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Caminando por la depresión

Caminando por la depresión

Escrito por: Athos Dumas17 enero, 2018
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Cuartos en la clasificación, aunque con un partido menos, lejos del líder (a 19 puntos) y también a una importante distancia del segundo (10 puntos) y del tercero (8 puntos), el Real Madrid atraviesa desde el día del Clásico una depresión que parece no tener fin.

Su última victoria importante fue hace un mes, el 16 de diciembre, en Abu Dhabi, cuando conquistó su cetro mundial ante el Gremio brasileño. Hay que remontarse hasta el 9 de diciembre para encontrar su último triunfo en la Liga, un espléndido 5-0 ante el Sevilla que ya casi nadie recuerda. Más de un mes desde entonces.

Pese a que en la segunda parte ante el FC Barcelona y en el partido en Balaídos (2-2) el equipo no estuvo a la altura, poco he leído sobre lo poco justa (si es que en fútbol hay justicia) que fue la derrota el pasado sábado ante el Villarreal. Este encuentro debió de terminar siendo una goleada blanca y a nadie, ni siquiera a los del “Submarino amarillo”, les hubiese parecido extraño. Como bien decía Di Stéfano, los goles no se merecen, se marcan. Muchos han criticado las palabras de Zidane en el post-partido, pero la sencilla clave, al menos de lo del sábado, fue en no haber sabido batir a Asenjo en toda la tarde.

No todo lo que está pasando en la temporada liguera se puede explicar con la falta de puntería, por supuesto. Todo son teorías al respecto, la mayoría basada en sensaciones o intuiciones, pocas en informaciones fidedignas. Algunas tan banales, como la de que los nuestros tienen “el estómago lleno”, son directamente desechables, aunque numerosos medios las sacan a relucir casi a diario.

el partido ante el villarreal debió acabar con goleada del real madrid

Algo más de sentido tiene la de “el halago debilita”: es más que posible que todo el equipo o mejor dicho que todos en el club tras el final de temporada pasado y el espectacular inicio en el mes de agosto, con las conquistas de las dos supercopas -borrando del mapa literalmente a sus rivales-, pensasen que el resto de la temporada iba a ser coser y cantar. Quien más quien menos pensó en aquellos momentos (desde luego yo entre ellos) cuando todavía estaba abierto el mercado estival de fichajes, que no hacía falta ningún refuerzo más aparte de los repescados Vallejo y Llorente y de los fichajes a futuro de Theo y Ceballos, ambos arrebatados a un Barça por aquel entonces en plena depresión post-Neymar.

Puede haber indudablemente un componente físico, no siempre se acierta con la tecla adecuada con la preparación, y los jugadores no son maquinarias perfectas. Se ha notado un cierto desgaste, especialmente en la línea medular que maravilló a propios y extraños en las dos últimas temporadas.

Tampoco se puede achacar los bajones que padece el equipo en las segundas partes a la edad de los jugadores. Cristiano, que va camino de los 33, refleja frescura física a mi entender, y Modric (32) por ejemplo fue el mejor con diferencia en Abu Dhabi. Ramos (31) y Benzema (30) son los otros jugadores, junto con los dos porteros (ambos con 31)  que sobrepasan la treintena. No parece la edad el problema principal, ni mucho menos. Más bien habría que encontrar el origen de las causas en una combinación entre falta de fondo físico, hastío mental y, sobre todo, exceso de ansiedad.

La falta de gol es un hecho, a día de hoy llevamos una media de un gol menos por partido que en la temporada anterior, alrededor de 20 goles menos en 18 partidos que en la mayoría de las 8 temporadas anteriores, la cual es una cantidad enorme que nos hubiese dado muchos más puntos de los que tenemos en la tabla. No recuerdo ninguna época en la que a final de la primera vuelta de la liga nuestro mejor goleador tan solo llevase 4 goles anotados. En especial, llama la atención la cifra absolutamente raquítica que lleva Cristiano, cuando en la competición europea, transcurrida en los meses de otoño, superase el récord goleador en fases previas de la Champions. Para mí, un fenómeno inexplicable.

