Las mejores firmas madridistas del planeta

Hace una semana y media el universo de la NBA se vio sacudido por uno de los traspasos más sonados de su historia y, por qué no decirlo, también de los más inexplicables. El grueso de la operación consistía en el cambio de cromos entre Dallas y Los Angeles de Luka Doncic y Anthony Davis. Enseguida se escucharon los tambores de guerra en público y prensa con titulares del estilo: “Absurdo intercambio entre un jugador de 32 años propenso a lesiones y la mayor estrella actual en su prime”, o “Los Mavericks se disparan un tiro en el pie y perpetran una cagada de dimensiones bíblicas”, o acaso “El general manager de Dallas acabó con las existencias de bourbon en el estado de Texas”. Se necesitaba, desde luego, una explicación para todo aquello.

El culpable, o la cara que han colocado los verdaderos culpables para llevarse las bofetadas públicas, responde al nombre de Nico Harrison, el mentado GM de los Mavericks. Cuando acabe la carrera de Luka en la NBA, espero que dentro de bastante tiempo, surgen dos posibilidades con respecto a este movimiento. La primera es que no cumpla en los Lakers con las expectativas, y la segunda es que consiga algún anillo de campeón y triunfe junto a su admirado LeBron James en la franquicia con más pompa y boato de la NBA. En el primer caso, Harrison saldrá como un héroe, un visionario, alguien que vislumbró el futuro y supo maniobrar. En el segundo, se le recordará como un Stu Inman con sombrero tejano, un imbécil con ínfulas de genio. (Stu Inman fue el ejecutivo de los Blazers de Portland que eligió a Sam Bowie por delante de Michael Jordan en el famoso draft de 1984).

Poco han tardado los dueños de los Mavericks en dejar caer que Luka Doncic es poco menos que un vago y gordo bebedor de cerveza, con escasa ética de trabajo y menos aun dedicación por la defensa. El caso es que se seguirá discutiendo sobre este traspaso durante mucho tiempo, en especial si Lakers y Mavericks coinciden en play-offs. Lo único que no es debatible es que la NBA volvió a recuperar un protagonismo que en los últimos tiempos va perdiendo poco a poco.

Dejando aparte el tema puramente deportivo y mercantil, y centrándonos más en el sentimental, como aficionado del Real Madrid deseo de todo corazón que a Luka Doncic le vaya a las mil maravillas en aquel mundo descarnado y salvaje llamado NBA. Talentos como ese nacen uno por cada generación, y ya con solo 25 años puede mirar a la cara a cualquier estrella europea que se haya calzado  unas botas de baloncesto, desde Drazen Petrovic a Arvydas Sabonis, o desde Dirk Nowitzki a Pau Gasol o Nikola Jokic. Luka merece terminar su andadura como profesional con lo que le falta, un anillo de campeón, ya que a nivel de clubs europeos lo consiguió todo en el Real Madrid.

Sin embargo, como se diría en una película de juicios: “Protesto, señoría”. Resulta que el que subscribe es un fan de los Boston Celtics, el eterno y ancestral enemigo de los amarillos de Los Angeles. ¿Cómo debería sentirme en una hipotética final entre las dos franquicias más laureadas de la historia de la NBA? ¿Qué pesaría más, mi amor deportivo por Luka o mi predilección por la leyenda y la historia de la mística del trébol? En una disyuntiva tremenda me hallo. En 2024 confieso que disfruté de la victoria de Boston en las finales contra los Mavericks de Doncic, y habiendo ahora unido sus fuerzas con los rivales de Hollywood, supongo que en 2025 disfrutaría con mayor motivo de otra victoria. Hace poco escuché a un fan de los Celtics afirmar que Luka se había unido al F.C. Barcelona de la NBA, el equipo de las palancas infinitas y el apoyo de las instituciones. No creo que la comparación sea demasiado acertada, aunque por otra parte siempre intuí las semejanzas entre Real Madrid y los Boston Celtics. Pese a todo, le deseo toda la suerte del mundo a nuestro Luka. Sea donde sea, siempre llevará consigo un pedazo de nuestro club en su corazón.

Antes de despedirme, quisiera presentarles mi último libro, “Crónicas del trébol”, un recorrido por la leyenda de los Celtics a través de pequeñas historias y anécdotas. Se adquiere aquí.

 

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Buenos días, amigos. Prosiguen los ecos del hito del Etihad, donde el Real Madrid ganó el martes a pesar de que no había ganado nunca en noventa minutos (los penaltis de la Quince van aparte), a pesar de que nadie nunca había ganado allí en el contexto europeo desde 2018. Algunos de esos ecos tratan sobre el triunfo colectivo y otros individualizan, como es inevitable en un negocio donde se pone el foco en los futbolistas (no siempre en Vinícius y no siempre en sentido negativo. Marca lo hizo así en memorable ocasión, pero su portada de hoy es menos nefanda que aquella, a Dios gracias).

Hoy el foco está en Bellingham, y por razones positivas. Hace recuento el diario dirigido por Juancho Gallardo de la cantidad de veces que un gol en el descuento anotado por el inglés ha dado la victoria a los suyos. Son seis las ocasiones. Más que las de ciertos futbolistas, originarios de Madeira y Camas respectivamente, en todas sus blancas carreras, y eso que Jude acaba de llegar, como quien dice.

