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El verano en que fui clementista

El verano en que fui clementista

Escrito por: John Falstaff12 junio, 2016
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Hay dos leyendas del fútbol mundial que celebran su cumpleaños el mismo día: Pelé y Andoni Zubizarreta. No voy a hablar aquí del mítico jugador santista, que siempre ha gozado del reconocimiento que merece su figura, más aún desde que protagonizara hace algunos años aquella encomiable campaña publicitaria contra la impotencia sexual (campaña que acaso convendría desempolvar en atención a los sufridos seguidores atléticos, tan propensos últimamente al gatillazo). De O Rei ya se ha dicho todo, o al menos todo lo que servidor es capaz de decir.

Hoy de quien quiero acordarme es de Zubizarreta, pero no para ensalzar sus muchos y variados méritos futbolísticos. Y ello pese a que el bueno de Andoni, con esa mirada tímida como de recién salido del caserío, con el beso de la amatxu aún fresco en la frente, fue un adelantado a su tiempo; en concreto unos cinco segundos, que era la antelación con que se dejaba caer al suelo en los penaltis cuando el lanzador se disponía a golpear la pelota. No paraba ni uno, claro, y eso le valió innumerables críticas. Pero eran críticas miopes, propias de quienes jamás alcanzarán a ver más allá de sus narices, porque qué importancia tenían esas pequeñeces ante la magnitud del genio que jugaba en la cuarta dimensión. Tampoco Cézanne paró un penalti ni vendió un cuadro en su vida y ahí lo tienen ahora, luciendo palmito en los mejores museos del mundo. Desde aquí animo a Zubi a que se ponga a pintar cuanto antes; la posteridad es una tómbola caprichosa, pero no está de más comprar algún boleto.

Bromas aparte, tengo a Zubizarreta por uno de los mejores porteros que ha dado España (pueden disparar, estoy a cubierto). Pero me desvío del asunto. Lo que quería decir es que la razón por la que lo traigo a colación es porque, si nadie lo remedia, la selección de Del Bosque, que algunos llaman española, se estrenará en breve en esta Eurocopa en la que ya estamos metidos de hoz y coz. Y cuando se trata del combinado nacional por excelencia, con permiso del gin-tonic, uno no puede sino rememorar la mejor selección española que el mundo ha visto, dejando a un lado la que Aragonés conjuntó en 2008: aquella que capitaneó don Andoni Zubizarreta y dirigió don Javier Clemente en el Mundial de Estados Unidos de 1994.

Mundial 94 España

Sí, señores. Ni el bostezo vestido de rojo que conquistó el mundo en Sudáfrica con el arma letal del aburrimiento, ni la animosa pero liviana selección con que Miguel Muñoz y Butragueño nos ilusionaron por unos días en México; la selección que a mí me ha hecho vibrar como ninguna otra fue la de Clemente en Estados Unidos. Aquel era un equipo sólido, armado, serio, temible como un acorazado y, sobre todo, ganador. Habrá quien objete que ganar, lo que se dice ganar, no ganó mucho, y que de hecho en aquel Mundial sólo conquistó dos victorias en cinco partidos, pero acuérdense de Cézanne, no me sean prosaicos y no permitan de nuevo que la frialdad del dato desnudo les nuble la vista. Aquella selección era ganadora hasta cuando no ganaba, tal era la belleza de su fútbol viril y directo, desprovisto de adornos y jeribeques, averso al toqueteo manierista de la pelota. Aquella era una selección de hombres que daban patadas al balón o al contrario, según procediera (que es en lo consiste el fútbol desde que el mundo es mundo), y no el engendro afeminado que llevamos una década padeciendo y que Del Bosque trata desesperadamente de conservar entre toneladas de alcanfor.

