Se consumió el verano, volvió a la acción el Real Madrid femenino arrancando con una sonrisa su quinta temporada de existencia, y lo hizo con una plantilla renovada tras un verano repleto de salidas e incorporaciones. Los objetivos siguen siendo los mismos: reducir la distancia con el FC Barcelona, superar la segunda ronda previa de la Champions para ofrecer una buena imagen en la fase de grupos y, finalmente, no dejar escapar la oportunidad si la Copa de la Reina o la Supercopa de España vuelven a ponerse a tiro.
Para lograrlo y evitar el estancamiento del año pasado, el club ha renovado más de un tercio de su plantilla, dado salida a siete jugadoras —incluidas dos capitanas— y fichado a ocho futbolistas. El Levante UD, del que proceden tres mujeres, vuelve a ser el caladero favorito del Madrid, del Atlético cruzan la ciudad dos piezas y del mercado internacional aterrizan las tres restantes. En cuanto a impacto, a las caras nuevas pueden sumarse tanto Caroline Weir como Carla Camacho, casi inéditas en la 2024/25 por culpa de sus lesiones graves de rodilla. ¿Quiénes se enfundan la camiseta blanca para contrarrestar las bajas de Ivana Andrés, Kenti Robles, Sofie Svava, Kathellen Sousa, Claudia Zornoza, Hayley Raso y Freja Olofsson?
Mientras que los roles en la portería se mantienen claros y sin cambios (Misa Rodríguez como titular con Myléne Chavas como su suplente), la dirección deportiva ha llevado a cabo la revolución que se pedía a gritos en la línea defensiva, siendo la parcela más renovada. Una central pura (María Méndez), una carrilera (Sheila García) y dos futbolistas que pueden actuar como centrales y laterales (Mäelle Lakrar y Antônia Silva) son las llamadas a cortar de raíz la sensación de fragilidad transmitida hasta ahora.
Con María Méndez (Asturias, 2001) el Real vuelve a incidir en la política de fichar talento joven y español con grandes probabilidades de terminar de explotar en el futuro próximo, ya formando parte de la disciplina blanca. La ovetense de 23 años viene de liderar la defensa del Levante, hasta el punto de convertirse en capitana, y su templanza debe ser fundamental a la hora de iniciar el juego desde atrás. Si confirma su progresión, apunta a ser una de las centrales titular de aquí en adelante. Por lo pronto, su debut en Liga F fue intachable: portería a cero y gol anotado.
Tanto Antônia Silva (Brasil, 1994) como Mäelle Lakrar (Francia, 2000) llegan a Madrid directas desde los Juegos Olímpicos y asentadas en sus respectivas selecciones absolutas. Aun siendo la de central su demarcación predilecta, ambas acumulan un gran bagaje actuando desde el lateral derecho. Está por ver si Alberto Toril insistirá en sus planteamientos con defensa de tres ahora que la posición está bien cubierta. A sus 30 años, a la brasileña se le pedirá sacar a relucir su veteranía y su intensidad en cuanto se recupere de la lesión sufrida en Francia, mientras que, en circunstancias normales, Lakrar debería tener un amplio margen de crecimiento, pues tiene la planta física para alcanzar las cotas que se proponga.
Sheila García (Guadalajara, 1997) sigue avanzando en su carrera profesional sin abandonar la capital. Tras destacar en el Rayo Vallecano y pasar por el Atlético de Madrid, llega a Valdebebas en su momento de madurez y confiando en dejar atrás las lesiones. Su polivalencia le permite jugar en ambas bandas y adoptar un perfil tanto ofensivo como defensivo, por lo que quizás sea en el lateral izquierdo como complemento para Olga Carmona donde encuentre más minutos tras la marcha de Svava.
El centro del campo del Real Madrid empieza a sonar al de un equipo europeo de garantías. La necesaria salida de Olofsson es cubierta por su compatriota Filippa Angeldahl (Suecia, 1997), más ágil, más experimentada y más templada a la hora de aportar seguridad en la zona ancha, como ya demostró en el primer partido de la temporada ante el Espanyol. No viene de ser titular indiscutible en el Manchester City, pero bien puede ser el tipo de jugadora fiable que alarga cualquier plantilla para afrontar una carga alta de partidos.
La sorpresa del mercado de fichajes, quizás necesaria tras la despedida de Claudia Zornoza, es la incorporación de Melanie Leupolz (Alemania, 1994). La alemana, una de las mejores centrocampistas de Europa, llega procedente de un Chelsea empeñado en amasar plantillas de cuarenta futbolistas. Leupolz ha entrado en su etapa de jugadora veterana y se instala en España un año después de ser madre pero, por suerte para el Madrid, su caso es diametralmente opuesto a otro bien conocido. La profesionalidad de la teutona está fuera de toda duda y es uno de los casos de éxito de vuelta al máximo nivel tras dar a luz, por lo que podrá ser una socia de lujo para Sandie Toletti, Teresa Abelleira, Maite Oroz, la propia Angeldhal y, por supuesto, Caroline Weir.
La escocesa, por méritos propios, no necesita presentación y no debería aparecer en este repaso de incorporaciones. No obstante, su vuelta tras un año en la enfermería la convierten en el principal refuerzo con respecto a la temporada pasada. El Real es otro con Weir en el campo porque es diferencial por sí misma y porque hace mejor a quien juega a su alrededor. Sobre los hombros de la afición recae la responsabilidad de rezar sin cesar para que su lesión se convierta en un simple mal recuerdo del pasado.
Por último, la producción ofensiva. Dada su influencia, bien podría entrar en este apartado Caroline Weir, pero la cuota de recuperaciones la ocupa Carla Camacho. La canterana se ganó su ficha con el primer equipo hace un año, pero la epidemia de roturas de ligamento cruzado anterior cortó su progresión precisamente cuando más minutos para demostrar su valía podría haber tenido. Esta temporada tendrá mucha competencia en la posición de delantera centro, por lo que la paciencia será fundamental para ella.
A Signe Bruun, Caroline Møller y Naomie Feller se suma Alba Redondo (Albacete, 1996). La atacante manchega se enfunda la camiseta blanca tras siete años curtiéndose como la referencia ofensiva de sus equipos (primero el Fundación Albacete y, desde hace cinco años, el Levante). Sin ser la superestrella internacional que una parte de la afición demanda, Redondo se ha convertido en la delantera española más constante a la hora de ver portería. Su rango de influencia es mayor que el de Bruun, por lo que con su movilidad y clarividencia debería convertirse en un recurso fundamental para el ataque madridista.