Fue contra el Getafe, también contra el Union Berlin (ambas cuando llevaba semanas en el club), en ambos mal llamados clásicos de la temporada pasada y -ya en esta- Valencia y Manchester, esta última el martes rebañando una vaselina imperfecta del propio Vini. Vamos a añadir otra también  en Mestalla, no en este año sino en el anterior, aunque a un tal Gil Manzano no le pareciera apropiado dar por buena la diana. Ya saben: el balón estaba ya rozando la cabeza del de Birmingham para el testarazo del correspondiente gol ganador en el descuento, pero el colegiado más madridista (?) del CTA optó mejor por pitar el final en ese preciso instante. Tenía que renovar la tarjeta del parking y no podía esperar, a ver si vais a pensar que esas cosas solo os suceden a vosotros.  “It’s a fucking goal!”, clamó desesperado nuestro hombre. Infelizmente, no había tiempo para permitir el remate pese a estar ya el balón en su frente, pero sí para expulsarle. Ya sabéis que nuestros colegiados (algunos les llaman culegiados, por lo que sea) hablan un inglés de Cambridge que les permite, aunque no haya insulto, amonestar a quien no se exprese siempre en los términos más versallescos. El propio Gil Manzano, como es sabido, grita “Cáspita” o a lo sumo “Carambola” cuando se pilla un dedo con una puerta, reservando todo juramento en arameo a madridistas que quieran dañar la competición, en palabras de su dueño, Javier Tebas, a la sazón presidente de la Liga de Fútbol Profesional y ahora factótum también de la Real Federación Española de Fútbol, que ahora debería pasar a llamarse Anti-Real Federación etcétera.

Bellingham, de Birmingham. He’s got it, mate. Él lo tiene. Tiene el don. No solo juega y hace jugar. No solo roba balones con su interminable gadgeto-pierna. No solo ejerce como líder plenipotenciario y marca goles pese a no ser el hombre más adelantado (a veces son golazos, otros son puro oportunismo raulista).

Todo eso es verdad. Pero además tiene el don, ya decimos. Posee la capacidad de estar donde hay que estar cuando las fuerzas del rival flaquean y a otros les temblarían las piernas, es decir, allá donde el reloj avisa de que concluye toda opción de merecer o desmerecer. Bellingham de Birmingham siempre merece, y con mucha frecuencia lo hace valer cuando ya casi es mañana, cuando ya casi es el Más Allá, donde habitan los monstruos.

Lo sabemos, Marca, pero gracias por recordárnoslo. Jude es extraordinario. Es insigne, homérico, sensacional. En registros más castizos, podríamos identificarlo con la poronga con ojos, la reporonga, la leche que le han dado, la rehostia en mangas de telegrafista. Es un potencial Top5 de la historia del club o algo así, una bestia insaciable, de la estirpe de D. Alfredo, de Cristiano, del propio Raúl. Le comparan con Zidane pero el bueno de Zizou, como jugador, no unía a su imposible calidad técnica estas dosis de estajanovismo. Queremos tanto a Jude.

El resto de primeras planas vienen presididas por el aburrimiento y la contradicción. Por un lado hay un pulso entre Vinícius y Florentino (Sport), y por otro es cuestión de días que el brasileño renueve con el Madrid (As), de donde se resuelve que no hay tal pulso, siendo el pulso sinónimo de tensión. Nuestra información indica que ni una cosa ni la otra. Ni están a punto de renovarle, ni jugador y club están como Indiana Jones y Marion en aquella cabaña repleta de borrachos en plena Mongolia.

La portada de Mundo Deportivo nos desconcierta, porque el chiste es tan malo que no sabemos si es intencionado. Parece que ‘ta cerca, aunque ayer ‘taba mah lehoh.  ‘Té cerca o ‘té lehoh, el equipo cliente de Negreira busca reforzarse de cara al año próximo, y tened por seguro que lo conseguirá sin que tengamos por cierto de dónde sacan el dinero ni en virtud de qué les permitem inscribir.

Bueno, en virtud de qué demasiado bien lo sabemos.

Pasad un buen día.

El que golpea primero golpea dos veces. Ganó el Madrid. Y lo hizo en casa del City. Escenario en el que nunca había ganado. Y ganó porque lo mereció, a pesar de que el resultado haya sido extremadamente corto a tenor de lo que se vio en el terreno de juego.

La primera parte comenzó con una declaración de intenciones por parte de los de Ancelotti: en pocos pases, plantarse en área rival. Y durante los primeros quince minutos fue así. El Madrid, gracias a un Vinícius muy inspirado en el pase, gozó de dos ocasiones, muy claras, para adelantarse en el marcador: solo una gran parada de Ederson a Mbappé, tras un pase fantástico de Vini con el exterior de su bota derecha, y un error incomprensible de Mendy a puerta vacía.

El Madrid estuvo generando ocasiones y arrinconando al City a base de encontrar fisuras en su defensa…, pero esto es la Champions League y el fútbol, en general.  Una de sus normas es que el que perdona ocasiones lo termina pagando tarde o temprano. Dicho y hecho. En el minuto 19, Haaland aprovechó un contragolpe muy bien llevado por los locales y con el despiste de la defensa madridista, batió a Courtois en una acción en la que el belga debió achicar mejor el espacio y hacerse más grande ante el atacante noruego.

El gol sentó bastante mal en el Madrid, que se vio visiblemente afectado durante los siguientes minutos en los que el City comenzó a pisar el pico del área con facilidad, y rematando al larguero un cabezazo de Akanji, a la salida de un córner botado por Kevin de Bruyne.

Una vez terminada esta fase de aturdimiento, el Madrid volvió a conectar con el partido y pudo empatarlo, antes del descanso, en un remate franco de Mbappé que se marchó por encima de la portería. Pero seguía fallando demasiado: estaba teniendo ocasiones, y algunas bastante claras, pero no terminaban de entrar. Era cuestión de tiempo que alguna de ellas entrara, viendo la fragilidad defensiva del City, su pobre organización colectiva, y el bajo estado de forma de la mayoría de sus jugadores durante esta temporada.

El que golpea primero golpea dos veces. Ganó el Madrid. Y lo hizo en casa del City, donde nunca había ganado. Y ganó porque lo mereció, a pesar de que el resultado haya sido extremadamente corto a tenor de lo que se vio en el terreno de juego

La segunda parte arrancó con un susto que pudo haber cambiado el rumbo del encuentro y de la eliminatoria: Haaland mandó al travesaño un disparo que rebotó en Camavinga, y perdió la oportunidad de ampliar la diferencia. Y, como he dicho antes, el que perdona, acaba pagándolo. Tras esta oportunidad, el Madrid empezó a vivir sus mejores minutos: una circulación de balón fluida, con Camavinga creciendo tras su defectuosa primera parte; cada vez más amenazante por bandas con un Vinícius que estaba siendo una pesadilla para Rico Lewis y que, junto a Bellingham, avisaba de lo que iban a hacer un rato más tarde tras un cabezazo del británico que se marchó desviado; la pareja de centrales aumentó más si cabe su concentración y su presión, instalándose en campo contrario para no dejar recibir a Haaland tras perder el balón los del Madrid; y una nueva ocasión de Mbappé que taponó Ederson tras una gran jugada de Rodrygo por línea de fondo.

