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ADN

Escrito por: Angel Faerna20 mayo, 2017

Habrán reparado ustedes en la frecuencia con que últimamente se alude al “ADN” del Real Madrid. La prosa futbolística es el paraíso del latiguillo verbal: no hay partido sin “prolegómenos", estadio sin “aledaños”, equipo sin “sala de máquinas” ni área sin su “balcón” y sus “inmediaciones”. Los centrales “salen de la cueva”, los medios “caracolean” y los delanteros “definen”, mientras que los entrenadores “rajan” en rueda de prensa y los colegiados son eso, “colegiados”. Sin embargo, solo el Real Madrid tiene “ADN”, y la cosa bien merece un minuto de reflexión.

A primera vista, se trataría solo de señalar que el equipo posee identidad propia, pero en ese caso también podrían haber dicho que el Real Madrid tiene DNI. No sonaría igual de pretencioso, es verdad —y sonar pretencioso es condición indispensable de todo latiguillo futbolístico que se precie, como llamar “esférico” al balón (que, por cierto, no lo es) o “técnico” al entrenador (que tampoco)—, pero la idea vendría a ser la misma. La identidad es un problema de tres pipas, como dirían Sherlock Holmes y Número Uno, y aquí no vamos a resolverlo. Ya Santo Tomás de Aquino se preguntaba si el que resucitará será “el mismísimo hombre” que estiró la pata o tendrá entonces una identidad diferente, David Hume no encontraba nada a lo que poder llamar “yo” cuando examinaba sus impresiones internas, e Immanuel Kant, que tenía un truco muy bueno para barrer los problemas debajo de la alfombra, se inventó una cosa llamada “unidad trascendental de la apercepción” para salir del paso. Lo que sí parece claro es que la identidad es una cuestión de tiempo: la tienes cuando puedes re-identificarte a través de diferentes momentos. Así pues, y volviendo al terreno de juego, todo lo que un equipo necesita para tener identidad, como las personas para tener DNI, es ir cumpliendo años.

Pero la dificultad persiste: ¿por qué, entonces, cuando tantos equipos van ya para centenarios, si es que no han rebasado esa “cifra mágica”, solo el Real Madrid disfruta de ADN? Un detalle nos permite avanzar un poco en nuestra incógnita: el Madrid no solo tiene muchos años, tiene historia, que es una categoría diferente. Del mismo modo que hay vidas sin historia, por dignas que sean todas, hay también equipos sin historia, por más que todos tengan un corazoncito que merece general respeto. La historia es memorable, se hace de momentos sublimes y trágicos que quedan en el recuerdo y crean la sensación —completamente imaginaria, pero así es la identidad— de que esos momentos pertenecen a una y la misma cosa permanente que atraviesa el tiempo y que uno puede re-identificar. Pero tampoco hemos avanzado tanto: tener historia no es atributo exclusivo del Real Madrid, aunque ningún equipo la tenga tan gloriosa. Esto de la gloria también tiene su miga, a mí personalmente solo me exalta si hablamos de fútbol, pero no compliquemos más las cosas si no queremos que el humo de la pipa nos salga por las orejas.

Tener historia no es exclusivo del Madrid, aunque ningún club la tenga tan gloriosa

La historia imprime carácter, qué duda cabe. La identificación con un pasado, el que sea, hace que uno mimetice conductas ajenas que terminarán por convertirse en hábitos propios, en una “segunda naturaleza” que, mira por dónde, es como Aristóteles definía precisamente el carácter de las personas y de los equipos de fútbol. Tener carácter está muy bien, indica que juegas a algo, que tienes un estilo. De esto aquí sabemos mucho, parece que todos hemos leído a Oscar Wilde. Wilde tenía en muy alto concepto eso de crearse un estilo y una segunda naturaleza porque la primera le parecía un aburrimiento y una vulgaridad, y por eso me temo que, por desgracia, nunca habríamos podido hacer de él un buen madridista. Porque, y al fin vamos llegando a alguna parte, el Real Madrid no tiene estilo, no juega a nada, no tiene segunda naturaleza ni maldita la falta que le hace, porque tiene naturaleza de la otra, congénita, inmutable, fetén. ADN, sí señor. El Real Madrid ha transmutado su historia en naturaleza pura y dura, un milagro que tampoco le habría extrañado tanto a Ortega y Gasset, para quien, en lo que toca al mundo humano, no había más naturaleza que la histórica (Ortega era un poco cargante, no como Wilde, que era adorable, pero en La Galerna, madridismo obliga).

