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Un Real Madrid acorazado

Un Real Madrid acorazado

Escrito por: Antonio Vázquez24 julio, 2020
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Golpe de timón maestro de Zidane, que ha vuelto a demostrar una inigualable capacidad de adaptación

Se respira un fétido aroma a desdén mediático a la hora de darle consideración al título de liga conquistado por el Real Madrid hace ya unos días. Dentro del manido argumentario de menosprecios destaca el que señala que el campeonato lo perdió el Barcelona y no lo ganó el Madrid. Este simplismo es tan ridículo que no invertiré ni un segundo en desmentirlo. También es habitual escuchar y leer el razonamiento que apunta a los árbitros y al VAR como culpables del éxito madridista, pasando de puntillas sobre el hecho de que el 95% de las decisiones en las que estuvo inmiscuido el Real Madrid en los 11 partidos disputados desde la reanudación del torneo eran inapelables con el reglamento en la mano. Y el 5% restante de lances fueron dudosos, nunca errores manifiestos que pudieran catalogarse como robos. También se esfumaron de repente las 27 jornadas anteriores. En todo caso, la tesis para despreciar el éxito de Zidane y los suyos en la que me quería detener era aquella que apela al supuesto mal juego del equipo para alcanzar su objetivo, su cambio de registro hacia uno más defensivo y, por lo tanto, peor. Donde muchos ven un hecho vergonzante, yo considero que hay una transformación colectiva memorable, además de un golpe de timón maestro de un entrenador que, ante los prejuicios, ha vuelto a mostrar una inigualable capacidad de adaptación a distintas circunstancias.

No dispone el Real Madrid de una plantilla diseñada para brillar en la faceta defensiva. Sólo Casemiro es un especialista puro en la destrucción en la medular, e incluso la mayoría de los defensas del equipo están más cómodos enfilando el campo contrario que jugando cobijados cerca de su guardameta. A priori, amontonar líneas, reforzar la estructura defensiva y optar por el orden antes que por el ataque a ultranza, parecía un mal negocio para un grupo de jugadores habituado siempre a focalizarse en lo ofensivo. Y por eso esta metamorfosis es especialmente meritoria. No es lo habitual que futbolistas consagrados, estrellas habituadas durante toda su carrera a jugar de un modo determinado, estén dispuestos a sacrificarse, a descender a la mina a picar, a esforzarse en la recuperación y en la presión, aunque se resienta su participación ofensiva. La capacidad de persuasión de ZZ queda fuera de toda duda. El Madrid más solidario ha mostrado a futbolistas como Vinícius, Asensio, Isco o Benzema persiguiendo sin descanso a sus rivales en un curioso mundo al revés. Lograr que todos los hombres empujaran en pos del beneficio colectivo es la definición más académica de equipo, pero todos coincidiremos en que cuando se alcanza la élite futbolística no es ésta una norma inquebrantable. Además, no hace tanto se atacaba a este grupo por su ausencia de ‘hambre’ de títulos, tras un lustro inigualable. Nadie habría dicho que estos jugadores están completamente saciados observando su entrega sobre el terreno de juego esta temporada.

No estoy, ni pretendo estar dentro de la mente de Zidane, pero creo que los once partidos en los que dirigió al equipo desahuciado en la anterior liga fueron el germen de la racha de 10 victorias que certificaron el campeonato recién concluido. El galo pudo analizar desde dentro las fortalezas y debilidades de su plantel y prescribió sus recetas para mejorar el nivel general y encontrar otro enfoque futbolístico. Sin el potencial rematador de Cristiano Ronaldo y con un Bale empequeñecido, era obvio que mantener la querencia por el ataque en avalancha no era la mejor opción. Otra evidencia es que, por una mera cuestión de edad, futbolistas como Sergio Ramos o Marcelo carecen hoy de la velocidad y el físico para replegar y emplearse al nivel requerido a campo abierto. Ante este escenario sólo existen dos opciones. La primera, afrontar una imposible remodelación profunda del equipo, tratando de mantener además un nivel competitivo que permita seguir en la pugna por los títulos. La segunda, emplear buena parte de la materia prima que tan bien conocía, pero con un estilo futbolístico completamente diferente. Cuando el camino a la cima es demasiado escarpado e impracticable, el montañero inteligente para, analiza y encuentra una ruta más despejada.

El resultado de la transformación ha sido precisamente que Ramos, Varane o Casemiro han firmado una de las mejores campañas de su carrera. Habitualmente, desempeñar sus roles en el Real Madrid supone un ejercicio de altísimo riesgo. Lo normal es enfrentarte a rivales en inferioridad de condiciones, con la mayor parte de tus compañeros volcados en el ataque. En cambio, esta temporada ocupar alguna posición en la zaga ha sido una labor más sencilla y agradecida. No hay más que ver el número de amonestaciones para saber que el peligro a asumir ha sido mucho menor. Cuando hay muchos compañeros cerca, la jugada se emborrona, es más frecuente que el atacante se trastabille y se reducen las posibles líneas de pase. El cambio colectivo ha funcionado, y de qué manera. No sólo se han encajado muy pocos goles, sino que apenas se han concedido ocasiones al rival en muchos partidos. El Madrid ha defendido bien casi todo el año, y de forma excelente en un memorable sprint final. No sé si este es el modelo que quiere reforzar Zidane para el presente y el futuro. Lo que tengo claro es que habría que dejarle hacer, y atender en la medida de lo posible a sus peticiones. Sin duda, se lo ha ganado a pulso. Y no es la primera vez.

Por suerte, la afición del Madrid (o al menos la mayor parte) no es intransigente con el uso de diferentes estilos de juego. Lo que se exige son resultados y competitividad, y esas metas se han alcanzado en esta ocasión. La mayoría celebramos el trabajo, el sudor y la entrega de los nuestros tanto o más que un control mágico o un regate brillante. Dijo el novelista británico Arnold Bennett: “Es más fácil caminar colina abajo que hacia arriba, pero las mejores vistas se ven desde lo alto”. Este Madrid ha sufrido para alcanzar el cénit, en un esfuerzo poco frecuente en los últimos años. Por eso es tan importante valorarlo.

 

Fotografías Getty Images.

Antonio Vázquez