superado por Sorløth de manera muy cruel.

Rüdiger: 5. Más suave y desconcentrado que de costumbre.

Fran: 5,5. Siempre está intenso, pero sufrió en la segunda parte.

Valverde: 5,5. Jugó en cuarta marcha.

Ceballos: 4. No está dando el nivel.

Modric: 7. Su primera parte fue realmente buena. Celebrando la renovación.

Güler: 9. Sus dos goles siguen demostrando la facilidad que tiene este jugador para marcar diferencias.

Brahim: 6,5. Gran acción en el tercer gol, aunque algo menos participativo que en los últimos partidos.

Joselu: 6. Un gol, pero muy desasistido en el segundo tiempo.

Nacho: 6. Entró para poner orden.

Camavinga: 6. Le dio consistencia al equipo.

Rodrygo: 6,5. Lo intentó en varias ocasiones desde la izquierda, pero su mejor jugada fue por la derecha.

Mario Martín: sin tiempo.

Ancelotti: 6. Decisiones lógicas.

 

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El Madrid empató 4-4 ante el Villarreal tras una segunda parte de siesta que no debe hacer olvidar la exhibición del primer tiempo.

Ancelotti optó por la unidad B con la inclusión de Valverde en el lugar de Camavinga. El objetivo era no cargar de minutos a un jugador que probablemente jugará de titular en Londres ante la baja de Tchouaméni.

La primera parte del Madrid fue de una fluidez que asusta. La movilidad de los madridistas era continua; un equipo absolutamente líquido e indetectable para el Villarreal que, no olvidemos, se jugaba estar en Europa. Sin embargo, la primera ocasión fue de los locales: Lunin hizo una estirada impensable hasta para el árbitro, que no vio el córner.

Poco después llegó el primer gol de Güler tras una gran combinación que le permitió recibir en una posición en la que el turco no perdona nunca.

Gol Güler Villarreal

A los pocos minutos, Lucas puso un centro de lujo para que Joselu rematara de cabeza a placer y abrir más brecha en el marcador. En un visto y no visto, el Madrid había dejado casi sentenciado el partido.

Un fallo de Ceballos en la zona en la que no se pueden cometer, propició que el Villarreal recortase gracias a un cabezazo de Sorløth.

Pero el Madrid no cambió su hoja de ruta e hizo el tercero tras una gran jugada de Modric y Brahim, que derivó en un pase que Lucas aprovechó con su zurda.

Gol Lucas Villarreal

El cuarto, segundo de Güler, fue justo cuando parecía que el partido ya llegaba al descanso. Lucas vio el desmarque del turco, que disparó con una naturalidad que asusta.

El segundo tiempo comenzó con Sorløth acercándose al pichichi. Militão perdió el duelo de cabeza.

Y poco después Militão volvió a perder otro duelo con el delantero del Villarreal, que hizo el tercero de los locales y de repente el partido se apretó de una forma inesperada.

El partido se había vuelto una locura y Sorløth hizo el cuarto, de nuevo con la complicidad de Militão, aunque no era el único culpable. La relajación del equipo blanco era absoluta.

Sorloth

Entraron Camavinga y Nacho por Valverde y Militão. El partido había servido para comprobar que el central no debería jugar la final de titular.

En el 67', Brahim dejó su sitio a Rodrygo. Precisamente el brasileño dejó una gran jugada en el 79', pero tras el enésimo regate su disparo se fue al palo.

En el 80' Mario Martín entró por un Modric que se retiró ovacionado. Casi en la jugada siguiente, Sorløth estuvo a punto de hacer el quinto. Cerca del 90', fue Lunin el que tuvo que detener un disparo de Traoré. El Villarreal buscaba el gol a la desesperada y el Madrid no recibir el quinto. Solo Güler parecía rebelarse ante el empate. El partido terminó 4-4 y el Madrid sacó una importante lección.

 

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Ese grito, entre simple e inocente, era el cántico que la afición del Real Madrid (y la del Barcelona, Atlético de Madrid, etc.) pregonaba a los cuatro vientos cada vez que nuestro equipo ganaba el Campeonato Nacional de Liga.

A mis 62 años, he tenido la suerte de vivir 22 alirones del glorioso Real Madrid. Y pudieron ser, como bien sabéis, bastantes más.

Mis primeros recuerdos futbolísticos se remontan a 1969, por lo que la primera victoria en Liga fue la de 1972. Inolvidable. El Madrid tenía que vencer en la última jornada al Sevilla, que a su vez se jugaba el descenso. Goleada 4-1, con goles de Santillana, Amancio y dos de mi gran ídolo, Pirri. ¿Lo que más recuerdo de aquel 14 de mayo? Mi padre, más blanco que don Santiago Bernabéu, asomado en el balcón de mi casa, lanzando y recibiendo parabienes de toda la legión de madridistas que pasaban por la céntrica calle Lope de Vega de mi pueblo, Vélez-Málaga.

Por la noche, en los estudios del incipiente Estudio Estadio, presentado por Pedro Ruiz, decenas de seguidores blancos cantando el alirón.

Satisfacción infinita de un niño de 10 añitos.

Amancio y Pirri

Así pasamos a 1975, tras el paso de un tornado llamado Johan Cruyff de la temporada anterior. El 27 de abril, a falta de nada más y nada menos que 5 jornadas, alirón en San Sebastián con golazo desde fuera del área del inconmensurable Pirri. Hasta el público donostiarra se rindió a los jugadores, que lucieron de azul aquella primaveral tarde. El gol lo escuché a través de la radio, claro está, en el programa Domingo Deportivo Español de RNE.

