Cantaba Mick Jagger en ese remake desafortunado de Alfie perpetrado por Jude Law que los viejos hábitos nunca mueren. ¿Y cuáles son esos viejos hábitos imposibles de erradicar en nuestro fútbol? El de los fichajes improbables o delirantes. Aún más apetecibles cuando una temporada ha salido mal. Porque, parafraseando a Jagger, el aficionado vinagre está orgulloso como un león en su guarida ahora que la presa está a tiro. ¿Qué más quiere un aficionado descontento que hacer una quema y pedir el fichaje del último jugador de moda? Porque para el aficionado enfadado el jugador perfecto para el Madrid siempre es otro que no está en la plantilla.
Mientras nuestros futbolistas se asemejan a aquellos viejos soldados que simplemente se desvanecen, el aficionado revanchista y estimulado por los canales de desinformación parece olvidar que la temporada todavía no ha acabado. Para algunos, Jude Bellingham no es ni la sombra del jugador que vimos o Vinícius ha elegido no jugar este año no se sabe bien por qué. Por supuesto, Carlo Ancelotti no tiene ni idea como entrenador y la mejor solución es que venga Xabi Alonso con su varita mágica. Ya saben, el mejor entrenador para el Madrid es siempre otro que parece estar al caer.
Al primero que le vi detectar el tema fue a Jesús Bengoechea desde su cuenta de Twitter. Nuestro editor en La Galerna ya se hacía eco de los primeros anhelos de cromistas y pajiplantilleros. Si el circo se monta cada verano, en temporadas así el chiringuito de los dimes y diretes ya es directamente demencial. Entre los que exigen una buena “limpia” en el vestuario y los que quieren una “revolución” interna no ganamos para bochornos. El clima belicista es el que es y en cada uno de nosotros está participar en él o mantenerse al margen. Personalmente, no me presto a rebatir si el fichaje que debe hacer el Madrid es Javi Guerra o Zubimendi en lugar de Florian Wirtz.
Para el aficionado enfadado el jugador perfecto para el Madrid siempre es otro que no está en la plantilla
Porque, llegados a este punto, si la gran “revolución” que pide el madridismo pasa por jugadores como Javi Guerra o Zubimendi, yo tiro la toalla. Directamente no me apetece participar de debates estériles. Opto por no rebatir. Ya saben, jamás convences a nadie de nada. Y os juro por lo más sagrado que hago un ejercicio de empatía. Entiendo que el libro de los gustos está en blanco y que en momentos como este cualquier refresco es la última pepsicola en el desierto.
Al fin y al cabo, todo se reduce a una percepción. Por ejemplo, anoche en el Museo Metropolitano de Arte de la ciudad de Nueva York se celebró la gala anual del Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte. El sarao conocido popularmente como la Gala MET del 2025 acapara la atención del mundo. Más allá de la frivolidad y el comentario social, es habitual que el personal en redes sociales elija a la mejor o peor celebridad. Por regla general, la población masculina suele fijarse en damas como Sydney Sweeney, mientras que la femenina se derrite con modelos tipo Zendaya. Para algunos, Sydney Sweeney es ordinaria y Zendaya directamente extraordinaria. A mis ojos, no hay debate, pero es evidente que mi opinión puede ser minoritaria. No existe objetividad en los gustos personales.
Cada cual cuenta la feria como le va y a nosotros nos va mal. Pero de ahí a abonarnos a pedir medianías para reflotar a la plantilla me parece cruzar el Rubicón de la sinrazón. Porque se empieza pidiendo a Zubimendi para la medular y se acaba por exigir la inmediata incorporación de Javi Guerra. Ambos son jugadores buenísimos, pero no tienen nivel Real Madrid. Javi Guerra es ideal para el Atlético de Madrid y Zubimendi encajaría a la perfección en el Arsenal de Arteta. No necesitamos en el actual Real Madrid a un nuevo Illarramendi o a la prensa vociferando por un caso Santi Cazorla, como cuando los popes del periodismo exigían al simpático asturiano por delante de auténticas joyas internacionales. Seamos un poquito más serios y elevemos el nivel.
Getty Images
Buongiorno, amici. Primero: ganó el fútbol. Segundo: prevaleció la justicia.
Lo primero es obvio, a pesar de la cerrazón de muchos. Jugar bien al fútbol no consiste, o no consiste solo, en realizar un juego vistoso, en combinar con acierto, en internarse, regatear y chutar a gol con virtuosismo y pelo estrafalario, en embotellar al rival y asediarlo. Jugar bien al fútbol estriba en dominar los diferente aspectos del juego de manera equilibrada, que no son únicamente los anteriores, sino también saber competir, recuperar el balón con precisión para no cometer penaltis o ver amarillas innecesarias o manejar un partido de manera adulta para no perder en defensa lo que se obtiene en ataque. Y el Barça, pese lo que dice su rebaño, no jugó bien al fútbol, solo atacó bien. No se puede jugar bien al fútbol y encajar cuatro goles en el partido de vuelta de una semifinal de Champions. Eso no es un partido soberbio, Mundo Deportivo, son fuegos de artificio.
El titular del diario de Godó, grande de España, es glorioso: «Adiós épico». La sublimación de la derrota, el romanticismo del desbarato (hola, Atleti), el impedimento de la mejora.
Una Champions del Madrid es una «victoria vergonzante», una eliminación del Barça es un «adiós épico». El relato funciona así.
Los aficionados del Madrid, cuando pierde nuestro equipo, nos enfadamos hasta con la junta tórica de la cafetera, criticamos —incluso con crueldad excesiva— a los nuestros y exigimos medidas para que no se repita y volver a ganar ya. En cambio, en Can Barça, se escudan en la excusa del árbitro —«un Inter con bula arbitral»— y loan hasta el alipori a su equipo. Cero autocrítica. De lo que se deduce que entienden que encajar siete goles en una semifinal de Copa de Europa es jugar a gran nivel. Para sentirse orgullosos.
«¡Qué orgullo de equipo!». Suponemos que por ir abajo en la eliminatoria la mayor parte de la misma y que te casque cuatro una escuadra físicamente tiesa que parecía desplazarse por el campo con muletas. O porque Pedri celebre uno de los goles en la cara de un rival. Valors. O porque Iñigo Martínez escupa a un compañero de profesión. Más valors. Qué orgullo, Sport.
Un Iñigo Martínez, por cierto, que hace cuatro días estaba dando lecciones de comportamiento: «El Real Madrid no ha estado a la altura con los vídeos y hoy el fútbol ha ganado».
El central de mirada bovina lleva mal que un medio de comunicación, RMTV, ejerza su libertad de expresión —eso ya aporta mucha información sobre él mismo— recopilando, sin manipular, jugadas mal arbitradas, y sin embargo no ve nada malo en escupir a un rival, no ser expulsado por ello y después dirigirse como en la foto de abajo a un miembro del cuarteto arbitral.
