Supercopa Barça-Madrid: Anécdota vs. Flujo

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En la última Supercopa de España que ganó el Real Madrid se dieron varias jugadas decisivas, pero quizá la que más lo fue tuvo lugar en los últimos estertores del partido de ida, también contra el Barça, también en el Nou Camp, como mañana. Di María robó el balón a Valdés en su saque de puerta, y esta picaresca redujo a 3-2 la derrota y pavimentó el camino para el 2-1 del Bernabéu que dio el título al Madrid. Ahora parece que el Barça va a por Di María, eco de una época gloriosa en la que los culés lo fiaron todo al hipotético golpe psicológico de fichar a exmadridistas: Prosinecki; Hagi; Alfonso Pérez. Si ahora quieren abandonar la lectura de estas líneas para abonarse a la dulce rechifla del recuerdo, serán amablemente exonerados.

Las Supercopas de España (especialmente las que disputamos contra el Barça) han quedado sobre todo en esto: una recopilación de anécdotas que van desde lo de Di María al dedo en el ojo de Mou, pasando por el gol de Santi Aragón desde su casa o el traje de Cristiano a Piqué con aquel sombrero.

Sucede que aquel Madrid, aquellos madrides se basaban mucho más en el peso de la anécdota más o menos crucial. Sin embargo, no hay Madrid menos anecdótico que el que ahora disfrutamos. Es un Madrid-flujo, en agudo contraste con aquel Madrid de empellones celestiales que volverá ocasionalmente para mayor júbilo vintage, pero que ahora mismo es una sucesión armoniosa de continuos. Eso precisamente (además de la propia hegemonía cifrada en los títulos) es lo que los de Zidane han arrebatado al Barça, y esto jode sobremanera en el imaginario culé por mucho que nosotros le demos más importancia a eso mismo, a los títulos. Somos así respecto a ellos: nos obsesionan tanto que nos parecer fruslería el método, eso sobre lo cual otros sustentaron una mística algo pretenciosa. Ni lo es la mística del Madrid ni la ideología que la sustenta: jugaremos mejor que el resto, mejor que el Barça, pero no nos pavonearemos a menos que todo esto nos lleve a ganar.

Esta Supercopa representa un escenario pequeño para un pulso grandioso: el que debe trasladar la obvia superioridad madridista, puesta de manifiesto en el palmarés reciente, a los duelos cara a cara entre los dos grandes equipos españoles (?). Nadie tiene la menor idea del equipo que Zidane pondrá sobre el campo en este primer asalto. Modric no puede jugar y ha estado más atento que Cheryshev pese a que la sanción se remite a otro periodo glaciar. ¿Quién le sustituirá? ¿Isco, pasando Asensio al lugar del malagueño? ¿Kovacic? ¿Ceballos? ¿Nadie en concreto/BBC? Qué experiencia gozosa es resolver el puzzle, pleno de otras incógnitas, con la íntima sospecha de que cualquier combinación valdrá en sí misma, será un círculo virtuoso, una profecía de victoria autocumplida, una alineación buena o mala convertida en buena por defecto y por sí misma. Tanto que Neymar no está porque ya no va a estar nunca, y una ausencia de semejante calibre sí que es de verdad anecdótica. En eso la ha convertido el Madrid-flujo.

3 COMENTARIOS

    • Cualquier cosa antes de reconocer cualquier mérito al Real Madrid en lo colectivo o a cualquiera de sus jugadores en lo individual… no engañan a nadie, si ese sombrero se lo hace messi a un defensa madridista, todavía estarían sacando vídeos con la jugada en los periódicos de los panfletos del “pais” chiquitito de ahí arriba y hablando de ello en cualquier tertulia deportiva nacional.

  1. “Qué experiencia gozosa es resolver el puzzle, pleno de otras incógnitas, con la íntima sospecha de que cualquier combinación valdrá en sí misma…”

    pero este ejercicio se convierte en objetivo con la certeza, no sospecha, sino la seguridad de que cualquier combinación dará coartada a la prensa para rellenar con polémica y apalear al RM, elevar a solemne autenticas majaderías, y así, sostener el falaz debate del apocalíptico problema que tiene el RM sobre quién juega de titular porque será una infame injusticia. Único equipo en España al que estos medios cuestionan y critican hasta la saciedad el 11 que saque. Sin embargo, tanto en el Barça como en el Atlético, lo que decidan sus entrenadores.

    Indudablemente, mientras en el campo está el rival a batir, el enemigo anida en los medios.

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