Buenos días. El madridismo sociológico, que es algo diferente a lo que intentó regurgitar Jan Laporta tras una mala resaca, anda dando vueltas a la posibilidad (o imposibilidad) de remontar tres goles al Arsenal el miércoles próximo, casi olvidando que antes de eso, concretamente mañana, hay un partido de liga. Una liga que sigue viva para los blancos si uno repara en que la distancia de puntos con el club cliente de Negreira no es insalvable.
El compromiso liguero, en Mendizorroza, ante un necesitado Alavés, es para mañana por la tarde.
-¿Y por qué no el sábado, teniendo en cuenta que el Madrid juega el miércoles un partido decisivo?- se preguntará, curioso, el lector.- ¿No podría la LFP ayudar mínimamente al club que con mayor éxito representa al fútbol español, simplemente adelantando a hoy su partido liguero? No habría ninguna contraindicación para hacerlo así. De hecho, el equipo cliente de Negreira juega hoy y no mañana, para así poder preparar su cita continental y llegar a ella con menor estrechez temporal.
Razón tendría el curioso lector en aducir todos esos puntos, pero estaría perdiendo de vista que el responsable de todo esto es un tal Javier Tebas Medrano, Enemigo Público Número Uno del Real Madrid y hombre enfermizamente obsesionado con la idea de perjudicar al mejor club del mundo.
Así que jugamos mañana en lugar de jugar hoy, a pesar de que esta alternativa sería francamente realizable sin mayor inconveniente para nadie.
Las portadas de hoy no hablan de esto, evidentemente, dado que el propio Tebas somete a sus designios a las principales cabeceras del país. A una muy en partícular, claro.
Obviamente, Marca no se va a dedicar a morder la mano que le da de comer, optando mejor por intoxicar en lo posible el ambiente dentro del Real Madrid, pasatiempo favorito de Tebas, autor espiritual de tantas y tantas portadas de Marca. La de hoy de manera muy especial. No olvidemos que la reacción de Tebas ante los ataques racistas sufridos por Vinícius fue siempre la de regañar a la víctima, secundado de inmediato por Marca que puso al brasileño “en el foco”. ¿Su delito? Sufrir un acoso incalificable (y en gran parte xenófobo) por parte de gradas hostiles, supuestos compañeros de profesión y medios miserables.
El acoso encuentra un nuevo capítulo en la portada marquista de hoy. Aprovechando un pésimo partido de Vinicius ante el Arsenal, Marca trata de intoxicar intentando hacer ver que toda la temporada de Vini es en realidad nefasta, pretensión que se aleja mucho de la realidad. El brasileño lleva una temporada algo irregular, en la línea del equipo, pero eso es todo. Eso de que Vini “está irreconocible desde el Caso Balón de Oro” es una invención, una patraña, una falsedad tendenciosa y ruin contra el futbolista más importante de la liga de Tebas, a despecho de ser también el más maltratado.
Tebas está en serio riesgo de ser inhabilitado. ¿Qué va a hacer con estas portadas Marca si eso sucede? Podrá introducirlas por la vía anatómica que estime oportuno, pero ni Vini ni el propio Real Madrid van a olvidar tan fácilmente este repugnante camino jalonado por afrentas.
As no está mucho más inspirado hoy. Si esta es la Central Lechera, que debería estar ayudando al equipo supuestamente afín a crear un caldo de cultivo favorable a la remontada (en Champions y en liga), que venga Dios y lo vea. Enredando con las renovaciones de los Lu(k/c)as a cuatro días de la vuelta ante el Arsenal.
Muchísimas gracias, As.
Y este es el panorama con los medios supuestamente controlados por el pérfido Florentino y sus garras omnipotentes.
(PD: Tanto As como Marca reflejan la posición final del Real Madrid en la primera fase de la Euroliga. Los de Mateo habrán de jugar un Play-In ante Paris para optar a la F4).
La prensa cataculé, como siempre, a sus cosas. Hacen bien. Están jugando estupendamente, llevados por un gran técnico que puede renovar, en medio de un ambiente sociopolítico y mediático absolutamente favorable, un ecosistema que perdona sistemáticamente sus crímenes para asegurarse de que su camino sea cuesta abajo y desemboque en títulos. Juegan hoy (insistimos: hoy, no mañana) en Butarque. Ganarán, ya os lo adelantamos.
Pasad un buen día.
Leo Beenhakker es uno de esos técnicos que ha vivido (sin contar interinidades) dos etapas en la casa blanca. En esa lista se encuentran también gente como Quincoces, Albéniz, Molowny, Di Stéfano, Toshack, Capello, Zidane o Ancelotti.
En la campaña 1985-86, el entrenador blanco era Luis Molowny, que acababa de cumplir 60 años y decidió que cuando finalizara el curso futbolístico ponía punto final a su etapa en los banquillos. El cuadro merengue volvió a ganar la Liga tras seis años de sequía y revalidó el título de la Copa de la UEFA. Ramón Mendoza comenzó a buscar al capitán de la nave madridista para un nuevo proyecto del equipo. En un primer término pensó en Luis Aragonés, pero el madrileño rechazó el ofrecimiento. A continuación, tocó las puertas de Menotti y Clemente. Al argentino lo descartó por la poca química que vio entre ellos, y con Clemente no se llegó a un acuerdo total. Fue entonces cuando surgió la idea de Leo Beenhakker porque al presidente se lo recomendó Jorge Valdano, que lo había tenido en el Real Zaragoza. Para ello, el neerlandés desestimó su continuidad en la selección oranje, a la que dirigía desde 1985.
Con la llegada de la primavera, hubo una primera toma de contacto en Bruselas y más tarde dos en la capital de España. Mendoza y Leo Beenhakker congeniaron y en el mes de abril de 1986 se hizo oficial el acuerdo. El presidente lo confirmó en Milán, manifestando, además, que “Beenhakker es un entrenador moderno, gran persona, hombre joven, conocedor del fútbol europeo y que encajará bien con la plantilla”. Otro que habló para elogiar la figura del neerlandés fue Valdano, que señaló que “conoce de futbolistas y de seres humanos” y lo calificó como “un defensor del fútbol abierto y tácticamente valiente; Leo es ambicioso en sus sistemas de juego y tiene capacidad para contagiar y transmitir esa mentalidad”.
En algunos medios le bautizaron como ‘El filósofo del fútbol’ y ‘El tulipán blanco’. La prensa rápidamente buscó sus primeras palabras y tanto AS como Marca lo entrevistaron aquella primavera.
La portada de AS decía: ‘Beenhakker descubre sus secretos’. En cuanto a la disciplina, declaró: “¿Duro?: jamás permití que nadie dejara de cumplir con su deber”. Si había dudas respecto a su pasado, se reivindicó: “No hay que olvidar que ya gané un título de Liga en mi primer año de entrenador con el Ajax y creo que esto es ya una buena referencia. Por otra parte, mi paso por Zaragoza creo que fue positivo”. Por último, respecto a si iba a tener plenos poderes respondió que “a eso te diré que yo tengo mis propias concepciones del fútbol y estoy seguro de que no planteará problema alguno este asunto cuando llegue el momento”.
