A menudo se vincula el control con el placer, pues controlar implica poder, y este, a su vez, genera una sensación vigorosa y estimulante que nos resulta satisfactoria. Creer que todo a nuestro alrededor vive y muere por nuestra voluntad debe de ser algo delicioso.
Cuenta Xabi Alonso en La mirada de un mediocentro, la entrevista-documental que Ecos del balón le hizo en 2017, que su aspiración es controlar todo lo que ocurre en el terreno de juego. Es este un sueño viejo: no hay técnico en el mundo que no lo desee, aunque sólo sea en la oscuridad de su habitación de hotel. Convéncete: también le ocurre a los Ancelottis, Zidanes y Del Bosques, cuya herencia será, junto a los títulos, el relato de que eran más gestores que entrenadores. Pensar lo contrario es ser un ingenuo.
Se dice que lo mejor de Xabi Alonso como entrenador del Madrid se vio en el Mundial de Clubes. Esta idea se refiere a que el equipo se parecía más a lo visto en Leverkusen: presión alta, dominio del balón y del juego, sometimiento del rival casi constante. En los últimos meses ya lo hemos visto menos, desembocando en esta última triada infernal, Vallecas, Elche y el Pireo, territorios de frontera donde el Madrid se ha rendido a la anarquía y la dejadez, viejas conocidas que, curiosa y divertida coincidencia, le sirvieron para desquiciarnos y ser campeón de Europa al mismo tiempo.
Quizás el viejo sueño de controlar todo lo que ocurre en el terreno de juego no sea más que una quimera y el equilibrio esté más cerca de rendirse a cierto desequilibrio, a abrir la puerta al caos de vez en cuando
En Grecia, el Real Madrid ganó por primera vez en su historia -ya queda menos por conquistar en este mundo que se nos queda pequeño- al Olympiakos de Mendilibar por 3-4. Lo hizo gracias a Mbappé, que se apuntó los cuatro tantos en una actuación de mando soberano, casi obsceno. Dijo luego el francés que no hay dependencia de sus goles, y que sin embargo la prensa debería criticarle a él por no marcar ni en Vallecas ni en Elche, y le faltó quitarse la montera y saludar al tendido después. También fue gracias a un gran Vinícius Jr. que, por momentos, y gracias a la abundancia de espacios y de metros para correr, se pareció a ese que añoramos y que sí se merece cobrar 30 kilos.
Hubo espectáculo en ambas áreas, como contrapeso al control que pretendía ese (más) joven Xabi Alonso en 2017. Comenzó ganando Olympiakos, remontó el Madrid en un trueno, casi sentenció, y luego los griegos aprovecharon la endeblez defensiva de un equipo superado por las circunstancias, que nos retrotrae a no muy lejos, totalmente partido, con tipos que no corren para atrás, enemigos de un balance defensivo sano, para recortar distancias e iniciar debates.
Dijo mbappé que no hay dependencia de sus goles, y que la prensa debería criticarle a él por no marcar ni en Vallecas ni en Elche, y le faltó quitarse la montera y saludar al tendido después
En 2017, Alonso también afirmaba que, a pesar del deseo de controlarlo todo, lo más importante para un entrenador era ser capaz de adaptarse a los jugadores que había en la plantilla. Uno tiene la sensación de que lanzaba un mensaje a este futuro. Mencionaba entonces, hablando sobre Pep Guardiola, que había tenido que aceptar un porcentaje de descontrol sobre el campo, y que eso estaba bien. Casi parece hablar de sí mismo cuando señala que el catalán podía querer controlarlo todo, pero si tenía a un jugador como Sané capaz de hacer carreras de cuarenta metros y otro como De Bruyne que veía muy bien esos espacios, era imposible no aprovecharlo. ¿Se te viene, igual que a mí, alguna coincidencia a la mente?
Me pregunto hoy si lo visto en Vallecas, en Elche y en el Pireo no es más que otra fase de este Madrid en construcción necesitado de tiempo. Me pregunto si estamos viendo a un Xabi Alonso que trata de adaptarse para darle espacios a Vinícius. Me pregunto si busca que Bellingham también sea feliz y que eso no suponga que Güler desaparezca. Me pregunto si en esta vorágine trata de brindarle algo de paz mental a Valverde. Me pregunto si, de alguna forma, está renunciando al control y por ende al poder, fabricando mientras tanto un camino paralelo que le lleve al mismo sitio: el placer de ganar.
Quizás el viejo sueño de controlar todo lo que ocurre en el terreno de juego no sea más que una quimera y el equilibrio esté más cerca de rendirse a cierto desequilibrio, a abrir la puerta al caos de vez en cuando para airear un excesivo rigor táctico. Quizá, digo, repito, pues no lo sé. Me hago preguntas tan solo. Mientras llegan las respuestas, mientras todo ocurre, por suerte, nos queda Mbappé.
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Buenos días, queridos galernautas. Qué arduo es el trabajo del portanalista. Los viernes son eriales informativos, pero los diarios presuntamente deportivos han de salir sí o sí. Y, dado que para ellos la veracidad es un rasgo deseable pero perfectamente prescindible, imaginen ustedes la sustancia de lo que hoy ofrecen. Exacto.
