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La cumbre del poderío

La cumbre del poderío

Escrito por: Antonio Escohotado19 junio, 2020
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Los grandiosos goles fueron el único bálsamo suficiente para la desazón de todo el primer tiempo hoy, y todo el segundo contra el Eibar, donde se juega al trantrán, sobando el balón como pudiera llamarse control, y si el tuya mía al pie no terminara algunos metros antes de inquietar al portero contrario, bien con un pase absurdo que se va por la línea de fondo o propiciando un contraataque, tras cincuenta o setenta toques amparados en que un tercio son hacia atrás.

Si la memoria no me falla, la tónica de perder el tiempo con ínfulas de estar cultivando alta técnica dominadora imperó hasta filtrar un balón a Hazard, que entró como una flecha y no marcó porque Ferrán fue todavía más rápido, y logró amortiguar el lanzamiento. La jugada fue bonita, y durante algunos minutos pareció que el equipo se galvanizaba, poniendo arrojo, inventiva y velocidad, aunque no tardaría en recobrar los aires de formación impertérrita ante casualidades tan infalibles de momento como pasar mal y chutar al muñeco, olvidando que la se reserva a quienes saben y quieren regatear, capaces de no mirar el balón sino el panorama cuando toca chutar o centrar.

Por fortuna, no cabe dudar de que el Real sabe hacerlo perfectamente, como empezó demostrando en el segundo tiempo el primer tanto, fruto de una primorosa combinación de robo en defensa, rápido pase a Hazard y caracoleo de éste seguido de pared magistral con Modric y pase no menos magistral de Hazard a Benzema, que mirando hacia la portería y no al balón lo cruzó fuerte y colocado. Sí señor, así se juega, y a partir de entonces un Valencia ya mermado por la anulación de un tanto, y el providencial desvío de Courtois a un gran tiro de Rodrigo -repelido finalmente por el poste-, intentó limitarse a defender. De hecho, gastó su última reserva de pólvora en un cañonazo de Condogbia parado de nuevo por nuestro sensacional portero, esta vez no cubriendo con su alargado cuerpo todo balón raso sino proyectándose felinamente al ángulo por donde pretendía entrar.

Y a partir de aquí buena parte del tiempo se usó en hacer diabluras, justificando la fama de equipo que aprovecha la más mínima ocasión regalada, por supuesto capaz de ingeniárselas solo para marcar. Sustituir a Hazard y a un apagado Valverde por Vinicius y Asensio acabaría de afilar los dientes del potencial monstruo, que empezó con Mendy superando limpiamente al defensor, y un pase atrás no a la olla sino a quien la pedía, en este caso el propio Asensio, culminado por su empalme inapelable. Quizá no se olvide este gol, para nada infrecuente por lo demás en un jugador cuya izquierda produce para-milagros, como enganchar aquella pelota y dirigirla.

Sin embargo, la noche sería pródiga en más virguerías, culminadas por la acción del tercer tanto. Kroos destapó el tarro de sus esencias con un pase pronunciadamente largo y curvo a Asensio que le dejó solo, aunque era preciso perder un segundo cambiando de pie, y prefirió seguir usando la izquierda para cederla a Benzema, lo cual propició el gol más tremendo en la carrera del francés. Siempre dio la impresión de no alcanzar la cumbre de su poderío, aunque hoy nos legó un fino sombrero seguido de volea a pierna cambiada, que resultó ser un violento disparo a la escuadra, lo bastante pegado al larguero como para golpearlo antes de entrar. Propio de alguien que logra explotar su potencia a fondo, el lance dibuja una obra de arte imperecedera.

 

Fotografía Getty Images.

Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

7 comentarios en: La cumbre del poderío

  1. Menciona a un apagado Valverde, pero es que el jugador quiso y no pudo.Desubicado en la derecha, le comían el terreno Carvajal y Modric y si se metía al centro, recibía de espaldas. Me pa