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Veinte años después

Veinte años después

Escrito por: Athos Dumas16 julio, 2018
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Como la célebre novela de Alexandre Dumas (gran madridista, como se comentó en La Galerna), Veinte años después, tras el logro de 1998, Francia volvió a conquistar la Copa del Mundo FIFA. En la novela, continuación de Los tres mosqueteros, se enfrentan entre sí dos parejas de íntimos amigos, por una parte D’Artagnan y Porthos, por otra parte Athos y Aramis. No les cuento más, la novela es magnífica y altamente recomendable. Léanla.

En el estadio Luzhniki de Moscú se enfrentaron ayer por la tarde dos excelentes amigos, Raphäel Varane y Luka Modric, madridistas de pro y destacadísimos representantes de sus selecciones, Francia y Croacia, sin duda las dos mejores de esta Copa del Mundo. Uno de los dos tenía que sufrir la amargura de la derrota, del subcampeonato. Ese rol le tocó finalmente a nuestro queridísimo Lukita, el favorito de millones y millones de madridistas, un jugador único e irrepetible, el verdadero líder de su pequeño país, Croacia, respetado tanto por la Presidenta de su país, la cariñosa y carismática Kolinda Grabar-Kitarovic, como por el Presidente de la Federación, nuestro Davor Suker, por el Seleccionador Zlatko Dalic y, por supuesto por todos sus compañeros de selección, empezando por su lugarteniente Ivan Rakitic, culé y magnífico centrocampista.

Modric no ganó el Mundial para su país, hecho que muchos madridistas lamentaron (lamentamos) ayer, pero volvió a conquistar nuestros corazones, siempre manteniendo la cabeza bien erguida y tratando de levantar los ánimos de los suyos incluso cuando iban perdiendo 4-1. Este columnista se encontraba ayer viendo el partido en Francia, por motivos vacacionales, por lo que tuvo la gran suerte de no soportar una retransmisión más de Telecinco, con los lamentables comentarios de Carreño, Kiko y nuestra vieja gloria merengue José Antonio Camacho. Los comentarios en el canal público francés TF1, por parte de Grégoire Margotton y el ex campeón del mundo Bixente Lizarazu daba gloria escucharlos, sobre todo si caíamos en no deseadas u odiosas comparaciones. Obviamente, no eran comentarios imparciales, pero sí notablemente elogiosos en todo momento para la bravura de los croatas. Me llamó particularmente la atención que, en varias ocasiones (incluso yendo el partido 0-0 o 1-1, o con los croatas asediando la portería de Lloris con un igualado 2-1), tanto Margotton como Lizarazu hicieron campaña para que Modric fuese nominado Balón de Oro del Mundial, y también del futuro Balón de Oro de France Football. Cada vez que el balón pasaba por Modric, los elogios se encendían, se hablaba constantemente del magnífico centrocampista del Real Madrid, de su enorme calidad, de su personalidad, de la sensacional temporada que estaba llevando a cabo. Insisto. Francia se estaba jugando el título mundial, y los halagos no paraban de llover sobre el genio de Zadar, el niño de la guerra, el capitán de un país de Liliput que durante más de sesenta minutos hizo padecer a todo un país de casi setenta millones de habitantes, casi veinte veces más que Croacia.

Luka no pudo dar el empujón final para que los suyos conquistaran los seis kilos del preciado trofeo, pero sí que conquistó merecidísimamente el Balón de Oro de la Copa del Mundo FIFA 2018, por delante nada menos de Eden Hazard y de Antoine Griezmann, autores ambos de un enorme campeonato. Luka lo recibió a la vez con humildad y con un indisimulable dolor, reflejado en un precioso abrazo entre él y la Presidenta Kolinda, mientras empezaba a caer sobre Moscú un abundante aguacero. Anécdota curiosa fue ver cómo un esbirro de Putin se apresuraba a guarecer al mandamás ruso bajo un enorme paraguas, mientras Macron y Suker echaban a perder sus impecables trajes oscuros, y la maravillosa Kolinda abrazaba sin parar a sus compatriotas, al equipo arbitral (mal Néstor Pitana al dejarse engañar por Griezmann en la falta que supuso el primer gol galo) y a todos los componentes del equipo francés.

Mientras tanto, nuestro D’Artagnan-Varane se alzaba con un nuevo título de caza mayor, habiendo sido con diferencia el mejor de los cinco defensas del campeón del Mundo (incluido Lloris, inseguro en la final y culpable directo del 4-2 de Mandzukic) y el mejor defensa central del campeonato, siempre sobrio, haciendo fácil lo difícil, inexpugnable por alto y autor del primer y decisivo gol de su equipo ante Uruguay en cuartos de final. Varane culmina una temporada de ensueño, con el dificilísimo doblete Champions-Copa del Mundo, como sus predecesores madridistas Karembeu (1998), Roberto Carlos (2002) y Sami Khedira (2014). Su participación en ambos títulos ha sido muy superior a la del caledoniano y a la del alemán de origen tunecino, y solo comparable a la del glorioso lateral izquierdo brasileño.

Varane y Modric, que se abrazaron antes y después del partido, conquistaron ayer en Moscú la gloria, una vez más, aunque de diferente manera. Ambos deben de estar bien alto en la próxima elección del galardón de France Football, ya que han hecho méritos ampliamente superiores a los de otros posibles candidatos, véase Griezmann, Mbappé (enorme Kylian por cierto, debería ser objetivo prioritario para nuestro club en los próximos años), Hazard y los perennes Cristiano y Messi. Ojalá sea para Luka Modric, el más grande conquistador de corazones madridistas de los últimos venticinco años.