Marca fue directamente a buscarle a los Países Bajos con sus enviados especiales Ángel Retamar y Julio Palomar. Beenhakker se puso varios retos: “Quiero un Madrid muy espectacular. La Copa de Europa, por prestigio, debe ser una meta trascendental para nosotros”. Además, era consciente de que “es la gran oportunidad de mi vida; he luchado como loco para llegar hasta aquí”. En la entrevista dejaba claro su punto de vista futbolístico y era un estilo ofensivo y atacante: “El fútbol es para el público y hay que conseguir que se divierta. Lo bonito es dejar KO al rival, intentar golearle”. Por último, aclaró el aspecto del preparador físico porque él solía trabajar solo: “Tengo mis ideas sobre la preparación física. Aquí, en Holanda, al mismo tiempo que se prepara uno para ser entrenador, se hace un curso muy extenso y profundo sobre la preparación física. Quiere eso decir que se consigue compaginar la parte técnica y física, pero, cuidado, no quiero decir con esto que vaya a prescindir de un preparador físico. Si el Real Madrid tiene uno, y como creo, es muy bueno, podemos trabajar juntos”.
En el mes de julio también habló para la revista oficial del club en su número 434, cuando el equipo hizo su presentación oficial en el Santiago Bernabéu. De su llegada al club, confesó que “el Real Madrid siempre ha sido un sueño para mí. La diferencia con otros clubes es que aquí siempre se tiene la obligación de ganar títulos, por historia, calidad y afición”. Sobre su estilo, expuso que “en mi opinión un gran ataque es la mejor defensa, pero lo más importante es jugar a ganar”. Y, además, cuando se le preguntó por la ansiada Copa de Europa respondió que se consideraba una persona “práctica que piensa en ganar el encuentro más próximo, ya que los títulos se consiguen día a día”.
Aquella primera etapa de tres años de Beenhakker concluyó con cinco títulos, tres Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa, con momentos de un juego excelso de ‘La Quinta del Buitre’ y también con algún conflicto con varios jugadores, y, sobre todo, con el lunar de no alzar la Copa de Europa, principalmente en aquel año 1988 de la eliminación del PSV. En 1989 finalizaba contrato y Ramón Mendoza optó por no renovar y buscar nuevos bríos para el equipo con John Benjamin Toshack.
Leo Beenhakker firmó por el Ajax, donde estuvo dos temporadas y comenzó una tercera, hasta que de nuevo Ramón Mendoza lo llamó para que volviera a la entidad de Chamartín a finales del mes de septiembre de 1991 con un contrato de tres años. En esta ocasión, al equipo blanco lo entrenaba Radomir Antic, que tenía al equipo líder del Campeonato de Liga en las primeras jornadas. Por tanto, el nuevo puesto que le ofreció el presidente madridista fue el de mánager general. El aterrizaje de Beenhakker enfadó mucho a su antiguo club, el Ajax, que vio con estupor toda la operación y acusó al club madrileño de falta de ética. El neerlandés se mostró feliz y afirmó a su regreso que “entrar en el Bernabéu ha sido como regresar a casa”. En su nuevo cargo iba a estar por encima de Antic, pero con la intención de formar un dúo, compenetrarse y trabajar ambos codo a codo: “No tengo ningún interés en tocar su trabajo. Tras 25 años en el banquillo me interesa mucho mi nueva labor. He firmado como mánager, no como entrenador. Eso no significa que en una situación excepcional, de emergencia, me pueda sentar en el banquillo de forma provisional. Antic debe estar muy tranquilo. No he venido para quitar el trabajo a nadie”. Aunque, en los mentideros de la época, ya corría el rumor de que Mendoza lo prefería como técnico, pero la labor de Antic estaba siendo positiva.
En los siguientes meses trabajaron de forma conjunta y en alguna ocasión tuvieron que salir a desmentir una mala relación entre ellos. El equipo blanco funcionaba y continuaba líder, pasó varias rondas en la Copa del Rey y la Copa de la UEFA hasta que llegó el mes de enero de 1992. En una decisión sorprendente que no muchos entendieron, incluidas personas dentro del club y la plantilla (Butragueño afirmó que “no esperaba que pudiera ocurrir, ni nadie”), Mendoza destituyó a Radomir Antic para colocar de nuevo a Beenhakker en el banquillo.
El Barça había recortado distancia a los blancos en la clasificación, pero a Mendoza lo que le disgustaba era el juego del equipo. Para la prensa fue la crónica de un cese anunciado porque la destitución del técnico yugoslavo rondaba la cabeza de Mendoza desde el mes de agosto. El presidente se escudó en que echó a Antic por “unos informes de los técnicos del club” y que el motivo del cambio era “para intentar mejorar, necesitamos un fútbol más ofensivo”. En la rueda de prensa para presentar de nuevo a Beenhakker explicó que “las causas son cuestiones técnicas. El cambio supone un riesgo y sentamos un precedente; el tiempo nos dará o no la razón. Tal vez haga falta un sistema diferente, un fútbol más ofensivo y espectacular. Al menos, en terreno propio” Además, puso de ejemplo al eterno rival: “El Barcelona hace un juego de otro planeta. Al Bernabéu acuden 90.000 espectadores y 30.000 de ellos exigen espectáculo, algo que no tenemos en este momento”.
Beenhakker recogió el guante del presidente y dijo que “buscaremos resultados y espectáculo. Encontrar ese equilibrio es lo más importante y difícil”. No quiso pronunciarse sobre el juego del equipo: “No estoy en situación de valorarlo. Cada entrenador tiene su propia filosofía, lo que no significa que la mía sea la mejor o peor. Para mí, dentro de mi forma de ver el fútbol, hay que buscar algo más dentro del Real Madrid”. Por último, añadió unas palabras para Antic: “Siento mucho lo que le ha sucedido, pero el fútbol muchas veces es una trampa“.
El neerlandés tomó los mandos, pero la campaña no finalizó con los éxitos que se esperaban. Primero el Real Madrid cayó en semifinales de la Copa de la UEFA frente al Torino, luego se perdió la Liga en Tenerife en la última jornada con escándalo arbitral y noticias de un intento de soborno a un jugador blanco y, para terminar, en el último choque de la temporada se esfumó la Copa del Rey en la final contra el Atlético de Madrid en el Bernabéu. Beenhakker no se sintió molesto con los rumores de destitución en el mes de junio y puso su cargo a disposición del club: “Si el cambio de entrenador es la solución, aquí está mi silla”. El penúltimo día del mes firmó su finiquito y abandonó la entidad blanca.
Fotografías: archivo Alberto Cosín
Buenos días. Ayer falleció Leo Beenhakker. El madridismo está de luto. Aunque estuvieron bajo las órdenes de varios técnicos, fue por excelencia el entrenador de la Quinta del Buitre, así como del resto de estrellas de aquel inolvidable Madrid ochentero: Hugo Sánchez, Gordillo, Valdano… Hizo jugar al equipo como pocos otros técnicos. Ganó 3 Ligas consecutivas, 1 Copa del Rey y 2 Supercopas de España.
Aunque el crédito por haber revolucionado el fútbol español se lo llevó Cruyff, hubo otro holandés que, con menos prensa y el mismo mérito, contribuyó igualmente a que el balompié patrio pasase de la furia al talento. Introdujo vanguardistas métodos de entrenamiento y, aprovechando lo mejor de una generación irrepetible, apostó por un fútbol vistoso y ofensivo como pocos se han visto.
DEP Leo Beenhakker.
As recoge la triste noticia en un estrecho faldoncillo, compartiendo primera plana con Mbappé, Vinicius y Rodrygo, que ya velan armas para intentar la proeza casi imposible de remontar ante el Arsenal. Pueden parecer argumentos independientes, pero el brindar tributo a Leo debería ser un aliciente más para tratar de remontar el miércoles.
