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Un Madrid de Antonioni

Un Madrid de Antonioni

Escrito por: Mario De Las Heras23 septiembre, 2019
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Al principio del partido de ayer, en el chat de La Galerna, hablábamos unos cuantos de lo poco que lucen los jugadores, los grandes jugadores del Madrid. A Rafael Moreno, quien siempre tiene alguna palabra precisa para dar, le parecía un "Madrid de Antonioni", lo cual no es ni mucho menos una cosa horrorosa.

Yo creo que hay aficionados para todo, como en todo. Es posible que haya madridistas que quieran un Madrid menos delicado y más fácil. Un Madrid como de Stallone, por ejemplo. Estoy casi convencido de que Rafael Moreno ha dado en el clavo, un poco sin querer (lo cual no le resta oportunidad ni ingenio) porque ese Madrid de Antonioni decía producirle modorra.

El caso es que desde la modorra el Madrid ayer se fue haciendo equipo. Y no lo podíamos ver. Lo fuimos descubriendo ya avanzada la segunda parte al ver al Sevilla, el mejor equipo de la Liga hasta el momento, maniatado. Con un Hazard porfiando en ser el de siempre (y con trazas de que lo va a conseguir) y una defensa cerrada, con una suerte de estética de flor carnívora.

No podíamos ver nada porque todos los jugadores estaban como callados, jugando de puntillas, pero muy concienciados. Haciendo un trabajo silencioso, como de relojero. Yo miraba a cualquiera de los jugadores madridistas y lo veía allí enfrascado en su cubil, con su lamparita y su lupa y sus herramientas diminutas.

Era un Madrid de Antonioni porque parecía, como admitió el propio Michelangelo de su película más famosa: Blow-Up, que se necesitaba otra película para explicar el verdadero significado de la primera. Al fin el partido de ayer lo entendimos casi todos. Yo vi a James salir del campo y en ese momento reconocí y admiré su trabajo invisible.

El Madrid de ayer obtuvo un merecido reconocimiento póstumo, casi como un Antonioni enfermo recogía su Óscar honorífico. A ese Madrid de Antonioni lo reconocimos después, cuando caímos en la cuenta de su significado, cuando pudimos atar los cabos, vertebrar su actividad aparentemente inconexa y poco lucida.

Esa era (es) la idea de Zidane. Al fin hemos visto (nosotros, los impacientes) un atisbo de lo que puede ser este Madrid que se está creando desde dentro, fortaleciendo la idea fija que le permita mantener el rumbo durante la temporada. Este Madrid de Antonioni, hallazgo de Rafael Moreno, funciona igual que una carbonera artesanal.

Por eso no lo vemos como quisiéramos. Sólo al final, como cuando nos enseñan el carbón. Sólo a Bale apareciendo de repente como una flecha en el área rival en el minuto noventa y dos para descubrir su excelente aportación. Bale y James son madera de la mejor encina, la misma que produce en la combustión un agradable olor.

Ese humo igual nos trae una Palma de Oro, como Antonioni, u otra Copa de Europa. De momento yo me alegro de ver la chimenea y los respiraderos a tono, cuidados en buena medida por Mendy desde su inexpugnable banda izquierda. Se lo oí decir a Monchi delante de un micrófono: “El Madrid ha jugado muy bien”.

Esa frase es monumental por lo que significa para el paradigma: es la construcción de un nuevo Madrid con esos jugadores que no lucen. Y no es que no luzcan, sino que están mutando. Están rellenando la enorme oquedad dejada por Cristiano (una labor lenta y pesada) y puede que lo estén consiguiendo a fuerza de trabajo mudo y generoso.

Yo nunca antes vi un compromiso como el que parecen haber adquirido, por ejemplo, James y Bale. Por James y Bale yo he reconocido a ese Madrid esperanzador de Antonioni. El nuevo Madrid de Zidane que es como aquel personaje de Hawthorne, el relojero siempre ocupado en obtener la elegancia y la armonía, y nunca la prosaica utilidad.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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