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3-0: El Real Madrid conecta con su destino

3-0: El Real Madrid conecta con su destino

Escrito por: José Luis Llorente Gento24 abril, 2019
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Cuando lo extraordinario se convierte en rutina o cuando la rutina es conseguir lo extraordinario los acontecimientos merecen ser recordados. Hay que darles vida narrativa, histórica, periodística o literaria para rescatarlos de la mediocridad y para que sirvan de aliento y de ejemplo, no sólo a quienes los contemplan, sino también a quienes no tienen la fortuna de ser los testigos de una época. Así, a través de lo que se cuente, podrán participar de las emociones de una impecable trayectoria. Ayer, al tiempo que los aspirantes a la presidencia del gobierno de nuestro país preparaban un debate al estilo de la política nacional de nuestros días -el desolador “y tú más” al que estamos condenados-, un grupo de deportistas decididos conseguían una nueva proeza, en territorio ajeno, comandados por personas entregadas a una causa y a su profesión: su causa es el Real Madrid, la profesión es el baloncesto y su obra maestra un equipo que se sobrepone a las desgracias y a los éxitos, modélico en el comportamiento e imparable en su evolución. Un conjunto sin mácula a la altura de la historia del mejor club del continente.

De esta forma, fiel al estilo sexagenario de lo que algunos llaman la “sección” de baloncesto; leal a los principios que impusieron Santiago Bernabéu y Raimundo Saporta en la primera época dorada del club y que inspiraron a las generaciones venideras; derrochador de energía, de resiliencia, de saber estar y competir, y con protagonistas a la altura de Ferrándiz, Emiliano, Luyk, Brabender, Corbalán, Lolo Sáinz, Fernando Martín, Biriukov y Sabonis (por citar algunos y por parar la lista en algún momento y no escribir los casi, o más, de cien nombres que merecerían ser citados) este Madrid del siglo XXI nos regala cada temporada una corriente de aire renovado que evoca la grandeza de la entidad y la importancia de ser madridista.

Desde que comenzó la era Juan Carlos Sánchez-Laso o viceversa (también los Albertos, Herreros y Angulo, han ejercido una buena influencia en todo lo que ha ocurrido), el equipo se ha sobrepuesto a la pérdida de un buen número de sus piedras angulares, algunas de ellas consideradas como los mejores jugadores de la temporada y de la Final a Cuatro de la Euroliga. Las sucesivas marchas de Mirotic, Sergio Rodríguez, Doncic, unidas a la lesión de Llull y a la retirada de Nocioni resaltan el valor de una tarea formidable en sí misma, al tiempo que revelan hasta qué punto el equipo se ha reconstruido tanto en sus cimientos como en su forma de jugar. El Madrid del inicio de la era fue un conjunto elástico, ligero, brillante en grado sumo; a tal punto, que cambió el rumbo del baloncesto pesado y de choque que había estado en boga desde que Obradovic comenzó a ganar en Europa jugando al ajedrez mientras sus peones repartían estopa a diestro y siniestro. La unión del concepto ágil del juego de Laso con el talento de Rudy, Mirotic y el Chacho y un francotirador como Carroll dieron tal vuelco a la situación que los pabellones de Europa, empezando por el de Madrid, se llenaron para disfrutar del espectáculo. Felipe Reyes y Llull eran el contrapunto energético a la suavidad del resto, un grupo que cuajó el baloncesto más estético que hayamos visto en la presente década.

Sin embargo, los tiempos cambiaron y la llegada de nuevos jugadores obligó a la renovación del método, que no del espíritu. En este equipo sigue primando el juego colectivo, la búsqueda del compañero mejor colocado, el esfuerzo y la determinación por la victoria. Ayer tuvimos la fortuna de comprobarlo una vez más. Junto a un sobresaliente Campazzo, el resto entraba y salía de la cancha dispuesto a dar lo mejor de sí mismo con la conciencia de que tarde o temprano el Panthinaikos sucumbiría. El Madrid se ha desembarazado del equipo griego porque su plantilla es mucho más extensa e intensa. La diferencia es abismal -aun con la baja de Llull- no ya por la calidad de cada uno de los jugadores, sino por su compenetración, su conocimiento mutuo y sus muchos años de compartir cancha, entrenamientos y habitaciones. El Madrid juega como un reloj, que a veces se atrasa y al que hay que darle un poco de cuerda para que se sincronice con su velocidad de crucero, mientras los atenienses están lejos de ser una máquina ajustada con recambios para sus piezas. Estaba en manos de los madridistas que la serie se alargara o que, una vez más, convirtieran la extrema dificultad en aparente sencillez. Y lo hicieron, a pesar de la mejor actuación de Calathes, de las rachas anotadoras de Lojeski y hasta de la elegancia de Rick Pitino, un maestro de los banquillos al que no le quedó más opción que reconocer la superioridad indubitada del equipo blanco. En definitiva, para tranquilidad de todos y para disponer de más días de recuperación y más horas de entrenamientos, tan importantes en la afinación de la forma de los jugadores y el fondo del juego, el Madrid se habilitó para defender su título en el envite decisivo, la Fase Final de la Euroliga, en la que se presenta con una demostración de fuerza que ningún otro aspirante ha podido replicar.

Escritor. Conferenciante. Columnista. Exjugador del Real Madrid y la Selección Española de Baloncesto. Se pasa la vida remontando.