Un año más tarde, nos vamos a la preciosa capital de la Alhambra. Penúltima jornada de Liga. El equipo había sucumbido ante el Barça una semana antes con la habitual polémica incluida, llegaba la segunda oportunidad de cantar el alirón y los del yugoslavo Miljan Miljanic no fallaron. Victoria 1-2, con goles de Pepe Macanás y Paul Breitner. Por cierto, en la celebración en el terreno de juego de Los Cármenes se coló una joven que ha pasado a la posteridad de las fotografías de aquel partido del 9 de mayo de 1976.

Alirón 1976

Dos años más tarde, nuevo alirón de un Real Madrid en el que debutaron Juanito, Stielike y Wolff. El 16 de abril de 1978, cumpleaños número 53 de mi queridísimo padre, alirón descafeinado, con victoria 2-0 ante el Cádiz, a falta de tres jornadas para el final; goles de Wolff y el inevitable Carlos Santillana. En el banquillo merengue, don Luis Molowny, el Señor de los Milagros, como lo bauticé en un anterior artículo en esta amada Galerna.

Al año siguiente, 1979, más sosería aún. Alirón a pesar de caer derrotado 2-1 en el Sánchez Pizjuán, gracias a la derrota del rival por el título, el Sporting de Gijón.

El alirón de 1980 fue especial y, este sí, emocionantísimo. En la penúltima jornada había caído la hasta entonces invicta Real Sociedad en Sevilla, ante un rival con 9 futbolistas. Por tanto, la ocasión la pintaban calva. Bastaba con vencer en el último partido en el Santiago Bernabéu al Athletic de Bilbao, entrenado por el austríaco Senekowitsch. ¡Si hasta me perdí la romería de mi pueblo por escuchar por la radio aquella última jornada! Los goles de Ángel, Juanito y Pirri (3-1) certificaron el título de Liga número 20 del Real Madrid.

Llegó la travesía del desierto de las ligas vascas y el Barcelona de Venables.

Y, por tanto, llegamos al Domingo de Ramos de 1986, con don Ramón Mendoza ya en la presidencia. A falta de cuatro jornadas, victoria in extremis con gol de Jorge Valdano en el 84' y gol anulado al Real Valladolid en el último minuto, para darle más emoción. Estaba viendo los tronos de la Semana Santa malagueña y hasta se me descompuso el vientre cuando marcó el Valladolid. Al final, vuelta de honor en el Bernabéu con Mendoza corriendo como un futbolista más y aterrizaje en el centro del estadio de un helicóptero con los veteranos Pirri y Benito bajando del mismo. Las cosas de "Butanito" José María García, ya en Antena 3 Radio. Un espectáculo.

Estábamos en plena eclosión de la Quinta del Buitre y los alirones se sucedían año tras año. El alirón de 1987 (liga del play-off), llegó en La Romareda; 1-3 al Real Zaragoza, con tantos de Butragueño en dos ocasiones y "Chucho" Solana". Eran días de vino y rosas. Sólo faltó la ansiada Copa de Europa.

El alirón de 1988 llegó tras la noche triste de Eindhoven. 6-0 al Real Betis para resarcirse. Hasta Rafa Gordillo, más bético que el Benito Villamarín, participó de la goleada.

El alirón de 1989 siempre será recordado por la espantá de otro de mis grandes ídolos, Míchel, que cogió las de Villadiego y se marchó al vestuario antes del descanso. Se habló más de este episodio en la prensa que del 3-0 al Español y el correspondiente título de Liga.

El de 1990, con un increíble 0-0 en Valladolid, casi ni se celebró, tal era la costumbre, y más en aquel equipazo que, liderado por Butragueño y Hugo Sánchez, marcó 107 goles.

Hugo Sánchez gol

De nuevo, travesía en el desierto entre atraco y atraco de las ligas de Tenerife, de cuyo nombre no quiero acordarme. Estuve en 1993 en Santa Cruz de Tenerife y no vi ni de lejos el "maldito" Heliodoro Rodríguez López. Cosas de un madridista irredento.

Y así, llegamos a 1995, con un servidor de ustedes en el Santiago Bernabéu con la Peña Real Madrid de Vélez-Málaga. Partido emocionante y un gol de Iván Zamorano en el 85', justo debajo de mi localidad, que nunca olvidaré. ¡Hasta me dio un corte de digestión tras el partido! Nada que no subsanara un agua tónica y mi inmensa satisfacción.

Estuve a punto de ir al partido del alirón de 1997, nuestro siguiente capítulo, pero al final me quedé en tierra. Victoria 3-1 ante el Atlético de Madrid en partido televisado, con tantos de Raúl, mi paisano Fernando Hierro y Pedja Mijatovic.

Cuatro años más tarde, ya en el nuevo siglo, el alirón de 2001 me pilló en una boda en Nerja; 5-0 al Alavés (¿les suena?) y los contrayentes eran los primeros en preguntarme cómo iba el partido, eso sí, en el convite, no en la Iglesia. Qué noche la de aquel día.

Dos años más tarde, con los Galácticos en plena ebullición, alirón desagradable por lo ocurrido en cuanto acabó el partido, último de liga, con 3-1 (dos goles de Ronaldo y uno de Roberto Carlos) y penosa celebración, que dio en los estertores de la misma con los huesos de Fernando Hierro y Vicente Del Bosque en la puñetera calle. Las cosas de la grandeza del Real Madrid, que a veces te impiden hasta disfrutar de los triunfos.

Los Galácticos

...Y se fueron los Galácticos y llegó Ramón Calderón a la presidencia y con él, una de las ligas más emocionantes de todos los tiempos. La liga del clavo ardiendo culminó en aquel 2007 con un guion que ni Steven Spielberg hubiera escrito. Tras el tamudazo de la penúltima jornada, gol del Real Mallorca en el Bernabéu y de nuevo en aquella liga, a remar contracorriente. Lesiones de Beckham y Van Nistelrooy, pasaban los minutos y nada, no entraba la pelota. Hasta que salió José Antonio Reyes q.e.p.d. y lo arregló junto con Diarra. Euforia total en casa de mi jefe, Francisco Montoro, que me invitó a verlo en la pantalla gigante de su casa, y a la vuelta a casa, bocinazos con el coche y algún que otro "recuerdo" para nuestro eterno rival.