La relación de atacantes e incorporaciones la completa Eva Navarro (Murcia, 2001), un anhelo del club que se remonta a la creación de la sección. Desde su irrupción en la liga se la ha considerado como uno de los diamantes del fútbol femenino español, pero dos lesiones de ligamento cruzado anterior lastraron su desarrollo. Con 23 años, la de Yecla parece haber superado esa etapa y debe estar lista para sacar rendimiento de forma constante a sus habilidades innatas: potencia, desborde y gran disparo. Junto a Athenea del Castillo y Linda Caicedo, el perfil de extremo en la plantilla queda bien cubierto.
¿Será suficiente este zarandeo dado a la plantilla para alcanzar los objetivos marcados? Para bien o para mal, no tardaremos en comenzar a desvelar la incógnita: con la liga recién iniciada, el próximo jueves se disputará el partido de ida de la eliminatoria de acceso a la Liga de Campeones frente al Sporting Clube de Portugal. Antes de que acabe septiembre sabremos si el Real Madrid femenino aprueba su primer gran examen.
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Buenos días, amigos. Más Central Lechera que nunca, el diario As trae en portada una entrevista con Deco, director deportivo del club cliente de Negreira. La Caverna es lo que tiene. El día que Sport o Mundo Deportivo traigan una entrevista exclusiva con José Ángel Sánchez o Juni Calafat nos avisáis, por favor. Ese día el sol, jubiloso, relampagueará en el cielo, el vuelo de las golondrinas se acompasará con el latir de nuestros corazones y las mocitas barcelonesas irán mustias y cariacontecidas porque juega Cubarsí.
Deco es un genio. Agente de futbolistas metido a director deportivo del club cliente de Negreira. Nosotros, cuando seamos mayores, también queremos ser nuestro propio cliente. No le vemos más que ventajas. Contrataremos nuestros servicios continuamente.
-Buenos días, ¿es usted yo?
-Al aparato.
-Haga el favor de ponerme cuarto y mitad de centrocampista defensivo.
-Eso está hecho. Los tengo buenos, bonitos y baratos. Mejor dicho, los tiene usted, que soy yo.
-Pero ¿no lo hará usted por mi comisión? Tenga en cuenta que tenemos un departamento de compliance muy severo.
-Tranquilo, no lo hago por su comisión. Lo hago por la mía.
Claro que Deco no hace nada diferente de lo que hace Laporta. Laporta también es mercachifle de jugadores y a la vez presidente del club cliente de Negreira, funcionario arbitral al cual cuadriplicó el sueldo, como buen cliente de un servicio estratégico que es. Estas dualidades (ser a la vez agente y director deportivo, presidente y a la vez agente) no deben llamar la atención en un sistema en el cual el proveedor de imágenes para el videoarbitraje es al mismo tiempo miembro del consejo de administración de una filial del club cliente de Negreira.
Los titulares de la entrevista de Deco en As están completamente desprovistos de interés. Imaginad cómo será el texto de la propia entrevista. Deco es un agente de jugadores que se ha mostrado encantado del ruinoso mercado de verano protagonizado por su club (cliente de Negreira) y que ha llegado a decir, en otra entrevista diferente, que Nico Williams no está en el club cliente de Negreira porque el club cliente de Negreira no ha querido. Sí, sí, sí, es un verdadero genio. También lo es Laporta, claro. Estamos a tres portadas de Sport (o de As, ya puestos) de que la culpa de que Nico Williams no esté en el Barça sea de Florentino Pérez. O del caudillo.
El siguiente diario culé de nuestro repaso del día es Mundo Deportivo, que en este caso celebra la entrevista que Lamine Yamal concedió a Pablo Motos en El Hormiguero. El chico nos cae bien, no podemos evitarlo. Es además un jugador con potencial de auténtica estrella, no como la mercancía averiada que suelen vender por esos lares. Lamine merecería jugar en un grande, pero dice en el titular extraído por Mundo Deportivo que prefiere ser una leyenda del Barça. Cada uno es dueño de su destino, pero la cúspide de las leyendas del Barça está ahora mismo copada por Enríquez Negreira. Hay poco sitio ahí.
En sus bajos, con perdón, el diario de Godó, grande de España, informa de la condena por abuso sexual a Hugo Mallo, noticia que ilustra, sorprendentemente, con una foto de Hugo Mallo y no con una de Vinícius (el diario Público hizo algo parecido el otro día). En su frontispicio, se celebra el retorno de Gavi y se lamenta el fallecimiento de la coma del vocativo. El Señor la tenga en su gloria. Cuidado, que a lo mejor en catalán no hay que ponerla y se trata de un bonito guiño supremacista, qué sabremos nosotros.
Quien sí trae una foto (en pequeñito) de Vinícius es Sport, a quien en su faldón nombra solemnemente Sport “problema” de Florentino. Como problema para el Madrid que indudablemente es Vinicius, manifiesta una desconcertante tendencia a trepanar la retaguardia del principal adversario nacional (¿?) del Madrid. No queremos pensar en los sofocos que se van a producir en la redacción de Sport cuando, en pocas semanas, ese gran problema que tiene Florentino sea proclamado Balón de Oro, como todo apunta a que debe suceder.
Para finalizar tenemos a Marca, que contra todo pronóstico dedica su primera plana a cierto club que es vigente campeón de liga y Champions pero que habitualmente solo sirve para malmeter en su contra. Pedid un deseo, porque hoy Marca se hace eco de algo positivo: el bonito gesto del club blanco, renovando su fe en un futbolista joven y talentoso en el comienzo de su recuperación de una grave lesión. Bien por el Madrid y ánimo al chico, Joan Martínez, que tiene unas condiciones bárbaras. Suerte también a Gavi, en el otro lado del puente aéreo, en su reincorporación a los terrenos de juego.
Pasad un buen día.
El Balón de Oro es otro asunto más con el cual atacar al Real Madrid. La relación entre el club blanco y el galardón se remonta a los inicios del premio.
Los amigos de fcQuiz inician nueva temporada poniendo a prueba vuestros conocimientos sobre el Madrid y el trofeo entregado por France Football.
¿Puedes acertar todas las preguntas?
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Buenos días, amigos. Apenas restan un par de días para que vuelva el Madrid. Aunque sea en la liga putrefacta de Tebas, siempre es más apetecible ver a nuestro equipo que a combinados de futbolistas en competiciones creadas para el enriquecimiento de ciertos prebostes y la proliferación de lesiones.