El empate era cuestión de tiempo, dado que el City llevaba varios minutos sin aparecer por la frontal del área madridista, y cada vez se veía con más dificultades para contener las ocasiones que estaban recibiendo. No es que el Madrid estuviera dominando mediante la posesión, simplemente encontraba espacios para generar dichas oportunidades gracias a la desorganización de los locales, bien fuera por jugadas de uno o dos toques en los que giraba por completo a los citizens, o bien a base de puro talento individual, como las ocasiones producidas por Vinícius o Rodrygo.

En el minuto 60, Mbappé puso las tablas en el marcador tras un gran pase de Ceballos, gracias a un remate un tanto extraño con la espinilla de su pierna derecha, del cual me importa más bien poco si fue intencionado o no, ya que acabó dentro de la portería.

La espinillera de Dios

A partir de este momento, el Madrid tuvo múltiples opciones para golear, de las cuales destaco un mano a mano de Bellingham que repelió Ederson tras un pase irreal de Federico Valverde, o un disparo cruzado del propio Fede que se fue lamiendo la cepa del poste izquierdo.

Pero, de nuevo, perdonar tanto tiene consecuencias. En el minuto 78, Foden recibió el balón en el pico del área, regateó con facilidad a un Mendy que no opuso apenas resistencia, y fue derribado dentro del área por Ceballos, quien fue demasiado impulsivo. Haaland transformó la pena máxima lanzando a su izquierda, engañando a Courtois y adelantando nuevamente al City.

Ancelotti reaccionó dando entrada a Modric y a Brahim por Ceballos y Rodrygo, y sus cambios, tardíos, como suele acostumbrar el técnico italiano, tuvieron un efecto prácticamente inmediato. En un error de Ederson en salida de balón, Brahim habilitó a Vinícius, cuyo disparo fue rechazado de manera poco contundente por el meta brasileño, y el propio Brahim, adelantándose a todos los defensores, remató a placer volviendo a equilibrar el marcador.

el Madrid ha dado un paso de gigante, pero no debe confiarse. El Manchester City es uno de los grandes de Europa y que cuenta con una serie de jugadores que, en cualquier momento, pueden cambiar el flujo del partido

Tras este nuevo empate, y a falta de pocos minutos para terminar el encuentro, lo lógico sería pensar que la eliminatoria se iría empatada al Bernabéu. Pero en el minuto 91 y con el partido prácticamente acabado, un nuevo error del Manchester City fue recogido por Vinícius, quien encaró a Ederson y levantó el balón ante la salida del portero, y Bellingham apareció para empujar el balón al fondo de la red.

El Madrid da un paso de gigante, ganando en campo rival y con la vuelta en el Bernabéu. Pero no debe confiarse, y más en una competición en la que las cosas pueden cambiar de un momento a otro. En condiciones normales, debería ganar el partido de vuelta ante un equipo que esta temporada parece una sombra de lo que fue: a nivel mental, físico y táctico, y con una falta de liderazgo en el centro del campo muy patente tras la lesión de Rodri. Pero no deja de ser el Manchester City, uno de los grandes de Europa, que cuenta con una serie de jugadores que, en cualquier momento, pueden cambiar el flujo del partido. La eliminatoria está encarrilada, pero el Madrid debe darle la estocada final en Chamartín.

 

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Pues tomamos Manchester, la parte mala de la historia de una de las más respetables y futboleras ciudades del mundo, donde el United, desde tiempo inmemorial, es lo más parecido al Real Madrid que hay en las islas. Pero no, anoche ganamos a los otros, a los de la ceja partida (o sin ceja) de la temporada pasada, a los que corrían como gamos durante los 90 minutos sin parar de presionar hace dos temporadas, a los dirigidos por el único e inmarcesible entrenador que en el mundo ha existido, don Pep Guardiola, ÉL. Claro que anoche corrían, pero no tanto, presionaban, pero no con tanta intensidad y tanto tiempo y, sí, tenían todos las cejas enteras y pobladas, mire usted qué casualidad.

Ganamos bien, ganamos en el césped y en el marcador, que podría haber sido más abultado si Ederson no se hubiera marcado un Oblak y no hubiera sacado los balones inverosímiles que paró en el Etihad Stadium. Y ganamos por 300ª vez en la Copa de Europa. Tiene gracia, suena a victoria 300ª de los 300. Esto, que parece una cifra sin importancia, es un dato tremendo. Ganar 300 veces en una competición que todos los clubes del viejo continente están deseando ya no ganar, sino participar, es de un mérito sideral, sobre todo si tenemos en cuenta que el Real Madrid sólo ha jugado 498 partidos en esta competición.

Ganamos por 300ª vez en la Copa de Europa. Tiene gracia, suena a victoria 300ª de los 300. Es un dato tremendo. Ganar 300 veces en una competición que todos los clubes están deseando ya no ganar, sino participar, es de un mérito sideral, sobre todo si tenemos en cuenta que el Real Madrid sólo ha jugado 498 partidos en esta competición

Esto es, en la Copa de Europa, en el evento más difícil de ganar del mundo entre clubes, ha ganado el 60,24% de los encuentros que ha disputado, una verdadera barbaridad. Lo de los quince títulos es de traca, pero ganar 6 de cada 10 partidos que juegas, sea en casa o en vaya usted a saber qué campo de Dios, es estratosférico. Hay que darle el valor que se merece a este dato, a esta victoria nº 300 del Real Madrid en la Copa de Europa. Alcemos nuestras madridistas y blancas copas llenas de lo que ustedes quieran y brindemos con furor por otras 300, al menos, en los mismos partidos jugados.

