Buenos días, amigos. Por decir algo. El fútbol es a veces de una ruindad insoportable. Como lo es en ocasiones el deporte. Como lo es la vida. El Madrid ganó 2-0 al Villarreal, y lo natural sería que hoy estuviéramos discutiendo su juego, ponderando la excelencia de Vinicius, a vueltas con tácticas y decisiones de Ancelotti.
Pero nada de eso importa hoy. Cuando el partido moría, con nada en juego y todo decidido, hubo quien a pesar de ello no comprometió su entrega habitual, y en el intento de realizar un despeje contundente tropezó con la pierna de un contrincante (no parece haber mala intención por parte de Yeremi Pino) y nos ofreció una de esas instantáneas que duelen desde fuera. Imaginad cómo dolerán al protagonista, tanto física como anímicamente. En realidad no hace falta que lo imaginéis. Todo el mundo ha escuchado ya el grito de dolor de Carvajal, su llanto en forma de aullido, y ha sentido cómo la sangre se le helaba en las venas.
Sí, fue el triunfo más amargo, como titula Marca. Era el último minuto del descuento y todo estaba decidido. No puede haber una acción más desafortunada. Dani Carvajal, en el mejor momento de su carrera, convertido en héroe absoluto de su tiempo, tanto en su club como en el equipo nacional, se ha roto el ligamento cruzado anterior, el colateral externo y el tendón poplíteo.
La frecuencia que ha asolado al madridismo con este tipos de lesiones constituye una verdadera anomalía. Una aberración. Courtois, Militão, Alaba, Joan y ahora Dani. Es una plaga absurda, una iteración inexplicable y durísima. Algunos han vuelto del pozo, con éxito. Otros están en el proceso de vuelta. Carvajal lo inicia hoy.
“Roto”, titula As. Carvajal se ha roto y no tenemos ganas de nada, dejadnos en paz. Tampoco de escribir, pero habrá que seguir algunas líneas más. Estamos tristísimos, no tanto por el equipo, que sobrevivirá con el ejemplar Lucas, sino por el propio Dani. No merece esta crueldad del destino, o de quien sea, y sin embargo no tiene ahora más remedio que afrontar el primer día de su recuperación. Para otro día -ahora no tenemos fuerzas- quedan las cábalas sobre lo que el Madrid puede fichar o no (¿ahora?, ¿en enero?) para tratar de paliar esta pérdida.
Por si nos quedara un atisbo de deseo de seguir escribiendo, nos toca además dar acuse de recibo de la mezquindad, de la absoluta falta de sensibilidad. El futboestadístico conocido como Mr. Chip aprovechó la ocasión para pasar sus facturitas y hacer bromas de mal gusto. Hay gente que es miserable de fábrica, y los demás no podemos hacer otra cosa que intentar no mezclarnos con ellos.
Y así está la cosa, amigos. Os dejamos con la prensa cataculé.
Arbitró Guillermo Cuadra Fernández, del colegio balear. En el VAR estuvo Trujillo Sánchez.
Partido plácido y el madrileño tuvo un error importante, algo habitual en este trencilla, que siempre deja a deber.
El fallo grosero fue perdonar la segunda amarilla a Kiko Femenía. En el 57', en una acción bastante clara, el lateral impidió la progresión de Vinícius, golpeando con el brazo en la cabeza al brasileño. Antes, en el 32', una falta muy clara, también a Vinícius, le supuso la primera amarilla. No hubo más cartulinas en el resto del encuentro.
Además, en el 48', se pidió penalti por una caída ante Albiol, pero fue un choque sin más que no era punible para ir a los once metros.
Cuadra Fernández, REGULAR.
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Lunin (7). Atento, serio, sobrio.
Carvajal (7). En su prime ha podido sufrir una muy grave lesión. Rezamos.
Rüdiger (7). Fiero y agresivo.
Tchouaméni (5). Un poco tractor. Se libró de cometer un rafanomejodas (penalti y expulsión) por un fuera de juego milimétrico.
Mendy (6). Muy serio atrás.
Modric (6). Oficio y criterio. Se notan los años, dejó alguna pérdida peligrosa.
Valverde (8). Un gol ganador. Se lo merece. Habitual despliegue.
Camavinga (8). Está de vuelta. Eléctrico.
Bellingham (7). Juega con pajarita. Clase y coraje a raudales, exótica combinación.
Vinícius Jr. (9). Recuperando.
Mbappé (4). Chupón y fallón.
Militão (6). Sin problemas.
Rodrygo (5). Sin incidencia.
Güler. Sin tiempo.
Lucas Vázquez. Sin tiempo.
Ancelotti (5). La pizarra de Davide le dio vida, pero insiste en un plan que no acaba de carburar. Da la sensación de que no exprime al máximo el potencial de su plantilla.
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Comparecía un Madrid deprimido y pelín deprimente esta noche en el Bernabéu ante el Villarreal de los Roig, un nuevo rico que habitualmente nos estriñe más de la cuenta. Y lo hacía, además, después de un cálido homenaje del Bernabéu a los campeones españoles paralímpicos de París 2024, entre los que, por cierto, se encuentro Íñigo Llopis, oro en 100 metros espalda e hijo de Luis Llopis, atezain coach, el entrenador de porteros que ha esculpido a Thibaut y a Andrey cual esculturas de divinidades renacentistas. Emociones al margen, qué poco le gustaban a don José Mourinho las distracciones en los prolegómenos del partido, máxime con el enfermo aún convaleciente de su visita al dentista metropolitano y su Austerlitz particular en Lille.
