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La Galerna de los Faerna
Todos somos Guardiola

Todos somos Guardiola

Escrito por: Angel Faerna31 diciembre, 2015

El alegre y chispeante periodo navideño, que dios confunda, ha puesto sobre la mesa varias cuestiones urgentes y una sola importante. Es urgente, por ejemplo, que nuestros jugadores espabilen de una santa vez y se apliquen a producir partidos de monótona excelencia en vez de zarandearnos con este cóctel mareante de minutos de Sturm und Drang y recaladas en el paisajismo más inane, de orgías goleadoras seguidas de gatillazos y casi-casis, de entradas y salidas de la enfermería que parece que allí den sexo gratis, y que nos tienen a todos en un ay. Es urgente también que los proverbiales estamentos del club se dejen de denunciar campañas, porque a las campañas y a sus muñidores nada les sienta peor que comprobar que no hacen mella alguna en la moral del enemigo, y eso no se consigue precisamente pataleando. No menos urgente es que ciertos esprits forts se abstengan de seguir repitiendo la broma pesada del coco Mourinho para escandalizar al personal: un poco de consideración, por favor, que hay niños. Si me apuran, hasta considero urgente que en este país se forme de una vez gobierno con lo que hay, que parece que nuestros próceres se van por la pata abajo en cuanto les ponen delante un problema de aritmética con más de un sumando. En este remolino de urgencias que nos ha traído la indigesta conjunción de la fiesta de la Navidad con la fiesta de la Democracia —y que, como todo lo urgente, irá para largo—, sólo un hecho importante, y de gravedad insólita, nos ha conmocionado a todos.

Como saben, un humilde y poco cualificado trabajador de 24 años, recién captado por una empresa líder del sector y en la que parecía que sus lógicas expectativas de promoción laboral y una mayor seguridad económica iban a empezar por fin a cumplirse, ha visto rescindido su contrato a las 8 horas de haberlo firmado, sin indemnización ni compensación alguna hasta donde se sabe, debido a unas declaraciones suyas vertidas años ha en relación con la mencionada empresa. El trabajador, de profesión futbolista, responde al nombre nada inadecuado de Sergi Guardiola, y la empresa, FC Barcelona, tiene a sus espaldas un abultado historial de contrataciones brumosas y fiscalmente deshonestas que le han valido ya un juego completo de expedientes y sanciones por parte de la autoridad competente, nacional e internacional. El sindicato de futbolistas, AFE por sus siglas en español, está estudiando tan a fondo el caso que aún no ha tenido un momento para que su portavoz, de todos desconocido, asome la cabeza por la puerta del gabinete de crisis para decir esta boca es mía.

sergi guardiola

Ciertamente, las declaraciones del ahora despedido (o del ahora contratado, pero 8 horas antes) causan bastante rubor. En concreto, las expresiones “puta Cataluña” y “hala Madrid” no pueden considerarse un modelo de razonamiento articulado ni, en el caso de la segunda, un plato de gusto para FC Barcelona. Bien es verdad que fueron cursadas por tuit, lo que vale tanto como decir que sólo puede tomárselas en serio alguien muy ansioso por llevarse las manos a la cabeza, como es costumbre por aquí. Dicho sea de paso, yo creo que en España tenemos un problema con Twitter muy parecido al que tienen en Estados Unidos con las armas, su venta es indiscriminada y luego pasa lo que pasa, pero a ver quién es el guapo (y Obama sin duda lo es) que lo remedia a estas alturas.

Sospecho, no obstante, que ha sido la primera expresión la que más ha podido pesar en el ánimo de FC a la hora de atropellar a su indefenso trabajador, lo que desde luego carece de toda lógica empresarial (de la lógica jurídica, ni hablamos). Uno puede comprender que haber jaleado a la principal y más envidiada firma de la competencia en algún momento anterior de su existencia en la tierra no le valga al trabajador muchos puntos a la hora de ser contratado, de modo que FC Barcelona podría haber optado por no hacerse con sus servicios ante el temor de que su compromiso con la entidad no fuera el esperado. Si en la entrevista de trabajo fue preguntado al respecto y ocultó ladinamente su corazón tan blanco, entonces no digo nada. Pero si no lo fue, y el departamento de RR. HH. de FC carece de protocolos adecuados para diagnosticar casos de madridismo, como sí los tiene para detectar meniscos faltantes y otras taras a las que son proclives tantos futbolistas, entonces no está en su derecho de rescindirle el contrato a Guardiola en tanto este se las ingenie para suplir dicha tara con un ejercicio de profesionalidad sin tacha. De todos modos, parece mentira que los servicios médicos de FC Barcelona tengan tan poco ojo clínico: si el chico firmó por FC, salta a la vista que padecía sólo un madridismo ectópico y sin mayores consecuencias.

