Arvydas Sabonis fue lo primero que me vino a la mente en el debut de Ronaldo Nazario contra el Alavés en el 2002. Suena raro acudir a un símil futbolístico para perfilar a un jugador de baloncesto, pero es que no se me ocurre nadie mejor. El brasileño se presentó en Madrid diez años después que el lituano, con unas evidentes limitaciones físicas que no impidieron que también resultase devastador. Si Nazario ganó una liga prácticamente en solitario, o solamente con la aportación de Iker Casillas, Arvydas triunfó con Joe Arlauckas como socio. En los dos casos, tras cada exhibición, resultaba inevitable plantearse la misma pregunta: ¿qué dimensión deportiva habrían alcanzado si no se hubieran lesionado de gravedad?
Vladiir Tkachenko fue una figura mítica del baloncesto FIBA de los años 80. El jugador del CSKA de Moscú suponía un novedoso hándicap a ambos lados de la pista frente al cual los rivales tenían que aplicarse con ingenio, incapaces de superar mediante el sobresfuerzo físico a aquella mole de 2,21cm que en absoluto era un mal jugador. Pero la descomunal condición del gigante soviético también acarreaba inconvenientes: un cuerpo pesado, lento de movimientos y cuyo peligro disminuía exponencialmente conforme se alejaba de la canasta. La amenaza, aunque intimidante, era neutralizable. Con Sabonis, en cambio, no hubo margen alguno para la réplica.
¿Qué dimensión deportiva habría alcanzado Arvydas Sabonis si no se hubiera lesionado de gravedad?
La irrupción del pívot del Zalguiris fue recibida con estupefacción. A la estatura de Tkachenko, añadía una velocidad y agilidad más propia de un jugador exterior, lo cual no restaba ni un ápice su potencia, como bien pudieron comprobar los espectadores del antiguo Palacio Raimundo Saporta cuando, en un trofeo de navidad, hizo añicos el tablero.
De complexión fuerte, sus piernas parecían las de un bailarín, con movimientos resueltos, pero calculados, gracias a unos fundamentos que lo hacían incontenible. A su potencial en la pintura añadía, por si no fuese suficiente, un rango de tiro propio de un escolta sublime. Por tanto, el reto ya no era físico ni deportivo, sino temporal, afrontar una confluencia de aptitudes que, más allá de jugadores excepcionales como Wilt Chamberlain en la NBA, no se iba a reproducir hasta transcurridos veinte o treinta años.
A su potencial en la pintura añadía un rango de tiro propio de un escolta sublime. El reto ya no era físico ni deportivo, sino temporal, afrontar una confluencia de aptitudes que, más allá de jugadores excepcionales como Wilt Chamberlain en la NBA, no se iba a reproducir hasta transcurridos veinte o treinta años
Que, por entonces, la Unión Soviética impidiera la salida de deportistas nos privó de una respuesta a qué habría pasado si con 21 años hubiese recalado en los Portland Trail Blazers, la franquicia que arriesgó, pese al bloqueo soviético, con su elección en el draft. Mientras tanto, en Europa, a Sabonis solo lo pararon las malas artes balcánicas, que derivaron en un puñetazo a Nakic en la final de la Copa de Europa del 86, las buenas artes de Drazen Petrovic (que también aplicaba en las malas) y, finalmente, unas fatídicas lesiones que cerraron cualquier posibilidad de descubrir el alcance real del jugador, aunque sí fuimos testigos de cómo se imponía al “Almirante” David Robinson, uno de los mejores centers de la historia, en las semifinales de Seúl 88, cita que culminó con un oro olímpico.
No obstante, aquellas dos roturas del tendón de Aquiles y dolencias crónicas en sus rodillas convirtieron su potencial inicial en una quimera. Lesiones que, en la mayoría de los casos, suponen el final de una carrera deportiva. No fue así con Arvydas que, tras varias operaciones y una prótesis que llevó de por vida en su pie, encontró una oportunidad en España, en la misma ciudad, curiosamente, que luego también acogiese a Ronaldo Nazario tras su retiro: Valladolid.
Sus tres años en Pucela sirvieron para constatar dos obviedades: que el extraterrestre que nos había deslumbrado ya no existía y que el jugador que todavía quedaba era, aun así, el más dominante del continente. En el Fórum coincidió con otro mito madridista, Corbalán, con su compatriota Homicius y con su excompañero de selección Tikhonenko, un formidable equipo que le catapultó hacia el Real Madrid.
En la magnífica entrevista que concedió a La Galerna, Sabonis confesó que su paso por el conjunto blanco fue la etapa más feliz, en lo personal, de su vida. Llegaba a una institución anclada en una crisis profunda, en mitad de una clara hegemonía nacional del FC Barcelona. Una Copa del Rey como único balance en seis años. Sabonis lo cambió todo desde el comienzo. Doblete de Liga ACB y Copa en su primera temporada, acompañado de su íntimo Chechu Biriukov, con los americanos Simpson y Brown y José Miguel Antúnez a la batuta. La segunda temporada se volvió a revalidar el título, también bajo la dirección de Clifford Luyk, con Arlauckas y Antonio Martín sustituyendo en pista a la anterior pareja de americanos, y su paisano Kurtinaitis aportando tiro exterior.
La consolidación de Sabonis despertó las ilusiones de los madridistas, que veían posible la conquista de su amada Copa de Europa, un título que no se ganaba hacía 14 años, pero también la consciencia de que un jugador con esa proyección no tardaría en dar el salto a Estados Unidos. Era, a todas luces, un jugador de la NBA que jugaba en Europa. Jamás nadie había demostrado tal superioridad en el baloncesto europeo. Ya no se trataba de aquel torbellino de su juventud. Había ganado peso, apenas podía correr o saltar, pero era capaz tanto de anotar, gracias a su formidable tiro y a sus fundamentos, como de erigirse en el principal generador de juego, con una visión y capacidad de pase que hacían las delicias de los espectadores. Sabonis reboteaba y taponaba compulsivamente en un lado y anotaba triples o bailaba un chotis en una baldosa, para cerrar con un gancho, en el otro. Sus asistencias por la espalda se convirtieron en el sello reconocible de un genio, que en otro tiempo también había sido un portento físico.
Sabonis reboteaba y taponaba compulsivamente en un lado y anotaba triples o bailaba un chotis en una baldosa, para cerrar con un gancho, en el otro
Contar con el mejor jugador del continente y con el técnico más grande de la historia del baloncesto europeo, Zeljko Obradovic, era casi una garantía de que el Real Madrid iba a volver a conquistar su ansiado trofeo. La octava Copa de Europa se ganó en Zaragoza contra nuestra víctima preferida (Olympiakos), al tiempo que la afición del Real Madrid respiraba aliviada, consciente de que, con la NBA reclamándole, se trataba de una última bala que no se podía desperdiciar. Dejó en la hinchada del Real Madrid una sensación de orgullo por haber podido disfrutar de uno de los más grandes, tal y como anteriormente había pasado con Drazen Petovic, pero, al contrario que el croata, por un periodo más prolongado y con un bagaje de títulos mucho mayor.
Comenzó su etapa en la NBA con 30 años y todavía disputó siete temporadas de profesional en los Portland Trail Blazers, con los que disputó una final de conferencia, junto a compañeros como Scottie Pippen, Rasheed Wallace o Steve Smith, y que perdieron en los instantes finales del séptimo partido contra los Ángeles Lakers. Tras su retirada, fue distinguido con la entrada en el Basketball Hall of Fame.
Muchos años antes, a su llegada a Portland, y tras una primera revisión médica, el doctor Don Roberts había transmitido al director deportivo Bob Whitsitt que "solo en base a las radiografías, Sabonis podría cumplir con los requisitos necesarios para obtener acceso a las plazas de aparcamiento para discapacitados” y sentenció: “No creo que pueda jugar”. Pero lo hizo, y, entre otros sitios, en el Real Madrid de baloncesto.
Por ello resulta inevitable terminar con la pregunta planteada al principio ¿Qué dimensión deportiva habría alcanzado Arvydas Sabonis si no se hubiera lesionado de gravedad?
No son pocos los que piensan que la del mejor pívot de todos los tiempos.