Además, durante este parón hemos tenido que lidiar con diversos casos de racismo en el fútbol español y con el enésimo episodio de caza y captura de Vinícius. Se da la curiosidad de que en los casos de racismo citados ninguna de las víctimas fue el siete del Madrid. Algo raro debe de haber ocurrido, porque este portanalista había leído a gente muy lista y con mucho predicamento que había más negros en el fútbol español y sin embargo solo se proferían insultos racistas contra Vinícius. Algo falla en el argumento de quienes defienden que no hay racismo aquí.
El asunto de los racistas que no saben que lo son es un problema serio del cual dimos buena cuenta en el portanálisis de ayer. Si no tuvisteis ocasión de leerlo, os recomendamos que lo hagáis ahora. Eso sí, tomad la precaución de hacerlo sin comida en el estómago, por si sufrís nauseas al leer a Pedro Simón.
Lo lógico sería pensar que esta lacra preocupa a la prensa deportiva. Pero las inquietudes de los medios andan lejos de algo con tan poca importancia como el racismo (?). Porque, además, aquí no hay, ¿verdad?
Al diario As lo que le preocupa es el rendimiento de Vinícius con la selección de Brasil. Titulan «Preocupa Vinícius», aunque realmente lo que hace Vini es molestar, concretamente a racistas, cafres, vinagres, antimadridistas y gran parte de la prensa. «Vinícius molesta» habría sido un título más acertado. Aunque sinceramente ese titular casa más con la filosofía focal (no confundir con fecal) de Marca.
En Marca hoy no tocaba acosar a Vinícius ni pergeñar portadas eméticas y han preferido centrarse en la gran Carolina Marín, que afronta su tercera larga recuperación tras la última lesión de gravedad. Desde La Galerna nos sumamos al apoyo a esta gran campeona.
Mundo Deportivo centra su atención es la necesaria renovación de buena parte de la plantilla culé. Ya sabemos lo creativo de los contratos firmados tanto por la directiva de Bartomeu como por la de Laporta, con soluciones tan lógicas como pagar cada año mucho más dinero a futbolistas veteranos, los cuales alcanzarán su máximo sueldo cuando lleguen a la edad de Jordi Hurtado.
Cuando el club afronte la renovación de los contratos se hallará, entre otros, con dos problemas: que no hay dinero y que incumplen la normativa económica. Ninguno de los dos es preocupante. La ausencia de recursos se soluciona por «arte de magia» y el encaje normativo corre a cargo de Javier Tebas, con la inestimable ayuda de otros actores del fútbol como, por ejemplo, la empresa encargada del VAR, que si es necesario avala lo que tenga que avalar al FC Barcelona, sin que ninguna de las dos cosas suponga tipo alguno de ilegalidad ni conflicto de intereses. Hasta ahí podíamos llegar.
En la parte superior de Mundo Deportivo y en la inferior de Sport se habla de la presencia de Flick en la Diada catalana.
Quien llega al FC Barcelona sabe que ficha por algo más que una entidad deportiva. Más que un club, el Barça es una secta, y como tal celebra liturgias en las cuales sus miembros deben participar.
El sacramento de la Diada es uno más y Flick, que tonto no parece, sabe que le irá mejor sumándose al acto. Laporta afirma que fue él «quien dijo que quería estar en un día tan especial».
El Barça también comparte con las sectas los procesos de captación e integración:
Primero está la fase de persuasión: Laporta, Deco o cualquier otro comisionista del club se acerca al objetivo y le promete grandes riquezas deportivas y económicas. No se escatiman esfuerzos para convencer a la víctima, perdón, al profesional en cuestión de que fiche por el FC Barcelona.
Después viene la fase de conversión: el club convierte al nuevo miembro en uno de los suyos. Aunque el jugador o entrenador provenga de Trinidad y Tobago, sin duda nació con los valores culés, el ADN Barça, en su casa se cocinaba con aceite de La Masía y desde que nacieron comulgan con el independentismo catalán, desfilando si es menester en primera fila el día de la Diada.
En tercer lugar tiene lugar la fase de adoctrinamiento: todo lo culé es lo mejor, no existe otra opción y ojo no vaya a reconocer el individuo en rueda de prensa alguna debilidad —que se lo digan a Xavi— o mostrar algún tipo de discrepancia con el dogma oficial de la secta. Solo son válidas las doctrinas del club.
Por último tenemos la fase de desconversión, es decir cómo se abandona la secta o club. Existen varias vías, aunque la principal es que la entidad quiera sustituir al miembro por otro, ya sea porque no quiere respetar su contrato al haber encontrado otro acólito más barato o porque otro fichaje genere más ilusión, que al fin y al cabo es la gasolina que mantiene el engaño en funcionamiento. Entonces comienza una campaña de acoso y descrédito en la cual no se desdeña ningún medio para obtener el fin. Lo de medio nunca mejor dicho.
Toda secta es una organización jerarquizada cuyo principal objetivo es el ánimo de lucro. En el Barça, Laporta se mantiene en la cima vendiendo ilusión. Para ello, desde su vuelta ha realizado numerosos fichajes, de los cuales apenas un puñado siguen en la plantilla, moviendo mucho dinero: ha comprado por 310 millones y ha vendido por 214.
Pero al final todas las sectas acaban igual, como vimos en los Simpson.
Pasad un buen día.
Si existe una leyenda negra equivalente a la atribuida a España es la que atañe a la relación de Franco con el Real Madrid. Pero, como en todas las tergiversaciones históricas, sólo hay que apartar la hojarasca del populismo y los infundios para hallar a los beneficiados —e instigadores— del descrédito: los imperios británico y neerlandés en el origen del caso español y el F.C. Barcelona en el del equipo blanco.
En el capítulo de hoy, veremos el caso de los estadios y las recalificaciones. Corría el mes de septiembre de 1973 cuando el Real Madrid decidió hacer público un proyecto rompedor: construir un nuevo estadio en el barrio de Fuencarral, junto a la salida de la N-1, con capacidad para 120.000 espectadores sentados y a cubierto, ¿les suena esto último? Todo un adelanto para la época. Pero Bernabéu tenía un problema, y es que para financiar el nuevo mausoleo necesitaba que se recalificasen los terrenos donde estaba el campo que ya llevaba su nombre. Y no las tenía todas consigo.
En el comunicado del club, tras una argumentada exposición del arraigo del Madrid en la ciudad y su contribución a su crecimiento social, se explicaba que la ubicación del estadio en la Castellana comenzaba a entorpecer el tráfico y molestar a los vecinos por el ruido y los trastornos derivados (esto también les sonará). Así que proponía una solución: recalificación del terreno y construcción en el mismo de la torre más grande de Europa, diseñada por William Zeckendorf, el responsable, entre otros, del edificio de la ONU.