300 victorias

Mira que si al final Ancelotti va a tener razón… es que hay que ver. Hay que decir que la eliminatoria no está ganada ni mucho menos, que ellos son muy buenos, que Guardiola seguro que se saca una táctica de la manga para sorprendernos y que ya sabemos la facilidad que tiene nuestro equipo para complicarse la vida en las vueltas en casa de las eliminatorias que ha encarrilado fuera, que parece que sólo nos motiva el remontadismo y el taquicardismo, vaya. Pero es que el equipo dio ayer la sensación de funcionamiento al nivel de crucero esperado… esperado por unos pocos ilusos que confiamos siempre en la plantilla y negado por muchos que desde agosto están pidiendo la cabeza del entrenador. Me temo que otra vez, una vez más, nuestro querido italiano de la ceja (poblada, eso sí) levantada, les va a callar la boca y les va a agarrotar los dedos. Me alegraría mucho, puesto que el trato que está teniendo Carlo por los que se suponen que son los suyos es peor que el de los más sanguinarios enemigos. No digo nada, no lanzo las campanas al vuelo, pero sí que creo que este curso vamos a ir a Cibeles alguna que otra vez. Veremos.

Antes de acabar, hay que decir que Dani Ceballos dio su primera asistencia en competición europea jugando en el Real Madrid, cosa que es de celebrar porque, vaya asistencia, pardiez, vaya balconcito que envió a Mbappé (el fraude que ya lleva 24 goles, recuerden que he apostado por 45 este curso) para que este, con la espinilla, a lo Santillana, engañara al portero y la mandara dentro del marco. Bravo por los dos. Igual que bravo por el resto del equipo, que en circunstancias adversas en forma de lesiones se ha levantado y va por el buen camino, como he dicho antes.

Pero cómo no vamos a hablar de nuestros entrañables amigos de La Liga de Fútbol Profesional, que han elevado a la RFEF una denuncia por la carta que emitió el Real Madrid la semana pasada. Manda narices. Los comunicados de Gil Marín, del Sevilla de Del Nido hijo, las declaraciones de adulteración de competición (menuda caradura) de Laporta y demás sandeces que sueltan aquí y allá los entrenadores y los presidentes patrios no tienen repercusión alguna, salvo en la prensa para atizar al Madrid, claro, pero una carta del Real Madrid pidiendo que se fumigue la corrupción en el fútbol es motivo de denuncia. A ver qué pasa, no creo que tenga mucho recorrido pero, conociendo a esta tropa, me puedo imaginar cualquier cosa, la verdad. Me puedo imaginar una sanción en forma de multa o de puntos, que se recurrirá en vía administrativa hasta llegar al CSD (¡oh, no!). Y, en última instancia, a los Juzgados ordinarios. Veremos.

Otra casualidad, ayer salió en la prensa nostra una noticia del 29 de enero, el instructor del asunto de la difusión de un video sexual con menores implicadas ha mantenido la condición de investigado a Raúl Asencio. No seré yo quien niegue que se difunda la noticia, por supuesto, pero ya es causalidad que se haga el mismo día en que el Real Madrid se la jugaba en Manchester. Según lo que me ha llegado (bueno, a Javi, que es el que conoce de esto), el asunto no pasará de ahí porque no se espera que haya acusación formal contra nuestro central, por lo que, cumpliendo el principio acusatorio que informa el Derecho penal español, sin acusación, no puede haber condena. Mientras tanto, prima la presunción de inocencia. Me gustaría saber si cuando esta pesadilla pase los mismos medios difundirán con la misma intensidad la noticia en las redes sociales para conocimiento general como ayer. Me temo que no, claro.

RAC1, discúlpense públicamente, al menos, con la familia de nuestro querido Juan, que ya lleva más de treinta años aguantando escarnios, mofas y befas de la muerte de su padre, hermano, esposo o abuelo por el único motivo de ser una leyenda de las grandes del Real Madrid

Y para acabar, RAC 1. Anoche, en un programa de Twitch al que estuvo invitado Javi, Meritocracia Blanca, programa de su buen amigo Álvaro, se sacaron los audios de la narración de los goles de Manchester de esta cadena de radio, para solaz, sosiego y sorna de los invitados y del público asistente. Justo antes del gol de Brahim, los comentaristas estaban haciendo bromas con la remontada que debería hacer el Madrid en Chamartín la semana que viene, y, con la coña marinera, empezaron a invocar al espíritu de Juanito, pero, de una forma macabra, diciendo que habría que buscar una ouija, que a ver quién tiene el teléfono de Juanito, etc. Miren ustedes, métanse con los muertos de su… eso, dejen a los muertos en paz y, sobre todo, respeten a los muertos de los demás, que nadie se mete con los de ustedes.

Esta cadena, que jolgoriza con los goles que le meten al Real Madrid y que visten de luto riguroso cuando marcan los de blanco, que nos divierte tanto con lo de la centrada, la rematada y el gol del Madrit, en tono de enterrador triste, se podría guardar ciertos comentarios en salva sea la parte y, por favor, discúlpense públicamente, al menos, con la familia de nuestro querido Juan, que ya lleva más de treinta años aguantando escarnios, mofas y befas de la muerte de su padre, hermano, esposo o abuelo por el único motivo de ser una leyenda de las grandes del Real Madrid. Desde aquí quiero, en nombre de mi amigo Javi, que me lo ha encargado, mandarle un abrazo enorme a su amigo Roberto Gómez, hijo de Juan, que no se mete con nadie y tiene que aguantar un día sí y otro también cómo estos desalmados mancillan el buen nombre de su padre. Un abrazo enorme, Roberto.

Y me despido con la frase de Javi. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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En las pizarras del fútbol quien dicta la clase (ya sea Dios o quien corresponda) escribe a veces derecho con renglones torcidos. Esto es algo que los panenkitas no han calculado aún y, en consecuencia, se quedan en ocasiones cortos en el análisis. A lo mejor lo que les pasa, sencillamente, es que creen ser ellos los que emborronan el encerado.