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Entregas anteriores del serial:
Buenos días, amigos. Despertamos entre flores, fandanguillos y alegrías tras la españolísima jornada de ayer. Ya lo afirmó aquel maestro de la tautología: “España es una gran nación y los españoles muy españoles y mucho españoles”. Por la tarde fue Carlos Alcaraz, español y madridista, quien doblegó con brillantez a Novak Djokovic para alzarse con su segundo Wimbledon y su cuarto Grand Slam. 21 añitos tiene la criatura. Y por la noche fue la selección española quien ganó su cuarta Eurocopa.
Marca resuelve su portada con tópicos históricos: Carlos IV para Alcaraz y la Armada Invencible para los grumetes de Luis de la Fuente. En esta ocasión la expedición no fue marítima, sino futbolística, y el combinado patrió derrotó a la escuadra inglesa de manera merecidísima.
España ha sido el mejor equipo de la Eurocopa sin ningún género de dudas y ayer también fue superior a Inglaterra. La final comenzó como suelen hacerlo las finales, por el principio y sin un dominador claro. Southgate encargó a Foden la tarea de perseguir a Rodri, que es algo así como echarle Coca Cola a un Vega Sicilia, pero lo cierto es que el plan no le salió mal en la primera parte, porque consiguió que no pasaran muchos balones por el centrocampista español del City y España lo notó. Inglaterra se decantó por los balones largos y Jude estaba realizando una buena labor.
Entonces se produjo la lesión de Rodri y saltaron todas las alarmas. Sin embargo, como la vida es imprevisible, tras la salida de Zubimendi y la recolocación de Fabián el partido se dinamizó e Inglaterra se desubicó. La jugada del primer gol es una maravilla con exterior de Carvajal, conducción y pase fantástico de Lamine y definición quirúrgica de Nico.
España estaba jugando mejor y tuvo ocasiones para ampliar la ventaja. Sin embargo, Inglaterra tiene la virtud de que no necesita jugar bien para marcar gol y, tras una gran asistencia de Jude, Palmer anotó el gol que equilibraba el marcador.
A De la Fuente le había salido bien la solución Zubimendi y decidió retirar a Morata, nuevamente errático, y dar entrada a Oyarzabal. En realidad, a De la Fuente le había salido bien casi todo, incluso las desgracias, porque la lesión de Pedri fue decisiva para que Olmo jugase y, a la postre, ha sido fundamental para ganar el torneo. Tanto en ataque como en defensa, anoche sacó bajo palos en el descuento lo que habría sido el gol del empate inglés.
En esta ocasión también acertó el seleccionador, pues el donostiarra fue el autor del gol de la victoria española. Cucurella asistió desde la izquierda y Mikel, con la puntita, empujó el cuero a la red en el minuto 86. No fue órsay por centímetros, y gracias a la tecnología del fuera de juego semiautomático nos ahorramos asistir al bochorno de las rayas del Paint, que podrían haber arrojado el resultado que el manipulador de las mismas hubiese querido.
Luis de la Fuente ha sido uno de los más destacados durante el torneo. Ha habido plantillas plagadas de estrellas, como Francia e Inglaterra, cuyos entrenadores no solo no han sabido sacarles provecho, sino que han influido negativamente en el desempeño de sus jugadores. El seleccionador español ha hecho lo contrario, ha aprovechado su materia prima al máximo.
De la Fuente ha sabido elegir a los jugadores y los ha colocado bien, lo cual parece de Perogrullo, pero detalles como, por ejemplo, no situar a Rodri de central y sí donde más rinde tienen su importancia, y aunque parezcan obvios no todos los técnicos actúan así.
También ha sido importante aprovechar la frescura de jugadores menos saturados de partidos que otros a priori mejores, pero que llegaron al torneo completamente fundidos por la carga de minutos de la temporada. Buenos futbolistas como Fabián han jugado mucho mejor que estrellas más cansadas de otras selecciones.
En la final, Carvajal volvió a competir como una bestia y a imponer su jerarquía en todas las facetas del juego, también en las que no incluyen balón. Además de participar con brillantez en el primer gol. A muchos nos sorprendió que Nacho no fuese titular. Salió en la segunda parte y jugó bien. Carvajal, Nacho y Joselu han sido dobles campeones de Europa esta temporada.
El madridista que teníamos en Inglaterra, Jude Bellingham, fue de lo mejor de su equipo. Asistió, pudo marcar y filtró pases de gol que sus compañeros no aprovecharon. Quedó el regusto de que si hubiese estado mejor secundado su selección habría tenido más probabilidades de victoria.
As elige “España está en la gloria” como titular, y define bien al estado del seguidor de Alcaraz y de la selección ayer al final del partido.
En el diario de PRISA también vemos una información que nos hace sonreír: hoy vuelve al trabajo el Real Madrid, club más grande del mundo y fuente inagotable de felicidad para sus aficionados, entre los que tenemos la suerte de encontrarnos.
España ha ganado de manera brillante la Eurocopa, pero los madridistas ya tenemos mono de Madrid, queremos ver a nuestro equipo, estamos deseando que comiencen esos partidos de madrugada en Estados Unidos para, al mínimo tropiezo, pronosticar una temporada aciaga con nadaplete que termine como la pasada.
Mañana, recordad, a las 12 horas en el Bernabéu tendrá lugar la presentación de Mbappé. Hay a quien todo le parece mal y no es capaz de disfrutar ni con 6 Champions en 11 años, pero, afortunadamente, no es nuestro caso, pensamos que mañana puede ser el comienzo de una gran relación deportiva.
Os dejamos por aquí abajo las portadas de la prensa culé y os deseamos que disfrutéis de una jornada estupenda.
Vayan pinchando en Youtube el tema de “Se ha escrito un crimen.” Desde su su pueblecito de Cabot Cove (Maine, USA) vuelve Jessica Fletcher para responder a aquellas cuestiones sobre el Madrid, el fútbol y la vida en general que usted nunca se atrevió a preguntar.
Querida Sra. Fletcher: como experta en la investigación de crímenes, ¿no ve nada sospechoso, o que deba Vd. investigar, en los tres fallecimientos de testigos importantes que ha habido desde que saltó el caso Negreira?
Fdo: @Cuatroamiguetes.
Queridos Cuatro Amiguetes: a mí me parece sospechoso hasta que el vecino cambie de marca de suavizante, así que no te cuento lo que opino de eso que me comentas. Lo pensé cuando me enteré del fallecimiento de cierto presidente del CTA. Recuerdo muy bien la fecha porque poco después apreció en Cabot Cove un nuevo vecino que se presentó como Jefe Trueno Amarillo y abrió una tiendecita de ultramarinos en el pueblo. El jefe Trueno Amarillo dice ser miembro de la tribu cherokee, y es verdad que sus rasgos tienen un cierto aire nativo americano, pero a mí me parece un tipo un tanto extraño. Por una parte, los indios que conozco cuidan mucho más su figura, y por la envergadura abdominal laportiana de Trueno Amarillo se diría que se ha comido para desayunar a toda la Confederación Iroquesa. Además, va a todas partes con un penacho de plumas y una lanza que dice que pertenecieron a sus antepasados, pero la lanza lleva colgando una etiqueta del Corte Inglés. Y aunque habla cherokee correctamente, yo le noto acento de San Vicente de la Barquera. La otra noche, con motivo de la fiesta del 4 de Julio, le pedimos que nos cantara algo típico de su cultura y se arrancó con un himno guerrero cuya letra nos resultó desconcertante:
From Santurce to Bilbao I come along the entire “orilla”.
Hah-iah, hah-iah, hah-iah.
With my skirt “arremangá”, showing off my “pantorrilla”.
Hah-iah, hah-iah, hah-iah.
Todo esto unido al hecho de que su tienda de ultramarinos se llama “Delicias cántabras” me hacen sospechar que nuestro vecino cherokee oculta algo. Le he comentado mis observaciones a mi amigo, el sheriff Tupper, y junto vigilamos muy de cerca al jefe Trueno Amarillo. Os mantendré puntualmente informados de cualquier nuevo descubrimiento.
Querida señora Fletcher: recientemente Dani Carvajal ha declarado que el Madrid necesita a Rodri. Últimamente estoy teniendo muchas discusiones con mi cuñado por ese tema, porque él está de acuerdo, pero yo no lo veo. Por favor, díganos, ¿cuál es su opinión?
Fdo: Joselu M.