Todo estaba bien estudiado, con sólidos razonamientos y serios proyectos, pero Franco, en una reunión mantenida con Santiago Bernabéu para tratar el tema, mostró una actitud distante. Previamente, desde los medios (especialmente ABC) algunas voces ya se habían levantado contra la idea del dirigente blanco, por lo que la decisión final no sorprendió a nadie.
Arias Navarro, por entonces alcalde de Madrid y más tarde último presidente del Gobierno franquista, oficializó la negativa con el peregrino argumento de que una torre como la planteada generaría un volumen de actividad que la ciudad no podría absorber. Tampoco se devanó los sesos el hombre.
Se dice que Bernabéu siempre sospechó que los promotores de Torre Europa, que se empezó a construir en las inmediaciones del estadio del Madrid pocos meses después, estaban detrás de la negativa de Franco. El dictador, que supuestamente llevaba favoreciendo al equipo de la capital desde su subida al poder, no dio su brazo a torcer y los blancos, una vez más, siguieron su camino sin las prebendas del régimen.
El que sí las tuvo, casualmente, fue el F.C Barcelona. En el Consejo de Ministros del 13 de agosto de 1965, celebrado en el Pazo de Meirás, Franco autorizó con su rúbrica la modificación urbanística definitiva de los terrenos de Les Corts, antigua ubicación del estadio blaugrana. Fue el último paso de una operación que se había iniciado mucho antes, en marzo de 1951, cuando el Barça logró la primera recalificación que les permitió trasladarse al espacio donde actualmente se ubica el Camp Nou. Y que había seguido en 1962, con una segunda recalificación acordada con el Ayuntamiento que permitió club catalán liquidar una deuda que superaba los 230 millones de pesetas.
Los mitos se desmontan con datos y fechas, y el del comodín de Franco con el Real Madrid, más que desgastado o caduco, lo cierto es que nunca existió.
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Acaba el parón de selecciones y en una semana hemos envejecido lo que en otras 52. Los últimos siete días los hemos pasado emparedados entre polémicas absurdas y campañas orquestadas de forma sibilina y con intenciones espurias. Es decir, hemos pasado una semana, parafraseando a ese gran madridista que es Jota de Los Planetas, atrapados en el motor gripado de un autobús destartalado. ¿Quién es el verdadero conductor de este autobús? Lo desconocemos. ¿Hacia dónde se dirige? No lo sabemos con seguridad, pero sí que podemos afirmar que es un lugar muy turbio.
El aquelarre mediático que se montó la semana pasada en torno a Vinícius Júnior es la enésima demostración de la infamia que se lleva perpetrando contra el brasileño desde su llegada a España en el verano de 2018. Más allá de si sus palabras se han tergiversado, más allá de si el mensaje profundo de su entrevista con Darren Lewis para CNN haya sido o no captado, esto no tiene un pase. En La Galerna podemos leer a grandes firmas como la de nuestro editor Jesús Bengoechea que han puesto por escrito lo que muchos pensamos al respecto.
Por mi parte, y saliéndome del debate maniqueo en torno a sus últimas declaraciones, tengo claro desde hace bastante tiempo que con Vinícius Júnior se busca su estigmatización y degradación pública. En un caso similar al de Mourinho. Para muchos, hasta que el brasileño no salga de España no cesarán en montar campañas de odio en su contra. Al técnico portugués se le llegó a llamar “nazi” en la prensa. A Cristiano Ronaldo le decían de todo. A muchos se les olvida los insultos repetitivos contra el astro portugués que tenían por foco su nacionalidad y su supuesta condición sexual.
Con Vinícius existe racismo y xenofobia pero también simple odio. Si el racismo y la xenofobia son manchas execrables en cualquier sociedad, el odio total es aún más difícil de aplacar
Es muy típico escuchar desde las gradas ofensas soeces contra los jugadores y aún más si son grandes estrellas. Pero no es tolerable ni tiene excusa alguna. De hecho, tanto la jurisprudencia de cualquier estado desarrollado como los fundamentos de la FIFA que recogen los patrones de conducta de nuestro campeonato sancionan estos comportamientos de forma implacable. Siendo así, muchos nos preguntamos, ¿por qué se ha llegado a este estado degradado en nuestro fútbol? Las instituciones responsables algún día deberían explicarlo y, acto seguido, disculparse con todos y cada uno.
Decía que lo vivido con Vinícius Júnior es de lo más denigrante que he presenciado nunca. Porque con Vinícius existe racismo y xenofobia pero también simple odio. Si el racismo y la xenofobia son manchas execrables en cualquier sociedad, el odio total es aún más difícil de aplacar. Vinícius representa todo lo que odian los antimadridistas. Es un joven talentoso que en sus primeros pasos fue mordido en la cabeza por un rival enajenado y no pasó absolutamente nada. Aquella fue la carta de presentación para el joven Vinícius.
Muchos de sus compañeros en el Castilla cuentan cómo en muchos campos le insultaban de forma sistemática. Cuando ascendió al primer equipo, tuvo que enfrentarse con la inquina del antimadridismo que lo tomó a broma por su falta de puntería. Cuando empezó a encadenar goles de importancia y ser decisivo en los grandes partidos, el odio estalló. Porque no le perdonan ser lo que es. El odio es tal que hasta le censuran por sus declaraciones. Les molesta su mera existencia. Muchos de estos odiadores se excusarán de no ser racistas ni xenófobos, pero en el fondo se suman a estos canallas. Porque el odio no conoce ni de fronteras ni de matices.
Desde hace bastante tiempo que con Vinícius Júnior se busca su estigmatización y degradación pública
Y quien quiera negar que tenemos un problema de racismo en nuestro fútbol, que se asome a lo sucedido este fin de semana en el derbi asturiano. Una señora profirió insultos racistas a Haissem Hassan, actual jugador del Real Oviedo que la pasada temporada militaba en el Sporting de Gijón. Un sinsentido total. Este triste ejemplo es el último de una larga lista. Es decir, no estamos ante casos aislados ni delirios que nos montamos los que lo denunciamos.
Por otro lado, al fin vuelve nuestro Madrid. Este sábado jugamos en Anoeta frente a la Real Sociedad. Llegamos a San Sebastián algo mermados con la baja segura de Ceballos y las dudas de Mendy, Tchouaméni, Güler o Militao. Algunos arrastran sobrecargas y otras pequeñas recaídas en lesiones últimas. Muchos medios apuntan que tanto los jugadores como sus preparadores han querido ser prudentes y por eso muchos de ellos volvieron de sus concentraciones nacionales. Si es así, bueno es. Porque a pesar de que a buen seguro que son lesiones pequeñas, son lesiones al fin y al cabo. Con la mosca detrás de la oreja estaremos todos en el siguiente parón que tendrá lugar entre el 7 y el 15 de octubre de 2024. Esperemos estar versados ya contra toda clase de males.