Háganlo por Leo. No solo por él, claro, pero sí por él como exponente de la excelencia blanca. Precisamente, aunque sea otro deporte, el homenaje que le brindaron ayer los muchachos de Chus Mateo ganando en Belgrado, con un gancho imponente de Edy Tavares en el último segundo. As lo refleja también, por desgracia miniaturizado, en su esquina inferior derecha.
Marca participa de los tres argumentos de su competidor (Madrid de fútbol, Leo Beenhakker, Madrid de baloncesto), pero casi todo ello desde la óptica ligeramente más puñetera que le es propia cuando habla del club de Concha Espina.
Lo peor es que no se les puede negar algo de razón, no al menos en el día de hoy. La victoria del Madrid de Mateo no es suficiente para llevar al equipo a Play-offs de Euroliga, y más bien parece que tendrá que conformarse de momento con estar en el Play-in.
En cuanto a la falta de conexión completa entre Mbappé y Vini, hay verdad en lo que se asevera en esta primera plana. Ambos jugadores hacen clic por momentos, pero no da la sensación de que hayan establecido aún una de esas sociedades futbolísticas ilimitadas a las que aludía Jorge Valdano. Se percibe que no falta buena voluntad por parte de ambos para lograrlo, pero el entendimiento no es (aún) completo.
No faltan los que aseguran que nunca se complementarán del todo, o más aún: que son del todo incompatibles. Hemos visto señales de que eso no es así, si bien no tan completas como para desautorizar a esas voces, o no en los momentos decisivos, como lo era el pasado martes.
El miércoles próximo, en la vuelta, tienen Vinícius y Mbappé, Mbappé y Vinicius, ocasión de demostrar, con un golpe de efecto tremendo, que deben seguir siendo junto a Bellingham los pilares esenciales sobre los cuales debe el mejor club del mundo edificar su futuro.
La prensa cataculé, a sus cosas. Mundo Deportivo tiene el detalle de acordarse de Beenhakker, cosa que no le sucede a Sport.
Pasad un buen día.
Que sepas que Alejandro Dumas no fue un santo. Parió Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, pero en lo tocante a lo personal, más concretamente a lo paterno-filial, fue un poco cabrón. Tuvo un hijo con la costurera Marie-Catherine Labay al que llamó como él, pero no lo reconoció como propio hasta que al crío le empezó a asomar una sombra de bigote sobre el labio de arriba. Fue enviado entonces a internados en los que ganarse una buena educación, donde también recibió una soberana dosis de racismo: sus raíces negras ennegrecían su piel y eso era motivo de escarnio. Ya de adulto, desnortado y borracho de insensatez, quiso ser escritor bohemio y, por llamarse como su padre, hubo de soportar los comentarios infecciosos, los chismes vecinales y las pullas de mariliendres que le creyeron fracasado antes de tiempo. Cómo va a querer ser igual que su padre, pensaban. Supo Alejandro Dumas hijo, sin embargo, que la peor venganza no conoce el paso del tiempo, así que fue paciente y con su triunfo aplastó las dudas: La dama de las camelias superó su propia época, convirtiéndose en inmortal gracias a Giuseppe Verdi y La Traviata.
Esta es sólo una de las millones de historias de dulce venganza que tenemos a mano con tan sólo entrar a una biblioteca o al catálogo de Netflix. El propio Dumas (padre) puso algunos de los pilares del género contemporáneo gracias a las andanzas de Edmundo Dantés (interpretado muy dignamente, por cierto, en su última adaptación cinematográfica por el periodista Miguel Quintana). Podría inspirarse el Real Madrid en alguna de esas historias ahora que nos rebosa el barro. En el fútbol, cuando haces tamaño ridículo, sólo salir manchado de tierra húmeda y verde césped puede salvarte de la acusación popular, pues al menos quedaste marcado por el terreno de juego en tu batalla por evitar un sonrojante 3-0. Sin embargo, ni siquiera el barro se dejó ver en el gris de la camiseta con la que salimos a jugar en Londres, contagioso gris indeterminado que sumergió al Madrid en su habitual neblina de fútbol cuando no hay posesión, ni ganas, ni presión, ni ganas, ni soluciones, ni ganas. El barro sólo sirve hoy para asfixiarnos de vergüenza.
Podría inspirarse el Real Madrid en cualquier historia de venganza si hubiera sido objeto de injusticia. Podría sentirse como Edmundo Dantés, apresado y traicionado, o como Dumas hijo objeto de comentarios hirientes, como Mandela en prisión, como Simón Bolívar derrotado y exiliado, como Napoleón quizá. ¿Cómo clamar venganza, entonces? Hoy no se nota la rebelión, pues nos dolemos de inoperancia: fue vergonzosa la puesta de gala ante el Arsenal en medio de unos flamantes y envidiados cuartos de final. Se puede perder, pero no así, piensa el madridismo.
Pero ¿sabes lo que piensan otros? Que se acabó. Que el Arsenal ya está en las semifinales porque el Madrid, es oficial, se ha ahogado víctima de su propio vómito. Lo piensan quienes se dedicaron a escribir tweets y columnas, a celebrar los goles en plena narración, a aplaudir en los balcones, a gritar de impostado gozo en el sofá de casa para ser oídos por nosotros, los vecinos madridistas que nos hacíamos preguntas ante la televisión, los contactos que preguntaron por grupos de whatsapp cómo iba el partido cuando el 3-0 atronaba como tormenta, rezumando sorna o creyéndose graciosos, como si dar por muerto a don Real Madrid Parera fuera una buena idea. A estas alturas. Te tienes que reír.
Quizá en este momento no haya sentimiento más digno que el afán por cerrar veinte millones de bocas, por apagar sendos millones de sonrisas, por vengarnos del antimadridismo que nos piensa y desea eliminados, que es peor que pensarnos y desearnos muertos
Entre los restos del desastre, una luz. La sonrisa del antimadridismo brilla desde el martes por la noche: qué le pasó a tu Madrid, codo, palmada, dientes, guiño, codo otra vez. Qué le pasó a tu Madrid es la frase con la que media España ha decidido ser feliz esta semana, como si cagarse en el jardín del vecino fuera más digno que esconderte en tu aseo a fumarte un cigarro mientras tanto. Quizá en este momento no haya sentimiento más digno que el afán por cerrar veinte millones de bocas, por apagar sendos millones de sonrisas, por vengarnos del antimadridismo que nos piensa y desea eliminados, que es peor que pensarnos y desearnos muertos.
Bienvenidos así, amigos, al madridismo optimista. Pongamos en perspectiva que el mejor Arsenal que recordamos, frente al peor Madrid que nuestros libros evocan, ganó gracias a que Declan Rice, ungido por la Providencia, marcó sus dos únicos goles de falta directa de su carrera. Es decir, necesitó el mejor Arsenal, ante el peor Madrid, de un milagro casi histórico para que la cornada tuviera dos trayectorias y dejara la eliminatoria en serio riesgo para los de Ancelotti.
El antimadridismo esta semana se relame ante la circunstancia: el Arsenal ya parece equipo de semifinales. Lo cree en su fuero interno, se regocija ante la tragedia de ver a una suerte de demonio tambalearse moribundo después de que, tras un baño de fútbol y ocasiones de gol, sólo pudiera ser golpeado cuando el cielo señaló a Declan Rice y le convirtió en su profeta. Es decir, tuvo que intervenir una especie de suerte bíblica para que los londinenses dejaran en el arcén al, repito, peor Real Madrid que recordamos.