Resoplando y café en mano, vemos que Marca abre con Alexia Putellas, destacada jugadora de la selección femenina, dejando unas declaraciones de enorme profundidad: “Queremos levantar otro título”. En referencia, suponemos, a la final de la Nations League. Las alemanas, enigmáticas, no han especificado todavía si prefieren levantarlo, empujarlo, ganarlo, perderlo o empeñarlo.
Pasemos al diario prisaico, As. En este caso, el otro representante de la llamada Central Lechera nos muestra a Aitana Bonmatí afirmando que Alemania “les motiva”. No parece que la posibilidad de ganar un trofeo sea acicate suficiente. Notamos cierta germanofobia soterrada, y no nos gusta un pelo. El titular, en letra amarilla, tampoco es demasiado inspirado: “Desafío de oro”. Queda patente que en As mantienen una firme consistencia tanto en su nivel de rigor como en su creatividad.
Abramos ahora la prensa cataculé y enviemos, de paso, una caja de ansiolíticos adquiridos de estraperlo al boss Jesús Bengoechea, que ha sufrido un amago de angina de busto al ver la portada de Sport. “TE NECESITAMOS PEDRI”. Así, sin coma vocativa. Qué oscura entraña hay que tener para perpetrar semejante crimen de lesa puntuación. Queremos pensar que la ausencia se debe a las prisas del redactor, sin duda abrumado por el dramatismo del mensaje. Aunque lo acompaña con una imagen del friolero jugador canario ejecutando lo que parece un paso de Kazachok. Confesamos no lograr descifrar el simbolismo de semejante combinación de agonía textual y zapateta eslava.
Lo de la coma del vocativo tiene su historia porque habrá quien justifique la ausencia de la misma con el cambio de color, o sea, hay una regla no escrita de la cosa tipográfica que, primero, proclama su superioridad tácita sobre las de puntuación, y después decreta, así, por sus santos dídimos, en obediencia al libre albedrío testicular de los hacedores de portadas, que mientras el mensaje y el receptor del mismo estén a diferente color puede obviarse la referida coma.
La primera pregunta es qué les ha hecho la coma del vocativo para querer obviarla. ¿Es madridista la coma del vocativo? ¿Es centralista? ¿Imperialista? ¿Franquista por ventura? ¿Valdría la pena pagar durante 17 años al vicepresidente de la RAE para hacerla desaparecer discretamente?
La segunda pregunta no es menos acuciante. Aun en el supuesto de que la coma del vocativo sea en efecto tan abominable, ¿realmente es el cambio de color pretexto suficiente para ajusticiarla? ¿Podría escribirse burro con uve siempre y cuando la uve aparezca de un color distinto al resto de la palabra? ¿Sería lícito escribir sinvergüenza sin diéresis solo porque Laporta no la lleva?
(Nota del editor: los últimos tres párrafos son obra de un exasperado Jesús Bengoechea, quien los ha añadido en el proceso de edición de este portanálisis. A esta hora, nos complace informar que está fuera de peligro, internado en un hospital de Chamartín).
Por su parte, el diario del conde de Godó, Grande de España, nos brinda un perfil de Hansi Flick sobre fondo negro, afirmando que “lo tiene claro”. Será el rostro. Negro en inglés es black, hoy es Black Friday… ya saben por dónde vamos. Hansi quiere ir de compras y hojea las gangas del consumismo global. Eso, o que, meticuloso como buen alemán, redacta su carta anticipada a SS. MM. los Reyes Magos: un central, un extremo y un delantero. Igual que cuando de niños pedíamos bicicleta, videoconsola y el castillo de Greyskull. Y amanecíamos el 6 de enero con calcetines y unos Juegos Reunidos Geyper. El grado de esplendor de los Magos solía estar íntimamente relacionado con la profundidad de sus arcas; deduzca el galernauta avispado qué puede fichar el cliente de Negreira en su situación actual. Exacto.
Pasad un excelente día, consumid con prudencia si os place y comenzad a hojear el catálogo de juguetes del Corte Inglés, que luego lo dejáis para última hora y Melchor, Gaspar y Baltasar entran en pánico.
Buenos días. Hoy vamos a ir rapidito. Como a estas hora sabéis todos sobradamente, el Real Madrid ganó 3-4, en un partido que tuvo de todo, al Olympiacos en tierras griegas, con lo que queda quinto en la liga de Champions, bien ubicado para alcanzar el Top8 en la jornada final que exime de disputar ronda de repesca antes de octavos.
Decimos que el partido tuvo “de todo” y el propio Xabi Alonso lo describió con estas mismas palabras en sala de prensa. Si bien podéis leerlo en detalle en la crónica y notas de Genaro Desailly, así como en el texto que esta mañana ha publicado Jesús Bengoechea, nosotros sintetizaremos ese “de todo” en los siguientes puntos, aunque no tendrían por qué ir en el siguiente orden.
-Un Vinícius tan magnífico, pujante y pródigo en genialidades que ya hay quien especula con la posibilidad de que firmara el mejor partido de toda su carrera madridista. A nosotros nos parece que, por su trascendencia, habría que otorgar ese honor a su descomunal Real Madrid-Bayern de la semifinal de la Decimoquinta, pero todo es opinable. Se da la curiosidad de que Vini no marcó en ninguno de los dos partidos.
-Si lo de Vini entra en el terreno de lo opinable, lo de Mbappé es excelencia científica. Cuatro goles, tres de ellos en tiempo récord, son excelencia objetivable, trascendencia refrendable con una simple mirada a la realidad. Leed también lo que a Jesús Bengoechea nos cuenta hoy en torno a su compromiso (al de Kylian, no al de Jesús).
