Las mejores firmas madridistas del planeta

El principal reto al que se enfrenta el columnista a la hora de describir una nueva gesta del Real Madrid es evitar la redundancia. El bendito problema de convertir lo excepcional en lo cotidiano reside en cómo conservar la condición de extraordinario de algo que se ha transformado en rutina. Se diría que todo se ha escrito ya, y uno está tentado de sucumbir a la tentación de la autocita, más por incapacidad que por jactancia. ¿Acaso no dijimos ya que la historia del Madrid es la más grande jamás contada? ¿Acaso no explicamos ya que el Madrid es el club con el carácter más literario de todos? ¿Acaso no argumentamos ya los motivos específicos que sustentan la anterior afirmación? A saber: una acumulación abrumadora de episodios épicos, una importancia decisiva de los personajes secundarios en los momentos cruciales y una irrevocable tendencia a que todos los finales, a menudo felices, queden a su vez abiertos, pues siempre hay un reto posterior. Qué quieren que les diga, en el canon del bachillerato se han colado filósofos con doctrinas menos estructuradas que esta. ¿Acaso no se cumplió la otra noche una vez más, de manera íntegra y absoluta?

El bendito problema de convertir lo excepcional en lo cotidiano reside en cómo conservar la condición de extraordinario de algo que se ha transformado en rutina

Sin embargo, el columnista siempre está obligado a rellenar su página. Por tanto, conviene armarse con una lupa y escudriñar los detalles, tratando así de encontrar los elementos novedosos dentro del parménico paradigma. Aunque en primera instancia pueda parecer una misión imposible, en realidad nunca lo es del todo. No en vano el Madrid suele obsequiarnos, por rocambolesco que parezca, con un perpetuo y circense “más difícil todavía”, incluso en aquellos aspectos reproducidos hasta la extenuación. Verbigracia: si las remontadas europeas, auténtico sello de identidad del club, se han logrado de todas las formas imaginables a lo largo de la infinidad de eliminatorias superadas en toda la historia de la entidad, en Mánchester se nos demostró que aún existe espacio para la inventiva. El Madrid remontó aquello que le faltaba... ¡una tanda de penaltis! Sublimando al extremo, al mismo tiempo, la propensión antes mencionada al protagonismo de los secundarios en el instante decisivo. En esta ocasión fueron hasta cuatro: Lucas Vázquez, Nacho Fernández, Antonio Rüdiger y, por encima de todos, la circunspecta figura de Andriy Lunin.

Lunin

Por otro lado, para llegar a ese punto el equipo había tenido que soportar un bombardeo cuya magnitud constituía en sí misma otra novedad. Sin duda los aficionados más veteranos podrían mencionar un listado de episodios también caracterizados por el sufrimiento extremo — la mayoría de los cuales se localizaron en estadios alemanes, de Lombardía o de Yugoslavia, como si el reinado europeo del Madrid hubiera tenido que construirse contra el imperio austrohúngaro— , pero lo acontecido en el Etihad presenta una diferencia esencial. En todos los lances anteriores en los que el Madrid fue avasallado, siempre hubo un espacio para alguna acción de respuesta, aunque fuera impotente o incluso patética. Una propinilla, un gesto, un simbólico derecho al pataleo. La segunda parte en Mánchester no lo permitió. El City se erigió como una máquina sin sentimientos, táctica, técnica y físicamente inverosímil; quizá poco contundente en el último tramo para semejante exuberancia, mas inflexible en su afán opresivo. El principal mérito del Madrid estribó en no caer en el presumible desquicie que sufren los asfixiados, carentes de toda esperanza. Fuera del campo, agazapado frente al televisor, el madridismo vivió en su carne la desesperación que Conrad supo resumir en un párrafo de su corazón de las tinieblas:

«He luchado a brazo partido con la muerte. Es la contienda menos estimulante que podéis imaginar. Tiene lugar en un gris impalpable, sin nada bajo los pies, sin nada alrededor, sin espectadores, sin clamor, sin gloria, sin un gran deseo de victoria, sin un gran temor a la derrota, en una atmósfera enfermiza de tibio escepticismo, sin demasiada fe en los propios derechos, y aún menos en los del adversario. Si tal es la forma de la última sabiduría, la vida es un enigma mayor de lo que alguno de nosotros piensa.» 

Y, pese a todo, no fue suficiente. El Madrid sobrevivió y venció. Como de costumbre, los antis se apropiarán de Unamuno sin haberlo leído, solo para utilizar de manera impúdica su muletilla más famosa —a estas alturas, sospecho que más de uno piensa que lo que dijo don Miguel en Salamanca, antes que “venceréis pero no convenceréis”, directamente fue que “el Madrid no juega a nada —. Al fin y al cabo, hay ámbitos de la realidad y sectores de la opinión tan cerriles en los que ni el columnista más avezado sería capaz de encontrar una novedad que les otorgue un mínimo refinamiento. En cualquier caso, conviene guardarles algo de compasión. Imaginen por un momento la condena de tener que observar, desde esa posición, la repetición cotidiana de lo irrepetible.

 

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Nunca el Madrid había soportado antes, o no desde que yo tengo uso de razón futbolera, un acoso tan intenso, prolongado y brillante como el que sufrió el miércoles a manos del City, y por tanto tampoco antes había obrado epopeya tan denodada. Nunca hemos eliminado a un enemigo mejor. Históricamente nos hemos enfrentado a rivales tal vez casi tan buenos como los de Guardiola, pero nos zarandearon.

Esta vez no. Prevalecimos.

Lo dijo Valverde de manera casi cándida: "Jugaron mucho mejor que nosotros". Sin dejar de ser un elogio más que merecido al fútbol desplegado por el City, en ese halago al rival se agazapaba un prurito de orgullo. "Y sin embargo ganamos", habría rematado el uruguayo de haber querido explicitarlo.

Fede Valverde

¿Fue superado el Madrid? Durante la segunda parte del partido y la prórroga casi entera, sin duda. ¿Señalarlo resta mérito a su clasificación? Sólo en la óptica desesperada del anti: la realidad es que lo incrementa, porque habla libros de la capacidad de competir de este equipo. Es única, y no lo es porque tenga un entrenador que la adiestre (que también), o porque sus jugadores actuales sean deportistas ejemplares con una resistencia granítica a la derrota (que también también). Lo es porque A y B entroncan con el legado de otros que precedieron a los ídolos actuales. Hay un legado inimitable que juega también. Mi hija tiene una camiseta con la firma de una leyenda blanca, y le tengo que decir que no se la ponga, y menos para jugar, porque luego hay que lavarla y la firma se borra. Cada jugador del Madrid luce una camiseta firmada por Di Stéfano, pero esa rúbrica no se borra ni con todo el sudor o el jabón del mundo. Es indeleble.

El City fue mejor. El City, posiblemente, ES mejor. Por eso (y no a pesar de eso) el Madrid, que eliminó al City, es EL mejor

Me llega el vídeo de un prócer youtubero del barcelonismo en el que felicita (sic) "al Getafe por su clasificación para las semifinales de la Champions League". El sarcasmo, cuando es demasiado descarnado, deja a la intemperie un padecimiento, un complejo tales, que pierde su eficacia para la denuncia y se vuelve contra uno. El Madrid tiene una condición camaleónica reactiva a la propuesta del rival para hacerle daño donde él elige, como el duelista que cediera gentilmente la elección de las armas. Ha ganado y gana de cien mil formas distintas. El miércoles fue (sí) el Getafe del City, y a muchísima honra. Enterró el oropel y los jugadores lanzaron a la tumba abierta el lastre de sus egos. Esa humildad es puro fútbol, y constituye la sublimación de la grandeza.

El City fue mejor. El City, posiblemente, ES mejor. Por eso (y no a pesar de eso) el Madrid, que eliminó al City, es EL mejor.

 

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No crean que no soy consciente del papel de ponerse a hablar cuando ya está todo dicho, cuando los héroes de la batalla ya están velando armas para la siguiente y los hinchas madridistas han rememorado la gesta una y mil veces, han cantado el asombro por la entereza de su equipo desde cualquier ángulo imaginable.

Pues aquí estoy, sentado frente a la pantalla a la hora justa en la que comenzó el miércoles un encuentro memorable. Uno más en una historia que multiplica las hazañas de cualquier otra de su rango, que de tanto repetirlas estarían al borde de la normalidad si no estuvieran revestidas por el aroma de lo impensable. Acorazado en su condición de aspirante, el equipo de Ancelotti se atrincheró al modo que las legiones romanas inventaron, en la forma que los equipos italianos remedaron a sus ancestros. Replegarse para golpear, blindados ante las embestidas de los nórdicos a la espera del momento preciso. Con la paciencia del orfebre, con la sabiduría de quienes casi han hecho todo en el fútbol, porque aún les quedan cosas por hacer.

Ancelotti

Ni siquiera importa que los artífices de los lances postreros recaigan sobre hombres que no parecían destinados al desenlace, sobre hombros veteranos y noveles, ajados ya de tan curtidos. Lo mismo da, mientras el alma blanca penetre en sus espíritus para guiar el desenlace, para girar la aguja de la brújula hacia el norte madridista, que no siempre es el norte magnético al que el resto del planeta mira, porque el imán madridista tiene vida propia, no obedece las leyes de la física: mira al pasado y al presente, también de reojo al futuro. Mira a sus luces de referencia: a Bernabéu, a Di Stéfano y Gento; a Raúl Y hierro; se mira a sí mismo, que muchos de los que están ya se acercan a la eternidad. Y mira la lucidez de Ancelotti, o su luz, si prefieren, que es casi decir lo mismo, o sin casi, a ver quién es el lumbreras que me lo discute.

No sé ni me importa si Carletto es el tipo que más sabe de fútbol, ni siquiera si es el entrenador óptimo para el Madrid. Sólo sé, como diría el oráculo, que más sabe por viejo que por diablo

No sé ni me importa si Carletto es el tipo que más sabe de fútbol, ni siquiera si es el entrenador óptimo para el Madrid. Sólo sé, como diría el oráculo, que más sabe por viejo que por diablo, por haber vivido tantas disputas como el que más, con botas y sin botas, astuto como un gato montés. Sus ideas al frente cerraron la frontal del área, una de las vías de agua por la que se desangró el Madrid del año previo. Pero el Madrid rara vez tropieza por dos veces en la misma piedra, porque estos jugadores también aprenden, los que captan los focos y los que esperan con paciencia que el momento de la gloria llame a su puerta.