Hay razones de sobra aparte de la dicha: los de Ancelotti no necesitan nada, ni siquiera a la suerte, a la que casi desprecian, para ganar partidos
Ante esta circunstancia, ¿por qué no seguir creyendo en lo imposible? Si un Arsenal terrenal necesitó de la mayor de las suertes para obtener la justicia que mereció en el campo, ¿por qué el Madrid empeñado en demostrar una y otra vez que autosabotearse forma parte de su plan no va a ser capaz de remontar? Hay razones de sobra aparte de la dicha: los de Ancelotti no necesitan nada, ni siquiera a la suerte, a la que casi desprecian, para ganar partidos. Con Mbappé, Vinícius, Rodrygo, Bellingham, Valverde y Courtois, quién la necesita, concluyen en el vestuario blanco, lugar en el que sólo en ciertas noches elegidas de Copa de Europa once tíos vestidos de blanco se abrazan al noble arte de la venganza y afilan los cuchillos.
Dumas hijo tuvo paciencia. Para la mayor de las venganzas no existen los relojes. El Real Madrid tiene siete días y, a estas alturas de semana, ya le sobran cinco.
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Aún no se disipan las brumas londinenses de la derrota y toca, como siempre en el mundo del fútbol, acometer la siguiente empresa: el próximo partido de la MLN (Mugrienta Liga Negreira). Los ánimos están por los suelos y a mí particularmente no me hace la más mínima gracia tener que sentarme frente al televisor a ver las nuevas tropelías de los “Juanitos Destripadores” de pito en la boca, y por si fuera poco tener que escuchar las silbatinas de los colaboracionistas de la grada porque, es que ya se sabe: “Tchouaméni ha espabilao desde que le dimos su tirón de orejas”. Se confieren a sí mismos una importancia ridícula que mueve lo mismo a risa que a llanto, pero de eso ya he hablado. Volvamos mejor a disertar sobre el sutil arte del bien morir.
La cosa es que el martes el Real Madrid, vigente campeón de Liga y Champions, anduvo mal y de malas. Mal porque sigue sin conectar, como desnortado y echando mano de la improvisación a cada rato, tratando de solventar el acertijo de cada partido más por la vía de la ocurrencia que por el eficaz mecanismo de la estrategia. Mal porque existe un principio en la gestión de grupos que se me ha vuelto más evidente que nunca en los últimos días: el miembro de un equipo que busca la excelencia personal supone por necesidad un decremento del desempeño colectivo. Eso es lo que veo yo, una fragmentación que solo puede deberse a la ausencia de liderazgos suficientes que cimienten un suelo común sobre el cual construir; con esto me refiero al entrenador y su cuerpo de auxiliares, por supuesto, pero también a los jugadores, que deben asumir una responsabilidad comunal más allá de sus querencias o caprichos propios.
Tuve un profesor en Harvard que me decía siempre: “No lo llamen liderazgo, llámenlo comunicación”. Lo recuerdo cada vez que veo en el campo a ese equipo de insularidades, a ese blanquísimo archipiélago de soldados ensimismados con las manos en los bolsillos y las cabezas hundidas entre los hombros, como adolescentes que no saben qué hacer o decir frente a la muchacha que les gusta. Mal el Madrid porque comienza —como los perritos de Seligman—, a resignarse a las heridas, porque al parecer se ha contagiado del virus de la melancolía que suele ser endémico en los territorios apaches de la M-40, y esto es lo peor de todo, el riesgo auténticamente importante: normalizar las tres caídas de camino al patíbulo. Nada de eso. Toca pulverizar ese tumor maligno de la conformidad y asumir desde el orgullo heredado, la historia, la voluntad y la estrategia el sendero de nuestra redención. “Lo más importante después de una derrota es volver a ganar”, dijo con precisión absoluta Zidane y fue menospreciado por la prensa, que lo acusó de responder con perogrulladas.
Toca pulverizar ese tumor maligno de la conformidad y asumir desde el orgullo heredado, la historia, la voluntad y la estrategia el sendero de nuestra redención
Digo de malas porque la expedición a Albión no contempló, porque nadie podría haberlo hecho, los dos misiles teledirigidos del señor Rice. Dos auténticas piezas de delicada orfebrería que el susodicho jugador no había conseguido jamás en su vida y que muy probablemente muera sin consumar de nuevo. Arteta (que por cierto habla emulando los amaneramientos de Guardiola) no perdió la oportunidad de echar un poco de sal, limón y polvo de cristal en nuestra herida en una de esas entrevistas que se hacen a pie de campo: “No habíamos metido un gol de tiro libre desde 2021”, espetó haciendo un guiño y mostrando muy feliz a la cámara 1600K el fogonazo cegador de una arquitectura dental inobjetable.
¿Qué habría pasado si no suceden esas dos rarezas? Hombre, nadie lo sabe, pero yo no estoy aquí para saber, sino para especular, para mostrar sin pudor alguno los bordes de mi ignorancia, según Montaigne. Pues yo creo que no solo el resultado, sino la dinámica del partido hubieran sido distintos. El gol es siempre la variable táctica más efectiva. Siempre. Los gunners se encontraron dos doblones del más puro oro peruano sin tener que escarbar un solo milímetro mientras los nuestros que, como bebés prematuros, siguen esperando el descenso de los testículos al saco escrotal, dieron media vuelta y regresaron por donde habían venido, encajando mal el rechazo de la fulanita de sus sueños.
Acto seguido, los vociferantes “youtuberos” corrieron a anunciar el apocalipsis zombi para hacer caja antes que nadie. Escuché a más de alguno, solo por explorar, y claro está, ahí no había el menor atisbo de análisis. Todo eran gesticulaciones, desgarramientos de vestiduras y de otro tipo, lamentaciones de banshees telemáticas sin más interés que agitar el gallinero para ganarse unas moneditas desde casa un martes por la noche. Nada nuevo, pues. Ahora comenzarán a negar todo lo que han dicho y harán incesantes repiques de campana convocando a todo el mundo a la remontada, la épica y la irrupción de las fuerzas telúricas de ese vórtice espaciotemporal ubicado en Paseo de la Castellana y Avenida de Concha Espina.
Pase lo que pase este miércoles estaré tranquilo sabiendo que a este club, lo sabes tú, lo sabemos todos, lo espera siempre una hermosa y florida pascua de resurrección
Es un win-win en toda regla: si el Madrid pasa, alegría y a seguir ordeñando la vaca de opulentas tetas rosadas; si pierde, inmolación a lo bonzo y a comenzar la explotación de ese otro flujo de ingresos online que es el vender la ilusión de los fichajes “inminentes” a través de miniaturas donde aparece en primer plano su carota con gesto de honda preocupación o de sorpresa, así como tipografías de B Movie gritando “humillación”, “hartazgo”, “estalla”, “fichado”, “bombazo” y demás señuelos para los peces más tontos del estanque que, como bien sabemos por aquí en La Galerna, no son pocos. ¡Es lo que hay, compadre!
