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Alegría de volver

Alegría de volver

Escrito por: Pepe Kollins11 febrero, 2019
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Pocas situaciones resultan tan espontáneas como la celebración de un gol. Da igual si eres el artífice del tanto, un compañero suyo o un aficionado del equipo. La reacción, cuando se materializa, es instintiva, un impulso irrefrenable que durante segundos toma el control de la persona para exteriorizar su júbilo.

Esta temporada, por desgracia, los seguidores del Real Madrid no habíamos celebrado muchos goles. Hasta hace un mes, había que remontarse más de veinte años para encontrar unos guarismos tan bajos como los de esta temporada. Pero ahora estamos en otro escenario. Ya conocen la historia: pasa de largo enero, los jugadores comienzan a sentir la cercanía de la primavera europea, el equipo recobra el vigor, los despistados se concentran como si se hubiesen desperezado de la aburrida rutina de la liga, el juego fluye, al Barça comenzamos a verle el cogote y a todo eso, añadan a ese mozalbete, como le llama el maestro Escohotado, que nos ha devuelto la magia de lo imprevisible.

Los goles, claro, han vuelto. Analicémoslos, cual posos de café, para descifrar qué nos dicen.

Casemiro se elevó al cielo con un brinco que le aterrizó frente a la grada colchonera. Acudieron raudos sus compañeros a abrazarle.  Pero incluso cuando ya le habían agasajado y marchaban todos hacia su terreno, el brasileño permanecía allí, clavado en el mismo sitio, con los puños apretados y una sonrisa como un sol. Era una pose de firmeza, de seguridad en uno mismo. El gozo de quien ha vuelto a casa. Porque el Madrid suele marcharse, pero siempre solo un ratito.

Ahora ya estamos aquí, dice Casemiro.

El capitán salió disparado hacia la grada sacando la lengua como un maorí de los All Blacks en mitad de una haka. Luego se detuvo y levantando una rodilla y ambos brazos, recreó una celebración del videojuego Fortnite, ese al que juega cada día Luka Doncic con Willy Hernángomez, y que es también el modo con el que Antoine Griezmann recrea todas sus dianas. El destinatario, obviamente, era el francés, quien tras la consecución del Mundial publicó una ilustración en la que se representaba a Sergio Ramos coronándolo. A los pocos días, el camero ya le había soltado que “la ignorancia es muy atrevida”, en referencia a las declaraciones del atlético en las que aseguraba que él ya comía “en la mesa de Cristiano y Messi”.

Te quedan muchas reencarnaciones para que yo te corone, le dice el Churu.

Pero la celebración de Sergio Ramos no termina en Sergio Ramos. Ahí tenemos a ese aficionado del Real Madrid, luciendo su camiseta blanca, más chulo que un ocho, mientras graba la escena para la posteridad. No lo hace desde el comedor de su casa, ni desde el bar de la esquina, no. Ese hombre, ese héroe (identifíquese si nos lee, caballero) está rodeado de una marabunta de indios encolerizados que, a falta de roedores que lanzar, dedican peinetas a los jugadores del Real Madrid y por supuesto, les insultan. Sus vecinos de localidad no parecen personas proclives al diálogo, pero pese a ello el madridista permanece impertérrito, alegre, levantado su pulgar en señal de conformidad. Desde Josey Wales (Clint Eastwood) entrando al poblado de Diez Osos, en “El fuera de la ley”, no se había visto una cosa igual.

Todo en orden en la oficina, dice nuestro héroe.

Y aquí tenemos la celebración de Gareth Bale. El galés comenzó haciendo aspavientos cerca de su oreja, como cuando tratas de librarte del asedio de una mosca. Quien sabe si, en el caso del delantero, el díptero era los improperios que en ese momento le estaban gritando desde la grada o bien las críticas que no cesa de recibir, por parte de una facción de los suyos, pese a que su ratio de goles ganadores (de partidos y títulos), muy pocos futbolistas lo pueden acreditar. Lástima que su presencia no sea más prolongada, pero bienvenidos sean sus frutos.

Quizás aturdido por esa confusión, a continuación, Gareth llevó a cabo lo que la mayoría ha tildado de corte de mangas y que, de ser ese su sentido, ejecutó de manera extraña, con las palmas extendidas y con movimientos muy mecánicos, no sabemos si por la inexperiencia del jugador con este tipo de códigos.

Igual hablo el español como mis cortes de mangas, pero mis goles bien que los entendéis; recuerda el galés.