El alirón de 2008, pese a faltar tres jornadas para el final del campeonato, fue salvaje. Vi el Osasuna-Real Madrid en un local público y con 1-0 en contra y jugando con 9, surgió el Madrid imperial de toda la vida, con golazos en los últimos minutos de Robben e Higuaín. Menuda alegría, y pasillo tres días más tarde del Barça de Rijkaard y Leo Messi. ¿Qué más se podía pedir?

El alirón de 2012 tuvo el preludio del 1-2 en el Camp Nou el 21 de abril, con el tanto de la victoria de Cristiano Ronaldo con aquel recordado "calma, calma". Pero no se certificó hasta el miércoles 2 de mayo, con un partido portentoso (televisado) y tres golazos de Higuaín, Özil y, cómo no, Cristiano Ronaldo.
Fue la Liga de Mourinho y de los récords, cuya principal consecuencia fue la marcha de Pep Guardiola, que terminó claudicando ante el poderío sereno e inmisericorde del Real Madrid, campeón de campeones.

Reyes Ramos

Los últimos alirones son muy recientes. El de 2017, en La Rosaleda (aún no entiendo por qué no acudí) en la última jornada, 0-2 con goles de Cristiano y Benzema.

El de la pandemia, en 2020, lo viví en el bar de Pepe Hierro (hermano de Fernando) al lado de casa, con 2-1 al Villarreal. Y ya el de 2022, 4-0 al Español, con Ancelotti luciendo por primera vez puro y gafas de sol en la celebración. Y el del otro día, cuando tras vencer 3-0 al Cádiz, hubo que esperar dos horas para el enésimo fracaso del Barça de Xavi "jardinero" Hernández.

Y colorín colorado, la historia de mis 22 alirones de Liga se ha acabado. Esperando no haberles aburrido, haberles refrescado la memoria y ansiando cantar otro alirón, pero de Europa, el próximo 1 de junio, si Dios quiere.

 

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Buenos días, amigos. Xavi se va pero se queda pero le echan pero al final no (o sí). El culé-bron (como lo bautizó Pepe Herrero) prosigue su intrigante recorrido. Ríete tú de Ripley, la fascinante miniserie de misterio de Netflix que os recomienda el consejo de redacción de La Galerna, muy especialmente John Falstaff. Ripley era un piernas al lado de Laporta y sus turbios manejos, de los que ahora hablaremos, y para los que este asunto del despido no consumado de Xavi no es más que una pantalla de humo. El bueno (es un decir) de Jan nos distrae con el razzle-dazzle de la (no) marcha y la (no) permanencia y el (no) despido del de Terrassa para que no se hable de sus presuntas corruptelas y las de otros miembros de la junta directiva.

 

"Tengo la confianza del presi y de Deco", suelta Hernández. No nos importa porque, insistimos, es una maniobra de distracción que busca apartar el foco de los presuntos chanchullos de quien Xavi llama "el presi". Es necesario hacer constar que estamos utilizando el adjetivo "presuntos" con el único y exclusivo objetivo de evitar ir a prisión.

Ahí lo tenéis, amigos. Esto es de lo que Laporta no quiere que hablemos, y para evitarlo nos tiene aquí comentando la eterna partida/despido de Xavi con freno y marcha atrás.

Así que los directivos del Barça crean una cuenta conjunta que, pese a ser personal, es utilizada para acoger pagos de proveedores del club. Se suponía que era una cuenta para gastos personales de gestión de un aval (que alcanzan los 1,8 millones). Una cuenta a nombre de todos los directivos y presidente, Es decir, una cuenta PRIVADA, para gastos PRIVADOS, a la que sin embargo van a parar ingresos que en teoría son para el club, presumiblemente como pago por amistosos. Es decir, pagos al Barça que van a parar a los bolsillos de los directivos.

Hmmmh...

El club y los proveedores aseguran que ese dinero ingresado en la cuenta es un préstamo. Pero no hay ninguna devolución o pago de los titulares de esas cuentas a los presuntos prestamistas, pese a que ya han pasado tres años desde el ingreso, ni ningún registro de préstamo en ningún lado.

De esto es de lo que Laporta no quiere que hablemos, y a tal fin nos distrae con lo de Xavi. Es una presunta (ya establecimos antes por qué usamos este adjetivo) chorizada que, a diferencia del asunto Negreira, no tiene nada que ver con la cosecha deportiva del club y que por lo tanto a nosotros, como madridistas que somos, no nos afecta. Sí los socios del Barça permiten a este sujeto y sus adláteres hacer lo que quieran con el patrimonio de su club, allá ellos. Pero es necesario que Laporta sepa que nos damos cuenta de todo, y que no volveremos a caer (ya lo hicimos, y nos disculpamos ante nuestros lectores) en sus urdimbres distractivas.

Por lo demás, hoy juega el Madrid en Villarreal, con la vista puesta en Wembley y la alegría de las presumibles prontas renovaciones de Kroos y Modric. Buena ocasión para ver en acción a los menos habituales, entre ellos un Arda Güler que deslumbra cada vez que le dan una oportunidad para hacerlo.

Pasad un buen domingo.

Hay recuerdos que jamás se olvidan. El fútbol nos permite nutrirnos de todos los que nos proporciona nuestro equipo. El partido de vuelta de semifinales es uno de esos recuerdos imborrables que nos ha dejado este Real Madrid. Una vivencia insólita, que ya casi empieza a ser costumbre, pero que hace no tanto no era posible. Nuestra memoria suele olvidarse de los malos recuerdos. Es un mecanismo defensivo.

