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The Baby Team

The Baby Team

Escrito por: Diego Diz4 febrero, 2020
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Terminó enero y por tanto la última parada en boxes. Los más apurados dieron los últimos bandazos – con fichajes y cesiones - para invertir una dinámica de resultados descendente. Para los más avezados, y entre ellos debemos contar a Zizou, la planificación de una temporada no puede confiarse en dos actos. Es así como el técnico francés nunca ha sido un asiduo de los fichajes invernales, que considera una precipitación insana para el grupo. Mérito añadido a un entrenador que ha logrado recuperar a algunos jerarcas hasta hace nada condenados por la afición madridista. Desde Kiev, no se recuerdan vientos tan favorables como los actuales. Los viejos chamanes gozan de buena salud y los jóvenes que aguardan en la retaguardia empiezan a dar síntomas de madurez. Pero el proceso de aprendizaje avanza en base a unas pautas. La concesión de confianza a los más púberes no puede ser instantánea, menos en el Real Madrid. Zidane lo sabe. En esto, somos muchos los que hemos pecado.

En la temporada anterior colgamos a Vinicius Jr. un San Benito gigantesco. El club encontró en el gambeteador carioca un chaleco salvavidas provisional. Es lo que hacen los imperios en derrumbe: exprimir en el frente a los más débiles. Corría inicio de año y Solari, subido de urgencia del Castilla, ungió de última hora, a su discípulo brasileño que pasó de jugar en Barreiro o en las Pistas del Helmántico, a ser la punta de lanza del Real Madrid en Copa del Rey frente al Barcelona. Todo ello en apenas unos meses después de haber aterrizado del Flamengo.

Pero en el Real Madrid no hay espacio para el libre albedrío. Sólo aquellos que han arrancado a la fuerza su derecho de ejercer como verso libre pueden tener cierta libertad. A esos jugadores se les concede la gracia para hacer y deshacer en el campo si el club se beneficia de su constante desacato, aunque tal estatus solo se consigue demostrando, con los años, hacer lo regular excelso. Muchos grandes nombres de leyendas pueden dar cuenta. Mas los proyectos por florecer, solo son hipótesis. Según la tradición blanca, quien no demuestra no es y debe abandonar la tripulación.

Ahora, al llanero solitario Vinicius JR. le han crecido compañeros de viaje. Los vemos en los entrenamientos juntos. Los Brahim, Fede Valverde, Jovic, Rodrygo y Vinicius JR. han conformado una inédita alianza. Ellos mismos se han bautizado, en redes sociales, como The baby team. Y es preciso que el baby team, que ameniza con su algarabía los entrenamientos matutinos, siga riéndose. Una risa consciente y altiva, pero no ingenua.

Ellos mismos se han bautizado, en redes sociales, como The baby team. Y es preciso que el baby team, que ameniza con su algarabía los entrenamientos matutinos, siga riéndose.

Su banco de pruebas perfecto puede ser el nuevo formato inglés de la Copa del Rey pero siempre de manera mixta, mezclando titulares y reservas, nunca con una unidad B al pleno. Las descafeinadas eliminatorias a doble partido (más apetitosas para los grandes) han mutado en batallas a cara o cruz. Es un modelo que juega con el miedo a la humillación de los más poderosos. Las salvajes rotaciones tradicionales coperas han pasado a mejor tiempo. Si a esto le sumamos el acotado período de competición copera, la exigencia se multiplica.

Lo que no hará Zidane es enviar a su Baby Team a un Vietnam seguro. Esa fue la situación a la que necesariamente se enfrentó Jürgen Klopp en diciembre. Mientras el Liverpool disputaba el Mundial de Clubes en Qatar, el calendario obligó al club inglés a jugar los cuartos de final de la Copa de la Liga en Villa Park con el equipo sub-23. Perdieron 5-0 contra el Aston Villa. Simultáneamente, los Salah, Firmino, Mané y cía. se grabaron en el pecho el parche de caballeros mundiales del balompié. Pero Klopp disparó sus quejas a la FIFA por la incompatibilidad en el calendario. Con razón.

The Baby Team no se traducirá, por tanto, en una efebocracia. Y tanto mejor que así, pues los contrapesos por edades en un equipo son eficaces en un doble sentido. Para los más veteranos la pujanza de la sangre fresca supone una llamada de atención para no bajar el pico de rendimiento, así como una manera de refrescar la motivación del grupo; para el baby team su misión de auparse a la titularidad precisa de seguir a los a los ídolos vigentes. Digamos que una razonable simbiosis es lo que puede estar buscando Zidane.

Los jóvenes serán hábiles, por sí solos, cuando su etapa formativa alcance la madurez que exige Chamartín. Uno de los modelos a aplicar es expulsar al joven tempranamente del núcleo familiar, obligarle a crecer y esperar a que el chaval nos devuelva una respuesta adulta cuando todavía es precoz. Pero sabemos que rara vez el alumno conquistará el Golden Boy de este modo, a no ser que se llame Kylian y se apellide Mbappé. Adelantar la entrada de grandes responsabilidades, como sabemos por Vinicius JR., puede estropear lo que todavía está puliéndose. Nuestro modelo debería ser bien otro. Rousseau, en su Emilio, o De la educación (1762), defendía que en el joven se produce un segundo nacimiento, algo así como una metamorfosis interior: “A las manifestaciones morales se añaden los cambios físicos [...] Es en este segundo nacimiento cuando el hombre nace verdaderamente a la vida.” A nuestro Baby Team no le negaremos su condición de intrépidos aprendices ni le engatusaremos una correa de tacticismo que sustituya la frescura. Nada de eso. Será mejor apostar por una transición a la segunda edad adulta recogiendo los mejores frutos de cada parte.