Y así, el Real Madrid volvió a llamar a la nuestra, como en una noche de Reyes o una noche de Walpurgis, que se acerca el 1 de mayo y, en ocasiones, lo que hacen nuestros chicos está revestido de magia blanca, azul y negra, que no hay que despreciar ninguna, porque el color de estas camisetas vestimos y seguimos vistiendo. Y sí, coincido con Guardiola en que, puestos a perder, mejor hacerlo como lo hizo el Manchester. Pero no me negarán, incluso ni el mismísimo Pep, que puestos a ganar…

Puestos a ganar, señoras y señores, sólo hay uno: el Real Madrid.

 

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Buenos días. Hasta tal punto se le ha caído la mandíbula al planeta contemplando la clasificación homérica del Real Madrid a semifinales de Champions que la mismísima prensa española, tan inclinada siempre a escatimar elogios a los blancos, tan deseosa siempre de ponderar lo negativo a despecho de triunfos y heroicidades, no tiene más remedio que relajar los músculos maxilofaciales y permitir a su propia mandíbula sucumbir a la ley de la gravedad.

As habla del pánico que suscita el Madrid. La palabra pánico está bien, pero habría que inventar otra que recoja la amalgama de miedo, admiración, asombro y curiosidad casi científica que despierta desde siempre la entidad de Concha Espina. Habría que inventarla para poder usarla ahora, cuando todos esos sentimientos están a flor de piel a resultas de la hazaña del Etihad.

Miedo, admiración, asombro y curiosidad que fuera de España quedan aderezados por un ingrediente de respeto del que el Madrid no disfruta en España, y del que no disfrutará nunca. Una cosa es no ser profeta en tu tierra, como reza el dicho, y otra que el profeta sea sistemáticamente zarandeado y despreciado dentro del país al que pertenece y al que tantas glorias (glorias no agradecidas por dicho país) ha dado una y otra vez.

"Es un club inmortal", cuenta en portada As que ha dicho alguien. Lo es porque proyecta la sensación de continuidad en la honra al mito, estén los jugadores que estén. O sea, que sí. Que es inmortal.

Marca focaliza en Lunin la resaca de la epopeya del Etihad, y nos parece razonable. No sólo aguantó como un palo el intento de panenka de Bernardo Silva (vimos a Kepa, víctima en el Chelsea de la añagaza, advirtiéndole de ello) y se estiró como un titán en el penalti de Kovacic, sino que tuvo múltiples intervenciones felices durante los 120 minutos anteriores, desesperando a estrellas del fútbol mundial como De Bruyne o Grealish. Su partido fue sencillamente antológico, en el mejor escenario posible y a una altura de máximo voltaje en la competición. Se consagró, sencillamente, como recalcó su compañero Valverde tras el choque, como un portero para el Real Madrid. Poca gente vale para desempeñarse en ese cargo. Lunin vale, y las circunstancias personales que le rodean acrecientan la magnitud del mito.

"Se ha ganado una renovación que aún no ha firmado", apostilla Marca, y no podemos estar más de acuerdo con ambas cosas. Lunin es un éxito más de la implacable política de scouting del club blanco. Vino con 18 años cuando nadie sabía quién era, y se ha consagrado como un grande en el Madrid. Ha seguido en ese sentido el mismo camino que Vinícius, Rodrygo, Camavinga, Valverde, Brahim y tantos otros. Es hijo de la estrategia más exitosa que ha conocido el fútbol de elite de este siglo, la aplicada por el Real Madrid, diseñada e implementada por personas con nombres propios, como Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y Juni Calafat. Confiamos en los hacedores de esta estrategia de éxito para lograr que Andriy siga con nosotros muchos años, pese a los cantos de sirena que a la fuerza le llegarán a través de su nuevo y muy conocido representante.

En la prensa cataculé cunde la consternación. El vestuario azulgrana es un nido de avispas por culpa de las declaraciones de Gündogan contra Araujo y la respuesta del mismo. "Yo tengo códigos", replica Araujo, como diciendo "Y tú no, Ílkay". Están a la gresca, pero la causa última no son unas declaraciones aquí o allá. La causa última es el completo descalzaperros en que está sumida esa institución. Si hubieran pedido perdón por haberse comprado el fútbol durante veinte años mínimo, y si hubiesen purgado su culpa en Segunda División como debería haber pasado, tal vez sentiríamos ahora un apunte de solidaridad con el viejo adversario, y brindaríamos por una pronta vuelta a la grandeza, a la salud de los buenos tiempos.

No siendo el caso, que se fastidien. Y a intentar ahondar en la herida en el mal llamado clásico del domingo.

Pasad un buen día.

Iturralde González

 

El juez Aguilar apagó la pantalla del móvil, puso el modo avión y dejó de mirar por la ventana. Al parecer, el próximo testigo estaba llegando a los juzgados, como pudo imaginar por el remolino de periodistas en torno a la figura de un individuo no muy alto y de complexión delgada que acababa de llegar a los juzgados de Barcelona. El juez guardó una carta que había recibido esa misma mañana en el mismo cajón en el que dejó la que le llegó la semana anterior. El único cajón que cerraba con llave cada vez que salía del despacho. Se puso la toga y bajó las escaleras.

—¡En pie! —se escuchó a Bull—. Preside la sesión el honorable juez Aguilar.

El murmullo del interior de la sala se acalló mientras el juez y sus ayudantes tomaban asiento. En el banquillo de los acusados había dos ausencias, lo cual, a estas alturas del juicio, ya no sorprendía a nadie. Joan y José María, José María y Joan, que monta tanto como de tanto en tanto se lo montan. Mientras el juez ordenaba su documentación y colocaba el famoso kit de “libreta + rotuladores de colorines para no perderse en la trama”, apareció Joan Laporta por la puerta cercana al banquillo de los acusados. Por el carraspeo con el que pronunció entre dientes “Perdón” se pudo intuir que seguía con sus problemas de afonía o garganta. El juez hizo un gesto al abogado de la defensa, Jorge Carlos Scotto, para que comenzara con la vista del día.

—Con la venia, señoría. Señor juez, miembros del jurado, curiosos congregados en este caso —se giró hacia toda la sala—, hasta la fecha la defensa ha traído el testimonio de directivos del mundo del fútbol y del arbitraje, así como unos informes periciales contundentes para desmontar este caso que nunca debió ser considerado tal, y que si sigue en los medios es por el control que sobre los mismos ejerce la parte acusadora. Hoy vamos a traer el testimonio de una persona que es una eminencia en el mundo del arbitraje, alguien que ejerció como árbitro en activo durante todos los años que se juzgan en este caso, mientras el señor Enríquez Negreira era vicepresidente del CTA. Una persona, además, de gran locuacidad, que sienta cátedra cada semana en algunos de los principales medios de comunicación de este país.

A medida que pronunciaba estas palabras, en la sala se escuchaba un murmullo de expectación, “wow”, “wow, wow, wow”, hasta que Scotto anunció el nombre del testigo:

—La defensa llama a declarar a don Eduardo Iturralde González.

En ese instante, en la misma audiencia se oyó un “buah”, “Itu”, “¿Piturralde, cátedra?” y un “pffff” de varias personas que sonó como un globo deshinchándose con lentitud.

Iturralde González

Se abrieron las puertas y entró en la sala un tipo de paso apresurado, que caminaba algo encorvado, vestido con una americana negra bajo la cual llevaba una camiseta igualmente negra con un dibujo de algo que parecía una piña marrón. Llevaba el pelo despeinado, lacio, como si una vaca le hubiera dado un lametón y le hubiera quedado un mechón colgando por la frente. Justo antes de alcanzar el banco, apareció Enríquez Negreira por la misma puerta de los baños por la que había salido Laporta unos minutos antes. Ambos frenaron sus pasos, se miraron con desprecio mutuo y prosiguieron hacia el lugar que cada uno tenía designado. De repente, la sala se llenó de un hedor insoportable y algunos de los acusados, al igual que miembros del jurado, se llevaron la mano a la nariz.

—Yo no soy —dijo Negreira a su hijo por lo bajo, una vez tomó asiento. Y con el mentón señaló hacia el testigo.

El abogado Scotto se acercó al testigo para iniciar el interrogatorio, pero frenó el paso firme que llevaba al percatarse del mal olor. Pegó varios manotazos al aire como para ventilar un poco el ambiente y comenzó:

—Don Eduardo Iturralde González, hijo y nieto de árbitros, profesional en activo en Primera de 1995 a 2012, años todos ellos durante los cuales el señor Enríquez Negreira ya prestaba sus servicios en el Comité Técnico de Árbitros. Una trayectoria intachable —en ese momento se oyó una risa entre el público—, de hecho, el colegiado que más partidos había dirigido en su momento en Primera División. Díganos, señor Iturralde, desde su dilatada experiencia y puesto que aquí se está cuestionando el arbitraje español, ¿qué tiene que decir?

—Pues que me parece una desgracia —respondió el culegiado—, el caso Negreira me parece lo más grave que ha habido en el fútbol español, que alguien haya intentado aprovecharse de su posición, y que luego otros estén queriendo transmitir a la gente que ha habido compra de partidos… me da mucha rabia, sobre todo porque eso no lo van a poder demostrar nunca.

—Aprecio su contundencia —afirmó Scotto—. ¿Todos ellos, no hay duda sobre ninguno, como intenta demostrar la acusación particular?

—Todos ellos —contestó Iturralde, en cuya frente brillante por el sudor se pegaba media docena de pelos—. Porque ningún compañero mío se ha vendido jamás. Pongo la mano en el fuego por todos ellos.

Iturralde González

—Entonces, ¿qué sentido tienen los pagos que realizaba el Fútbol Club Barcelona, no cree que eran para influir en los árbitros?

