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The boys are back in town

The boys are back in town

Escrito por: Jesús Bengoechea30 enero, 2017
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O quizá quepa decir que nunca se fueron. En todo caso, la que titula este artículo fue la frase con la que describió el partido ejecutado por los jugadores del Real Madrid el locutor de habla inglesa a quien yo estaba escuchando en la retransmisión que disfruté. Naturalmente hacía alusión al clásico setentero de Thin Lizzy, y se me ocurrió que no sería descabellado adoptarlo como himno cada vez que recuperemos al Madrid tras esos baches que son comprensibles a lo largo de una temporada, que a veces (por desgracia) cuestan eliminaciones en competiciones a cara o cruz y que la prensa no afín (es decir, prácticamente toda) pretende siempre hacer pasar por el principio del apocalipsis.

Los chicos, sí, están de vuelta. No todos de vuelta ni todos con el mismo grado de brillantez, pero lo cierto es que el segundo tiempo que nos depararon ante una espléndida Real Sociedad mueve a rescatar el optimismo más radiante. Dicen los profetas de la hecatombe, remisos a enterrar sus lúgubres augurios, que el Madrid se dejó dominar por el equipo donostiarra. El Real Madrid volvió a jugar sin (quizá) los dos mejores laterales del mundo -con la importancia que tienen los laterales en el fútbol moderno-, el mejor centrocampista del mundo (ahí ya casi sin "quizá") y el delantero más en forma del planeta antes de su lesión, entre otras bajas cruciales. Si les parece a los profetas de lo agónico que el Madrid tenía ayer la obligación de superar un 75% de posesión que hiciera palidecer de envidia a Pep mientras anuncia públicamente que su equipo está descartado (¡en enero!) del título en la Premier, que se lo hagan ver. Para empezar, porque el Madrid no se ha autoimpuesto nunca la obligación de alcanzar ningún porcentaje concreto de posesión, y al Madrid solo debe imponérsele lo autoimpuesto. Y por otra razón: el equipo está cubriendo las ausencias de Bale y Modric con Lucas Vázquez y Kovacic, jugadores estos especialmente dotados para el arte del contragolpe y no tanto para el del sobeteo. Para que el Madrid sobetee hace falta una condición necesaria aunque no suficiente: que Modric esté en el campo (decimos "necesaria aunque no suficiente" porque hace falta otra más, a saber: que al Madrid le dé la gana hacerlo porque el partido lo recomiende).

Este último razonamiento me viene bien para llevar cariñosamente la contraria a quienes ya empiezan a postular a Kovacic como el sustituto natural de Modric. Son dos jugadores radicalmente distintos, dicho sea sin ninguna intención de restar méritos a Mateo, que está creciendo a marchas forzadas y que ayer vivió lo que esperemos se consolide como una auténtica consagración. Kovacic no tiene el control del juego de su compatriota, pero ofrece a cambio una verticalidad capaz de romper cualquier línea de presión, un gran último pase y (en esto coincide con el futbolista que surgió de la guerra) una ingente capacidad de sacrificio en la medular. Le haremos un flaco favor, me parece, al pretender que sea quien recoja algún día (ojalá lejano) el testigo de Luka, pero no porque sea mucho peor, sino porque es muy diferente en su excelencia, y subrayamos esta última palabra. El propio Luka dijo de él, cuando llegó, que "el Real Madrid acaba de fichar un futuro Balón de Oro". Modric puede exagerar como hacemos todos con nuestras pasiones, pero es filosóficamente imposible que diga una gilipollez.

Por lo demás, la víspera había servido para que la prensa ensayara su clásica profecía autocumplida, es decir, voy a poner en titulares que Danilo, Cristiano y Benzema se someten a un juicio sumarísimo por parte del Bernabéu para lograr que el Bernabéu les someta a un juicio sumarísimo. Pese a que, tras el partido y con pésimo gusto, el diario de Relaño en su versión online se mofaba de un simple resbalón de Danilo, lo cierto es que el ex del Oporto se repuso de la casi insoportable presión para facturar un muy digno partido, con participación en el sensacional tercer gol incluida.

Cristiano, por su parte, no participó mucho pero lo hizo casi todo bien. Si su pase a Kovacic para inaugurar el marcador lo hubiera efectuado Messi, hoy hablarían los papeles de la autorreinvención propia de los genios, más interesados en descubrir nuevas fórmulas para ayudar a su equipo que en encumbrarse con los consabidos goles. Pero aquí el único David Bowie es Messi. Cuando Cristiano asiste, es por casualidad. Tal vez estaba tirando a puerta y Kovacic se limitó a rebañar la pifia. Más tarde, Cristiano marcaría también, recogiendo un noble ejercicio de reciprocidad por parte de Mateo.

A Benzema le pitaron unos cuantos porque para eso el As había dicho que había que pitarle, aunque hubo división de opiniones en el momento de su sustitución. Los piperos y Relaño funcionan a veces como esos relojes parados cuyo doble acierto al día está tan manido, y Morata mejoró con creces sus prestaciones. Pero es que Morata también cuenta entre los que están de vuelta, sobre todo cuando según la Ser ya estaba en el PSG (¿o era el Arsenal?). Morata es muy bueno y os lo tenemos dicho aquí (cuando juega con Lucas Vázquez mejor todavía, hay sociedades que yo no sé). Benzema no regresó del todo ayer, pero no os quepa duda de que lo hará. De igual modo que su brillo es siempre el de una hermosa estrella que titila, no es menos cierto que nunca termina de apagarse. Ni lo hará.

En todo caso, recocijémonos.

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Guess who´s back in town. 

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea