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Hemos venido a emborracharnos, el resultado (no) nos da igual

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Hemos venido a emborracharnos, el resultado (no) nos da igual

Escrito por: La Galerna13 julio, 2020
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Buenos días. El Cádiz vuelve a ser equipo de Primera y, comoquiera que es un club que cae bien a todo el mundo y nosotros entramos dentro de ese vasto conjunto, en La Galerna lo celebramos sin reservas. Lo celebramos a pesar de haber sido en alguna ocasión blanco (nunca mejor dicho) de la rechifla de una afición única (“Cheryshev, te quiero”) a la que habrá que perdonar que una representación de la misma haya protagonizado aglomeraciones de júbilo difícilmente compatibles con la era de pandemia que aún -hay que subrayar lo de “aún”- vive el planeta en el que estamos. El Cádiz resulta simpático a la práctica totalidad de quienes conocen su existencia, incluyendo un Michael Robinson que formaba parte de su capital y que por pocos meses se ha perdido la Premier de su Liverpool y el ascenso de sus huestes gaditanas. La vida es a veces despiadada. Un recuerdo para Robin.

La simpatía intrínseca a la afición de la tacita de plata se debe a multitud de anécdotas, entre las que se cuentan sus cánticos permanentemente chirigoteros, se esté o no en Carnaval, siendo “Hemos venido a emborracharnos / el resultado nos da igual” uno de sus estribillos más celebrados. Lo coreamos con ellos, si ellos nos lo permiten, en susurros por estar aún parte de la familia dormida y aunque a estas horas a duras penas nos entra un café con leche, pero todo sea por solidarizarnos con la causa. Pídasenos que nos emborrachemos en estricta solidaridad con el Cádiz, pero no se nos pida, por favor, que el resultado nos sea indiferente. Somos madridistas, al fin y al cabo, y aunque nos tomamos la vida con humor sucede que lo de ganar nos lo tomamos endiabladamente en serio. Hemos venido a emborracharnos, por qué no, pero el resultado (llegados a este punto de la Liga) no nos da para nada igual.

 

Cuenta una leyenda nórdica que prendidas a las barbas vikingas de Ramos , bajo esa maleza inexpugnable, hay mil anhelos de mil doncellas rubicundas que ataron a la pilosidad del ídolo mil lazos blancos a manera de ensalmo liguero. Hay muchas ilusiones puestas en esta Liga que esta noche conocerá un nuevo episodio dramático en la visita de los de Zidane a los Cármenes. Otra final, amigos, y una en la que el rival se juega mucho de nuevo. Ha querido el Destino que en este final y decisivo tramo nos enfrentemos a adversarios que tienen en liza bien su permanencia, bien su clasificación para competiciones europeas. Todo muy conveniente para el Barcelona, que de este modo se ahorra el proverbial trajín de maletines. No sabemos con qué los habrían llenado este año habida cuenta de la galopante crisis de liquidez que atraviesan los de Bartomeu, ese presidente que no vacila en poner en entredicho la limpieza de los triunfos de su rival con tal de tapar el resultado de su nefasta gestión deportiva y financiera. Y es que la caída en picado de los estándares éticos blaugranas (de los que tanto presumieron siempre, hayan o no existido alguna vez) es algo digno de estudio. Que le pregunten si no a Setién, ese señor que se queja de absolutamente todo y que aún tiene tiempo de meter el dedo en la llaga en la misma hora del descenso de un club vecino. O a la prensa cataculé, que reclamaba a voz en grito que le dieran la Liga al Barça, sin que se reanudase la competición, cuando la gente moría a un ratio de cientos y cientos por día, y que ahora (no es en el fondo de extrañar vista su catadura) pretende ensombrecer la posible victoria final en la Liga del eterno rival con manifiestas acusaciones de corrupción. Hoy, sin embargo, vienen relativamente tranquilitos, limitándose a poner velas al Granada en la esperanza de que Soldado y los suyos les echen una mano.

 

Bonita apoteosis de plegarias gratuitas la que despliega Sport, fiando al Granada y luego al Villarreal la tarea que el propio Barça no está siendo capaz de llevar a buen puerto merced a su juego paupérrimo, solo maquillado por llantos sin tino. En el colmo del wishful thinking, los de Folch se descuelgan con una cortinilla en negro que no por enigmática resulta menos risible. “Zidane solo tiene a Benzema”. Sí solo tiene a Benzema, podemos encontrarnos con la primera ocasión en que seamos capaces de vaticinar un once del divino calvo sin temor alguno a errar.

 

Pasad un buen día.