Querido Joselu: mi opinión es que, después investigar con éxito más de 260 crímenes a lo largo de doce temporadas y cuatro telefilmes, hay un misterio que nunca seré capaz de resolver: ¿por qué la mayoría de jugadores del Real Madrid pierden de pronto varios puntos de coeficiente intelectual cuando los convoca la selección? Es muy extraño. Cuando visten la camiseta del club, hablan como personas discretas y ponderadas, pero es sentarse con Juanma Castaño vestidos con la zamarra roja y empiezan a soltar una bobada detrás de la otra. En Cabot Cove tenemos un dicho: si puedes evitarlo, nunca pongas delante de un micrófono a una langosta, a Joe Biden ni a un jugador del Madrid concentrado con la selección. La razón es sencilla: o bien, como una langosta, no tendrá nada interesante que decir, o bien, como el Presidente Biden, lo que dirá será incomprensible. Francamente no entiendo por qué el Madrid iba a necesitar a Rodri, que es un centrocampista, cuando en su misma demarcación tenemos a Bellingham, a Modric, a Valverde, a Tchuameni, a Camavinga, a Güler y, en caso de cataclismo, incluso a Ceballos. De modo que, querido Joselu, dile a tu cuñado que el Madrid necesita a Rodri tanto como un bacalao necesita un bisoñé.
Querida señora Fletcher: como mujer detective empoderada que es usted, ¿no le parece un gran logro para la selección española que su mejor jugador, Lamine Yamal, sea un inmigrante de solo 16 años?
Fdo: Rosario Chárez.
Querida Rosario: Concuerdo contigo en que Yamal es un jugador estupendo que hace unas cosas muy bonitas con el balón. No entiendo muy bien por qué dices que es inmigrante habiendo nacido en Esplugas de Llobregat, salvo que en España os parezca que todo el que tiene la piel un poco oscura viene de fuera (en tal caso, querida Rosario, yo os recomendaría que no manifestarais ese pensamiento en público por una cuestión de decoro). Por otra parte, mi conciencia de detective me obliga a desvelarte una dolorosa verdad: yo, Jessica Fletcher, he descubierto el gran secreto de Lamine Yamal: no tiene 16 años. Es mucho mayor. Pero muchísimo. La prueba incontestable se halla en una foto que salió recientemente publicada en el diario Sport en el que se aprecia a un Yamal de bebé siendo bañado por un individuo que, aseguran, es Leo Messi. Si Yamal tuviera 16 años, esa foto debería ser del 2012, pero basta un vistazo para darse cuenta de que eso es imposible. Obsérvese ese barreño de plástico como de mercería de barrio, esa pared rosada con textura de gotelé, ese supuesto Leo Messi con sus prendas de catálogo del SEPU y su corte de pelo imitando al del Vaquilla… La imagen bien podría encajar como fotograma para anuncio de los Drakis de Matutano o del catálogo de Don Algodón. Yo, como icono que fui de los ochenta y los noventa, sé muy bien de lo que hablo. Esa fotografía jamás pudo ser tomada en 2012. En conclusión, es evidente que Lamin Yamal tiene al menos cuarenta y tres o cuarenta y cuatro años.
Querida Jessica: no como ni duermo pensando en la final de la Eurocopa del domingo. Apelo a tu sabiduría detectivesca para que me saques de dudas, ¿quién crees que va a campeonar? ¿España o Inglaterra?
Fdo: Madridista Patriota.
Querido Madridista Patriota: ojalá tuviera una respuesta, pero me temo que no es sencillo. Ambos equipos cuentan con dos jugadores cuyas extraordinarias capacidades hacen que se anulen mutuamente: me estoy refiriendo a Morata y a Harry Kane, que son dos gafes de manual. Es imposible que un equipo en el que juegue cualquiera de estos dos gane una final de nada, pero, héteme aquí, que ahora resulta que se enfrentan el uno contra el otro. ¿Quién saldrá vencedor? Ni idea. O bien el partido se enquista en una tanda de penalties que se prolongará hasta el fin de los tiempos, o bien el espacio tiempo se plegará sobre sí mismo ante semejante colisión de cenizos. También puede ser que, o bien España o bien Inglaterra, conozcan algún tipo de brujería ancestral capaz de anular el mal fario de Kane y Morata, y, finalmente, alguien se alce con la copa. En cualquier, querido, no debes preocuparte. Gane quien gane, habrá un madridista campeón de Europa, y eso siempre debe llenarnos de alegría.
Hasta aquí el consultorio madridista de la Señora Fletcher de esta semana. Queridos lectores: no dejen de enviar sus preguntas, dudas y comentarios merengues. La detective novelista más famosa de Cabot Cove estará encantada de responderles. Este verano “Just ask Jessica.”
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Buenos días, amigos. Mientras el mundo se estremece al amanecer con la noticia del intento de asesinato de Donald Trump, el fútbol sigue. Lo hace con la final de un torneo que en esta página hemos calificado como innecesario y plomizo, estando como estamos por el fútbol de clubes e ilusionándonos en general poco el de selecciones.
Sin embargo, esta final se presenta como una ocasión inmejorable para gozar de lo que se presenta como un gran partido que, además, permita por un rato olvidar lo revueltísimo que está el mundo, como a las claras muestra el fallido magnicidio que tuvo lugar mientras dormías, o justo antes de acostarte, o mientras tomabas una copa con un amigo en una terraza veraniega y comentabais la final, las posibilidades de España, la pujanza de Lamine y Nico, lo que Bellingham puede aportar sobre el césped, para veros de pronto interrumpidos por la noticia.
Marca juega con los ordinales para recordarnos que no sólo un puñado de españoles se batirán esta noche con un puñado de ingleses en la final de la Euro, sino que un rato antes otro gran español, madridista por más señas, va a intentar ganar su cuarto Grand Slam en Wimbledon. Hablamos por supuesto del gran Carlos Alcaraz. Si nos atenemos a lo bien que le ha ido al madridismo en Londres en los últimos tiempos, los augurios son inmejorables. Si nos atenemos a eso y a la calidad combinada con espíritu ganador de Carlos, por supuesto. A partir de las 3, entrará en acción al Alcaraz, y a partir de las 9 la selección. Tarde/noche completa la que se presenta.
As celebra las horas previas al partido con un montaje algo raruno sobre el futuro, con Lamal y Williams posando y un niño que se les aproxima. Es una selección española admirable por el fútbol que practica y por la conjunción de sana juventud que representa, con el añadido de veteranos líderes como los madridistas Carvajal y Nacho. Es difícil sustraerse al encanto de este equipo, favorito indiscutible de todos los aficionados del mundo excepto los ingleses. Es además el equipo de España, aunque por desgracia sea también el de la RFEF y el de la apesebrada prensa mayoritariamente antimadrista, lo que puede crear comprensibles divisiones en el corazón del seguidor blanco, incluso del que tiene DNI español.
La prensa cataculé abraza sin reparos el apoyo a la selección española, básicamente por Lamine Yamal, gran y jovencísimo delantero de adscripción blaugrana. Mundo Deportivo, no obstante, tiene el detalle de no centrar en Lamine su argumento de portada, como han venido haciendo (en Lamine y en Nico, a quien ya consideran suyo por el artículo 33), sino que diversifican apuntando a futbolistas de la selección que militan en diferentes equipos... ¡el Madrid incluido, con Carvajal como representación! Inaudito. Muchas gracias, diario de Godó, grande de España.
Hasta Sport tiene buen gusto y es edificante hoy, repartiendo a partes iguales su primera plana entre Lamine Yamal y Carlos Alcaraz.
Pasad un buen día y disfrutad de una alta jornada de deporte en la televisión.
"La persona fuerte no odia ni se irrita, no envidia ni se ensoberbece, no desprecia ni se indigna, sino que apetece para los demás el mismo bien que desea para sí".
Barcuh Spinoza.
El apego es, sin duda, un gran destructor de proyectos vitales. Apegarse a determinados objetos, sensaciones o incluso personas acaba por convertir nuestra vida en un estado de permanente insatisfacción. Ocurre, por desgracia, que dicho estado tiende a prevalecer y ser mayoritario entre amplias capas de los dolientes seres de nuestra sociedad, de nuestro mundo. La vida está llena de dificultades; incluso cuando creemos tenerla medianamente controlada nos apercibimos, instintivamente, de que el próximo zarpazo del destino se encuentra en alguna esquina, agazapado, en un estado de hibernación del que, más tarde o más temprano, saldrá para golpearnos con toda su trágica realidad.