En cuanto a mí, sigo instalado en la felicidad permanente de ser del Real Madrid desde aquel día en que la zarza ardió sin consumirse frente a mis ojos en el Desierto de Sonora. “Soy el que soy”, me dijo El Innombrable con ese acento sutilmente porteño de don Alfredo Di Stéfano. Pase lo que pase este miércoles estaré tranquilo sabiendo que a este club, lo sabes tú, lo sabemos todos, lo espera siempre una hermosa y florida pascua de resurrección. Esta es la verdad que no pueden entender los cadáveres del fútbol. Para el Madrid el morir no ha sido nunca un asunto serio. Tal es el lujo reservado a los elegidos: la vida eterna.
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Con motivo del fallecimiento de Leo Beenhakker, reflotamos el presente artículo escrito por Jesús Bengoechea.
"Nosotros vivimos una verdadera revolución, y el protagonista de la misma en el Madrid fue Leo Beenhakker", nos decía Míchel en la entrevista que le hice para La Galerna, junto a Joe Llorente y Athos Dumas, hace unos cuantos meses. "Fue un innovador. Todos los entrenamientos pasaron a ser a través del balón. Yo tenía 23 ó 24 años y no había encontrado antes a un entrenador que usara el balón para trabajar la táctica. (...) Había buena materia prima, sí, pero no fue casualidad que empezáramos a jugar tan bien. La preparación física también fue excelente. Fernando Mata se adaptaba muy bien a Beenhakker. "Quiero que me diseñes un ejercicio físico con balón que además nos permita ensayar este movimiento táctico", le decía.
No es el único exjugador del club que nos ha hablado de forma tan entusiasta sobre el técnico holandés. Paco Buyo no escatimó elogios cuando se trató de ensalzar su labor durante los tres años (86-89) en que dirigió al equipo. Siempre recordaré lo categórico que fue conmigo: "Tengo debilidad por Leo Beenhakker. Junto a Cruyff, le dio otro aire al fútbol español. Siempre se habla de Cruyff pero no se hace justicia a Leo, que también contribuyó a modernizar nuestro fútbol".
Mis recuerdos como aficionado indican que este reconocimiento de sus pupilos no es fruto de un ejercicio retrospectivo, sino que ya en el momento en que estaban a sus órdenes tenían devoción por él. Cuando Beenhakker dimitió tras aquella abultada e histórica derrota en San Siro (5-0), volvió al Ajax para arrasar en la Liga holandesa. Los jugadores del Madrid se volvían hacia la prensa, señalando los méritos de su querido técnico. La prensa había sido extremadamente injusta con Leo. Alfonso Azuara se hizo famoso por sostener que el Madrid ganaba no gracias sino a pesar de "el quesero", peyorativo término que hoy rozaría la xenofobia. "¿Y ahora qué?", se revolvían sus pupilos mirando a los plumillas, tras constatar que el neerlandés continuaba ganando lejos del Bernabéu. No era solo la Quinta. No eran solo Valdano, Gordillo o Hugo Sánchez. Beenhakker los hizo jugar como los ángeles. Nada de esto sirvió para que en el futuro el Madrid siguiera ganando, siempre no gracias sino (por supuesto) a pesar de sus preparadores. O eso sigue diciendo una prensa empeñada en atribuir a la autogestión cada éxito de los blancos. Beenhakker fue, en este sentido, precursor de Zidane, otro cuya talla como jefe de filas siempre fue puesta en entredicho, pese a la contumacia de sus conquistas. Las de Leo quedan lejos de las 3 Champions del francés (aquella fatídica eliminatoria contra el PSV le privó de ganar la Séptima), pero en su momento se convirtió en el primer técnico extranjero capaz de ganar 3 Ligas seguidas para los vikingos. Molowny (antes) y Toshack (después) completarían el gran quinquenio liguero.
No era solo la Quinta. No eran solo Valdano, Gordillo o Hugo Sánchez. Beenhakker los hizo jugar como los ángeles
Las palabras de Paco Buyo, comparando a Beenhakker con el venerado Cruyff, son llamativas. ¿Exagera el mítico portero gallego? Míchel cree que no. Sin restar mérito alguno a la herencia de Johan, parece evidente una infravaloración de un tulipán en beneficio del otro. "En mi modesta opinión, en Barcelona saben cómo cuidar a sus crías. Además, Cruyff respaldó su trabajo con una Copa de Europa que nosotros no pudimos ganar. Lo cierto es que con Beenhakker se pasó de ese fútbol racial que había caracterizado a España a una nueva propuesta, una nueva puesta en escena, pero siempre manteniendo su estirpe, ya sabes, lo de no rendirse hasta el final". Con Leo se modernizó el fútbol blanco sin sacrificar su paradigmática casta.
Como aficionado, le debo a Leo —y a los excepcionales jugadores con los que contó, por supuesto— no solo el balompié más vistoso que han visto mis ojos, sino también, en aparente contraste con ello, un aldabonazo de realismo. En el verano que siguió a su estupenda primera temporada (la de la única Liga con play-offs), se le preguntó si su Madrid era el mejor equipo de Europa. "El mejor equipo de Europa es el que gana la Copa de Europa". Esa reprobación del mirarse el propio ombligo, esa enmienda a la totalidad de la autoindulgencia, es madridismo más que ninguna otra cosa que haya dicho nunca un entrenador blanco, es pragmatismo veinticinco años antes de Mourinho y por parte de un técnico presuntamente partidario del preciosismo. Diciendo eso, dejó claro que su Madrid nunca sería, para la posteridad, el mejor equipo de Europa. No le importó perjudicar su propia impronta en beneficio de la exigencia inherente al club. Pero demostró conocer el Madrid, ser el Madrid, como muy pocos. Uno puede amar el arte y, a la vez, saber dónde está.
Amarás a Leo Beenhakker (y a su Quinta, porque en parte es suya) no por encima de todas las cosas, pero sí por encima de otras muchas cosas buenas
En el 92 volvió al club, en parte como consecuencia de la mala conciencia de Mendoza, en parte por culpa de la misma prensa que le había hecho la vida imposible y ahora reclamaba el espectáculo que Antic no ofrecía. Leo volvió en funciones de director deportivo, pero todos intuían un relevo para el balcánico a la siguiente victoria que no entrara por el ojo. Leo volvió a sentarse en el banquillo, y con él llegó el primer Tenerife. Es una pena que su retorno haya quedado indisolublemente ligado a la más descomunal cagada del presidente del pelo blanco (echar a Antic, no hacer volver a Leo). A partir de ahí se convirtió en un muy honroso trotamundos del fútbol, impartiendo su magisterio en latitudes tan diversas como Arabia Saudí, México o Trinidad y Tobago. En Madrid le recordamos muchos como el héroe que fue. Amarás a Leo Beenhakker (y a su Quinta, porque en parte es suya) no por encima de todas las cosas, pero sí por encima de otras muchas cosas buenas.
Fotografías Imago.
Como lo lees. Tenemos más copas de las que han bebido Mick Jagger y Keith Richards juntos en toda su vida. Tenemos un escudo que hace morirse de miedo al más bárbaro de los ejércitos. Y ni el vudú diario de todos los que organizan competiciones y de los que pagan a los árbitros ha logrado torcer siquiera levemente a la providencia en su obsesión merengue de estos últimos años. No me preocupa lo más mínimo el resultado de un partido al que le faltan 90 minutos en el Bernabéu. A ver si no nos olvidamos de que estamos, como diría un concursante de Supervivientes, mu locos.