Por eso yo quiero rendir un orgulloso homenaje a Javier Clemente, el verdadero factotum de aquel equipo. Clemente, el Clemente pletórico de aquellos años, era un hechicero, un nigromante que lo mismo convertía a Caminero en estrella mundial que sacaba de sus casillas (¿he escrito casillas?) a periodistas campanudos (Número 1 dixit) que en lugar de opinar predicaban desde el púlpito. Y por el camino, armaba un equipo con ocho defensas que practicaba un fútbol vertical y conseguía goles con facilidad. Clemente, con su chusca socarronería bilbaína y su chulería innata, era sin saberlo un entrenador profundamente madridista, porque sólo le importaba la victoria y despreciaba a los trompeteros del estilo y del juego bonito. A Clemente le criticaban porque jugaba en función del equipo rival en lugar de imponer un estilo propio, y él contestaba que, habida cuenta de que en el fútbol el adversario acostumbra a existir, era aconsejable tenerlo en cuenta a la hora de plantear un partido. Del mismo modo, afirmaba que el único estilo que le convencía era ganar. ¿No les suena a algo lo de la crítica por ausencia de estilo propio? ¿Hay algo más madridista que no tener otro norte que la victoria? ¿No es admirable para cualquier madridista el mantener los principios a contracorriente, el resistir el chantaje de la prensa atrabiliaria, de los trileros de la opinión pública?

No obedeció a la casualidad que fuera Clemente el primero en jubilar a esos walking dead que entonces llamábamos Quinta del Buitre, y tal vez fuera ésa su mayor contribución al madridismo. La Quinta del Buitre fue un muerto en vida desde que el Milán de Sacchi la desnudó con crueldad y dejó al descubierto que su fútbol preciosista y engominado, de exquisita técnica, tenía la consistencia de unas tortitas con nata. La Quinta del Buitre jugaba con náuticos y con el jersey sobre los hombros, pero detrás de ese fútbol atildado, de escaparate de Serrano, no había nada. Era un equipo de cartón piedra, un ejército de niños bien que encandilaba a las mocitas madrileñas y se divertía con los equipos modestos que vestían calcetines blancos, pero que se desleía tembloroso cada vez que sospechaba que el rival podría llegar a romper alguna bonita nariz. El madridismo se dejó deslumbrar por el fulgor de su brillo, tardó demasiado tiempo en despertar de la ilusión y aún hoy sufre las consecuencias de una afición fatalmente contaminada por esa perversión que busca la belleza del fútbol en algo distinto de la victoria, que confunde el orgullo con el señoritismo y la eficacia con el efectismo. A Clemente, que repudiaba esa concepción del fútbol, no le tembló la mano, y yo lo aplaudí entonces y lo sigo aplaudiendo ahora.

Sé que la figura de Clemente no es precisamente popular entre el madridismo. Pero estoy convencido de que, separada la hojarasca de polémica que envolvía al personaje (el cual acabaría devorando al entrenador, pero ésa es otra historia), una inmensa mayoría de madridistas coincidirán conmigo en que el fútbol auténtico, el genuino, es el que defendía Clemente; es decir, el que se juega con un cuchillo entre los dientes y no con mallas y tutú.

Clemente Guardiola

En fin, supongo que lo que quiero decir es que la calidad y el virtuosismo, cuando se añaden al esfuerzo, hacen del fútbol algo sublime; pero también el esfuerzo ayuno de técnica, la búsqueda de la victoria contra toda razón y contra toda probabilidad, tiene la grandeza del fútbol que emociona, el que resulta conmovedor y por ello hermoso. Eso es lo que representaba aquel equipo de Clemente. Por el contrario, el virtuosismo onanista y con frecuencia indolente, el pagado de sí mismo, el que grita "me lo merezco", el que desconoce el afán de superación y el compromiso, el que carece de verdadero espíritu competitivo, es una falacia, un fraude, un burdo trampantojo, así responda al nombre de tiquitaca o al de Quinta del Buitre.

Yo no sé qué hará la selección de Del Bosque en esta Eurocopa. Pero sé que cuando los mismos periodistas que se rasgaban las vestiduras con Clemente se deshagan en elogios al equipo de Del Bosque durante los próximos días, cuando el tedio producido por el jabón con que se masajea a esta selección que huele a naftalina me resulte insoportable, volveré la mirada a aquel verano de 1994 en que fui clementista. Lo haré como el que mira un viejo cuadro que aún le emociona, y sonreiré pensando en aquel equipo con alma y sin brillo que rebosaba frescura, pundonor, orgullo y competitividad.