Así las cosas, una vez más el once de Carletto lució una puesta en escena tan pastosa como acostumbra últimamente. Una mousse de chapapote. Ancelotti, tradicional cual carajillo, insistió en su nuevo once de confianza, con Valverde y Jude en los pasillos interiores, percutiendo en el centro con cuarentón Modric -quién los pillara- y Goes en el banquillo. En los primeros diez minutos, apenas un destello de un Bellingham que siempre juega con bastón, bombín y esmoquin, y un chispazo cegador de Vini en su banda; en el lado contrario, los amarillos, con Baena al mando de las operaciones -y de regreso al Bernabéu- acumulaban los avisos en el área de Lunin. No obstante, ante la falta de fútbol y el dolce far niente táctico de su padre, la pizarra de Davide suele ofrecer soluciones. Un córner sacado en corto al filo del primer cuarto de hora, que dejó pasar Bellingham, permitió recibir solo en la frontal al Halcón Valverde, una auténtica imprudencia. El Pajarraco disparó con violencia para, golazo mediante, adelantar al Madrid en el Bernabéu. El balón tocó en alguien y desvió la trayectoria ¿Saben ustedes en quién? Tuvo que ser Baena: justicia poética.
El gol tempranero no alteró sin embargo el guion del encuentro. El Madrid seguía espeso al chacachá del tren, solo alterado por las descargas eléctricas de Camavinga recuperando la forma en la medular, así como los arranques de genio y figura de Vinícius Junior en la izquierda. Y si lo de antes fue un chispazo, a punto estuvo el carioca de provocar sendos cortocircuitos en la zaga amarilla, preludio de lo que estaba por venir, particularmente para su marcador, el legendario Kiko Femenía, del que uno tiene la sensación que ya estaba en el primer PC Fútbol.
Con Femenía ya amonestado por las diabluras del brasilero y sacudiéndose el moho del dominio visitante, el Madrid pudo liquidar el partido antes del descanso. Bellingham disparó muy cerca del palo desde la frontal del área y Mbappé, obtuso, desperdició un mano a mano supersónico tras contraataque dirigido por Vinícius. Incluso Pepé, el ariete amarillo, chocó con Rüdiger y acabó como un crash test dummy. Poco más que reseñar de un primer tiempo con buenas noticias en el marcador y no tanto en el juego de los merengues.
Entre el hastío de la añoranza de Toni y las brumas de las remembranzas de Kroos, regresó el Madrid al verde entre los aplausos de la parroquia blanca al alemán, junto a sus descendientes, presente en un palco del Bernabéu. El Villarreal, por el contrario, aguerrido, no tenía intención alguna de participar de la fiesta. Se libró el campeón de Europa de un claro penalti de Tchouaméni por un fuera de juego de pelo de gamba de los tiempos modernos.
Lo que resultó directamente inexplicable fue que Cuadra Fernández no expulsara por segunda amarilla a Femenía después de sancionar un bloqueo sin balón sobre Vini disparado en contraataque. Botarate es lo mínimo que espera este cronista en el análisis arbitral de Alberto Cosín.
La inyustisia, que diría Cristiano, encendió a Vini, empeñado en cerrar el partido, atrayendo defensores cual miel a las moscas, siempre amenazante. Por el contrario, Ancelotti daba entrada a Goes por un desacertado Mbappé esta noche. El partido seguía pendiendo de un hilo y el hincha se preparaba para un final cardíaco. Vinícius nos ahorró las angustias.
Una semi folha seca, violenta y mortal, desde el balcón del área en el 72´ acabó por sepultar las opciones de un Villarreal noqueado, tercero en la tabla hasta esta noche. "Vinícus Balón de oro, Vinícius Balón de oro", coreaba ufano el Bernabéu. Lamentablemente, un golpe en el hombro pocos minutos después obligó a la sustitución del brasileiro por Arda Güler. Diez minutos finales, entre cambios, sin apenas sobresaltos, hasta el tremendo, preocupante y desagradable final con la posiblemente muy grave lesión de Carvajal en un balón tonto en un despeje. El grito de Dani rompió el corazón de todo madridista. Porca miseria mascullaban los Ancelotti.
Con este sabor amargo, el Madrid acaba por hacer los deberes, no sin dificultades, antes del sempiterno y dichoso parón de selecciones de turno y mete presión al líder; un alivio después del Wandalille padecido en los últimos días, que queda ensombrecido en total oscuridad por la lesión de Carvajal. Suerte, Dani.
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1- Sistema de juego y once probable
Novena jornada liguera en la que el Villarreal visita el coliseo madridista. El submarino amarillo llega como tercero y con la posibilidad de asaltar la segunda plaza a los blancos si se lleva el triunfo de Chamartín. Marcelino cuenta con un parte importante de bajas entre las que destacan Gerard Moreno, Denis Suárez, Ayoze y Foyth. Además, unas leves molestias de Pepe pueden cambiar el once y que el técnico asturiano salga con tres jugadores en el medio en vez de utilizar su habitual 1-4-4-2. Por tanto, un once probable sería el formado por Conde Jorgensen en portería; Femenía en el lateral derecho y Sergi Cardona en el izquierdo; Bailly y Costa como centrales, Parejo, Gueye y Comesaña en el mediocampo, la banda derecha para Akhomach, acostado a la izquierda Baena y en punta Barry.
