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Viejo Real Madrid, nuevo Real Madrid

Viejo Real Madrid, nuevo Real Madrid

Escrito por: Jorge Garcia Vela30 noviembre, 2015
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Y subió Di Stéfano al despacho de Bernabéu y este le mandó al Español.

Y subió la Quinta del Buitre al despacho de Mendoza… y todo cambió.

El mundo del fútbol ha cambiado drásticamente. El amor al club, el respeto a la historia y los valores y todas esas apelaciones románticas se presentan ahora como anacronismos trasnochados o utilizados por los aficionados para saciar sus frustraciones, anhelar tiempos pasados o cargarse de razón, pero poco más… salvo excepciones.

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El Real Madrid tiene un problema de fondo, un problema que seguro conocen sus dirigentes pero que parecen incapaces de controlar. Desde los 90, el mercado ha centrado sus miras en los futbolistas, que se han convertido en fenómenos mediáticos, poniéndose a la altura de la propia institución. Auténticas estrellas del rock que reciben las prebendas de los aficionados, quienes sitúan a algunos futbolistas por encima del club que dicen amar.

Por entonces comenzaron las ventas de camisetas. Nuestros amigos de la infancia, que antes eran simplemente del Madrid o del Atleti, venían con elásticas de terceros equipos con el número y el nombre del jugador que les gustaba. Los jugadores fueron adquiriendo un poder enorme, el poder del dinero, con lo cual los clubes estaban obligados a congraciar ese nuevo modelo de mercado con la obtención del máximo partido a la contratación de jugadores. El Madrid fue indudablemente pionero en la búsqueda de esa armonización.

Los años han pasado hasta llegar a la situación actual. Los jugadores se valen del nombre del Madrid para lograr una mayor dimensión y expansión, y el Madrid se vale de su éxito y su atractivo para el público y así hacer que los ingresos de unos y otros crezcan, posibilitando un mejor modelo económico, deportivo y de gestión.

El problema es que en el Madrid, que (repito) ha sido pionero en la explotación de sus jugadores como fenómenos mediáticos y publicitarios, no ha terminado de gestionar este nuevo modelo como se debía desde el punto de vista deportivo, porque el germen creado en los 90, cuando aún no había estallado este boom, ha creado un caldo de cultivo y una cultura en ese vestuario que ningún dirigente ha sido, a día de hoy, capaz de romper.

En el Madrid, el poder de los jugadores ha ido subiendo escalones y llegando a todos los estamentos del club. El primero del que se apoderan es el vestuario, como es normal.

De esto ha tenido buena parte de culpa una afición que parece no conocer la historia de su club ni sus valores. Equipos como el Barcelona han simplificado su propia historia para que su mensaje los aglutine sin fisuras en torno al club, su odio a nosotros y su victimismo. Nuestro mensaje en cambio es creador, sencillo pero más complejo, y se ha diluido en distintas tendencias de opinión. A mí me da igual que los títulos me los traiga Cristiano o un canterano: si admiro a esos jugadores es porque forman parte del Real Madrid y por lo que le dan a la institución, que es lo único que importa. Pero muchos de ellos se creen por encima del bien y del mal mientras sonríen cínicamente a hurtadillas.

Todos hemos visto plantillas muchísimo peores que la actual ganar títulos, y también sudar sangre en el campo aunque al final no conquistaran dichos títulos. Debería ser un insulto, o sentirse como tal, el que poseyendo tanto talento se gane más bien poco y se caiga en el ridículo más de lo conveniente. ¿Cómo es posible que les espolee más un gestito, o una decisión técnica, que un triplete conquistado por el rival en la búsqueda estratégica de superarles en número de títulos?

Cuando los miembros de la Quinta del Buitre subieron al despacho de Mendoza y este les hizo caso, comenzó una cultura que contradecía a la que había imperado en el Real Madrid desde Bernabéu. Ellos trajeron un gran éxito al Madrid, muchos títulos y el volver a ser competitivos en Europa. 5 Ligas y muy cerca de la Copa de Europa. Se sentían con el poder y se les permitió que lo tuvieran. Su presión condicionaba a los entrenadores y acomodaba paulatinamente a los jugadores, que no estaban dispuestos a exigencias durante mucho tiempo. Nadie podía explicarles nada porque ellos eran los mejores, y si el entrenador de turno se ponía tonto se le decía al presidente que le bajara los humos.