Pero yo sí recuerdo esas noches de fracasos y frustraciones. Lo que hoy vivimos como una realidad era entonces un sueño. Un anhelo. Recuerdo ese pasado de un Real Madrid que era eliminado en octavos de final de la Champions League. Recuerdo muchas noches amargas de derrotas y humillaciones en Champions, sabiendo que nuestro equipo era inferior a los rivales. Y recuerdo el camino hasta llegar a donde estamos hoy.

Tengo en mi memoria un recuerdo exacto donde sentí toda esa tristeza y frustración a la vez. Llevaba años con esa pesada carga. Pero ahora sé que ese momento fue necesario para llegar al ahora. El rival era el mismo que en la pasada semifinal, el Bayern de Múnich, y la fecha en el mismo mes, un 25 de abril del 2012.

El Real Madrid de Mourinho, el mejor Madrid que habíamos visto en muchos años, ya superado el complejo con el Barcelona, y olvidado el periodo de entreguerras de los octavos, tras 6 años de fracaso, tenía la oportunidad de meterse en una final de Champions 10 años después de la 9ª. El recuerdo de la volea de Zidane empezaba a estar lejos en el tiempo, y la presión por volver a estar en la cúspide del fútbol europeo se avivaba. La ocasión anterior, el club había sufrido una travesía en el desierto durante 32 eternos años.

Este Real Madrid es heredero de aquel equipo de mou. Y vive del recuerdo de aquellas semifinales perdidas. Y de aquella amarga tanda de penaltis perdida en las semifinales contra el Bayern. Tres penaltis fallados por Cristiano Ronaldo, Kaká y Ramos, tres especialistas que fallaron en el peor momento. Un clásico del fútbol

Pero esta vez era diferente. Estábamos en el camino de vuelta. El Real Madrid de la liga de los 100 puntos nos había hecho olvidar el chorreo de Liverpool, las derrotas contra el Lyon y los recuerdos de un pasado peor. El momento era aquel. Enfrente, el rival temible de siempre, el Bayern de Múnich, nuestro particular ogro alemán. La vieja aristrocracia del fútbol frente a frente. En la final, el invitado inesperado, el Borussia de Dortmund, el mismo que acude ahora, 12 años después, curiosamente.

Aquel día, miles de madridistas se congregaron en el estadio y en sus televisiones para ver al Real Madrid volver a acudir a una final de Champions League. La presión, no obstante, era otra. Era el peso muerto de una década sin llegar. El dolor de un año tras otro viendo la Copa de Europa de lejos. Sin poder mirarla de cerca, sin poder tocarla.

Pero, aquel año, el equipo tenía a los jugadores adecuados, al entrenador capaz, la calidad necesaria y la mentalidad apropiada para ser campeón. O eso

pensábamos. El año anterior, el equipo, todavía algo verde, había sucumbido ante el Barcelona en unas semifinales agrietadas por la expulsión de Pepe.

No se había visto al verdadero Real Madrid de Mourinho. Aquel equipo, que entonces las crónicas califican como un equipo que jugaba a la contra, de manera despectiva, era en realidad una maquina de jugar al fútbol. Un engranaje, que por momentos parecía cuasi perfecto, con la combinación exacta de jugadores, la mayoría en edades todavía tempranas.

Benzema, Cristiano, Xabi Alonso, Kaka, Arbeloa, Garay, Granero y Albiol

Un equipo todavía sin Modric ni Kroos. Este último figuraba como manija de ese Bayern de Múnich, que llegaba al Bernabéu con una ventaja de 2-1. Pero el Real Madrid era un equipo repleto de talento, con la pareja de centrales Ramos y Pepe, con Xabi Alonso llevando el timón y con jugadores como Marcelo, Ozil o Di María, más tres cracks como Kaká, Cristiano Ronaldo y Benzema. Un equipo diseñado para ganar la Champions.

Y así lo intuimos miles de cientos de madridistas, que vimos cómo el equipo se adelantaba en el Bernabéu, por dos goles, clasificándose en ese momento. Una primera parte fantástica, seguida por el miedo a ganar de la segunda, en eliminatorias donde todavía se aplicaba el valor doble de los goles.

El Real Madrid se dejó empatar la eliminatoria con el definitivo 2-1, llevándonos a una prórroga agotadora, con la “lotería” de los penaltis en el horizonte. En aquel partido no hubo goles milagrosos en los últimos minutos, como ahora. Era el mismo club heredero de las grandes remontados del Madrid de Juanito, Santillana y la quinta del Buitre. Y, sin embargo, no tenía todavía esa capacidad para remontar con la facilidad actual y convertir lo imposible en fácil. Ni tampoco tenía todavía ese control del juego y de la competición que mostraría años después,

Eso se adquiriría después, poco a poco. Se iría fraguando esa seña de identidad gracias a partidos como aquel. O a eliminatorias como la perdida al año siguiente, precisamente contra el Borussia de Dortmund, donde el equipo se quedó a un solo gol de remontar el ignominioso 4-1 de la ida.

Ese día, este Real Madrid podrá cerrar definitivamente el círculo que comenzó aquel 25 de abril de 2012. Doce años más tarde se enfrentará al mismo rival que le esperaba entonces. La que tendría que haber sido la Décima, ahora podría ser la Decimoquinta

Fueron tres semifinales consecutivas perdidas, a escasos metros de la ansiada final, a un penalti no errado, a un gol marcado o a una expulsión injusta no pitada. Aquel Real Madrid conoció el dolor de no llegar a lo más alto, la frustración normal en un equipo destinado a lo más grande, que se quedaba a las puertas. Tenía todos los ingredientes para ser campeón, pero faltaba ese último escalón. Esa mezcla de competitividad extrema y suerte de los campeones.