2- Presión
Cuando Marcelino se encuentra enfrente de un rival grande que quiere salir con el balón jugado, suele apostar por una disposición en bloque medio sin una presión arriba que ahogue y busque recuperar ante los centrales rivales. La razón es que si el adversario salta la primera línea de forma sencilla se encontraría un equipo largo, con distancia entre sus hombres y así las posibilidades de hacer daño sin el plantel compacto son mayores. Por eso su prioridad es acumular gente en pocos metros para tener superioridad numérica e intentar las recuperaciones de ese modo y lanzar a sus baluartes ofensivos. Además, que el choque sea en el Bernabéu le invita más a apostar por esta táctica que si fuese en Villarreal donde se muestran más agresivos e intensos en la presión. En este sentido, el Real Madrid deberá tener cuidado en las zonas de banda donde Marcelino busca la trampa de los 2vs1 para provocar pérdidas, robar y salir rápido. La organización en la presión será un 4-2-3-1 con el delantero saltando sobre los centrales y un medio al pivote merengue, dejando a los otros dos mediocentros ajustando una línea más atrás y a los jugadores de banda tapando los huecos interiores y cortocircuitando las conexiones en esas zonas.
3- Salida de balón
Una salida rápida ya sea en corto o en largo. Es lo que busca el Villarreal con el balón desde atrás. Sin el central zurdo que tenían en otras campañas como Pau Torres y Cuenta, en este caso le tocará a Costa o si Albiol se hace con un puesto en el once. Para los desplazamientos en largo hay que mirar también a Albiol o a Bailly que suelen probarlo siempre durante los partidos. En primer término, buscan asociación con los medios para que puedan girar y descargar los balones a la banda o conectar con los puntas. Ahí, ya habrá conseguido Marcelino el plan que pretendía para dar alas al equipo y prosperar de la fase defensiva a la ofensiva. La otra idea es directamente un balón en largo para bien lanzar directamente al espacio a la velocidad y fuerza de Barry que es una bombona de oxígeno para el equipo gracias a su potencia en el juego aéreo y talla.
4- Apartado defensivo
Una verdadera sangría en lo que va de año es el Villarreal atrás pese a lo cual está en los puestos de arriba. Acumula 15 goles encajados en 8 partidos y es el segundo equipo más goleado de la Liga solo por delante del Real Valladolid con 17. Ha tenido mucho que ver los cinco tantos que le endosó el Barça y los tres del Celta. Todavía no ha dado con su pareja de centrales y Albiol entra y sale del equipo, al igual que Bailly, mientras que Costa se está afianzando y Kambwala que empezó como titular está lesionado. Otro jugador que es fijo en los esquemas y da mucha fiabilidad atrás es Foyth, que en los últimos años acumula mucho tiempo parado. La intención de Marcelino es tratar de volver a crear un conjunto que defienda de forma eficiente en bloque medio o medio-bajo, que no deje espacios entre líneas y que presione a los poseedores de balón para que no giren ni den la vuelta. Los laterales son ofensivos y es una opción del Real Madrid para penetrar por los costados. En cuanto a meter centros por arriba al área no será una solución porque todos centrales rondan el 1,90m y cuentan con la ayuda de Comesaña que se puede meter como tercer defensa y también es una torre.
5- Aspecto ofensivo
Los amarillos en ataque siempre tienen mucha pólvora en su plantilla. De todas formas, la baja de Gerard siempre es importante porque es un jugador diferencial y a ella se ha unido en la última semana Ayoze que es el mejor artillero amarillo del curso. En 8 partidos han destacado con un total de 17 goles, a una media de más de dos por duelo, lo que le convierte junto al Real Madrid en el cuadro más goleador por detrás del Barça. En el Bernabéu se espera que Marcelino apueste por transiciones rápidas y verticales buscando a los delanteros. Mucho contraataque directo con pocos pases. Es la identidad de Marcelino junto a imponer un ritmo alto, enérgico y muy intenso de un equipo que realice todas sus acciones con vértigo y mucha velocidad. Por tanto, la clave es la precisión porque hacer todo en una sexta marcha y ser seguros y eficaces en todas las acciones es tarea compleja. No es un estilo de posesión, grandes circulaciones ni combinaciones preciosistas pero el daño que pueden hacer a equipos desordenados y que no estén metidos desde el minuto 1 en el choque es mayúsculo. Hace mucho hincapié en el juego por las bandas para crear el desequilibrio, ya sea por la visión de Baena, la velocidad de Pino o la habilidad de Akhomach. Además, buscan la amplitud y la superioridad numérica que otorgan los laterales apurando a línea de fondo y poniendo centros peligrosos a los atacantes o jugadores que llegan desde atrás.
6- Estilo de juego
Equipos cortos, estrechos, compactos, con un gran ritmo ofensivo y defensivo y con dos premisas claras: la organización y el equilibrio. Así se definen los diferentes conjuntos dirigidos en su ya extensa carrera por Marcelino. Dentro de su polémico carácter se encuentra un entrenador que rápidamente instaura sus patrones de juego, crea automatismos y le da la identidad que pretende. En un análisis más minucioso hay que decir que aboga por transiciones muy rápidas tras recuperar el cuero y que sus equipos son peligrosísimos con espacios a la contra. Alterna el juego corto o en largo pero siempre con velocidad, verticalidad, buscando con celeridad el saltar las líneas de presión y en los últimos metros meter una marcha más. Como viene siendo habitual se le dará campo y balón al Real Madrid para tener tras recuperar huecos para correr y ser muy directos. El Real Madrid debe tratar de finalizar jugadas y no sumar pérdidas en las circulaciones para evitar que el Villarreal se lance rápido y vertiginoso arriba. En cuanto al ranking de estadísticas es un equipo que gana la posesión en los duelos (2º), las disputas aéreas (1º), que más remata (1º) o que centros mete al área con éxito (2º)
7- Hombre clave
Sin Gerard ni el goleador Ayoze el jugador clave ahora para el Villarreal es Baena. El centrocampista juega tirado a la izquierda con mucha libertad para crear juego, bajar a recibir, meterse entre líneas y, sobre todo, conducir hasta el área para asistir o pegarle fuerte con su gran disparo. Se encuentra en una gran forma y suma en lo que llevamos de Liga un tanto y cinco pases de gol. Mañana será un jugador a vigilar por el mediocampo merengue y seguro que veremos a Valverde muy cerca de él para que no crezca durante el encuentro.