Puesto que no hemos venido preparados a este mundo para sabernos manejar en ese proceloso mar, sacudimos nuestras ansias como buenamente podemos: es posible alcanzar un placebo de bienestar ingiriendo cierta dosis de alcohol, engulléndote lo último de Netflix o, directamente, comprando por enésima vez algún objeto que pase a engrosar tu lista de cosas-no-necesarias..., pero al día siguiente toca ir a currar y la rueda de hámster vuelve a rodar; en el fondo no haces sino darte cuenta de que nunca has llegado a salir del todo de dicha rueda y de que, muy probablemente, nunca saldrás...
Bueno, pues resulta que, a pesar de todo, hay veces que sí. Hay, digamos, momentos (aunque no podrías llegar a asegurar que tales procesos puedan ser encuadrables dentro de los parámetros de un marco espacio-temporal al uso) en que tienes la fuerte impresión, incluso convicción, de que hay algo más... ¡Qué diablos! cuando eso ocurre, no es que lo creas, es que estás total y absolutamente seguro de que existes, de que esto no es una broma de mal gusto y de que, realmente, vivir merece, y mucho, la pena.
¡Lo hemos saboreado tantas veces! Sí, es esa sensación de pleno goce, de satisfacción infinita, intemporal, ese punto del devenir que, si bien efímero por naturaleza, es precisamente, en tanto que unidimensional, permanente y eterno a la vez. Ese estímulo intelectual y sensorial en el que serías capaz de abrazar a cualquier ente, humano o animal, que cayese dentro de tu rango de acción; en el que serías capaz de perdonar a tu mayor enemigo y de invitarlo, casi de obligarlo, a participar de tu dicha. No hay muchos momentos así. A decir verdad, existen infinidad de personas en el planeta tierra que no los atisbarán jamás... pero tú sí... en tu caso son innumerables, casi me atrevería a decir que incluso se están volviendo escandalosamente habituales.
Hay momentos en que tienes la fuerte impresión, incluso convicción, de que hay algo más... ¡Qué diablos! cuando eso ocurre, no es que lo creas, es que estás total y absolutamente seguro de que existes, de que esto no es una broma de mal gusto y de que, realmente, vivir merece, y mucho, la pena
Los vives en tu templo y fuera de él; los vives en comunión con miles de almas, a veces en interconexión física y otras veces espiritual; sales de ti mismo en plenitud de júbilo y, en procesión generosa y festiva, acudes a ofrendar tu agradecimiento a la Diosa mientras los miembros de tu grey inundan las calles con los himnos y sutras de tu estirpe.
Eres feliz por pertenecer a esta sagrada comunidad de inmaculado atuendo; sólo eso, incluso aunque no tuvieses nada más en la vida, sería motivo de dicha permanente: hablo de ese tipo de dicha que no es flor de un día o reflejo instantáneo del momento, hablo de una sensación que se funde contigo como una segunda naturaleza y no te deja desfallecer ni perder la esperanza. Que siempre te acompaña. Que no te abandona jamás.
Ser del Real Madrid es una suerte que el destino ha puesto en ti. Reflexiona sobre ello y verás que, en realidad, no has hecho gran cosa para merecerlo: sólo nacer en una determinada época, ser hijo de unos determinados padres, quizá el regalo de una determinada equipación tuviera algo que ver... no deberías ensoberbecerte de tu condición. Es más, si analizas seriamente el asunto, deberías incluso sentir lástima de todos aquellos que no han podido, por las causas que sean, ser agraciados con tu don. Sí, porque, en el fondo... ¿quién no desearía ser del Real Madrid? ¿Quién, en su fuero interno, y si le fuese dado elegir, no preferiría haber sido ungido con ese regalo?
Ser del Real Madrid es una suerte que el destino ha puesto en ti. ¿Quién no desearía ser del Real Madrid? ¿Quién, en su fuero interno, y si le fuese dado elegir, no preferiría haber sido ungido con ese regalo?
Ser del Madrid es una adquisición de tipo mental y espiritual tan poderosa y transformadora, tan representativa, tan concordante con la bondad inmanente del universo, que de alguna manera te traslada, por analogía, a un registro de la realidad diferente y transformador. El aficionado del Real Madrid, el aficionado perfecto del Real Madrid, tiende a sintonizar con la propia esencia del club, la cual, a la manera de una forma platónica, no puede ser sino la suma de todo lo bueno.
Pero cuidado. La virtud nunca puede ser una actitud pasiva, un dejarse ir. La virtud debe trabajarse cada día: por su propia constitución intrínseca demanda actividad. Ser del Real Madrid es también, me atrevería a decir que incluso sobre todo, una responsabilidad: hay que saber estar a la altura. Creer que todo el mundo tiene que reconocer nuestros méritos es incompatible con la realidad; sabemos, por supuesto, que hay personas cuya condición mental es tan lastimosamente débil que no están, simplemente, en condiciones de ejercer tipo alguno de generosidad para con nosotros. Sabemos que, muy al contrario, se empeñarán, hasta el límite de sus fuerzas si hace falta, por despreciarnos y perjudicarnos; artera y sibilinamente cuando la ocasión lo requiera, o con luz y taquígrafos, si intuyen al amparo de la impunidad.
Sabemos que se creará una suerte de caldo de cultivo, o comunidad de intereses, al socaire del cual habremos de padecer menosprecios injustificados, dobles raseros y atropellos sin igual. Y bien, y he aquí la gran pregunta, ¿cuál tendría, en buena lid, que ser nuestra respuesta? ¿Abominar de la selección nacional de nuestro país, quizá?, ¿recluirnos en una cueva?, ¿vivir infelices y resentidos?
No será mi caso.
Percibo en el ambiente de la comunidad a la que pertenezco una especie de estado de opinión, no me atrevería a decir que mayoritario, pero sí muy representativo, según el cual parecería que lo normal es preferir la victoria de otra selección distinta a aquella que representa a tus vecinos, familiares y amigos. Distinta a aquella que te representa a ti. Empiezo a percibir una suerte de estado de opinión, mucho más inquietante aún (por lo ridículo), que cree sinceramente que llamar "la roja" a un equipo que viste de color rojo porta, inoculado, una suerte de mensaje epigramático destinado a zaherirnos.
Colijo, con estupefacción, que en el club al que pertenezco, en determinados foros al menos, antes abiertos y volcados en todo lo que tuviera que ver con el deporte, se deslizan, distraídamente, opiniones políticas con las cuales no me siento en absoluto identificado y que, si he de ser sincero, me parecen despreciativas e intolerantes. Pero que lo que sobre todo me parecen es inoportunas.
Percibo en el ambiente de la comunidad a la que pertenezco una especie de estado de opinión, no me atrevería a decir que mayoritario, pero sí muy representativo, según el cual parecería que lo normal es preferir la victoria de otra selección distinta a aquella que representa a tus vecinos, familiares y amigos
Agradezco a La Galerna que, después de un comentario crítico hecho a vuela pluma y sin mayores pretensiones en su web, contactaran conmigo para ofrecerme la posibilidad de desarrollar mi argumento. Actitudes como esas fortalecen y honran a quienes las ponen en práctica y, por extensión, nos fortalecen a todos. Tengo la más alta consideración por este punto de reunión educado, sosegado y alegre. Así lo había percibido siempre; de hecho, jamás había escrito comentario alguno: no había sentido la necesidad.
Pero, puesto que considero que en ningún grupo humano debe faltar la crítica bien intencionada y honesta y el examen de conciencia debe de acompañar cualquier proyecto humano, por un lado, y que me encuentro sumido en la incomprensión más absoluta por la desafección palmaria hacia la selección española que localizo por doquier, por el otro, es por lo que decidí aceptar la amable invitación de esta bendita Casa (sean reiteradas las gracias).
Y por ello, en aras a la reflexión de mis amados correligionarios y camaradas, y a la mía propia, me gustaría dirigirme a ti. Sí, a ti. A ese que puede que hasta tengas dificultades para hablar o escribir correctamente el castellano y que, a pesar de todo, o precisamente debido a ello, vive con bonhomía y candor las hazañas de unos chicos entusiastas que te representan y con los que te sientes identificado. A ese que se siente agradecido de estar viviendo esta época tan inenarrablemente bonita, porque, no es sólo que su club amado roce el paraíso cada temporada, sino que encima los del equipo del país en el que vive, al que pertenece, asombran al mundo, siendo que, por otro lado, percibe, con inconmensurable asombro, ciertas resistencias para hacer lo propio, esto es, dejarse arrastrar por la más desbordante dicha, por parte de gente a la que cada vez entiende menos.