Este Real Madrid es heredero de aquel equipo. Y vive del recuerdo de aquellas semifinales perdidas. Y de aquella amarga tanda de penaltis perdida en las semifinales contra el Bayern. Tres penaltis fallados por Cristiano Ronaldo, Kaká y Ramos, tres especialistas que fallaron en el peor momento. Un clásico del fútbol.

Aquel día no lloré. O quizá si. Pero sí recuerdo ver volar el penalti de Ramos hacia el cielo con infinita tristeza. Sali del estadio con el resto de la marabunta, con la cabeza agachada, con una sensación de dolor que ha perdurado todos estos años. Los análisis futbolísticos, la rabia, la frustración deja paso en esos momentos a la tristeza, a la sensación de oportunidad única perdida. Mi mente ha ido borrando muchos recuerdos y solo ha quedado esa tristeza en forma de cicatriz perenne.

Pero aquel día se empezó a construir el equipo de hoy. Días más tarde de la derrota, aceptando ya el porvenir y con la visión de un optimista perenne, un madridista, valga el sinónimo, comentaba con la persona con la que fui al estadio, un gran amigo, que volveríamos a ganar y que lo veríamos juntos. Tras el dolor de la derrota, tocaba fortalecerse. No hay victoria ni éxito sin sufrimiento y esfuerzo. Y ese fue el mensaje que me quedó días después.

De igual manera, aquella derrota empujó a todos aquellos jugadores a ser mejores, a tener una mentalidad más fuerte, a ser más rápidos, más fuertes y a no fallar en los momentos clave.

Kroos y Modric Undécima

Han sido 12 años de grandes éxitos desde entonces. Un camino recorrido desde la amargura de la derrota a la gloria absoluta con la décima. El éxtasis total dejó paso a tres Champions consecutivas, que por momentos parecieron protocolarias. Para concluir con otra Champions inesperada, la última, que empezó a dar paso a una nueva generación.

Ha sido una década de construcción de un equipo campeón a otro que también lo puede ser. Una herencia que han ido legando todos esos grandes jugadores. Un recorrido que ahora parece vertiginoso, pero que tiene en el próximo 1 de junio, en Wembley, otra fecha clave.

Ese día, este Real Madrid podrá cerrar definitivamente el círculo que comenzó aquel 25 de abril de 2012. Doce años más tarde se enfrentará al mismo rival que le esperaba entonces. La que tendría que haber sido la Décima, ahora podría ser la Decimoquinta.

La semifinal ganada contra el Bayern de Múnich me ha ayudado a cicatrizar aquella herida. Pero necesitamos cerrar definitivamente el círculo con la victoria contra el Borussia de Dortmund en la final. Un recorrido de 12 años que espero cerrar con mi gran amigo madridista en Wembley y que debería poder fin a esta maravillosa etapa. Quizá la mejor etapa de nuestras vidas futbolísticas. Como las 5 Copas de Europa consecutivas logradas por Gento, Di Stefano y compañía, esta etapa será recordada durante décadas.

Ahora toca un last dance, o quién sabe si será solo el penúltimo baile, que es algo que solo puede hacer el Real Madrid. Prometer un último baile y volver a la pista con más energía. De los grandes jerarcas que guiaron al Real Madrid a lo más alto, a esta generación de jóvenes talentos. Un camino de éxito total en una década prodigiosa, a la espera de lo que nos pueda proporcionar esta nueva generación y que promete ser también apasionante.

Un largo camino, que ahora podría parecer sencillo, como las tres Copas Copas de Europa ganadas tras la Séptima. O como las cinco más una Copas de Europa del inicio de la competición. Pero todo lo bueno suele acabarse y hay que valorar enormemente lo logrado y disfrutar del momento. Y de este Real Madrid. Un equipo que ha sido capaz de convertir los sueños más imposibles en recuerdos y en vivencias reales. Sueños convertidos en momentos, que una vez sucedieron y que podremos rememorar en nuestra mente. Ojalá que la final contra el Borussia de Dortmund sea solamente el penúltimo recuerdo del éxito.

 

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Una obra de teatro en tres actos

 

Personajes:

 

 

Acto 1: El Regreso de Sísifo

 

(Escenario: Una sala de reuniones elegante, con una mesa de conferencias en el centro. En las paredes, hay fotos históricas de ambos clubes. Solón está sentado en su escritorio, revisando documentos. La puerta se abre y entra Sísifo con una actitud arrogante).

 

Sísifo: (Entrando con una sonrisa de autosuficiencia) Solón, viejo amigo, es un placer volver a verte en persona. El exilio me ha hecho más fuerte, más sabio. ¿No estás de acuerdo?

Solón: (Sin levantar la vista de sus documentos) Sísifo, qué sorpresa. No esperaba verte tan pronto.

Sísifo: (Sentándose sin ser invitado) Oh, claro, la gente me ha extrañado. Sabes cómo es,

¿verdad? Siempre preguntando por mí, siempre pendientes de mis movimientos.

Solón: (Indiferente) La gente siempre tiene algo de qué hablar.

Sísifo: (Con entusiasmo) ¡Exactamente! Y ahora que estoy de vuelta, todos los ojos estarán en nosotros, en nuestros clubes. Tenemos que demostrar quién está realmente en la cima.

Solón: (Levantando la vista brevemente) ¿Nosotros? Estoy más interesado en el trabajo que en las opiniones.

Sísifo: (Riéndose) Ah, Solón, siempre tan pragmático. Pero debes admitir que la percepción lo es todo en nuestro negocio. La imagen es poder.

Solón: (Volviendo a sus documentos) La realidad tiene más peso que la percepción, Sísifo.

Sísifo: (Insistiendo) La realidad es lo que la gente cree que es. Y te aseguro que, ahora mismo, todos creen que estoy de vuelta para reclamar lo que es mío.