Buenos días, queridos amigos.
Oh, qué emoción, compañeros, lectores de bien, amigos madridistas, vuelve LaLiga, retorna el campeonato nacional con sus viejos laureles, gocemos de una nueva jornada de este torneo organizado por Tebas y los suyos en el que todo es espectáculo y diversión. No hay más que seguir, aunque sea a cierta distancia, las noticias acaecidas durante la semana para comprender la “grandiosidad” del campeonato en el que al Real Madrid no le queda otra que permanecer. ¿Acaso cabe mayor espectáculo que el de ver competir a un club que alberga a seguidores que destacan por el lanzamiento de mecheros, los insultos racistas y las agresiones físicas, hooligans con asesinatos a sus espaldas que son aplaudidos por la plantilla, el entrenador y la directiva? ¿Acaso hay mayor diversión en el mundo del deporte actual que el de escuchar a un exdirectivo del Barça jactándose de pagar al vicepresidente de los árbitros para "garantizar la neutralidad" del colectivo? A juzgar por las risitas cómplices de los que lo escucharon, debió de resultarles sumamente ocurrente, increíblemente gracioso. Y no termina ahí lo que hemos sabido del club que corrompe la competición con impunidad desde hace décadas, pues esta semana presentó sus cuentas, unos números en los que reflejó parte del deterioro (falta otros tropecientos millones de nada) de aquel invento ficticio y falsario llamado Barça Studios.
¿No es verdad, ángel de hedor,
que en aquesta auditoría
fue vil la palanquería
que les permitió inscribir
y así respirar mejor?
Pero vayamos a lo nuestro, al Real Madrid, que es el equipo de nuestros desvelos y por el cual nos interesamos, y continuemos con esta oda a LaLiga de las estrellas y los estrellados con CVC. Recordad, queridos amigos, que LaLiga es esa cosa que sucede entre parón y parón de selecciones, como el que ahora comienza de nuevo para desesperación de los aficionados y gozo de los dirigentes de la UEFA y las federaciones. Esa gente de bien que dirige el mundo del fútbol con una mano de hierro y la otra en la cartera.
Oh, qué gozoso espectáculo, cuán maravilloso puede ser observar a Cuadra Fernández pasear su antimadridismo por el Santiago Bernabéu esta noche, consentir las entradas de los visitantes mientras machaca a los locales a base de tarjetas. No cabemos en nosotros de gozo, de expectación ante el esperado show, una estrategia de desgaste a largo plazo en la que colabora en mayor o menor medida prácticamente todo el CTA.
El equipo comandado por Carletto y Davide juega esta noche gracias a otro de esos caprichos habituales del calendario, una curiosa coincidencia que nos obliga a jugar el sábado tras haberlo hecho el miércoles, mientras que los máximos rivales tienen combinaciones más favorables como miércoles-domingo (Frente Atlético de Madrid) o martes-domingo (Palancas Club Negreirolona). La portada del diario As no podía haber escogido una foto peor, una instantánea cuyo significado hemos tratado de dilucidar sin éxito entre todos los miembros de esta nutrida redacción. Toca espabilar, desde luego, no como si el equipo hubiera recibido cuatro goles ante un equipo portugués en horas bajas, pero convenimos en que hay que mejorar el juego y las sensaciones, preocupantes hasta este momento de la temporada.
De la portada del diario madrileño nos gustaría destacar las tres noticias de la parte inferior:
El diario Marca continúa con sus juegos de colorines: a la noche negra del miércoles sucede la “Alerta amarilla” de hoy. Nunca se pusieron rojos al poner verde al club blanco, y se pondrán morados hoy si los nuestros tienen una noche gris ante los amarillos dirigidos por Marcelino. El asturiano es uno de esos entrenadores al que se aprecia ya su estado de sobreexcitación ante el partido del año para su equipo, un encuentro en el que pide a los suyos que lo den todo. Curioso contraste con los abrazos y sonrisas con los que regala a los entrenadores de otros clubes cuando cae derrotado.
La prensa cataculé continúa a lo suyo: Lewy, inscrito en su día con las palancas ficticias, renovará hasta 2026, justo a tiempo de ver cómo empieza la campaña para que abandone el club por su elevado salario.
Y uno de esos informes “confidenciales” que nunca lo son para hablar de la nueva política laboral, no sabemos si gubernamental: reincorporarse al trabajo después de la jubilación.
Sorprende que trate como “Confidencial” los hechos conocidos sobre la vida del portero polaco Szczesny, ese agregador involuntario de consonantes, pero ya sabemos que escriben para sus lectores, los mismos que creen que se pagaba por informes.
Que paséis un buen día, amigos, y que disfrutemos de un buen partido del Madrid y una nueva victoria. De lo contrario, el parón de seLESIONES se nos hará más insufrible de lo habitual.