Las presiones a los presidentes para las subidas de sueldo empezaron a ser oídas, también para el cese de entrenadores. Acciones reprensibles comenzaron a ser el pan nuestro de cada día: reírse de Arsenio Iglesias; decidir la táctica de una final de Copa de Europa porque se desprecia al entrenador, la noche antes en una habitación de hotel; negarse a celebrar un título porque no gustaban ciertas decisiones presidenciales, e ir a Cibeles con caras largas a mirar a la afición; subir al despacho presidencial a lanzar supuestos ultimátums acerca de la continuidad del entrenador; presionar en los medios ante la posible destitución de otro que sí les gustaba y les hacía la vida cómoda…

Siempre reivindico a don Santiago Bernabéu porque todo madridista de bien debe hacerlo. Es el modelo, la figura en la que se deben basar nuestros principios como club. No es menos cierto que los parámetros de la gestión deportiva, y el entorno donde se circunscribe esta, han cambio radicalmente. Bernabéu, que ya recibió los insultos y desprecios de la prensa y el antimadridismo, ahora sería vilipendiado y atacado con saña. En los últimos 18 años de mandato consiguió solo una Copa de Europa. Al final de dicho mandato había una crisis financiera en el club. Sus declaraciones siempre fueron las de un Mourinho multiplicado por 100… ¿Se imaginan, con lo mediatizado que está el mundo del fútbol, y la saña antimadridista contra todo lo que mueve nuestro equipo, lo que estarían diciendo de él?

El propio Bernabéu decidió no renunciar a la presidencia porque consideraba que él era la mejor solución, el gran dique que impedía que el Madrid cayera en malas manos. Algo muy parecido al discurso de Florentino.

Ni las formas ni las políticas pueden ser las mismas. Ahora es necesaria una mano izquierda que antes no se consideraba tan imprescindible por esa explosión mediática, donde hay que cuidar ciertas formas y medir todo si se quieren evitar más incendios en un club al que pretenden hacer vivir en la histeria, consiguiéndolo en muchos momentos. Demasiados. Además, congeniar las infinitas sensibilidades sin ofender ni despreciar los principios básicos del madridismo es una tarea compleja, especialmente teniendo en cuenta lo anterior.

No moverse podía valer antes. No contestar, no presentar batalla, era algo válido en el pasado, porque el altavoz mediático era menos sonoro, su expansión más reducida y controlada. En el Real Madrid seguirían goteando los títulos y la siesta es muy cómoda, pero el panorama ha cambiado y desde la dirección del club parecen no darse cuenta o no terminar de responder con determinación, dando bandazos que van del contestatario Mourinho a las reflexiones postpartido de Butragueño y Ancelotti. Esto, sumado a los éxitos del rival, que nunca fueron más que los nuestros salvo en esta época, hace obligada una contestación firme que nos devuelva a lo más alto en lo deportivo y corte la propaganda del antimadridismo.

Se hace necesaria una reestructuración de todos los departamentos, un modelo de conducta, disciplina y orden que marque una organización firme y recta donde se respeten las jerarquías, un esquema donde además de parecer serios seamos serios. Una reestructuración que debe recorrer el club de arriba a abajo y que implica una disciplina y un orden rígidos, así como unos dirigentes irreductibles y seguros que definan esas líneas con claridad y, sobre todo, las hagan cumplir.

Sin esto acabas dependiendo del carácter de los jugadores que vengan, haciendo incluso más necesario un examen psicológico de dicho carácter que el de las meras cualidades y capacidades futbolísticas. Se hace acuciante, por tanto, la formación y educación de base y al llegar al club desde todos los ámbitos. Estoy seguro de que se hace en la cantera en cierta medida, pero también parece claro que no lo suficiente, con canteranos que se largan a la mínima de cambio, que parecen guardarle más rencor al club que otra cosa o que cuando aparecen sus actitudes dejan bastante que desear… Quizá los transmisores elegidos para inculcar esos valores también deban ser examinados.

Un cambio de modelo donde se confíe en un cuerpo técnico, que podría tener miembros fijos como s