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Asumir la responsabilidad

Asumir la responsabilidad

Escrito por: Pepe Kollins15 enero, 2018
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Muchos aficionados del Real Madrid se sorprenden de que un equipo que terminó la temporada pasada conquistando cinco títulos e imponiéndose a sus rivales, con una superioridad manifiesta, seis meses después tenga la Liga perdida sin que ni tan siquiera se haya llegado al ecuador del campeonato. Y sin embargo, lo sorprendente es que se sorprendan. La historia reciente del club blanco nos indica que cada vez que ha sucedido lo primero luego se ha dado lo segundo. Si el Madrid de Mourinho alcanzó su cenit tras proclamarse campeón de Liga y en unos meses se desplomó, el de Ancelotti, que fue catalogado en diciembre como mejor equipo del mundo, también se derrumbó tras la disputa del Mundialito. Podemos afirmar, por tanto, que si bien el club ha sido muy eficiente a la hora de construir proyectos ganadores -partiendo además de situaciones muy complicadas- no ha tenido el mismo acierto cuando ha tenido que gestionar un escenario de éxito.

Está claro que cada periodo obedece a un contexto específico pero la deriva de todos ha tenido un nexo común: tras una temporada de éxitos los jugadores pierden el ritmo competitivo. ¿Está, entonces, el Real Madrid en crisis porque los jugadores están saciados? Sí pero no solamente. Rara vez un problema complejo responde a un solo motivo. La planificación de la plantilla este verano parece no haber sido la más adecuada. Se prescindió de jugadores cuyo aporte no ha sido compensado. Se fichó a un grupo de jóvenes con muchísimo futuro pero todavía con insuficiente presente. Y, sobre todo, no se ponderó adecuadamente el declive, la fragilidad o la edad, del trío atacante titular: Benzema, Bale y Cristiano.

El motivo por el cual los jugadores abandonan la tensión competitiva cada vez que saborean las mieles del éxito apunta a un agotamiento del compromiso entre la plantilla y el máximo responsable. Si tomamos como perspectiva las últimas veces, el triunfo siempre ha venido espoleado por un grupo muy motivado en torno a la figura de un técnico al que han identificado como “uno de los suyos” aunque, en cada caso, de una forma muy diferente. Mourinho congregó al equipo en torno a la idea de un enemigo común, Ancelotti se ganó su favor liberándoles de la presión que ejercía el portugués y Zidane tiró de carisma para distanciarse del perfil más burocrático de Benítez al que aborrecía una plantilla que, en sentido contrario, veía en Zizou a un ídolo de juventud.

Pero en cada uno de esos casos el margen para evolucionar, una vez se había llegado a lo más alto, era más bien escaso. Si con el portugués resultaba imposible mantener la cohesión interna por el desgaste que sufren sus jugadores -sus proyectos o son cortos o derivan en sublevaciones-, el italiano y el francés parecieron verse condicionados por el propio compromiso que establecieron con sus plantillas. Tanto Ancelotti como Zidane priorizaron la lealtad hacia el grupo que les había hecho campeones, por más que sus futbolistas no correspondieran con la misma fidelidad, una vez perdieron de vista la amenaza de la urgencia y se asentaron en una zona de confort.

No es una cuestión de si un jugador en concreto se acomoda o de si un entrenador en particular no accede a ser implacable con los futbolistas que los que triunfó. La mayoría de jugadores tienden al egoísmo del mismo modo que la mayor parte de entrenadores apuestan por el grupo que les hizo ganar. Aunque eso implique dejar de hacerlo. Por ello es responsabilidad de la entidad regular esas tendencias inherentes en unos y otros. Confiar en que esa implicación que les hizo campeones perdure sine die, con el único impulso que la dio origen, sin otros factores que la refuercen o corrijan, ha sido el gran error por parte del club estos últimos años.

Hay pocos ejemplos más contundentes para reflejar un cambio en la tendencia de una sección deportiva como la del Real Madrid de baloncesto. El equipo más laureado de España y del continente estuvo veinte años sin ganar una Copa de Europa, veintidós sin conquistar una Copa del Rey y su balance en Ligas se reducía a dos en doce años. Tras la llegada de Pablo Laso, como máximo responsable técnico, el equipo ha ganado tres Ligas, cuatro Copas del Rey y una Copa de Europa en tan solo cinco años. En otras palabras: se pasó del periodo más estéril a la regularidad en el triunfo. No obstante, y aunque el peso del técnico vitoriano haya resultado fundamental, no se puede achacar todo el mérito a Pablo Laso. La sección funciona como un reloj, la labor  de scouting es ejemplar, no hay mejor cantera que la dirigida por Alberto Angulo y sobre todo, sus máximos responsables, Juan Carlos Sánchez y Alberto Herreros han sabido equilibrar las desviaciones del entrenador y la plantilla cuando ha sido necesario.

Para muestra, tres decisiones:

En el año 2012 el Real Madrid se proclamaba campeón de Copa superando en su propia casa y de paliza al F.C Barcelona. Una de las principales estrellas del equipo era Ante Tomic, elegido como pívot más destacado en el mejor quinteto ACB de esa misma temporada. Pese a esta consideración y aunque el talento del croata era indiscutible, el club no solo decidió no renovarlo sino que no puso trabas a su pase al máximo rival. La medida fue replicada con dureza por gran parte de una afición que no entendía como se sustituía a un jugador referencia en Europa por Marcus Slaugther, un simple complemento. Pero al club no le tembló el pulso y contra todo pronóstico el Real Madrid conquistó el título de Liga tras muchos años sin hacerlo.

En el año 2014 el equipo ganó solamente la Copa del Rey, un bagaje muy pobre a tenor de su fantástica plantilla, lo cual se agravaba con la pérdida, por segundo año consecutivo, de la final de la Euroliga. El club tomó la decisión de prescindir de los ayudantes de Pablo Laso contratando como segundo técnico a Chus Mateo -para ayudar a Laso, un excepcional gestor de plantillas, en las funciones tácticas- y a Zan Tabak, como especialista de pívots. Se trataba de una decisión muy sensible, toda vez que imponían al primer entrenador un equipo de trabajo nuevo en detrimento de sus hombres de confianza. Pero el club no dudó y el Real Madrid conquistó todos los títulos completando la mejor temporada de su historia.

en 2014, el real madrid decidió prescindir de los ayudantes de pablo laso

En el año 2017, el Real Madrid ganó exclusivamente la Copa del rey, un resultado muy alejado de las expectativas tras haber quedado primeros en fase regular tanto en ACB como en Euroliga. El club, no obstante, no solo no discutió la figura de Laso sino que lo renovó. El mensaje no podía ser más claro: que un profesional, en este caso Laso, no hubiese cumplido con los objetivos marcados no impedía que siguiese siendo la mejor opción para volver a ganar.

Así, pues, los responsables de la sección de baloncesto han sabido imponer la jerarquía que les corresponde para corregir o reforzar, en cada momento, la evolución del equipo, con independencia de si las medidas adoptadas iban en contra de los intereses del técnico, de jugadores contrastados y hasta de una afición ávida en hacer pagar a alguien por los fracasos. Una estrategia que difiere de la marcada en la sección de fútbol, donde, recurrentemente, tras periodos de éxitos, se ha blindado a jugadores y entrenadores -con renovaciones innecesarias o no alterando en exceso la estructura de la plantil