Quiero que sepas que, efectivamente, como intuyes, ser del Real Madrid es incompatible con estar enfadado, simple y llanamente porque ser del Real Madrid es sinónimo de felicidad
Quiero que sepas que, efectivamente, como intuyes, ser del Real Madrid es incompatible con estar enfadado, simple y llanamente porque ser del Real Madrid es sinónimo de felicidad y que, además, bien entendida y aprovechada, nuestra feligresía constituye una guía ética tan buena como la que más para conducirse por la vida: si eres de esta familia, querido amigo, nunca te abandonará la alegría.
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Buenos días, queridos amigos.
Mediados de julio y seguimos inmersos en mitad de una competición eterna, inacabable, más larga que un día sin pan, un discurso de Fidel Castro, una película de Terrence Malick o la venta de Barça Studios. Ahí seguimos, con “tóa la caló” cincuenta partidos después, numerosos encuentros en los que se han alternado momentos apasionantes con otros soporíferos, con la balanza inclinada más hacia estos últimos que hacia el lado de las emociones. Afortunadamente, ya solo queda la final, el España-Inglaterra tras el cual comenzaremos a contar los días para la vuelta del Real Madrid a la competición. Deseamos lo mejor a la selección de Luis de la Fuente (no tanto a la de Pedro Rocha), así como a Carlos Alcaraz, quien mañana disputará otra “final del siglo” contra Novak Djokovic, como la define el diario As en su portada. Ganar Roland Garros en París y eliminar a Francia solo puede completarse con una victoria del murciano en la hierba de Wimbledon y un triunfo sobre Inglaterra.
El diario As centra su portada en la pareja de moda, Nico y Lamine, Williams y Yamal, la pareja que todo el entorno mediático y federativo desea juntar sin disimulo en el Fútbol Club Barcelona. Es la pareja de moda, decimos, y no un trío, porque el jugador convocado para meter los goles lleva todo el torneo incurriendo en una cierta dejación de funciones. “Hay que apoyar a Morata”, anuncia Ibai en un recuadrito de la portada. Lo que no tenemos claro es si la mejor manera de apoyarlo es mantenerlo en el once inicial, donde ha conseguido unir a culés, madridistas, atléticos y bilbaínos en su desesperación.
Nico y Lamine han encontrado su manera de apoyarlo en el terreno de juego y evitan pasarle el balón. Lo juegan entre ellos y, si centran al área, buscan la irrupción de Fabián en segunda línea. Chicos listos. Así la prensa podrá centrarse en alabar a Morata por hacer el trabajo sucio de “abrir huecos, arrastrar a la defensa rival, fijar a los centrales” y, como han destacado todos ellos al unísono y en asombrosa coordinación, “incomodar a los defensas rivales en la salida de balón”. Es el nuevo fútbol, el de los desmarques parados, los goles esperados y las pre-asistencias.
“Que cumplan muchos más”, reza el titular principal de la portada bajo la foto de ambos jugadores. Pues claro que sí, y que todos lo disfrutemos. A ser posible, Nico en el equipo en el que es feliz, y Lamine en un equipo grande, como merece, tal como escribió Jesús Bengoechea recientemente. Lamine cumple hoy 17 años y Nico Williams alcanzó ayer los 22, una precocidad que puede asustar a otros, pero nunca al madridismo. En la portada se cuela Endrick, la nueva perla brasileña madridista, quien cumplirá 18 en apenas unos días y ya ha sido decisivo para la conquista de la liga brasileña para el Palmeiras. Casualmente, también cumplía ayer el mejor futbolista de la temporada, Vinícius Jr., 24 en su caso, y ya ha marcado en dos finales de Champions. Y por si esta artillería no fuera suficiente, apenas hemos visto los primeros zarpazos de Arda Güler, 19 añitos.
La edad es solo un número, decimos los que peinamos canas. Y la precocidad al obtener ciertos logros no es más que un adelanto de lo que podría llegar si la calidad, la suerte o el trabajo duro se mantienen. Hoy, por ejemplo, también cumple años Harrison Ford, 82, actor con una enorme carrera a sus espaldas. Un tipo que ha sido Han Solo, Indiana Jones y Rick Deckard merece todos nuestros respetos. No fue precoz, pero sí supo mantener una carrera larga y provechosa. Por el contrario, ayer cumplió Ana Torrent, ejemplo de precocidad como pocos (El espíritu de la colmena, Cría cuervos, y no hablamos de Tebas), pero con una carrera posterior tirando a discreta.
La portada de Marca centra todo el foco en Lamine y sus 17 años, algo que está bien que nos recuerden porque apenas hemos escuchado a Juan Carlos Rivero decir la edad del chico durante estas semanas de campeonato. Si la anterior Eurocopa fue la de “no se olviden del estreno de Operación Camarón”, esta será recordada por la del “y solo tiene dieciséis años”.
“Mi madre todavía me dice que no vaya descalzo”. Normal, como corresponde a una madre de las de toda la vida, de las de beso sanador en la herida y puntería infalible con la zapatilla. Y si Lamine es tan buen chico como parece, hará caso a su padre y acabará en un grande en cuanto tenga edad para firmar el suculento contrato que le espera.
El diario Marca sigue con el anuncio cutre-salchichero de la venta de su “camiseta de la tortuga”, la cosa más oportunista que hemos visto desde el gorro de baño del Barça unos días después del 4-0 sufrido en Liverpool. Habrá quien la compre, como hay quien hace colas para llevarse la camiseta de Mbappé, o como hay gente infame que revende las entradas (gratuitas) para la presentación de Kylian en el Bernabéu, pues de todo hay en la viña del Señor, aunque nos sonroje en ocasiones.
Si bien, para provocar sonrojo, nada mejor que la prensa cataculé.
El momento en el que Leo Messi “bendició” a Lamine Yamal ocupa casi toda la portada de Sport. Apreciamos ahí una mirada mística, a buen seguro que una imposición de manos, una transferencia telepática de conocimientos balompédicos, pero lo que no hay es coma del vocativo. Solo por esta foto, Messi merece el Balón de Oro. Sin duda de ningún tipo. Messi se llevará el Balón de Oro, pero no por la Copa América que le han apañado en Miami, sino por los goles de Lamine con esa pierna izquierda que abraza Leo en la foto. ¡Es su obra, es su penúltima genialidad!
Más que sonrojo provocan estupor, cabreo, indignación, las palabras de Javier Tebas bajo la rolliza figura de Bebé Lamine: “El Barça está cerca de poder fichar a Nico Williams”. Las competiciones españolas son un estercolero, un pozo de inmundicia en el que sus dirigentes chapotean con gusto. El Fútbol Club Barcelona no ha vendido jugadores, no ha entrado el dinero de la enésima venta de Barça Studios, no ha mejorado el acuerdo con Nike, no ha generado nuevos ingresos, pero nos dice que podrán fichar a Nico. Se permite hablar de un jugador de otro equipo, cuyo presidente ya ha mostrado el cabreo que tiene con esta situación.
Tebas sabe que lo que dice acerca de la situación financiera del Barça no es cierto, pero permitirá el enésimo incumplimiento y de ese modo, además, se vengará del Athletic de Bilbao por no firmar el acuerdo con CVC, no aprobarle la nueva mastodóntica subida de sueldo o por plantar cara al sistema. ¡Qué se habrán creído estos de Bilbao!
Os dejamos con la portada del Mundo Deportivo y os pedimos disculpas de antemano, pero si nosotros la hemos visto, os toca padecerla ahora a vosotros:
Nos cae bien Cucurella y nos parece un magnífico jugador que ha brillado en esta Eurocopa, si bien, para ser honestos, no nos perturba demasiado, ni lo contrario, el color que escoja para su frondosa cabellera.
Pasad un gran día, amigos, y suerte mañana para Carlitos Alcaraz, para España y (muy respetable) para los que prefieran ir con Jude Bellingham y la pérfida Albión.
“Este torneo, para mí, es un fracaso. Quería ser campeón de la Eurocopa. No he estado bien y nos vamos a casa. Necesito descansar y luego comienzo una nueva vida”, declaró Kylian Mbappé en zona mixta minutos después de caer eliminado en la semifinal de la Eurocopa, ante España.