Los rostros de Iñigo, de Ferran y de Pau reflejan el shock que supone toparse de golpe con la realidad cuando se abandonan las competiciones españolas con red. Sin la protección de pito, VAR, realización y narración hace mucho frío. En Europa, además, no hay influencia mediática, y las indicaciones y sollozos de Carlos Martínez no son tomadas en cuenta.
El narrador necesario del negreirato ayer sufrió mucho. Acostumbrado a su ascendencia en España, realizó su labor como de costumbre. Cuando Cubarsí barrió a Lautaro, sin tocar balón, como un hipopótamo que se resbala patinando sobre hielo, se apresuró a bramar que no era penalti. Aquí le funciona, pues una palabra suya y, curiosamente, el VAR no revisa nada. Desgraciadamente, el VAR comprobó la acción y vio la realidad: Pau pega al jugador y no a la bola.
También se quejaron los cules y los antimadridistas en general de que el VAR avisase a Marciniak de que en el penalti que había señalado sobre Lamine la falta se había producido fuera del área. A pesar de ver la imagen siguiente, en la cabina de Movistar no quedaron muy convencidos.
Después, el trencilla decretó el final de la primera parte de la prórroga cuando un futbolista del Inter encaraba en solitario al meta culé. En lugar de llamar la atención sobre el despropósito, tanto Maldini como Carlos Martínez se apresuraron a decir que seguramente estaría en fuera de juego. Pero qué vamos a esperar de un narrador que definió a Øvrebø como un árbitro muy valiente.
¿Y la Central Lechara qué opina?
Pues no se ponen de acuerdo, Marca dice que sobró un minuto y As que dos. ¿Alguna crítica al hecho de encajar tantos goles o al comportamiento de Iñigo o a las quejas sobre el árbitro? Ja, ja, ja.
Disculpad, ahora tenemos que ponernos serios. Al término del encuentro, entrenador, jugadores, aficionados y periodistas culés rajaron del colegiado. Es intolerable. ¿Es que nadie va a pensar en el hijo de Marciniak cuando le digan en el colegio que su padre es un ladrón y llegue a casa llorando? Es muy jodido.
Que el Barça es más que un club se volvió a demostrar ayer. De todos los equipos españoles eliminados en competiciones europeas, ¿sabéis sobre cuál tuiteó el Gobierno vía CSD? Exacto. Con emojis moñas y todo.
💔 Una despedida cruel en esta edición de la Liga de Campeones.
🔵🔴 El @FCBarcelona_es ha firmado una gran eliminatoria de semifinales ante el Inter de Milán.
🥹 Lamentablemente, se ha quedado sin premio después de acariciar la clasificación para la gran final. Ánimo, culers. pic.twitter.com/XkFJ8odCBU
— CSD (@deportegob) May 6, 2025
Un ilustre galernauta comentó anoche con su afilada brillantez que «Lo mismo le habían prometido el triplete a Junts». El destino, juguetón como pocas cosas, quiso que precisamente Dani Olmo la pifiase en el primer gol encajado por el Barça. Por desgracia para los culés, en Europa no tiene jurisdicción el CSD.
El Barça merece doble felicitación, porque a las loas unánimes de la prensa patria y del Gobierno por haber caído eliminados en semifinales de Champions contra el Inter hay que sumar las correspondientes —si seguimos el mismo criterio— que merece la sección de baloncesto por perder contra el Mónaco y quedarse a las puertas de la Final Four. Ambas derrotas engrandecen a un club, y no esta vergonzante foto del Madrid de 2018.
Ganar una Champions es muy complicado. Requiere de un esfuerzo interdisciplinar para lograr la victoria. Intervienen muchos factores. Es necesario interiorizar el objetivo e ir a muerte a por él. Es imprescindible interpretar correctamente cada situación de cada partido para saber intercalar momentos de calma entre la furia. Estar concentrados en defensa para interceptar los balones de peligro. Mantener la cabeza fría para que las argucias rivales no interfieran en el juego propio. Interrogarse continuamente en qué se puede mejorar e intervenir para conseguirlo. Interesarse por el compañero para ser un verdadero equipo. Competir mejor que nadie para lograr un éxito internazionale.
Volvamos al principio del portanálisis. Primero: ganó el fútbol. Segundo: prevaleció la justicia. Lo primero ya lo hemos argumentado. Lo segundo cae por su propio peso. El FC Barcelona no debería haber tenido la oportunidad de ser eliminado por el Inter de Milán porque no tendría que haber disputado la Champions debido a que durante décadas se compró al estamento arbitral español.
Madridistas, no siempre que parece que va a acabar el mundo se acaba. Cuando el césped pierde su verdor, se enchufan un rato los aspersores y arreglado.
Pasad un buen día. Viva Italia.
Para nosotros, los italianófilos, la pletórica noche de este martes ha sido la mejor del año deportivo. Serían las doce cuando, entre confuso y enfervorecido, servidor salió a la calle tambaleándose y voceando a pleno pulmón el himno de Italia. Las horas intempestivas evitaron acrecentar el carácter grotesco de la escena; de haber esperado a la mañana, probablemente me hubiese encontrado a multitud de madrugadores ancianos, y dudo que se hubiera entendido bien el chillarle a un nonagenario con andador aquello de siam pronti alla morte —“estamos preparados para la muerte”—.
En general, la predilección estética por Italia no constituye, a priori, ninguna muestra de originalidad. Uno echa un vistazo a su cultura y sus ciudades y no tiene que explicar demasiado la inclinación por el país transalpino. Resulta algo evidente, basta con tener ojos en la cara. Si bien conviene señalar que esta predisposición por defecto tiene su doble filo: la veneración basada en lo superficial muchas veces se convierte en una peligrosa coartada para romantizar los aspectos más denostables de la sociedad italiana; hay mucho aprendiz de Lord Byron que se permite interpretar la mafia como una seductora antropología meridional, o que se acerca a los asesinatos de Aldo Moro y a los turbios asuntos de Propaganda Due alimentado por el morbo que da el observar —paternalmente— a una nación desde la perspectiva de la dietrología. En cualquier caso, insistamos en que ni los italianófilos genuinos ni los oportunistas de Instagram han de justificar su favoritismo por Italia: todo el mundo lo comprende de manera automática. Algo que, por el contrario, casi nunca ocurre cuando hablamos de su fútbol.
Hasta que Enric González nos regaló su formidable libro de crónicas, declararse seguidor del Calcio equivalía a una excentricidad superior a la afición por la numismática o la ornitología. Del mismo modo que hay quien cree que la mafia es El Padrino, la sempiterna cantinela del Catenaccio a menudo desacredita cualquier defensa argumentada de la Serie A, y sirve de base a esos enteraos que te explican la vida con cuatro brochazos para lanzarte una mirada desdeñosa en cualquier tertulia futbolística. Personalmente, considero que todos los madridistas, acostumbrados como estamos a sobrellevar muletillas y soportar clichés tan escasamente veraces como firmemente enraizados, debemos sentirnos cerca de nuestros hermanos italianos. Al fin y al cabo, a ellos también les acusan —con parecida hondura analítica— de “no jugar a nada”, así como tratan de minimizar la gloria de sus triunfos en el descuento. Sin embargo, tanto ellos como nosotros sabemos que finché c’è vita c’è speranza. Que se lo digan a Araújo, quien creo aún ronda el área pequeña del Giuseppe Meazza, buscando a Acerbi para evitar el tercero del Inter.