Terminó el partido de Copa de Europa en Lille y el ambiente en el Bar Segovia, el establecimiento de mi pueblo donde voy a ver los partidos del Real Madrid cuando juega fuera de casa, era, cuando menos, de ‘melancolía contenida’. No solamente por la derrota, sino por la imagen que el equipo está dando y la preocupación por el devenir de la temporada.
Al mismo tiempo, desde el grupo madridista que tengo en WhatsApp, se alzaban ya voces casi desde el descanso pidiendo que Ancelotti no llegue a Navidad. Sin solución de continuidad, desde Málaga, en un minigrupo que comparto con dos héroes con la camiseta del Madrid en territorio semihostil, me llegaban audios también de desmoralización y de vaticinio de desastre y, para colmo, al día siguiente me encontré por la calle con un madridista de pro, socio como yo, que me aseguró que no había cenado la noche anterior. El mapa del terror.
La exigencia que tiene el Madrid es legendaria. En el Club blanco no todo vale y, llegados el caso, no vale casi nada. El pasado no existe. Todo es el presente y ganar y ganar y volver a ganar. Esa es la diferencia entre este Club y el resto de los equipos del mundo. Pero ante el clima casi tétrico que se desató el miércoles por la noche después de perder en Lille, en un campo donde, visto lo visto, se puede perder, la situación invita a una reflexión.
Esta Copa de Europa de nuevo formato parece muy diferente, pero a la postre es igual que las demás: puedes quedar el 24º en la clasificación que todo se decidirá como durante toda la vida, en las eliminatorias a ida y vuelta. Como ha sido siempre y donde no hay rival más temible que el Madrid
Cierto es que el equipo no está bien. Ancelotti no ha encontrado aún los automatismos que permitan suplir con éxito la baja de Kroos. El Madrid tiene un equipo físico y pensado para correr en ataque, no para que sus delanteros jueguen de espaldas a la portería, aguanten el balón y esperen la arribada de la segunda línea. En ese modelo de juego, el jugador es Haaland, no Mbappé ni Vinícius, y ni siquiera Rodrygo o Endrick.
El estilo de juego del Madrid es la estampida, el balón al hueco, donde los puntas con los que cuenta el italiano no solamente son galgos, sino que son galgos que regatean y desequilibran mejor que nadie en el mundo.
Está claro que el equipo no está trabajado aún, pero así y todo, el Madrid no había perdido ningún partido este año, suma un título, está en la pelea por todo y acumulaba cifras estratosféricas, que muchos de nosotros nunca habíamos visto, de partidos sin derrota.
Que hay que mejorar, sí, que perder no es un verbo que se conjugue en el Madrid y en el madridismo, también, pero de eso a caer en la depresión por perder un partido o por no jugar en este principio de temporada como todos deseamos va un mundo.
Además, esta Copa de Europa de nuevo formato parece muy diferente, pero a la postre es igual que las demás: puedes quedar el 24º en la clasificación que todo se decidirá como durante toda la vida, en las eliminatorias a ida y vuelta. Como ha sido siempre y donde no hay rival más temible que el Madrid, al que nadie querrá ver ni en pintura, aunque haya entrado en el 23º o 24º lugar. Hasta entonces, fuegos de artificio y al tran tran en la Liga, donde pelearemos por todo en cuanto alguien del Madrid, y jugadores con calidad hay muchos, se dé cuenta de que el balón, en largo y al espacio, para que empiece la estampida.
¿A que ya estamos menos deprimidos?
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Buenos días, amigos, y bienvenidos a estos días de zozobra y desánimo. El Real Madrid dio frente al Lille todo un espectáculo de impotencia y confusión, con lo cual la prensa lo goza cual dulce cochinillo rebozándose en el fango. Si todo está siempre mal cuando el Madrid gana, imaginad el desastre que es todo cuando pierde. El apocalipsis de San Juan es una tarde ocio en el centro comercial al lado de esto.
Lo del apocalipsis nos recuerda a aquella maravillosa película de José Luis Cuerda, con Fernando Fernán Gómez como Dios padre, Paco Rabal vestido de guardia civil como San Pedro y Gabino Diego como San Juan. Muy preocupado andaba el apóstol tratando de organizar un apocalipsis en condiciones con la escasez de presupuesto que se le ofrecía.
Apocalipsis: fin de la historia.
Juicio final y carne resurrecta.
Ese era el cántico de los arcángeles por las calles del pueblo español que era el Cielo de Cuerda, aunque el resto de protagonistas de la película no parecían especialmente inquietos ante la perspectiva del final del universo. Nosotros sí estamos inquietos, la verdad, no porque pensemos que se aproxima nada remotamente parecido al fin de nuestro universo (que para esta humilde publicación es el Real Madrid), ni siquiera porque ya esté todo perdido en esta temporada, que no es el caso. Simplemente, no nos gusta que el Madrid palme, no estamos acostumbrados, llevábamos un año natural sin hacerlo. Menos aún nos gusta que el juego se aproxime a la nada y parezca ahogado por factores que por aquí han tratado de diseccionar Nanook, Genaro Desailly y otros colaboradores galérnicos.
La portada de Marca es de un lúgubre que tira para atrás. Tal es su objetivo, claro. Sembrar el pánico entre las huestes blancas, ya de por sí proclives a dejarse llevar por el tremendismo y montar en cólera (su caballo favorito) en las redes sociales. Hay razones para estar preocupados, eso es innegable, y quizá la mayor contrariedad de esta mañana inhóspita es tener que dar la razón a Marca. Como para perder, para bajar la cabeza ante Marca tampoco estamos preparados.