Solón: (Con frialdad) ¿Y qué es exactamente lo que crees que es tuyo?

Sísifo: (Sonriendo con suficiencia) El respeto, el control, la admiración. Todo lo que he trabajado para conseguir y que nunca he dejado de merecer.

Solón: (Suspirando y apartando los documentos) Sísifo, me temo que estás obsesionado con sombras y espejismos. Aquí, trabajamos con hechos y resultados.

Sísifo: (Levantándose, tratando de imponer su presencia) Los resultados se ven afectados por lo que la gente cree. Y ellos creen en mí.

Solón: (Finalmente levantándose y enfrentándolo) Sísifo, tu tiempo de impresionar con palabras ha pasado. Esta mesa ya no es para ti. Es demasiado grande para tus ilusiones.

Sísifo: (Confundido y ofendido) ¿Qué estás diciendo?

Solón: (Señalando la puerta) Te estoy diciendo que no te sientes aquí. Esta mesa y este despacho te quedan grandes. Te sugiero que busques un lugar más acorde a tus... nuevas circunstancias.

 

(Solón abre una puerta lateral, revelando un pupitre de juguete. Sísifo mira con incredulidad y furia contenida.)

 

Sísifo: (Con los dientes apretados) Esto no quedará así, Solón.

Solón: (Con indiferencia) Hasta luego, Sísifo.

 

(Sísifo sale, mirando el pupitre de juguete con desprecio antes de irse. Solón vuelve a sus documentos sin más preocupación.)

Laporta abrazo Messi y lona

Acto 2: Las Novedades Inútiles

 

(Escenario: Un salón de actos lleno de periodistas y aficionados. En el escenario, Sísifo está de pie ante un micrófono, con una pantalla gigante detrás de él.)

 

Sísifo: (Sonriendo ampliamente) Señoras y señores, es un honor para mí anunciar las últimas innovaciones de nuestro club. Hemos adquirido el congelador más avanzado del mundo, capaz de enfriar las bebidas de nuestros jugadores veinte veces más rápido.

¡Imaginen la frescura y la comodidad! (Pausa para el aplauso, que es moderado.)

(Con entusiasmo) Pero eso no es todo. Presentamos nuestro nuevo césped que cambia de color cuando se marca un gol. ¡Verde para el juego normal y dorado para cada gol! Una experiencia visual sin precedentes para nuestros aficionados.

(Pausa para el aplauso, que sigue siendo moderado.)

 

Periodista: ¿Y de fútbol?, ¿van a innovar algo que tenga que ver directamente con el fútbol?

Sísifo: ¿Es que no puede ver todo lo que estamos haciendo ya? ¡Tenemos al jugador más joven de la historia de la competición con nosotros! ¡Y bebe agua congelada 20 veces más rápido y, cuando marca un gol, el césped se ilumina! Si no lo quiere ver, es su problema.

 

(Silencio en la sala.)

 

Sísifo: (Confiado) Estas innovaciones son solo el principio. Estamos liderando el futuro del fútbol con cada paso que damos. Nuestro club está destinado a ser el más avanzado y admirado del mundo.

 

(Pausa, esperando aplausos más fuertes, pero los aplausos son solo corteses.)

 

(Visiblemente irritado pero tratando de mantener la compostura) Muchas gracias por su atención. Pronto verán los frutos de estas increíbles mejoras.

 

(Sísifo se retira del escenario, con una mezcla de arrogancia y desilusión en su rostro.)

Laporta optimista

Acto 3: El Despacho Reformado

 

(Escenario: Un despacho mucho más grande y elegante que el anterior de Solón. Sísifo entra con una actitud triunfante, esperando ver a Solón.)

 

Sísifo: (Entrando con confianza) Solón, ven a ver lo que hemos logrado. Este despacho tuyo nada tiene que ver con lo mucho que nosotros hemos avanzado.

 

(Solón está sentado al fondo, en una silla sencilla, con una expresión impasible.)

 

Solón: (Levantando la vista lentamente) Sísifo, veo que has invertido mucho en la apariencia.

Sísifo: (Sonriendo ampliamente) ¿No es impresionante? El congelador, el césped... todo está diseñado para que entiendan nuestra grandeza.

Solón: (Con indiferencia) ¿Y los resultados en el campo? ¿Han mejorado?

Sísifo: (Vacilando) Bueno, eso tomará tiempo. Pero la percepción ya está cambiando. La gente habla de nuestras innovaciones.

Solón: (Con frialdad) La gente siempre habla, Sísifo. Pero hablar no gana partidos.

Sísifo: (Desesperado) ¡Pero mira todo esto! ¡Todo lo que hemos hecho!

Solón: (Levantándose y caminando hacia la puerta) Has gastado tiempo y recursos en cosas que no importan. La mesa sigue siendo demasiado grande para ti.

Sísifo: (Con furia contenida) No entiendes la visión...

Solón: (Abriendo la puerta, revelando el pupitre de juguete) No es la visión lo que te falta, Sísifo. Es la sustancia. Ahora, por favor, no pierdas más el tiempo aquí.

Sísifo: (Mirando el pupitre, derrotado) Esto no puede ser el final...

Solón: (Con indiferencia) Adiós, Sísifo.

 

(Sísifo sale lentamente, mirando el pupitre de juguete con resignación. Solón vuelve a su escritorio, sin inmutarse. Tiene una nueva Champions que conquistar).

Joselu le hizo el 2-1 al Bayern y la locura se desató una vez más en el Bernabéu. Aunque sólo duró dos segundos, los que pasaron hasta que se escuchó el silbato de Marciniak: fuera de juego. El gol se fue al limbo del VAR y la alegría quedó en suspenso durante una interminable revisión. Finalmente se concedió el tanto y el templo madridista volvió a explotar, un éxtasis que no será olvidado jamás por ninguno de quienes lo experimentaron. Pese a ello el Wolverhampton, primer club en solicitar formalmente la revocación del VAR, alega que “por un pequeño aumento de la precisión se atenta contra el espíritu del juego" y esgrime, entre otros muchos argumentos, que desvirtúa “la pasión y el impacto en la celebración de los goles”.