-Los últimos agobios, impropios de un equipo como el Madrid, que debería ser capaz de poner a dormir partidos ya virtualmente ganados, sin que el rival termine acogotándote con la amenaza de remontar, nos sirve para no lanzar más campanas al vuelo de las estrictamente necesarias. Los problemas persisten, pero lo que llegó ayer es un bálsamo para afrontarlos con temple.
Os dejamos con la prensa cataculé. Pasad un buen día.
La victoria se fraguó a pies de Vinícius, que facturó uno de sus mejores partidos con la camiseta del Real Madrid, lo que ya es decir mucho. Si, como se comenta, no tiene una buena relación con Xabi Alonso, la profesionalidad de su actitud está a la altura de la genialidad de sus diabluras. También es verdad que hubo un abrazo final entre jugador y entrenador que parece desmentir las tiranteces. Esa imagen edificante no nos la trajo Movistar, evidentemente, sino un espectador desde la grada. No nos pueden ocultar el Vini genial, porque salta demasiado a la vista, pero tratan de hurtarnos el Vini ejemplar que dinamita su relato.
Sufrimos en exceso en el tramo final, y en otros tramos anteriores. Está visto que no se nos da bien administrar rentas a favor, y ello sucede porque no sabemos adormecer los partidos. Ayer se intentó, pero los encargados (mayormente Ceballos y Bellingham) fracasaron en la tentativa. Parece que el Madrid de Xabi es capaz de desatar zafarranchos memorables, pero cuesta sostener un dominio tranquilo del partido cuando es lo que este demanda. Por eso el final fue de infarto, cuando nunca debió haber sido así. No creo que proceda culpar demasiado a la defensa (o a los defensas) de los apuros. Estaban fuera los dos centrales titulares y el primer suplente. Carreras estuvo muy bien adoptando ese papel intempestivo. Más discreto Asencio, aunque la intrahistoria que se ha sabido hoy (parece que jugó bajo al impacto de la muerte de su abuelo) elevan su actuación al olimpo de los mitos del compromiso.
El inglés tiene una legión de odiadores, pero nunca sobra en un equipo un tipo que sabe dar al balón para ponerlo precisa y exactamente donde quiere. A esta monumental precisión opone por desgracia un lenguaje corporal que no le ayuda, como le ocurría a Benzema. Denota algo que muchos interpretan como indolencia, o más bien extraña melancolía, en su caso. El chico es así. Tarda cuatro días y medio en tirar un córner, pero ¿habéis visto dónde la pone cuando finalmente lo hace? Bendita sea esa parsimonia si forma parte del ritual del éxito. Yo, que creo que el fútbol consiste en enviar el balón justamente a donde quieres enviarlo, pienso que no podemos permitirnos no explotar al máximo a quien atesora esa virtud de una manera tan abrumadora. Cuando Beckham llegó al Madrid, criticaban su incapacidad para llegar a la línea de fondo. Míchel, máximo especialista en esas lides, replicó públicamente: “¿Para qué quieres que llegue precisamente allí si es capaz de ponerla donde quiere desde donde quiere?” Pues eso. Incalculable tesoro. Explótese como Dios Manda. Xabi no jugaba donde Trent, pero compartía con él la pericia de lo milimétrico. Suena al hombre indicado para saber cómo sacar máximo partido de esta fortaleza.
Se ha puesto de moda decir que el centro del campo del Madrid es puro músculo. Se dice eso por el perfil étnico que impera en la línea. No se dice (creo) por racismo, sino por la simple asunción de un estereotipo. El partido de ayer nos recordó que Tchouaméni y Camavinga, además de físico, tienen pie, o al menos más pie del que nos quieren hacer ver los agoreros. A Camavinga hay que recuperarle, y a Tchou darle alas para que siga volando. ¿Que les vendría bien tener al lado un metrónomo tipo Kroos (si es que hay alguien “tipo Kroos”)? Sin duda. Pero dejemos ya de hablar de estos dos tipos como si tuvieran una bota atada a la otra.
Nadie se lo esperaba, es más, ¿cuántos ignoraban que seguía en la plantilla? Suceden dos cosas con él, y no conviene minusvalorar ninguna de ellas. En primer lugar, hace que el rival no quiera ni oír hablar de la opción de transitar su banda. Es como cuando el Maps te dice que vayas por una ruta y tú lo desautorizas con el mohín de quien conoce las carreteras. ¿Quién querría aventurarse por una avenida radioactiva? Mendy disuade, simplemente por estar allí. Lo segundo es que, en la simpleza de su fútbol, en su limitación, es el lateral izquierdo que Vini prefiere tener detrás. ¿Os parece poco? Alguien decía en Twitter que es además, a su manera, a su constreñida y atípica manera, uno de los pocos jerarcas que quedan en la plantilla. Y es verdad.
La omnipotencia goleadora de Kylian, su furor insaciable sobre el campo, se ven superados por su inspiración ante los micrófonos. Habló de proteger al entrenador. Han pasado cosas malas y parece que están pasando cosas buenas en el vestuario. Mbappé es, de pronto, uno de los líderes. Este tío no llega al campo, mete cuatro goles y se va a su casa (cuidado, que eso ya estaría suficientemente bien). Este tío vive y respira lo mismo que tú y que yo, el ansia perpetua de gloria, y sabe aderezarla de la necesaria sensatez. Dios nos lo guarde.