—¡Nooooo, en absoluto! —respondió Iturralde con vehemencia—. Todos o la mayoría de  árbitros que han declarado a la Guardia Civil han dicho que Enríquez Negreira no influyó en ningún resultado. Lo único que tenemos constatado es que para la Agencia Tributaria había unas facturas mal hechas.

Al fiscal Estuardo se le escapó una carcajada. Se disculpó con la mano ante el juez, quien, en la mesa principal de la sala, debió de percibir el hedor que invadía el ambiente. Con un gesto indicó al alguacil que abriera las ventanas, para lo cual este tuvo que apartar “el florero de López Nieto”. Las abrió y entró una corriente que disipó ligeramente el olor, aunque la ubicación de la ventana hizo que el aire infectado volara directamente a la pituitaria del juez, que no pudo disimular un gesto de desagrado.

—Así que usted no ve nada más que un tema de unas facturas que habrá que aclarar, no un delito de corrupción deportiva —continuó Scotto, quien se había apartado varios metros del testigo.

—Eso es, eso es, y eso no lo tendrá que aclarar ningún árbitro, sino quien haya podido lucrarse con esta situación —a cada frase, Iturralde aceleraba sus palabras—. Ahí hay unas facturas que habrá que aclarar, pero si… ¿cómo se dice… esa palabra inglesa?, ¿la “complayans”?, si la “complayans” dijo en su día que todo era correcto, pues no hay caso. Porque lo que sí puedo decirle con rotundidad es que Enríquez Negreira no tenía poder, ni ascendencia ninguna sobre los árbitros, ¡nin—gu—na!. Y si yo quiero comprar a un juez, por ejemplo, en este juicio —miró hacia la mesa del juez Aguilar, que se quitó las gafas, enarcó las cejas y lo miró como diciendo “a mí no meta usted en sus fregaos”—, no compro al jefe del juez, compro al que me va a juzgar, pago directamente al juez.

Iturralde se giró hacia el juez Aguilar, en cuyo rostro se apreciaba que no le hacía ni pizca de gracia la hipótesis planteada de manera tan poco inteligente por el testigo. A medida que “Itu” se aceleraba, las glándulas sudoríparas de su cabeza se activaban, lo que provocaba una imagen desastrada y algo penosa. El exárbitro se sacó un clínex del bolsillo de la americana y se quitó levemente el sudor.

—A lo que voy —continuó un Iturralde cada vez más nervioso—, si yo pago para influir, compro al árbitro, no a un señor que no pintaba nada. Como conocedor del gremio, que es para lo que se me ha citado, y como conocedor del arbitraje y de cómo funciona, creo que ese dinero que cobró Negreira, una parte era para él y otra volvía a ciertas personas.

Se hizo un silencio en la sala que Scotto no quiso interrumpir. Iturralde pidió un vaso de agua. Mientras se lo servían y se refrescaba con el agua, el público pudo escuchar a través de las ventanas que una feria ambulante pasaba por las calles aledañas a los juzgados. “¡Y otro perrito piloto!”. Nadie pudo intuirlo en ese momento, pero el editor de La Galerna utilizaría ese momento tan surrealista para escribir uno de sus artículos sobre esta farsa.

Scotto volvió al interrogatorio:

—Habrá quien diga que resulta extraño que un vicepresidente de los árbitros no tuviera ninguna influencia sobre ellos.

—A ver, desde el momento que trabaja codo con codo con el presidente del CTA está claro que tenía influencia, pero sería más en árbitros de categoría inferiores y no tanto en Primera División. Pero si me pregunta por influencia, le voy a decir quién sí tenía mucha influencia y no necesitaba pagar por ella. Porque hay una cosa que no se “m’a olvidao” nunca y que a mí me dijeron cuando entré en el arbitraje y es que no te haces árbitro hasta que chocas con el autobús blanco. Hasta cuando aciertas contra el Madrid, como se ha demostrado muchas veces, fíjate la que se monta. La repercusión que tiene el Real Madrid, te guste o no, es así, es el equipo con más repercusión, a diferencia del segundo.

Iturralde González

—Dada su experiencia en cuestiones arbitrales, usted ejerce ahora de comentarista en el Diario As, un medio considerado claramente madridista, y en la Cadena Ser, un medio que no es sospechoso, y digo que no es sospechoso, puesto que fue uno de sus programas el que destapó el caso de las facturas irregulares entre el Barcelona y Dasnil, ¿ha sentido alguna vez esa presión, como árbitro o como comentarista arbitral?

—Totalmente, totalmente —el sudor sobre la frente caía de manera incontrolable y empezó con un temblor en las piernas—. Totalmente. Yo mismo sentí la presión directamente de Florentino Pérez al acabar un partido en que pité al Real Madrid. Acaba el partido, 6—1 al Deportivo, salimos del campo, los asistentes salen conmigo y trata de encerrarme en un cuarto. Le pregunto si me está haciendo una broma y le digo que se ha acabado la conversación. A la media hora ya lo sabía el Comité Técnico de Árbitros. Lo puse en conocimiento, me parecía muy grave, pero ahí quedó. Para que vean lo que es presionar. No me voy a esconder. No hay ningún árbitro corrupto, porque nosotros estamos por encima.

Iturralde se sirvió otro vaso de agua. El temblor de las piernas se le había pasado a las manos.

—¿Puedo ir al baño un momento? —solicitó.

El juez resopló y denegó con la cabeza.

—Esto no nos llevará mucho más tiempo, aguarde.

El abogado de la defensa retomó las preguntas para acelerar la marcha de un sujeto del que comenzaba a arrepentirse por haberlo propuesto para la comparecencia.

—Hablemos de otro de los acusados, el señor Javier Enríquez Romero, aquí presente. ¿Usted cree que se le pudo pagar por realizar informes sobre los árbitros o por condicionarlos de alguna manera con dichas valoraciones?

—Que haga informes cuando no ha sido ni árbitro… que sea capaz de hacer informes arbitrales, fíjese qué valor tienen unos informes que hace una persona que de arbitraje no tiene ni idea. Es como si me pongo yo a informar de tenis. Puedo ver muchos partidos en la tele, pero a la hora de la verdad no tengo idea de nada. ¿Qué sabe el hijo de Negreira de árbitros? Apareció en mi época, me “le” presentaron como coach, que para mí es un intrusista de la psicología. Nos dio charlas y luego, el que quería podía continuar con él de forma privada. Sé que algunos lo hicieron, pero lo mejor es que citen a declarar a los árbitros, porque ahí se podrá ver que nosotros somos los más interesados en que esto se esclarezca, en que toda la gente sepa que algunos somos malos, malísimos o incluso alguno bueno, pero que todos somos honestos.

—¿Descarta usted entonces que los pagos fueran por dichos informes arbitrales?

Yo creo que los pagos a Negreira han sido utilizados para enriquecer a directivos del Barcelona —mientras pronunciaba estas palabras, se giró hacia el banquillo de los acusados—. En este sentido, creo que algún directivo del club se ha enriquecido a través de facturas fundamentadas en informes arbitrales que no tienen apenas valor.

—Es lo que intentamos aclarar en estas sesiones. Muchas gracias, señor Iturralde. No haré más preguntas, señoría.

El fiscal Jaime Estuardo se levantó de la silla, se abotonó la americana, se ajustó el nudo de la corbata con la elegancia de la que solía hacer gala y se dirigió con paso firme hacia el banquillo del testi… no pudo acercarse más. La nube tóxica llegaba hasta unos tres metros del micrófono con el que se grababan todas las comparecencias de testigos. Supo disimular su gesto de incomodidad y comenzó:

—Señor Iturralde González, árbitro de Primera División durante diecisiete temporadas. Diecisiete, diecisiete… el caso es que ese número me recuerda a algo, ¿sabe usted? Diecisiete temporadas estuvo pagando el Fútbol Club Barcelona al vicepresidente de los árbitros y, según gente como usted, a cambio de nada, de ningún beneficio en los terrenos de juego.

—Usted pensará lo que quiera, pero no se puede poner en duda la honorabilidad de los árbitros, eso no se lo consiento a nadie —el sudor volvía a caerle de manera copiosa por la frente y las sienes.

—Bueno, lo consentirá o no lo consentirá, pero lo dice el juez instructor… —Estuardo abrió un legajo, buscó un papel y leyó—. Aquí está: “Los pagos realizados por el Barcelona satisfacían los intereses del club en atención a su duración y al incremento anual. De aquí se deduce también que los pagos produjeron los efectos arbitrales deseados por el Barcelona, de tal manera…”.

—¡Protesto! —dijo el propio Iturralde—. No le consiento que diga tal cosa de…

El juez lo miró perplejo. Para salir del paso, fue Scotto el que se puso en pie y exclamó un fuerte “¡protesto!”, logrando salvar de ese modo el ridículo del excolegiado.

—No se admite. Letrado, el fiscal solo está leyendo un párrafo del auto de instrucción, no hay nada sobre lo que protestar —aseveró Aguilar con cierta condescendencia. A continuación, se dirigió a Iturralde González—. En cuanto a usted, limítese a responder a lo que le pregunten, no está en su derecho de protestar. Continúe, por favor.

Tras acallarse ciertas risas entre el público, Estuardo prosiguió con la lectura del párrafo:

—… de tal manera, decía, “que debió existir una desigualdad en el trato con otros equipos y la consiguiente corrupción sistémica en el conjunto del arbitraje español”. ¿Qué tiene que decir a esto, señor Iturralde?

Que ese juez está insinuando que el Barcelona compró árbitros y no lo puede demostrar. Igual nos tenemos que juntar los árbitros y querellarnos con el juez.

Estuardo lo miró perplejo. Aplaudió con evidente sarcasmo, apenas tres palmadas porque fue rápidamente reprobado por el juez:

—Letrado, evite aquí esos espectáculos que no contribuyen al buen desarrollo de la vista. Si tiene algo más que añadir, continúe, por favor. En caso contrario, le ruego que dé por finalizado el interrogatorio.

—Disculpe, continuaré, cómo no —aseguró Estuardo—. Así que nadie les presionaba, ha dicho, y que, como mucho, se sintió influido por… ¿cómo ha dicho?... chocar con el autobús blanco. Señor Iturralde, ¿usted sabe con qué arbitro ha perdido más veces el Real Madrid en su campo en toda su historia?