No fue desde luego el caso aquella mágica noche en el Bernabéu ni está sucediendo en otros estadios y contextos. Siempre será mejor saltar de júbilo con retraso que llorar y lamentar impotente una injusticia en tiempo real. Seis años después de la implantación del videoarbitraje en el Mundial de Rusia, profesionales y aficionados ya se han acostumbrado a cantar algunos goles dos veces. Y no parece importarles demasiado siempre que suceda justo así. Los que llevamos ya unas décadas viendo fútbol sabemos, porque lo hemos experimentado, que no pasar a una final porque te anulen un gol en posición claramente legal, bajar a Segunda división por un desmayo dentro del área candidato al Óscar o caerte de la disputa de un título porque te han marcado un gol metro y medio fuera de juego, eran anomalías que no pertenecen, ni nunca lo han hecho, a la esencia ni al espíritu del fútbol. Intrusos.

La cuna del fútbol no enterrará el VAR

Sin embargo, los Wolves arremeten contra el VAR. Lo llevan a votación en la Premier League y si 14 de los 20 equipos votan por su supresión, será eliminado en la principal liga del planeta. Se marcarían un VARXIT, volviendo a permitir que el votante decida y se equivoque sobre un asunto trascendental. Esta pataleta con olor a naftalina, probablemente cimentada sobre varias decisiones arbitrales negativas hacia este club, especialmente en Copa de la Liga ante el Liverpool,  llega en un punto de inflexión en la historia del fútbol, enfrentado a nuevos y numerosos desafíos. También para la Premier, pesando como pesan 115 irregularidades financieras sobre su buque insignia, el Manchester City de Abu Dabi, algo que debería preocupar y ocupar por encima de otras cuestiones a 19 de los 20. Afortunadamente, parece que este movimiento anti-VAR no va a ir más lejos según información de Sky Sports: la moción no va a prosperar y seguirá habiendo tecnología arbitral tanto en la cuna del fútbol como en todo el planeta.

No hay vuelta atrás

El VAR es irreversible y se defiende solo. Cancelarlo sería como eliminar Internet argumentando que ha desnaturalizado a la sociedad. Una ocurrencia temeraria que provocaría el caos desde las primeras horas de su ejecución. Hemos adoptado un avance necesario que mejora indudablemente el arbitraje de un partido de fútbol y no hay vuelta atrás. Nadie va a aceptar ya aberraciones arbitrales y fácilmente detectables a través de una pantalla. Resulta estridente de hecho ver en la actualidad un partido de competiciones donde no hay videoarbitraje. Tiene hasta tintes de chabacanería.

¿De qué se acusa al videoarbitraje?

Pero el aullido de los Wolves debe ser escuchado. Hay que refinar con urgencia su funcionamiento. Para el club wanderer, cito textualmente, el VAR se extralimita, frustra, confunde, está mal comunicado, erosiona la responsabilidad del árbitro de campo, comete errores continuos, interrumpe el ritmo, genera polémicas que eclipsan al mismo partido y alimenta acusaciones de corrupción. No son pocos defectos los que se denuncian. Y los compartimos sin duda la práctica totalidad de los que nos sentimos cercanos al Deporte Rey. Pero no son del VAR, que no deja de ser un monitor, una cámara y un cable, generalmente japoneses, que permiten al árbitro escrutar desde diversos ángulos y a distintas velocidades la legalidad de todas aquellas jugadas clave que pueden decidir un partido. Son de las personas que lo regulan y manejan. Lo que está fallando, o al menos es sustancialmente optimizable, es su utilización, como ha manifestado la voz autorizada, experimentada y siempre sagaz de Jürgen Klopp. Se está desperdiciando (o malversando, según qué casos) el tremendo potencial de una valiosa herramienta para impartir justicia. El VAR ha supuesto un avance inequívocamente positivo que hace del fútbol, deporte a diferencia de otros donde cada tanto incide dramáticamente en el resultado final, algo más justo. Y en un futuro próximo incluso la IA detectará en fracciones de segundo y sin apenas margen de error si hay fuera de juego o hasta podría llegar algún día a dictaminar si un penalti lo es o, al menos, cifrar la probabilidad de que lo sea. Las posibilidades en el futuro son infinitas.

Salvar el VAR (7)

Evolución necesaria

FIFA tardó pocas horas en reaccionar anunciando su intención de darle dos oportunidades o ‘challenges’, como sucede en otros muchos deportes, a cada entrenador para pedir la revisión de un lance en concreto, gastando una solicitud si no tiene razón y conservándola si la tuviera, algo que mucha gente ha exigido desde el día 1. También existe la voluntad de desechar los fueras de juego milimétricos. Hay cierto consenso en que los offside por márgenes demasiado estrechos están desvirtuando una regla ancestral, fijada desde la acertada introducción de esta infracción en el reglamento: si el atacante está en línea, está en posición legal. Un trazo más ancho podría ser la solución. Seguiría habiendo polémicas cuando hubiera que medir microposiciones de los jugadores en los bordes de esa línea gruesa. Siempre las habrá. Pero cuando el delantero estuviera en lo que siempre hemos conocido como “en línea”, su posición quedaría validada.

