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Apoyo, sí. Máxima exigencia, también. Prudencia, toda.

Apoyo, sí. Máxima exigencia, también. Prudencia, toda.

Escrito por: Pepe Kollins23 septiembre, 2019
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Saltó el Real Madrid al Sánchez Pizjuán e hizo un partido muy serio. No es un adjetivo que deba saber a poco puesto que los jugadores llevan desde marzo con una carencia absoluta de seriedad. El propio Zidane así lo confirmó en la rueda de prensa post partido: “hemos hecho el mejor encuentro desde que he vuelto”. Y es que, en efecto, el equipo pareció diferente. Hubo ayer algo que no se atisbó en los seis meses anteriores. No fue un Real Madrid brillante, el juego no fue fluido, ni contamos con excesivas ocasiones de gol. Pero el equipo estuvo sólido, quizás, en parte, porque sí que hubo muestras de aquella implicación que reclamaba el entrenador francés tras el partido de Paris, esa intensidad a los que los jugadores llevan un año y medio echándole las culpas de los malos resultados, como si con ello quedasen exonerados, muestra de lo ajena que la sienten.

Pero no fue solo una cuestión de intensidad, desde el punto de vista táctico hubo menos desorden y también hay que resaltar la decisión de sacar a los mismos (excepto Ramos) que hace tres días. Si tras el último partido Zidane señaló a sus jugadores sin disimulos ante todo el mundo, ayer los sacaba como si les plantease una reválida. Pocos registros domina tan bien el francés como el emocional. Y así le respondieron. Ni recordamos el último partido en que alguno de los dos centrales no se equivocaba ni una vez. Ayer sucedió. También pudimos ver, después de mucho tiempo, una banda del Real Madrid infranqueable para el ataque contrario con un Mendy inexpugnable. Esa dosis de seguridad ayudó a subir la línea defensiva, lo que a su vez achicó el espacio. De ello se benefició Casemiro que no flotó en solitario, junto a su compañero alemán, en mitad de un océano rodeado de tiburones rivales, pero también los atacantes, que pudieron acudir a la presión y a la ayuda de la medular con menos esfuerzo: Eden Hazard robó hasta ocho balones, los mismos que el brasileño. James también se prodigo en el robo de balón y Bale en las coberturas.

Fue por tanto un Real Madrid que actuó con rigor, que, insistimos, puede parecer poca cosa, pero no lo es porque, precisamente, constituye lo primero que necesita consolidar cualquier formación deportiva. Decía Fabio Capello que todo equipo se empieza a construir desde atrás. Esa es la base, porque es desde la defensa donde se adquiere la seguridad suficiente como para luego poder atacar con confianza. Hay quien esgrimirá que la defensa no es solo cosa de los defensas y así es, pero la clave para que este sistema global se active es el adelanto de la línea defensiva que hace al equipo más corto, más compacto y que, además, aleja al rival de su portería. Para ello los defensores tienen que sentirse seguros de sí mismos, así como percibir la seguridad en su guardameta. En lo primero se progresó ayer. Y lo segundo se reveló como la única grieta. Courtois sigue mostrándose muy dubitativo.

Pero hay que dar tiempo, no queda otra. Se trata de generar una espiral de confianza que se vaya retroalimentando y a partir de ahí, sí, crear dinámicas de juego. Cualquier proyecto que comience necesita de tiempo. El mantra de que el Madrid no lo tiene no sirve para eludir este requisito. Da igual las veces y la convicción con el que lo pronunciemos. Si no damos tiempo lo único que va a ocurrir es que ningún proyecto cuaje y que cada temporada comencemos uno nuevo o incluso varios durante la misma. El Madrid de Mourinho necesitó casi un año para dar el nivel de la final de Copa en Valencia. Sobre esa base de confianza luego pudo erigirse un equipo campeón. Lo mismo le sucedió a otros muchos Real Madrid campeones. A casi todos, de hecho. Tan solo circunstancias de naturaleza excepcional han conseguido que el tiempo fuera un factor prescindible o menor. Dos de esos factores excepcionales fueron Cristiano Ronaldo y Leo Messi, los dos culpables de que se haya instalado una conciencia falsa en la mayoría de los aficionados. Portugués y argentino nos han acostumbrado a la necesidad de ganar casi todos los encuentros, pero eso casi nunca ha sido así a lo largo de la historia. Lo lógico es que las cosas estén mucho más disputadas, que perder puntos, de vez en cuando, no te excluya de la lucha. Lo normal no es tener a un tipo que te cuele dos o tres goles por partido.

Pero ahora nos encontramos en el comienzo de la resaca que nunca quisimos imaginar ni madridistas ni barcelonistas: el final del ciclo de estos dos jugadores. El Real Madrid lo ha adelantado y el del Barcelona comienza a vislumbrarse. ¿Consecuencia? Aquellos 50 o 60 goles ya no están para socorrer los tropezones. Madrileños y catalanes necesitan otra vez de tiempo para construir un nuevo proyecto. Ambos equipos están en ello. También el Atlético de Madrid, tras vender a cinco titulares, entre ellos dos de sus tres jugadores de mayor peso: Griezmann y Godín. Es por ello que hemos desembocado en una situación que en cualquier otro momento hubiera resultado altamente improbable: pese a que estemos comenzando un proyecto y, por tanto, ante la necesidad de tiempo para fraguarlo, no es descartable que podamos incluso proclamarnos campeones, habida cuenta de que nuestros dos grandes rivales se encuentran en las mismas. Aunque ellos, obviamente, podrán pensar lo mismo.

De todo ello sería conveniente extraer unas cuantas conclusiones:

1)La principal: que el equipo adquiera un alto nivel competitivo de forma sostenida requerirá de tiempo. Hasta entonces la mejora, si se mantiene, será progresiva. Y es posible que hasta alternando subidas y bajadas de rendimiento.

2)El factor mental, la confianza, es la piedra angular para arrancar el proyecto. Que los rivales estén pinchando sin duda está siendo un factor vital para poder asentarse. Otros años sucumbíamos al perder su estela. Ahora pueden ser ellos los que comiencen a sentir esa presión.

3)Que sea aconsejable ser prudentes y tener paciencia no quiere decir que se tenga que ser condescendiente ni justificar lo injustificable. Sabemos que estos jugadores son capaces de lo mejor cuando adquieren la tensión adecuada, pero del mismo modo, y su entrenador es el primero que lo señala, que son proclives a dejarse ir cuando no la sienten.

Apoyo, sí. Máxima exigencia, también. Prudencia, toda.