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Sonríe, Don Alfredo

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Sonríe, Don Alfredo

Escrito por: La Galerna10 diciembre, 2018
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Buenos días. Allí arriba, seguramente con un balón en los pies y ese humor tan particular que él tenía, Don Alfredo Di Stéfano será hoy un hombre feliz. Ganaron los equipos de sus amores, aunque la de River Plate fue la victoria con mayor peso de la jornada. De hecho, es un triunfo con un peso histórico. Venció a su eterno rival en la final de la Copa Libertadores. En un marco único, un Santiago Bernabéu que lució sus mejores galas ante el mundo entero, y tras semanas de interminable incertidumbre. A la final más larga de la historia le acompañó una prórroga que le dio un tono épico al desenlace.

También ganó el Real Madrid, con mala imagen y sufriendo en exceso ante el colista, pero logrando tres puntos más. "Hay que ganar en campos así si queremos pelear por la Liga", resumió Courtois tras el encuentro. Y tiene razón. No son pocas las veces que el campeón de Europa ha sucumbido en un encuentro como el de Huesca. En El Alcoraz se vivió en permanente agonía, aunque, esta vez, los puntos vinieron a casa. ¿Vaso medio lleno o medio vacío? Nosotros lo tenemos claro. Hay Liga.

Volviendo a la Libertadores, el River-Boca fue todo lo que esperábamos. Poco fútbol y mucha pasión. Desbordante pasión. Ambos dejaron el corazón y el alma en un terreno de juego que acabó siendo conquistado por Quintero, el futbolista de River que se adueñó de la escena para certificar la remontada del campeón. Bajó el balón al césped, instaló a los suyos en campo rival y descosió a Boca Juniors. Por si eso fuera poco, anotó un memorable gol con un zapatazo descomunal que se coló por la escuadra. Suya fue la final. Suya será la imagen que acompañé los recuerdos cuando dentro de diez o veinte años se hable de este partido.

Así que sí, Don Alfredo, sonríe, porque ganó River, lo hizo en tu santuario, ante su gente y tu gente, con el mundo como testigo. Y ganó el Real Madrid, que, fiel a su ADN y su interminable batalla contra sí mismo, se aferra a la Liga con más fe que argumentos. No fue un domingo cualquiera, maestro.

PD: Aguanta, Dembélé.