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Van Nistelrooys hay muchos; Benzema uno

Van Nistelrooys hay muchos; Benzema uno

Escrito por: Mario De Las Heras4 diciembre, 2017
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Empiezo a creer que el zidanismo, como evolución última del florentinismo, es incompatible con reconocibles y quizá atávicas manifestaciones críticas del madridismo, que junto al pesimismo que yo advierto incluso en admiradísimos amigos y compañeros de la Galerna (un pesimismo analítico para más señas) empieza a resultarme pesado, no porque ellos y los demás lo sean, ni mucho menos, sino porque pienso que realmente es algo que pesa, que lastra efectivamente. Otra especie de intangible con el que carga el Madrid a cuestas.

A veces me imagino al Madrid, como ahora, igual que a Robert de Niro cargando con las armaduras en La Misión pero sin la música salvadora de Ennio Morricone. No hay música sino pitidos, bufidos, gritos, prepotencia, bromas y malos gestos. El zidanismo puesto en cuestión por las teorías de siempre. Los convencimientos que valen lo mismo para Wanderley Luxemburgo que para Zinedine Zidane. Es como el dogma de los sacerdotes del templo que murmuran en sus reuniones y son capaces de derribar al rey, al príncipe o al caudillo.

el zidanismo puesto en cuestión por las teorías de siempre

Son esos que siempre están y siempre dicen lo mismo temporada tras temporada. Es ese criticismo heredado y contagioso que prescinde de lo más importante: del deporte y de la pasión del deporte, incluso más allá: de la veneración de los colores que no ha de ser fanática. Ese criticismo con solera casi invalida la afición por el Madrid. El criticismo que no deja lugar para la paciencia. El criticismo alarmista, vocero, parcial, injusto (no el analítico y sentido de mis colegas, que al menos es analítico y sentido, pesimista y cenizo pero analítico y sentido) y soberbio de los que creen saber más que los campeones de todo.

Hay auténticas hordas sueltas por las calles dictando su propia ley madridista. Una ley atávica, primitiva. Me atrevería a decir que es una leyenda a la que intenta superar la sonrisa de Zizú, quien no sólo trata de superar la cantinela mediática de la que curiosamente también se surten muchos de esos guardianes de la ley que empiezan a sospechar de Cristiano Ronaldo porque no está marcando, de momento, goles en La Liga. Para qué hablar de Benzema al que odian esos puristas. Lo odian por ser único. Lo odian por no ser Van Nistelrooy, el gran Van Nistelrooy a pesar de que en el Madrid hayan jugado muchos Van Nistelrooys. Muchos Van Nistelrooys y un solo Benzema.

Esos críticos terribles, esos conservadores inconmovibles, esas esencias madridistas procaces no confían nada en su equipo ganador que bien puede no serlo este año para serlo al siguiente con los mismos mimbres. Severos e implacables, parece solamente sentirse su presencia en los malos momentos, unos malos momentos que pueden deberse a multitud de factores y causas, de mayor o menor importancia y duración, pero que son tomados en cuenta siempre con el mismo criterio dramático y finalista y despectivo. Un purismo de tendido siete. No creo que a Zidane le importe algo la opinión del tendido siete. Yo creo que el tendido siete y todo lo que le rodea puede ser al fin un recuerdo, una superación, si Zidane logra salvar este bache provocado por la falta de acierto como si el Madrid fuese un galeón parado en medio del océano por la falta de viento y de agua, con sus tripulantes sedientos y exhaustos y desesperanzados. Estamos esperando la lluvia y el viento. Pero Zidane el afortunado no tiene la culpa de las inclemencias del tiempo.

Esos baches que han acabado tantos proyectos prematuramente más por la impaciencia interna (el miedo) que por la presión externa. Esa ley que aprieta, que ahoga. Esa afición que es como el lado oscuro de la fuerza de Darth Vader sobre las gargantas de sus pobres comandantes, que prima un supuesto mal juego del equipo (yo no he visto eso salvo desconexiones e indolencias criticables pero no sentenciables) sobre el escándalo sin precedentes (que ya es decir) del arbitraje que recibe en una Liga donde los colegiados son tan estrellas (no por su valía sino por sus tendencias) como los propios futbolistas.

Un árbitro no puede ser una estrella como tampoco un juez puede ser una estrella. El árbitro y el juez deben ser anónimos. El futbolista y el acusado y los abogados sí pueden ser estrellas. Lo contrario indica tongo inicial, que es lo mismo que decir tongo total. Un aficionado, aunque sea del Madrid, no puede obviar esta circunstancia capital a costa de ese criticismo atávico. ¿Qué importa el juego, sea malo, bueno o regular, si las normas del mismo están adulteradas? Eso es ensañamiento. Es peor, es un suicidio con saña. Es un masoquismo revestido de señorío, esa palabra que debería ser el arma más temida por el madridismo, del mismo modo que el zidanismo, como consecuencia última del florentinismo, debería ser hoy la más amada.