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Arbitró el inglés Michael Oliver. En el VAR estuvo el escocés Andrew Dallas.
Partido de Champions y arbitrado por un inglés equivale a dejar jugar y permitir mucho contacto. Se agradece.
Sin jugadas polémicas en las áreas, en lo disciplinario hubo tres tarjetas. Camavinga vio una en el 23' por llegar tarde ante Dani García, Ortega en el 39' por derribar a Mbappé y Arda en el 55' por agarrar a Pirola.
Por último, en el 32' se anuló un gol a Vinicius por un ligero fuera de juego de Mbappé.
Oliver, BIEN.
-Lunin: NOTABLE. No le afectó lo más mínimo la inactividad y realizó paradas que, visto el resultado final, fueron decisivas.
-Trent: APROBADO. Tan notables son sus grandes pases largos como sus extrañas y melancólicas ausencias.
-Carreras: NOTABLE. El mejor de la defensa. Muy sólido. Este cronista no descarta que sea mejor central que lateral.
-Asencio: APROBADO. Discreto.
-Mendy: APROBADO. Para venir directo del proceloso olvido, no estuvo mal. Jugó el partido completo.
-Tchouaméni: SOBRESALIENTE. Absolutamente colosal, tanto en el centro del campo como cuando hubo de ejercer como central.
-Camavinga: NOTABLE. Pena de lesión (esperemos que no sea nada), porque su primer tiempo fue lo más potable que nos ha ofrecido en mucho tiempo.
-Valverde: APROBADO. Aceptable partido del uruguayo.
-Güler: APROBADO. Combinó grandes momentos con pifias inexplicables.
-Mbappé: SOBRESALIENTE. Su póker habla por sí mismo. Implacable.
-Vinícius: SOBRESALIENTE. Los goles fueron de Kylian, pero la gran exhibición fue la suya. Uno de sus mejores partidos en el Madrid. Ever, como dicen los cursis.
-Ceballos: SUSPENSO. El desmoronamiento tuvo que ver con su falta de empaque.
-Bellingham: SUSPENSO. Nefasta aportación desde el banquillo. Ni ayudó a domar el partido ni aportó nada en absoluto.
-Brahim: APROBADO. Voluntarioso.
-Fran García: sin calificar.
-Xabi Alonso: APROBADO. Su dúo atacante facturó un partido espectacular que enmascaró ciertas deficiencias.
Aunque se metió en problemas por culpa de un final indigno, el Madrid logró un triunfo importantísimo en Grecia con un Mbappé sublime (4 goles) y un Vinicius desatado.
Llegaba el Madrid con infinidad de bajas, en particular en defensa, donde formaban tipos tan inusuales como Lunin y Mendy, que reaparecía desde las sombras cuando mucha gente lo adjudicaba a la nómina del Mónaco. (De hecho, el Madrid nunca anunció oficialmente su renovación, por lo que la cosa era susceptible de sorprender hasta en un sentido burocrático. No estaría mal el francés, haciendo lo que de él se esperaba antes de su desaparición).
Nada más empezar, una jugada apabullante de Vinícius culminó con un trallazo que obligó a Tzolakis a ejecutar una parada soberbia. Habría sido de ley que a un comienzo tan prometedor siguiera una fase de dominio concienzudo del Madrid, pero con este Madrid nada funciona de acuerdo a lo previsible, y el que se adelantó fue en cambio el Olympiacos. Maniobraron los locales al borde del área de Lunin, y el disparo de Chiquinho fue imparable. Se ponía la cosa cuesta arriba, en consonancia con el estado anímico de los de Xabi. “Incomodísimo el Madrid, y por detrás en el marcador”, sentenciaba Maldini a los comentarios. Tristes tiempos en que Maldini sentencia bien.
Vinícius jugaba bien y los demás mal. También lo sentenciaba Maldini. El Madrid movía el balón decentemente en el centro del campo, pero sin mordiente. La perdía en los aledaños del área. Trent estuvo cerca de poner en problemas a Olympiacos con un amago de gol olímpico (valga la redundancia), pero seguíamos con el encefalograma plano. El equipo estaba largo y la perdíamos demasiado. Chiquinho estuvo a punto de hacer doblete de volea, pero Lunin respondió bien. Faltaban muchas cosas, pero sobre todo alma.
Sin embargo, todo iba a cambiar en cuestión de segundos, y muy madridistamente. En el minuto 21, un superlativo Vini metió a Mbappé su ya clásico pase con el exterior desde la línea de banda. El francés no perdonó, como no lo hizo al minuto siguiente. Valverde, Trent y Güler combinaron por la derecha. El centro del turco lo remató de cabeza, a la red, el mejor goleador del planeta. 1-2. “El Madrid ha encontrado los goles antes que el fútbol”. Deja de tener razón, Maldini.
Lo cierto es que los madridistas firmamos el marcar goles sin jugar, y habrá quien atribuya a esa regla lo que pasó a continuación. Y a continuación quiere decir eso, a continuación. No habíamos acabado de celebrar cuando un pase sensacional de Camavinga encontró solo a Kylian en el área. Casi cambia el gobierno de España en el tiempo que transcurrió desde que la controla hasta que chuta, solo ante Tzolakis. Gol. Hat-trick fulminante, ya nos dirán si el más rápido de la historia de la Champions.