Además, el hermanamiento madridista-italiano no debe fundamentarse únicamente por el aguante ante la displicente soberbia del gafotismo ilustrado. No en vano los equipos de la Serie A nos han aportado un sinfín de alegrías más allá de la inmensa de este martes, y es de bien nacidos el ser agradecidos. A diferencia de la de Antonio Machado, mi infancia no son recuerdos de un patio de Sevilla, sino de una prórroga en el Camp Nou, con la Juventus resistiendo con diez jugadores hasta que un tal Zalayeta vacunó a los locales en el minuto 114. Muchos años después, esa misma Juve llevaría al Barça de Aytekin Luis Enrique de nuevo al pelotón de fusilamiento, merced a un 3-0 incontestable. Resultado que a su vez anticipaba el de la temporada siguiente, mucho más suculento por venir a cargo de una humilde Roma; entrañable escuadra que supo sobreponerse al perjuicio arbitral de la ida para terminar dando la puntilla a lomos de nuestro ídolo Manolas, héroe helénico al que, si no me equivoco, Julio Iglesias le había dedicado una canción unas décadas atrás: se non è vero, è ben trovato.
He dejado para el final los dos mejores episodios: aquella final de Atenas en la que el Milán de Capello pulverizó el cruyffismo y dejó una portada de SPORT apócrifa para la historia, y mi noche favorita entre todas: hace ahora quince años, el madridismo suspiró, mecido por la apacible brisa primaveral de Barcelona y refrescado por un puñado de aspersores.
A estas alturas, creo que no hace falta insistir en que el próximo 31 de mayo me enfundaré la camiseta del Inter, sea quien sea su rival por la Copa de Europa. Por la canción melódica y la gazza ladra, por un panino devorado a orillas del río Arno, por el cine de Sorrentino, por las novelas del comisario Montalbano, por el Panteón de Agripa, por lo que —con perdón— nos ha dado Ancelotti, por la parte inteligible de Umberto Eco. Y, para qué negarlo, por lo que nos han ahorrado este año. Acaso, en última instancia, su triunfo pueda servirnos de espejo para la actitud con la que nuestros muchachos —¡y el club!— deben encarar la temporada que viene. «La vita è come il caffè: puoi metterci tutto lo zucchero che vuoi, ma se lo vuoi far diventare dolce devi girare il cucchiaino.» (La vida es como el café: puedes ponerle todo el azúcar que quieras, pero si quieres que quede dulce, debes mover la cucharita).
Viva Italia.
Getty Images
Buenos días, amigos. Ayer conocimos la triste noticia cuando estábamos cerrando el portanálisis. José Ángel era uno más de la casa, nunca un apellido fue tan apropiado. Marca lo ha recogido con el cariño y el respeto debidos al gran profesional que nos ha dejado. José Ángel de la Casa, un señor.
Además de todas las cualidades profesionales que lo adornaban, José Ángel consiguió algo harto complicado: provocar sensación de hogar al escuchar su voz. La voz de José Ángel evocaba calidez de mesa camilla, faldillas y brasero aunque tuvieses una mesa de café y calefacción central. Era como el olor no-olor de tu casa; el sabor del agua del grifo de la cocina, diferente al sabor del grifo del baño; la tortilla de patata y el cocido de tu madre, los dos platos que no pueden ser clonados, como él. En La Galerna, Antonio Valderrama le ha tributado el homenaje que merece. Os recomendamos su lectura.
El diario As también recoge la luctuosa noticia, la relega a un pequeño faldón para dar preponderancia a la entrevista con Julián Álvarez. El titular, de los que se llevan en la sociedad actual: «Griezmann me convención por Instagram».
Ha fallecido la voz de los deportes en España durante tres décadas, Arnold ha anunciado que abandona el Liverpool —para recalar en el Madrid—, se juega la vuelta de las semifinales de Champions entre Inter y Barça y As elabora un frontispicio con Julián Álvarez apoyando las posaderas sobre el neumático de un coche de carreras en el circuito del Jarama y resaltando que Griezmann le mando un direct en IG. Bueno, cada cual tiene sus prioridades.
Cómo no, sale a colación el asunto del doble toque. Provoca una pereza atroz. La infracción fue tan evidente que quienes continúan con la pataleta no hacen sino evidenciar sus propias carencias. El propio Julián lo reconoció implícitamente en su momento. Sin embargo, ahora viene con lo siguiente: «No podía protestarle al árbitro, porque ni yo mismo sabía si hubo uno o dos toques».
Vosotros también lo veis, ¿verdad? El pobre hombre se siente mal por no haber montado un escándalo cuando el VAR anuló correctamente aquel penalti por haber golpeado dos veces al balón y está pidiendo perdón al Frente Atlético vía portada de As. Entendemos a Julián, el miedo está justificado a la vista de los antecedentes del Frente Atlético. Ningún estado, organismo, entidad o club es libre mientras un grupo neonazi tenga voz de mando dentro del mismo.
La prensa cataculé dedica sus primeras planas al duelo frente al Inter de esta noche a las 21 horas. El Barça puede llegar a la final, y desde que no lo hace el Madrid ha ganado cinco Champions, las mismas que tiene el club cliente de Negreira en toda su historia. Por tanto, es lógica la ilusión y la expectación.
Además, en caso de plantarse en Múnich el 31 de mayo, el Barça habrá conseguido otro hito: disputar la final de una competición que no tendría que haber jugado por haberse comprado al estamento arbitral durante décadas. La UEFA ya impidió a otros clubes disputar la Champions después de haber cometido delitos rango inferior en sus competiciones nacionales. Pero, por lo que sea, Ceferin y Laporta han congeniado de maravilla. Quizá gustos comunes, o tal vez maneras de conducirse por la vida similares, o quién sabe. Dios los cría y ello se juntan.
La primera plana de Mundo Deportivo viene con titular de película mala de acción: «Desafío Final». Pero la imagen no acompaña, por anodina, pues muestra a un Lamine no erguido dando toquecitos al balón. El titular de Sport no es de película, pero la portada sí. Mejor no vamos a decir nada porque el alipori nos supera.
En cuanto a los técnicos, Flick dice que «hay que disfrutar y mostrar cómo jugamos», cuando realmente piensa que hay que ganar como sea, no nos engañemos. Inzaghi afirma que «Yamal es peligrosísimo, habrá marcaje doble». A quien también tendría que colocar doble marca es al cuarteto arbitral y al VAR, que demostraron un estado de forma en la ida —sobre todo en la elección del frame del órsay semiautomático— similar al de Yamal.