Dice el diario de todas las aficiones menos una que “el Villarreal medirá el calibre de los daños”. Aquí también tenemos que admitir su acierto. Se suele decir, y con razón, que la grandeza del fútbol es que las penas duran poco, ya que enseguida se solapan con la exigencia y la ilusión del próxima encuentro. Mañana sábado a las 21 llegará la hora de saber la gravedad de la situación, y con ese dictamen (ay) nos iremos a un nuevo parón de selecciones sobre el cual sabes cómo entran tus jugadores, pero nunca cómo salen, o si salen. A veces hablamos de nuestros jugadores como si fueran solo nuestros, cuando resulta que los compartimos con sus países de nacionalidad, con legitimidad que más allá de la tradición de hacerlo está pendiente de ser explicada. Esto agrava indudablemente la dificultad para el logro del juego eficiente y vistoso que el equipo en esta temporada solo ofrece con cuentagotas.
El apocalipsis de As es más personalizado. No se conforman con las camisetas, sino que nos muestran las caras abatidas de los nuestros camino del vestuario en Lille. No nos parece mal. Lo que sí nos parece no mal, sino lo siguiente, es que se saquen a colación datos presumentamente negativos que no proceden. “Bellingham aún no ha marcado”. El inglés ha estado lesionado y, además, ahora juega como centrocampista puro. Los goles que marque o dejen de marcar no son indicativos de nada o de casi nada. No es un parámetro que deba utilizarse de manera alarmista. La tarea goleadora recae ahora en la responsabilidad de otros.
Os dejamos con la prensa cataculé.
Pasad un buen día.
Mi marido no gozaba de buen humor aquella tarde. Con los músculos tensos y su torso inclinado sobre la mesa, encerrando el plato entre ambos brazos, daba la imagen de un animal traicionado por el entorno.
Verlo así un domingo, día de partido, era rutinario. Lo llamativo, y ya por ese entonces preocupante, era su mirada. La pupila le temblaba, como hirviendo de ira, mientras rodaba de izquierda a derecha por lo blanco de sus ojos, buscando una especie de culpable de todo el mal que lo afligía.
El foco de su atención rebotaba por los rincones del piso. De la heladera al plato, del plato a los botones de mi camisa. Los trepó uno por uno a un ritmo frenético hasta llegar al último, para luego despegar hasta el techo. Fue balanceándose por las telarañas que mi plumero había dado por erradicadas hasta llegar a la ventana, y detrás del cristal encontró un magnetismo sobrenatural.
Se quedó mascando el chicle de la envidia, tensando más y más sus músculos, hasta quedar inmóvil, apuntando la flecha de su odio en sentido a la estructura metálica que reflejaba la tenue luz del sol hacia nuestro comedor. El Estadio.
¿Hasta qué punto puede la pasión torcer la realidad? Me preguntaba mientras veía cómo le brotaban las venas por debajo de su nunca-blanca camisa. Unas columnas revestidas en metal, una camiseta, un escudo redondo y unas decenas de copas podían sonar como objetos inanimados que atentan contra la nada misma, pero desde el punto ciego del raciocinio de mi pareja eran gigantes maléficos que congeniaban contra la paz en el mundo; su mundo. Quién hubiera dicho que, en pleno siglo XXI, me casaría con un Quijote.
Desde ese día, nuestras vidas fueron vórtices anárquicos que derivaban en el titán plateado, ese tal Santiago. Las arrugas en los espejos, el polvo en los muebles, el dolor en sus huesos, todo era por culpa de ese maldito monumento al capitalismo, la avaricia, la maldad, y tantas otras etiquetas que se le ocurrían mientras hablaba por teléfono con sus colegas del Frente. A estas alturas, uno pensaría que la idea de mudarse cobraría cierto atractivo, pero la mente de ese hombre tenía otros planes. Esta era su aventura, su cruzada contra este ente brillante. Sería él quien lo haría caer, incluso si en el proceso se desplomaba todo lo que rodeaba a la bestia (el departamento, los negocios, su matrimonio…).
“¿Escuchas eso?”, me dijo una noche mientras tapaba mi boca cual protagonista de sci-fy. De fondo se podía detectar el ritmo de “Love Story”. “¡Qué canciones compone la muchacha Swift!”, le contesté para seguirle la charla. No era la respuesta que esperaba. Salió disparado de la silla. “Mira, esto ya es una falta de respeto”, se quejaba mientras abría las ventanas de par en par, uso poco práctico de un doble vidrio.
“¿No lo ves?”, me señala un vaso con agua, esperando el temblor de la pisada del gigante. Y nada, ni un T. rex, ni una ola, ni siquiera una mísera mosca que justo le diera el gusto cayéndose de lleno en la copa.
“El ruido, el ruido nos está volviendo locos”, vociferó mientras se señalaba las ojeras. “No nos deja dormir, no podemos ni ver una serie. No podemos tener mascotas, ni invitar a nadie”.
Todo lo que decía era cierto, pero ¿qué tendrá que ver la muchacha estadounidense cantando con sus alergias al pelaje, su indecisión a la hora de elegir qué ver en Netflix, su apatía para con los pocos amigos que nos quedan de antaño? Lo que me daba la impresión, y nunca tuve el coraje de decirle, era que el estadio lo único que producía en él era esa sensación de vejez, de distancia con la modernidad. Aquel templo que rutinariamente maldecía se había transformado en algo distinto, un enemigo al cual no le conocía las mañas, pero amenazaba ya con su mera existencia.