Ahora si empezó el Madrid a gustarse, con los espacios más abiertos. Marcó Vini, pero Mbappé se la había entregado en posición antirreglamentaria. Daba igual. El brasileño volvió a internarse como una centella, primero para que Güler se abstuviera de chutar, incomprensiblemente, y luego para que Tchouaméni la rompiera contra el larguero. Tanto Aurelien como su compatriota Eduardo crecían en el partido ante la placidez que denotaba el marcador. Por su parte, Carreras se agigantaba en defensa.
Por poco marca Vini el gol que tanto merecía. Esta vez fue Mbappé quien le devolvió el favor con un gran pase aprovechando los espacios. Lanzó por encima del larguero. Para amenizar la situación, Lunin se apuntó a la lista de los insignes con una nueva parada.
Nos penó saber que Camavinga no volvía tras el descanso. Estaba haciendo sus mejores minutos en mucho tiempo. Salió Ceballos en su lugar. Vini seguía buscando su gol, primero recibiendo un pase deslumbrante de Trent y luego armando la pierna en la frontal de manera espectacular. Salió rozando el poste.
Sucedió que marcó Taremi en un cabezazo franco, sin que nadie le agobiara en el área. Se metían los griegos en el partido. Un 2-3 no daba ninguna tranquilidad. Menos con el ambiente ateniense. Menos con este Madrid ciclotímico. Vinícius, siempre Vinícius, hizo una jugada de elegido que se estrelló contra el guardameta local. Era la antesala del cuarto, y la jugada de Vini fue para regalársela al piperío por Navidad, cola de vaca incluida. Se la dejó franca a Mbappé para que empujara. Los cuatro goles del francés coparan los titulares. Pero el partido verdaderamente antológico fue el del brasileño. El pase largo a Vini, por cierto, había sido de un gigantesco Tchouaméni.
Se durmió el Madrid, que parece incapaz de hacer un partido completo pleno de intensidad, a pesar de que la cosa no estaba sentenciada. Y tuvo su merecido castigo con un nuevo gol de cabeza de los griegos. La defensa de circunstancia de los blancos pasaba factura, y llegaron los nervios. El Olympiacos se subía a las barbas cuando “todo estaba en la situación adecuada para seguir machacando”. Esta vez son palabras de un exasperado Valdano. Tan exasperado como todos los madridistas, viendo cómo con un solo gol de ventaja nos embotellaban los griegos. El Madrid se había relajado en exceso y de manera imperdonable. La angustia se apoderó de todos. El final supo a gloria mezclada con enojo. Es un Madrid capaz tanto de lo sublime como de la más absoluta falta de solvencia.
Pero en fin. 3-4 y el Top8 más cerca.
Esta noche en El Pireo jugamos frente al Olympiacos de José Luis Mendilibar uno de esos partidos lleno de mística que la vetusta Europa nos reserva cada tanto. Durante años, visitar el "infierno griego" suponía un reto de gallardía para todos los equipos que se enfrentaban contra los clubes helenos. Sin importar la disciplina, el deportista debía sudar sangre para ganarse sus laureles en la tierra de los grandes héroes y dioses. Paradójicamente, el Madrid de Xabi Alonso llega a la cita de esta noche con más pena que gloria. Los pupilos del tolosarra tienen una oportunidad inmejorable para demostrar su sed de victoria.
Volvimos del parón y las sensaciones futbolísticas no son buenas. Más allá del empate en el Martínez Valero, el Madrid no transmite gran cosa. En el arranque de la temporada nos podíamos escudar en los resultados. A pesar de la derrota dramática frente al Atlético, si alguien te recordaba la trayectoria del equipo, era bastante demoledor el argumento de que los resultados del equipo y la eficiencia de su juego prometían un horizonte futbolístico esperanzador.
podemos cuestionarnos el papel táctico de jugadores como Fran García. En el análisis reparto de notas, desde La Galerna se observaba lo siguiente: “No sabemos de qué jugó pero, fuera de lo que fuera, jugó mal”
Como suele pasar tras un parón de selecciones, el once que planteó Xabi Alonso fue sorprendente. Teóricamente partíamos con tres centrales, dos carrileros, una medular para jugar pero limitada físicamente y dos delanteros. Nombres poco habituales como Ceballos o Fran García volvían a la titularidad.
Las primeras impresiones al conocer la alineación no fueron muy buenas. Imaginando el dibujo y a partir de esos mimbres, poco bueno podía salir en una visita exigente como hoy es ir al Martínez Valero para medirse con el actual Elche de Eder Sarabia. Uno lleva suficiente tiempo viendo fútbol para predecir una “pájara” tras un parón de selecciones. El refranero nos recuerda que de mal vino nunca se ha hecho buen vinagre. El desaguisado estaba servido.
A toro pasado, podemos cuestionarnos el papel táctico de jugadores como Fran García. A ciencia cierta, no tenemos muy clara cuáles serían las indicaciones que el técnico le dio al simpático manchego antes de salir al campo, pero algo nos dice que conceptualmente no salió del todo bien. En el análisis del partido y posterior reparto de notas, desde La Galerna se observaba lo siguiente: “No sabemos de qué jugó pero, fuera de lo que fuera, jugó mal.”