Si quiere eliminar al Barça, el Inter deberá doblegarlo de manera contundente, este año todo va a favor de corriente en Europa para la entidad más tramposa de la historia del deporte, desde los sorteos hasta las decisiones arbitrales. Los de Inzaghi tendrán que realizar un sobreesfuerzo —algo así como lo que necesita hacer el Madrid para ganar cualquier partido de liga—, pues no se enfrentará solo a un equipo de fútbol.
Ese gran esfuerzo sin duda les provocaría un importante aumento de la temperatura. Y qué mejor manera de refrescarse que con el agua procedente del riego de los aspersores del Giuseppe Meazza.
No queremos despedirnos sin felicitar a nuestro querido Alberto Cosín, el New York Times ha citado un artículo suyo publicado en esta santa casa, lo cual nos llena de orgullo.
Pasad un buen día.
Ha muerto José Ángel de la Casa. Fue la voz de las primeras Copas de Europa del Madrid en color. Se lo ha llevado el terrible párkinson, enfermedad que lo retiró de la televisión y los micrófonos. Con Míchel, conformó una pareja inolvidable de comentaristas, el sonido de un fútbol y, por qué no decirlo, de un mundo que ya fue.
Su estilo era sobrio, austero e incluso parco, muy alejado del insoportable histrionismo que hoy es habitual en las retransmisiones de los partidos. José Ángel de la Casa apenas revelaba sus emociones cuando narraba el fútbol, por eso los contados momentos en los que sí lo hizo forman parte del imaginario colectivo de una España que, también, está en trance de dejar de ser.
Estos días todo el mundo va a recordar su célebre gallo cuando el gol de Señor a Malta, locución además incorporada al lenguaje de la ironía del pueblo español. Pero, para mí, que no soy más que un madridista millennial, su momento de emoción inolvidable fue el “¡Roberto Carlos…! ¡Mijatovic! ¡Gol de Mijatovic!”.
Con la voz de José Ángel de la Casa, el Madrid entró en el siglo XXI. Fue, la verdad, injusto que, habiendo contado tantos mundiales y eurocopas, el gran ciclo triunfal de la selección española de fútbol le cogiera ya fuera de la televisión y del periodismo, retirado por el mal. El fútbol, como la vida, casi nunca es injusto. Él, que sólo era un periodista, dejó su lugar al hatajo de showmans y la cosa cogió una deriva irreversible e insoportable.
El éxito y la popularidad se lo llevaron el indigerible Manolo Lama y la escuela de pánfilos comentaristas que emigró de la SER hasta la COPE al olor del dinero. Fue justo tras la marcha de José Ángel de la Casa cuando el comentarista pasó a ser tratado como una estrella y a cobrar como tal. El proceso, no obstante, no hizo sino acelerar la degradación del oficio. A De la Casa le sucedió el grotesco espectáculo de los imitadores de Andrés Montes que trajo consigo el TDT, la aparición en antena de La Sexta y la liberalización del fútbol televisado. Carlos Martínez, que llevaba ya tiempo en Canal Plus, estableció un modelo de gritos y chillidos a destiempo que hizo fortuna. El testigo pasó a la siguiente generación de papagayos que hoy inundan las cabinas de prensa y los sets de Movistar, DAZN…
todo el mundo va a recordar su célebre gallo cuando el gol de Señor a Malta. Pero, para mí, que no soy más que un madridista millennial, su momento de emoción inolvidable fue el “¡Roberto Carlos…! ¡Mijatovic! ¡Gol de Mijatovic!”
La idea es no dar un respiro al espectador; aturdirlo con una ristra ininterrumpida de lugares comunes y de subidas del tono de la voz, perífrasis ininteligibles en una neolengua absurda que va calando poco a poco entre la gente, al tiempo que se la trata como si fuera ciega y no viera lo que está pasando en el terreno de juego. Por no hablar de la falta absoluta de sentido crítico y de capacidad analítica de los narradores contemporáneos, y de su acomodo sonrojante, total, con las posiciones ideológicas y políticas preestablecidas por el sistema.
De la Casa era otra cosa. Cuando el fútbol sólo lo daba Televisión Española, todo daba la impresión de ser más libre e independiente. Es el sino de los tiempos: hoy hay mil canales, plataformas y voces que opinan y comentan el fútbol, pero la uniformidad en lo mediocre es total. La sencillez ha sido desterrada. No hay un sentido periodístico ni profesional de las cosas, tampoco ninguna intención de tratar al espectador con respeto a su inteligencia, como a una persona adulta. El proceso de infantilización de la sociedad, a mi modo de ver, es deliberado y afecta a todos los órdenes y a todas las cosas. El fútbol, por su todavía incomparable poder de penetración social, no podía de ninguna manera quedar ajeno a esta siniestra operación de degradación a todos los niveles.
Con De la Casa se podía sentir el ruido ambiente de los estadios, había una sensación atmosférica de lo que se estaba viendo. Eso era importante, en el fútbol es imprescindible para hacerse una composición de lugar de lo que está pasando. La narración solía ser tranquila y serena; el lenguaje, sencillo y accesible. Míchel, con su jocosidad, sus chistes y su conocimiento en primera persona del juego, era un magnífico contrapunto. Formaban un tándem sólido, comparable al que la propia TVE tenía en las narraciones del ciclismo. Había una palabra que no existía, que a nadie se le ocurría siquiera: aburrimiento.
Era inconcebible aburrirse viendo un partido de fútbol narrado por José Ángel de la Casa pues, precisamente, lo que importaba era lo que ocurría en el campo. Si el espectáculo que ofrecían los equipos era malo, el televidente se aburría, no porque el locutor de la televisión hablara de un modo u otro. Eso, entretener al espectador, no formaba parte de sus atribuciones. Su atonía era como la copa de cristal según la vieja teoría de la edición de libros: permitía ver y juzgar por uno mismo el fondo de las cosas, y eso es lo que hoy se ha perdido.
El mundo en el que todos se aburren y deben ser entretenidos, un mundo en perpetuo estado de infancia, no es desde luego ni el mundo de José Ángel de la Casa ni el del fútbol, tal y como fue concebido. Pero ¿qué podemos hacer? Las referencias de lo conocido se van perdiendo. Y nosotros, con ellas, nos adentramos en una bruma, en esa zona de penumbra en la que, en último término, acaban todas las cosas. Que Dios lo tenga en su gloria.
Getty Images
Cuando se va uno de los nuestros el corazón se resquebraja crujido por un rayo helado y cálido al mismo tiempo. No puedes evitar que así sea, porque las emociones que convocan los recuerdos se suman a las imágenes en las que lo ves en su esplendor, fino, elegante, como lo fue en vida. Casi podríamos decir que Rafa vivió como jugó, con la clase como sello, sin grandes aspavientos excepto en las injusticias, pisando firme sin hacer ruido, porque la agilidad le acompañaba siempre. Cuando resolvía una situación compleja en el poste bajo o en la vida, daba igual, en cualquier caso aplicaba un juego de pies aterciopelado, una sonrisa sincera, relajada, inspiradora de confianza.
