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Qué bello sería vivir sin tener que hablar de los árbitros

Qué bello sería vivir sin tener que hablar de los árbitros

Escrito por: Juanma Rodríguez28 septiembre, 2015
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A mí no me gusta hablar de los árbitros. Lo juro, no me gusta. Odio hablar de arbitrajes. Cuando tengo que hablar de los árbitros me descompongo y es un debate que intento aplazar con todas mis fuerzas. Y, sin embargo, me veo abocado a hablar de los árbitros una y otra vez puesto que los antimadridistas no hacen más que hablar de ellos.

A nadie le gusta hablar de los árbitros, tampoco a los antimadridistas, o al menos eso dicen, y sin embargo nos tiramos toda la semana haciéndolo. Yo, ya lo he dicho, sufro mucho hablando de arbitrajes, más que nadie en realidad... pero me veo acorralado, entre la espada y la pared, indefenso. Y, lo confieso, tengo miedo, tanto como cuando se me aparece la imagen de Regan McNeil vomitándole encima al padre Karras los fideos y la compota de frutas; tanto como cuando, en la sierra, por la noche, hace ya demasiados años, escuchaba en la Cadena Ser al maestro Antonio José Alés (a quien mucho tiempo después tuve el inmenso privilegio de conocer en Radio 16) contar con ese vozarrón suyo que sacaba de no sé dónde aquellos cuentos de terror que te dejaban literalmente tiritando; una vez le pedí que me leyera uno en vivo y en directo, tendría yo veintisiete o vientiocho años, y debo confesar que me cagué en los pantalones. Así que si ahora pudiérais verme, veríais a un hombre miedoso y aterrado, a alguien literalmente acojonado porque no quiere hablar de... ¡¡¡los árbitros!!! (Añádase aquí, don Jesús, si es posible, un efecto sonoro aterrador de gritos y de gente corriendo por los pasillos).

(Nota del E.: Esto es lo que pude encontrar, Juanma. Te debo unas carreras por los pasillos).

El sábado, un árbitro escamoteó un gol legal al Real Madrid y señaló fuera de juego de Modric en una jugada que muy previsiblemente habría supuesto un remate fácil ante Kameni. Este inconveniente arbitral no casa demasiado con las insidias de Simeone, primero, y el periobarcelonismo, después, en cuanto a que esta Liga quedó cocinada para el club blanco el mismo día que se sorteó el calendario. Si la cocina fuera tal, el árbitro no habría tenido más que sazonarla dejando que el gol legal subiera al marcador o no impidiendo que Cristiano o Benzema, o a lo mejor los dos, ya no recuerdo, remataran a puerta solos ante el extraordinario portero del Málaga. Y es curioso: la Liga sí estaba cocinada en el partido contra el Granada, en el que por cierto, y pese a todo lo dicho, al Madrid se le perjudicó notablemente, pero el debate, de repente, desapareció ayer de las redes sociales, y, lo que es aún peor, de todos esos objetivísimos programas de radio y televisión con que nos regala el periodismo deportivo patrio. Así que la Liga únicamente está cocinada cuando el árbitro favorece con sus decisiones al Real y pasa a no estarlo cuando, a la semana siguiente, hay decisiones que le perjudican. Los enemigos del Madrid piensan que no hablando de un mal arbitraje contra el club blanco éste simplemente hace "¡bluf!" y desaparece, pero no es así. Y, si lo es aparentemente, nosotros tenemos que reavivar el debate hasta que todos, tirios y troyanos, concluyamos desde una y otra barricada, que nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia, nadie volverá a hablar de los árbitros.

Hay madridistas que piensan que hablar de los árbitros es vulgar, que no está a la altura del diez veces campeón de Europa, que es de equipo pequeño. Y yo estoy de acuerdo con ellos... en parte.

Hablar de los árbitros es vulgar, sí, pero si todo el mundo lo hace y el Real Madrid no participa de ese debate puede transmitirse al exterior la equívoca idea de que es cierto y que, efectivamente sólo hay un equipo que se ve claramente beneficiado. No es así. De hecho, apostaría lo que fuera a que al Madrid le perjudican mucho más que le benefician, lo que sucede es que ninguna actuación arbitral es tan milimétricamente escrutada como aquellas que le tocan al Real. En el inconsciente colectivo español, que es irreversiblemente cainita y que se niega a reconocer los méritos del otro, que siempre se deben a alguna conjura exterior, existe la sensación de que al Madrid le han regalado históricamente sus triunfos, que son incomparablemente mayores que los del resto; y, para alimentar dicha teoría, se miente, se manipula y se difama como si no costara o como si no fuera a haber un mañana. Mientras eso sucede, mientras el antimadridismo introduce a la fuerza al Real Madrid en el barro de la infamia, hay socios y seguidores del club blanco que no quieren mancharse el traje para llegar con él impoluto a casa por la noche. Respeto (o no) esa filosofía, pero no la comparto: hay que calzarse las botas, remangarse y meter la mano hasta el fondo. Y escarbar. Sí, sí, escarbar. Escarbar como hacen los otros. Ojalá hubiera un debate futbolístico puro. Y ojalá existiera Clarence, el ángel de segunda clase de Qué bello es vivir. Qué bello sería vivir así, sin duda, qué bello... Qué bello sería vivir sin tener que hablar de... ¡¡¡los árbitros!!! (Repítase en este punto el efecto sonoro aterrador, si no es mucho pedir).

(N. del E.: Ya no había presupuesto para más gritos, Juanma. Te pongo en cambio la foto del clásico de Capra).

Jimmy-Stewart-in-Pottersville

Lo que yo creo, en suma, es que el Real Madrid, que no es una ONG sino un club de fútbol y de baloncesto, tiene que defenderse. En cuanto un árbitro beneficia al club blanco, enseguida convierten en trending topic lo de "Robo al... equipo de turno". Ayer, sin embargo, silencio sepulcral, ni una palabra, nada. Y, como diría Manuel Fraga, "hay que decirlo". Cuando al Real Madrid le perjudican, como ocurrió ayer, hay que decirlo. Hay que decirlo porque si no lo dices, si no lo gritas a los cuatro vientos como hace el resto, parece que al Madrid nunca le perjudican los árbitros, cuando probablemente le perjudiquen más que a los demás. Hay que quejarse y protestar y berrear... porque la Liga española es O.K. Corral y o desenfundas más raṕido o lo tienes crudo. Circula por ahí otra memez según la cual al Real Madrid le está prohibido hablar de los árbitros cuando se enfrenta a un equipo con menor presupuesto, así que, como el presupuesto merengue es el más elevado, no puede quejarse nunca. Yo mantengo justamente la teoría contraria: puesto que el Real Madrid maneja el presupuesto más elevado, y aporta por tanto más que los demás y es el que más se juega, puede (y debe) quejarse más cuando se siente perjudicado.

No sé si habré convencido a alguien con estas pequeñas disquisiciones, tampoco me importa demasiado. Es más: ojalá no haya convencido a nadie. Pero, al menos, me he quedado a gusto y he tenido ocasión de recordar al maestro de periodistas (este sí) Antonio José Alés, que Dios tenga en Su Gloria. Y a Henry Travers, que siempre ha sido un actor que me ha gustado mucho y que a buen seguro estará con Antonio José y tendrá, al fin, unas alas en condiciones. Y, ya que estamos, aprovecho para recomendaros que veáis todas las pelis de Frank Capra que podáis. Qué bello sería vivir sin tener que hablar de los árbitros, ¿no es cierto?...