Para San Sebastián se estima que puede volver Jude Bellingham. La vuelta del centrocampista británico es buena cosa, pues estamos más necesitados que nunca de efectivos en la medular. Jugar con Bellingham es jugar con un jugador que se multiplica. El internacional inglés no solamente aporta talento, facilidades tácticas y soluciones en el último pase, también es un chute de oxígeno para sus compañeros. En su rol de jugador total, su presencia en el once nos acerca aún más al gol y, además, suma poderío a balón parado y seriedad en el repliegue defensivo.
En los primeros partidos del campeonato liguero el equipo ha echado en falta tanto a Bellingham como a Eduardo Camavinga. En su estilo, jugar con Camavinga también es hacerlo con un jugador que vale por dos. Tanto en defensa como al ataque, el joven francés es capaz de ofrecer un arsenal de habilidades y recursos que facilitan la vida a sus compañeros y amargan al contrario. Su presencia física e inteligencia táctica, es garantía de excelencia en defensa. Y sus recursos en el ataque, una auténtica fuerza anárquica con esas galopadas capaces de romper líneas en pocos movimientos.
En los primeros partidos del campeonato liguero el equipo ha echado en falta tanto a Bellingham como a Eduardo Camavinga
Para terminar, quisiera poner una nota más positiva. Quisiera sumarme a las felicitaciones al gran Luka Modrić, que cumplió el pasado lunes 9 de septiembre unos espléndidos 39 años como soles. Un fichaje que llegó en su día procedente del Tottenham por 42 millones de euros y para tapar vergüenza según la prensa culé. Un hombre que trajo Mourinho convencido que enamoraría al Bernabéu y jugaría durante años en el club. Doce años más tarde, ni los más optimistas del lugar imaginaban que el croata llegaría a ser capitán del equipo, jugador con más títulos en la historia del mayor club del mundo, Balón de Oro en 2018 y el jugador más mayor en jugar con la camiseta blanca. Un Luka Modrić que para celebrar su cumpleaños consiguió un golazo de falta el pasado domingo con su selección. El madridismo únicamente puede desearle lo mejor a un señor de la honestidad de Modrić.
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Hola de nuevo:
Este sábado visitamos San Sebastián, y no descubro nada si te digo que es una de las ciudades más bellas que he visto. El deje señorial permanece en suspenso, visible pero no ostentoso, como un pijo que a base de delicadeza y buen gusto hubiese conseguido despojar de vanidad a su condición. Vivir en un ambiente como este sin duda debe de tener consecuencias en el espíritu, de ahí que algunos vecinos desdeñosos traten de burlarse de los oriundos, denominándolos ñoñostiarras en virtud del sentimentalismo del que hacen gala cuando evocan sus calles y paseos más lustrosos. Sin embargo, las pullas suelen naufragar; la melancolía, lejos de constituir un motivo de oprobio, ha sido reivindicada como sello de identidad del lugar y empleada sin vergüenza por sus embajadores más famosos. Verbigracia, la Oreja de Van Gogh, grupo protagonista de la enésima y artificial polémica twittera del verano, cuyas canciones desprenden un poso de nostalgia tan apropiado para estas fechas de vueltas al cole que uno se cuestiona si el algoritmo que programa el calendario de liga acaso tiene también en cuenta estos aspectos, y no solo el fastidiar al equipo del pueblo.
Volviendo al fútbol, conviene señalar que el Madrid alberga tradicionalmente buenos recuerdos de Donostia. Al fin y al cabo, el vínculo entre entidades se ha fortalecido en los últimos lustros –pese a la incomprensión de un sector de aficionados, algunos por manía respetable y otros envilecidos por cuestiones extradeportivas-, reforzado por colaboraciones como la del partido del centenario de la Real o el reguero de jugadores cedidos y traspasados en ambas direcciones. Personalmente, alguna vez te he confesado que mi memoria de aficionado madridista me impide pensar en San Sebastián sin asociarla inmediatamente a Gareth Bale. No en vano, desde su debut en Anoeta en 2014, marcó en todas y cada una de las ocasiones en que pisó el césped donostiarra. Por otro lado, las muecas de su última visita, ya relegado al ostracismo en 2020, ilustraron a las claras el papel ignominioso al que fue condenado –entre todos lo mataron y él solito se murió- en su etapa final en el conjunto blanco. De hecho, se puede observar una simetría casi perfecta entre la trayectoria del galés en el club y sus actuaciones en el campo de la Real Sociedad: de diva sin nombre y montón de ilusión a foto borrosa y flor sin olor.
desde su debut en Anoeta en 2014, bale marcó en todas y cada una de las ocasiones en que pisó el césped donostiarra. Por otro lado, las muecas de su última visita, ya relegado al ostracismo en 2020, ilustraron a las claras el papel ignominioso al que fue condenado –entre todos lo mataron y él solito se murió-
No obstante, sería injusto e irreal centrarse únicamente en la triste coda: una vida, en San Sebastián, en Granada o en Alpedrete, se compone de una sucesión de momentos diversos, y la Oreja de Van Gogh siempre posee canciones para todo. La llegada de ese jugador descomunal llamado Bale a mí me retrotrae a anhelos universitarios, época felicísima en la que la mayor de las angustias la constituía el preguntarse si con aquella incorporación sería posible aspirar con garantías a la Décima, mientras uno hacía tiempo en la parada junto a Amaia Montero, llega tarde el veintiocho –el veintiocho, carambolas de la existencia, coincide con el dorsal inicial del que comenzó como sustituto de Gareth en el rol de revulsivo, un muchacho brasileño que ha pasado de llegar tarde a rematar en el área a erigirse como el próximo favorito para el Balón de Oro-.
Bale, por aquel entonces aún con flequillo y sin moño, planeaba con sus orejas como un avión para ridiculizar las artimañas de Bartra en una final y acallaba con golazos esporádicos nuestras dudas por su recurrente abulia. Sus gloriosos chispazos y sus buenas rachas no evitaron del todo algunas suspicacias, que aguardaban en perpetua Plaza de Mayo a un líder que nunca se acabó de presentar. Aunque unos pocos también lo ayudamos cuando el circo romano llamado Bernabéu dictó sentencia y prefirió sacrificar lo que quedaba del futbolista en virtud de una supuesta dignidad.
Dicen los expertos que este fin de semana el Madrid va a acusar la baja de varios centrales, pero los que realmente conocemos los misterios simbólicos de la redonda -poetas que decidimos trabajar en un banco- a quien verdaderamente echaremos en falta en la batalla del sábado será al mejor Bale. Aquel que nunca faltaba a su cita con ese rival y estadio. No solo por coquetería retórica: el reciente aturullamiento en el área y la ausencia de profundidad convierten en un deseo imposible no imaginar al británico trotando por la banda izquierda del Reale Arena y reventando la portería a cañonazos. En realidad, sus nostálgicos solo nos callamos porque, como escribieron Xabier San Martín & Co., es más cómodo engañarse y porque la razón siempre gana al corazón. Y al mismo tiempo procuramos encender en secreto una vela, no sea que por si acaso un golpe de suerte algún día quiera que lo volvamos a ver, acaso reencarnado en una versión mejorada oriunda de Bondy, reduciendo estas palabras a un trozo de papel.
Cuídate. Volveré a escribirte pronto.
Pablo.
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Buenos días, amigos. La bajeza moral de sujetos con eco mediático que quizá no sepan que son racistas, pero que indudablemente lo son, sigue disparada a cuenta de las declaraciones de Vinícius para la CNN.
En esta sección solemos comentar las portadas de la prensa deportiva del día, pero no será la primera vez que salimos al paso de indignidades relacionadas con el Real Madrid y cometidas por la prensa generalista. Ayer le tocó al diario Público por la elección torticera de una foto sin relación con el artículo, y hoy le toca a El Mundo, que ayer publicaba un texto incalificable de Pedro Simón, periodista (¿?) que se hizo célebre promoviendo en una serie de reportajes un fraude relativo a la búsqueda de donantes de una niña cuyo padre era en realidad un jeta de primera división. Bastó que los lectores hicieran unas sencillas búsquedas en Google para desacreditar todo el entramado fraudulento al que Simón se encargó de brindar gratuito (¿?) altavoz en prensa.
Resulta que, además de ser un irresponsable que facilita crowdfundings chungos, Pedro Simón facilita también el racismo (cuando no participa de él) a base de escribir cosas oprobiosas en las que se mofa de la batalla contra la xenofobia de un jugador de fútbol y figura pública que lo ha sufrido en sus carnes, aunque Simón parezca negarlo mofándose de él.
Ahí, en la mofa, empieza el racismo.
Este titular, que se cachondea abiertamente del padecimiento del futbolista brasileño con el acoso y los cánticos xenófobos de determinados sectores de determinadas aficiones de España, es racista. Si no lo sabe Pedro Simón, es necesario que se entere, pues burlarse del acoso racista lo es y el experimentado en sus carnes por Vinícius está documentadísimo. Sucede que Pedro Simón (oh, qué sorpresa) es indisimulado hincha del Atlético de Madrid. Que la mayor parte de los sujetos que andan por ahí juntando letras en la misma línea que Simón beba los vientos por el mismo equipo cuya afición (o mejor dicho: un sector de la misma) ha sido una de las que ha protagonizado el acoso descrito empieza a dar qué pensar. Curiosamente, la misma afición a la cual pertenece el Ilustrísimo Señor Alcalde de Madrid, que le faltó para mandar rectificar a Vini el mismo tiempo que jamás ha invertido en pronunciarse sobre el Frente Atlético.
Prosigue la burla, ya desde la primera línea de este párrafo, y tras la línea viene la mentira, porque Pedro Simón miente. Vinícius no ha dicho que deba quitársele el Mundial a España, sino que ha manifestado su confianza en que los (lentísimos) avances en la lucha contra las minorías racistas en nuestro país anularán la necesidad de hacer tal cosa. Como es del Atleti, Pedro Simón se ha abstenido sin duda de ver la entrevista de Vinícius entera, no fuera a ser que la realidad le privase no en este caso de un buen titular, sino de un artículo lleno de odio como el que ha facturado.
A continuación, siguen una serie de apuntes demagógicos que tratan de hacer pasar a Vinícius como culpable de la pobreza en su país, rematando la sucesión de absurdeces con una alusión al sueldo del jugador. Se conoce que, como el delantero cobra un sueldo que provoca la envidia sarracena de Simón, no tiene derecho a quejarse por el racismo que sufren en sus carnes él y otros jugadores negros (este fin de semana, en Gijón y en Elda sin ir más lejos). Como Vinícius no dona la integridad de su sueldo (y qué sabrá Simón de lo que dona Vinícius) a la lucha contra la pobreza en Brasil, no tiene derecho a denunciar el racismo en los estadios de España, racismo del que ha sido indudable víctima aunque el autor de esta bazofia ¿lo niegue? ¿lo obvie? ¿lo defienda?
Tras una serie de chistes de todo a cien y una referencia cinematográfica que abochornaría a Scorsese, el racista ignorante de su propia condición nos comenta que la minoría racista “execrable” “no define a un país”, es decir, exactamente lo mismo que dijo Vinícius en sus declaraciones a la CNN, algo que se ocupó en recalcar: que España no es racista, pero que hay una minoría que lo es y da mala imagen al resto, mostrándose las autoridades muy lentas en la acción contra dichas minorías, a las cuales por cierto, aunque no lo sepa, pertenece Pedro Simón.
Y llegamos a la apoteosis del cuñadismo. Llegamos al “algo habrá hecho” casposo de quienes celebran los comportamientos mafiosos. Siempre ha habido gente así en la historia, ya sea justificando a la Camorra, a la ETA o al Frente Atlético cuando lanza a la gente al río (o cuelga muñecos con el aspecto de Vini del puente más cercano). “Algo habrá hecho”.
Algo habrá hecho Vini para merecer que le llamen mono de mierda. Algo habrá hecho para merecer que se emitan a su paso sonidos guturales de orangután. Algo habrá hecho porque (tatachán, aquí viene la perla torrentiana, otro gran atlético) resulta que a Mendy no se lo hacen. Algo habrá hecho porque resulta que a Camavinga no se lo hacen. Algo habrá hecho porque resulta que a Rüdiger no se lo hacen (es mentira, a Rüdiger se lo hicieron en Cádiz).
Algo habrá hecho esa tía buena para que la violen, dado que hay otras tías buenas a las que no violan. Algo habrá hecho ese vecino de Baracaldo para que le peguen un tiro en la nuca, dado que a otros vecinos de Baracaldo no se lo han pegado. Llevar minifalda corta, ser del PSOE o regatear como los ángeles. Lo que sea.
Algo habrán hecho.