El Madrid ayer jugó maravillosamente durante gran parte del partido, pero la ortodoxia (los renglones rectos) no le llevaron a buen puerto. Estaba encorsetado en demasía, formal como el marido con miedo a volar de la canción de Loquillo, y precisó soltarse, darse un poco a lo disoluto para materializar sus ocasiones. Mbappé dejó en el aire una silueta parecida a la que tú dejabas en el pasillo al volver a casa borracho y tropezar con el mueble despertando a tus padres, y gracias a eso el balón entró por fin. A veces te tienes que quitar la corbata en la boda para que la chica pija (a quien eso le parece fatal) se sienta al fin atraída por tu animal incorrección.

Le dio Kylian con la espinillera, que por no ser no es ni una parte de tu cuerpo, hasta ahí llega la heterodoxia. Viene a ser como rematar con una prótesis, no necesariamente del pene, y eso vale, ya lo creo que vale mientras siga existiendo un vacío legal al respecto. Ya sé que la bota tampoco es una parte de tu cuerpo, pero se me entiende. Hubo que hacerlo mal para que saliera bien. Los renglones torcidos del balompié y la espinillera de Dios, que no es siempre un esteta y no por necesidad va a darle de tacón. El interesado, su amigo brasileño y su amigo inglés se estozaban de risa a resultas del lance, y la escena nos hizo caer en la cuenta de la indudable similitud entre los viejos galácticos y el Rat Pack, aunque no queramos mucho que estos galácticos acaben pareciéndose a aquellos.

Hubo que hacerlo mal para que saliera bien. Los renglones torcidos del balompié y la espinillera de Dios, que no es siempre un esteta y no por necesidad va a darle de tacón

Lo que había prevalecido hasta ese momento era el maleficio de la seriedad. Enfrentarte envarado a la posteridad te cierra sus puertas, o sus porterías, si nos ceñimos a la de Ederson. Hizo falta hacer gala de otra joie de vivre, de una jovial inconsciencia teñida de iconoclastia, para que el gran fútbol terminara de cristalizar. Brahim cazó un rebote y la mandó para dentro como quizá no habría hecho tras una gran jugada individual, y fue solo el preludio de la otra gran hazaña etílica de la noche. Vinícius, que estuvo soberbio, ensayó una vaselina que sin embargo fue como como un gatillazo después de demasiados gin-tonics (“too much ginco-ginco”, le dijo una camarera oriental a un amigo mío al asistir con frustración a una sobrevenida insuficiencia eréctil), pero que también acabó bien porque la rebañó Bellingham, el de siempre, el hombre que le suelta “fuck off” a los linieres y a la muerte. Un Madrid repeinado impartió su magisterio en la academia, pero no selló una jornada inolvidable hasta que entró en la discoteca y empezó a olvidar que había que comportarse. Dos churros y un semichurro rubricaron la tesis doctoral, que estaba muy bien escrita pero no destinada a triunfar desde el atril. A veces la vida es así y hay que amarla o, en su defecto, amar al Madrid que la vida imita y no al contrario.

 

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El Real Madrid aplastó al City en una noche de leyenda y los amigos de fcQuiz no han dejado pasar la ocasión para medir vuestros conocimientos sobre el tema.

¿Cuántos puntos sois capaces de lograr?

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Anoche en Manchester el Real Madrid añadió una muesca en su revólver. Una vez más, el City de Pep Guardiola caía derrotado en el Etihad Stadium. Un Madrid serio que casi no concedió ventaja a su rival y siempre fue a por el partido con valentía y convicción. El botín para la vuelta en el Santiago Bernabéu es interesante, pero el 2-3 a favor me parece algo corto si me detengo en apreciar todo los merecimientos que el equipo hizo. El miércoles que viene aún nos queda por disfrutar.

El Madrid llegaba al partido de esta noche con la baja de Lucas Vázquez y el ajuste de Fede Valverde en el lateral derecho. La primera parte fue buenísima hasta ese gol de Erling Haaland que el árbitro y el VAR tardaron siglo y medio en revisar y nadie en su sano juicio sabe a ciencia cierta si fue legal. Por mucho que quieran mostrarme lo contrario, Gvardiol asiste al noruego en claro fuera de juego. Además, y esto se presta a la suspicacia, del penalti a Vinícius ni rastro. No obstante, el balance de la primera parte fue notable. El equipo presionaba y robaba bien y producía jugadas de gol con asiduidad. El mazazo del gol nos tuvo grogui unos diez minutos y nos repusimos para volver a llevar el peligro a la portería de Ederson.

El botín para la vuelta en el Santiago Bernabéu es interesante, pero el 2-3 a favor me parece algo corto si me detengo en apreciar todo los merecimientos que el equipo hizo. El miércoles que viene aún nos queda por disfrutar

La segunda parte transitó por los mismos derroteros. El árbitro se inventó un penalti sobre Foden de Ceballos. Ninguna toma deja despejada la duda de si era dentro del área. Erling Haaland transformó desde los once metros. Era el minuto 80 y, lejos de acobardarse o rendirse, el Madrid miró cara a cara a su rival y Brahim Díaz puso el empate tras convertir a placer. No contentos con el marcador, el equipo fue a por el tercero y lo encontró en un balón en largo que Vinícius supo ganar y sobrepasar a Ederson, dejando botando el balón para que Jude Bellingham convirtiese. Justicia poética y eliminatoria encarrilada.

Sin embargo, y parafraseando a Paul Simon, en España las aguas turbulentas nos anegan.

Admito que en los últimos días he vuelto a sentir lo mismo que cuando estalló el caso Barcelona-Negreira. Una sensación desagradable que se parece demasiado al asco. Detesto el campeonato doméstico y aborrezco del fútbol español. Esto engloba a clubes, periodistas y demás ralea. Por supuesto, generalizo cuando califico a la mayoría de sus protagonistas de impresentables. ¿Acaso cabe otra consideración?

