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Benzema y los gritos del silencio

Benzema y los gritos del silencio

Escrito por: Mario De Las Heras13 julio, 2020
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Cuánto hemos hablado del nueve en estos últimos años. La marcha de Cristiano dejó un enorme vacío que casi todo aficionado pensó que sería la urgente posición a reponer. Todos esos nueves posibles se quedaron por el camino y casi nadie lo podía creer. El peso del delantero se había echado todo en Benzema, el jugador que había hecho de condensador de fluzo, de pared, de asistente, de ayuda de cámara discreta, silente, durante una década.

Los antibenzemistas clamaron ante la blasfemia táctica por la que casi se sentían atacados. El griterío fue ensordecedor durante meses y meses hasta que Benzema, como había hecho siempre, trabajando en silencio, creando en silencio, sabedor de su talento y de sus posibilidades, fue callándolos a todos, casi uno a uno, como si los hipnotizara. Yo cada día me encontraba un nuevo antibenzemista sin palabras. Donde antes había un ruidoso descontento, ahora había un mudo con la sonrisa reticente, pero con los delatores ojos alegres.

Benzema los había ido convenciendo como si nunca hubiera desistido de poder enseñarles sus poderes sutiles y secretos, no aptos para cualquier aficionado. Ese aficionado había sido silenciado finalmente, se diría que convertido sin más remedio al benzemismo como al silencio. Porque Benzema es el silencio como el anuncio de aquellos aires acondicionados. Y no solo el silencio sirve al benzemismo sino también los goles. Los goles, estruendosos en esencia, terminaron de atraer al reacio y mostrarle las maravillas de la estética y la quietud.

Benzema se hizo el nueve que había sido siempre, aunque necesitaba recambios. Jovic era la opción tomada esta temporada y Mariano la anterior. Ambos habían mostrado en sus anteriores destinos interesantes maneras. Pero ninguno de ellos está disponible en los momentos definitivos de la temporada como el de hoy. Del serbio se podría escribir casi una novela de andanzas picarescas. No buscaba el Madrid un buscavidas de extrañas costumbres sino un goleador al uso. Un delantero marcador como Mariano, cuya potencia rematadora prometía ser un caballo de carreras ganador si se conseguía domar primero, y luego regular.

Pero no están. Jovic por causas difíciles de justificar tras las sucesivas recaídas en su dudoso comportamiento, y Mariano por la recurrente y misteriosa baja de última hora. El Madrid se va a jugar esta liga con el único nueve que siempre está y que siempre ha estado. Quizá no me arriesgo mucho si digo que siempre estará. El mismo nueve que no les servía a tantos es el único nueve que les ha respondido completamente sin hacer ruido, casi jugando insistentemente de puntillas entre abucheos, mientras esos mismos abucheadores hoy rezan para que no se les lastime la leyenda.

Ese delantero especial, distinto, cuestionado hasta límites desconocidos está sosteniendo e iluminando al Real Madrid cuando el Real Madrid más le necesitaba, como si se hubiera quitado las gafas para lucir el rostro del héroe que quizá sostenga en el aire un helicóptero o gane una Liga y por qué no una Copa de Europa y con ello, y con menos, puede que el Balón de Oro para terminar una de las más bellas historias del fútbol jamás escritas.

 

Fotografías Getty Images.

 

Mario De Las Heras
Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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