—Sí, je, je, je —se le escapó una risa nerviosa—, conmigo.

—Así es. ¿Y sabe usted, por un casual, quién es el segundo?

—Jo, jo, jo —aquí la risa pasó de nerviosa a siniestra—, sí, fue con mi abuelo.

—Exactamente —asintió Iturralde—. Luego no parece que a los Iturralde les afectara mucho haber chocado con el autobús blanco. Diecisiete años en Primera y el ascenso a la internacionalidad, aunque luego apenas le dieran partidos.

—Llegué a pitar partidos de Champions —contestó Iturralde, cuyo temblor de piernas se trasladaba al resto del cuerpo, lo que provocaba una cierta incomodidad para cualquiera que estuviera viéndolo en ese momento.

—Apenas ocho. Y nunca fue designado para partidos de Mundiales ni Eurocopas. Su nivel era apreciado aquí por el sistema de los señores Sánchez Arminio y Enríquez Negreira, pero no por la UEFA, ni la FIFA.

—¡Estuve siempre entre los árbitros mejor considerados por el sistema!

—Lo sabemos, señor Iturralde, lo sabemos, no se ponga nervioso. Precisamente aquí estamos enjuiciando ese sistema, por lo anormal de su funcionamiento, por premiar a árbitros como usted, que perjudicaban a unos clubes y favorecían a otros, como puede extraerse de las estadísticas de su carrera. Usted tiene otro récord con el Real Madrid y es que nadie ha expulsado tantas veces a su capitán como usted, ¡luego no nos venga con que pitar mal al Real Madrid podía perjudicar a su carrera! Que el máximo rival del equipo que pagaba a Enríquez Negreira perdía con usted el 25 por ciento de sus partidos, que era uno de los peores de toda la competición para ellos.

Iturralde volvió a secarse el sudor con el clínex que sacó del bolsillo, pero lo tenía tan húmedo que se le quedaron pegados varios trozos de papel en la sien izquierda y cerca de la mejilla. Su aspecto era tan deplorable como el hedor que se respiraba en la sala.

—Usted —prosiguió Estuardo— fue designado tres veces para pitar el partido por excelencia de la Liga española y en las tres ocasiones ganó el equipo que pagaba a Negreira. Once goles a favor y ninguno en contra.

—Aquel era un gran equipo —contestó entre temblores—, tenía a muchos de los mejores jugadores del mundo, algo bien harían.

—Claro, era un equipazo, eso no se ha discutido nunca en este juicio. Lo que se discute es que se premiara a los árbitros que no eran neutrales, que se recompensara a los afines al sistema de Negreira, es decir, a los que favorecían al Barcelona o perjudicaban al Real Madrid. Entenderá que se dude de su imparcialidad cuando usted se da abrazos con algunos periodistas para celebrar el 2—6 del Barcelona en el Bernabéu.

—Yo solo puedo decirle que el noventa por ciento de los árbitros son madridistas.

—¡Y dale! Me está usted recordando al presidente de LaLiga, ¿lo sabía? Le cuestionan por la posible corrupción del Fútbol Club Barcelona y usted contesta: “es que el Madrid…”.

— Pues tan a disgusto con el sistema no estaría el Madrid cuando es el único equipo con un “hijo” de Negreira como delegado.

—Qué barbaridad acaba de decir—le recriminó Estuardo—. Supongo que está comparando tener a un excolegiado en nómina como Megía Dávila en funciones de delegado arbitral, con un sueldo en torno a treinta o cuarenta mil euros y todo debidamente acreditado, con pagar varios millones de euros durante diecisiete años al vicepresidente en activo de los árbitros a través de una serie de sociedades interpuestas. Igualito.

Ellos, que siempre dicen que hay que acabar con todos los “hijos” de Enríquez, tanto que se quejan, pues su delegado fue árbitro —respondió. Y con el final de la frase, la gota de sudor que colgaba de la punta de su nariz se desprendió con la misma gracia que Falete en aquel concurso de saltos de trampolín.

—No deja de sorprenderme usted —continuó Estuardo tras una breve pausa—. Mire, el “sistema”, el “Tinglao”, como lo definen algunos en redes sociales. Voy a leerle otro párrafo y usted me dice qué opina… —buscó entre sus papeles y leyó—: “Creo que está de más que los árbitros voten al presidente de la Federación”, porque, “es necesario que el arbitraje sea independiente, difícil que se garantice esa absoluta independencia cuando suman los votos. Luego le pedimos peras al olmo y que no se ponga en duda nuestra profesionalidad y honestidad”, “cuando algunos candidatos tienen, de alguna forma, el control de los votos de los árbitros”. “Es lo que se entiende como un sistema clientelar, un círculo de favores donde me tienes que dar para que yo te dé, luego de tu interés depende facilitar mi poder”.

—Pues… qué tengo que decir, que me resulta familiar —contestó el excolegiado vasco.

—¿Y no le parece que en cierto modo define lo que es el Negreirato? Controlar a los árbitros es un círculo de favores en el que todos se benefician, mire, le leo otro párrafo, “y digo clientelar, porque aquí no fluyen los sobres con papeles, porque de lo contrario, tendríamos que hablar directamente de jerarquía mafiosa”.

El testigo se quedó en silencio, parecía como si ya recordara. Se volvió a secar el sudor y trató de controlar su temblor corporal.

Lo escribió usted, señor Iturralde González. En el diario As, en 2017. Sin quererlo y hablando de otro asunto, estaba definiendo el funcionamiento del CTA y de la Federación Española de Fútbol.

Iturralde González

—Abogaba por la independencia del colectivo arbitral —se defendió.

—Sí, pero estaba dando a entender que podían ser manipulables y que los favores se pagan, no necesariamente con dinero, sino con otro tipo de recompensas. Y llama aún más la atención que, sabiendo todo lo dicho, hiciera campaña en su día por el candidato de Joan Gaspart y Enríquez Negreira a la presidencia de la Federación, el señor Ángel María Villar.

Tras un prolongado silencio, incómodo por la gestualidad del interpelado, este solo supo responder:

—Pues sepa usted que Villar era madridista.

¡Booooom! No se oyó, pero se sintió en la sala. El fiscal Jaime Estuardo se había encontrado con tipos de todo tipo a lo largo de su carrera: narcotraficantes, asesinos, delincuentes de navaja, pero también de cuello blanco, evasores del fisco... Pero en esos momentos estaba convencido de que pocas veces había encontrado un testigo que no respondiera a una sola de sus preguntas, sino que contestara a todas movido por su resentimiento hacia otra entidad o persona. En casos así, solo cabía dejarlo por imposible.

—Señor juez, miembros del jurado, dejo al testigo por imposible. Solo quiero que conste en acta una última prueba que pretendo dejar aquí, una ínfima muestra de lo que se premiaba en el Comité Técnico de Árbitros de los señores Arminio y Negreira, regado con millones por el Fútbol Club Barcelona. Señor Iturralde, ¿qué opina de esta jugada?

No es ni falta. Es una jugada donde Araújo le pone la mano por encima del hombro al delantero en la disputa del balón y este se deja caer.

—Muy bien. ¿Y esta otra?

Es roja, no hay duda. Es clarísima. No hay ni que verlo. Militao no quiere hacer falta, pero se la saca el jugador del Levante.

—“No hay ni que verlo”, usted lo ha dicho. Viste de blanco y los otros de azulgrana, y con eso era suficiente. Y así es como se asciende en el escalafón. No haré más preguntas, señoría.

Estuardo se volvió hacia su banco y buscó un pequeño envase de colonia que llevaba siempre en su maletín. Se echó un poco por el cuello y las muñecas. La abogada Luisa Ramírez se levantó y se acercó al testigo. Tampoco mucho.

—Eduardo Iturralde González. Ha dicho usted que apenas conocía los servicios que prestaban tanto el señor Enríquez Negreira como su hijo.

—Sí, apenas nada, la charla que les he contado y poco más.

—¿No comió usted en el restaurante propiedad de la pareja del señor Enríquez Negreira en alguna ocasión?

—Pues… no lo recuerdo. Hace ya tiempo, sabe, y con el tiempo, esas cosas no se recuerdan con claridad.

—En declaraciones ante la Guardia Civil, uno de sus asistentes en 2010, Jon Núñez, afirmó que el señor Enríquez Negreira les invitó a comer y a cenar el mismo día de un Barcelona—Real Madrid.

—No lo recuerdo —balbuceó Iturralde.

—¿Tampoco recuerda que el hijo de Enríquez Negreira los llevara al Camp Nou ese día o algún otro?

—Pues… no, la memoria a veces juega malas pasadas —se excusó—. Pero no recuerdo al hijo de nada, de ningún servicio de coach, ni de traslados.

—Ya. Pues su asistente cifra en al menos cinco veces las que el hijo le llevó al estadio junto con su equipo de ayudantes —no hubo respuesta, así que la abogada continuó—. La memoria, claro, a veces le falla. A ver si no le falla en esta ocasión. Dice usted que Florentino Pérez le arrinconó y trató de meterlo en una sala del Santiago Bernabéu para presionarlo.

—Sí, así fue, eso lo recuerdo perfectamente.

—Florentino, con su 1,65 y una edad avanzada, empujándolo como un matón a usted, que, como árbitro, estaba en plena forma ¿y mide? ¿1,75?

—Un poco más, 1,77.

—Me cuesta hacerme a la idea. Y primero dice que le metió en una sala, pero luego que no le dejó entrar en el cuarto de los árbitros…

—¿Acaso esto es un juicio en el que se me cuestiona?

—¡Por supuesto que es un juicio en el que se cuestionan todos los testimonios de los testigos! ¿No se había dado cuenta aún? Tratamos de encontrar pruebas, certezas, y con testigos como usted es imposible. Mire, esto es una prueba, ¿sabe lo que es?

Es el acta del partido al que hacía usted referencia, el mismo en el que, supuestamente y siempre según sus palabras, Florentino Lucabrasi Pérez lo arrinconó a empujones y le pidió… no nos ha dicho lo que supuestamente le pidió. ¿Nos lo puede aclarar?