Esto del ADN tiene sus pros y sus contras, pero es un hecho y así hay que aceptarlo. De los contras tuvimos un magnífico ejemplo en el último Madrid-Barça. El equipo logró empatar jugando con diez, tenía ya en la mochila el punto que mañana nos habría hecho viajar a Málaga con la grata misión de comernos unos chanquetes y que nos hagan el pasillo, y casi no quedaba tiempo. Un comentarista de la tele, totalmente pez en biología, andaba profetizando que el Real Madrid dormiría el balón en los escasos minutos restantes. A mí, que por azares de la vida me tocó ver el partido en un hotel de la Ciudad Condal (cuyo personal era todo él madridista, uno no viaja de cualquier manera), se me escapó un resoplido de indignación ante el comentario, como si me hubieran dicho que mi hija nació con branquias en lugar de pulmones. Y no, oiga, son pulmones. Allá fuimos, a por el partido, porque así es el Madrid, y más si juega en el Bernabéu. Todos los madridistas que salieron del estadio jodidos y mascullando, como no podía ser menos, saben en el fondo de su alma que no había nada que reprochar, ni siquiera cuando La Pulga se puso a tender la colada en un gesto francamente desagradable. Yo al menos así me paseé esa noche por Barcelona, jodido, mascullando y más madridista que nunca.

En la rueda de prensa posterior, Zidane habló por mí, como acostumbra (tengo aquí otro problema de identidad, en este caso doble, que ya me empieza a preocupar): dijo que fue un error irse al ataque, “pero no voy a criticar a mis jugadores por eso”. Tengo escrito aquí que el secreto de Zidane es haberle devuelto a los jugadores la creencia de que son el Real Madrid, el primer día les copió el genoma en la pizarra y los dejó repasando mientras él salía a comprarse un abrigo, y puedo vanagloriarme de haberlo dicho cuando solo llevaba tres semanas en el cargo. Ese secreto se apoya en otro más profundo, tanto que merece que lo citemos en latín: “Natura non nisi parendo vincitur”. A la naturaleza solo se la vence obedeciéndola. Si quieres dominarla, pliégate a ella y respeta sus dictados, sobre todo si, como es el caso, te ha llevado a la gloria tantas veces que ya no sabes jugar a otra cosa que a alimentarla. El partido de mañana se presenta especialmente propicio para dejarse el ADN en casa, podríamos ganar empatando. Sopeso los pros y los contras y me digo a mí mismo: ¡con dos pulmones!

Número Dos

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Ángel, el segundo de los Faerna, es profesor de universidad. Procura enseñar Filosofía sin hacer más daño del inevitable. Su especialidad, si acaso, es la epistemología y el pensamiento clásico norteamericano, extravagancia que compensa con una desmedida afición por los buenos arroces.

5 comentarios en: ADN

  1. Buenos dias.
    No me ha quedado muy claro si prefiere que salgamos a ganar o simplemente a dejar pasar el tiempo. Solo he leido el escrito una vez....
    En mi caso "se" que vamos a ganar mañana, de cualquier manera, con estilo, sin el, con el balon controlado o en una contra. Al fin y al cabo los antis, buscaran cualquier excusa para menospreciar nuestro triunfo. Es su "estilo" el unico que conocen. Y para algunos incluso creo que se encuentra en su ADN.

    HALA MADRID Y NADA MAS.

  2. No estaría Richard Rorty -seguro que objeto de su estudio, y quizás también de su devoción- muy conforme con la distinción que trae a colación entre naturaleza e historia. Más bien diría que el Real Madrid "gana y punto". Estamos ante un equipo postmoderno por excelencia al que podemos aplicarle el lema de "si funciona, para qué más?". Y no es que sea yo muy amigo de olvidarme de las esencias y subirme al carro de "sustituir la verdad por la utilidad", como entendía el mencionado Ortega el pragmatismo. Pero tan cierto como el desasosiego de perder el suelo firme de las definiciones es esta venerable marea de victorias, de jugadas que por su brillantez quedarán clavadas en la memoria por el camino opuesto de las maneras encubiertas de lo subliminal, es decir, por su pura presencia, por su factualidad patente, deslumbrante e insultante. El Real Madrid no deja de ser -nunca ha dejado de serlo- un repiqueteo de golpeos de balón, de pases más allá de lo posible, de desdobles y desbordes que no son más que la sintomatología visible de un anhelo profundo de victoria y superación. Mas allá de historia y ADN el Real Madrid es un equipo llamado continuamente a superarse a sí mismo, como Nietzsche quiso a su Zaratustra. En todo caso este Real Madrid, subido en esa ola interminable, acariciando la espumela de la eficacia y la victoria, se queda absolutamente perplejo ante las metanarraciones. Y la prensa no escatima de ellas, la mayor parte de las mismas, hilaciones sin fundamento y cargadas de ponzoña. Diría que hasta los bienintencionados intentos de descifrar el halo de Zizade no hacen ningún favor. Hasta a Zidane hay que tratar de "explicarlo", cuando su inasible secreto se llama carisma y victoria.