Sí, había mucha belleza en el patapún p'arriba.

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En el prosaico mundo real me llaman Eduardo Ruiz, pero comprenderán ustedes que con ese nombre no se va a ninguna parte, así que sigan llamándome Falstaff si tienen a bien. Por lo demás, soy un hombre recto, cabal y circunspecto. O sea, un coñazo. Y ahora, si me disculpan, tengo otras cosas que hacer.

22 comentarios en: El verano en que fui clementista

  1. Yo tengo mejor recuerdo de la de Méjico 86. Nunca la quinta del buitre ha estado mejor que aquel año. Pero faltaba Hugo y Maceda tuvo que irse a casa lesionado. Y a esa quinta siempre le faltó algo de competitividad en los momentos cruciales. Pena ...

  2. Artículo provocador y brillante. Con varias trampas argumentales pero que funciona para incomodar y espabilar a los aficionados. Como ya soy viejuno recuerdo ambas cosas: la selección de Clemente y el Madrid de la Quinta. Lo cierto es que no sé si ese Madrid llegó a ganar alguna final a partido único. Recuerdo las dos Uefas, pero eran a doble partido. Cierto es que tenía algo de "blandito". Más cierto es que le arrolló el mejor Milán de su historia. No sólo al Madrid, muchas fueron sus víctimas. En cuanto a Clemente, su lucha fue contra un sector de la prensa mientras otro, muy poderoso, le protegía. Nada que ver a lo que se tiene que enfrentar un entrenador del Madrid hoy en día.

  3. Demasiadas estupideces por centímetro cuadrado de texto. El Barcelona ha jugado maravillosamente bien y lo ha ganado todo varias veces. Aquel Madrid de la Quinta debió ser campeón de Europa el año que la ganó el PSV. Jamás he visto tanta suerte en una eliminatoria a doble vuelta. La pelota que le sacó Van Breukelen a Hugo Sanchez en Eindoven es de las cosas más imposibles que he visto en el fútbol.

  4. Un mal verano lo tiene cualquiera, pero ni aun así se explica este arranque de primitivismo. No sé, ponte el aire acondicionado.

  5. Trampas brillantes (¡gracias!), estupideces y primitivismo. Podría haber sido peor.

    Dave, ciertamente el artículo está lleno de estupideces, de mis estupideces. Pero no pasa nada si éstas no le gustan; tengo otras.

    Número Dos, en mí el primitivismo no es un arranque, sino una naturaleza. Hiere mi vanidad que todavía no te hayas dado cuenta. De todas formas, para primitivo, el odio que despertaba Clemente en algunos aficionados. Así que supongo que el primitivismo, como la risa, va por barrios.

  6. Pues yo, siendo cierto que el artículo propone argumentos discutibles, lo he disfrutado bastante, muy en tu estilo, Lagavulin: provocador, ingenioso y de prosa fresca y brillante.
    Y que conste que yo no tragaba al personaje de marras.

    Un abrazo

  7. Hombre, Número Dos, tampoco es eso. Falstaff es un dandy y el dandismo impone sus peajes de singularidad. A mi me parece saludable retorcerle el cuello al cisne de cuando en cuando para hacer limpieza. Lo que no quita que en este caso creo que confunde el humo de la turba de Isley con la chamusquina de Baracaldo. A mí me gustó en su momento el primer Clemente del Athletic, que resucitó algunos aromas olvidados hacía décadas en San Mamés; pero su trayectoria posterior no tiene un pase. Tampoco me parece que en el personaje haya nada madridista, siempre fue un entrenador para manejar plantillas alicortas. Por eso solo funcionó en el Athletic y, en parte, en el Espanyol. Por otra parte, su selección no rompió más nariz que la de Luis Enrique, que en lugar de comerse la portería con la nariz rota y escupirle después la sangre a la cara a Tassotti, fue a llorarle al árbitro como un niño descalabrado de los de mi infancia.

    En todo caso, los caminos del arte son plurales y alternativos. No se explica sin el trazo primordial de los bisontes de Altamira, pero tampoco sin el rasguño alado de los almendros de Hiroshige.