Ayer al mediodía los medios se descolgaron con un comunicado de La Liga en el que denunciaba al Real Madrid y exhortaba a tomar medidas a la Real Federación de Fútbol. Inexplicable pero esperable. Como sintetizaba un tuit de La Galerna:  “La Liga denuncia que un club denuncie la corrupción del sistema, pero no denuncia la «corrupción sistémica» de otro club”. Este es el estercolero al que llamamos fútbol español.

No obstante, me sorprende cómo en el comunicado La Liga recalca que el Madrid ha puesto en duda la credibilidad del campeonato. Pero no es el Madrid quien pone en duda la honestidad del mismo. Es un juez y la Guardia Civil quien literalmente hablan de "corrupción sistémica en el fútbol español". El Madrid en su comunicado se hace eco de la declaración. Cualquiera que lea el comunicado del Madrid así lo entiende porque va entre comillas. Otra cosa es que los clubes no hayan leído el comunicado o les cueste entender el complejo concepto del entrecomillado. Ya sabemos que hoy día el analfabetismo funcional es premiado por los índices de audiencia.

No es el Madrid quien pone en duda la honestidad del campeonato. Es un juez y la Guardia Civil quien literalmente hablan de "corrupción sistémica en el fútbol español". Otra cosa es que los clubes no hayan leído el comunicado o les cueste entender el complejo concepto del entrecomillado

La reacción general del fútbol español a la denuncia emitida por el Real Madrid es pésima. Pero el recital patético del Atlético de Madrid solamente demuestra una vez más la realidad de ese club acomplejado y al servicio del régimen. La bajeza moral del Atleti es directamente proporcional a la envidia que le tiene al Madrid. Y sus aficionados disfrutan y celebran ese empecinamiento. Este comportamiento maleducado no deja de reflejar otras conductas negativas que todos conocemos de ese frente futbolístico.

El hastío es tal que el sábado pasado dejé el partido colgado cuando el colegiado pitó el penalti. Hasta ahí llegó mi paciencia. No vi el encuentro ni me he molestado en revisar imágenes o ver el gol de Mbappé. Sé que es una decisión madura, pues como comentaba anteriormente mi hartazgo me impide guardar una relación normal con el fútbol español. Por supuesto, seguiré viendo los partidos nacionales del Madrid pero me ahorraré el encuentro frente al Barcelona. No soy masoquista. Así lo hice cuando estalló el Caso Barcelona-Negreira y así lo haré ahora. Mi salud estomacal lo agradecerá.

Mientras en España todo el ruido mediático acecha al Madrid, el mundo sigue girando. Por suerte, fuera de nuestras fronteras el Madrid es un gigante al cual admirar porque, parafraseando a L'Équipe, el Real es eterno. La última referencia al alcance global del Madrid la tenemos en plataformas. En Amazon Prime se acaba de estrenar el documental Cómo no te voy a querer. Desde el pasado lunes todos los suscriptores podemos disfrutar del documental que inmortaliza la temporada 2023/2024. Tras el maravilloso documental de La leyenda blanca que salió en 2022, Amazon vuelve a unir su destino al club blanco para una docuserie que promete emocionarnos a todos. Yo pienso consumirla esta semana y prometo dedicar una columna a ella. Seguro que la experiencia audiovisual lo merece.

Y una vez más se impone la evidencia de que algo no termina de encajar en todo esto. ¿Cómo es posible que el mundo del fútbol nos ame pero en España se nos persiga y calumnie? Es algo que se nos escapa porque no es lógico. Inevitablemente pienso en esa canción de Bob Dylan llamada Sweetheart Like You en la que el cantante norteamericano cuenta el encuentro con una dama sofisticada y hermosa en un entorno sórdido. Dylan se pregunta al final de cada estrofa aquello de qué hace una chica como tú en un vertedero como este. Obviamente, entre descripciones de la vida cotidiana e imágenes bíblicas, el personaje central trata de salvar a la dama y acaba diciéndole algo así como que únicamente hay una alternativa posible y a esa alternativa se la conoce como la tierra de la felicidad permanente.

Por supuesto que para mí el Real Madrid es esa gran dama que está en un lugar que no le corresponde y la Superliga es la única alternativa para escapar de este escombrero que es el campeonato nacional. Todo lo demás es accesorio y únicamente distrae al aficionado. Todos los debates deportivos carecen de importancia. Porque sí, definitivamente el Madrid está fuera de lugar. Contra todo y contra todos.

 

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Buenos días. Disculparéis que comencemos citando a alguien tan poco poético como Rubiales, que dijo algo parecido ayer en el juicio por el asunto Jenni Hermoso, pero es que es verdad. Es que a estos jugadores (los del Madrid) nos los comeríamos a besos después de su histórica victoria anoche en el Etihad, donde en la Champions no ganaba nadie que no fuese el City en 90 minutos de juego desde tiempos inmemoriales. Fue ante el Olympique Lyonnais el 19 de septiembre de 2018. Los franceses también vestían de naranja y también tenían a Mendy. Hay gente que falla goles cantados y que desespera al personal con su aparente torpeza algunos ratos, pero en cuya blanquísima sonrisa parece cifrarse la suerte del campeón.

Dice As que así gana el Madrid, y no por estar manido el cántico deja de ser cierto. Hay que tomar un poco de distancia con el partido de ayer para valorar lo sucedido. En caliente, la frustración por los fallos increíbles de goles cantados nos impidió en parte disfrutarlo, pero lo cierto es que se trata de una victoria de prestigio que deja la eliminatoria muy encarrilada (si bien no cerrada ni mucho menos) y que se logró merced a un juego muy convincente. El Madrid sometió al City durante 7/8 del encuentro, doblegándolo a punta de fútbol y creando literalmente decenas de acercamientos peligrosísimos hacia un inspirado Ederson. El triunfo llegó al final, al más puro estilo Real Madrid, pero los de Ancelotti se habían hecho acreedores a él desde mucho antes.