  3. Enhorabuena, Don Ángel, por otro gran escrito. Comparto totalmente sus apreciaciones, las hago mías, las integro y pasan a formar parte de mi naturaleza madridista ;-D
    Genial la parte sobre Zidane. Efectivamente, lo que ha hecho es que los jugadores sean conscientes de que son el Real Madrid. Y luego a comprarse un abrigo...
    Y respecto a la duda que tiene el anterior comentarista, yo creo que usted tiene claro lo que quiere que haga el Madrid: quiere que salga a ganar, como siempre tiene que hacer. Efectivamente, ¡con dos pulmones!
    Un abrazo a todos, galernautas.
    ¡Hala Madrid!

  4. Excelente intento de definir qué es eso del "ADN" madridista. Pero tengo mis dudas de si los filósosfos pragmatistas -objeto de su estudio y supongo que de su devoción- estarían muy conformes con la distinción traída entre naturaleza e historia. Más bien habrían dicho, a lo Rorty, que el Real Madrid "gana y punto". Estaríamos ante un equipo postmoderno por excelencia al que aplicar la pregunta, también por excelencia, de la Postmodernidad: "si funciona, para qué cuestionarnos nada más?".
    Y no es que sea yo muy amigo de volatilizar las esencias y subirme al carro de "sustituir el concepto de verdad por el de utilidad", tal como juzgaba al pragmatismo el mencionado Ortega. Pero tan cierto como el desasosiego de perder el suelo firme de las definiciones esenciales, es el resplandor que trae esta marea de victorias, un flujo y reflujo de jugadas que por su brillantez quedarán clavadas en la memoria. Y lo harán no por el camino de lo encubierto y el soslayo de lo subliminal, sino por su patencia, por su pura presencia, por su factualidad deslumbrante, por su belleza hiriente e insultante. El Real Madrid es -nunca ha dejado de serlo- un repiqueteo de golpeos de balón y pases más allá de lo posible, de desdobles y desbordes cuya intensidad es proporcional a su fugacidad, como la luz de Blade Runner. Un despliegue de velocidad, potencia y armonía que no es más que la sintomatología visible de un anhelo profundo de victoria y superación. Porque este es otro rasgo del Real Madrid que se eleva o que subyace a la historia y al ADN: el estar impelido a superarse continuamente, como Nietzsche quiso a su Zaratustra.
    En cualquier caso este Real Madrid, subido en una ola interminable de triunfos, acariciando la espumela de la eficacia y la gloria, siempre se mostrará "excéptico ante las metanarraciones". Y la prensa no escatima de ellas, la mayor parte de las mismas hilaturas sin fundamento cargadas de ponzoña. Hasta los bienintencionados intentos -que los hay- por descifrar el halo de Zidane no le hacen ningún favor. Parece que hay que "explicar" hasta a Zidane, trocearlo para hacerlo entendible y digerible. Cuando lo único explicable aquí es que hay algo de inasible en su carisma y su sed de victoria que se intuye mejor al olor del laurel que con la lectura de la discretísima -en el sentido de mediocre- prensa deportiva española.

  5. Mañana hay que salir a ganar, totalmente de acuerdo. Hay que salir aganar la liga y si para eso hay que pasarse noventa y cinco minutos colgados del larguero, conservando el empate a cero, bienvenido sea. Los románticos eran gente muy apasionada, pero todos acababan suicidándose, al igual que hicimos contra el Barça . El suicidio sólo es para débiles y perturbados mentales. Lo normal es que mañana el Madrid gane de manera sobrada , pero nada de jugar al ataque, hay que jugar a ganar que no es lo mismo.

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