—Me dijo: “Solo os pido que me pitéis igual que al Barça”.

—Eso es, al menos en su imaginario, porque al Barça le pitaba de una manera y al Madrid, de otra. Y dice que lo comunicó al CTA, lo único es que aquí, en el acta, junto a su firma, aparece escrito “sin incidencias” de ningún tipo. Señor Iturralde González, usted no pasaría la máquina de la verdad. Bueno, no hace falta decirlo porque ya se sometió al polígrafo en un programa de televisión y fracasó de manera estrepitosa.

La abogada se acercó a la mesa del juez, depositó el acta como prueba número 324/06 y continuó:

—Señores y señoras, miembros del jurado. Les ruego tomen en su justa medida las palabras de este testigo, cuya fiabilidad ha resultado ser más bien escasa. Del testigo sí sabemos al menos una cosa: que la Guardia Civil no lo está investigando por un aumento excesivo de patrimonio, al contrario que ocurre con otros árbitros investigados a raíz de esta causa. La única propiedad que tiene a su nombre fue embargada hace un año por la Agencia Tributaria. Es difícil dilapidar ese salario de árbitro internacional percibido durante tantos años, pero algo así le ha ocurrido a numerosos exdeportistas por una mala cabeza. No haré más preguntas, señoría.

Iturralde González no esperó ni a que le dieran permiso y salió corriendo hacia el baño. El juez apuntó unas últimas notas en su libreta, tomó el mazo y, dando tres golpes, concluyó:

—Se cierra la sesión. Y por favor, ventilen la sala.

 

Próximo viernes: Árbitros en activo 

 

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Pep Guardiola ha contribuido a engrandecer la historia del Real Madrid. El entrenador catalán es el oponente equipado con armas de ciencia ficción de la última pantalla de un videojuego. Derrotar a un rival robótico aumenta la epopeya blanca, que ha encontrado en esta era dorada un reto dispuesto a renovarse cada temporada, como los Lakers de Magic contra los Celtics de Bird, al igual que Nadal, Federer y Djokovic esperaban al siguiente Grand Slam. En el Etihad, el Real Madrid se refugió contra las cuerdas como Muhammad Ali en Zaire, con De Bruyne lanzando misiles con la pegada de George Foreman.

La prensa hace tiempo que se disgregó de la opinión popular, que expresó su sorpresa por el rendimiento físico del City. Los periodistas que pusieron en el ojo del huracán a los de Ancelotti al justificar su superioridad en la liga española por el «método Pintus», guardan un inquietante silencio. Las camisetas celestes no acusaron su asedio de la misma forma que «los atletas» del Real Madrid, que evidenciaron el desgaste con imágenes como la del infatigable Daniel Carvajal tendido sobre el césped —mejor que el del Bernabéu— en el que ningún rival se había impuesto en competición europea desde 2018.

Carvajal

Las estadísticas del Manchester City en la vuelta de los cuartos de final de la Champions League ratifican el desempeño físico excepcional de los locales, como comprobaron los jugadores del Real Madrid en cada duelo individual. Esta superioridad aumentó con el avance del partido, un hecho que rompe axiomas futbolísticos. Los citizens corrieron seis kilómetros más que los blancos, pero fueron incapaces de traducir sus 34 disparos en más de un gol. «Tienen muchas piernas, son futbolistas, pero, básicamente, atletas», dijo Guardiola en 2014 tras caer ante un Madrid que buscaba la ansiada Décima. Para evaluar las métricas, cabe reseñar que el City no planteó un partido de largas cabalgadas, acumulando un 64% de posesión que se concentró en el campo del Real Madrid.

Los periodistas que pusieron en el ojo del huracán a los de Ancelotti al justificar su superioridad en la liga española por el «método Pintus», guardan un inquietante silencio sobre el rendimiento físico del City

En La Galerna hemos realizado un análisis pormenorizado de los datos facilitados por la UEFA, que refleja una mayor ventaja en la faceta física del cuadro inglés. Seis jugadores de cada equipo completaron los 131 minutos del partido, que registró 11 de añadido (incluida la prórroga), por los 8 adicionales que se disputaron en el Bernabéu. Recién salido de una lesión, Kyle Walker sumó 12,7 km, solo 900 metros menos que un Ferland Mendy que trabajó a destajo para cerrar su banda izquierda. Los centrales del City se transformaron en centrocampistas, e incluso en delanteros en alguna fase en el caso de Akanji. Rúben Dias acumuló 15,3 km, casi tres kilómetros más que su homólogo, Nacho Fernández. Los guarismos de los mediocentros que jugaron todo el partido son aún más desiguales: Rodri, Foden y Bernardo Silva rozaron los 16 km, mientras que el MVP, Fede Valverde, se quedó en 14 km, medio kilómetro menos que un Jude Bellingham que se desfondó en los primeros metros de la presión del Real Madrid.

Datos

Para evitar que los diferentes momentos físicos que se atraviesan a lo largo de una temporada desdibujen este análisis, procede comparar las cifras de los 98 minutos jugados ocho días antes entre los mismos equipos. En la ida, Bellingham y Camavinga estuvieron más cerca de la distancia recorrida por los centrocampistas del City. La diferencia estadística se encuentra en la superioridad de la prórroga, en la que los de Guardiola fueron capaces de mantener un mejor rendimiento, sin importar el cansancio acumulado. En las gradas del Bernabéu se comentó durante la ida el ejército de ayudantes que acompañaba a Guardiola para el duelo entre los dos conjuntos más en forma del Viejo Continente. Esta apreciación tampoco se trasladó a la prensa, que sí ha tenido tiempo para analizar la magnífica labor de Luis Llopis, o la influencia de un alumno de Pep, Mikel Arteta, en el planteamiento de los Ancelotti.

Los aficionados del resto de equipos de la Premier también resaltaron la superioridad física del Manchester City, mostrando su rechazo a un club que opera con carta blanca en el fútbol inglés

Si los méritos de La Decimocuarta fueron para Antonio Pintus, es de justicia resaltar la labor de tres figuras claves en el staff celeste. El sevillano Lorenzo Buenaventura es el preparador físico de confianza de Guardiola desde su etapa en el Fútbol Club Barcelona, tras trabajar para la Selección Argentina o el Cádiz. Buenaventura también preparó a Cristiano Ronaldo cuando jugaba a las órdenes de Alex Ferguson. Uno de los mejores fichajes de Guardiola es un completo desconocido para los aficionados, pero Francesc Cos ya demostró su valía durante los doce años que permaneció en el Barça. Especialista en readaptación, Cos conforma un eficiente tándem con Buenaventura. El City también puso especial empeño en la contratación de Edu Mauri, tras la mala experiencia de Guardiola en Munich con el veterano galeno Hans Müller-Wohlfahrt.

Los aficionados del resto de equipos de la Premier también resaltaron la superioridad física del Manchester City, mostrando su rechazo a un club que opera con carta blanca en el fútbol inglés. El Everton ha sido sancionado en dos ocasiones por quebrantar las normas financieras, pero el City permanece sin castigo por las 115 infracciones de las que está acusado. La UEFA también mira para otro lado, con una tasa de sanciones en materia económica tan baja como en el apartado de dopaje. Aleksander Ceferin, el otrora jefe de Luis Rubiales, presume de haber limpiado el fútbol europeo, pero la implantación del pasaporte biológico no ha aumentado el número de positivos como en otros deportes.

El juego del Barça de Guardiola fue calificado como imbatible por algunos periodistas que siguen adulando al entrenador catalán tres lustros después. La preparación física del City también debe servir como modelo para que el resto de equipo recorten distancias

El ciclismo levantó pasiones durante los años noventa. Los récords de las cimas más míticas fueron batidos en varios minutos, y algunos de ellos todavía permanecen vigentes, sin importar los avances en tecnología o alimentación. Las cunetas aplaudían con idolatría a los Ullrich, Virenque, Armstrong o el fallecido Pantani, desde una ingenuidad que finalizó al desvelarse las prácticas dopantes que se extendieron en el pelotón. Un danés con apariencia de guardaespaldas amargó el mes de julio de 1996 a los españoles que esperaban que Miguel Indurain se alzase con su sexto Tour consecutivo. Bjarne Riis era la imagen del pánico enfundada en un maillot amarillo durante el ascenso a Hautacam. El del Telekom puso la directa a la victoria sin el más mínimo gesto de esfuerzo, con Indurain jadeando bajo la gorra de Banesto para desesperación de Pedro González. L´Equipe se rindió al hombre que había acabado con la hegemonía del navarro, sin cuestionarse cómo había pasado de llegar a París en 107ª posición a lo más alto del podio en cinco años. «El Águila de Herning» mutó en «Mr. 60%» posteriormente, con la confesión del propio Riis, que registró un hematocrito de 56,3% durante julio de 1996.

Bjarne Riis e Indurain

El estallido del «caso Negreira» ha dado motivos para que el madridismo sea suspicaz. El recordado como «Pep Team» coincidió con los pagos del club que entrenaba Guardiola al número dos del Comité Técnico Arbitral. Una década después de la entrevista de Oprah Winfrey a Lance Armstrong, los Pogacar, Vingegaard o Van der Poel se baten en las carreteras, pero las audiencias del ciclismo no han conseguido despegar. El pelotón actual paga las consecuencias del dopaje de generaciones que competían cuando ellos todavía no habían nacido, y la sombra de la suspicacia persigue a las estrellas del pedal. El juego del Barça de Guardiola fue calificado como imbatible por algunos periodistas que siguen adulando al entrenador catalán tres lustros después. La preparación física del City también debe servir como modelo para que el resto de equipo recorten distancias. Solo la mística europea del Real Madrid pudo tumbar a un Guardiola que combina su trabajo táctico con desembolsos millonarios. Los De Bruyne, Grealish y cía tienen la calidad necesaria para ganar más de una orejona en buena lid, pero lo ocurrido fuera del césped pone en duda el desempeño de clubs que han operado con carta blanca durante años.