Como dice As, antes de ese gol postrero de Bellingham (¿cuántos goles decisivos ha marcado ya?) el Madrid había igualado sendas desventajas a pies de Mbappé y Brahim, pero es que esas desventajas nunca fueron justas, ni futbolística ni arbitralmente. Las imágenes sobre la posición de Gvardiol y Haaland no fueron concluyentes en el primer gol, como también resulta mosqueante la jugada del pretendido penalti de Ceballos. Esperemos que no haya un nuevo brote de UNICEF causando estragos en los pasillos de la UEFA. Hasta el momento, Ceferin nos había odiado en la distancia, digamos, sin traducir ese odio en arbitrajes sibilinos. Esperemos que este mínimo de decencia se mantenga.

Marca describe al Madrid llamándolo “bravo”, queremos pensar, pues de lo contrario le faltaría la coma del vocativo a su portada. Pues sí, fue un Madrid bravo, estupendamente contado anoche, en La Galerna, por Andrés Torres y Genaro Desailly. Un Madrid que nunca se desesperó ante su propia mala puntería, y que a base de no tomar nota de sus errores al final metió tres: uno con la espinilla, otro en un rebote y un tercero a resultas de una vaselina mal ejecutada. El fútbol no hay quien lo entienda.

No hay quien lo entienda porque el Madrid se presentaba al partido con la enorme duda de una defensa de circunstancias, pero si algo falló no fue precisamente la defensa. El Madrid estuvo errático en área contraria, no en área propia, y eso que en ataque sí contaba con su cuarteto de oro. La línea defensiva estuvo impecable, con la nota discordante de los errores en ataque de Mendy (ese gol fallado…). Valverde volvió a coronarse como uno de los mejores laterales derechos del continente, dado que lo de que es uno de los mejores mediocentros ya venía demostrado de casa. Tchouaméni realizó una gran labor y Asencio se doctoró cum laude ante Haaland, que marcó dos goles porque nunca es posible frenarlo del todo, pero al que controló bien, ejerciendo un mando férreo en la zaga. La personalidad del joven canterano está impactando. Jamás le pierde la cara a los partidos y casi siempre acierta en sus decisiones.

El Madrid, sabiamente conducido por Ceballos, el propio Valverde y Bellingham, produjo un aluvión de ocasiones. En el Bernabéu habrá que ser más clínico en la finalización de las mismas para poder pasar la eliminatoria, y cabe pedir a Ancelotti que mueva antes el banquillo. Su equipo ha cosechado un resultado envidiable para la vuelta, y lo ha hecho con arreglo a un gran juego que sería una pena desperdiciar. El propio Guardiola reconoció al final del choque que era el mejor partido que el Madrid había jugado contra el City siendo él el entrenador de los sky-blues.

En los pagos de la esquinita llevan con resignación cristiana el “palo a (su) Pep”. Vayan para ellos nuestras más sinceras condolencias. En cambio, para los cafres miserables de Rac1, que un segundo antes del gol de Brahim se estaban mofando de Juanito y hablando de ouijas, vaya nuestro desprecio más absoluto, y una risotada de gusto en sus caretos pestilentes. No sabemos si se nos entiende.

A mi que en RAC1 quieran que pierda el Madrid me da bastante igual, es algo que tengo normalizado desde que de pequeño veia los partidos en TV3 con mi padre.

Pero que en el partido de hoy se hayan reido un par de veces de Juanito me parece asqueroso. @EsportsRAC1 así, no. pic.twitter.com/wTXGbjDxBw

— Madridisme (@madridisme) February 11, 2025

Pasad un buen día.

-Courtois: APROBADO. No pudo hacer nada en ninguno de los goles. Pero también da la sensación de haber perdido algo de aura.

-Valverde: NOTABLE. Impresionante despliegue. Da igual donde lo pongas.

-Mendy: SUSPENSO. El gol que falló, clamoroso, aunque no sea su misión, simboliza su nivel actual.

-Tchouaméni: APROBADO ALTO. Partido muy serio del francés.

-Asencio: SOBRESALIENTE. Garra, porte, velocidad, carácter. ¿El nuevo Sergio Ramos? Posiblemente.

-Ceballos: APROBADO ALTO. Muy buen segundo tiempo. El equipo se mueve bien en torno a su figura. Pudo pecar de ingenuo en el penalti, pero ¿era penalti?

-Camavinga: APROBADO ALTO. Buen tono general, con algunos lapsus de atención.

-Bellingham: NOTABLE. ¿Sabes ese momento en que ya parece definitivamente exhausto? Pues ahí es cuando nunca hay que cambiarle.

-Rodrygo: APROBADO. Poco brillo.

-Vinícius: APROBADO ALTO. Inquietó mucho en algunas fases del partido.

-Mbappé: APROBADO. Tuvo muchas ocasiones. Marcó la que peor definió. No hay quien entienda el fútbol. La pantorrilla de Dios.

-Brahim: SOBRESALIENTE. Todo el mundo le gritaba a Carletto, desde su casa, que lo sacara ya. Todo el mundo tenía razón.

-Modric: sin calificar.

-Fran García: sin calificar.

-Ancelotti: APROBADO. El equipo jugó muy bien, pero ¿tiene un bonus por minuto que tarda en hacer los cambios?

 

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Un afortunado City sobrevive a sus errores, al dominio blanco y la sucesión de oportunidades perdidas por un Madrid mejor que se complicó solo, pero que gana por primera vez en el Etihad, doblega a Pep y pone un pie en los octavos de la final de la vieja Copa de Europa.

Además, cuando nadie lo esperaba, el duelo entre dos viejos adversarios, el astuto zorro de Reggiolo y Sant Pep de Santpedor, se inició con un sorprendente homenaje a don Javier Clemente Lázaro. Dias, Aké, Akanji, Gvardiol y Stones, cinco centrales, cinco, titulares en el once inicial de Guardiola al que sólo le faltó probar a Ederson, como lateral izquierdo como hiciera el de Baracaldo en tierras nórdicas.

