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Messi, Valdano y Cortázar 

Messi, Valdano y Cortázar 

Escrito por: Jesús Bengoechea2 septiembre, 2020
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Jorge Valdano ha vuelto a encandilar a sus admiradores (y, supongo, enrabietar a sus enemigos) con una frase brillante relativa a la espantada de Messi del FC Barcelona: “Messi se irá a otro equipo o a su casa, pero ya se ha ido”. No me resisto a jurar que la frase “Messi ya se ha ido” lleva dando vueltas por el grupo de WhatsApp de La Galerna desde el mismo día del burofax, cortesía de nuestro redactor jefe Pepe Kollins, y por tanto antes de que Valdano la pusiera en circulación, pero como descuento que el exdirectivo y exentrenador y exjugador blanco no tiene acceso a nuestro grupo (ni intención de plagiarlo) habrá que decidir que ha llegado por su cuenta a la misma sentencia, y felicitarle por ello. A él y a Pepe Kollins, a ambos.

valdano en el bernabeu

Creo además que, ejerciendo un empirismo digno de Hume, Valdano no ha hecho sino ir de lo general a lo particular en aplicación de la frase de Cortázar “El que dice que se va es porque ya se ha ido”, que creo haber escuchado citar al propio Valdano en alguna otra ocasión a cuenta de alguna otra rebeldía de algún otro futbolista.

Messi, Valdano y Cortázar. Entre argentinos anda el juego, y no es necesariamente mala cosa tratando como tratamos de un juego dialéctico. Puede que yo no sea el único admirador español de la parla argentina, y en particular porteña, pero sí soy él único de los que conozco que no lo lo oculta. Pasé dos meses en Buenos Aires por trabajo, y creo poder decir que he sacado más en claro de cualquier charla de cinco minutos con cualquier camarero de la calle Corrientes que de todas las apariciones públicas de Pedro Sánchez. Valdano habla y escribe muy bien. De Cortázar qué decir. A Messi no lo llamó Dios por esos caminos, si bien me consta que muchos seguidores del Barça, en las actuales circunstancias, agradecerían un grado de elocuencia mínimo en explicaciones que estarían al alcance del fenómeno.

julio cortazar

En mi cuento favorito de Cortázar (atención: SPOILER), el protagonista pone en manos del destino su futuro amoroso. Decide viajar en el metro con un trayecto predeterminado. Si mira a una mujer que le gusta, y ella le devuelve la mirada, el juego empieza. Tiene derecho a seguirla siempre y cuando ella abandone el vagón en la misma parada en la que él tenía pensado bajarse. Si además ella toma el transbordo que él tenía pensado tomar, tiene derecho a dirigirle la palabra.

El flechazo llega, llega la sonrisa y llega la misma estación de bajada prevista por él. La sigue, pero sucede que ella elige un transbordo diferente al que nuestro hombre estipuló consigo mismo. El enamoramiento repentino es tan intenso que no puede evitar traicionar las normas y asaltarla. ¿Vamos a despedirnos para siempre, antes incluso de habernos encontrado?

Comienza una relación amorosa idílica que dura unos meses, justamente hasta que él no puede resistir el remordimiento de conciencia. A ella le cuesta entender, pero finalmente debe ceder al peso inapelable del juego. Por grande que sea la pasión no pueden seguir juntos, por la sencilla razón de que él hizo trampa. No tenía derecho a abordarla en aquel pasillo del suburbano, y por consiguiente su relación estaba establecida sobre bases fraudulentas.

messi triste

A través del burofax, Messi ha puesto su futuro (en este caso profesional, no amoroso) en manos del destino. Despechado por derrotas de las que no se cree responsable (es el único argentino que no podría suicidarse saltando desde lo alto de su propio ego, aunque esto no lo hace menos poderoso), ha dejado su casa atrás y se ha metido en el metro con cuatro coordenadas aleatorias en la cabeza. El protagonista del cuento no tiene pareja inicialmente. Messi tiene una pareja que no le satisface. Volver con ella supondría escoger un transbordo diferente al marcado en el mapa esa misma mañana, porque aun no habiendo un transbordo prefijado sí sabe que ambas direcciones nunca pueden coincidir. Messi, sencillamente, ya no va donde vaya el Barça.

Por eso Messi ha partido ya, de manera real o metafórica, que es más real que la real. Porque dar marcha atrás sería hacer trampa. Sería recomenzar timando al destino como lo haría un mal trilero. Messi ha puesto su futuro en manos del viento, del aire que sopla en los vomitorios del metro, lo que supone un órdago mucho mayor que el ponerlo en las manos del City o del PSG por las mismas razones por las que quien deja a su pareja por nadie da un paso mucho más definitivo (aunque no lo parezca) que quien la deja por otro o por otra.

Messi ya se ha ido. Lo saben Valdano, Cortázar y Pepe Kollins.

Y Messi.

 

Fotos: Getty Images