Por tratar de dibujar una situación imaginativa y siguiendo la senda generosa de mi impresión sobre la gestión de titularidades y suplencias por parte de nuestro entrenador, estoy convencido que Fran García jugó de extremo izquierdo porque el tolosarra quería dar refresco a jugadores más castigados. ¿Y por qué Rodrygo estuvo todo el rato escorado por la derecha cuando se nos dijo que jugaría por la izquierda cuando Vinícius no estuviese? Supongo que Alonso busca darle minutos de calidad al brasileño en esa zona ahora que Mastantuono será baja por un tiempo.
Entiendo el debate sobre la meritocracia y otras observaciones. Por supuesto, cualquier consideración táctica es más legítima que mi apuesta por las rotaciones pero. puestos a buscar una explicación imaginativa, continúo con mi convencimiento: Alonso busca tener enchufados al mayor número de efectivos posibles.
Porque quedarse en el análsis del partido carece de exactitud. Si queremos ser justos, debemos evaluar la situación a nivel global. La dinámica del equipo no es buena. Por ello, creo que la raíz del problema es lo suficientemente profunda para pensar que se soluciona con cortes por los sanos.
No obstante, poco sirve buscar culpables o soluciones radicales. Es decir, entiendo que alguien crea que todo se soluciona con Jurgen Klopp o echando a los 25 jugadores de la primera plantilla. Es humano pensar que es cuestión de cromos, pero la lógica del deporte no respalda esta postura sentimental.
Es muy español eso de querer solucionar todo haciendo una “limpia”
Al contrario de lo que puede sostener un aficionado enfadado, en el fútbol como en la botánica funcionan mejor los esquejes. A partir de los fragmentos, se puede volver a rearmar un equipo. Muchas fases negativas de nuestra historia reciente así lo atestiguan. El Madrid del 2015 fue seguido del Madrid más ganador, o el bache de la temporada 2022/2023 fue rápidamente contestado por una plantilla que lo ganó todo a la temporada siguiente. Los mismos hombres y el mismo entrenador. Un par de fichajes y una baja tan importante como la de Karim Benzema. Quiero decir que el remedio para la enfermedad existe. Tenemos el ejemplo, apliquemos la receta.
Mucho se ha hablado estas semanas de si el madridista debe estar con su club y no anteponer a ningún jugador al equipo. Obviamente, todos coincidimos que ningún nombre está por encima del escudo. Sin embargo, detecto en redes algunos madridistas más aficionados a su entrenador que a sus jugadores. Esto sería el fenómeno opuesto a lo que tanto critican. La teoría que esbozan es que el entrenador debe tener mano dura, establecer una verdadera meritocracia y hacer una buena limpia en verano. Es muy español eso de querer solucionar todo haciendo una “limpia”.
El resto es tan fácil como hablar a toro pasado con el periódico del lunes. Todos podemos coincidir en posibles soluciones, pero las que suelen estar encima de la mesa son muy peregrinas. Por ello, conviene no volverse loco y guiarse por la razón. En este torbellino en que nada aporta, la figura de Florentino Pérez vuelve a resignificarse como faro. En la última Asamblea general, compareció un Florentino en plena forma con ganas de ajustar cuentas con los botarates del fútbol y recordar a propios y extraños quién es el Madrid. Muy recomendable la reseña que escribió Jesús Bengoechea sobre el acto: https://www.lagalerna.com/florentino-desencadenado/
La gestión de Florentino Pérez ha traído consigo más cosas positivas que negativas. Estamos en buenas manos. Parafraseando al inigualable Hugo Gatti, Florentino Pérez es el único galáctico de verdad, el único activo del club imprescindible. Todos los jugadores y entrenadores son suplantables.
Porque obviar nuestro último gran activo sería un error. Se empieza haciendo de menos la gestión del responsable de la segunda etapa dorada de nuestra historia y se acaba votando a un candidato campechano que promete traer consigo la españolización del Madrid con fichajes de renombre tipo Pablo Ibáñez o Santi Cazorla. Sé que suena chabacano, pero esto ya ha pasado y puede volver a suceder en cualquier momento. Es cierto que esto mismo lo hemos comentado muchas veces y luego nunca pasa nada, pero tanto chilla el pastor que algún día llegará el lobo de verdad.
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Quinta jornada de la Champions League y el Real Madrid vuelve a tener un desplazamiento. En esta ocasión visita al Olympiacos en el Karaiskakis. Una salida importante viendo el presente blanco y fundamental para el futuro en su camino para conseguir el top8. Es necesario un triunfo ante los griegos que no conocen la victoria todavía para capear el temporal, cambiar la tendencia y sumar 12 puntos a falta de tres jornadas. En el cuadro rojiblanco un viejo conocido del fútbol español al frente de los griegos: Mendilibar. Además, un campo que apretará de lo lindo con una de las aficiones más calientes del continente. El técnico vasco podrá contar con alineación de gala al no tener bajas ni sancionados. Mendilibar ha utilizado distintos sistemas durante su carrera como el 1-4-3-3, el 1-4-4-2 y el 1-4-2-3-1 y parece que será este último el elegido. El posible XI sería el formado por Tzolakis; Rodinei, Retsos, Pirola, Ortega; Hezze, Dani García; Gelson Martins, Chiquinho, Podence; El Kaabi.