Rafa fue un compañero excepcional, aquel al que los entrenadores colocaban junto al novato para que lo fuera encauzando, sin prisa, con el ejemplo y los consejos envueltos en sosiego. La fortuna me regaló su compañía recién llegado al primer equipo madridista, cuando era uno de los cimientos del equipo, también de la selección nacional. Uno de mis ídolos, que se había desarrollado desde la promesa a la confirmación casi al tiempo que este cronista se hacía un hombre. Así, los destellos de joven de maneras exquisitas le convirtieron en jugador de leyenda, con repertorio técnico amplísimo y de ejecución al alcance de casi nadie.
Rafa jugaba al poste bajo, medio y alto como nadie lo hizo antes y nadie lo ha hecho después. Créanme. Dominador de todas las suertes de este terreno, maestro en la pista y fuera de ella, cabal y prudente. Claro que tenía su genio, pero sabía conducirlo con soltura, con algún aspaviento cuando le pitaban una falta impropia, aunque su cara dibujaba una excusa, como si la protesta le pareciera un exceso. Nuestro Rafa, que nació con nombre rotundo, Rafael Rullán Ribera, se desenvolvió con las armas contrarias: el dominio de la técnica de los pies, tan inusual en los hombres altos, un bailarín sorprendente que ganaba las batallas a los tanques.
Nuestro Rafa, que nació con nombre rotundo, Rafael Rullán Ribera, se desenvolvió con las armas contrarias: el dominio de la técnica de los pies, tan inusual en los hombres altos, un bailarín sorprendente que ganaba las batallas a los tanques
La vida del deportista es cruel, porque la madurez del hombre anticipa la jubilación del fútbol, del baloncesto, aún más en los deportes individuales. Para nuestra fortuna, Rafa pasó de maestro a delegado del equipo. Desde esta posición nos brindó su ayuda con su carácter detallista, conciliador, con su sonrisa casi perenne, con su sentido del humor. Después, entró en los despachos del club junto a Ramón González, y culminó su vida madridista en la Fundación, nadie mejor que él para contribuir a la excepcional labor de esta entidad.
Se nos fue el amigo, un arquetipo de los que escasean, un madridista clásico, forjado en la escuela de Bernabéu y Saporta, un hombre que siempre estuvo en su sitio, y cuando digo siempre me ciño a mis recuerdos y a lo que me contaron. Cada uno con su personalidad, uno de los gigantes que levantó al Real Madrid de baloncesto hasta la cima del baloncesto FIBA, escribiendo una era legendaria, la que sólo los pioneros pueden escribir.
La vida puede ser más injusta que el baloncesto, y a un hombre bueno le trajo desgracias que nunca cicatrizan del todo: la muerte de su hijo Jaime, joven prometedor, fue un golpe terrible, un mazazo del destino, de los que caen para recordarnos que dependemos de un hilo evanescente. Como la última enfermedad que se lo ha llevado, larga, invalidante, que, para compensar nos ha descubierto un ángel en la Tierra, su Belén, no me atrevo a llamarla nuestra Belén. A ella, y a sus hijos, mis condolencias en forma de columna de palabras sentidas, de un homenaje a un gran amigo que fue genio y maestro, que nació con nombre rotundo, que en seguida pasó a ser Rafa, y que desplegaba tanto cariño a su paso, que pronto le llamamos Rafita.
Getty Images
¡Bienvenidos a Londres, para muchos el auténtico epicentro del fútbol, donde cada esquina narra historias de goles y pasiones! En esta vibrante ciudad, donde aficionados viven y respiran el deporte rey, se encuentra la Peña Madridista Central London, una embajada para los seguidores del Real Madrid en territorio Premier.
Esta es una de las peñas internacionales con mayor potencial de nuestro club, por allí han pasado, como no podía ser de otra manera, muchísimos madridistas y algunos talismanes como Jero Freixas, que esperemos pierda su camiseta del Madrid y sus superpoderes para que nuestro equipo pueda volver a ganar de nuevo…
Así, en el apacible pub "Famous Three Kings", entre risas y anécdotas futbolísticas, Ana María Curras-Lago, presidente de la peña, será quien nos cuente la historia de la peña y la de su logo en primera persona, revelando lo que significa para ella ser parte de este grupo en Londres. Porque al final del día, lo que verdaderamente importa es disfrutar del fútbol, la amistad y esos momentos únicos que solo el ambiente londinense puede ofrecer. ¡Con nosotros, Ana!
La Peña Madridista Central London quedó oficialmente constituida en junio del 2018. Todo empezó buscando madridistas en Londres con quienes ver los partidos por las redes sociales. La peña empieza como siempre empiezan estas cosas, poco a poco un puñado de gente con muchas ganas y una pasión común nos fuimos juntando en diferentes bares con muy poca organización y menos idea de cómo gestionar todo. Aunque Carlos, nuestro primer presidente, ya tenía algún conocimiento sobre cómo montar una peña.
La idea de convertirnos en peña oficial del Real Madrid y ser reconocidos por el club empezó a ser una ilusión y una meta según crecíamos como grupo, tanteando la posibilidad y viendo que Londres no tenía ninguna verdaderamente activa.
El primer partido que se recuerda como nacimiento de la peña es un derbi, un Real Madrid-Atlético de la temporada 2018-2019. Esto marcó el pistolazo de salida a nuestro compromiso de vernos en cada partido tanto de Liga como cualquier otro.
Hoy en día, ya con sede fija, (Famous Three Kings en West Kensington) donde nuestros peñistas saben que seamos 5 o 50 siempre nos van a poner el partido en un espacio reservado para nosotros.
EL COVID supuso un fuerte frenazo para nosotros, pero para nuestra sorpresa retomamos las quedadas con más fuerza y con más ganas de disfrutar juntos del Madrid.
Estas últimas 3 temporadas han sido superintensas, dándonos a conocer de una forma rapidísima entre el madridismo.
Una vez formalizados como peña con logo y nombre propio, dentro del Madrid, empezamos a viajar juntos para ver partidos en directo, dándonos a conocer entre otras peñas, y entrando con fuerza en el movimiento del madridismo mundial.
Y así fuimos creciendo, de unos cuantos a unas decenas, de ver los partidos de liga en el pub a conseguir entradas para las visitas de Champions en la capital inglesa y alrededores.
De ir cambiando cada partido de sitio donde ver a nuestro equipo a formalizar nuestro centro de reuniones en el Famous Three Kings, el pub donde tenemos nuestra sede, que en su día confiaron en nosotros y tan bien nos tratan.
Poco a poco vamos formalizando eventos fijos, como el de comienzo de temporada, Navidad, aniversario y final de campaña.
Uno de nuestros eventos esta temporada fue para recaudar fondos para los afectados por la DANA en Valencia y así empezar nuestra colaboración con la Fundación del Real Madrid. Todo un éxito donde recaudamos £700, acto que nos gustaría que formara parte de cada nueva temporada y así cada año hacer algo por quien más lo necesita.
Ya no solo quedamos en el pub para ver partidos, ahora organizamos viajes por el mundo para sufrir y disfrutar con nuestro equipo.