  8. Parto de la base de que los artículos de Falstaff me suelen gustar bastante, y que entiendo esto como un artículo que busca impactar y provocar. Pero déjeme que le diga, Don John:
    Hombre, la Quinta tuvo su declive como todo equipo,sí...Pero antes, ganó alguna "cosilla". Entre otras, 5 ligas consecutivas (records incluidos), 2 copas de la UEFA (de aquella UEFA a la que iban 2º,3º y 4º de las mejores ligas), y estuvo en claras condiciones de ganar la Copa de Europa, al menos, en 1.988,año del PSV...además de dejar partidos históricos con victorias ante el Bayern (ogro de la época), Nápoles de Maradona y Careca, Inter, Juventus de Platiní...en fin, que cualquier madridista que se precie debe, al menos, respetar como merece a un equipo histórico e ilusionante, que eso sí, después tuvo el declive correspondiente, como es lógico.
    Por otra parte, basta comentar el once titular de la foto que ilustra el texto para valorar el juego de Clemente: 7 defensas,"Bakero p'atrás" de enganche,y arriba, Goiko y el hijo de Amunike... Con todo el respeto, admítase como expresión enfática, VAMOS NO ME JODAS!!!!, Clemente tenía de madridista lo que Messi de honrado.

  9. Pues yo suscribo el artículo íntegramente. En todo lo que dice porque yo lo viví igual. Ese Mundial y el del 86 fueron los que viví con mayor pasión, hasta el de Sudáfrica, claro. Luego, poco a poco, me han robado la Selección y hoy ni siento ni padezco.

  10. Queridos Falstaff (y Número Uno), a mí las humoradas me parecen de perlas. El dandismo ya no me seduce tanto, ser extravagante es mucho más fácil que ser original (aparte de que, hoy en día, despreciar a Del Bosque o a Casillas no es ninguna de ambas cosas). Ahora bien, entre la osadía de reivindicar la imagen de Clemente desde el madridismo, y hacer el oso embarrando la de la Quinta del Buitre desde el mismo lugar, media un trecho. Si de los caminos del arte se trata, estaremos de acuerdo en que el dadaísmo es encomiable siempre y cuando no sea involuntario.

  11. Queridos Número Uno y Número Dos, uno ya imaginaba que cantar las alabanzas del patapún p'arriba no era el camino más aconsejable para ganar un premio de popularidad entre el madridismo.

    Lo que uno pretendía es simplemente plasmar sus opiniones, cargando un poco las tintas para provocar la reacción del lector, con la esperanza de que alguno de ellos tal vez reflexionase sobre ciertas "verdades incontestables" del madridismo. No con el objetivo de convencer a nadie, sino con el mucho más modesto de sacudir un poco ciertas convicciones, siquiera fuera para que al hacerlo cayera un poco el polvo que las cubre. En su inocencia, uno cree que poner en cuestión de vez en cuando la "received wisdom", como dicen los americanos, es siempre saludable. Con que uno solo de los lectores haya reflexionado un nanosegundo, aunque sea para reafirmarse en sus convicciones anteriores, me doy por satisfecho.

    Lo que no quiero dejar sin contestar es la insinuación de que las opiniones que expongo en mi artículo responden al mero ánimo de resultar original. Mis opiniones serán acertadas o erróneas, originales o vulgares, pero son mías y por eso las defiendo, sin perjuicio de que al hacerlo tienda al trazo grueso e incluso a la caricatura buscando -con mayor o menor fortuna- cierto efecto retórico. Si tales opiniones coinciden con la mayoritaria en el madridismo (Del Bosque y Casillas) o no (Clemente y la Quinta) me trae absolutamente sin cuidado.

    Así que si por tener opiniones propias uno es un dandy, un extravagante o un dadaísta a su pesar, previo paso por el zoo, habrá que asumirlo con dignidad. Peor -creo yo- sería no tenerlas y opinar siempre ofreciendo la espalda al viento.

