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Banquillos efímeros: Camacho y García Remón

Banquillos efímeros: Camacho y García Remón

Escrito por: Javier Roldán15 marzo, 2020
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Algo más de tres meses duró la segunda experiencia de José Antonio Camacho como entrenador del Real Madrid. Un período breve pero en cualquier caso, de mayor duración que la primera vez, cuando ni siquiera llegó a sentarse físicamente en el banquillo. Antes de ser seleccionador, Camacho había abandonado el equipo en 1998 tras 22 días en el cargo y con la temporada sin empezar por desavenencias con la directiva. Con un dilatado paso por la Selección de por medio, el técnico murciano clasificó al equipo blanco para la Liga de Campeones tras vencer al Wisla en la previa, logró dos victorias en la apertura doméstica y sufrió una derrota en el estreno de la máxima competición de clubes, unida a la que provocó su definitiva marcha, contra el Espanyol en el tercer compromiso de Liga. "Creo que este año la junta, el presidente y la afición confiaron en que yo fuera el entrenador. Pero creo que el rendimiento del equipo no es el adecuado y estando yo ese rendimiento no mejorará. (…) Veo que a este equipo no le voy a sacar rendimiento. Para evitar una crisis mayor, lo mejor es que lo deje", sentenció Camacho el 20 de septiembre.

Esta vez la razón no era la junta directiva, sino los futbolistas. La plantilla a la que Queiroz había situado el año anterior en cuarta posición del campeonato nacional había sido reforzada con el central Samuel y el delantero Owen, pero sobre ella aún pesaba el lastre de la edad y la posible falta de ambición de jugadores que ya lo habían ganado todo. En el momento de acometer el fichaje del técnico de Cieza, Florentino Pérez había aducido la segunda de esas razones, argumentando que se apostaba por Camacho porque del equipo se había apoderado una "especie de desorden colectivo" que sólo podía ser controlado gracias al carácter de alguien como él. El asistente José Carcelén se marchó con Camacho, pero tras manifestar que la decisión había sido exclusivamente del entrenador, con buen juicio el presidente decidió que lo mejor sería dar continuidad al proyecto, ofreciendo el cargo al tercer espada del cuerpo técnico, Mariano García Remón, quien no tardó en aceptar. En su presentación, el ex portero madridista declaró que tomaba el puesto porque se lo pidieron Camacho y también Florentino Pérez. Aseguró que no había motivos para pensar que, recién iniciadas las competiciones oficiales, podría haber una revolución en el equipo.

Según algunos medios de prensa, los jugadores se quejaron de que la comunicación con Camacho no era la adecuada, ya que, en lo personal, debía hacerse a través del capitán del equipo y, en lo grupal, las indicaciones solían darse de modo poco claro y demasiado efusivo. García Remón eliminó las concentraciones y las supuestas vigilancias impuestas por Camacho a los jugadores, dando mayor flexibilidad para comunicarse con él. Poco después, Ronaldo aseguró que con el nuevo técnico el equipo había ganado la "tranquilidad que necesitaba". Por su parte, tras su estreno, García Remón opinó que se le daba demasiada importancia a si el entrenador del Madrid ha de ser más o menos duro, un análisis que consideraba incorrecto porque, para él, lo único que realmente debía ser es "una persona sensata". Aun así, de las declaraciones ofrecidas durante toda su estancia, se tradujo la idea de que lo que el equipo necesitaba era solidaridad, que los futbolistas entendiesen que todos tenían que trabajar en los entrenamientos y sobre el campo a la misma intensidad que el resto de compañeros, sin establecerse jerarquías, y que haría lo posible desde la dirección para que esto se alcanzase.

"Nuestro trabajo tiene que pasar por formar un bloque que trabaje, que luche. (…) A lo mejor este grupo no está capacitado para ganar tantos partidos con el tipo de juego que ha ofrecido desde hace cinco años. Ganar partidos así, despreocupando ciertas facetas defensivas, es difícil. Antes no era necesario atenderlas, ahora si no llegamos a ese nivel maravilloso, tendremos que pulir otros aspectos (…) Que haya más asociaciones, que los jugadores miren más unos por otros", advirtió el entrenador en su primera entrevista concedida a El País.

Además del fichado Owen, en aquella plantilla la línea ofensiva contaba con Zidane, Guti, Solari, Figo, Ronaldo o un poco utilizado Morientes, futbolistas de talante netamente ofensivo y todos en la treintena o cerca de ella. En esas circunstancias, Beckham y Raúl, igualmente cerca de los treinta años, parecían destinados a implicarse físicamente por el resto de atacantes, dadas sus características, pero el principal objetivo del nuevo entrenador fue tratar de que esta descompensación de esfuerzos no sucediese. Por ello aseguró que "la idea es que Raúl juegue de delantero-delantero. Limitarle un poco el trabajo, porque es tan generoso en el esfuerzo que a veces trabaja demasiado. Yo le he dicho que en el fútbol los que más kilómetros tienen que hacer son los centrocampistas, no los delanteros".

Tratando de adecuarse a la realidad, García Remón optó por un plan defensivo de espera y presión en campo propio y uno ofensivo de ataques rápidos: combinados en posesión, pasando por el pie de Zidane y Guti, y más directos en contragolpes, partiendo desde la bota de Roberto Carlos o principalmente desde Beckham. Además de lo limitado en lo físico de la plantilla, de las palabras de García Remón sobre la imposibilidad de ganar partidos por pura calidad, se desprende que en los años previos los principales rivales ligueros no habían estado a la altura, pero que la situación había cambiado, sobre todo con el Barça dirigido por Rijkaard y el Valencia de Ranieri como vigente campeón, equipos que exigían mucho en sus respectivos estilos, algo que más tarde precisaría el propio entrenador madridista y que los números confirmaron.

La solidez grupal pretendida pronto se vio reflejada en la alineación de Celades como pivote posicional, quien en compañía de Beckham, con la movilidad e intensidad propias de su juego, posibilitaban que el cuarteto de ataque se liberase algo de las labores físicas defensivas. En relación al once tipo de Camacho, la entrada de Celades supuso el retraso de Helguera a la zaga, a lo que García Remón se refirió así: "La defensa con Helguera y Samuel ahora mismo es la que yo quiero, con Celades en el mediocentro. A la vista de cómo tenemos estructurada la plantilla, el de Celades será un papel interesante. En este puesto el recambio no se ve muy claro".

Ese recambio estaba tan poco definido que en la jornada trece el entrenador tuvo que contar con el canterano Javi García, de 17 años. Ya sin García Remón en el banquillo, en enero de 2005, llegó a la plantilla el danés Gravesen, que fue poco menos que insustituible. La dupla Celades-Beckham era su idea principal, pero la hubo de variar primero por la fractura en la costilla que se produjo el inglés en octubre, jugando con Inglaterra, y más tarde por consideraciones tácticas apreciadas por el técnico sobre la marcha.

En esos cambios que acabaron por componer onces iniciales con una mayoría de futbolistas radicalmente ofensivos, fueron claves el buen hacer de Guti cuando le tocó entrar como generador de juego o la implicación de un Owen que, además de goles, daba al equipo la posibilidad de retrasar a Raúl al centro del campo y ofrecía movimientos que, según García Rem