Tanto en números (1 gol (de penalti) y 1 asistencia en 5 partidos) como en juego -se le vio lento y poco eficaz-, la Euro 2024 de Mbappé fue un fracaso. Tras un gran Mundial en Catar, donde Kylian fue máximo goleador, finalista, y el emblema de su país, todo el foco estaba en él para que trajera a Francia una Euro 24 años después.
En la primera Eurocopa de Mbappé, la de 2021, Francia cayó en octavos ante Suiza en penales. El astro francés falló su penal en la tanda y no consiguió marcar ningún gol en todo el torneo. Si bien en esta llegaron lejos, Mbappé estuvo lejos de su mejor versión. Más allá de sus números, lo que me parece un fracaso es lo poco que lo intentó. Kylian disparó nueve veces al arco en toda la euro y generó solamente tres ocasiones, entre ellas la asistencia a Kolo Muani. Números ajenos al talento del nuevo jugador del Real Madrid.
Puede que sea hasta bueno que un futbolista del nivel de Mbappé llegue cuestionado y habiendo fracasado en la euro
El fútbol se está convirtiendo en un deporte exageradamente táctico donde los equipos priorizan estar bien parados atrás y confiar en meter las dos o tres ocasiones que van a tener por partido. Es lo que se está viendo en esta euro y en casi todos los partidos decisivos a nivel de clubes, como por ejemplo la vuelta de cuartos de final de la última Champions entre el City y el Real Madrid.
Pero hay jugadores que rompen esos esquemas. Y Kylian es uno de esos, o por lo menos lo era. Ese jugador que maravilló al mundo entero en Rusia durante el Mundial 2018 era uno que no tenía miedo a perder el balón. En carreras largas, dejaba a los defensas atrás, y en espacios cortos encontraba el hueco para sacar un chute al arco.
El 2024 de Mbappe ha sido malo. Quizás empezó el año pendiente de su futuro o demasiado presionado por su club. “El PSG me dijo violentamente que no jugaría esta temporada. Luis Enrique y Luis Campos me salvaron. Sé que estuve lejos de mi mejor versión”, explicó Mbappe en una rueda de prensa previa al inicio de la Eurocopa. No sabremos nunca qué fue lo que realmente pasó, pero lo que sí sabemos es que, a pesar de que en los primeros 16 partidos de liga metió 18 goles y en los últimos 15 metió 10 (todos en 2024), mostró su bajo estado de forma.
Puede que sea hasta bueno que un futbolista del nivel de Mbappé llegue cuestionado y habiendo fracasado. Mbappé dijo cuando se anunció su fichaje por el Real Madrid que: “Estoy liberado, llego al club en el que siempre soñé con estar”. El Madrid anunció que vestirá el dorsal número 9, el mismo que usó su ídolo Cristiano en su primera temporada. Además, también anunciaron que su presentación será el martes 16 y se espera que asistan 81.000 aficionados al Santiago Bernabeu.
Las entradas para ver a Mbappé en su primer día como madridista salieron ya a la venta y hay más de 110 mil personas que han solicitado una para asistir al Bernabéu el martes. Además se espera que la tienda del Bernabéu facture alrededor de medio millón de euros diarios.
Este es el impacto de un futbolista llamado a marcar una época vestido de blanco. Kylian sabe que, para triunfar en el Madrid, tiene que quitarse la máscara y volver a ser Mbappé.
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Soy absolutamente incapaz de apasionarme con la selección española, al igual que me ocurre con el reggaetón, la comida tailandesa o el vino (que me perdone mi suegro, que es viticultor). Para que el acto de sinceridad sea completo, he de comenzar admitiendo que nunca, ni cuando sentía más apego, he vivido sus partidos con la intensidad con la que sufro o disfruto los del Real Madrid. Esta peculiaridad no es exclusivamente mía; es algo mayoritario en nuestro país, donde los clubes son mucho más populares que el combinado nacional.
Nunca, ni cuando sentía más apego, he vivido los partidos de la selección con la intensidad con la que sufro o disfruto los del Real Madrid
Lo que ha cambiado en los últimos años, y ha terminado por convertir a España en algo ajeno para mí, ha sido esa instrumentalización de los antis de lo que se supone que era el equipo de todos y su invasión de cada instancia de la Federación, aislando permanentemente al club que, merced a su inigualable historial, debería ser la bandera del fútbol español. ‘La roja’ se usa para atacar al Madrid, para que sus enemigos se puedan apuntar minúsculas victorias, imaginarias la mayoría, en una era en la que la aplastante superioridad del objeto de sus fobias más atávicas apenas les da respiro.
He visto casi todos los partidos de esta Eurocopa, aunque habitualmente de fondo, acompañando a otras actividades. Por ejemplo, el otro día no me perdí la semifinal entre España y Francia, pero no celebré ninguno de los tantos de la selección de mi país. Cantar un gol sale de dentro, no entiende de razonamientos y sí de corazón. Y el mío no me empujó a disfrutarlo. Han sido demasiadas afrentas, años de alejamiento sistemático y de usar la camiseta de la selección española como un arma más para arrojarle a la cara al equipo del que soy socio desde que pude permitirme pagarlo. Lo que se rompió durante más de una década, no es fácil de recomponer.
Han sido demasiadas afrentas, años de usar la camiseta de la selección española como un arma más para arrojarle a la cara al Madrid. Lo que se rompió durante más de una década no es fácil de recomponer
Por supuesto, tengo muchos amigos madridistas que siempre han apoyado incondicionalmente a la Selección, o que han regresado al redil durante estas semanas. Estos últimos me intentan convencer para que vuelva a alentarles con una serie de argumentos que, tengan o no peso, son inútiles ante el cariz sentimental de mi desapego. Este equipo ya no juega a ese estilo manido, desfasado y supuestamente propiedad de un club; aquello que se conoció como tiki-taka. Son más directos, vibrantes y divertidos. Coincido plenamente. El grupo es más sano y, aunque pueda haber discrepancias en varios nombres, el combinado nacional ya no parece un grupete de amigos en el que un delantero del Braga con cuatro goles acaba siendo convocado por haberse formado en cierta cantera y estar representado por agentes muy concretos. Siendo todo esto verdad, no cambia nada para mí. Lo que haga España me es del todo indiferente.
También tengo amigos madridistas que siguen enrabietados y desean que ‘la roja’ pierda cada partido. No les juzgo, igual que no lo hago con aquellos que vibran con cada encuentro. Ante la perspectiva de la final del domingo, que veré como el que pierde la mirada en el paisaje cuando viaja en tren, solo me apena algo muy concreto. Por una vez, la vomitiva labor de los líderes y de los altavoces del antimadridismo ha hecho mella en mí. Asumo la derrota; que en esta ocasión han ganado y han logrado arrebatarme algo que podría disfrutar, o que incluso debería disfrutar como aficionado al fútbol y español que soy. Sus reivindicaciones, reproches o insinuaciones cuando se trata del equipo nacional ya no me afectan para nada. Mi apatía con todo lo que rodea a la selección española, y la repulsión que siento al ver los golpes en el pecho ahora de los que se pasan la vida llamándonos forofos a los demás, es una consecuencia más del paupérrimo estado del fútbol español. Si sus responsables no son capaces de fidelizar ni a buena parte de la masa social más numerosa en España, es que han hecho las cosas increíblemente mal. Nada que sorprenda.
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Buenos días, galernautas, y, como diría Carlos Jesús, benditos seáis. Fiu, fiu. Según el célebre vidente de los años 90 popular gracias al programa Al ataque de Alfonso Arús: Al mundo vendrán, dentro de poco, 13 millones de naves de alguna confederación intergaláctica, de Ganímedes, de Constelación Orión, de Raticulín, de Alfa, de Beta... Si el vaticinio del peculiar adivino se hiciese realidad, los raticulinos, los ganimedianos, los de Alfa, los de Romeo, los de Beta y los de VHS que llegaran a la Tierra, probablemente lo primero que se encontraran sería con un montón de Champions del Madrid, con las portadas de la prensa deportiva y con alguna trapacería del FC Barcelona. Con lo que no se iban a topar, seguro, es con una Champions del Atleti.
