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La tabarra

La tabarra

Escrito por: Mario De Las Heras23 mayo, 2016
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En ocasiones en La Galerna nos reunimos para disertar sobre el amor como en El Banquete de Platón. Ya saben: Agatón, Pausanias, Fedro, Sócrates y los demás. Yo les confesaré que con Aristófanes se parte uno de risa. Ya saben ustedes también que el amor está en el Barsa, un club que goza del favor del pueblo y de sus voceros. El Barsa es un coro guitarrero de misa dominical. En mis primeros años colegiales yo fui un niño de Escolanía, tesitura de soprano. Bach, Haendel o Mozart eran tipos con los que tenía que tratar uno a diario: grandes compositores en mi niñez y grandes filósofos en mi edad adulta, así es de elevada mi vida madridista. Luego nos obligaban a ir a misa y era cuando mis compañeros de ensayo y yo teníamos que asistir a la perpetración de un crimen ¡y en la casa de Dios!, con todas esas voces chirriantes, todas esas maracas y esas guitarras torpemente agarradas ametrallando al Señor. Pobre Señor.

Eso es el Barcelona. Sus millones de feligreses, en cambio, se solazan (en vez de recogerse bajo el sonido de un órgano o bajo el de unas voces celestiales) con la charanga, moviendo la pierna instintivamente (¡o incluso tocando las palmas!) como los de Full Monty en la cola del paro. Ayer, por ejemplo, yo escuché interpretar el Padre Nuestro (The sound of silence) de Simon y Garfunkel una y otra vez a voz en grito durante la transmisión de la final de la Copa del Rey.  Sólo fue un momento porque enseguida cambié de canal (nunca más volverán a obligarme a escuchar a un infame coro guitarrero, "execrable" lo llamó en nuestro último Banquete, con acierto, Alberto Cosín, Erixímaco entre nosotros), pero es que el Padre Nuestro de Simon y Garfunkel sólo lo pueden interpretar Simon y Garfunkel. Todo lo demás es ese coro o la misma cosa que es el barcelonismo.

Yo me acuerdo de mis ensayos y de mis conciertos. De los violines. De la pronunciación del latín, del alemán o del italiano. Me acuerdo de Puccini y de Mussorgsky y de Massenet y al mismo tiempo atraviesa Butragueño mi mente parándose de pronto en medio del área como al final de un acto. Qué le voy a hacer yo si crecí con esto y en verano en el pueblo con los montones de periódicos deportivos sobre la mesa de un quiosco sujetos con cantos de río. Esas portadas, esa noticias a simple vista me confundían. Yo en mi interior oía a Verdi. ¿Cómo podían tener hueco en una polifonía seria todas esas voces de pito? ¿Cómo podían arrastrar las vocales para unir las estrofas como señoras de pueblo? Yo no supe lo que era eso hasta que descubrí el antimadridismo, reflejado mayormente en el ensalzamiento constante de las virtudes de una asamblea de tamborileros que encandila al pueblo con su soniquete fácil y machacón.

arbitro barcelona

El soniquete está hoy por todas partes. Y todo el mundo tocando palmas. La matraca, el tabarrón que se extiende a la política con la inocencia (ya perfidia) del santurrón de Iglesia que porque toca lo que toca (¡y cómo toca!) en la misa mientras le bailan los fieles se viste de cristiano superior. Ada Colau, ¡Ada Colau!, en el palco del Calderón ¡sufriendo!, Gaspart haciendo vudú o Puigdemont (el fútbol convertido en distopía regionalista), incubando huevos independentistas. Son los mariscales del ejército de Catalunya que en el campo se bate con fiereza. La noble fiereza que constata el Manolo llamando gladiador a Suárez después de ver cómo le propina un codazo en la cara a un sevillista sin recibir por ello el correspondiente castigo. Esa fiereza. La tabarra independentista que es la tabarra al árbitro, el acoso, el sitio, la cerca. Hasta Iniesta está metido en esto. El escrache introducido por la secretaría técnica ¿de Colau?. Válganos Dios. Un árbitro valiente ante el Barcelona es como un judío de Masadá que acabará rebanándose el cuello. Y por no hacerlo se avendrá a la doctrina e irá los domingos a misa a escuchar ese guitarrismo gallináceo para expiar todos sus pecados. Y no habrá nada de Bach, ni nada que se le parezca. Nada de nada. Termino aquí para irme a leer el Portanálisis, que creo que hoy lo ha hecho mi amigo Apolodoro.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.