A Mendilibar le gusta presionar fuerte en la salida del balón rival. En su estadio, ante su público y con un equipo como el Madrid saldrán muy fuertes los primeros 10-15 minutos de encuentro. Si lo hacen bien pueden poner en dificultades a los blancos y conseguir algún rédito. El cuadro de Xabi Alonso si supera la presión con éxito en pocos toques o con cambios de orientación es una rendija fantástica para crearle ocasiones y goles. Con una salida limpia, rápida y precisa los rojiblancos pueden llegar tarde y quedar desorganizados. Una máxima del técnico de Zaldibar es apretar y apretar. De esa manera acota los riesgos, aunque él mismo declara que a veces debería “replegar más”.
A la hora de sacar el cuero lo primordial y que buscan con más ahínco es la velocidad de ejecución. No se entretienen ni se complican en exceso y optan por salir jugando con celeridad ya sea a ras de suelo si es posible o si lo consideran adecuado mediante un balón largo a su hombre boya El Kaabi, que no es muy alto, pero si potente y fuerte. Ante el Madrid se espera a un equipo heleno caracterizado por un juego de transiciones rápidas, con la finalidad de que el balón llegue lo antes posible a las bandas y buscar el uno contra uno contra los laterales en jugadores hábiles como Podence y muy veloces como Gelson Martins. Así evitan pérdidas comprometidas e innecesarias en las proximidades de su portería y se saltan la presión rival. En caso de perder el balón, lo más positivo para el Real Madrid es que se puede encontrar un equipo largo y espacios interesantes para profundizar. Tampoco el Olympiacos desecha la posesión como se pudo ver en Montjuic ante el Barça, donde buscó proponer y acumular balón.
El cuadro rojiblanco está sufriendo en Champions, donde el nivel sube mucho respecto al de su Liga. Suma nueve tantos en contra en apenas cuatro partidos, aunque seis de ellos fueron contra el Barça, cuando el equipo jugó casi toda la segunda parte con diez hombres. Le está costando a Mendilibar formar una defensa sólida, fiable y expeditiva con el griego Retsos y el italiano Pirola como pareja de centrales. Por las bandas Rodinei y sobre todo el argentino Ortega son de pierna dura, y para coberturas y ayudas cuentan con el español Dani García, que demostró en Éibar y Bilbao ser un jugador intenso y agresivo en sus entradas. Se espera a un equipo que juegue duro, con mucho juego subterráneo y que pare con faltas a los blancos para cortar el ritmo y que no logren superioridades en ataque. Es un equipo que sufre en balones cruzados, pero el Madrid sin un nueve puro no suele utilizar este apartado. Aunque en Elche se vio que Arnold + Gonzalo podrían hacer daño en este aspecto. Por arriba, son un conjunto que defiende bien y con solvencia.
La eficacia goleadora es el gran debe del Olympiacos. Apenas dos goles en cuatro jornadas y uno de ellos fue de penalti. El equipo ha tenido momentos en los que llegó contra el Barça, PSV y Pafos, pero se le nublaba la mira a la hora de ejecutar ante el marco rival. Mucha parte de su talento reside en las bandas y en lo que pueda crear Chiquinho por el carril del 10. El marroquí El Kaabi ha notado el cambio de la Europa League donde marcó siete goles la temporada pasada a la actual Champions League. En el banquillo como revulsivos están el iraní Tahremi que ya sabe lo que es marcar mucho con el Porto y también con el Inter, y el frío Yaremchuk, que tiene mucha calidad pero cada vez sale con más cuentagotas. Mendilibar va a plantear un partido en el que buscar peligro por los costados, ya sea en velocidad con Martins o en acciones individuales y diagonales de Podence. Otro aspecto en el que pueden superar al Madrid al que le faltan centímetros es en las jugadas de estrategia.
Dos conceptos definen el libreto de Mendilibar son intensidad y agresividad defensiva y ofensiva. El propio técnico asevera que “la idea siempre es la misma. Jugar más cerca de la portería contraria que de la mía. Si juego cerca de la mía, a cualquier error, gol. Tener el balón por tenerlo no quiero”. Para ello aboga también por ser muy poderoso y competitivo en los duelos aéreos o a ras de césped entrando con vigor, decisión y fuerza en los balones divididos. A Mendilibar no se le caen los anillos por jugar el balón en largo y buscar rechaces o segundas jugadas. Un equipo que aproveche los espacios y sea muy vertical y vertiginoso en sus contraataques será el arma empleada contra los blancos. Sabe que dispone de jugadores veloces, con pausa y talento para conseguir contras en pocos toques antes de que el Real Madrid pueda ordenarse. Será un partido exigente y el Olympiacos competirá.
El portugués Daniel Podence siempre fue un futbolista talentoso, con calidad, habilidad, visión de juego y sobre todo un magnífico disparo. Es su tercera etapa en el Olympiacos, equipo en el que dio lo mejor de sí durante su carrera y donde logró sus mejores marcas anotadoras. Ya está lejos del nivel de los 15 goles y 11 asistencias conseguidas hace unas pocas campañas, pero sigue siendo el futbolista más peligroso de los griegos si tiene el día inspirado. No explotó tanto como se preveía en su etapa en el Sporting, sin embargo, ha hecho carrera entre el conjunto griego y sus años en la Premier League defendiendo la camiseta de los Wolves. Un jugador al que no se debe dejar pensar cerca del área porque saca unos latigazos fantásticos con su diestra.