Siempre será mejor saltar de júbilo con retraso que llorar y lamentar impotente una injusticia en tiempo real. Seis años después de la implantación del videoarbitraje en el Mundial de Rusia, profesionales y aficionados ya se han acostumbrado a cantar algunos goles dos veces

Otro de los elementos en tela de juicio es la arbitrariedad con la que el VAR interviene. Por qué, ante acciones idénticas, a veces lo hace y en otras ocasiones se inhibe. Quedará parcialmente solucionado con esas dos oportunidades que tendrá cada entrenador de mandar al árbitro al monitor. También debería existir un cuerpo de árbitros especializado en el videoarbitraje, ingenieros específicamente formados para dar más precisión y velocidad al proceso de revisión, audios abiertos y sin editar para aportar transparencia, una mayor calidad y diligencia de los protocolos. Por supuesto, el Ojo de Halcón es obligado aunque al muy millonario Javier Tebas de momento le parezca caro. Hay muchas áreas en las que esta valiosa herramienta debe evolucionar.

Irresistible fuente de poder

Una de ellas merece una mención especial. El reglamento o las orientaciones generales hacia jugadas interpretables, como manos o agarrones, debería ser mucho más preciso e inequívoco. Más científico. Exacto, incluso. Pero siempre he sospechado que a los estamentos federativos les ha convenido  mantener un margen de actuación respecto al arbitraje de un partido porque es una fuente irrenunciable de poder y presión sobre los clubes que, con más o menos intensidad o disimulo, todas han utilizado en algún momento de la historia o emplean en la actualidad para someter a clubes díscolos y sofocar, amenazar o escarmentar todo vestigio de rebeldía. Sólo así se explicaría que toda la vida hubiéramos tenido claro qué manos o agarrones eran o no penalti, o qué fueras de juego posicionales lo eran, hasta precisamente la implementación del VAR.

El fútbol, en una encrucijada

En su primer año dije una mañana en Radio Marca que estaba en pañales y había que “afinarlo”. Más de un culé reaccionó con jolgorio, denunciando que ya queríamos controlarlo en el Madrid porque con él no volveríamos a ganar en España y menos en Europa. La acusación ha quedado ridiculizada por hechos que no hace falta ni citar, este texto no tiene el propósito de loar la mejor época de la historia del Real Madrid ni la ilusión que tenemos todos los madridistas por el futuro. Pero sigue siendo una evidencia: hay que afinar el instrumento y pedir más pericia a los intérpretes.

El VAR es irreversible y se defiende solo. Cancelarlo sería como eliminar Internet argumentando que ha desnaturalizado a la sociedad. Una ocurrencia temeraria que provocaría el caos desde las primeras horas de su ejecución. Hemos adoptado un avance necesario que mejora indudablemente el arbitraje de un partido de fútbol y no hay vuelta atrás. Nadie va a aceptar ya aberraciones arbitrales y fácilmente detectables a través de una pantalla

Esta arremetida de los Wolves debe servir para despertar a los clubes, que por otro lado tras la sentencia favorable de Luxemburgo hacia la Superliga, son cada día más conscientes de que el fútbol es suyo y han ganado fuerza para renegociar posiciones ante FIFA, UEFA y las diferentes federaciones nacionales. Atravesamos una etapa en la que, como decíamos antes, se va a decidir el futuro del fútbol,  y entre otros frentes abiertos como el de los clubes Estado, las multipropiedades, las nuevas formas de ocio y consumo o el reparto del dinero, está la transparencia arbitral.

Ho tornarem a fer

España tiene otros problemas

En España bastante tenemos con lo nuestro. Este artículo pretende ser una defensa del VAR, no de los árbitros. Los culpables de que el VAR esté cuestionado, particularmente en este país. Aquí tendrá sus derechos durante los cuatro próximos ejercicios Mediapro, empresa en manos de un culé como Tatxo Benet, que ha llegado a justificar los pagos sostenidos, furtivos e injustificados del Barcelona al vicepresidente arbitral y, no lo olvidemos, también de su socio Jaume Roures, el gran mecenas azulgrana. Porque, hasta donde yo sé, sigue siendo un relevante accionista de Mediapro. De hecho, resultó tan incomprensible como conveniente su destitución por parte de los propietarios chinos escasas semanas antes de que, casualidad del destino, se anunciara esta nueva y sorprendente adquisición comercial que supone un flagrante conflicto de interés, aunque parezca no importarle a nadie.

Tatxo Benet

El desesperado “os puedo ayudar con el VAR” de Negreira, bien relacionado con Clos Gómez, a Bartomeu, cuando este tras el cambio de régimen en la RFEF le cierra el grifo de los millones, aclara mucho de lo que ha pasado en el fútbol español los últimos lustros y de lo que sucede también desde 2018, fecha a partir de la cual el Madrid ha asistido atónito a nuevos y estrambóticos perjuicios. Desde aquel inaugural “todo OK, José Luis” hasta innovaciones de fantasía esta misma temporada como aquella contra permitida y después cancelada por peligrosa en el Pizjuán, o el pitido final en Mestalla cuando Bellingham se disponía a marcar, pasando por líneas grotescas, pies deformados, imágenes sesgadas y una interminable lista de decisiones sospechosas. Es lo único que han podido hacer Sánchez Arminio en su día y Medina Cantalejo hoy para torpedear la firme oposición del Real Madrid a sus atropellos mientras la entidad de Concha Espina, puñetera como ella sola, responde con vídeos y victorias.

Uno piensa que, con la destreza adquirida en el CTA con el VAR, si lo suprimes ahora serían capaces incluso de bajar a Segunda al Madrid de Mbappé, Vini y Bellingham en la jornada 30. Así que, por suerte, parece que ni La Liga ni sus 42 asociados se plantean eliminar el VAR. Sería en balde, en cualquier caso. La Justicia o la tecnología no sólo forman parte de la esencia del fútbol, sino de toda sociedad civilizada. Las cámaras de seguridad pueden acarrear alguna incomodidad a mucha gente, pero sólo disgustan profundamente al ladrón.

 

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