Resumimos, pues, el artículo de este racista ignorante (o no) de su propia condición: Vinícius no tiene derecho a quejarse porque le llamen mono o negro de mierda porque no ha arreglado el hambre en Brasil y porque a Bellingham, en cambio, no le llaman mono.
Os dejamos con las portadas del día.
Después de los numerosos escándalos protagonizados por el FC Barcelona desde hace décadas, uno se pregunta qué pensará el culé decente sobre esta realidad. Porque si bien algunos desmanes menos graves pueden verse blanqueados por el filtro del forofismo, la mayoría son fechorías, faltas, quebrantamientos o infracciones, cuando no (presuntos) delitos severos con pruebas palmarias. Sobre todo el asunto Barça-Negreira, el caso más grave del deporte español y probablemente europeo.
Desde que se supo que el FC Barcelona había urdido una trama para obtener beneficio deportivo mediante el pago a la cúpula arbitral —vía su vicepresidente— calificada por el juez instructor del procedimiento como corrupción sistémica, estamos esperando que aparezcan barcelonistas honrados que condenen esta ignominia. Porque, más allá de lo que dictamine el proceso judicial abierto, las facturas pagadas a Enríquez Negreira por todos los últimos presidentes azulgranas existen, las hemos visto y obran en poder del fisco y de la justicia. Y, por tanto, no es un hecho discutible.
No es apropiado pagar millones de euros a uno de los jefes del Comité Técnico de Árbitros que gobierna a los colegiados que arbitran las competiciones en las que participa el pagador, del mismo modo que no es apropiado pagar millones de euros a uno de los miembros del Consejo General del Poder Judicial que gobierna jueces y magistrados que dictan sentencia en los procesos en los que se ve involucrada la persona que abona las cantidades económicas.
Aquello que parece de Perogrullo, que un hincha cabal del Barça condene este baldón y reclame que los responsables asuman las consecuencias de sus actos, sin embargo, no ha ocurrido aún. O al menos yo no lo he visto. Claro que existen culés decentes, honrados y honestos, innumerables, es un completo absurdo ponerlo en duda, pero se echa en falta que se pronuncien públicamente, que reconozcan que lo perpetrado por su club es una vergüenza y los títulos ganados bajo esa mácula no pueden sino estar todos (como mínimo) bajo sospecha.
Esta falta de condena pública es incluso contraproducente para el propio Barcelona, porque una vez reconocida la fechoría, pedido perdón y pagado las consecuencias, la imagen del club se vería limpiada y podría emprender una nueva andadura al dictado de la ley. Siempre y cuando los socios votasen a un presidente capacitado para ello.
Como no puede ser que no haya un solo culé decente que admita públicamente el ingente oprobio en que vive instalado su club, decido salir a buscar uno.
El primer lugar donde busco un culé decente es en la panadería-pastelería de la señora conquense. Realmente no sé si es de Cuenca, pero cierto deje del habla me hace sospecharlo. Se trata de una señora más cerca de comunicarse mediante telegramas que a través de correos electrónicos, cuyo propósito principal en la vida es quejarse de y hacer sentirse mal a sus propios clientes, sirviéndose para ello de la posición que le otorga la regencia del negocio.
Ella despacha a los parroquianos mientras, dicharachera, dirige a su oompa-loompa particular para que reponga los expositores con más pasteles, pan, etcétera, o bien hornee más género. Por el aspecto y la manera en la cual ella se dirige a él, este trabajador bien podría ser el hijo de la señora conquense. Mas es su esposo.
—Buenos días.
—Buenos días, ¿qué desea?
—Por favor, quería seis minicroissants de chocolate.
—Vaya… ¡Fernando (nombre ficticio para mantenerlo en el anonimato)! —grita con preocupación la señora conquense a su marido—, ¡hornea más minicurasanes de chocolate, que este señor se los lleva casi todos y dentro de un rato viene Rafa a por los de siempre y no va a tener!
No le sienta bien que los clientes le compren productos porque se le acaban y expresa sin recato su molestia. Ella es así.
La verdad es que los minicroissants de chocolate son un espectáculo, aunque también es cierto que es lo único que merece la pena, porque producen otros, pero de pasta filo, con el aspecto y la dureza de un radiador de aire acondicionado. Dejan peor sabor de boca que una visita guiada por Clos Gómez a la segunda sala VOR. Y las empanadillas no saben a nada.
Mas me interesa que la señora esté receptiva para intentar extraerle información.
—Es que están riquísimos —comento.
Aparece el oompa-loompa y se incorpora a la conversación con entusiasmo e inseguridad a partes iguales.
—Sí, sí, a mí me gustan mucho. Si sobran, ella me los echa de postre en la comida que me prepara para el trabajo. Porque por las tardes tengo faena en otro sitio, ¿sabe? —confirma Fernando la bondad del producto—. Pero solo me los echa si sobran, ¿eh? Y no sobran nunca…
—Son de categoría. No me extraña que se le acaben —prosigo mientras retorno la mirada hacia la señora conquense—. Seguro que vienen personas de todo tipo y condición a comprar sus minicroissants de chocolate.
—De todo hay, ya lo creo. Se suelen terminan a primera hora. Si no madruga se los pierde.
—Y, entre todos esos clientes, ¿no habrá avistado alguna vez a algún culé decente?
—¿Se refiere a un culé decente que manifieste públicamente su condena en el asunto del Barça y Negreira, verdad? —quiso asegurarse la señora conquense. El oompa-loompa, al oír «Barça» y «Negreira» en la misma frase, puso cara de susto y salió escopetado hacia el interior de obrador como si hubiese mentado a la bicha—. Porque Rafa, el señor al que usted casi deja sin minicurasanes de chocolate, es culé y muy decente, no consumó hasta que no se casó, no le digo más, pero cuando Fernando le saca el tema de Negreira se transforma, niega la mayor, agarra los curasanes y sale de aquí maldiciendo al Madrid.
—En efecto, señora. Me refiero a un culé decente que se posicione sin ambages contra la corrupción de su club, sobre todo en el asunto Barça-Negreira. ¿Conoce alguno?
—Huy, por supuesto que no. Corre el rumor de que doña Justina, la de la mercería, una vez vio uno. Incluso habló con él, fue a comprarle hilo para zurcirse una manga ranglan —se acerca a mí para concluir la frase en voz baja mientras levanta ambas cejas como si llevara dúplex.
—¿Y sabe dónde puedo encontrarla?
—¿La manga ranglan? Es difícil, ya no se lleva.
—No, a doña Justina, que dónde puedo encontrar a doña Justina.