Ahora los madridistas en Londres saben dónde encontrarnos, dónde sentirse parte de un todo, dónde compartir con gente de cualquier lugar, etnia o religión su pasión por el mejor equipo del mundo. Tenemos peñistas de todas partes del mundo, lo cual es un orgullo. Y para cada partido siempre hay algún madridista haciendo turismo por Londres que nos contactan para preguntarnos dónde pueden ver el partido mientras están por aquí.
Ser los anfitriones del Madridismo en una final de Champions aquí en Wembley nos puso en un lugar que nunca nos hubiésemos imaginado como peña, no sólo nuestro equipo podía ganar su Champions número 15 aquí, sino que nos encargamos de centralizar a los madridistas que vinieron de todas partes, convirtiéndose en nuestros invitados. Experiencia única de la que salimos fortalecidos y felicitados.
La peña tiene ahora mismo con 210 peñistas, contamos con dos temporadas de inscripción, una en enero y otra en julio, y la de renovación, que es solamente en julio. Nuestras redes sociales y especialmente nuestra página web tienen toda la información necesaria para ello.
Los beneficios de ser parte de una peña son prácticamente iguales en cualquier peña. El más importante es el de poder conseguir entradas para ir a ver al Madrid jugar, siempre y cuando constes como peñista registrado con nosotros (esto se formaliza a través de una pequeña cuota por temporada).
Más beneficios son: saber que siempre vas a tener un sitio fijo para poder ver los partidos en compañía de otros madridistas, donde la atmósfera es totalmente increíble, convirtiéndonos todos en uno, (tenemos claro q después del Bernabéu no hay nada mejor que el Famous Three Kings en Londres para ver un partido del Madrid), tu carnet de peñista tramitado directamente por el departamento de peñas del Madrid, una bufanda de la peña y el mantenerte al día con cualquier tipo de evento que la peña organice, teniendo prioridad.
La peña Madridista Central London está oficialmente reconocida por el Real Madrid FC. Tenemos contactos con el club muy a menudo tanto para pedirles las entradas para los distintos partidos que nuestros peñistas requieran ir, como para enviarles los nombres de nuevos peñistas para que los añadan a su base de datos y nos envíen sus respectivos carnés de peñistas.
Para nuestra sorpresa, y conociendo lo costoso que nos fue encontrar un sitio fijo en el que juntarnos cada semana, hoy en día, visto el éxito que tiene nuestra peña y lo mucho que nos lo hemos trabajado, nos llegan por email propuestas de pubs ofreciéndonos utilizar sus instalaciones.
Esto nos produce bastante entusiasmo, porque significa que hemos sentado un precedente y Londres empieza a familiarizarse con lo que significa ser una peña, en este caso una peña madridista. Nos hace ilusión pensar que nuestro trabajo y esfuerzos está abriendo fronteras, fuera de España poco se sabe lo que significa la palabra “peña” cuando hablamos de un club deportivo.
¿Y el futuro? El futuro es blanco. Más viajes, más bufandas, más peñistas, más noches afónicas, más.... ¡más Madrid y nada más!
Esta temporada que acaba ha sido dura y sin llevarnos a casa la 16, pero el verano se presenta interesante. Un grupo de nosotros nos vamos a New York para estar en el nuevo formato del campeonato mundial de clubes en julio. Y además, seguir creciendo como familia madridista en este país. Darle más voz a nuestro equipo femenino, que todavía les queda un buen camino por andar.
Desde esta temporada, somos colaboradores oficiales de la Fundación Real Madrid, así que esperamos poco a poco ir trabajando más con ellos.
Y que los madridistas por el mundo sepan que aquí tienen su casa, siendo fieles a los principales valores del Madrid, que son: compromiso, respeto y trabajo en equipo.
Podría no dejar de contar cosas sobre esta peña, llena de proyectos, joven, sí, pero pisando firme y ya con nombre y respetada desde el Club.
Por cierto, no quiero olvidarme que en nuestra sede, el pub donde vemos los partidos, tenemos una réplica de la Copa de Europa, viene mucha gente a sacarse fotos con ella. En la previa al partido Arsenal vs Real Madrid último, la llevamos a la plaza de Picadilly y se formaron colas enormes de gente que se quiso fotografiar con ella. La tuvimos en la plaza como 3 horas, dejando a la gente hacerse fotos con ella, mientras los de UEFA TV grababan un programa con nosotros. ¡Es increíble cómo la gente relaciona al Real Madrid con esa copa!
Fotografías: Peña Madridista Central London
En capítulos anteriores:
Buenos días, amigos. ¿Celebrasteis ayer el día de la madre, o por el contrario visteis ganar al Madrid?
Lo normal sería que no fueran cosas excluyentes, pero merced a Javier Tebas ayer había que elegir. La gente de bien, un domingo que además coincide con fecha tan bonita, come con su madre a fin de honrarla. Ayer, en el mejor de los casos, pudisteis hacer un brunch con ella porque a las dos jugaba nuestro Madrid, y ya sabemos que los días que él juega son todo lo que somos. Este asunto del Madrid, los enemigos del Madrid y las madres arroja juegos de palabras que vienen hechos de casa y carga el diablo, así que lo vamos a dejar antes de caer en cualquiera de ellos.
Antes de elegir entre comer con nuestras progenitoras o ver jugar a los de Carletto, tuvimos que encajar una noticia muy dolorosa: el fallecimiento de Rafa Rullán, leyenda de la sección de baloncesto del Real Madrid. A lo largo del día de ayer, y hoy seguiremos, La Galerna publicó varios contenidos sobre el mítico pívot. Vaya para él nuestro recuerdo más emocionado, y un abrazo para sus seres queridos. Jugó durante nada menos que 18 años en la sección, ganó 14 Ligas, 3 Copas de Europa y otros muchos títulos. Enorme palmarés. Descanse en paz.
El adiós a Rullán ocupa espacios menores en la prensa deportiva patria, que se centra más bien en la carrera de la liga. Los nuestros vencieron 3-2 al Celta, en un partido en el que hubo de todo: tres golazos cocinados entre Güler y Mbappé, una hora de excelente juego de los de Carlo, nervios finales tras el ingreso de Aspas (que estuvo genial) y el consabido intento de atraco negreiresco, por fortuna superado. Los partidos del Madrid este año se dividen en dos: aquellos en los que el negreirismo nos perjudica, y aquellos en los que intenta perjudicarnos pero de manera infructuosa.
Gil Manzano no pitó esta vez el final del partido cuando el balón estaba en la frente de Bellingham para ser rematado a gol. Sus hazañas fueron esta vez menos vistosas: simplemente, dos penaltis hurtados a los blancos y un gol del Celta tras el córner menos córner en la historia de los córneres concedidos. Un trabajo rutinario, monótono, poco emocionante. Lo de siempre, vaya. Alberto Cosín nos dejó como siempre sus impresiones sobre el arbitraje del sujeto.
Nada de lo relativo al arbitraje, por supuesto, aparece en la portada de Marca, y no descartamos que Pável Fernández, de profesión sinvergüenza, haya dicho en Radio Marca o alrededores que sigan, sigan. Decimos que Pável Fernández es de profesión sinvergüenza porque carece de ella. Nos disculpamos, pues: de profesión sinvergüenza, y de vocación también.