    Salvo que no estemos hablando de opiniones sino de dogmas de fe, de forma que elogiar a Clemente y criticar a la Quinta del Buitre le convierta a uno inmediatamente en un hereje del madridismo. En cuyo caso, como tengo escasa querencia a probar en carnes propias las bondades de la hoguera, proclamaré: "¡Clemente malo y la Quinta buena!"

    Eppur si muove.

  12. A mi siempre me ha caído bien Clemente. Quizá por que siempre tuvo a casi toda la prensa en contra, lo cual a mis ojos es un plus. Del mismo modo que tenerla a favor me invita a desconfiar.
    También es cierto que acabo entrenado más contra la prensa que para su equipo.

    En cuanto a la selección de Clemente fue la más potente que yo recuerdo hasta la Euro-2008. La más competitiva, la que más cerca parecía de tocar la gloria. Entrenada por un tío que no dudaba, o dudaba poco. Un equipo rocoso y difícil de ganar. Por calidad no seríamos los mejores, pero competitivos como el que más.
    Y sí, empezaba el declive de la quinta y apostó por otros. Tuvo el carácter suficiente para tomar decisiones difíciles y empezar de cero. Cierta prensa no le perdonó que tocase a sus protegidos.

    Esa prensa deseaba la derrota y no cejaba en su empeño en desestabilizar a la selección. Iban con todo. Mucho hemos hablado de la cruzada anti Mou, pero los que más han atacado al portugués ya tenían la muesca Clemente en su historial. Al final consiguieron echar a Clemente y no se cortaron en sacar pecho. Igual que cuando se fue Mourinho.

    1. Hombre sí, todo eso es un punto a favor ... pero lo de poner a Julio Salinas ... Ante eso, palidece lo de poner a Zubi o meter a Hierro en el medio campo.

  13. No me minusvaloren el dandismo, Mr Falstaff y N2, que es cualquier cosa menos banal. Y el dadaísmo! Uno de los grandes fenómenos del siglo (pasado).

    Pero no vayamos tan lejos. Habrá que escribir de la Quinta en un futuro próximo. Aunque sea bien.

  14. Querido Falstaff, releo mis comentarios y veo que me salieron ligeramente desabridos, así que me disculpo por el tono. Pero releo también tu artículo y lo que dices sobre la Quinta me vuelve a parecer, no acertado o desacertado, sino arbitrario. Y la arbitrariedad es el verdadero y único signo del dogma, eso sí que no va por barrios.

  15. No, si a mí el dandismo y la originalidad me parecen maravillosos. El dadaísmo algo menos, debo confesar, porque me repele la generosa dosis de autocomplacencia que lleva consigo. Y lo que no me gusta nada es la extravagancia gratuita y facilona. En fin, espero impaciente ese elogio de la Quinta del Buitre. Eso sí que será un desafío para la originalidad.

    A todo esto, no he dado las gracias a Corchea y a Coke González por sus amables palabras, pese a que ninguno de ellos parece compartir mi clementismo retrospectivo. Sí que lo hacen, y lo celebro, Jordiggcc y Manu. Gracias a ellos por dar un paso al frente bajo la lluvia y a todos por leer el artículo y molestarse en opinar sobre él.

    Pero estos debates me dan sed. Así que ahora, si gustan, quedan todos invitados a un trago. Oste! Un'altra bottiglia!

  16. Hombre, Número Dos, cuando escribí mi último comentario no había leído el tuyo anterior.

    Te agradezco las disculpas, pero no eran necesarias. Tu tono, ciertamente, ha sido desabrido, aunque no estoy seguro de que el adverbio "ligeramente" sea del todo ajustado. Pero no seré yo quien lo reproche; no va a incurrir uno en los mismos defectos que achaca a la Quinta del Buitre. Cuando uno salta al césped ha de estar dispuesto a llevarse algunas tarascadas, y ya he dicho en alguna ocasión que a mí me gustan los jugadores que meten la pierna. Además, no todos los días tiene uno el raro privilegio de ejercitarse en la esgrima dialéctica con tiradores tan acreditados como los Faerna. Así que disculpas aceptadas pero innecesarias.