 

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En la actualidad, están de moda las series y películas en las que no hay malos ni buenos, sino personajes grises. Sin embargo, la obra cumbre de Tolkien, El señor de los anillos, se caracteriza principalmente por plasmar tan nítidamente esa lucha entre el bien y el mal que con tanta claridad se ha visto reflejada en esta eliminatoria de cuartos de final entre el Manchester City y el Real Madrid. Ayer vi muchos comentarios del tipo “ha ganado el fútbol” refiriéndose no al estilo de juego de cada equipo, sino a la honestidad con la que cada club ha conseguido alcanzar su actual estatus en el panorama europeo.

Me veo moralmente incapaz de quitarles una coma, pues la batalla de estos cuartos de final ha sido la guerra bien-mal o luz-oscuridad que moldeó con éxito el padre de la fantasía literaria en su obra magna. El Real Madrid —reflejando todos los valores morales que deberían imperar en el deporte: pureza, honestidad, respeto, deportividad, garra y lucha hasta el final— enfrentándose a un equipo creado por un “Señor oscuro” de inagotables recursos comandado por un falso mago blanco y al que un extraño artilugio, como es el anillo único, dota de un poder que parece  transformar a sus jugadores en incansables uruk-hai. Después de la prórroga de ayer, muchos de los jugadores del City parecían aún capaces de realizar la travesía de tres días seguidos sin descanso que completaron los uruk-hai cargando a dos hobbits a sus espaldas.

Uruk-hai

Para enfrentarnos a tan temible enemigo en esta sombría hora, Florentino ha ido convocando poco a poco a sus filas a jugadores de diferentes nacionalidades y razas de manera semejante a como fue confeccionada la compañía del anillo que diseñó Tolkien, que contaba con hobbits, hombres, un mago, un elfo y un enano.

La batalla de ida, en el Santiago Bernabéu, se asemejó a la de Las dos torres en el Abismo de Helm, donde tras un gran comienzo de los blancos en el que consiguen obtener una ventaja en el marcador, el City comenzó a bombardear a los nuestros, encerrándolos en la gran muralla blanca diseñada por Carletto y los suyos, a los que digo yo que deberemos algún día dar algo de mérito por haber sido capaces de crear un entramado defensivo capaz de detener al mayor arsenal ofensivo de Europa y hacer inoperantes a jugadores tan absolutamente brillantes como Haaland, Foden, De Bruyne o Bernardo Silva.

La batalla de estos cuartos de final ha sido la guerra bien-mal o luz-oscuridad que moldeó con éxito Tolkien, el padre de la fantasía literaria en su obra magna

Cuando parecíamos destinados a ir al Etihad con resultado en contra, apareció la gran carga rohirrim, comandada por Vinícius y culminada por un Fede Valverde, quien demostró que él nunca llega tarde ni pronto, sino exactamente cuando se lo propone, y que más que un gol nos dio una bocanada de vida en esta eliminatoria.

La batalla del Etihad, en cambio, fue más propia de las vistas en El retorno del rey, donde el enemigo contaba con un batallón que incluía criaturas fantásticas, como olifantes o serpientes aladas, que componían el mayor torrente invasor que jamás ha resistido ningún ejército. El Madrid lo hizo. Resistió porque es su sino. Porque es lo que mejor sabe hacer en esta competición. Resistió porque era lo único que podía hacer.

Carletto y los suyos trazaron una red de telaraña similar a la que tejía en su cueva Ella-Laraña en la entrada de Cirith Ungol para desactivar el ataque citizen, que sólo pudo encontrar un resquicio en un fallido despeje de un Rüdiger que se tornaría héroe a posteriori. Mucho antes de eso, el Madrid se había adelantado gracias a un despeje intencionado y envenenado de Carvajal que Bellingham bajó de los cielos con un malabarismo más propio de Legolas contra el olifante para ceder a Vinícius, quien realizó un gran quiebro previo a una asistencia que Rodrygo tuvo que rematar dos veces para anotar el gol que daba ventaja a los nuestros.

A partir de ahí, el club blanco se dedicó a defender como si en ello se le fuera la vida, pues así era. Los nuestros fueron auténticos héroes que se vaciaron desde el primer minuto al último. Presentaron batalla resistiendo los embates de un enemigo superior en número (o así lo parecía) y en fuerzas, vislumbrando en todo momento un faro que más que de luz era de esperanza y que ningún otro equipo habría visto en nuestra posición.

Como Aragorn y los suyos, se presentaron ante las puertas del enemigo no con la intención de ganar sino de dar una oportunidad de destruir el anillo en el Monte del Destino que había ayer en el Etihad: la tanda de penaltis.

Como Aragorn y los suyos, se presentaron ante las puertas del enemigo no con la intención de ganar sino de dar una oportunidad de destruir el anillo en el Monte del Destino que había ayer en el Etihad: la tanda de penaltis

Allí resurgió el Madrid a partir del heroísmo de Tolkien. Y es que, aunque el británico era capaz de crear héroes tan destacados como Gandalf el blanco —no podía ser de otro color— o Aragorn —quién, por cierto, fue interpretado por un gran madridista como Viggo Mortensen, que se atrevió a vacilar al culé Buenafuente de esta manera—, lo mejor que supo hacer fue sacarse de la chistera verdaderos héroes inesperados que tuvieron momentos estelares como Eowyn o Sam. A lo largo de la temporada, y especialmente anoche, encontramos varios de estos en nuestra plantilla. Los más destacados para casi todo el mundo fueron Rüdiger y Lunin, pero no fueron los únicos.

El primero hizo una eliminatoria antológica y metió el penalti decisivo en la tanda, pero es que, además, Antonio lleva una temporada tan descomunal que basta para acreditarle como mejor central del mundo en la actualidad. Cuesta creer que comenzara la campaña siendo suplente y que unos meses después se encuentre jugando con la jerarquía propia de quién lleva diez años comandando la defensa blanca.

Penalti de Rüdiger al City

El otro gran héroe de la noche fue un Andriy Lunin, que se erigió como un muro infranqueable y hombre de hielo al quedarse en el centro en el penalti que cambió el rumbo de la tanda. Segundos después, adivinó las intenciones de nuestro querido Mateo para darle al Madrid la oportunidad de ponerse por delante en el marcador.

Menciones aparte para Nacho y Lucas, jugadores habitualmente discutidos, que mostraron un arrojo sobrenatural para imponerse a la presión de semejante tanda de penaltis y anotar sus respectivos tantos con una tranquilidad pasmosa. No merecen menos vítores que el resto.

Hace más de una década perdimos una tanda en la que tiraron por nosotros los mejores tiradores del planeta. Anoche vencimos tirando el 60% de la tanda con defensores. Algunos dirán que es circunstancial y otros que fue pura suerte. Yo digo que no lo entienden. No lo entiende Rodri, que afirma que esta suerte nos acompaña como si de nuestra sombra se tratase. Tampoco Rúben Dias, que mostró su frustración ante el hecho de que el Madrid buscara los penaltis. Tampoco Guardiola entiende que no ganaran en el tiempo reglamentario. Imagino que pensará lo mismo de nuestro enfrentamiento de 2022. No lo entenderá nunca. No lo hará porque es un tipo brillante que ha automatizado el fútbol lo suficiente como para pensar que ha dado con la fórmula que le da el número suficiente de ocasiones para ganar los partidos. Y generalmente ganará. Pero Guardiola, con todo el respeto que merece, aburre. No lo digo despectivamente, sinceramente me aburre.

Guardiola

Me aburre porque entiende el fútbol como estos jugadores de ajedrez que se limitan a repetir las mil jugadas que se han estudiado y memorizado hasta la saciedad y “sólo” saben aplicarlas en el momento adecuado. Muy meritorio, vistoso y académico, pero le falta lo que le sobra al Madrid. Un alma infinita que lleva a los jugadores a llegar hasta donde las leyes de la lógica les dicen que es imposible. Un corazón imbatible que les dice a los nuestros que hay que remar aunque no se vea luz al final del oleaje. Una voz interna que les exhorta a seguir atacando aunque estén en el minuto 89 y lleven dos goles de desventaja, que les impide dejar de defender pese al nivel de extenuación o a que en el campo haya un equipo plagado de suplentes, que le susurra al oído a Lunin que se quede inmóvil ante el penalti del lanzador más técnico del equipo rival.

Guardiola tiene un plantel de jugadores formidables a los que apenas permite improvisar y sacar a relucir así su magnífica calidad. En el fútbol de Guardiola, el maravilloso control de Jude en el gol blanco no tiene cabida porque el City nunca daría un pase tan bombeado, ni tampoco las carreras y desbordes imprevisibles de Vini, porque se limitaría a crearle un simple contexto favorable para aprovechar sus cualidades. Pero el fútbol va mucho más de la vida que de automatismos y lógica, y por eso en este tipo de partidos un equipo que es tan grande como la vida misma, un equipo con gente como Lucas o Nacho, siempre acaba por imponerse ante los ojos atónitos de aquellos que nunca han terminado de entender este deporte.

El fútbol va mucho más de la vida que de automatismos y lógica, y por eso en este tipo de partidos un equipo que es tan grande como la vida misma, un equipo con gente como Lucas o Nacho, siempre acaba por imponerse ante los ojos atónitos de aquellos que nunca han terminado de entender este deporte

Rüdiger, Bellingham, Camavinga, Tchouaméni… Todos ellos han rechazado contratos mucho más golosos que les ofrecían equipos financiados por jeques para venir al Real Madrid porque ellos lo entendieron en su momento. Entendieron no sólo esa frase tan bonita de Valdano de que el Madrid paga en gloria, sino también que el Real Madrid es el club ancestral de Europa por antonomasia, que aún respeta no ya las normas, sino la más pura esencia del juego.

Guardiola y sus sucedáneos seguirán trenzando bellas y automatizadas jugadas que contemplan desde su torre en Isengard sin comprender por qué sus infatigables uruks no son capaces de derrotar a esos mortales y simples hombres usándolas. No entienden que el fútbol es un deporte maravilloso precisamente porque es de las pocas cosas que nos quedan en la vida donde la fantasía y la magia de autores como Tolkien aún encuentran su espacio y su luz. No sólo porque en el fútbol todavía el bien pueda vencer al mal, no. Más bien porque en el fútbol, y el Madrid se ha guardado cuidadosamente de bordarse esto en el mismísimo corazón de su escudo, el bien lucha hasta el final. Y hasta el final, queridos amigos, vamos Real.

 

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Una persona de importancia capital en el club, aún extenuado y emocionado, afirmaba anoche nada más concluir el encuentro que «el Real Madrid está hecho de un material desconocido», según ha desvelado hoy nuestro portanalista. Y la fantástica frase no deja de rebotar en la oquedad de mi cráneo como una bola de pinball.

El Madrid sobrevivió ayer al aplastamiento de una prensa hidráulica que lo intentó chafar durante 120 minutos ejerciendo una presión no inferior de 115 toneladas por milímetro cuadrado. ¿De qué material desconocido puede estar hecho el Real Madrid para aguantar semejante empuje sin hacerse añicos?

El Madrid sobrevivió ayer al aplastamiento de una prensa hidráulica que lo intentó chafar durante 120 minutos ejerciendo una presión no inferior de 115 toneladas por milímetro cuadrado

Nadie dudaba que la tarea de eliminar al Manchester City de Guardiola, de lograrse, iba a ser titánica, el conjunto hidrocarbúrico ha alcanzado un grado de funcionamiento de una precisión tal que a su lado enmudece el reloj atómico del Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido, que tan solo varía un segundo cada 138 millones de años, más o menos el tiempo que el equipo blanco lleva dominando la Tierra. Lo que sucede es que ni el City —ni ningún otro equipo— están hechos del material desconocido que conforma al Real Madrid.

El partido empezó y, tras unos momentos de tanteo en los que ambos porteros fueron quienes tocaron más el balón, los de Ancelotti se adelantaron. El maldito Rodrygo volvía a poner en ventaja al maldito Real Madrid. Lo del brasileño con el City recuerda a historias de amor como la Santillana con el Inter de Milán de los años ochenta.

Rodrygo

A partir de ese momento el Manchester puso en marcha su rodillo impenitente. Jugaron mucho y muy bien. Táctica y técnicamente. Son un equipo excelso. Al Madrid se le censuraba que se había echado atrás después del gol, pero quizá el responsable fuera el adversario, que asfixia y acogota a todos sus rivales con una coreografía ensayada durante años que termina por hacerlos recular sin remedio hasta que les clava el aguijón.

El equipo de Guardiola juega muy bien al fútbol, es innegable, pero lo más sorprendente es la excelente preparación física que lucen. Ayer, futbolistas cuya principal virtud no es el físico y con más de cien minutos en sus piernas, ganaron duelos con una facilidad pasmosa ante jugadores como Valverde o Camavinga. Exhibían una exuberancia física aplastante como lanzadoras de martillo de la extinta RDA. Los equipos de Pep son famosos por su estilo, su táctica y su técnica, pero quizá lo que realmente los hace diferenciales es una preparación física superior sin la cual las demás virtudes no se mostrarían tan decisivas.

El equipo de Guardiola juega muy bien al fútbol, es innegable, pero lo más sorprendente es la excelente preparación física que lucen

La tarea de sobrevivir al empuje parecía más difícil que barrer una escalera para arriba, según describió a la perfección el tuitero @Sanbou_keita, pero caían los minutos y el Madrid aguantaba.

Hago un inciso para recordar que el equipo blanco le marcó cuatro goles en la eliminatoria al rodillo del City, que parece que solo defendió. Prosigo.

Carvajal se aferraba a su marcador con el mismo ahínco que Shakira rentabiliza su ya lejana ruptura con Piqué. Primero tuvo que defender a Grealish (Carvajal, no Shakira), y acabó con él; después, al no menos venenoso Doku, e hizo lo propio. Salió victorioso de ambos duelos. Solo el límite físico humano consiguió enviarlo al banquillo. En los encuentros de gloria Carvajal se transmuta en un luchador que se sobrepone a rivales, ambiente, partido e incluso a sí mismo.

Carvajal y Grealish

Mientras tanto, Lunin, el Terminator de hielo, blocó, despejó, repelió, palmeó, asestó puñetazos a cada balón que el ejército de natación sincronizada de Guardiola le arrojaba con ira. El City botó 18 córners, todos bien (deberían tomar nota el resto de equipos), y Lunin respondió al bombardeo de la RAF de manera impecable.

Rüdiger, el moái de corazón tan grande como su envergadura, su carácter y su aptitud para competir al más alto nivel, era un valladar electrificado contra el que se achicharraban los ataques azul celeste.

Daba la sensación de que como marcase el City, el tapón cedería y los goles comenzarían a caer como el agua de un grifo abierto. El tanto llegó, obra de De Bruyne, pero el Madrid consiguió absorber lo que se prometía como un caudal de goles y dejó a los de Guardiola más secos que las tuberías de las pirámides de Egipto. 1-1 al final de los 90 minutos.

Lunin, el Terminator de hielo, blocó, despejó, repelió, palmeó, asestó puñetazos a cada balón que el ejército de natación sincronizada de Guardiola le arrojaba con ira

Los hinchas citizens y demás simpatizantes de todo equipo que juegue contra el Madrid, se las prometían muy felices de cara a la prórroga. Los futbolistas del conjunto inglés apenas daban muestras de cansancio y los madridistas estaban exhaustos. Pero no. Los de Ancelotti aguantaron como campeones, nunca mejor dicho, y todo se decidiría en los penaltis.

Al igual que la eliminatoria con el gol de Bernardo, el Madrid comenzó abajo en los penaltis. Julián Álvarez anotó y Modric marró. Pero en la naturaleza del Madrid está remontar hasta en los penaltis. Allá se plantó Lunin hierático como un novio el día que conoce a la suegra. Enfrente, Bernardo, un jugadorazo. Batalla psicointelectual. Bernardo Silva pero Lunin no canta. El del City pensó que Andriy se vencería, pero el ucraniano, al igual que el resto de sus compatriotas, nunca se da por vencido y aguantó en pie. Agarró el balón con la facilidad con que se coge una aceituna del plato.

Lunin y Bernardo Silva

Después le paró otro penalti a Kovacic y ahí supimos todos, Guardiola el primero, que no había vuelta atrás. No descartemos que Pep, hastiado de hacer todo bien y aún así perder contra los de Ancelotti, abandone los banquillos, funde una peña en honor a Lucas Vázquez y recorra los campos de todo el mundo animando al Real Madrid ataviado con una bufanda blanca bordada con un escudo redondito.

Rüdiger refrendó el pase a semifinales de Champions con un penalti lanzado con la precisión del reloj atómico del Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido, pero con algo que este carece: alma.

Antonio corrió hacia sus compañeros con los ojos fuera de sus órbitas y el otro Antonio, Kroos, lo abrazó con el gesto henchido de madridismo. Después lo sepultaron, como merecía la ocasión, el resto de compañeros y cuerpo técnico.

Kroos y Rüdiger

Lunin, mientras tanto, comenzó a andar, impasible, como si no hubiese sucedido nada. Quienes no corrieron a sepultar a Rüdi, acudieron raudos a abrazar a Andriy, que parecía hasta incómodo con las felicitaciones, como el niño que se zafa de sus tías cuando acude al pueblo y se lo comen a besos. Al fin y al cabo, él solo había hecho su trabajo.

Es digno de elogio no solo la calidad de este portero, sino su concentración, la sangre fría y la capacidad de abstraerse de la tragedia de la guerra que asola su país para concentrarse en realizar lo segundo mejor que sabe hacer: parar. Lo primero es casarse en chándal.

Lo de ayer es irrepetible, y a fuerza de repetir lo irrepetible una y otra vez, el Madrid hace que los mejores futbolistas quieran venir a jugar a este club, y gracias a ello suceden cosas irrepetibles como la de ayer una y otra vez

Es normal que el Madrid sea odiado por los antis, el mejor portero del mundo se destroza dos veces la rodilla y emerge un titán como Lunin.

Lo de ayer es irrepetible, y a fuerza de repetir lo irrepetible una y otra vez, el Madrid hace que los mejores futbolistas quieran venir a jugar a este club, y gracias a ello suceden cosas irrepetibles como la de ayer una y otra vez. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Esa es la paradoja del Madrid, que nada fue antes ni después, una cosa sucede gracias a la otra, pero, a la vez, ambas ocurren simultáneamente.

Volviendo a la pregunta que da título a este artículo: ¿El Real Madrid está hecho de un material desconocido?, con todo el cariño del mundo, lamento disentir con esa persona tan relevante de la entidad blanca, pero el Madrid no está hecho de un material desconocido, el Real Madrid está hecho de quienes lo conforman, y a su vez quienes lo conforman están hechos del Real Madrid.

 

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El ácido desoxirribonucleico, ese compuesto químico imprescindible para la vida que todos tenemos distinto y que diferencia a unas familias de otras, esa espiral de proteínas tan manida y usada en conversaciones banales y en tesis sesudas que justifica una forma de ser determinada o este o aquel comportamiento, el famoso ADN, salió a relucir en Manchester. El llamado ADN blanco en Copa de Europa no es otra cosa que una forma de vida que rota alrededor de una competición culminada por una copa de grandes orejas (para oírte mejor, lobo dixit) que es la razón del Real Madrid.

El club de nuestros amores no sería lo que es sin la Copa de Europa y la Copa de Europa, posiblemente, no sería lo que es sin la mística, la épica y el respeto reverencial que profesan los 11 principitos blancos (querido Tiri allá donde estés) a esta competición. Cuando un niño entra a formar parte de las categorías inferiores del Real Madrid, empieza el ejercicio de mentalización. Cuando un futbolista profesional entra en el despacho en el que firma su contrato, comienza el bombardeo.

El llamado ADN blanco en Copa de Europa no es otra cosa que una forma de vida que rota alrededor de una competición culminada por una copa de grandes orejas que es la razón del Real Madrid

El Real Madrid puede hacer buena o mala temporada, ganar o no el campeonato doméstico, jugar mejor o peor al fútbol, no clasificarse siquiera para las competiciones continentales de la temporada siguiente, pero el único objetivo de verdad que se marca el club es acabar el curso como Campeón de Europa. Desde la temporada 1955/56 se ha conseguido el objetivo en catorce ocasiones. Catorce años en los que el madridista, el club y sus integrantes han podido irse de vacaciones con el deber cumplido. Catorce nada más y catorce nada menos. Por eso el Real Madrid es el más grande y por eso es el club más exigente de la tierra.