Pero esa no es la cuestión. Lo importante es que tampoco me preocupa el resultado final de la vuelta. En este preciso momento de la historia, luz y taquígrafos, escribo con un inmenso deseo de ver el mundo arder y de la ira más atroz, porque no se me ha pasado el enfado aún. Solo deseo una cosa, solo una, solamente una: que el miércoles Madrid sea la tumba del astigmatismo espiritual que nuestros chicos exhibieron el martes.
Me da igual ganar y pasar la eliminatoria, o perder por 8-9. Me da igual que le regalemos a Aleksander Čeferin la borrachera de su vida (¿las bombillas pueden beber?). Y me da igual que una debacle haga saltar las costuras del Real Madrid que reinó en Europa año tras año desde ya ni me acuerdo. Lo único que no podría soportar es ver que al pitido inicial los nuestros no se distribuyen en el campo como si estuviéramos en el minuto 92 de una final en la que vamos 1-1.
No tengo ganas de una genialidad, ni de una escapada en solitario de esas que pasan a la historia, no quiero ni tener la suerte de que ellos se metan goles en propia meta, ni que nos piten un miserable penalti, ni que el entrenador rival nos regale el partido pensando que ya lo tiene ganado. No me importa lo que hagan ellos. Por mí como si se quedan en Londres. Como madridista, solo admitiré una resolución, con conjura o sin ella: salir con la certeza de que todo está perdido y de que solo queda la del honor: que la portería rival sea un maldito Pearl Harbor.
Solo deseo una cosa, solo una, solamente una: que el miércoles Madrid sea la tumba del astigmatismo espiritual que nuestros chicos exhibieron el martes
Nadie, y digo nadie, debería jugar un solo minuto por galones, ni por sueldo, ni por inercia. Creo hablar en nombre de casi todo el madridismo si digo que quiero que estén en el campo los 90 minutos diez lunáticos, enfermos por reventar la red a cada segundo, disparando como un mono armado y con tiritona, desde cualquier lugar, por puro vicio, como si tuvieran que arrancarle a la cabeza uno a uno a todos los espectadores del fondo norte. Y me da igual si jugamos con los once de gala o si sale el Castilla en pleno con Vallejo en punta. Y también me da igual si en el minuto 20 o 30 hay que sentar a alguna de nuestras estrellas, sencillamente porque no tiene el día. ¿Deberíamos haberlo hecho el martes?
A propósito, entendamos una vieja contienda: tenemos el mejor equipo del mundo y el mejor banquillo. A estas alturas de temporada, y a ciertas alturas de cualquier partido, no tenemos tiempo de esperar a que este o aquel pelotero encuentren la inspiración, o tengan ganas de correr, o sean asistidos por los dioses de la confianza. Es la hora de restituir el honor blanco. Y el resultado nos da igual.
El primer loco ha de ser Ancelotti. Este no es un partido normal. Y no es un partido más. Necesitamos toda la artillería arriba. Como si jugamos con Rüdiguer armado con dos Kalashnikov como único defensa. Sí, quiero a Endrick de delantero centro. Y a Brahim en el campo. Y a Rodrygo por la banda izquierda. Y a Vinicius jugando donde le salga de los huevos. Y a Bellingham en donde marcaba goles. Y una línea defensiva a la altura del punto de penalti del rival. Y a la afición haciendo saltar el sonotone a cada uno de los jugadores del Arsenal. Y a tíos que marcan gol y salen como demonios a por el balón para llevarlo al centro del campo. Y que en el descanso haya que cambiar a cinco porque no pueden ya con el culo.
No olvidemos lo de Cicerón: “Silent enim leges inter arma”; o “en tiempos de guerra, las leyes enmudecen”. No hemos venido a ganar una batallita. Ni a intentar pasar una eliminatoria imposible. Ni —perdonadme — a remontar, que siempre me suena un poquito cursi. Hemos venido a hacer una sangría. Una masacre. Una escabechina. A salir en los telediarios de todo el mundo.
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Algunos ya me habréis leído por aquí contar alguna experiencia con la Inteligencia Artificial Generativa. Por razones que no vienen al caso, tengo un interés profesional que me lleva a dedicarle bastante tiempo a los usos y futuro que puede tener y que sin ninguna duda ya está cambiando nuestra vida. ¿Para bien? Eso espero. Inicialmente, se pensaba que sólo destruiría trabajos humanos de bajo valor añadido. Eso ya está pasando. Pero también está multiplicando la capacidad humana en trabajos de alto valor mientras escribo estas líneas.
El pánico social alentado por algunos gurús en los orígenes de la IA iba más encaminado a tenerle miedo a ceder ciertos controles, como la distribución de los trenes en la red de metro o ferrocarriles, la conducción 100% autónoma y problemas como el de la decisión. Siendo inevitable tomar una decisión en microsegundos, ¿a quién atropellaría un coche autónomo, a una mamá y a su bebé en el carrito o a un candidato a premio Nobel de medicina cuya identidad reconocieran las cámaras del vehículo? ¿Quién sería más útil para el mundo? ¿El aspirante al Nobel? Siendo una persona anónima, la mamá podría ser un político que resuelva grandes problemas de la humanidad (sería de los primeros en hacerlo) o el bebé, como en Terminator, podría ser John Connor, quien ganase la guerra contra las máquinas en un apocalipsis distópico. No será fácil redactar los disclaimers de los contratos de uso de esas tecnologías.
Vuelvo a la realidad. Esta tarde le he lanzado unos cuantos prompts a Grok v3, siendo consciente de que no es la mejor IA ni la más "experta" en ciertos temas. Todo derivado de la náusea constante e intratable que me produce la falta de escrúpulos, la contumacia en el delito, la ausencia de respuesta frente a las prácticas "de gestión" del club más corrupto de la historia del deporte, protegido política y mediáticamente e incomprensiblemente tolerado por el resto de clubes profesionales de España y de Europa, entre los cuales, ay... (un ay... sentido en lo más profundo como los “quejíos” de una bulería en la garganta de Camarón de la Isla) está el nuestro.
Me preguntaba en X estos días por qué no ha habido una iniciativa popular contra las actuaciones y omisiones de LaLiga, de la RFEF, del CSD para proteger la actividad insistentemente corrupta del Barcelona. Está bien que los clubes no tengan claro si dar o no el paso. Se juegan la supervivencia habiendo aceptado las limosnas de Tebas con el aberrante acuerdo con CVC, vendiendo las joyas de la abuela como bisutería barata: quién sabe lo que valdrán los derechos de televisión dentro de cinco, de diez, de veinte años...
Pedirle dinero al futuro siempre ha sido el camino más corto a la ruina, salvo para las manos fuertes que operan en los mercados con información de una calidad que no imaginamos, lo que les permite capturar el dinero de los incautos con un esfuerzo insignificante. No hay milagros ni tigres de las finanzas. Lo que hay es información con valor oro que se paga como tal o que se roba como roban los villanos en Mission: Impossible.
Se me pasó por la cabeza abrir una iniciativa en change.org, pero, para ser honesto, no tengo idea de qué recorrido podría tener, ni siquiera cómo empezar para que la propuesta sea relevante o cuál sería el plan después de tener unos miles de firmas. En cualquier caso, dudo mucho que el mejor "statement" se me ocurriera precisamente a mí. Además, apenas tengo un puñado de seguidores en X a los que les agradecería personalmente que me sigan uno por uno y les invitaría a mi casa a merendar, pero en términos de impacto no es suficiente.