“… Y ahora, el Clásico”, titula Marca, como veis. De sobra conocéis nuestra alergia a la utilización del término “clásico” para referirnos a los duelos entre el mejor club de todos los tiempos y el club cliente de Negreira, pero si con esa denominación se orienta Marca allá ellos. Lo que quieren decir es que el equipo de Carletto llegará a Montjuic a cuatro puntos del líder, y con la posibilidad de reducir el colchón a un solo punto y tres jornadas por disputarse. La pregunta es: ¿nos dejará el sistema?
No olvidemos, entre otras cosas, que el sistema se pulió los siete puntos (¡siete!) que el Madrid tenía de ventaja sobre el segundo merced a tres atracos consecutivos (Cornellá-derbi-Pamplona) y a otros no consecutivos (Vallecas, por ejemplo), como no olvidemos tampoco que de modo implícito abrazó la animadversión hacia el Real Madrid manifestada públicamente, con luz y taquígrafos, por los colegiados de la final de Copa en la víspera de la misma. El no relevar a los árbitros después de aquellas gravísimas declaraciones constituye una aceptación tácita de lo que dijeron.
As tampoco habla de la bochornosa actuación de Gil Manzano y su equipo. “Habrá final en Montjuic”, señala. Por lo menos no lo llama “clásico”. El hombre de portada es Arda Güler, que hizo un partido sensacional llevando la manija del equipo, dejando en la retina una tijera espectacular, marcado un golazo marca de la casa y asistiendo a Mbappé en el tercer tanto. Se antoja la verdadera arma de destrucción masiva de los blancos en Montjuic. Habrá que rezar para que Carletto así lo vea también, y no desande lo andado.
Por cierto, As se marcó ayer un auténtico tuitazo (nótese la ironía). Ayer se proclamó el Bayern campeón de la Bundesliga. Nos alegramos someramente por ser el primer título de Harry Kane, que nos cae muy bien, pero nos entristecemos más por Xabi Alonso, que es uno de noi entrene o no en Valdebebas el año próximo. El Bayern se proclamó campeón merced a un tropiezo, precisamente, del Leverkusen. Ved cómo refleja el tema el CM de As.
Apelotante, ¿verdad, amics?
En el mundo cataculé, entretanto, solo se vive para la vuelta en Milán de su eliminatoria frente al Inter. Nosotros deseamos una eliminación blaugrana, pero no por la tradicional rivalidad, sino para evitar el espectáculo vomitivo de ver alzar la Orejona al capitán de un equipo que no debería estar jugando en Europa, que no debería estar jugando en Primera División. Hablamos del club que se compró el estamento arbitral desde… Bueno, vosotros sois lectores de La Galerna, así que sabéis perfectamente de qué hablamos.
Pasad un buen día.
PD: Sobre el cierre de esta sección nos llega otra triste noticia: la muerte de José Ángel de la Casa. Otro mazazo para todos los que durante lustros disfrutamos de su profesionalidad al micrófono, especialmente comentando los partidos de la selección. DEP.
¡Aleluya, sí! La Liga está en un momentazo: sólo faltan cuatro jornadas para que termine. Y una será entre semana. Hoy es 5 de mayo, el telón caerá el sábado 24, el domingo 25 como tarde. Veinte días: 'na'. Servidor celebrará su final lo que se dice ruidosamente.
Me quedaba la duda de dónde, la resolví. Será en Barcelona y alrededores. Les cuento. Ya hay sólo dos candidatos a campeón, Barça y Real Madrid. Y más Cibeles me cansa. Pese a sus últimos esfuerzos —puntazo en Vitoria— el Atleti ya no puede conseguirlo. Suma 67 puntos y faltan 12 por disputar. Llegaría pues a los 79, los que ya tiene el líder. Y como le ganó el 'average' aquella tremenda noche en que dominaba 2-0 y le metieron cuatro en veinte minutos, y en casa, pues eso: que ya no. El triple empate, improbable, por supuesto, tampoco le beneficiaría.
Sí mantiene vivo su gran sueño y acabar por delante del Madrid. Ahora mismo está 8 abajo, 75-67. Luego es matemáticamente posible, ojo. No es moco de pavo, y sí muy de aplaudir, que tiene muy encarrilada su tercera plaza. Suma seis puntos más que el Athletic Club, muy mal se le debe dar para perderla.
Hechas estas cuentas imprescindibles vuelvo a que celebraré muchísimo el final de Liga. Cavilaba sumarme a los festejos del campeón, las calles de Barcelona o la Castellana. Unos festejando el triunfo de su equipo y yo que por fin terminó la broma. A lo primero iría con peluca rubia tipo trenza, traje de chaqueta y tanga Diesel por encima y por supuesto.
No tengo preferencia, la verdad. Que gane 'esto' uno u otro pues la verdad... Vamos que me satisfaría que la ganara el Betis, Villarreal, el mismo Athletic, el Celta. Incluso el Mallorca: ver a Maffeo campeón de Liga sería lo suyo y correspondiente: algo fantástico. Como no va a ser posible, iré a la fiesta del Espanyol si como parece se salva. Otra formidable razón para celebrar que por fin acaba la Liga. Sí, ya: lo malo es que en agosto, tres meses mal contados, empezará otra. ¡Qué pereza!
Celebraré muchísimo el final de Liga. Unos festejando el triunfo de su equipo y yo que por fin terminó la broma
Y eso, la pereza, campó otra vez ayer por Chamartín. Lo de este Real Madrid no lo he visto nunca. No entro más que en un detalle, ciertamente escalofriante: no hizo una sola falta en la segunda parte y alargue. La empezó como aquel que dice con 3-0, el segundo de Kylian llegó en el 48, y la terminó 0-2 y gracias.
He visto 'reales madrides' de todo pelaje. Buenísimos, buenos, regulares y deficientes por abreviar. Todos bajo el mismo patrón: ganaban o no, pero al rival le comían los huevos, fritos o en tortilla. 'Esto', el tardar en entrar en los partidos o irse de ellos antes de hora, la verdad es que no lo recuerdo.
No, no sé cómo terminará el curso en cuanto a cosecha de títulos, aunque lo barrunto. Pero un Madrid alma en pena en el Bernabéu no soy capaz de recordarlo. Una vez, dos, quizá. Una mala racha. Un rival de campanillas que te supera y debes agarrarte a lo que sea. Y el pueblo, que lo ve, se pone a su lado y juntos reman buscando el final feliz. Pero ahora todos los que aparecen por allí parecen campanilleros. Una temporada larga, casi entera, así no la recuerdo. El Bernabéu ha ido de infierno a guateque de los 60.
Por eso me alegra tanto que esto termine, convencido estoy que un Madrid seriecito sería líder con media docena de puntos por delante. No pido el del año pasado, una derrota entre Liga y Champions. Un equipo atento, decidido, con buena actitud, rebelde. Nada más. 79 puntos tiene el Barcelona, ese Madrid tendría 85. No me cabe la menor duda.