Presentación de Lunin con Florentino Pérez

El 17 de abril de 2024 será recordado como la fecha en la que el Real Madrid escribió otra página de oro (y van…) en la competición más importante del mundo. Etihad Stadium. Manchester (Inglaterra). Vuelta de los cuartos de final de la edición en curso. Manchester City-R. Madrid o, lo que es lo mismo, Campeón de Europa vs Rey de Europa. No hubo encerrona, no hubo cosas raras. Lo que hubo fue un monumental equipo que se volcó con todo lo habido y por haber sobre la portería de Lunin, que luchó sin cesar materializando casi cuarenta disparos a portería y casi veinte saques de esquina, que ahogó literalmente al rival dentro de su área pequeña, que se entregó hasta la extenuación para derribar el muro tejido por el equipo contrario y, enfrente, simplemente, el Real Madrid de la Copa de Europa.

Les voy a decir algo personal. Tengo 58 años, soy madridista desde hace más de 60, he visto en torno a 3.000 partidos del Real Madrid entre amistosos y oficiales, y nunca, nunca, he presenciado una exhibición defensiva como la que vimos en Manchester.

Tengo 58 años, soy madridista desde hace más de 60, he visto en torno a 3.000 partidos del Real Madrid entre amistosos y oficiales, y nunca, nunca, he presenciado una exhibición defensiva como la que vimos en Manchester

Hay una frase muy común en Chamartín “El Madrid no sabe defender”. Y es cierto, cada vez que algún entrenador ha intentado colgarse del larguero en un partido, lo que ha conseguido es colgarse a él mismo, ponerse la soga a su propio cuello. En Manchester no, el Real Madrid sabía lo que tenía que hacer para doblegar al equipo de Guardiola (un verdadero señor a la finalización del partido. Por cierto, Xavi, aprende de tus mayores, anda, majete).

Había que sufrir, había que defender con un orden estoico, con una solidaridad impecable, con una concentración de opositor de notarías, dejándose literalmente el alma en cada balón, en cada marcaje, en cada duelo, en cada momento, sin desesperarse ante el arbitraje casero (que no descarado) de Orsato, sin entretenerse en discutir con nadie, simplemente, resistir esperando esa oportunidad de hacer correr hacia a atrás a los ingleses —quizás lo único que no bordan— hasta que llegó: balón al cielo de Manchester, control estratosférico de Bellingham, balón profundo a Vinícius, pase de la muerte, disparo con la espinilla/rodilla/quéseyo de Rodrygo, rechace del portero y remache a la red del menino. Gol.

Rodrygo

Minuto 12, quizás pronto, quizás nos ilusionamos muy pronto, porque la respuesta de los blues fue impresionante, un ataque ordenado pero desmedido, con criterio pero demoledor. Pero ahí mismo, en ese momento, afloró el famoso ADN del Real Madrid, el que hace que el veterano se gane el balón de oro y que en novel se consagre como estrella mundial.

Cuando Lunin se erigió como el porterazo que es, sujetando al equipo, haciendo el partido de su vida, la defensa se hizo fuerte, la media solidaria con los de atrás peleando cada pelota y la delantera, igual de solidaria, pero esperando la oportunidad de poder correr y hacer daño. Ahí se vio al Real Madrid de la Copa de Europa, ahí se demostró una vez más que en esta competición jugar bien está genial, meter cinco goles es muy gratificante, pero que lo que hay que hacer es pasar eliminatorias y ganar finales. Ahí apareció el verdadero Real Madrid europeo.

En Copa de Europa, jugar bien está genial, meter cinco goles es muy gratificante, pero que lo que hay que hacer es pasar eliminatorias y ganar finales. Ahí apareció el verdadero Real Madrid europeo

El resto de la película ya la saben ustedes, en este prestigioso medio se han escrito las consiguientes y brillantes crónicas y contracrónicas que lo explican mucho mejor que este humilde escribidor y contador de historias. Prórroga, penaltis y… Lunin. A semifinales, donde nos espera nuestro viejo amigo Bayern de Munich, el rival al que más veces nos hemos enfrentado en Copa de Europa, el verdadero clásico de esta competición. Una semifinal de tronío en la que volveremos a ver el ADN del Real Madrid. Siempre a luchar, siempre a ganar, adaptándose a cada rival y a cada eliminatoria. A intentar el objetivo que no es otro que ir a Londres y marcharse de vacaciones como Campeón de Europa. Como cada año, como siempre.

Hoy voy a dejar en paz (sólo hoy, no se hagan ilusiones) al FC Negreilona y a sus secuaces negreiriles, hoy no les voy a dar la tabarra de las mil y una aberraciones y los mil y un delitos perpetrados por esta tropa. Hoy sólo toca disfrutar, solo toca recuperar de la hiperventilación, ser magnánimos con los amigos/familiares/compañeros colchoneros y levantar la cabeza. Hoy toca eso.

Ahora, como siempre, les voy a dar los datos que se generaron en el partido, teniendo en cuenta que técnicamente se considera un empate y, no lo olviden, hoy más que nunca, ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!

Carvajal

Partidos redondos referidos al Real Madrid

 

CARVAJAL ha jugado su partido oficial nº 410.

FEDE VALVERDE ha jugado su partido de competición europea nº 50.

MENDY ha jugado su partido de competición europea nº 30.

RODRYGO ha jugado su partido de competición europea nº 50.

CAMAVINGA ha jugado su partido del competición europea nº 30.

RÜDIGER ha jugado su partido de competición europea nº 20.

KROOS ha jugado su partido de competición internacional nº 120.

MODRIC ha jugado su partido de competición internacional nº 130.

MENDY ha jugado su partido de competición internación al nº 40.

LUNIN ha jugado su partido de competición internacional nº 10.

 

Clasificaciones

 

LUCAS VÁZQUEZ se ha convertido en el jugador histórico nº 35 de la historia del Real Madrid con 342 partidos jugados.

FEDE VALVERDE se ha convertido en el jugador histórico nº 56 de la historia del Real Madrid con 249 partidos jugados.

Lucas Vázquez y Kroos

Goles

 

RODRYGO ha marcado el gol nº 420 en competición internacional jugando como visitante de la historia del Real Madrid.

 

El Real Madrid

 

Este ha sido el partido oficial nº 2210 del Real Madrid jugando como visitante y el partido oficial nº 4560 de la historia blanca.

 

El dato

 

El Real Madrid ha conseguido estar en semifinales 12 de las últimas 14 ediciones de la Copa de Europa.

 

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Yo también me tomé una cerveza, pero no he dormido bien. Ni mal. Simplemente, no he dormido. O sí, no lo sé. Aún estoy conmocionado. La gesta de ayer no tuvo el brillo de otras veces, ni falta que le hizo. En cambio, nos dejó el estremecimiento palpitante de lo heroico. Ayer fue un acto de supervivencia, de rebelarse ante la muerte. Fue el Madrid agarrándose con fiereza al terreno inhóspito del Etihad Stadium, hincando como raíces los dedos ensangrentados en la tierra seca y glacial, soportando como el brezo el viento frío y duro, asomado al precipicio pero negándose a caer.

Fede Valverde

¡Qué fútbol tan sublime el de Carvajal dejándose el alma para frenar cada intentona de Grealish primero, y de Doku después! ¡Qué espectáculo tan emocionante el de Valverde recogiendo del suelo una y otra vez el brazo amputado para levantarlo en lo alto y liderar la carga sin mirar atrás, a despecho de balas y de fracasos! ¡Cuánta hombría, cuánta poesía en Lunin, un niño apenas hace seis meses, convertido en el depósito de fe del equipo, sosteniéndole la mirada al destino, contagiando de serenidad a los suyos en los momentos de mayor zozobra! ¡Cuánto madridismo, en fin, en todos y cada uno de los hombres que ayer saltaron al infierno dispuestos al sufrimiento, pero decididos a no perder lo único que podía sacarles vivos de allí: la fe en la victoria, la fe contra toda razón y toda probabilidad, la certeza de que no hay ejército más formidable que once jugadores con el escudo del Real Madrid conjurados por la victoria!

Ayer fue un acto de supervivencia, de rebelarse ante la muerte. Fue el Madrid agarrándose con fiereza al terreno inhóspito del Etihad Stadium, hincando como raíces los dedos ensangrentados en la tierra seca y glacial, soportando como el brezo el viento frío y duro, asomado al precipicio pero negándose a caer

En verdad os digo que yo no he visto nunca un partido más emocionante, uno que me haya dejado más exhausto y más orgulloso. Nunca vi tanta entereza ante la pesadilla, tanto apretar los dientes ante la adversidad, tanta abnegación. No recuerdo al Real Madrid enfrentándose a un equipo que le exigiera tanto, un auténtico émbolo comprimiendo a nuestros jugadores en un espacio cada vez más reducido. El Madrid, durante buena parte del encuentro, fue el protagonista de aquellas películas de aventuras de los años 80, encerrado en un lugar sin ventanas y con el techo descendiendo poco a poco sobre su cabeza. Y como aquellos protagonistas, nunca le perdió la cara a la situación, nunca se desesperó. Durante muchos, muchísimos minutos, se sobrepuso inexplicablemente al agotamiento físico y mental de un asedio incesante por tierra mar y aire. Madridismo es morir en el campo, ya lo dijo Mourinho. Y ayer los nuestros murieron. Pero lo hicieron a la manera galdosiana, porque entre los muertos siempre hubo una lengua viva para decir que el Real Madrid no se rinde.

Jude Bellingham

Ya lo dijo Bellingham en la víspera: “no sé si somos favoritos, pero sí sé que somos el Real Madrid”. Ayer fue la enésima y quizás más emocionante demostración de que no sólo lo sabe él; lo saben —¡vaya si lo saben!— todos y cada uno de los jugadores de este equipo admirable que recordaremos mientras vivamos.

 

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