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Cartas de un madrididista millennial: El Madrid, siempre robando

Cartas de un madrididista millennial: El Madrid, siempre robando

Escrito por: Pablo Rivas29 enero, 2023
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Se había hecho esperar, y tenía que suceder. Ya hubo una tentativa tímida con aquella caída de Lewandowski en el área del Bernabéu, pero la debilidad culé demostrada aquel día no permitió que cuajase como argumento. Ciertamente, el mes de enero supone una demora insólita. Pero al final todo llega, no conviene desesperar. Tras la caricia de los tacos de Reinildo a la pierna de Rodrygo en el Metropolitano, tras el cariñoso saludo con que el Papu Gómez obsequió a Valverde en su visita a Madrid, tras el sugestivo criterio para considerar que Gazzaniga controlaba el balón con la mano mientras lo atraía con el guante hacia su cuerpo, tras el aplauso que el vallecano Balliu le dedicó a Vinicius bien cerca del oído -sin duda para que el brasileño pudiera advertir mejor su admiración-, tras el paternal abrazo heterodoxo con que Fali quiso premiar la nobleza de Goes, tras el comedido intercambio de pareceres entre Parejo y Rudiger en el área de Villarreal y tras el masaje de tobillo del corajudo Araújo en la Supercopa, por fin la balanza de la polémica, esa que sentencia a qué lado caen las jugadas que ahora llaman grises como a la policía del franquismo, se inclinó el otro día, por primera vez de manera clara esta temporada, en favor del Madrid.

Camavinga Atleti

Corría el minuto 71 del encuentro cuando un balón bajaba del cielo en la frontal del área del Madrid. Daniel Ceballos levantó la pierna para intentar ahuyentar el peligro, no se sabe si con un nuevo despeje o con un arriesgado control de los suyos. Sin embargo, ajeno a la presencia de Lemar al hallarse de espaldas a él, terminó golpeando la rodilla del rojiblanco cuando este se le anticipó en la disputa del balón. Falta clara, posible segunda tarjeta amarilla. Las miradas de media España se depositaron en el árbitro, anhelantes, como la de aquel centurión de Cafarnaúm en Jesús de Nazaret. Una palabra tuya bastará para sanarme. El colegiado solo señaló falta, y con ello decretó el final del encuentro. Lo que vino después, las rectificaciones de Ancelotti para arreglar su propio desaguisado, el excepcional despliegue de Camavinga, el golazo de Rodrygo, la impotencia de Simeone… constituye una propina insignificante, casi una molestia que puede distraer de lo verdaderamente importante. Cómo escribir poesía después de Auschwitz, se atreverá algún adornado cronista.

El antimadridismo ve los partidos de su eterno rival esperando que pierda o que robe, y no se sabe qué le proporciona más placer. O quizá sí, no en vano habitualmente no hay mejor riqueza que tener razón. El verbo empleado, por cierto, posee su importancia. El Madrid no es beneficiado, ni siquiera ayudado. El Madrid roba. Es decir, su condición no es pasiva, como la de un ciudadano que se encuentra un billete de cincuenta euros. Así solo le llegan los goles en los que el árbitro no interviene: fruto de la casualidad y la mala suerte del adversario, exentos de cualquier mérito. Pero en las acciones polémicas toma parte activa, ejerce su poder, tan invisible e indemostrable como todos los dogmas de fe –al fin y al cabo, el antimadridismo constituye una religión no precisamente minoritaria-. Cada temporada, mientras los blancos se afanan en recorrer trabajosamente el camino hacia los títulos, otros escriben el relato impugnador de la travesía colocando las cerezas más feas en la superficie del mostrador, justo al contrario que los tenderos. Al final de año, un youtube recopilatorio con cinco o seis jugadas inundará las redes sociales y los grupos de whatsapp, compitiendo con los mensajes fake acerca de la pandemia o con los artículos falsamente atribuidos a Reverte, y el posible trofeo, de haberse alcanzado, será indefectiblemente puesto en solfa. Habrá que estar atentos por si el vídeo empieza a circular en febrero; de ser así, podremos confirmar que la llegada del primavera se ha adelantado. Porque la llegada de la primavera ya no la marcan las golondrinas de Bécquer ni las alergias. O, al menos, no las alergias al polen.

El antimadridismo ve los partidos de su eterno rival esperando que pierda o que robe, y no se sabe qué le proporciona más placer. O quizá sí, no en vano habitualmente no hay mejor riqueza que tener razón

Por otro lado, esta guerra fría no tiene efectos restringidos a lo simbólico. No se trata de un mero reparto de papeles en el que verse reflejado más guapo. Del mismo modo que los entrenadores de baloncesto fuerzan muchas veces la falta técnica para condicionar, por psicología inversa, el criterio de los colegiados, la señalización del Madrid como club injustamente favorecido busca también réditos más espurios y menos inocentes. Conviene recordar, por acudir a un ejemplo de tu época, que tras lo de Guruceta –epítome legendario capaz de poner de acuerdo a un franquista como Montal y a un comunista como Vázquez Montalbán-, hubo fastuosa generosidad en las compensaciones: cincuenta millones para la construcción de un pabellón de hielo y el nombramiento como delegado nacional de Deportes al falangista y gerente del FCB Juan Gich i Bech de Careda. No solo de pan vive el hombre. Pero tampoco solo de mitos.

Una vez asumido el carácter ilegítimo de los triunfos del madrid, al club solo le queda centrarse en ganar, sin gastar un ápice de esfuerzo en justificarlos

De cualquier modo, la perenne refutación a los logros madridistas, efectuados o hipotéticos, posee una consecuencia positiva para nuestra institución. Una vez asumido el carácter ilegítimo de los mismos, al club solo le queda centrarse en ganar, sin gastar un ápice de esfuerzo en justificarlos. Acaso suponga la verdadera explicación para un palmarés histórico tan colmado de éxitos: sin nada que perder en lo alegórico, solo puede buscarse el sentido en el resultado. Quizá el antimadridista cave su propia tumba al cerrarle las salidas metafóricas a su enemigo, convertido en una bestia asustada y acorralada. En tiempos de escasez de bienes –en la sociedad mediática el relato es un bien-, hay que refugiarse en lo sólido. Y, como saben los especuladores, el oro siempre es un valor seguro. La plata de ley de los trofeos, también.

Cuídate. Volveré a escribirte pronto.

Pablo.

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@lagalerna_ Guardiola es como Julio II, que según Erasmo de Rotterdam, cuando murió le daba consejos a Dios sobre cómo administrar el Paraíso; al final lo acabaron expulsando por brasas y dijo que se construiría un Paraíso mejor y más bonito.

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