Estaba en esas elucubraciones cuando se me ha ocurrido hacer unas preguntas a Grok, como queda dicho. Ahí van las respuestas, quito algún párrafo reiterativo para reducir la extensión:
¿Podrías decirme si es lícito sospechar que Albert Soler prevaricó para conseguir la prescripción de los presuntos delitos de corrupción del Barcelona desde 2000?
Albert Soler fue un directivo del FC Barcelona entre 2014 y 2021, ocupando cargos como director de relaciones institucionales deportivas y director de deportes profesionales. Durante este período, se habrían realizado pagos a José María Enríquez Negreira, exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, que sumaron más de 7 millones de euros entre 2001 y 2018, según la investigación del Caso Negreira.
Soler dejó el club en marzo de 2021 y, en mayo de ese año, fue nombrado director general del Consejo Superior de Deportes (CSD) bajo el gobierno de Pedro Sánchez, cargo que ocupó hasta enero de 2023. Durante su gestión, se aprobó la nueva Ley del Deporte en diciembre de 2022, que mantuvo el plazo de prescripción de infracciones muy graves en tres años, un punto que algunos críticos vinculan a la imposibilidad de sancionar al Barcelona por hechos anteriores a 2019.
La sospecha de prevaricación surge de varias circunstancias. Primero, Soler tenía conocimiento de los pagos a Negreira, como él mismo admitió en su declaración a la Policía Judicial el 21 de septiembre de 2022, donde reconoció que Javier Enríquez (hijo de Negreira) le entregaba informes arbitrales. Segundo, su paso al CSD justo después de dejar el Barcelona, y su rol en la tramitación de una ley que no amplió los plazos de prescripción para infracciones muy graves, ha llevado a algunos a cuestionar si actuó deliberadamente para proteger al club.
La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) llegó a acusarlo de prevaricación y omisión del deber de perseguir delitos, alegando que, conociendo los pagos, no impulsó investigaciones ni sanciones desde su posición en el CSD. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Barcelona, en febrero de 2024, desestimó estas acusaciones, argumentando que no tenía sentido exigirle denunciar hechos en los que él mismo estaba implicado como investigado, y que no se probaron tales delitos.
En resumen, sí es lícito sospechar de Soler por su trayectoria, su conocimiento del caso y su influencia en el CSD, pero no hay datos definitivos que conviertan esa sospecha en certeza. ¿Te interesa que analice algún aspecto más específico, como su declaración policial o la ley en detalle?
Claro.
Declaración policial de Albert Soler (21 de septiembre de 2022).
Albert Soler fue interrogado por la Policía Judicial como parte de la investigación del Caso Negreira, que examina los pagos del FC Barcelona a José María Enríquez Negreira, exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA), entre 2001 y 2018. Según reportes periodísticos basados en filtraciones de esa declaración, Soler reconoció que, durante su tiempo en el club (2014-2021), sabía de los pagos a Negreira y que Javier Enríquez, hijo de este, le entregaba personalmente informes arbitrales. Afirmó que estos informes eran parte de un servicio técnico que el club contrataba para analizar arbitrajes, pero no aportó pruebas documentales que justificaran su legalidad o su utilidad real más allá de su palabra.
Un detalle clave es que Soler no negó los pagos —que ascendieron a más de 7 millones de euros en ese período—, pero los enmarcó como una práctica habitual del club, heredada de gestiones anteriores. Dijo que, al llegar en 2014, ya existía esa relación con Negreira, y que él no la cuestionó ni investigó su origen, que se remonta al menos a 2001 según la Fiscalía. Esto plantea dudas: como directivo senior, tenía responsabilidad sobre las finanzas y contratos del club, pero no actuó para esclarecer o detener unos pagos que, según la investigación, podrían haber sido una forma de influir en los árbitros. En lugar de eso, los mantuvo hasta 2018, cuando Negreira dejó el CTA y los pagos cesaron.
Lo que alimenta la sospecha de prevaricación no es solo su rol en el club, sino lo que hizo (o no hizo) después. Al salir del Barcelona en marzo de 2021 y asumir como director general del CSD en mayo de ese año, no informó al Gobierno ni a las autoridades deportivas sobre estos hechos, pese a que ya eran objeto de rumores y quejas de otros clubes. Su silencio, combinado con su conocimiento directo, sugiere a críticos que pudo actuar para proteger al Barcelona, especialmente si sabía que una investigación profunda podría derivar en sanciones antes de que los plazos de prescripción jugaran a favor del club.
¿Es lícito sospechar?
Sí, es razonable sospechar que Soler pudo actuar —o no actuar— de manera que favoreciera la prescripción de los hechos. Su conocimiento de los pagos, su transición al CSD en un momento crítico y su falta de iniciativa para investigar o denunciar desde un cargo público son indicios que justifican dudas. Sin embargo, la prevaricación requiere intención demostrable, y no hay pruebas sólidas (hasta abril de 2025) de que manipuló la ley o tomó decisiones arbitrarias con ese fin. La Audiencia de Barcelona desestimó las acusaciones de la RFEF en 2024 por falta de evidencia, y el caso penal sigue centrado en el club y otros exdirectivos como Bartomeu, no en Soler como prevaricador.
¿Podría prosperar una demanda contra Soler y para la RFEF para conseguir la no prescripción de delitos de corrupción?
Posibilidades de éxito.
- **Vía penal**: si se aportaran pruebas de que Soler y la RFEF conspiraron activamente para ocultar los pagos y manipular la legislación (por ejemplo, correos o grabaciones), una querella por prevaricación, omisión o incluso organización criminal podría tener alguna viabilidad. Esto alargaría los plazos de prescripción penal (hasta 10-15 años para delitos graves), pero requiere evidencia sólida que no parece existir públicamente aún.
- **Vía administrativa**: cuestionar la Ley del Deporte ante el Tribunal Constitucional por vulnerar derechos fundamentales (como la igualdad entre clubes) es teóricamente posible, pero improbable, ya que los plazos de tres años son estándar y no se diseñaron exclusivamente para este caso.
Conclusión.
¿Podría prosperar? Es poco probable con la información actual. Contra Soler, la falta de pruebas de dolo y las resoluciones judiciales previas debilitan el caso. Contra la RFEF, su exclusión como parte y la dificultad de imputar a una entidad privada por prescripción intencional son barreras significativas. Para evitar la prescripción, se necesitaría un hallazgo que reinicie el cómputo (como pagos ocultos post-2018) o un cambio legislativo retroactivo, ambos improbables en 2025. La demanda tendría más valor simbólico o mediático que práctico, salvo que surjan revelaciones inesperadas. ¿Te interesa que analice algún escenario concreto, como un tipo de prueba que podría cambiar esto?
Sí, por favor.
Una prueba como comunicaciones explícitas entre Soler y la RFEF podría hacer prosperar una demanda al aportar el elemento intencional que falta y alargar los plazos de prescripción. Contra Soler, fortalecería un caso de prevaricación y omisión; contra la RFEF, implicaría una responsabilidad institucional. Sin embargo, el éxito dependería de la calidad de la prueba, la rapidez en presentarla y la voluntad judicial de reinterpretar los plazos, algo que hasta ahora ha sido conservador (como muestra el rechazo de la Audiencia en 2024). No garantizaría sanciones al Barcelona directamente, pero sí pondría presión para reabrir el caso en todas sus dimensiones.