Lo que uno no puede comprender es que la primera expresión, una burrada de las muchas que se oyen por esos campos de dios y que las personas que comemos con cubiertos nunca dejaremos de escuchar con sonrojo, sea considerada una ofensa a FC Barcelona como tal, si no es porque FC tiene la curiosa fantasía de ser más que una empresa, lo cual es sin duda problema suyo. “Puta Cataluña” es una forma soez y palurda de intentar meterle el dedo en el ojo al adversario (peor aún, lo reconozco, que hacerlo literalmente), como decirle que la tiene pequeña o mentarle a la madre, sin que de ahí se siga nada sobre los verdaderos sentimientos del autor del exabrupto hacia la tierra, la minga o la madre del interesado, ninguna de las cuales tiene normalmente el gusto de conocer. Sería como si los accionistas y clientes de FC Barcelona se creyeran por un sólo minuto que su plantilla está formada por devotos natos de la Moreneta, chocantemente alumbrados en Argentina o Brasil, o que se emocionan lo más mínimo con el heroico ondear de esteladas en la factoría a riesgo de la propia vida o, en su defecto, de dolorosa multa. El impagable Michael Robinson ha contado muchas veces cómo lo primero que hizo cuando lo fichó Osasuna fue buscar en un mapa desde su casa de Liverpool la ubicación de esa ignota localidad navarra. Debió de pensar que, como la no menos impagable Castroforte del Baralla de Torrente Ballester, la villa de Osasuna levitaba a ratos para despistar a los cartógrafos. No lo mandaron de vuelta a su isla por desairar con su ignorancia al muy viejo y noble pueblo navarro, con excelente criterio. Ahora bien, el Club Atlético Osasuna es una empresa gestionada por gente sobria y de probidad intachable, y Mr. Robinson un gentleman, circunstancias ambas que contrastan llamativamente con el caso que nos ocupa.

Aquí siempre defendemos que el fútbol es cosa de niños, pero obviamente hablamos desde la perfecta irresponsabilidad de la que gozamos como aficionados sin licencia para matar, laboralmente hablando. Sin ir más lejos, ahora mismo subo del bar, de ver el Real Madrid-Real Sociedad, y la parroquia le ha volado la cabeza y le ha firmado la renovación sine die a toda la plantilla, alternativamente y como un solo hombre, una media docena de veces en el curso del partido. Con la misma gozosa irresponsabilidad, la próxima semana los Faerna haremos el papel de SS. MM. los Reyes Magos ante hijos y sobrinos, con lo descreídos y republicanos que somos y lo talluditos que van estando ya los nenes. No digo yo que en el mundo de la empresa no esté permitido también hacer el ridículo de vez en cuando calándose una barretina como quien se calza una barba de algodón en rama, pero siempre y cuando la broma no la pague un obrero, por cazurro que sea. Marx y Engels, autores poco indicados para niños y comprensiblemente odiosos para empresarios, pero sin embargo imprescindibles, ya nos dijeron que la Sagrada Familia no es más que una fantasía de la familia terrenal burguesa. Y, en el mismo orden de cosas, nos dijeron también que la superestructura ideológica se sustenta en la base material. Con lo cual vinieron a decir, expresado algo más técnicamente, que el alma blaugrana brota por sí sola una vez que la fuerza de trabajo que la anima es contratada por FC Barcelona. Concluyendo: el barcelonismo ha perdido con el fulminante despido de Guardiola a un incipiente pero ya ferviente culé, como se ve por el hecho de que el hombre se ha deshecho al instante en disculpas y golpes de pecho, además de negar la autoría de los estúpidos tuits (lo que para mi argumento da exactamente igual, por cierto). Estoy convencido de que el sector más ilustrado y menos estrambótico de la gent habría paladeado como un triunfo la segura conversión a la fe verdadera de este descarriado, y no habría dejado pasar la ocasión de restregárnosla por las narices a los madridistas de parecido talante, que quiero creer que somos muchos.

Y a todo esto, que el gobierno que salga arregle este sindiós laboral en el que vivimos españoles y catalanes. Es mi deseo de paz y amor social para el año entrante.

 

Número Dos

Ángel, el segundo de los Faerna, es profesor de universidad. Procura enseñar Filosofía sin hacer más daño del inevitable. Su especialidad, si acaso, es la epistemología y el pensamiento clásico norteamericano, extravagancia que compensa con una desmedida afición por los buenos arroces.

15 comentarios en: Todos somos Guardiola

  1. Yo dejé de ser Guardiola en el mismo instante q dijo que ahora era del equipo que mejor jugaba, es decir, del farselona. Se puede pedir perdón, pero renegar de tu madridismo ante gente q no te perdona una tontería tuitera es de pringado de manual.
    Y de lo demás yo también pienso que el club debe dejar de denunciar campañas con la boquita de piñón, que parecemos unos tristes y deprimentes llorones. Lo que hay que hacer de una puta vez es vetar a diestro y siniestro. Porque las denuncias verbales solo sirven para que se descojonen aún más de nosotros. Prefiero los vetos de verdad, porque ya que nos dan hostias que nos las den por algo. Un poco de carácter y mucha acción, cojones, y menos llantos de damiselas victorianas.
    Feliz 2016 a todos !!

    Saludos

  2. Magnífico artículo, D. Ángel, excepto por un solo calificativo: catalogar de gentlemen a Mr. Robinson, no es, en absoluto, de recibo para la grey madridista que lo sufre todas las semanas en las retransmisiones televisivas. Salvo que se refiera al esposo de Mrs. Robinson, aquella espléndida mujer de húmedos y lúbricos recuerdos.