Si los visitantes llegasen hoy, se encontrarían con la portada de Marca y verían a otro marciano, en el buen sentido: Lunin, el portero impasible que detiene penaltis con la tranquilidad de quien come una manzana y celebra las victorias con la expresividad de un iceberg.
El ucraniano dice que no sabe si seguirá en el Madrid, que está en manos del club. Cada uno sabrá qué declaraciones son las más adecuadas para su futuro y es lógico que Marca destaque las más llamativas. Si uno lee la entrevista entera, Lunin muestra una cara muy sensata y normal, lo que no deja de ser un poco extraterrestre para un futbolista.
Otro marciano de Marca es Mbappé, que desborda todas las previsiones el primer día que se pone a la venta su camiseta del Real Madrid. Ya es raro, porque nosotros habíamos leído en Twitter que era un paquete y un futbolista retirado.
Los que viniesen de Raticulín también verían la primera plana de AS, que extrañamente menciona una de las trapacerías del Barça y su entorno mediático: “El Athletic reprocha a la RFEF la presión de la prensa sobre Nico Williams y su futuro”. Cómo será la cosa de evidente para que aparezca en las portadas.
Mundo Deportivo nos toma por tontos. A nosotros y a los extraterrestres de Ganímedes. Titulan: “Ofensiva por Nico (después de la Eurocopa)”. Lo mismo hasta ellos se han dado cuenta de lo mal que lo estaban haciendo y ahora con ese “después de la Eurocopa” pretenden enmendar el pasado y dar una pátina de buen comportamiento al presente y al futuro. Como si fuese posible cambiar lo que ya han hecho. La ofensiva ya comenzó y el propio Laporta fue el ariete junto con la prensa. No insultéis a la inteligencia (aún más), Mundo Deportivo.
Sport habla en su azotea de Olmo y de Lamine. Carlos Jesús siempre se despedía con un “Benditos seáis”, pero Yamal tuvo la suerte de que no lo bendijera el médium de Hacendado, sino todo un delantérum como Messi, que lo “bendició” cuando era bebé.
Según Sport, Lionel Andrés Messi Cuccittini “bendició” a Lamine Yamal sin saberlo, porque los dioses son así de estupendos y van repartiendo bendiciones como si fuesen los buenos días. Hay foto del divino momento.
Bebé Lamine tenía aspecto más de soprano que de futbolista (cosa habitual a tan tiernas edades), pero hete aquí que llegó Messi para ungirlo y transmitirle, vía cutánea, su sapiencia futbolística y convertirlo en el jugador que es hoy.
Nadie ha “bendicho” tan bien como Leo a Yamal. Desde entonces, Lamine ha experimentado una evolución muscular, ósea, hormonal y linfática que lo han transformado en un mago del balón, como lo eran Óliver y Benji.
El domingo, como sabéis, España disputará contra Inglaterra la final de la Eurocopa. Si gana el cuadro de Luis de la Fuente, sería justo atribuir buena parte del mérito a Leo Messi. Sin su bendición, Lamine solo sería un estudiante español más que habría asistido por televisión a la eliminación de la selección española, que sin su participación apenas podría haber llegado a octavos de final del torneo.
Si esto sucediese, el NO-DO del Barça, perdón, Sport, titularía: “Messi ‘bendició’ a Lamine y la Roja ganó la Eurocopa”. Y ya en letras más pequeñas destacaría que Guardiola proporcionó a Leo el bote de jabón Nenuco y la esponja natural y le instruyó sobre cómo ha de frotarse a un bebé, cual lámpara maravillosa, para que de él brote un genio.
Por supuesto, este nuevo milagro del argentino sería fundamental para otorgarle el próximo Balón de Oro.
Nos despedimos deseándoos que paséis un día estupendo. Con permiso, este humilde portanalista se dispone a viajar hasta la concentración de la selección argentina, meterse en una bañera y esperar a que aparezca Messi para que lo “bendiza”.
El traspaso de Iván Zamorano al Real Madrid se cerró el 1 de julio de 1992 tras llegar a un acuerdo económico el conjunto blanco con el Sevilla. Concluía así una larga operación de la que se habían escrito varios capítulos los meses anteriores. El delantero se convertía en el primer jugador chileno de la historia del club, que más de cuatro décadas antes se quedó cerca de fichar a una de las estrellas de La Roja en aquel momento: George Robledo.
La temporada 1991-92 fue la última en el cuadro madridista de una leyenda de la institución: Hugo Sánchez. El mexicano, poco antes de terminar el curso, ya presentía que iba a ser el último año con la camiseta blanca y en el club andaban buscando un sucesor para el formidable ariete. La prensa filtró varios nombres, pero el que acabó encajando en tiempo y dinero fue Iván Zamorano, que había gustado en sus dos campañas por Sevilla.
El traspaso de Iván Zamorano al Real Madrid se cerró el 1 de julio de 1992. El delantero se convertía en el primer jugador chileno de la historia del club
Su edad de 24 años gustaba en Chamartín, aunque también había otros pretendientes del nueve en España y en el calcio italiano. En un principio parecía que iba a ser un mano a mano entre Real Madrid y Barça por su fichaje, pero los blaugranas se retiraron de la lucha para fichar a Romario un año después. El Atlético de Madrid fue otro de los clubes que también movió pieza en los meses de primavera porque era un jugador del gusto de Jesús Gil.
Iván Zamorano, originario de Maipú (Santiago de Chile), nació el 18 de enero de 1967 y se formó en Cobresal tras ser rechazado por Colo Colo. En el cuadro minero empezó su carrera profesional y en 1988 cruzó el océano para firmar por el St. Gallen suizo. El Sevilla lo fichó en 1990 y pronto asombró en el fútbol español. El chileno era un delantero centro con buen físico, olfato de gol, intuición para colocarse en el área, chispa, arrojo y sobre todo un remate de cabeza muy poderoso, en parte gracias a su potente salto.
Zamorano era un delantero centro con buen físico, olfato de gol, intuición para colocarse en el área, chispa, arrojo y sobre todo un remate de cabeza muy poderoso
Las primeras noticias del interés blanco por Zamorano aparecieron en el mes de diciembre de 1991. El delantero tuvo una soberbia actuación en el Vicente Calderón con dos tantos al Atlético de Madrid y José Antonio Camacho, miembro del cuadro técnico madridista que espió en varias ocasiones al jugador en el Sánchez Pizjuán, realizó un informe en el que decía que un ariete rematador explotaría en el área los múltiples centros que hacen desde la banda Michel, Chendo o Gordillo. “El Madrid está interesado en todos los jugadores que le puedan ser útiles”, comentó el exfutbolista. Además, según contaba Alejandro Delmás en AS, el chileno cambió de agente y sustituyó a Vinicio Fioranelli por Alberto Toldrá, un hombre bien visto en la entidad capitalina que ya trabajaba con otros jugadores madridistas como Luis Enrique y Villarroya.
Pocos días antes de terminar el año 1991, Zamorano confirmó el interés en sus servicios de Real Madrid y Barça, explicando que confiaba en cumplir su contrato en el Sevilla que finalizaba en la temporada 1993-94 porque “en la actualidad me debo al Sevilla y sigo jugando sin problemas en el club andaluz”, pero advirtiendo que ambos clubes podrían estar dispuestos a pagar 10 millones de dólares por el traspaso: “no quiero elegir entre el Real Madrid o el Barcelona, ya que junto con el Atlético de Madrid, son los mejores equipos de España”. También tuvo unas palabras tras sus comparaciones con Hugo Sánchez: “Quizá en temperamento nos parecemos un poco, pero somos diferentes. Solo tenemos en común el gol, que lo llevamos en la sangre”.
Luis Cuervas, a comienzos de 1992, quiso dejar clara la postura del Sevilla afirmando que “quien quiera a Zamorano lo tiene muy fácil. Debe pagar los mil millones que figuran en su cláusula de rescisión. El Sevilla no está dispuesto a vender jugadores. Sin embargo, el representante del futbolista, fechas más tarde, concretamente en marzo, según publicó el diario MARCA, explicó que habían leído el contrato “y en este, por lo que observamos, no hay cláusula, aun así, ni Iván ni yo hemos pensado zanjar nuestra ligazón con el Sevilla a través de Magistratura. No se nos pasa por la cabeza”. También a mediados de enero, el diario MARCA informaba de un fuerte interés de la Juventus por el chileno. Los italianos no tendrían problema en desembolsar la cláusula íntegra, pero les faltaba hablar con el delantero.