No sé qué nos deparará el futuro de la IA cuando pasemos del estadio generativo actual a una IA General (equiparable a la humana). Tengo mucha más certeza de lo que va a pasar con el caso Negreira, gran parte de cuyos efectos prescribirán en 2028, pasado mañana, como quien dice. Con todo lo que estamos viendo y con lo que no vemos pero somos capaces de imaginar, si mañana me piden votar por una IA como juez para administrar justicia basándose en la Ley y en el sentido común, inmune a las influencias políticas, me costaría mucho tomar una decisión que implicara seguir confiando en el ser humano. La prescripción del delito deportivo por la corrupción del Barcelona en el caso Negreira está sepultada en un sarcófago de plomo custodiado por un gobierno. Este Gobierno. Vemos la pistola humeante, tenemos al asesino entrando en la escena del crimen, testigos del sonido del disparo que le vieron salir cinco minutos después de aprobar la nueva Ley del Deporte. Tenemos un móvil. Tenemos el cadáver del fútbol español enfriándose en la morgue. Podemos responder inequívocamente la pregunta: ¿A quién beneficia? Tenemos cooperadores necesarios comprando el silencio de los medios y quién sabe qué más. Tenemos la certeza de que fue él, pero no podemos tocarlo. No hay pruebas ni interés en que aparezcan... ¿O sí? El madridismo es una comunidad muy grande. Busquemos.
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Buenos días. El martirio blanco continúa, y no porque estemos a un paso de la Semana Santa. Tras el varapalo frente al Arsenal, la exhibición culé de anoche. El Barça se deshizo del Dortmund con la misma facilidad que Bjarne Riis se desembarazaba de sus rivales en el Tour del 96. Fue tal la superioridad, que incluso se zafó de un fuera de juego en el ámbito virtual.
Eso es una escuadra entrenada, y no como el Madrid. Aprende, Carletto, tienes al equipo tan poco trabajado que no eres capaz siquiera de conseguir que tus jugadores eviten el fuera de juego a posteriori en el VAR.
La prensa del FC Barcelona festeja como merece la clasificación virtual para semifinales de Champions. El 4-0 ante el Borussia y el excelente estado de forma, en todos los ámbitos, de los culés los sitúan a un paso de la finalísima. Aunque realmente ya están clasificados. Es más, son campeones. El ser humano no tiene capacidad para vaticinar el futuro, salvo cuando se trata de predecir las —evidentes— derrotas y eliminaciones del Madrid y los —obvios— triunfos y títulos del Barça. No es necesario nada más que echar un vistazo al palmarés de ambas entidades.
Esta certeza de que el FC Barcelona va a ganar Copa, Liga y Champions (la San Silvestre no porque se corre el 31 de diciembre) causa una justificada collonería preventiva en parte del madridismo: tendría que habernos eliminado la Real para no hacer el ridículo en la final de Copa, y mejor sucumbir ante el Arsenal para no asistir a la humillación de una derrota frente al club cliente de Negreira en la final de Champions.
Como todos sabemos, la collonería es una de las características que definen al madridismo, pues el club solo ha obtenido títulos gloriosos cuando ha contado con un equipo tácticamente trabajado, superior al resto, un entrenador indiscutido y el favoritismo unánime de los expertos. Por ese motivo no ganó, por ejemplo, la Séptima ni la Octava.
La valentía y la presencia de ánimo para enfrentarse a las dificultades están sobrevaloradas, y el Madrid no debe caer en esos errores. Primero ha de echar al entrenador y vender a Vinícius, ninguno de los dos ha demostrado nada nunca. Después, desmantelar directamente la sección y devolver todas las Champions logradas desde 2014, a todas luces inmerecidas porque esta campaña 2024-25 está siendo nefasta, y todo el mundo sabe que el fútbol es retroactivo, salvo que medie prescripción.
Es mejor seguir el ejemplo del FC Barcelona.
Ser un equipo no se puede comprar pic.twitter.com/hpuAUbZJzV
— FC Barcelona (@FCBarcelona_es) April 9, 2025
Exacto, un equipo no se puede comprar. Se puede comprar un vicepresidente del CTA, se puede comprar un órgano, se puede comprar un inspector de Hacienda, se puede comprar lo que uno quiera, menos un equipo. Porque aunque no se tenga dinero y aun así se fiche lo que se desee, después han de ser validadas las inscripciones. Y si no cumplen con la legalidad son rechazadas. Eso ocurre en cualquier estado de derecho que se precie, como lo es España. Es entendible que en el descalzaperros blanco que vivimos, un sector del madridismo quiera ser como el Barça.
La prensa madrileña habitualmente se caracteriza por su antimadridismo. Hoy descolla en este aspecto As. Contraviniendo a X Real Madrid, titula «Sí se pudo. Sí se puede», en referencia a una remontada contra el Arsenal. Para ello, se basa en argumentos tan absurdos como que ya se ha remontado en otras ocasiones y que según la historia hay un 50 % de probabilidades (frente a un 4 % de la lógica). Contraponer la historia de un club frente a la ciencia verdadera de un puñado de tuiteros es de una insensatez intolerable, As.
Nos gusta más el enfoque de Marca, que sitúa a Ancelotti al borde del precipicio si no remonta contra el Arsenal. Pero nos gustaría más si abogara por su destitución inmediata y la anteriormente mencionada disolución del club y devolución de los últimos títulos porque esta temporada no estamos jugando a nada, la planificación es nefasta y además mucha gente ya lo avisaba en redes sociales y nadie hizo nada. Hecho este último el más grave de todos.
Pasad un buen día y no se os ocurra ser optimistas ni valientes nunca.
No se trata del 3-0 ante el Arsenal ni del desastre táctico que mostró el Real Madrid anoche en Londres. Lo que preocupa de verdad es que la ‘muerte’ de ayer ya estaba anunciada y no hubo reacción.
Culpables son todos, menos Courtois. El Madrid lleva todo el año defendiendo mal. Ha encajado 56 goles en todas las competiciones, con grandes goleadas incluidas. El Madrid del curso pasado, con Ancelotti a la cabeza, podía tener tramos donde no jugaba bien, pero en los partidos importantes era siempre sólido. Y eso es lo que ha faltado este año: solidez.
Si bien la ausencia de Kroos o la lesión de Carvajal no son responsabilidad del entrenador, lo que Ancelotti sí se cargo es el 4-4-2 de las grandes citas. El Madrid es un equipo frágil cuando se planta con un 4-3-3 ante un grande de Europa. Es incapaz de presionar en ataque, malo para generar juego, y muy pobre en defensa.
No es casualidad que esta temporada el equipo haya tenido actuaciones tan pobres ante el Barcelona, Liverpool, Lille, Milan, Arsenal… Lo criticable de Ancelotti, además de lo táctico, es la poca mano dura que tiene con las estrellas. Se ha hablado siempre de lo buen gestor de grupo y de qué modo siempre tiene a todos contentos, pero este año no ha sabido manejar a sus mejores futbolistas. Y con esto me refiero a la poca confianza que ha transmitido a los habituales del banquillo. No es posible que con un 2-0 abajo los cambios sean Lucas Vázquez y Fran García.
Vinícius, por ejemplo, es un futbolista al que quizás le vendría bien un toque de atención. Se le nota mentalmente agotado y físicamente no se va de nadie. Ahora muchos se preguntan: ¿cuál es la solución? La solución inmediata está en los futbolistas. Por mucho planteamiento que haga Ancelotti para remontar la eliminatoria, los jugadores deben creérselo y tienen que cambiar la actitud.
Fútbol hay de sobra, y no olvidemos que la palabra “muerte”, en la épica del Bernabéu, solo existe para el rival.
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