Parece que no habrá fichajes de invierno finalmente, pese a los rumores incesantes de la llegada de Icardi a la plantilla. Así pues, la fórmula de aquí a junio, con la plantilla que se elaboró en agosto y sin mover ni una pieza, es ir a por todas con el axioma que ya dijo hace unos días Zidane: “Trabajo, trabajo y más trabajo”. Una pauta básica desde luego, pero que seguramente es la mismo que empleó Valverde al acabar la vuelta de la Supercopa de España a mediados de agosto pasado, cuando el Madrid pasó como una trituradora (5-1 en el global de la final) por encima de su FC Barcelona.

Vamos a superar esta depresión. Peores depresiones y momentos delicados hemos pasado con nuestro equipo, y sin remontarnos muy lejos, recuerdo que, en la era Messi del Barça, padecimos recientemente años verdaderamente fantasmagóricos: 2009, con un pleno del Barça, o 2015, con 5 títulos de 6. En esos dos años no tuvimos ni un solo consuelo al que agarrarnos, ni propio, ni fomentado por causas externas.

En 2010 por ejemplo, a las órdenes del ingeniero Pellegrini, el del discurso del “puntaje” y culpable máximo del “Alcorconazo”, recuerdo que la mayor alegría –patética alegría desde luego si lo pensamos seriamente– fue ver cómo el FC Internazionale de Mourinho cortaba el paso al Barcelona en la “noche de los aspersores” lo cual les impidió disputar la final, y quizás ganarla, ante el Bayern en el estadio Santiago Bernabéu, lo cual habría supuesto una estocada hasta la bola para nuestra afición.

En 2011, ya en tiempos de Mourinho en la Casa Blanca, los madridistas gozamos ganando una Copa del Rey –¡una Copa del Rey!– precisamente porque fuimos el primer equipo español que detuvo al Barcelona de la era Guardiola. Pero en Liga y en Champions fuimos fulminados –con ayuda de Wolfgang Stark ciertamente en la semifinal europea– por los culés.

en 2010, nuestra mayor alegría fue la eliminación del barça a manos del inter

En 2013, otra vez tuvimos que recurrir a “factores externos” para tener una alegría: tras una pésima liga, nos consolamos con el 7-0 que el Bayern de Heynckes le infligió al Barcelona de Tito Vilanova –mientras nosotros fuimos incapaces de llegar a la final tras la goleada sufrida 4-1 en Dortmund–. Y acabamos la pesadilla de aquél año cayendo ante el Atlético de Simeone en nuestro propio estadio.

Cinco años horribles fueron aquellos (2009,2010, 2011, 2013 y 2015) que hemos sido capaces de compensar con buenos años (2012, 2014, 2016 y sobre todo con un fenomenal año 2017).

La memoria en fútbol es flaca, y para un madridista parece que incluso lo es menos. Hace un mes alzamos un título importante (puesto que solo lo puede disputar el Campeón de Europa) y parece que nadie lo recuerda. Por supuesto que da rabia tener la liga más que perdida en el mes de enero. Pero aquí se viene llorado de casa. Hay que darlo todo en las competiciones que aún podemos ganar, y, por supuesto, tenemos que competir dignamente en la Liga, sin dejarnos vencer por la depresión.

No puedo dejar de creer y confiar en un equipo que nos lo ha dado todo, y en el que –creo que coincidimos todos– sigue siendo un equipazo de primerísimo nivel. Por lo pronto, mi colega francés hincha furibundo del PSG, con la liga francesa ya en su zurrón, les puedo asegurar que pese al tridente MCN (Mbappé-Cavani-Neymar), pese a Verratti, a Draxler, a Rabiot o a Di Maria, pese a que se jugará la vuelta en el Parque de los Príncipes, nos teme más que un gato al agua hirviendo. Tenemos que confiar: el Real Madrid sigue infundiendo más respeto y temor de lo que nosotros mismos pensamos.