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El formato de la Euroliga convierte buena parte de la liga regular en un largo vals de partidos donde el resultado inmediato casi nunca es definitorio. Se puede tropezar en noviembre y acabar volando en abril. Sin embargo, Scariolo, viejo zorro conocedor del circo que rodea al club que entrena, llegaba con semblante serio al enfrentamiento contra el líder de la competición. No porque una derrota fuese definitiva, sino por la certeza de que a sus muchachos les está costando encontrar sensaciones. Ni siquiera en el desmedido entorno blanco se puede hablar de crisis, pero sí hay algo de desconcierto, lo que conlleva ese perenne ruido de fondo que tantas veces menoscaba la tranquilidad necesaria para la construcción de algo a medio plazo.
Los merengues aterrizaron en Bulgaria con una sombra interior: la sospecha de que su baloncesto está estrechado desde el inicio de temporada. Ante porcentajes muy grises desde el perímetro, el ataque del Madrid se ha convertido últimamente en un constante asalto al aro por dentro, insistente pero legible, casi confesional. Las defensas rivales ven facilitada su labor si no hay amenaza de tres, por lo que les basta con amontonar hombres en la zona. Vencer al Zalgiris encestando solo dos triples -nueve intentados- constituye una hazaña tan excéntrica que puede venderse simultáneamente como una proeza o como una debilidad: sí, se ganó, pero al mismo tiempo se exhibió una anemia exterior preocupante.
Ante el Hapoel, sin embargo, algo se movió. El balón, esta vez, encontró refugio también más allá del 6,75. Los triples, viejos amigos reaparecidos, abrieron la pista como quien descorre cortinas en un salón que parecía más pequeño. De pronto, el ataque no era un monólogo interior, sino un dueto entre dentro y fuera. Y en ese vaivén, el Madrid respiró mejor. El 36-39 al descanso no era un marcador imponente, pero sí reflejaba una declaración de intenciones: se puede ganar sumando amenazas, no solo insistiendo en una.
el ataque del Madrid se ha convertido últimamente en un constante asalto al aro por dentro, insistente pero legible, casi confesional. Ante el Hapoel, sin embargo, algo se movió
Por otro lado, donde el equipo blanco mostró su verdadera piel fue atrás. Hubo tramos en los que Micic, señor de la Euroliga, parecía atrapado en un laberinto de ayudas, manos y sombras, respirando por una rendija. El Madrid le complicó cada recepción, cada bote, cada lectura; cuando el talento no fluye, el control bascula. El equipo de Scariolo creció a partir de una dirección inteligente de Campazzo, acompañada de la habitual intimidación de Tavares -demasiado errático en los tiros libres- y de la versión más concentrada de Hezonja, la que parece levitar un segundo antes de saltar. El croata fue el armazón invisible, el aire alrededor de la acción, el tipo que no solo anota, sino que interpreta. Se le ha pedido que esté con mayor regularidad: no se puede negar que, en la cancha del líder de la Euroliga, estuvo.

Tras la reanudación, los israelíes aumentaron su intensidad, ajustaron el rebote y trataron de castigar las pérdidas del Real, auténtico agujero negro. Cerrado el grifo por dentro, el acierto desde la línea de tres les permitió ponerse por delante, aunque la brega de algunos secundarios, como Abalde o Feliz, mantuvieron a flote a los madridistas. El Hapoel puso a prueba los nervios blancos al devorar una ventaja en los últimos minutos: se volvió a sentir esa corriente fría que aparece lejos de casa cuando la grada ruge y el reloj se afila. No obstante, un par de contraataques de Deck y Mario dejaron el electrónico en un esperanzador 71-75. En ese instante decisivo, un gris Maledon se resbaló en la posesión que estaba llamada a sentenciar, la cual concluyó con un triple -muy posible que pisando la línea- de Motley.
Acaso este partido se convierta en un punto de inflexión, el viraje necesario en el ánimo de una plantilla sobresaliente. Hay triunfos que valen más que los puntos: valen silencio ante la crítica y memoria en el vestuario.
Los fantasmas se cernieron sobre el dubitativo espíritu merengue, por lo que Scariolo trató de refugiar a los suyos en la defensa. Deck, rocoso y preciso, secó la última acción del Hapoel, empujando el guion hacia un uno contra uno aislado de Maledon. El francés se jugó la bola —falló— y el rebote fue a parar a Hezonja. Y ahí, en ese segundo suspendido, el MVP del partido cometió una insensatez: en lugar de agotar los nueve segundos, lanzó un triple desde ocho metros, quizá convencido de que el balón no había besado el aro antes. Fue un latigazo de impulso, un soplo de caos. Hubiera sido una injusticia tremenda que su colosal actuación se hubiese visto empañada.
Por fortuna, el Hapoel también erró. Y en ese fallo ajeno se selló la victoria blanca. Decíamos que el formato de la Copa de Europa actual disminuye el valor de los encuentros de la liga regular. Pero ganar en la cancha del líder, en un final así de apretado, reencontrándose con la defensa y con el triple, puede ser algo más que una victoria aislada. Acaso se convierta en un punto de inflexión, el viraje necesario en el ánimo de una plantilla sobresaliente. Hay triunfos que valen más que los puntos: valen silencio ante la crítica y memoria en el vestuario. Y este huele a uno de esos.