Para colmo, varios le reían las gracias. Óscar llegó hasta a facilitarle unos equipos de medición. Me sonreían mientras los instalaban en el balcón, eran unos niños con su proyecto de ciencias. Soñaban despiertos con tumbar al titán, con los festejos posteriores (en voz baja y respetando a los vecinos, supongo) y la bendición que le caería de rebote al Metropolitano. “Unas moneditas que nunca vienen mal, pero qué lejos están de ser el fin de tan noble actuar”, decía el tipejo mientras se vanagloriaba de la gesta que estaban llevando a cabo. Si los escuchabas a lo lejos, parecía que estaban tirando abajo una asociación terrorista, cuando sus actos se situaban en las antípodas de esta creencia.
No sé cómo, no sé quiénes intervinieron. Lo cierto es que, de la noche a la mañana, mi esposo se había vuelto una entidad reconocida en las redes. Era el líder de un movimiento contra el “ruido” de Santiago. Se pasaba días enteros monitoreando los decibeles, respondiéndole a cada cuenta que refutaba sus pruebas, o amenazando a quienes escarbaban en busca de su verdadera identidad. Llegó hasta a hacerse pasar por madridista. Madre mía, si su padre llegara a leer la sarta de tonterías que subió a Twitter. Esa sí que sería una jornada ruidosa, quizás me la reserve para las próximas Navidades.
Con su flamante fama llegaron los éxitos. El gigante suspendió conciertos (¿qué hago yo ahora con las entradas de Aitana?). Esa semana nada le borró la sonrisa. Llegamos a hablar de tomarnos vacaciones, de las próximas primaveras, de la poesía de los balcones. Era como volver a verle el rostro detrás de esas ojeras de oso panda. Poco nos duró.
Óscar lo llamó para felicitarlo, pero sus palabras destilaban veneno. Le llenó la cabeza con nuevas aspiraciones, más disparatadas, más enfermizas. Había que suspender todo tipo de eventos.
“Es que algo tenemos que hacer” me incluía como si de un equipo se tratara. “Esos altavoces tienen que estar fuera de norma. Hay que medirlos”, comentaba al aire su plan mientras montaba esos aparatos nuevamente. “Los anuncios, los goles, y ¿qué me dices de las bombas de ese nuevo brasilerito? Nos va a explotar las ventanas de una patada”.
Las ojeras le crecían día tras día. Era evidente que se pasaba las noches monitoreando a Santiago, registrando su actividad, sus susurros. No me lo admitirá jamás, pero lo he escuchado conversando con la bestia. Creo que algo de todo esto le llegó a avergonzar, porque comenzó a cubrirse el rostro con un pasamontañas.
El cansancio, el paso del tiempo, la angustia, todos síntomas ocultables detrás de una máscara. Todo menos esos ojos. Esa retina quemada con la silueta del templo, esa pupila congelada de tanto apuntar. ¿De qué vas con todo esto? Si ya en la madrugada te pude escuchar. Entre los sonidos de la calle y los ronquidos del gigante, le llegaste a confesar tus miedos. Que incluso después de todo tu esfuerzo, tu dedicación, tu desvelo, él te siga ignorando.
Él te siga opacando.
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Hoy no me he retrasado al escribir el artículo. Hoy lo he hecho a propósito. La derrota contra el Lille y las reacciones de cierto sector antimadridista del madridismo me han hecho recapacitar y pensar que, si escribo unas horas después, lo podría hacer con la calma y el sosiego que la ocasión merece.
Se perdió en Lille, se acabó la racha de 14 partidos sin perder en la Copa de Europa y la de 36 partidos invictos en competición oficial. Es cierto, hacía más de 250 días que el Real Madrid no perdía un partido y se perdió en Francia, qué se le va a hacer. El equipo no dio una a derechas, ni a izquierdas, ni arriba, ni abajo, fue todo un despropósito. El equipo francés corrió casi once kilómetros más que los nuestros, los pases no eran correctos, en buena medida porque los franceses llegaban antes, con más fuerza y con más tino. No es mejor equipo que el nuestro, pero el miércoles demostró que cuando un conjunto corre, es solidario, aprieta los dientes y mete la pierna puede ganar hasta al campeón de Europa. Y ganó, ganó muy merecidamente.
Que hacen falta ajustes es algo que llevamos viendo desde que comenzó el curso, que los jugadores deben mejorar en compromiso es algo que llevamos avisando desde el principio, que la actitud que se ve no es la idónea se aprecia desde agosto, pero de ahí a laminar a Ancelotti, querer vender a Mbappé, Tchouaméni, Vinícius y al utillero hay una diferencia abismal. El equipo no funcionó nada, fue un desastre, repito, adoleció de falta de compromiso y de una actitud indolente que desesperaba, cierto, pero estamos a primeros de octubre y, como siempre digo, las notas se ponen en junio.
Que hacen falta ajustes, que los jugadores deben mejorar en compromiso, que la actitud que se ve no es la idónea se aprecia desde agosto, pero de ahí a laminar a Ancelotti, querer vender a Mbappé, Tchouaméni, Vinícius y al utillero hay una diferencia abismal
El madridismo de las redes sociales está muy mal acostumbrado. Siempre considera una obligación ganar. Desde luego que el Real Madrid tiene la obligación de intentar ganar todos los partidos, esa es nuestra esencia, pero de ahí a tener la obligación de ganar hay otro trecho importante, básicamente porque el otro equipo también juega y, normalmente, está lleno de muy buenos futbolistas, que a la élite no llega cualquiera. Decir que el cuerpo técnico no vale cuando la temporada pasada (antes de ayer) se ganó la Copa de Europa sin perder un encuentro, cuando se ganó la liga perdiendo sólo y de mala manera en el Wanda, es tan incierto como injusto.