Zamorano: "Hugo Sánchez y yo solo tenemos en común el gol, que lo llevamos en la sangre"
Mientras tanto, el Real Madrid proseguía con el seguimiento estrecho del jugador y, con Camacho ya fuera de la entidad y entrenando al Rayo, el encargado de ir a Sevilla a ver en directo a ‘Bam Bam’ era Paco Gento. Zamorano tampoco era el único goleador que interesaba en la casa blanca, que daba muchas vueltas al nombre del sucesor de Hugo Sánchez. En el diario AS publicaron en el mes de febrero una lista de delanteros interesantes para los blancos que, además del chileno, incluía al argentino Batistuta, al holandés Bergkamp, al suizo Chapuisat, al ruso Kiriakov, al francés Papin, al uruguayo Fonseca y hasta al búlgaro que militaba en el Barça Hristo Stoichkov.
Unas declaraciones de Zamorano a El País levantaron una gran polvareda sobre todo en Hugo Sánchez. El chileno, el 21 de marzo, confirmó las negociaciones entre el Real Madrid y el Sevilla: “Las conversaciones van muy adelantadas y puede haber un acuerdo en los próximos días”. Todo esto mosqueó a Hugo Sánchez, al que el asunto no le olía bien. En la portada del diario AS, el 24 de marzo, aparecieron unas rotundas declaraciones del mexicano en las que decía que “si el Madrid está negociando con el chileno, me están faltando al respeto”.
‘El Manito’ añadía que “no lo he escuchado de forma concreta para tener la seguridad de que se estuviera haciendo airada y abiertamente. Si lo están haciendo los despachos, muy bien, pero si se hace públicamente no estarían respetando la marcha del equipo y si va directamente relacionado hacia mi persona no me estaría respetando. No quiero hablar de eso porque, si no me respetan, tampoco respetaría yo. Si no me respeta el club, claro que olería mal”.
En las mismas páginas de aquella edición, el periódico deportivo también habló Zamorano, que reculó respecto a lo expresado apenas 72 horas antes. El chileno se declaró “un cheque al portador”, y referente al conjunto blanco manifestó que “todo lo que se habla de mi posible traspaso al Madrid, se lo digo sinceramente, no me quita el sueño. Claro está que me gustaría jugar en el Madrid, pero de momento no hay nada. Si llega algo antes del mes de junio, bienvenido sea”. También explicó que “se interesan por mí un equipo italiano y, al parecer, el Barça”. Por su parte, Luis Cuervas volvía a la carga explicando un día después en Diario 16 que hay cláusula de rescisión de 1.000 millones: “Existe, está depositada en la Liga, y lo demás son tonterías”.
La prensa filtró varios nombres, pero el que acabó encajando en tiempo y dinero fue Iván Zamorano, que había gustado en sus dos campañas por Sevilla
Entre los meses de abril y mayo de 1992 el ariete chileno pareció alejarse del Real Madrid. Primero, el Sevilla buscó ampliar su contrato. Y, en segundo lugar, apareció en la carrera por su fichaje el Atlético de Madrid. MARCA, el 17 de abril, informaba de una reunión del presidente Luis Cuervas junto a José María del Nido con Alberto Toldrá para atar al chileno y convertirlo en un buque insignia del club. La intención era subir los años del contrato de Zamorano, que finalizaba en 1994, y realizarle una mejora salarial sustancial. Mientras que el interés colchonero lo adelantó AS un mes más tarde. A Jesús Gil le gustaba el delantero y era íntimo amigo de Cuervas. Los rojiblancos buscaban un golpe de efecto para la siguiente temporada y, además del chileno, también habían puesto el ojo en un Martín Vázquez al que le buscaban salida en el Torino. En la entidad madridista Mendoza no se ponía nervioso y confirmaba que los blancos tenían otros objetivos también para el delantero. El presidente en Tele5 declaró haber hablado del chileno con Cuervas en un ascensor en la sede de la Liga, pero “yo debo estar atento a las disponibilidades del club. Zamorano no vale más de 300 o 400 millones, pero el problema es que Luis Cuervas piensa que tiene en él al mejor jugador del mundo. Nos puede servir si no saliese lo de Klinsmann, pero nunca por más de ese precio, porque se trata de un jugador trabajador, pero irregular, y, por ejemplo, inferior a Santillana. Si yo fuese el Sevilla y me dieran 450 millones por él no me lo pensaría, pero pensar en 600 o 700 es imposible”.
El desenlace del caso Zamorano entró en su recta final en el mes de junio y su futuro cada día que pasaba tenía más color blanco. Las distancias entre lo que pedían los sevillistas y lo que ofrecía el Real Madrid se iba acortando. Mendoza y Toldrá se reunieron el día 9 y los madridistas ya habían descartado a Klinsmann. La razón era la salida del técnico Beenhakker, que era el principal valedor del refuerzo del alemán. El nuevo entrenador de la casa blanca sería Benito Floro, al que le encajaba Zamorano como ariete de su equipo porque era un rematador puro. En una táctica de la negociación, Ramón Mendoza filtró el interés por Pizzi a finales de mes para presionar a Luis Cuervas e intentar bajar en varios millones el precio total del chileno.
Los dos presidentes acordaron un traspaso de 500 millones de pesetas y ningún jugador, pese a que surgieron varios nombres en las últimas horas como el de Luis Enrique. El contrato de ‘Bam Bam’ sería por cuatro temporadas a razón de 125 millones por cada una de ellas
La fumata blanca tuvo lugar el día 1 de julio. Los dos presidentes acordaron un traspaso de 500 millones de pesetas y ningún jugador, pese a que surgieron varios nombres en las últimas horas como el de Luis Enrique. El contrato de ‘Bam Bam’ sería por cuatro temporadas a razón de 125 millones por cada una de ellas, y desde Chile realizó sus primeras declaraciones: “Se ha cumplido uno de mis mayores deseos, la ilusión más grande de mi vida. Me voy de un gran club, el Sevilla, para entrar en uno de los mejores de Europa”. Respecto a ser el sucesor de Hugo Sánchez explicó que “yo no iré a sustituir a Hugo. Soy Iván Zamorano. Todos sabemos lo que Hugo Sánchez ha representado en el Real Madrid, pero yo espero hacerlo mucho mejor que él”.
También MARCA se hizo eco de unas palabras de su madre reconociendo que “Madrid es una ciudad donde vamos a vivir muy bien”.
El día 12 de julio regresó Zamorano de su país para la presentación y los exámenes médicos con el club blanco. En Barajas fue recibido por una multitud de periodistas que buscaron sus declaraciones. Zamorano elogió a Butragueño del que dijo que “jugar al lado de Emilio será perfecto para mí”. También habló de su nuevo técnico pensando que su sistema de juego “me favorece” y que la razón de su fichaje por los blancos es “para hacer goles”.
Un día después pasó las pruebas médicas del Doctor Neira en la clínica La Fraternidad que constaron de análisis de sangre y orina, electrocardiograma, ecocardiograma y radiografías de espalda, pubis, rodillas, tobillos y pies. A falta de los resultados de las analíticas, el Doctor constató que “no hemos encontrado nada anormal”.
La presentación oficial del chileno en el Santiago Bernabéu fue el día 14 de julio. Un centenar de aficionados estuvieron presentes en las gradas y casi ochenta medios de comunicación se acreditaron en el estadio capitalino. Acompañado de Ramón Mendoza en el césped, de nuevo Zamorano en la rueda de prensa posterior confesó sus ganas de triunfar y aseguró asumir el “reto y la responsabilidad de los goles. Sé que será difícil, pero ofrezco fuerza, ganas y juventud”. En lo concerniente a sus características de juego afirmó que “mi mayor virtud es el juego de cabeza, pero con los pies tampoco soy tonto”.
Las cuatro campañas que firmó en su contrato fueron el total de su estancia madridista. Dejó un buen recuerdo a la parroquia blanca, sobre todo por su gran curso 1994-95 en el que marcó 28 tantos en Liga, fue Pichichi y resultó clave para que el Real Madrid volviese a conquistar la Liga tras cuatro temporadas de sequía. Además, como merengue también levantó una Copa del Rey, una Supercopa de España y una Copa Iberoamericana. Sus estadísticas totales fueron de 174 partidos oficiales y 101 goles.
Fotografías: archivo de Alberto Cosín.