—Cuando se jubiló su hijo se marcharon ambos a surfear a Jamaica. Me escribió una postal decorada con plantas para decirme que había abierto un negocio de botones para camisas hawaianas, al parecer allí es legal vestirlas de manga corta. Pero pregunte usted en el horno del señor cotilla, él lo sabe todo. Está ahí mismo, en diagonal, al otro lado del cruce.
El lugar indicado se encuentra a unos 50 metros. Para llegar, cruzo dos calles y una docena de carriles bici.
—Buenos días —saludo al señor cotilla. A pesar de no haber venido nunca al establecimiento, su cara me resulta familiar. Es calvo con barba, tiene cierto parecido a Gárgamel, porta gafas semirredondas que quedan custodiadas por cejas populosas y cabalgan sobre una nariz considerable. Lleva bordadas unas letras pequeñas en el mandil que no alcanzo a leer.
—Buenos días. Llega usted a tiempo, acabo de sacar unas empanadillas de longaniza y habas que quitan el hipo. ¿Quiere una?
—Ya que insiste…
—Pruebe, pruebe.
—Deliciosas —balbuceo.
—Viene usted de la finca esa con el patio grande donde aparcan coches y escribe en La Galerna, ¿no es así?
—Nunca he venido por aquí, ¿cómo lo sabe?
—Me fijo mucho. Como los búhos. La gente dice que no se me escapa una, que sería la persona ideal para suministrar imágenes al VAR.
—Fenomenal entonces, quizá pueda ayudarme.
—Dígame.
—¿No habrá avistado alguna vez a algún culé decente?
—¿Se refiere a un culé decente que manifieste públicamente su condena en el asunto del Barça y Negreira, verdad? —quiso asegurarse el señor cotilla—. Porque aquí viene de manera asidua Vicente, un culé decente que se viste por los pies. Educado, limpio, amable, nunca luce camisas de manga corta, vaya, un encanto. Siempre saluda. Pero cuando otro cliente dice «palanca», «Barça Studios» o «límite salarial» tuerce el gesto. Y si escucha las palabras «corrupción», «cohecho», «Laporta» o «Negreira», se le demuda el rostro y se marcha maldiciendo al Madrid.
—Lo temía, es una rara avis, pero mucho más rara de lo que pensaba. No puede ser que no haya un solo culé decente que admita públicamente el ingente oprobio en que vive instalado su club.
—Sí lo hay. Incluso conozco a quien habló con él —musita acercándose a mi oreja al tiempo que se coloca al lado izquierdo de su boca la mano contraria.
—Ya, ya lo sé, doña Justina, la de la mercería. Pero está en Jamaica surfeando con su hijo jubilado. Está demasiado lejos para mí.
—Sé de primera mano que ahora mismo se encuentra en España. Ha venido con su hijo a vendimiar a Motril. Quizá sea su día de suerte, mi socio sale ahora para allá en una furgoneta, seguro que no tiene inconveniente en que le acompañe. Además, el chófer es buenísimo, tiene mucha experiencia acompañando a profesionales importantes.
—Huy, estupendo. Me apunto. ¿Dónde es?
—Le acompaño.
No me encuentro bien, desde que comí la empanada de longaniza he comenzado a sentirme mareado.
—Hemos llegado —me indica el señor cotilla acercándose a mí. Puedo leer las iniciales de su mandil: JR—. Suba al asiento trasero de la furgoneta. Le acompañarán en el mismo mi socio y un compañero de negocios. Delante, un colaborador necesario y un conductor experto.
Subo. Cada vez estoy peor. Me recibe su socio con una sonrisa de oreja a oreja y la mano tendida. Le conozco, es Tatxo Benet. Al lado, el compañero de negocios, Laporta, me lanza una mirada psicodélica. Echo la vista hacia adelante. Primero al lado derecho. Tebas me clava los unos ojos inyectados en billetes. Y, desde la izquierda, Javier Enríquez me guiña un ojo. Todos comienzan a carcajearse de manera grotesca. El hijo de Negreira acelera.
Antes de perder el conocimiento, vuelvo a pensar que no puede ser que no haya un solo culé decente.
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Es normal que existan dudas en el club tras dejarse 4 puntos ante rivales como Las Palmas y el Mallorca. Pero no hay que preocuparse. Recordemos que Ancelotti no tuvo disponible a todos sus futbolistas en la gira de Estados Unidos. Además del estado físico, hay jugadores que aún se están adaptando al regreso del 4-3-3. En esta segunda etapa, Carletto está arrancando su cuarta temporada y es el tercer esquema que utiliza.
La campaña pasada, con el 4-4-2 en rombo y Bellingham como protagonista, el Madrid era imprevisible porque el inglés no estaba fijo en el área. Los cambios de frente que hacía Kroos y la libertad que tenía Vinícius para moverse en zonas indetectables hacían que el Madrid fuese un equipo con equilibrio y a su vez letal.
El regreso del 4-3-3 ha hecho que algunos futbolistas estén en un proceso de adaptación, teniendo que cambiar ciertos automatismos. En ataque, Mbappé y Vinícius poco a poco irán entendiendo su rol. Siendo los dos extremos puros, es normal que en estos primeros partidos se ´molesten´ dentro del verde. En el centro del campo, la falta de equilibrio cuando el equipo tiene la pelota se está notando mucho. Demasiadas imprecisiones dejan al conjunto mal parado y el rival genera demasiadas ocasiones.
El regreso del 4-3-3 ha hecho que algunos futbolistas estén en un proceso de adaptación, teniendo que cambiar ciertos automatismos. Sin embargo, el que no necesita adaptación es Fede Valverde
Sin embargo, el que no necesita adaptación es Fede Valverde. El halcón está siendo sin ninguna duda el futbolista más consistente en lo que llevamos de temporada. Además de sus dos goles, lo que aporta con su conducción es clave en un equipo que juega con tres delanteros. Es, actualmente, el jugador de la liga que más pases ha completado (94) en el último tercio del campo. También tiene la mayor cantidad de pases verticales en campo contrario (117).
Para que el resto del centro del campo también brille, Ancelotti tiene que encontrar la mejor formación. En partidos exigentes, usar el 4-4-2 otorga el balance necesario para que el equipo no se rompa. Cuando vuelvan los lesionados, la clave es que haya un once titular indiscutible y que los suplentes afronten los partidos entendiendo cuál es su rol. Esto le permitirá al técnico italiano preparar los partidos con más de una variante.
Se acabó la pretemporada. Una vez finalice el parón de selecciones, vuelve la Champions y empieza la exigencia. Con más rodaje, el Madrid recuperará el ritmo necesario para generar peligro en un 4-3-3. No nos volvamos locos, hasta ahora, solo hemos visto un avance de lo que será la mejor película del año.
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