    No acabo de ver por qué mi opinión sobre la Quinta es más arbitraria que cualquier otra, ni por qué me convierte en dogmático el opinar que la Quinta carecía de la solidez competitiva de los equipos verdaderamente grandes, que tras sus dos primeros años se aburguesó y se convirtió en un grupo de jugadores acomodaticios y autocomplacientes, o el añadir que tuvo un efecto a mi modo de ver pernicioso en los gustos de la afición. Uno, en su ignorancia, pensaba que el dogmatismo nunca podía estar en expresar una opinión, sino en todo caso en tachar a alguien de primitivo, extravagante o dadaísta involuntario, dejando caer por el camino que hace el oso o insinuando que el calor le ha reblandecido el cerebro, por el terrible delito de tener una opinión diferente de la propia.

    Pero qué sabré yo. Añado esta enseñanza a las muchas que recibo con cada uno de tus artículos (digo esto sin el menor atisbo de ironía) y te agradezco de nuevo la oportunidad de discutir contigo. Por mi parte, aquí lo dejo porque creo que la cuestión ha quedado agotada.

    ¿Otro whisky?

  17. Amigo Falstaff, sólo unas líneas para que no parezca que no admito opiniones distintas a las mías, que es lo que malévolamente estás dando a entender. Admitir una opinión no es lo mismo que aceptarla, claro, es sólo el primer paso para a continuación discutirla. Y ahí está el problema de tu artículo, que no hay manera de discutir lo que dice, y por tanto es dogmático. Por un lado, haces un elogio de los equipos ganadores; a continuación, matizas que un equipo ganador no es necesariamente el que gana alguna vez algo, ilustrándolo con las selecciones de Clemente; y finalmente te das la razón a ti mismo declarando que el Madrid de la Quinta no era en realidad ganador aunque lo ganara casi todo durante mucho tiempo (como resume muy bien Coke González un poco más arriba). En definitiva: Clemente sí, la Quinta no, porque yo lo digo.
    Yo admito opiniones contra la Quinta, contra Di Stéfano, contra el Real Madrid en su conjunto, incluso contra los fumadores. Todo lo que sea huir del muermo debe ser bienvenido. Y tampoco tengo nada contra los caprichos de los demás, siempre que los demás no describan los míos como "una falacia, un fraude, un burdo trampantojo". Está claro que la Quinta no era tu "cup of tea", y me parece muy bien. Pero eso no es una opinión sino lo que los clásicos llamaban un apetito (negativo en este caso). Así que corrijo el tiro y, con permiso de Número Uno, retiro lo de dadaísta y te encuadro finalmente en el expresionismo.
    Nada de lo cual me impide aceptar muy honrado ese whisky.

    1. Pues al calor de ese whisky te digo que yo también me equivoqué en lo de desabrido; en realidad eres es un zalamero. Me dices unas cosas tan bonitas cuando discutimos que estoy dudando entre romper mi promesa y continuar esta conversación ad aeternum, o directamente dejar a mi mujer y pedirte matrimonio. Yo creo que la felicidad conyugal debe de consistir en que, en lugar del manido "es que nunca me escuchas", tu consorte te suelte en mitad de una pelotera eso de "a ti lo que te pasa es que eres un expresionista".

      Pero en fin, resistiré la tentación. Voy a mantener mi palabra y a morderme la lengua. Quién sabe si al final yo también voy a tener que escribir un artículo sobre la Quinta, aunque sea mal, siquiera por no perder la esperanza de acabar siendo adscrito a la Bauhaus.

      1. Me quito el sombrero. Un broche perfecto para un debate de auténtica altura. Serán estos whiskys, hay que repetir pronto.

  18. Nunca fui clementista y nunca lo seré, pero estoy muy de acuerdo en lo que respecta a la quinta del buitre, un buen equipo para andar por casa y poco más. Solo hay que ver alguno de sus partidos antiguos y uno , hoy día, se da cuenta de lo mediocre de aquel juego, tan alabado y tan celebrado, por los que en aquella época eramos unos imberbes. Después vi al gran Milan y entonces comprendí lo que era un equipo grande de verdad. Salvaría a Hugo Sanchez y poco más.

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