Una temporada larga, casi entera, así no la recuerdo. El Bernabéu ha ido de infierno a guateque de los 60
¿Arbitrajes inclusive? Por supuesto. La pereza máxima. El equipo sabe que debe pelear contra eso también. ¿Es un fastidio? Sí. ¿Cansa? Mucho. Es lo que hay. También esta vez. Valverde fue empujado en el área y Marcos Alonso utilizó la mano para darle a la pelota y cortar un ataque del Madrid. Ni árbitro ni VAR vieron nada raro.
No tuvo el Celta esa suerte en Montjuïc: en el minuto 90 y mil, del VAR salió un sonido propio de una alarma última generación. Penalti pitaron, el puntito que tenían se esfumó. Y el de enfrente, de 1 pasó a sumar 3. Fíjense que no me refiero al no córner que dio origen al primer gol celtiña. OK. Se equivocó. En lo otro cuesta admitirlo.
Pues hala, al Clásico. Y lo de siempre: relojes, pulseras, diademas, anillos, collares, todo eso, en casa. Y si es posible tengan los muchachos presente que el primer tiempo empezará el domingo 11 a las 16:15 y el segundo, una hora después más o menos. Sean el Madrid. De nada. Por fin se acaba esto, qué felicidad.
Getty Images
Rafa Rullán comenzó a jugar al baloncesto por una cuestión médica. Necesitaba añadir musculatura a su delgada constitución en la fase de la adolescencia. Primero jugó en el infantil del colegio Luis Vives de Palma. Poco tiempo después, la Federación Española en la búsqueda de nuevos jugadores inicia un proceso llamado ‘Operación Altura’ en diferentes categorías. En la camada junior de 1966 que se celebró en el mes de julio en Segovia, emerge la figura de Rafa Rullán, que viaja desde su Mallorca natal. La concentración es dirigida por Manuel Villafranca y supervisada por Antonio Díaz Miguel, seleccionador nacional. También trabajan con los chicos el norteamericano Robert Williams, que jugó en el KAS, Carlos García Guillermo y Ed Jucker.
El fin de la concentración es preparar el futuro equipo junior español. Trabajan tanto el aspecto físico como el técnico dos veces al día, una por la mañana de diez a doce y media y otra por la tarde seis a ocho. A los jugadores se les dará instrucciones a seguir en su lugar de residencia y todos seguirán en observación antes de pasar a la selección.
Rullán tiene entonces 14 años y ronda los dos metros de altura. Los focos no iban para él, sino Segundo Aspiazu, al que se consideraba el pívot del futuro, y que militó posteriormente en el Barça y el KAS Bilbao. Además de ellos dos, también figuran Francisco J. Pont, Jesús Iradier, José Moreno, Arturo Torrent, Pedro Imerá, Carmelo Angulo, José L. López, Paulino López, Juan M. Villa, José A. Martín, Juan Molina, José Borrás, Antonio Pérez, Pedro Izaguirre, Adolfo J. Sava, Antero Estibález y Luis Miguel Santillana, que terminaría en el Barcelona.
La Federación le concedió una beca de estudios y le destinó al Canoe, pero en las Navidades de 1966, al viajar junto a su padre a Madrid, vieron las instalaciones del club y que se entrenaba al aire libre y declinaron fichar por el equipo madrileño. Fue entonces cuando surgió la oportunidad del Real Madrid a través de un amigo puertorriqueño de su padre que conocía al delegado del conjunto blanco Francisco Amescua. En la antigua Ciudad Deportiva madridista Pedro Ferrándiz le hizo una prueba, le mandó correr, botar y tirar y enseguida le fichó. Rullán se instaló en la capital en septiembre de 1967 para jugar en el juvenil, y también en el equipo de su colegio, el ‘Maravillas’.
Pronto su altura llamó la atención y empezó a salir en los medios. En el periódico Baleares le dedicaron un reportaje a finales de 1967. Rullán contaba con 16 años, medía 2,03cm y pesaba 78 kilos. El periodista sacó tabaco y Rullán lo rechazó: “Nada de fumar, el deporte requiere sacrificios. Estamos sometidos a un severo régimen de preparación. Cinco sesiones semanales, también gimnasio y de vez en cuando partidos de entrenamiento con los equipos de Primera y Segunda división el Real Madrid”. Respecto a su futuro afirma que “aspiro pronto a formar parte del Real Madrid en su Primera división. Digamos que tengo mucha ilusión y muchas esperanzas, por no hablar de posibilidades”. Y cuenta que es “mucho mejor deportista y le gusta más el baloncesto que los libros porque soy un estudiante regular nada más”.
Unos meses después, en marzo de 1968, el diario AS lo presentaba como ‘Perspectiva de un posible fenómeno en el baloncesto’. Antonio Alcoba fue a su colegio para comprobar la fama entre sus compañeros. El entrenador juvenil madridista, Alfredo Calleja, les confesó que Rullán “es muy posible que en el plazo de dos años se convierta en una figura de la categoría de Luyk o Aiken, e incluso les supere”. Aunque su “defecto más acusado es su vagancia, su progresión como anotador ha ido en aumento desde que ingresó en el Real Madrid. En sus primeros ocho partidos apenas llegada a los ocho puntos, en la actualidad, tiene un promedio superior a veinte por partido, habiendo llegado a hacer cuarenta y dos. Pero no es solamente su estatura lo valioso, sino que Rullán lleva camino de convertirse en un jugador completo”.
Esa temporada 1967-68 fue campeón de España y de Castilla con el juvenil del Real Madrid y, antes de terminar la campaña, Pedro Ferrándiz le dio la alternativa en el primer equipo para que disputase sus primeros minutos. Fue en un choque de vuelta de cuartos de final de la Copa en mayo contra el Barcelona en la ciudad condal, cuando en el último minuto Rullán y Benito entraron en sustitución de Cristóbal y Moreno.
En verano, el club mandó a Rullán y otra promesa del juvenil como Alberto Viñas a Estados Unidos a un campamento durante dos meses para ponerse en manos del prestigioso entrenador Clair Bee, que dirigió entre otros a los Baltimore Bullets. También pasarían por allí Wilt Chamberlain, Red Auerbach o Lou Carneseca. Antes de partir, los dos fueron entrevistados en Marca y el mallorquín afirmó que había “aprendido muchísimo este año en el equipo. Prácticamente todo. Cuando llegué apenas sabía botar. Estoy muy agradecido al Real Madrid”. Además, hablaba de sus sueños: “Quiero ser campeón de Europa con el Real Madrid y, naturalmente, vestir la camiseta nacional”.
A partir del curso siguiente integraría la primera plantilla del cuadro blanco como junior junto a Carmelo Cabrera, Viñas y José Manuel Suero. El resto de la carrera de Rullán es mucha historia y mucha leyenda, logrando una auténtica colección de títulos y grandes registros y récords con el Real Madrid de baloncesto.
Fotografías: archivo de Alberto Cosín