Mientras Mbappé se cambiaba las botas, el Madrid compareció, infiel a su costumbre, con el colmillo afilado, presto a aprovechar el galimatías táctico blue. Pronto, muy pronto, Vini se escapó mano a mano ante el portero que lo derribó claramente en el área. El carioca parecía en aparente fuera juego, y subrayamos aparente, porque nunca nadie nos lo certificó en ninguna repetición 3D o recreación 360 en lo que constituye, a la fuerza, un nuevo ejercicio de fe ciega en el catecismo arbitral moderno.

Vini, en cualquier caso, parecía con duende esta noche. Pronto se deshizo de algún central en la medular con un caño y sirvió a Mbappé, que cruzó infructuoso para toparse con Ederson. El culmen, no obstante, del barroquismo llegó al instante con los arabescos con el que un tuya-mía de Vinícius y Mendy acabó con el portero por los suelos y el lateral francés estrellando el balón sobre algún otro central del City. El Madrid zarandeaba a los locales, Pep empezaba a estar tentado de rascarse compulsivamente la calva, todo eran buenas noticias para la parroquia merengue, salvo una: el resultado gafas (0-0).

Y entonces llegó Haaland.

A los 18 minutos, un pase profundo desde la izquierda de un omnipresente Gvardiol —que no sabemos si será el embrujo balcánico de su apellido, pero siempre nos cruje— permitió al gigante de los fiordos combinar con De Bruyne, que oteó el horizonte con su rostro tostado por el sol cual granjero de Oklahoma y envió largo y profundo dentro del área. Allí, de nuevo Gvardiol, otra vez y ante la desesperación de Asencio, sirvió un pase de pecho para que Haaland fusilara. Y cuando este cronista suspiraba por un partido lejos de las insufribles sesiones de VAR patrio, la UEFA nos deleitó con su propio espectáculo en busca de un presunto fuera de juego, y requirió todo un tiempo muerto para que sus delineantes, capataces, calculines, aparejadores y arquitectos varios decidiesen sobre la legalidad del gol del noruego. Un gol como la catedral de Trondheim, dicho sea de paso, más allá de este delirio cuántico que preside nuestros días de fútbol.

El Madrid trató de sacudirse el inesperado golpe mediante un latigazo en una losa de Vini al larguero, un disparo que golpeó en otro central tras delicado caño de Goes sobre, obviamente, otro central dispuesto por Guardiola, así como un intento lejano de un Ceballos que luce cada noche mayores galones de mariscal de campo. El City había sido reducido a un Eibar pero gobernaba el resultado para asombro —y herejía, suponemos— del guardiolismo.

Al final, los merengues, hoy de horrendo y funesto color butano, acabaron por acusar el impacto.

La pájara de Grealish, sustituido en el primer tiempo por Foden, anticipó los mejores momentos de los skyblue de Pep. El propio Foden probaba a Courtois mientras el Madrid, pelín depre, deambulaba atontado en busca del balón. Asencio, aguerrido, voceaba a sus compañeros en busca de una reacción.

Una respuesta que llegaría en el segundo tiempo, al que llegamos después de un misil tierra-aire de Valverde, dos intentonas de Mbappé y tras comprobar la fortaleza del menudo arbitro francés, Clément Turpin, que chocó involuntariamente con Haaland… y dejó por los suelos al coloso de las nieves. Oh la la.

Haaland disparaba a la cruceta nada más reiniciarse el encuentro. Pero fue un espejismo.

El Madrid, autoritario, comenzó a acogotar al City con un sinfín de ocasiones agravadas por el bueno de Rico Lewis, el voluntarioso jugador inglés más tierno que un pudin —que sustituyó al descanso a un lesionado Akanji— al que Vinícius martirizó durante largos minutos en los que, sonados, los de Guardiola vagaban por la existencia.

Pero el gol se hacía de rogar. Lo intentaron de cabeza, con la zurda, con la diestra… y acabó llegando con la espinilla y tras una falta directa fallada por Fede. El esférico regresó a Ceballos que, inteligente, sirvió un balón interior al área donde, fulgurante, entraba solo Mbappé haciendo trizas el fuera de juego. Parecía gol seguro hasta que el astro francés remató con la espinilla. Afortunadamente, el balón bombeado se coló mansamente dentro del arco blue.

Empate rarísimo, pero más que merecido, y media hora para el final.

El Madrid se vino arriba con un City grogui y temerario perdiendo frecuentemente balones en la salida. Valverde, he´s here, he´s there, he´s fucking everywhere y jugando desde el lateral derecho, cruzaba fuera a un palmo del poste, Ederson salvaba la papeleta ante Jude y hasta los palos conspiraban en contra de la remontada blanca. Los hados no estaban con los de Carletto y a los 76 minutos una desafortunada e imprudente entrada de Ceballos, sobre un Foden que bailaba encima la línea tras burlar a Mendy, acabó con un irremediable penalti señalado por el francés.

Haaland desde los once metros hizo el 2-1.

Inyustisia, que diría Cristiano.

Pep agotaba sus cambios mientras Carletto, perezoso, ordenaba el ingreso de Modric y Brahim en el terreno de juego. Sólo faltaban cinco minutos. Providencial decisión. Fue precisamente el malagueño —no lo olviden— quien devolvió las tablas al marcador tras un cuando menos pintoresco saque de puerta de Ederson que propició una contra madridista y un disparo seco de Vini sin ángulo que despejó con el pecho el propio Ederson y que recogió Brahim para hacer el empate. No sería la última alegría de la noche ni el último regalo de algún central cityzen alineado por Guardiola.

En el descuento, Vini le birló la cartera a un desdichado Rico Lewis para marcharse solo ante un hoy muy ocupado Ederson, y lo superó con una vaselina defectuosa que recogió Bellingham con suspense para marcar el gol de la victoria y hundir hasta el infinito en el cuello de su anorak a Juanma Lillo, fiel escudero en el banquillo inglés de otro compungido y cariacontecido Guardiola.

Primera victoria en el Etihad en un partido en el que el Madrid mereció sentenciar una eliminatoria que, dada la caraja de unos y otros, permanece abierta. El Bernabéu dictará sentencia.

 

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