Todos estos gurús de internet que harían esta u otra alineación, todos estos que mandarían al banquillo a este o aquel jugador, todos estos directivos que no han gestionado ni las cuentas de su casa que ya quieren despedir a Ancelotti y traer inmediatamente a Klopp estaban deseando que pasara lo del miércoles para clamar a los cuatro vientos su “Ya lo dije yo”. Y eso es simplemente infame.
¿Que el equipo debe espabilar? Desde luego que sí. ¿Que si no lo hacen se llevarán más palos que una estera? También, los míos los primeros, pero… A ver, lectores míos. Estos especímenes que hoy claman con que “Hay que ir a Valdebebas a esperarles y abroncarles” son los que el domingo se echaban las manos a la cabeza con los ultras del Frente Atlético. Y quieren hacer exactamente lo mismo. Todos esos que dicen que la planificación deportiva es un fiasco, cuando no saben ni siquiera qué es una planificación deportiva, lo único que hacen es sacar su miseria diaria y lanzarla contra un equipo y unos jugadores que un año sí y otro también nos está llevando a la Cibeles de celebración.
Ningún equipo de las grandes ligas mundiales ha paseado más títulos que el Real Madrid en cualquier competición en los últimos 10 años. Analicemos esto, por favor, un momento, no me quiero liar, pero me debo detener aquí. Fíjense, los grandes ciclos de los clubes no pasan de cinco años, aproximadamente. Ahí tenemos al Madrid “Ye-yé”, que gano cinco ligas seguidas y coronó con UNA Copa de Europa, tenemos al Madrid de la quinta del Buitre, que ganó cinco ligas seguidas y DOS Copas de la UEFA, sin rascar siquiera una final de Copa de Europa. El mal llamado “Dream team” del Barcelona, que arañó cuatro ligas y UNA Copa de Europa (del de Messi no hablo porque está manchado por el negreirismo y por el UNICEF de Zerik), el famoso Ajax de Cruyff, ganó TRES Copas de Europa consecutivas, así como el no menos famoso Bayern de Beckenbauer.
Muchos estaban deseando que perdiera el Madrid el miércoles para clamar a los cuatro vientos su “Ya lo dije yo”. Y eso es simplemente infame
Pues bien, este Madrid que estos especímenes quieren enterrar ha ganado, en las últimas DIEZ temporadas, lo siguiente: 4 ligas españolas, 1 Copa de España, 3 Supercopas de España, 5 Copas de Europa, 4 Supercopas de Europa y 5 Mundiales de Clubs. En total, 22 títulos en DIEZ temporadas, el doble que un ciclo normal de éxitos en el deporte, y no cuento la actual, en la que ya llevamos uno. Esto es, estamos en la mayor y más grande racha de la historia del Real Madrid, en el ciclo más extraordinario de un club de fútbol de la historia del balompié y queremos cargarnos a todos ya. Todo por un partido perdido en Francia contra un equipo menor. ¿Y no les da vergüenza? ¿No se meten debajo de las sábanas de su cama arrepentidos? Verdaderamente, es lamentable, pero no sólo lamentable, es indignante.
Repito para terminar. El equipo debe mejorar, el cuerpo técnico debe dar con la tecla del funcionamiento de la plantilla y se debe competir con dignidad en todos y cada uno de los partidos pero, por favor, este ciclo no lo vamos a ver jamás. Y un día se acabará, como todo se acaba en la vida. Me gustaría ver si a algún médico que hay por ahí en las redes pidiendo la cabeza de Ancelotti “YA” le gustaría que le echaran de su trabajo por un mal diagnóstico o porque a fulanito no le ha venido bien el tratamiento… UNA VEZ. Me gustaría ver a ese abogado de la red que clama contra la “desastrosa planificación de Florentino” pidiendo su dimisión qué le parecería que le quitaran la colegiación por perder un juicio o porque se le pasara un plazo de un recurso. Y me gustaría ver a todos estos eruditos del fútbol que lo único redondo que han visto ha sido la cabeza del que tienen delante en el autobús para ir a trabajar si ven justo que les echen a la calle si tienen UN SÓLO FALLO en su trabajo, me gustaría. Pero claro, como decía mi difunto padre, es muy fácil disparar con pólvora ajena y criticar todo, sobre todo cuando uno nunca podrá demostrar que sabe de lo que critica, porque ni por asomo estará en esas responsabilidades, ni futbolísticas, ni técnicas, ni directivas.
Estamos en la mayor y más grande racha de la historia del Real Madrid, en el ciclo más extraordinario de un club de fútbol de la historia del balompié y queremos cargarnos a todos ya. Todo por un partido perdido en Francia
Por favor, dejemos de demonizar a los que tantas alegrías nos dan a diario y apoyemos al equipo, de forma crítica, por supuesto, pero sin infamias, sin injusticias y sin desmanes. Si al final de curso resulta que el cuerpo técnico se ha agotado, que puede ser, por qué no, pues no pasa nada, otro vendrá, pero lapidarles en la plaza mayor del pueblo por una derrota cuando siquiera aún se ha perdido en la liga me parece infame.
Hoy no hay datos, bastantes les he dado ya.
Me despido como siempre, recordando que ser del Real Madrid es lo mejor una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
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